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Pianissimo

Summary:

"Pianissimo: término italiano de intensidad musical que la describe como muy suave o muy débil."

Así es como comenzó el amor entre Karamatsu y Osomatsu: suave. débil, imperceptible.

Notes:

Senza misura: término musical, describe una pieza musical como "sin medida, sin compás"

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La ola de aplausos que acompañó el final de la presentación de otro de los participantes comenzó a desaparecer luego de momentos de emoción.

Los susurros comenzaron a hacerse audibles para sus oídos cuando el penúltimo participante salía del escenario con una capa de sudor cubriéndole el rostro y un suspiro de alivio saliendo de sus labios. La brisa que lo siguió al pasar a su lado lo hicieron volver a la realidad, comenzando a parpadear con fuerza.

Sus ojos viajaron por todo el auditorio. Escondido detrás de las cortinas, el eco sordo del silencio producido por la expectación y la espera del siguiente participante hacían que el ambiente se volviera tenso. Una cuerda presionada fuertemente en los dedos de un guitarrista se asimilaba a la sensación que tenía en su cuerpo. La expectación casi se podía palpar en el aire. La ansiedad aumentaba a cada segundo que pasaba.

El público presente llenaba poco más de la mitad de los asientos, lo suficiente como para hacer que sus piernas comenzaran a temblar y que el aire comenzara a ser difícil de respirar. Nunca había tenido tanto público. Nunca había llegado tan lejos en las competencias como para encontrarse en la presentación final, luego de incontables horas de práctica y presentaciones agotadoras… Al fin se encontraba allí.

Sus ojos por fin se posaron en el gran piano de cola que se ubicaba imponente en el centro del escenario, instrumento que pronto tendría que acariciar con sus dedos para su presentación. Sin embargo, en ese instante parecía que el gran instrumento podría atacarlo en cualquier momento, se sentía incapaz de poder calmarlo con sus dedos como lo hacía a diario. Se imponía como una bestia indomable en el centro del escenario, impasible.

Una sonrisa nerviosa apareció en su rostro y cerró sus puños para evitar que alguien lo viera temblar. El altoparlante comenzó a sonar, pero sus oídos no podían escuchar lo que decía, sabía claramente que ya era hora de su presentación.

Y Osomatsu no se encontraba a su lado.

Sintió su estómago revolverse ante tal pensamiento y dio un paso hacia atrás, listo para correr. Siempre estaba con él antes de las presentaciones. Solo su hermano lograba calmar sus nervios y su ansiedad.

Se volteó para retirarse. No iba a presentar si su hermano no estaba con él.

—Lo siento, Karamatsu. Demoré más de lo previsto —la voz cansada de su hermano llenó sus oídos.

—O-Osomatsu… —sus manos se liberaron de la opresión al observar a su hermano.

Una pequeña sonrisa de disculpa salió de los labios del mayor cuando miró a Karamatsu, sus nervios a flor de piel. Le acarició con cuidado el cabello para no desarmar su tan pulcramente arreglado peinado, y susurró posando uno de sus dedos bajo su nariz:

—Aquí estoy…

 

 

~ 3 años atrás ~

—Osomatsu… —susurró el segundo hermano a la luz de la luna mientras se incorporaba del futón que los acobijaba a diario.

—¿Hmm? —respondió somnoliento el mayor de los hermanos. Un bostezo salió de sus labios ante la sorpresa que uno de sus hermanos le hablara cuando todos deberían estar durmiendo.

—Quiero aprender a tocar piano.

Los ojos de Osomatsu se abrieron completamente y todo rastro de sueño desapareció de ellos. Se incorporó rápidamente y exclamó:

—¡¿Eh?! ¡Eso es genial!

Sus ojos se posaron en los de Karamatsu, que lo miraba impresionado ante la reacción. Todomatsu, que se encontraba entre los dos, comenzó a protestar ante el movimiento y el grito de su hermano mayor, y se hundió más bajo el futón para intentar volver a conciliar el sueño profundo que le habían interrumpido. Por fortuna, ninguno de sus otros hermanos pareció escucharlo. Se sonrieron divertidos ante la situación, aunque Osomatsu se lamentara ligeramente el haber interrumpido el tiempo de descanso de uno de sus hermanos.

El hermano mayor debía cumplir su labor y dejar que sus pequeños hermanitos durmieran plácidamente.

Salió del futón seguido de su segundo hermano y ambos decidieron, sin decir palabra, que el lugar donde conversarían sería en el balcón. Osomatsu tomó la pequeña mano de su hermano y entrelazó sus dedos con los de él para ir juntos. Suavemente deslizó el shoji y ambos se escabulleron hacia el exterior rápidamente para evitar que el viento ingresara a la habitación y enfriara a sus queridos hermanos.

Al llegar a su destino, se sentaron cerca uno del otro para así mantener el calor que el sueño y el abrigo le habían dado, y que la brisa primaveral comenzaba a disipar lentamente. Cada uno abrazó sus piernas, presionándolas contra su cuerpo y apoyaron sus sienes una con la otra por instinto, rozando sus cabellos en el acto, dándoles una sensación agradable en su espina.

La emoción de Osomatsu radicaba en que su hermano era el primero que se decidía por elegir el camino artístico, al igual que él…

 

Osomatsu era el hermano mayor. Y eso le daba el rol de líder entre sus hermanos. Sin tener mucho que elegir y aceptando su rol, se dedicó a observar a sus hermanos desde que habían comenzado la secundaria, preocupándose que estos no tuvieran problemas al momento de elegir su propio camino. Había momentos que esa situación lo irritaba, ¿cómo iba a ser el líder de un grupo que se separaba poco a poco? No solo se rindió a entender esa pregunta que lo azotaba algunos días, sino que se decidió a simplemente seguir su rol de hermano mayor.

Nada más importaba.

Desde que habían comenzado la escuela y la pubertad había hecho su trabajo luego de dos años dentro de esta, cada uno de sus hermanos había comenzado a descubrir sus preferencias y a comenzar a trazar su camino por separado:

Choromatsu, el primero en alejarse del grupo y sobre todo de Osomatsu, había comenzado a obsesionarse con ser correcto y demostrar que podía liderar en su pequeño curso. Nadie dudó en darle el papel de líder convirtiéndolo en el presidente de clase el segundo año de secundaria. Eso terminó por alejar a Choromatsu de su revoltoso y payaso hermano mayor.

Todomatsu conoció la tecnología adquiriendo un celular el segundo año de secundaria. Las redes sociales inundaron su día a día y su rango social comenzó a aumentar exponencialmente. Con sus nuevas amigas decidieron entrar al club de drama ya que eso les podría dar más seguridad en su día a día. Además, la actuación se estaba volviendo cada día más popular en su escuela. El menor de los Matsuno accedió sin dudarlo. Su popularidad lo alejó de sus hermanos y del grupo, convirtiéndose en el segundo en separarse.

Ichimatsu se negó a entrar a un club desde que pisaron la escuela. No tenía interés en hacerlo debido a su autoproclamada pereza. Las consecuencias fueron la soledad que cubrió su vida desde ese instante, provocando que su actitud se volviera introvertida y que su única escapatoria fuera el permanecer con gatos, que lograban sacarlo de su estado de letargo y lo hacían salir de casa para alimentarlos. Se alejó conscientemente de sus hermanos al encontrar refugio en los felinos. Ellos no le exigían ser alguien que no podía ser. Desde ese instante, ingresar en el mundo de Ichimatsu era prácticamente imposible para todos excepto para el hermano menor inmediato: Jyushimatsu, el único que lograba sacarlo de su burbuja.

Jyushimatsu, el último en alejarse del grupo comenzó a demostrar un creciente talento en el béisbol en las clases de deportes. Sus tiros eran automáticamente homeruns y su energía lo hacía correr más rápido que cualquiera de sus compañeros. Tanto fue su éxito, que en segundo año la selección de béisbol le rogó que se uniera a su club. El tiempo de entrenamientos alejó al quinto hermano sin que este lo hubiera deseado realmente.

El único que todavía no elegía un camino en particular era Karamatsu. Todavía no era capaz de encontrar su identidad en ese mar de hormonas que había logrado alejar a la familia.

Los intentos, sin embargo, nunca cesaban.

Osomatsu sabía todo de Karamatsu: sus incesantes intentos de encontrar un lugar al que pertenecer. Sus saltos de club en club, buscando el ideal, para desarrollar su personalidad y encontrar su identidad. Cada sonrisa que dedicaba junto con una reverencia a sus compañeros de clubes al despedirse de ellos. La tristeza que esa sonrisa tan alegre escondía cuando sus “amigos” ni siquiera se interesaban en su retiro. Las lágrimas que había tenido que consolar más de una vez Osomatsu cuando Karamatsu llegaba a casa. La demostración de frustración en sus palabras al no ser capaz de pertenecer a ningún club por mucho que lo intentara… Osomatsu había perdido la cuenta de las veces que había querido decirle a Karamatsu que no tenía por qué buscar a dónde pertenecer. Él ya era un Matsuno, con eso bastaba, ¿no?

No, no podía cortarle las alas a Karamatsu ni a ninguno de sus hermanos en su búsqueda. Debía solo observarlos, no podía intervenir por mucho que su corazón lo deseara.

En el momento que el segundo hermano hiciera su elección, iba a estar completamente solo en el camino que se le había impuesto desde pequeño, camino que parecía desmoronarse cada día más.

Sí, Osomatsu conocía bien a Karamatsu.

O eso creía.

Esa era la razón de su emoción, ¿qué era lo que no había observado bien en Karamatsu como para no notar que querría tocar piano? Esto no era parecido a entrar a un club. Osomatsu nunca había concebido la idea de Karamatsu escogiendo tocar un instrumento.

 

Karamatsu había escogido las artes, al igual que él. ¿En qué momento a Osomatsu se le había pasado por alto tal situación?

Sacudió su cabeza. Necesitaba explicaciones y su agitación lo hacía pedirlas con insistencia.

—Cuéntame, cuéntame —observó a su hermano con una sonrisa, esperando a que este hablara. Karamatsu le devolvió la sonrisa.

—Yo… —la voz del segundo hermano tembló ligeramente antes de agregar—, no te enojes, ¿sí? ¿P-puedes prometerlo?

Osomatsu alzó una ceja, y esperando a que su hermano le siguiera contando, solo asintió con la emoción notoria en todo su rostro, dándole mínima importancia a las palabras de Karamatsu. No podía ser nada malo, no viniendo de sus hermanos.

—Osomatsu, prométemelo —replicó, mirándolo a los ojos seriamente.

—¿Eh? Te lo prometo, Karamatsu —susurró Osomatsu esta vez ligeramente preocupado por lo que su hermano podría decir—. Te lo prometo —repitió con más convicción en su confundida voz.

Luego de unos segundos de silencio, el segundo de los Matsuno, con un suspiro, comenzó a hablar:

—Últimamente llegas a casa muy tarde, y… ayer decidí seguirte —el hermano mayor comenzó a sentir que sus mejillas ardían antes que su hermano pudiera seguir hablando, y su sonrisa se esfumó en un segundo. Ambos sabían lo que iba a decir el segundo hermano, a pesar que ni siquiera había pronunciado palabra—, …a la academia de artes.

Los ojos de Osomatsu se posaron en Karamatsu. Su mandíbula apretada lo hacían ver ligeramente enojado a pesar de sus sonrosadas mejillas.

Lo había descubierto, su secreto de años había sido descubierto por Karamatsu.

Y Osomatsu no estaba listo para contarle a ninguno de sus hermanos. No podía contarles, ya que la razón de que él tuviera una actividad extra eran sus propios hermanos. Su afición por el baile era tan importante al ser su única escapatoria de la ansiedad creciente que se alojaba en su corazón al sentir la soledad, el abandono. Sus hermanos se alejaban de él día a día y su único rol estaba convirtiéndose en uno innecesario. El baile lo había logrado sacar del pozo en el que se había comenzado a hundir desde el inicio de la secundaria y era lo único que lograba animarlo para seguir manteniendo su rol de hermano mayor, ya tan desmoronado…

Karamatsu lo devolvió a la realidad cuando siguió hablando:

—Y te vi. Te vi disfrutar del baile mientras… mientras el piano sonaba a tu lado —el segundo hermano miró sus manos, buscando las palabras apropiadas para continuar—. Parecían sincronizados, Osomatsu. Hechos el uno para el otro —Karamatsu sonrió y un brillo se alojó en sus ojos al recordar la visión de su hermano en el escenario—. F-fue perfecto —tartamudeó antes de sonreírle.

El recién nombrado apretó sus dientes y se sonrojó aún más antes de golpear en el pecho a su hermano, con fuerza. El recién atacado retrocedió un poco y se hizo cariño en el lugar golpeado.

—Auch… te dije que no te enojaras, Osomatsu —lo miró aún acariciando su pecho—. Lo prometiste, prometiste que no te enojarías. Siempre con violen…

—¿Por qué me seguiste, Karamatsu? ¿No conoces la privacidad…? —interrumpió a su hermano rápidamente, sin interés en la discusión sobre su actitud que sabía que Karamatsu podría comenzar.

El hermano menor presente tragó saliva, dudoso de si responder o no la pregunta. Sin embargo, al ver los ojos avergonzados de Osomatsu al saber que uno de sus hermanos había descubierto su afición por el baile, decidió responderle con sinceridad.

Suspiró.

Quizás lo que diría haría que su hermano mayor lo reprochara. Pero debía tomar el riesgo.

Por él.

—Estoy solo, Osomatsu —bajó la vista rápidamente, rehuyendo la notoria mirada que sabía le estaba dando su hermano mayor, escondiendo su avergonzado rostro entre sus piernas. No quería que pensara que era necesitado, pero no sabía de qué otra manera explicar la opresión que sentía en su pecho al ver que sus hermanos menores se alejaban de él. ¿Quizás había algo malo en él? —Sé que…

Sin terminar la oración, volvió a levantar la vista cuando la mano de Osomatsu tomó la de él con suavidad. Esta vez era su hermano mayor el que había escondido su rostro entre las piernas. Sin embargo, le agarraba la mano con fuerza, como si no solo le intentara infundir fuerzas a él.

—¿Osomatsu?

—Gracias, Karamatsu —susurró suavemente, con una pincelada de alivio en su voz. El mencionado ladeó su cabeza al no comprender del todo las palabras de su hermano. Sin embargo, no tuvo tiempo de pensar en las razones ya que Osomatsu volvió a levantar la vista y, con una sonrisa inocente, volvió a apretarle la mano—. Nosotros vamos a estar siempre juntos, ¿sí? Tú en el piano y yo a tu lado… —volvió a sonrojarse sin ser capaz de terminar las palabras. Una brisa más cálida los abrazó sutilmente en ese momento de silencio.

—Bailando a mi lado —terminó la frase Karamatsu, con una sonrisa, y le apretó la mano en respuesta—. Siempre.

Al final, su deseo de tocar piano radicaba en ver a su hermano bailar al compás de sus propias melodías… su egoísta deseo de no quedarse solo arrastraba a su hermano mayor a su lado, para que no le sucediera lo que más temía. Por ningún motivo quería quedarse solo, y al parecer Osomatsu podía mantenerlo lejos de la soledad.

Ambos estaban atrapados en la misma situación.

Ahora no estaban solos.

—¡Mañana mismo comenzaremos! —exclamó el mayor de los hermanos con las energías renovadas,  sacando a Karamatsu de sus pensamientos, como si la pequeña conversación de hace unos segundos no le hubiera afectado en lo absoluto. Con una sonrisa se incorporó y levantó a su hermano junto a él—. Yakimura-sensei estará muy contento de tener a alguien de discípulo en el piano.

Sentimientos de duda se pudieron visualizar en el rostro de Karamatsu al escuchar esas palabras de su hermano.

—¿Eh?

Ante la sílaba de Karamatsu, Osomatsu no pudo evitar reír un poco antes de aclararse la garganta y sonreírle en respuesta mientras frotaba su nariz con el dedo índice:

—Ya intenté tocar piano —Osomatsu le mostró su lengua a Karamatsu en una pequeña burla, no dirigida precisamente al segundo hermano—. Mi talento es nulo —una risa nerviosa salió de sus labios—. Sensei fue muy sincero conmigo. ¡Pero eso no me desanimó! Gracias a eso pude encontrar lo que realmente me gusta —agregó Osomatsu antes que Karamatsu pudiera decirle palabra. Ya que conocía su afición, no tenía por qué esconderla, aunque aún le diera una ligera sensación de vergüenza. Era muy simple, y Osomatsu era simple—. Pero nii-san cree que tú puedes ser un muy buen pianista, Karamatsu. Yo te ayudaré —lo apuntó con un dedo mientras su sonrisa se mantenía en su rostro, impasible.

—Pero, ¿no será muy tarde para…?

—¡Nunca es tarde para comenzar a tocar el piano, Karamatsu! —exclamó, emocionado.

—Osomat…

—¡Y te enseñaré a leer partituras! ¡eso sí lo sé hacer bien! —continuó su hermano, ignorando al menor que intentaba captar su atención. Comenzó a enumerar con sus dedos—, tendrás que comenzar a usar guantes por las noches y…

—¡OSOMATSU!

El grito de su hermano lo silenció inmediatamente a la vez que un abrazo de Karamatsu comenzaba a devolverle el calor que, hasta ese momento, no había notado que había perdido. Con una sonrisa en los labios, el menor le susurró:

—Muchas gracias, Osomatsu.

La luna que se alzaba ante ellos parecía más brillante que nunca esa noche.

 

 

La noticia del deseo de Karamatsu de aprender a tocar piano causó revuelo en todos los integrantes de la familia, sobre todo porque era primera vez que Karamatsu mostraba un interés aparentemente más profundo en algo. Ichimatsu y Jyushimatsu habían detenido su charla matutina sobre béisbol, claramente impuesta por el menor de los dos, para escuchar las razones de su elección. Choromatsu lo observaba intentando no demostrar interés, aunque inconscientemente comenzaba a nombrar extraños datos sobre pianos que a ninguno de sus hermanos le importaba realmente.

Ninguno habría pensado que el segundo hermano escogería algo musical cuando el club de drama ya lo había llamado un par de veces para que participara en él. El único club al que Karamatsu no se había acercado. Su única excusa para no aceptarlo fue que ya tenían un gran actor en el grupo:

—Todomatsu será el mejor de todos los del club de drama —dijo orgulloso—. Mi pequeño hermano…

—Tenemos la misma edad, Karamatsu nii-san —interrumpió el menor de los hermanos sin levantar la vista de su desayuno ni dejar de textear en su celular, ¿quién podría hablar tan temprano?

Desde que había comenzado a separarse del grupo y su popularidad iba en aumento, las negaciones de ser el menor se hacían recurrentes, como si le avergonzara la situación. Su desesperación por ser único lo llevaba a esa situación. Sin embargo, seguía llamándolos nii-san a todos, sin excepción.

Osomatsu parecía dispuesto a molestarlo debido a eso, pero Karamatsu habló antes de que el caos se desatara e hiciera enfadar al menor de los Matsuno:

—Eh… como digas, Todomatsu —susurró Karamatsu volviendo a su desayuno con rapidez.

Quizás Todomatsu estaba molesto porque no había decidido ir al club de drama con él, aunque sabía que su hermano menor no lo tomaría en cuenta si fueran juntos… para mantener su individualidad intacta no podía haber dos Matsuno en el mismo lugar.

Sabía que Todomatsu era capaz de ignorarlo por completo, y esa situación le aterraba.

La conversación volvió a centrarse en la elección de Karamatsu, que sonreía cada vez que le preguntaban sus razones. Lo único que podía pensar en responder era su deseo de aprender sobre las artes musicales clásicas, y lo único que llegó a su mente fue el aprender a tocar un instrumento como el piano, de siglos de vida.

Por ningún motivo podría revelar sus verdaderas intenciones. Aunque no le gustaba mentir, menos a sus hermanos, debía mantener este secreto por el bien de Osomatsu y el de él.

Sin embargo, lo que más dejó expectantes a los cuatro hermanos restantes, fue la extraña emoción del mayor de los hermanos, que mostraba su entusiasmo sin vergüenza por la elección del segundo hermano. Lo único que salía de sus labios esa mañana (parecía que no tendrían una mañana tranquila con Osomatsu hablando sin parar) era lo emocionado que se encontraba de que el último hermano que faltaba por elegir un club de preparatoria, hubiera decidido el área de las artes musicales.

Todos sabían que faltaba uno: el que más silencioso estaba por las mañanas debido a la somnolencia que lo dominaba, y que extrañamente era locuaz un sábado, quizás por primera vez en su vida.

Solo faltaba que a alguno de los hermanos se le ocurriera preguntar.

Y tenía que ser Choromatsu.

—¿Y tú, Osomatsu nii-san?

—¿Hmm? —detuvo su parloteo matutino sobre Karamatsu, y miró al tercer hermano con una sonrisa.

—¿A qué club entrarás tú? —aclaró, mirándolo.

—Ninguno —dictaminó el mayor frotándose bajo la nariz—. ¡Ayudaré a Karamatsu! —exclamó con una sonrisa.

—Pero… —comenzó a protestar Choromatsu. Sin embargo, fue interrumpido por el mayor sin preámbulos.

—¡Karamatsu, ya es hora! ¡Vámonos!

El mayor tomó de la mano al segundo hermano, que estaba terminando su tazón de arroz, y salió de la habitación con Karamatsu a rastras, que intentó protestar sin mucho éxito, antes de despedirse de todos sus hermanos agitando su mano frenéticamente. Se escuchó el shoji de la entrada ser azotada detrás de los recién desaparecidos, y a la lejanía las protestas de Karamatsu ante la salida apresurada de su hermano mayor, sin haberle dejado terminar su desayuno. Pudieron escuchar risas desvaneciéndose en el viento a medida que sus hermanos mayores se alejaban.

En la habitación del desayuno solo se pudo escuchar como el tazón de Karamatsu terminaba de estabilizarse luego que el segundo hermano lo dejara bruscamente en la pieza.

El silencio volvió a dominar el ambiente matutino, y todos volvieron a sus platos como si nada hubiera pasado.

 

 

—¡¿M-Matsuno-kun?!

Un hombre de mediana edad observó la entrada de dos jóvenes prácticamente idénticos ingresar al gran salón que alojaba un gran piano de cola en el centro, y un par de pianos verticales a los costados, cubiertos por sábanas bajo las ventanas que no lograban aportar lo suficiente en cuanto a luz natural. Pudo reconocer inmediatamente al de hoodie roja, que lo observaba con una sonrisa. Se estremeció.

Rápidamente cerró el piano que había estado tocando hacía unos segundos y estiró sus brazos a lo largo de este, abarcando las teclas que ahora no se podían observar, como cubriéndolas imaginariamente, mientras sus lentes se deslizaban por su nariz, amenazando con caer.

—¿Qué quieres? ¡¿trajiste a uno de tus hermanos?! —exclamó poniéndose rígido.

—Qué cruel, sensei… no debería ser así una bienvenida a uno de sus antiguos alumnos —rió Osomatsu.

—No eres precisamente el ex-alumno apropiado para decírmelo —arregló sus lentes, aún expectante por la presencia del Matsuno rojo.  

—No se preocupe. Nunca más volveré a tocar su piano, sensei —el profesor se puso de pie frente a ellos cuando llegaron lo suficientemente cerca. Aún alerta ante la presencia del mayor de la familia Matsuno—. Le traje un nuevo alumno —observó cómo el profesor daba un salto—. No es como yo. Estoy seguro que es muy talentoso —sonrió Osomatsu mientras inflaba su pecho con orgullo. Sabía en su interior que su segundo hermano no lo iba a decepcionar. Lo presentía.

Lo necesitaba.

Con inseguridad, Karamatsu agachó su cabeza en modo de saludo, al parecer su hermano mayor tenía una relación muy cercana con el profesor frente a él. Incluso parecía más confiado hablando con él que con su propio hermano. Sintió un dolor en el pecho ante tal conclusión, sin comprender la razón de este.

—Buenos días, soy Matsuno Karamatsu. Mucho gusto, espero aprender mucho de usted.

—¿Eh? —La visión del profesor se centró en el menor de los Matsuno presentes, que todavía no levantaba la cabeza, esperando una respuesta de él. Los ojos del profesor volvieron a mirar a Osomatsu, mientras apuntaba al otro hermano—, ¿de verdad es tu hermano? No se parecen... él tiene modales.

—¡¿Sensei?! —Protestó Osomatsu mientras comenzaba a reír, lo que hizo que Karamatsu levantara la vista para observarlo. Su sonrisa radiante lo dejaba sin habla cada vez que la veía. Era una sonrisa pura, tan natural que era inevitable no disfrutar al observarla.

—Matsuno-kun, usted sabe que…

—Ne, ne, Karamatsu, ¿quieres comenzar ahora? —Ignorando las protestas inseguras del profesor, Osomatsu lo empujaba a intentarlo con entusiasmo. Le sonrió y esta vez dirigió su mirada al profesor.

—Yakimura-sensei, por favor enséñeme a tocar piano —rogó Karamatsu para nuevamente agacharse en una reverencia en frente del profesor. Levantó la vista solo cuando sintió que una mano se posaba en su hombro, para observar que el profesor lo miraba seriamente.

—Tus manos... muéstrame tus manos —susurró el profesor. Karamatsu ladeó la cabeza en son de duda, pero estiró ambas manos hacia el frente, mostrándole sus palmas. De reojo observó cómo Osomatsu escondía las de él. El tacto de los dedos del profesor en los de él lo hizo estremecer—. Bien, se ven perfectas —susurró el profesor. Sin embargo, frunció el ceño al observar la palma de Karamatsu y levantó la vista para observar a Osomatsu fijamente a través de sus lentes—. Matsuno-kun, ¿no me habías dicho que ustedes…? 

—¡Ah! Sensei, ¿este no era el piano que me hizo tocar a mí? —Exclamó el mayor interrumpiendo al profesor nuevamente, que al ver la mano de Osomatsu acercarse al piano, olvidó totalmente su previa pregunta y se volteó hacia Karamatsu seriamente, dirigiendo nuevamente su mirada al menor de los Matsuno presentes.

—Vamos, no hay tiempo que perder. Luego hablaremos de los detalles.

Karamatsu observó a su hermano atentamente, que seguía escondiendo su mano derecha, y sonrió.

—Pero, ¿y Osomatsu? —susurró el segundo hermano al mirar como este comenzaba a recorrer inocentemente toda el aula, con aire nostálgico y sus orbes perdidas en el techo de la habitación.

—¿No es hora de tus clases? Humm... —el profesor observó la hora en su reloj y miró a Osomatsu con el ceño fruncido—. Vas quince minutos tarde, y ni siquiera te has…

—¡Mierda! ¡¿Quince minutos?!

—Nada de malas palabras, Matsuno-kun.

El nombrado le sacó la lengua en una mueca. Tomó su mochila de un salto y salió corriendo hacia la puerta.

—¡Adachi-sensei me va a matar!

—¡¿Eh, Osomatsu?! —Karamatsu miró desconcertado como su hermano se retiraba del lugar. Creía que estarían juntos—. ¿No me vas a acompañar?

—¡Ballet! ¡Nos vemos a la salida! —Antes de salir de la sala, se volteó y apuntó al profesor, que lo miraba con curiosidad y un dejo de diversión—. Lo estaré vigilando... ¡no le haga nada extraño a mi hermano! —Karamatsu dio un salto ante las palabras del mayor, poniendo una mano sobre su frente, avergonzado por las palabras de Osomatsu, tan descaradas como siempre.

—Uh... —suspiró el profesor cuando el torbellino del mayor de los Matsuno salió. A la distancia, se pudo escuchar la puerta de otra de las aulas cerrarse con un sonido estridente, seguramente la que alojaría a Osomatsu las siguientes horas de entrenamiento—. ¿Quieres comenzar?

—Cla... claro —susurró Karamatsu dirigiéndose al profesor. Hizo una última reverencia y exclamó--. ¡Cuento con usted, por favor!

—Comencemos —agregó el profesor invitándolo a sentarse en el piano que tenía frente a él.

Con curiosidad y un dejo de temerosidad, Karamatsu comenzó su primera clase de música.

 

 

Osomatsu comenzó a elongar con una pequeña contusión en su cabeza comenzando a crecer lentamente. Su maestra lo había reprendido por haber llegado tarde y eventualmente, al Osomatsu comenzar a responderle con su característica insolencia, recibió un duro golpe de su profesora. Con la risa de sus compañeros ante la situación, el oído de Osomatsu se intentó concentrar en el piano que sonaba en el fondo, en otra habitación. Tan torpe, tan suave.

Observando su reflejo en el espejo, posó sus manos en la barra y levantó una de sus piernas hacia atrás, llevándola rápidamente hacia arriba sobre su cabeza. 

Karamatsu lo había descubierto y ahora se encontraba en una de las salas de la academia practicando piano. 

Bajó su pierna e inmediatamente comenzó a levantar la otra en la misma posición.

Su hermano menor había sido aprobado por su ex-profesor solo mirando sus manos.

Dirigió la visión a sus manos y volteó su mano derecha, donde una pequeña marca de quemadura lo diferenciaba de sus hermanos. Sonrió melancólicamente y recordó su primer intento de descubrir su identidad, de encontrar alguna manera de diferenciarse del resto: un intento de cocinar cuando estuvo solo en casa resultó en un desastre que, de no haber sido por su madre, habría terminado en un accidente más grave que solo se redujo a una quemadura que ninguno de sus hermanos conocía, y que Osomatsu se esforzaba por esconder. 

Fue la primera vez que Osomatsu buscaba encontrar algo que lo diferenciara de sus hermanos y de alguna manera ignorar que ser el hermano mayor era una responsabilidad adquirida.

No fue para nada satisfactorio, y solo logró confirmar que lo suyo nunca iba a ser la cocina. 

Había olvidado totalmente que su profesor sabía de la existencia de esa marca, y que su excusa en su momento fue que era una marca de nacimiento que tenían todos sus hermanos, en un intento de, a pesar de estar buscando su identidad, denotar que se parecía a sus hermanos de algún modo.

¿Descubriría Karamatsu su secreto ahora que el profesor estaba con él? O...

—Osomatsu-kun, ya puedes venir. 

Su profesora le hizo un gesto para que se acercara al grupo, que lo alejó de sus pensamientos y lo devolvió a la realidad. 

Rápidamente corrió con sus compañeros y la clase comenzó. 

Con una sonrisa, se preguntó cómo le estaría yendo a su hermano menor en su primera clase.

 

 

Una sonrisa surcaba los labios de Karamatsu cuando se despidió del profesor antes de cerrar la puerta. Las clases habían sido muy interesantes y, según su mentor, tenía capacidades que, si eran bien entrenadas, podrían dar excelentes resultados.

Al cerrar la puerta, Osomatsu lo recibió con una sonrisa, una toalla cubría su húmedo cabello recién lavado, que tenía un suave olor a manzana debido al shampoo que seguramente había aplicado. Parecía agotado luego de la larga sesión de baile que había tenido, pero su sonrisa seguía siendo de alegría y entusiasmo.

—¿Cómo estuvo? —susurró Osomatsu, nervioso ante la respuesta que le podría dar su hermano menor. De todos modos, temía que Karamatsu hubiera notado que no era lo que realmente quería, decidiendo por seguir buscando, llevándolo a la consecuencia de alejarse.

Karamatsu tomó la toalla y comenzó a secar el cabello de su hermano con suavidad, como lo hacían en casa.

—Desde hoy comienzo a venir de lunes a sábado a clases —le sonrió Karamatsu al instante que Osomatsu levantaba la vista, emocionado.

—¡¿Es así?! —exclamó Osomatsu dando un pequeño salto, acercando su rostro al de Karamatsu—. Genial. Así yo también podré venir más seguido a mis clases sin que sospechen —susurró al instante que un extraño aire de alivio se presentaba en su rostro por un segundo.

Rápidamente volvió a cambiar su expresión a una de felicidad. Cerró sus ojos, volvió a bajar la vista, y dejó que Karamatsu siguiera haciéndole cariño mientras emitía un sonido de relajo, casi como un ronroneo, al sentir las manos de su hermano a través de la toalla.

—¿Hmm? 

Karamatsu tomó la mano derecha de su hermano y la levantó a la altura de sus ojos.

Osomatsu seguía en un estado de relajo ante el masaje de su hermano menor y, cuando pudo reaccionar, rápidamente Karamatsu acercó su palma y besó donde el hermano mayor tenía esa marca.

—¡K-Karamatsu!

Levantó la vista y observó que Osomatsu lo miraba con un sonrojo notorio en sus mejillas, casi tan rojo como el color de su hoodie, y nervios expresados en sus temblorosos labios.

—¿Crees que no lo iba a notar? —dijo con una sonrisa.

—¿P-por qué?

—Eres mi hermano mayor, Osomatsu —respondió con seguridad, como si eso respondiera la pregunta de su hermano. Karamatsu volvió a sonreír y le susurró luego de observarlo hacer un puchero de frustración, cambiando totalmente de tema—: ¿vamos a casa? Mamá debe estar esperándonos con un delicioso almuerzo.

Soltó la mano de su hermano y lo miró, esperando la respuesta, mientras volvía a acariciar el cabello de Osomatsu con la toalla.

—Eso… eso no es una respuesta —el mayor miró a su hermano con reproche—. ¿Qué otras cosas sabes de mí, Karamatsu?

Osomatsu escondió su mano derecha detrás de él, y con su mano izquierda tomó la mano de su hermano que aún estaba apoyada en su cabeza y la pellizcó, haciendo que este lo soltara.

El nombrado levantó sus hombros en señal de incertidumbre y una sonrisa indescifrable, y luego se tocó su mano recién atacada por Osomatsu, quejándose nuevamente por la violencia sin sentido de su hermano.

El chico de sudadera roja golpeó suavemente el hombro de su hermano y comenzó a caminar delante de él con sus manos cruzadas detrás de su cabeza, aún con un ligero rubor en sus mejillas. Sus sentimientos eran de frustración y de felicidad. No lograba comprender el motivo de esta segunda sensación por mucho que su cerebro intentara descifrarlo.

El menor alcanzó a su hermano y decidió por su bien físico cambiar el tema, incitando a Osomatsu que le hablara de sus clases de ballet. Este agradeció el cambio de tema y se fueron caminando tranquilamente, con una sonrisa en sus rostros.

Lo que Karamatsu sabía de Osomatsu era un secreto.

Lo que Osomatsu sabía de Karamatsu era un secreto.

 

—Bailemos juntos, Karamatsu…

Notes:

¡Hi hi! Muchas gracias por pasar y leer este pequeño fic, espero haya sido de su agrado >////<
Pueden decirme lo que sea, todo me ayuda a crecer. ¿quizás estuvo muy enredado?
Los hermanos tendrán más protagonismo e interacción con los dos mayores muy pronto.
Abrazos, ¡nos leemos pronto!

¿Qué pasará en el transcurso de un año?

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