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Un Cielo sin Luna

Summary:

Si alguien dijera que Jason Peter Todd había aceptado su muerte estaría mintiendo y, siendo sinceros, ¿quién podía culparlo?
No, Jason se negaba a sentir lástima de sí mismo.
¿Había creído que la Mansión Wayne sería su hogar? Mentiría si dijera que no.
¿Se había sentido inseguro por ser comparado constantemente con Dick? Por supuesto.
¿Su muerte a manos del Joker había terminado por destruir su ya inestable psique? Sí y no.
Su breve estancia con el payaso loco de remate claramente había terminado de trastornar su cerebro, pero eso no fue la guinda del pastel. No, había sido el comportamiento de Bruce.
Su padre adoptivo.
El único padre que conocía.
Al único que quería.
Que la persona a la que más admiraba lo hubiera dejado pudrirse bajo tierra mientras el bastardo que lo había dejado sin vida seguía suelto por las calles aterrorizando Gotham no había mejorado las cosas.
Jason no podía perdonarlo, aún si lo deseara.
Es por eso que, cuando aquella joven actriz apareció en su vida lo primero que quiso fue correr en la dirección contraria.
Pero las cosas no siempre salen como uno quiere, ¿o sí?

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

La noche estaba particularmente tranquila, algo atípico para una ciudad como Gotham. Los coches iban y venían, los transeúntes apuraban su paso para llegar a casa y los últimos trenes daban inicio a sus viajes.

Si cualquiera viera el panorama discreparía con Jason. La noche parecía estar más llena de vida que nunca, pero él lo sabía mejor.

Debajo de todo ese aparente movimiento había algo que le ponía los pelos de punta.

Hoy era una noche sin luna, por lo que, con el cierre de los grandes edificios la luz se fue haciendo cada vez más escasa en la calle.

Podía sentirlo en sus huesos. Pronto todo daría un giro inesperado, solo era cuestión de tiempo.

– Podrías tomarte la molestia de encender tu intercomunicador, nos tenías un poco preocupados – resonó una voz cantarina.

El enmascarado bufó.

– Quizás deberían aprender a reconocer una indirecta por lo que es. Si no lo tengo encendido significa que no quiero hablar con ustedes – respondió molesto despegando los ojos de la acera para toparse con Nightwing.

El acróbata pareció encogerse levemente bajo el peso de su mirada.

– Dile al viejo que no necesito una niñera.

– B lo está intentando, Hood. Deberías darle una oportunidad.

El chico rió con amargura.

– Puedes decirle que le pueda dar esa oportunidad a alguien a quien realmente le importe. Que vaya a regalar esa mirada triste a Kent, al agente A o ... ¿Por qué no se la regala al puto Joker? Después de todo le encanta darle segundas ...

– Basta – cortó –. No es necesario que seas tan hiriente. Sé que estás dolido, Jason. Sé que te duele que Bruce no matara al Joker luego de tu muerte, pero no puedes descargar tu ira en contra de todo el mundo. 

Red Hood se crispó, lanzando un golpe que conectó directo con la mandíbula de su hermano adoptivo.

– ¿Crees que no puedo, Dickie? Pues mirame hacerlo.

Dick Grayson acunó con su mano la zona herida para luego escupir la sangre que se le acumulaba en la boca al suelo.

– No estoy aquí para defender a Bruce. Sólo quiero que te des cuenta de que no todo el mundo está en tu contra. Aún nos tienes a tu lado, Jay. Solo espero que no te des cuenta demasiado tarde.

Y así sin más, el justiciero se fue, dejando al capo de la mafia solo sobre el tejado de un edificio.

Red Hood no quería pensar en la implicancia de las palabras de su hermano, de verdad no quería, se sentía mucho más cómodo lanzando golpes y rompiendo un par de huesos antes que conectando con sus emociones. ¿Y Bruce? ... Bruce era una herida abierta, sangrante y supurante.

No, Jason prefería dejar que esa herida se infectara antes de intentar curarla.

Lo juraba por su tumba vacía.

Gracias a cualquier entidad que lo mantenía con vida no tuvo que pensar en eso mucho más, pues un grito corto la tranquilidad.

Mientras se ponía en marcha su mente lo regaño por la repentina alegría que sentía.

Era un asco sentir felicidad porque alguien estuviera siendo atacado. Era una lástima, pero no había nada que pudiera hacer. Ya había aceptado que era un bastardo sin corazón.

No hizo falta que fuera muy lejos para encontrar el origen del disturbio. Unas cuadras más allá de donde se encontraba patrullando encontró a un ladrón de poca monta intimidando a una ... ¿una dama del siglo XIV?

Estaba seguro de que había recibido un golpe en la cabeza sin darse cuenta. De seguro Ivy había vuelto a hacer de las suyas con las esporas alucinógenas.

Ella no podía ser una viajera del tiempo, ¿verdad? 

Con cada segundo que pasaba se convencía cada vez más de que debía llamar a Wally para preguntarle en qué asuntos andaba el equipo Flash.

Sin embargo, toda su maquinación se vio interrumpida por los gritos de la chica ... ¿aterrorizada?

– Será mejor que alejes tus sucias manos de mí, esperpento.

¿Esperpento?

El asombro del justiciero se disipó abruptamente en el momento en que notó como el hombre en cuestión sacaba de su bolsillo algo metálico brillante. 

No le dio tiempo a sacar del todo el arma cuando le disparó en la pierna.

El grito del sujeto resonó con fuerza por el callejón.

– ¡Ups! Fue un accidente. Deberías fijarte mejor donde pones tus piernas, se atravesaron con la trayectoria de mi bala – se disculpó.

Los ojos del hombre se abrieron con espanto al darse cuenta de ante quien se hallaba.

– Tú ... tú ... tú eres ...

El color escapó de su rostro.

– ¡Bu! – espetó Jason.

– ¡Aaaaa! – gritó el ladrón, corriendo como pudo con la pierna rota.

El encapuchado rió de buena gana.

Amaba su trabajo.

Un ligero carraspeo llamó su atención.

– Ah, sí. Disculpe, ¿señorita? 

– Julieta Capuleto, un placer.

Jason pudo sentir como su rostro se contrajo con incredulidad.

– Debe ser una puta broma.

– Ese lenguaje – reprendió la dama.

El justiciero se contuvo de no entornar los ojos.

– Lo lamento ... – la joven lo miró expectante –. Julieta. Pero debe entender que se me hace muy difícil creer que un personaje del año 1400 se encuentre ante mí en este momento.

La chica rubia negó, alisando su cabello con cuidado.

– En realidad es del siglo XII, pero entiendo la confusión. Ahora, si fuera tan amable de escoltarme a mi casa estaría profundamente agradecida.

Los ojos de Jason se fijaron en la mano que la chica extendía en su dirección, como si esperara que él ofreciera su brazo o algo.

– Por supuesto – respondió un poco anonadado.

Como si estuviera hipnotizado, el capo de la mafia más temido de Gotham se encargó de escoltar a la joven Julieta Capuleto a su departamento bajo sus firmes indicaciones.

– ¿Cómo se supone que terminó aquí? – preguntó cuando pudo recuperar el habla.

– En realidad no lo recuerdo muy bien. Un momento estaba junto a mi amado Romeo y, al siguiente, me encontraba aquí ... frente a ese hombre.

El chico asintió consternado. Después de todo, no era lo más raro que le había pasado. Él mismo había vuelto de los muertos, así que ¿por qué esto sería más extraño?

– Ya llegamos – indicó la chica a los pocos minutos.

Jason alzó la mirada para ver un edificio un tanto destartalado, pero dentro de todo bastante bonito.

Sus ojos verdes se encontraron con los azules de ella.

El joven no supo decir por qué, pero sonrió.

– Directo en su casa, mi lady – se despidió, depositando un galante beso en su mano.

La rubia rió mientras sus mejillas se sonrojaban, haciendo una pequeña reverencia en respuesta.

Red Hood ya le había dado la espalda cuando su voz lo llamó nuevamente.

– Hood.

– ¿Sí? – preguntó suavemente.

– Me llamo Lucy. Lucy Adams – pronunció –. Deberías irme a ver actuar al teatro "Obsidian" cuando puedas. Quizás te guste ver "Romeo y Julieta" – rió, dándole rápidamente la espalda y entrando a su departamento.

La sonrisa de Jason se borró poco a poco a medida que comprendía lo sucedido.

¡Esa chica le había visto la cara de estúpido! Y él, como tonto, había caído ante sus ojos bonitos.

Sabía que no debía confiar en las personas.

El chico se marchó con el orgullo hecho añicos y una idea fija en la mente: Jamás visitaría el teatro "Obsidian" en su vida.