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[RANMA]
*¡Fshhh!*
Tras tirar de la cadena y lavarse las manos, Ranma decidió que nunca más volvería a tomar tanto té verde por la noche. Aunque el amargor combinara tan bien con los chocolates de Halloween…
Sonrió al recordar la tarde anterior. ¡Quién iba a decir que ser voluntario con Akane para ayudar a la comunidad en los eventos de Halloween incluía comida! Mejor aún, había sido un verdadero placer quedarse despierto hasta tarde, comiendo de la cesta con forma de calabaza y burlandose de ella mientras veían Stranger Things a solas en el salón.
«¡Eres un idiota insensible, y algún día vas a pagar por esto!», le había dicho ella en su última broma.
¡Ja! Lo dudo.
Ranma dudaba que se arrepintiera de nada. Akane no tenía ni una pizca de persona vengativa. Era demasiado buena. Y demasiado adorable cuando se enfadaba.
Cabía admitir que también le había gustado la historia de la serie de terror y ciencia ficción. ¡Qué lástima que, por las clases del día siguiente, tuvieran que dejar de ver la serie justo antes del último episodio de la primera temporada!
Aunque tal vez fue lo mejor: contrariamente a lo que otros creyeran, Ranma era una persona decente. No importaba cuánto le gustara molestar a Akane cuando además eso a ella le servía de ayuda para distanciarse lo suficiente de la serie como para seguir la historia. Durante los últimos episodios, la chica se había enganchado demasiado. Estaba asustadísima sin importar lo que él hiciera o dijera. Por eso, sin querer, rompió el control remoto, alegando que eso marcaba que deberían cerrar la televisión e ir a dormir. Obviamente, él solo había sacado las pilas de estranquis, pero ella no necesitaba saber tal detalle.
Horas después, la alegría de Ranma seguía inquebrantable a pesar de la hora tardía y de que ya había tenido que interrumpir su sueño para ir al baño dos veces. Se secó las manos directamente en su pijama verde con estampado de narutomaki y estaba a punto de regresar a su habitación cuando escuchó el grito aterrador.
— ¡RANMAAAAAAA!
La adrenalina se disparó al oír el grito desgarrador de Akane, y corrió, no, voló hacia su habitación.
—¡Akane! —Abrió la puerta de golpe para mirar dentro y vio un bulto inusualmente grande moviéndose sobre su cama.
Ranma encendió la luz antes de lanzarse contra el atacante. No había necesidad de pelear en la oscuridad. Pero la luz no le reveló puntos débiles para golpear. Solo una enorme bola hecha de mantas en medio de la cama de Akane. Su dueña estaba acurrucada debajo, temblando bajo el montón de ropa, con solo su cabeza visible en un rincón.
—¡JAJAJAJA! —Se secó una lágrima—. ¿No me digas que todavía tienes miedo? Si fuiste tú quien eligió ver esa serie.
—Porque todo el mundo habla de lo genial que es —sollozó, aún protegida por su mullido fuerte. —Y salen niños, así que dicen que da menos miedo que las otras películas de Halloween… y…
Ranma suspiró, aliviado de que no hubiera sido un enemigo atacando. Sin embargo, al observarla más de cerca, su preocupación se mantuvo en cierto grado. Akane siempre se había asustado con los fantasmas y las historias de terror, pero durante esta noche superaba sus reacciones habituales.
La chica temblaba incluso con las luces encendidas. Su flequillo se le pegaba a la frente sudorosa. Su rostro se veía bastante pálido, lo cual no tenía mucho sentido considerando el calor que cualquiera sentiría con tantas mantas. ¿Y por qué no salía de su refugio? ¡Él ya estaba en la habitación!
—Entonces… ¿tuviste una pesadilla horrible?
En lugar de responder, Akane apartó la mirada y se quedó mirando la pared junto a ellos. Al principio, pensó que ella evitaba su mirada avergonzada, pero por cómo fruncía el ceño al ver el papel naranja de la pared…
—Akane, ese monstruo puede atravesar paredes en la serie, pero te aseguro que NO PUEDE llegar hasta nosotros aquí. ¡Primero que nada, porque no existe! —Ranma suavizó el tono para sonar más amable, aunque la situación le resultaba de lo más intrigante.
—Yo… ya lo sé… pero… —Se sonrojó un poco.
¡Genial! Por fin recuperó algo de color en el rostro.
—¿Estaba vivo en tus sueños? Bueno, ese bicho que viene de otra dimensión… ¡y quién sabe si esa dimensión es el mundo de los sueños…!
—¡RANMA! ¡No bromes más! ¡Por favor! —Akane se estremeció—. Debí haber estado así atrapada al menos media hora hasta que logré gritar pidiendo ayuda.
Y vaya si gritó. Si la casa no hubiera estado vacía esa noche, no estarían hablando solos ahora. De hecho, no le extrañaría que los vecinos aparecieran en cualquier momento para ver si alguien había sido asesinado.
Otra pregunta le rondaba la cabeza: ¿lo había llamado a él en particular porque era el único en casa, o...? ¡Deja de pensar así! Negó con la cabeza.
—Bueno, entonces. ¿Te sientes mejor ahora? ¿Qué vas a hacer?
—¿Dormir...? Tenemos un examen mañana.
Cierto. Él también necesitaba un buen sueño reparador. ¡Naaah! Su fuerza y atractivo podían soportar cualquier circunstancia. ¡Je!
—¿Puedes quedarte un rato más? —preguntó ella en voz muy bajita.
Ranma parpadeó, sorprendido. Luego respiró hondo y se dio la vuelta para irse.
—Bueno, en ese caso…
—¿Adónde vas? —El tono de Akane se elevó a medida que él se acercaba a la puerta.
—¡Tranquila! Solo me iba para que pudieras cambiarte. —La miró, con las manos en alto—. Se ve que has sudado. ¿Quieres hacer ese examen con un resfriado?
Entonces notó que ella seguía aferrada a las mantas, sin haberse movido ni un centímetro, salvo para seguirle con la mirada. Realmente debía de haber sido un susto serio…
—Eh… Está bien… —Bajó la mirada, pensativa o algo así. Mientras tanto, él se preguntaba si debía irse cuando ella lo llamó de nuevo—. ¿Ranma…?
—¿Sí…?
—¿Me traes un pijama? Están en el segundo cajón empezando por arriba. ¡Nada de husmear por ningún otro sitio!
—¿Por qué querría hacer eso, tabla de planchar? —dijo lo suficientemente alto para que ella lo oyera.
—Cuidado… ¡Quizás no pueda moverme, pero puedo lanzar algo con bastante precisión a esta distancia!
¡Buen progreso! Estaba saliendo de su estado mental tenebroso de Halloween y volviendo a ser ella misma.
Ranma agarró la primera prenda de pijama que vio: una de color crema con cintas blancas, muy suave al tacto. La colocó junto a ella en la cama y luego regresó a la puerta.
—¡ESPERA!
Él dio un respingo al oír el nuevo grito.
—¿Y ahora qué?
—…Lo siento… no importa. Puedes irte…
—¿Seguro? ¿Para que vuelvas a llamarme a gritos? —Se frotó los oídos, que aun le zumbaban.
Ella se sonrojó y giró la cabeza hacia un lado.
—¿Qué quieres que haga, Akane…? —preguntó con paciencia forzada.
—Ponte junto a la puerta donde pueda verte, mirando hacia afuera. Me voy a cambiar.
—A la orden. Mañana te cobro por mis servicios de guardaespaldas —bromeó, esforzándose por mantener un ambiente distendido para que ella no notara que la situación lo había superado.
Porque, en el fondo, le gustaba que le pidiera que se quedara. Ahora incluso tenía que ignorar el sonido del roce de la ropa. ¿Akane cambiándose el pijama detrás de él? Eso se pasaba de la raya. Que otros lo llamaran poco maduro no cambiaba el hecho de que seguía siendo un chico.
Por suerte, el viento amortiguaba la mayor parte de los sonidos, aullando fuerte y de forma inquietante afuera. Habían estado pasando por un octubre particularmente sombrío. Espera, técnicamente ya era noviembre. ¿Eran la una o las dos de la mañana?
—¡Listo!
—¡Felicidades! —exclamó con sarcasmo, y luego cantó—: Should I Stay or Should I Go? (¿Me quedo o me voy?)
—¡Qué gracioso…!
Creía que había sido ingenioso citando el título de una canción de la serie, pero en cuanto se giró, quedando un poco fuera de su campo de visión por la puerta…
—¡RANMA!
Se pellizcó el puente de la nariz ante el cuarto grito de la noche. ¿En serio? Tras respirar hondo, se giró.
¡Oh no…!
Akane llevaba ahora un camisón largo, femenino pero discreto, similar a los que había visto usar a las mujeres en películas históricas. Estaba sentada en la cama, abrazando sus rodillas, con una mirada suplicante y adorable. Ranma tenía que alejarse de allí. ¡Ipso facto! Si tan solo su cuerpo decidiera moverse…
—Yo… esto también es embarazoso para mí, pero… ¿podrías quedarte toda la noche? ¡Te daré la mitad de mi cesta de dulces!

—No soy un niño, Akane. —Se cruzó de brazos, sobre todo para controlar sus manos y no mostrar su inquietud.
—Pero me estás escuchando interesado…
Ranma suspiró. La verdad es que no necesitaba ser sobornado para quedarse. Había estado intentando salir de la habitación porque QUERÍA estar allí. ¿Se nota el problema? Sin embargo… si la dejaba creer que había otra razón, como los dulces, ¿ocultaría su interés?
Llegando a una conclusión, levantó la cabeza, enderezó los hombros y separó un poco las piernas. Una postura de poder.
—Te escucho interesado, y quiero toda la cesta.
—¡Anda ya, avaricioso! Tres cuartos.
—Mmm, no sé… —Se llevó un dedo a la barbilla como si estuviera reflexionando sobre algo muy serio—. ¿Incluye todas las barritas de chocolate de los 3 Musketeers?
—¡Puaj! ¿Te gustan esas?
—¡Son las mejores!
—¡Trato hecho, pues!
—¡Genial! —Dio una palmada—. ¡Ahora a dormir!
Y apagó la luz del techo.
—¡KYAAAAAA!
Si seguimos así, me habré quedado sordo antes de que salga el sol…
Ágilmente, se sentó en la cama junto a ella y susurró:
—Abre los ojos, Akane.
Lentamente, ella abrió los ojos, dirigiendo rápidamente la mirada hacia la lámpara de escritorio que él había encendido al acercarse. El brillo azulado no transmitía una sensación acogedora. Sin embargo, dada la hora, resultaba mucho más agradable a la vista que tener toda la habitación iluminada.
—El Demogorgon es un monstruo que habita otra dimensión, ¿cierto? Y cuando se acerca a la nuestra para atacar… las luces parpadean. —Señaló con la barbilla hacia la lámpara que brillaba fijamente—. La dejaremos encendida esta noche. Es nuestra alarma para correr.
—No notaremos que parpadea si estamos durmiendo.
—Yo no voy a dormir. Soy guardia de seguridad, ¿recuerdas? ¡A cinco o seis barras de chocolate por hora!
—Pero tú también tienes el examen mañana…
Ranma suspiró, agradeciendo su preocupación, pero se sentó rápidamente en la silla del escritorio. Luego revisó los cuadernos que se apilaban en la mesa para elegir los adecuados.
—¡Pues igual me vendría bien pasar la noche estudiando!
—Pero…
—Fuiste tú quien dijo que no parecía que hubiera estudiado lo suficiente, ¿no?
En realidad, él sí que había estudiado lo suficiente. Vease el latín colandose en sus pensamientos. Por alguna razón, esa materia le resultaba fácil. Simplemente sabía que no podía dormir en la habitación de Akane.
Últimamente, Ranma se sentía demasiado atraído por ella, intentando estar a su lado todo el tiempo que podía. Cada vez que se daba cuenta, intentaba contrarrestar la tendencia, con más o menos éxito. Aun así, tenía que seguir intentándolo. De lo contrario, alguien podría darse cuenta de que... ¡mejor dicho! Alguien podría suponer erróneamente que amaba a la chica.
¡Menuda tontería!
—Bueno, gracias. Pero solo si no te importa. No quiero que suspendas por mi culpa —insistió ella una última vez.
Cuando él le guiñó un ojo para tranquilizarla, ella finalmente se acostó en la cama, acomodándose bajo una cantidad más razonable de mantas esta vez. ¡La mitad de la versión anterior!
La sonrisa de Ranma se volvió más sincera al verla relajarse.
—¡Buenas noches, gallina! ¡Poc, poc, poooc! —Él metió las manos en las axilas y agitó los brazos como alas.
—¡Buenas noches, glotón! —Ella le sacó la lengua.
Ranma tomó una gran bocanada de aire y se llevó una mano al pecho dramáticamente como si ella lo hubiera herido, lo que la hizo reír.
¡Ah, ESO! Eso era lo que le gustaba ver. ¡Misión cumplida!
Akane se giró hacia la pared opuesta a su lado, lista para dormir. Del mismo modo, él también giró la silla hacia el lado opuesto a ella. No quería que le fuese fácil mirar a su prometida mientras dormía. Ya lo llamaba idiota y pervertido. Mejor que no añadiera "mirón" a la lista.
En lugar de mirarla a ella, se centró en los apuntes. ¡Qué letra tan bonita! Y qué organización tan impecable. Los resúmenes más claros que jamás había visto. ¿Cómo podía alguien tan inteligente asustarse con mitos y películas fantásticas?

Solo una hora después, y Ranma ya se rascaba los ojos. ¡En vez de té, tal vez debería empezar a tomar café!
Luego, por milésima vez, escuchó el movimiento de las sábanas. Hay que ver… Sabía que Akane se movía mucho al dormir, pero esto… Tras taparse el último bostezo con la mano, se atrevió a mirarla por fin.
Su cuerpo entró en alerta al verla fruncir el ceño como si sintiera dolor. La chica apretaba las mantas con tanta fuerza que se le habían puesto los nudillos blancos.
—¿Akane…? ¡Debo despertarla de su pesadilla!
En cuanto le tocó el brazo, Akane se incorporó de un salto. Miró a su alrededor con los ojos muy abiertos antes de fijar su atención en él con una expresión de terror.
—No son solo las paredes… ¡El techo y el suelo también! El Demogorgon puede… ¡puede venir de cualquier parte! —Akane se había tensado mientras hablaba, sentada en la cama, abrazando sus rodillas y haciéndose lo más pequeña posible. Luego intentó mirar a todas partes a la vez. Arriba y abajo incluidos.
¡Demonios… qué vívida debió haber sido esta última pesadilla!
—Akane, oye… shh… no existe…
—¿Por qué nadie me cree?
¡Ya basta! ¡No volverá a ver ese programa nunca más! Veré el final por mi cuenta, y sea bueno o malo, le contaré una versión feliz.
Esta vez Akane actuaba como uno de los personajes principales. Alguien en quien nadie quería creer, pero que tenía razón sobre la presencia de un monstruo. Ese hecho le dolió a Ranma. ¿Era culpa suya por jugar a interpretar el tema de la serie usando la idea de la lámpara de escritorio?
—Aquí no hay nada, Akane…
—Claro que no, está en otra dimensión, listo para atacar…
—¿Cómo te llamas?
—¿Qué?
—Dime tu nombre.
—¿Estás bromeando?
A modo de respuesta, él negó con la cabeza lentamente, se sentó en la cama junto a ella y la tomó de los brazos para que lo mirara. Finalmente ella dejó de mirar a su alrededor y se centró en él.
—Akane…
—¡Así es! Eres Akane Tendo. —Asintió, mostrando calma con su voz más amable—. ¿Y dónde estamos?
—¿En casa?
—Sí, en Nerima, Japón. No en Hawkins, Indiana, en Estados Unidos —añadió con paciencia—. Ahora, ¿cómo me llamo yo?
La respiración de Akane se calmó. Muy buena señal, porque su otra idea para sacarla de ese estado era mojarla con agua fría. Él estaba acostumbrado. ¡Pero ella lo odiaría!
—Ranma Saotome.
—¡Servidor! —Sonrió ampliamente—. Y… umm… —se aclaró la garganta antes de continuar—, me llamaste para que viniera a quedarme contigo, ¿verdad? ¿Crees que dejaría que te pasara algo malo?
Ella se sonrojó, bajando la mirada.
—No… —Sonrió tímidamente—. Hay demasiado chocolate con turrón en juego.
Él se rió.
—¡Claro que sí!
Bromas aparte, sintió que se relajaba al tenerla de vuelta. Ella respiró hondo. Luego otra vez.
—Gracias… Lo siento. Me siento tan tonta.
—No me extraña —dijo él con expresión inexpresiva.
—¡Oye! —Ella agarró un peluche y se lo lanzó, haciéndolo retroceder.
Ranma levantó un cuaderno para cubrirse la cara de los dos peluches que siguieron al primero.
—¡Pero también eres inteligente! ¿Ves? ¡Tus apuntes de estudio son geniales!
Incluso después de que los proyectiles cesaran, ella seguia en silencio, así que él tardó un rato en bajar lentamente su escudo para mirarla de nuevo. Y menos mal que esperó. Ella seguía apuñalandole con la mirada cuando él volvió a poner el cuaderno sobre la mesa.
—Entonces… ¿debería seguir estudiando aquí? ¿Qué crees que podemos hacer ahora para que puedas dormir? —Se rascó la nuca, ya sin ideas.
—No lo sé…
Se quedaron en silencio un rato más, mirando las paredes. ¡Malditas paredes!
—Es como que… las imágenes de la serie se me meten en la cabeza, y luego la historia se repite… y entonces…
—…el Demogorgon viene a comerte.
—¡RANMA! —gritó ella con voz de reproche antes de que él pudiera taparse los oídos.
—Vale, vale. Lo siento. Me merecía este golpe auditivo.
—¿Te merecías qué?
¿Acaso no se da cuenta de lo mucho que duelen sus gritos? Si se lo digo, ¿me lanzará algo peor que los peluches? Piensa. RÁPIDO.
—¡No importa! Eh… Oye, ¿dónde están tus tijeras? ¿Tienes alcohol para limpiarlas? —Miró los utensilios sobre su escritorio—. Ese bicho se siente atraído por la sangre, ¿verdad? Si me corto y salgo corriendo, lo alejaré de ti…
—¡¿Estás loco?! ¡No quiero que te lastimes por mí! —Akane, imitando sus palabras, lo miró como si hubiera perdido la cabeza.
—Pff. Un pequeño corte no es nada. He pasado por mucho más que eso precisamente por ti, y seguiré…
Akane abrió los ojos aún más. Fue entonces que él comprendió lo que acababa de pasar y sintió que le ardían las mejillas.
¡Maldita sea! ¿Qué acabo de decir?
—Quiero decir… eh… ¡No es para ti como TÚ! Uhmmm. Soy un artista marcial… y… listo, siempre estoy listo… ¡cuando… la batalla! ¿Y porque vivimos juntos…? Las batallas…
Vaya mal momento para que su mente dejara de funcionar. ¿Qué hora era? ¿Las tres de la mañana ya?
Akane se mordió el labio esta vez.
—Lo sé, es por el chocolate… Tú lo haces por la asquerosa barra de los 3 Musketeers.
—¡SÍ! ¡Lo hago por COMIDA! —Le sonrió, alegrándose de que lo entendiera. Pero ¿por qué sonreía ella con picardía?
—Bueno… —Empezó a doblar el borde de la manta como un acordeón—. Si los dulces te importan tanto, entonces… tengo otra idea que probar…
—Te escucho interesado. —Le siguió el juego, feliz de volver a hablar de monstruos. ¡Cualquier cosa con tal de salir de esta estúpida y vergonzosa conversación!
Akane se rió entre dientes, probablemente teniendo un déjà vu de su “modo negociación”. Pero cuando volvió a abrir la boca… no le salieron las palabras. Ella volvió a juntar los labios. Un rubor tiñó sus mejillas mientras apartaba la mirada.
—¿Akane…?
—Nada. Es una idea estúpida. ¡Peor que cortarte con tijeras!
—¿En serio? ¿Peor que cortarme a mí mismo?
—Sí… es… ¡un sacrificio total!
—¿No esperarás que deje pasar esta idea tan emocionante así sin más? —Sonrió, esperando algo terriblemente divertido para burlarse de ella—. Y me pagas por quedarme aquí toda la noche. Así que, tarde o temprano, conseguiré que hables… ¿Por qué no empezar ahora?
Akane respiró hondo, el rubor le cubrió la cara, el cuello y las orejas…
—¡Abrázame-mientras-duermo! —exclamó rapidísimo. Luego se cubrió la cara con las manos.
—¿QUÉ?
¿La oí bien?
—Si… tú… si me abrazas… todo a mi alrededor… el monstruo… —Abrió dos dedos para mirarlo con un ojo—. Porque ves la luz, así que sabrás que viene si estás despierto. Y estarías… a mi alrededor… así que no importará si viene de las paredes, del suelo o del techo… Lo sentirás… ¿Porque más o menos son 360º?
El cerebro de Ranma aún estaba asimilando que Akane le pidiera que la abrazara para dormir. Pero había que admitir que el resto era igual de impactante.
—¿Pero tú crees que puedo luchar contra el Demogorgon, o soy el aperitivo para que puedas huir? —Frunció el ceño, mirándola fijamente.
Esta vez Akane descubrió su rostro, tomando aire de golpe.
—¡No quiero que mueras por mí! ¡¿Cómo pudiste siquiera pensar eso?! Y… y… no estamos sangrando, así que no somos objetivos… así que es poco probable que ocurra nada…
—S-Si… si de verdad no crees que va a por ti, ¡¿entonces qué hago yo aquí?!
—Lo… ¡LO SIENTO! Sé que lógicamente no existe. Es que… estábamos viendo la serie… y era interesante… íbamos comiendo… Te estabas burlando de mí… y después… yo… yo… —Akane se veía más nerviosa y temblorosa que antes.
Ranma se quedó boquiabierto. Esta vez estaba conmocionado hasta la médula, a un nivel mucho más profundo que antes.
—¿Tú tuviste una idea… para ‘hacerme pagar’ lo de burlarme de ti antes? —la interrumpió, incapaz de ocultar el dolor en su voz—. ¿Fingiste todo esto?
—¿Q-Qué? —Akane parpadeó y se abrazó a sí misma, con expresión de confusión. Todo su cuerpo estaba tenso—. Yo solo… … ¡Estaba asus…! … ¿Ranm-?!
Ella siguió hablando, pero él no pudo escucharla: estaba demasiado abrumado. ¡Demasiado avergonzado!
Había estado realmente preocupado por ella, ¿y ella le había estado mintiendo? ¿Jugando con él para que se quedara despierto toda la noche mientras ella dormía? ¿Y… pidiéndole que la abrazara?
—¡RanNMAAA! —La voz de Akane terminó en un grito cuando él salió de su habitación.
Sin embargo, esta vez no regresó.
Ranma tuvo un escalofrío al bajar las escaleras, echando ya de menos la calidez de la habitación de Akane. Entró en la cocina, pensando en beber algo para despejarse. La larga luz fluorescente parpadeó varias veces antes de estabilizarse a su brillo habitual, un contraste que lo cegó. El viento aullador afuera tampoco cesaba.
Pero esas cosas no podían distraerlo.
Simplemente no podía entender cómo Akane pudo haberle hecho eso. Y que él hubiera caído en la trampa. ¿Pero por qué tal trampa? ¡¿POR QUÉ?! ¡¿Y pedirle que la abrazara?! ¿Qué clase de venganza o ‘truco’ era ese? ¿Para forzarle a mostrar su debilidad?
La luz de la cocina parpadeó, haciendo que prestara atención al inquietante y silencioso espacio. Tomó un vaso y lo llenó con agua del grifo.
Vale, no. No, no, no. No era propio de Akane hacer algo así, ¿verdad? No estaba fingiendo su miedo, por muy ilógico e inconsistente que fuera. Él mismo sabía un par de cosas sobre miedos irracionales: ¡GATOS! Akane debía de estar realmente asustada esta vez después de ver una serie de terror durante horas. Esas pesadillas habían sido reales. Ranma lo había visto con sus propios ojos. Además, uno no puede fingir sudores fríos o palidez.
Había reaccionado de forma exagerada ante la vulnerabilidad de ELLA. ¡Maldita sea! Ahora tendría que disculparse… Ranma respiró hondo y levantó el vaso para beber antes de volver arriba.
La luz de la cocina volvió a parpadear.
Alguien tiene que arreglar esta luz… si Akane nota que parpadea…
El crujido ominoso de las escaleras le puso los pelos de punta a Ranma. Esta vez, el tiempo pareció detenerse mientras se giraba, dejando caer el vaso de agua de su mano al suelo.
—¡AKANE!
Salió de la cocina a toda prisa y llegó al último tramo de escaleras justo a tiempo para atraparla mientras ella caía rodando entre un montón de mantas. Terminaron enredados en el suelo en la planta baja, ella encima de él.
—¡Ranma! ¿Estás bien? —preguntó ella, asomándose entre capas de ropa para mirarlo.
—¡¿Tú te caes por las escaleras y te preocupas por si yo estoy bien?! ¿Pero qué tenías en la cabeza? ¿Olvidaste que el penúltimo escalón estaba casi roto? ¡Y yo que pensaba que no podías moverte de la cama!
—Logré llegar a la puerta cuando intentaba ir tras de ti y entonces vi la luz de la cocina parpadeando en la escalera y… y entré en pánico. No estaba pensando en las escaleras… Tenía que…
—…ir a salvar a tu guardaespaldas —la interrumpió, arqueando una ceja.
—¡Pues sí! Puede que le tenga un miedo irracional a las películas de terror. ¡Me imagino todo tipo de cosas malas cuando cierro los ojos! Y siempre empeora mucho en Halloween… Pero… Ranma, ni siquiera sé de qué hablabas antes de irte. ¿Cómo iba a hacerte pagar? ¡Si soy yo la que te paga con caramelos! —dijo, molesta y a punto de llorar—. Lo que sí sé es que… me siento más segura si estás cerca. Y más valiente también. Así que, en cuanto conseguí decir algo después de la primera pesadilla… por supuesto que te llamé a ti. ¡Pero tampoco quiero que te pase nada!
Ranma se sonrojó, profundamente conmovido. Por la sinceridad, por su deseo de que estuviera a salvo y por la vergüenza. No debería haber pensado tan mal de ella… ¡Qué mosca le había picado pensando en tales tonterías! Aunque… sobre lo que había dicho acerca de cómo ella se sentía si él estaba cerca…
Akane aún lo miraba a los ojos, esperando su respuesta. Y él sabía lo que tenía que hacer: ser valiente como ella lo había sido.
—Lo siento. Fui yo quien no fue honesto.
—¿Cómo? —Parpadeó ella, confundida.
Ranma se movió rápidamente, la envolvió en una manta como un burrito y la llevó escaleras arriba. Saltó fácilmente por encima del escalón, ahora completamente roto, antes de entrar a la habitación de la chica.
—¿Qué estás haciendo? —Akane intentó liberarse, pero no lo logró. Demasiadas capas la sujetaban, además de que los brazos de Ranma no le dieron ni un centímetro de margen.
Poco después de entrar en su habitación, él apagó la lámpara del escritorio.
—¿Ranma…? —No había gritado, pero la voz femenina tembló.
—¡Estoy aquí! —la tranquilizó mientras la sujetaba para acostarla en la cama, aún bien envuelta.
Luego se acostó a su lado, abrazándola con los brazos y las piernas alrededor de las mantas. La última capa de su protección física (¡o burrito!). Ranma respiró hondo para armarse de valor. Porque, por mucho que Akane se asustara en la oscuridad, él necesitaba que todo estuviera completamente a oscuras para poder confesar.
—No tienes que darme dulces —le susurró al oído—. Vendré a quedarme contigo siempre que lo necesites.
La oyó respirar hondo, y la habitación quedó en silencio un rato. Solo oía el viento de fuera. Y los latidos acelerados de su propio corazón.
—¿Así que no quieres el chocolate? ¿O las barritas de mantequilla de cacahuete...? ¿Los 3 Musketeers...? —Por su voz, supo que estaba contenta. Lo suficiente como para devolverle la broma. Ahora sí que le estaba haciendo pagar.
—¡No rechazaré un bonus! —declaró Ranma con ligereza.
Akane soltó una risita. Moviéndose un poco, también cambió de posición, relajando su cuerpo de nuevo cuando apoyó la cabeza en el hombro de él.
—Gracias. Buenas noches... Ranma.
—Buenas noches, Akane.
Y por fin durmieron plácidamente.
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