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Pintame la piel, angelito oscuro

Summary:

RPF en el que después del concierto en el Movistar Arena, Miguel no puede evitar sentir nostalgia por lo que una vez vivió junto a Álvaro.

O: El conticinio después de obtener la bola negra.

Notes:

hola ! no sé que me ha llevado a escribir esto, pero espero que alguien lo disfrute.

gracias a palu por empezar con esto de subir fics :)

por el momento, lo publico en anónimo porque bajo ningún concepto me apetece que llegue a gente que no tiene que llegar. Es un universo completamente FICTICIO, simplemente disfruto mucho escribiendo y metiendo referencias de la obra de Lorca por ahi :P

Y además Miguel y Guitarrica son muy adorables

Chapter 1: Entrar en tus visiones, saber qué es lo que fui

Chapter Text

El conticinio es la hora de la noche en la que reina un silencio absoluto y todo el mundo descansa.

***

Encerrado en el último cubículo del baño y sentado sobre la tapa del váter, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos, no puede evitar que el corazón se le acelere. 

Al otro lado de la pared todavía llega el rumor del Movistar Arena, doce mil personas que siguen cantando, riendo y negándose a marcharse a casa. De vez en cuando el sonido de una canción atraviesa los azulejos y le recuerda que, hace apenas unos minutos, él estaba ahí fuera, delante de todos, intentando fingir que sabía qué hacer con las manos y con la cara y, sobre todo, con lo que acababa de sentir.

Ahora solo percibe el ligero temblor de sus manos, y su respiración demasiado acelerada.

Intenta respirar como le enseñaron en sus primeras clases de interpretación, contando mentalmente siete segundos al coger aire y siete al soltarlo, pero no consigue acompasar nada. Cada vez que cierra los ojos vuelve a verlo bajando las escaleras del escenario con el micrófono en la mano, cantando la canción de la película mientras el público alargaba los brazos para tocarlo. Y después recuerda el momento en que Álvaro levantó la cabeza y lo buscó entre el grupo de gente en el que se había metido, todos en su mayoría parte de la película. No sabe cómo pudo encontrarlo entre tanta gente, con las luces haciendo imposible distinguir rostros en la oscuridad y rodeado de tanto ruido, pero lo hizo.

Y lo miró directamente.

No solo lo vio, sino que lo observó. Los ojos marrones del cantante se encontraron con los azules del actor y a él solo le salió sonreír por instinto; tal y como llevaba haciendo desde el verano pasado cada vez que sus miradas se cruzaban en un backstage, en una fiesta o durante una entrevista. 

Pero esta vez había sido diferente. O quizá solo le parecía diferente ahora, encerrado en aquel baño y repasándolo todo una y otra vez.

Se acuerda de la primera vez que se vieron, el día de la lectura del guión en las oficinas.

Él estaba nervioso, con las hojas sudadas entre las manos, aquello era algo importante y hacía mucho que no se metía de lleno en un proyecto tan serio tanto históricamente como emocional. Llevaba más de dos días releyendo el guión cada vez que podía, y no le había costado nada aprenderse las frases más llamativas.

Estaba seguro de que no se le olvidarían en la vida. Releía una de ellas, (Y a mí, ¿quién me va a defender de tu belleza?), cuando traspasó la puerta y ya había gente sentada en la mesa de reunión: Los Javis, Yolanda y… bueno, Álvaro. Supo de un segundo a otro que él sería el otro protagonista. Habbo entre ellos una facilidad inmediata, una especie de reconocimiento que Miguel siempre había considerado extraño pero que nunca se había molestado en analizar demasiado.

Esos últimos meses, incluso, y más estas últimas semanas con el estreno de la película en España se había atrevido a contarlo en entrevistas como una anécdota bonita del rodaje. "Sentí una conexión especial."

Siempre lo decía riéndose, como si la frase explicara algo y al mismo tiempo no fuera nada. ¿No lo era, no? Nunca había pensado demasiado en por qué seguía recordando aquel segundo con tanta precisión.

No hasta esa noche.

Pero, ¿no sentía todo el mundo eso por Álvaro? Él era así, se hacía querer. Era generoso, cercano, afectuoso hasta cuando no hacía falta. Tiene una facilidad para tocar a la gente, para abrazarla, para hacer que cualquiera sienta que es importante para él.

Lo ha hecho cientos de veces. Con compañeros, con amigos, con el equipo. También con él, por supuesto.

Entonces, ¿por qué aquel abrazo le había dejado sin aire? Sus caras tan juntas, sus cuerpos, sus labios… 

No. Se prometió no volver a pensar en ello.

Se pasa las manos por la cara y suelta un pequeño suspiro, nervioso y sin humor. Tiene veintinueve años y, de repente, se siente incapaz de entenderse a sí mismo. 

Ha interpretado durante meses a un soldado enamorado.

Ha estado a milímetros de Álvaro delante de cámaras y del equipo, con gente mirando y en ensayos a solas, ha repetido escenas en ese hospital una y otra vez hasta conseguir que parecieran naturales y ha hablado de la química entre ellos como si fuera lo más sencillo del mundo. 

Pero también ha recibido llamadas suyas a las tres de la mañana, espera encontrarlo en cada sala y ahora que lleva tanto tiempo junto a él sabe antes que nadie cuándo está de mal humor y cuándo finge estarlo. 

¿Va a perderlo ahora que ambos volverán a sus proyectos por separado? Por supuesto que no, seguirán siendo amigos. Como con el resto de personas con las que ha rodado.

Miguel intenta convencerse de ello, pero algo no termina de encajar. No sabe qué es y, cuanto más intenta encontrarle un nombre, más incómodo se siente.

Tampoco quiere decir nada que se sienta a gusto a su lado, ni que los días sin recibir una llamada suya se le hagan raros. Todo aquello que está sintiendo es normal. Llevan meses juntos a todas horas, compartiendo furgoneta, madrugones y pizzas frías sobre el capó de un coche.

Cualquiera acaba echando de menos a un compañero con el que ha pasado tantas horas.

Es especial, recuerda con una nostalgia distinta a cualquiera que ha sentido antes las noches, en aquel pueblo perdido del norte, con el rodaje por fin terminado y el frío pegándose a sus pieles erizandole los pelos de los brazos mientras él fumaba y Álvaro simplemente se encogía en su abrigo, hablando de todo y de nada hasta que se les cerraban los ojos: de sus miedos, de sus madres, de las cosas que uno no cuenta a nadie.

Eso tampoco significa nada. Es lo que pasa cuando dos personas están lejos de casa y tienen que hacer un trabajo en profundidad por sus personajes. 

Se lo dice a sí mismo una vez más, mirando el techo y los fluorescentes del baño, con la voz de Álvaro todavía resonándole en la cabeza desde el otro lado de la pared. No significa nada. Es que, no puede significar nada.

Lo repite tantas veces que ya casi suena a plegaria. Quiero llorar mi pena y te lo digo / para que tú me quieras y me llores…

Apoya la cabeza contra la puerta y cierra los ojos. Lo que más le desconcierta no es haberlo tenido tan cerca, sino la reacción que tuvo su cuerpo antes de que pudiera pensar en ella: el sobresalto, el calor repentino en el pecho, la manera absurda en que durante unos segundos había querido quedarse allí, junto a su rostro, sin que aquello terminara.

***

Tú nunca entenderás lo que te quiero/ porque duermes en mí y estás dormido. / Yo te oculto llorando, perseguido / por una voz de penetrante acero.

(El amor duerme en el pecho del poeta, Federico García Lorca.(1935-1936))