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Where he belongs
El joven erizo azul descansaba pacíficamente en aquella pradera. Respiraba calmadamente, sintiendo la brisa otoñal soplar con más fuerza, la suficiente como para arrancar las hojas de los árboles que aún se aferraban a las ramas. Qué agradable era el otoño, una de sus épocas preferidas porque no hacía calor, crecían calabazas y se acercaba una de sus festividades favoritas.
Claro que ahora solo se permitía relajarse, disfrutar del clima y de un descanso merecido. No robots asesinos, no villanos extraños de otras dimensiones, no más hombres malvados con cabeza de huevo que volvían de la muerte. Solo él y la tranquila compañía de una de sus personas favoritas.
Sonic abrió sus ojos y se fijó en el cielo de la tarde, ya empezaba a cambiar su color debido al inicio del atardecer. Giró su rostro y se fijó en su compañero, el cual parecía profundamente dormido. Parecía tan calmado, su pecho subiendo y bajando rítmicamente. Le gustaba mirarlo, en parte porque se le hacía muy atractivo, y en parte porque verlo tan pacífico le brindaba cierta felicidad.
Aquello significaba que había progresado mucho. Era habitual que Shadow sufriese pesadillas sobre su pasado, sobre lo ocurrido con María, también sobre el cañón Eclipse y Gerard Robotnik. Era una sombra gigante que tardaba en difuminarse con la luz, pero al menos lo estaba consiguiendo.
Con cuidado de no hacer ruido, se giró sobre la hierba hasta quedar a un costado, apoyando su cabeza sobre los brazos para observarlo más cerca. El viento despeinaba ligeramente las púas negras con vetas rojas del otro erizo.
Verlo así, sin la guardia levantada, sin los puños apretados y sin esa natural amargura en la mirada era un triunfo que Sonic atesoraba en silencio. Shadow movió un poco la cabeza, frunciendo levemente el ceño como si el ligero cambio de brisa lo estuviera devolviendo a la realidad. Sus párpados se abrieron con lentitud, revelando esos profundos ojos carmesí que tardaron un par de segundos en enfocar el entorno hasta que se topó directamente con la amplia sonrisa de Sonic y sus verdosos ojos a centímetros de su rostro.
—Hola, dormilón —saludó con cierta dulzura.
—¿Cuánto tiempo dormí? —fue lo primero que preguntó con la voz aún enronquecida por el sueño.
—Lo suficiente como para que el sol empiece a meterse —contestó inclinando un poco la cabeza—. Y lo suficiente para demostrarme que de verdad estás descansando; no te moviste ni una sola vez.
Shadow se incorporó despacio, quedándose sentado mientras miraba hacia el horizonte teñido de tonos naranjas y púrpuras. Pasó sus manos por sus púas, sintiendo el aire fresco del otoño mientras las acomodaba un poco con sus dedos, un gesto que ya se había hecho algo habitual en él.
La tranquilidad del momento era maravillosa, pero traía consigo ese pensamiento recurrente que lo acosaba cada vez que caía la tarde: la hora de volver.
Sonic tenía una familia a la que regresar siempre: padres y hermanos adoptivos. Sabía cuán importantes eran para él, más después de haber vivido solo por tantos años. Comprendía su amor por ellos y respetaba su decisión de permanecer a su lado. Él, por su lado, tenía al agente Stone, que era más como un compañero de piso que otra cosa. En días tan pacíficos como ese, donde solo eran ellos dos, deseaba que el sol no se asentara ni diera paso a la noche todavía.
—Supongo que ya debes volver con los tuyos —dijo tratando de no sonar tan afectado, aunque Sonic ya había aprendido a mirar bajo esa fingida indiferencia.
—Sí. Aunque podrías ir a cenar con nosotros —propuso con una expresión más suave y comprensiva.
El erizo negro desvió la mirada y agachó ligeramente sus orejas. Toda esa dinámica de familia le resultaba nuevamente un terreno desconocido y aterrador. No sentía que encajara allí por muchas razones, principalmente por haber herido al señor Wachowski cuando ocurrió todo el asunto con G.U.N.
Eso y que Sonic estaba por tener una nueva hermana humana hasta donde sabía. Su familia atravesaba un momento íntimo y que requería paz para la señora Wachowski, así que prefería mantenerse al margen.
—A veces es algo caótico, pero es un caos del bueno. Es un hogar, Shads.
El erizo negro mantuvo sus orejas caídas y desvió la mirada.
—No es el mío —murmuró, no con amargura, sino con una honestidad algo dura—. No sé cómo ser parte de algo así. No sé cómo actuar cuando tus padres intentan integrar a alguien como yo. Me siento fuera de lugar y que no lo merezco en absoluto, no después de lo que hice…
Sonic se giró por completo hacia él. La chispa burlona de sus ojos dio paso a una mezcla de ternura y tristeza. Extendió su mano y posó sus dedos sobre el guante blanco de Shadow, apretándolo con suavidad. El erizo negro no retiró su mano, por el contrario, giró la palma para entrelazar levemente sus dedos con los del otro.
—Aún me pregunto a donde pertenezco realmente —dijo aquello mientras apretaba un poco los dedos del erizo azul, recordando esa conversación tan similar con María—. Sigo sintiendo como si no tuviese a donde volver, siento que…
Shadow cerró sus ojos y suspiró, prefiriendo guardar silencio. Sonic le miró con un deje de tristeza, sus orejas decayendo un poco. Se inclinó contra el erizo negro, rozando sus cabezas en un gesto cariñoso para transmitirle algo de calma y tranquilidad, gesto al que el otro erizo correspondió.
—Yo digo que perteneces aquí, conmigo —respondió con suavidad—. Así como Tom y Maddie se convirtieron en mi hogar, si me lo permites, yo puedo convertirme en el tuyo. Siempre que necesites regresar a alguna parte, yo estaré esperándote.
—A veces puedes decir cosas muy sabias —sonrió ligeramente, cerrando sus ojos para concentrarse más en disfrutar de aquella muestra de afecto.
—Yo soy muy sabio —dijo con orgullo. Shadow soltó una risita.
—Cállate, no arruines el momento.
Sus pequeñas colas se menearon suavemente. Juntos contemplaron el bonito atardecer, disfrutando la cercanía del otro.
Ciertamente, aquella sensación de inquietud no iba a desaparecer de un día para otro y tal vez lo que le agobiaba era la soledad y el anhelo. Sin embargo, las palabras de Sonic realmente provocaron un cambio en su interior, quería aferrarse a ellas, así como en algún momento se aferró a las de María. Si él era su nuevo hogar, tal vez eventualmente podría abrirse a más, darse la oportunidad de perdonarse a sí mismo por los errores del pasado y empezar otra vez.
Finalmente, el sol se puso y dio paso a la luna que se alzaba brillante pese a estar destrozada tras los eventos del cañón eclipse. Era el momento de despedirse por ahora, no obstante, el erizo negro no se sentía particularmente triste por ello como en otras ocasiones.
—Siempre eres bienvenido a cenar en mi casa —insistió el erizo más joven, sosteniendo ambas manos del otro entre las suyas. Shadow suspiró una suave risa.
—Paso, pero te lo agradezco —dijo con mucha más calma—. Tal vez cuando tu hermana humana nazca, intente acercarme a tu familia, aunque no prometo nada. Dame tiempo.
Sonic agitó su cola a la par que sonreía con emoción. Era un gran primer paso tras un montón de rechazos y discusiones sobre lo indigno que podía sentirse.
—Te veo mañana entonces —se despidió, inclinándose hacia el otro erizo para darle un corto beso en los labios, algo que había aprendido viendo a sus padres humanos cuando creían estar solos.
Shadow quedó estupefacto en su lugar, mirándole con sorpresa conforme sentía su rostro calentarse. Sonic empezó a sentirse algo nervioso por lo que no tardó en salir corriendo, desapareciendo como una estela azul en el horizonte.
El erizo negro se llevó los dedos a los labios, notando cómo su corazón latía con más fuerza de lo habitual. También sintió una calidez agradable concentrarse en su pecho, terminando por sonreír antes de seguir su camino de regreso al departamento del agente Stone.
Las dudas poco a poco se iban despejando de su mente, creyendo más fervientemente que sí valía la pena esa nueva oportunidad de vida, que podía ser feliz, pertenecer a algún lugar y a una persona especial.
FIN
