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You Can't Break A Broken Heart

Summary:

Un corazón le devolvería a Jensen la vida ideal junto a su bella esposa, el mismo corazón que le daría a Sherry la oportunidad de salvar a su amado hijo. Inevitablemente, la salvación de uno será la desgracia del otro.

Chapter 1: A veces me gustaría poder salvarte.

Chapter Text

 

Danneel soltó una maldición mientras se tambaleaba a la cocina para apagar el horno, por más que lo intentara ese lugar definitivamente no era lo suyo, ni siquiera podía preparar un sándwich sin lastimarse el dedo o quemar algo. “Pensé que era imposible quemar todo al preparar eso” le dijo Jensen la primera vez que ocurrió un incidente, solo que no fue en esa misma casa, fue en uno de los apartamentos del campus “sucede cuando quieres derretir el queso” le contestó ofendida cruzando los brazos al nivel del pecho. Ya habían pasado unos cuantos años y Jensen ya no era su novio, era su esposo, no vivían en el campus sino en una gran casa ubicada en Los Ángeles.

La chica soltó un suspiro cuando vio que el antes jugoso y prometedor pato estaba ahora totalmente arruinado. Abrió las ventanas para que el humo saliera y no activara el detector de incendios, luego se puso frente al plato para contemplar sus posibilidades, esa noche era su aniversario y ella insistió en tener una rica cena en casa y por Dios que iban a tener una rica…no, suculenta cena en casa.


- ¿Moon Grill? – estaba sentada frente a la laptop con el teléfono en la mano - ¿Hacen entrega a domicilio?... es una emergencia señor… le pago lo que sea… ¿Si?... genial… no, no esta muy lejos… sí, el Lomito Strogonoff estará bien… perfecto – colgó con una gran sonrisa en el rostro. 30 minutos era buen tiempo, se supone que Jensen no llegaba aun, eso le daba tiempo para acomodar la mesa, cambiarse de ropa y que el olor de quemado se esfumara.

La comida tardó justamente el tiempo que le informaron, pagó en efectivo y se dispuso a acomodar toda la mesa y desaparecer la evidencia, todo eso sin manchar su vestido rojo rubí. Estaba terminando de acomodar todo cuando escuchó el auto de su marido aparcar en el garaje.



Jensen se bajó del coche con un ramo de flores y un paquete envuelto en papel de colores que adentro tenía una linda gargantilla roja, si conocía bien a Dan y vaya que sí la conocía, seguramente tenía puesto el vestido que compró hace un par de semanas. Sonrió caminando hasta la entrada, la cocina debía ser un desastre, sinceramente, estaba sorprendido de que los bomberos no estuvieran afuera. Cuando entró un olor exquisito nubló sus sentidos, frunció el ceño y verificó la puerta para estar seguro de que entraba a la casa correcta.

- Feliz aniversario – anunció su esposa con una gran sonrisa y una copa en cada mano. Su cabello, casi tan rojo como su vestido, caía en cascada sobre sus delgados hombros, era la mujer más bella del mundo y él la tenía ahí, en su casa.

- Feliz aniversario – respondió. Acercó las flores a su rostro para que las oliera y se sintió complacido cuando la escuchó suspirar, las dejó a un lado y tomó la copa. Brindaron sin dejar de verse a los ojos pero solo uno de los dos bebió del vino, luego se dieron un tierno beso – para ti – anunció poniendo en su mano el regalo, ella lo abrió emocionada y rió feliz cuando vio lo que era.

- Sabías que me iba a poner este vestido – adoraba que la conociera tan bien, aunque odiaba ser tan transparente.

- Lo sabía – afirmó tomando la gargantilla para ponerla en su delicado cuello. Le dio otro beso y jaló la silla para que se sentara, luego él hizo lo mismo – esto se ve delicioso

- Gracias

- ¿Dónde lo compraste?

- ¿Qué? – preguntó ofendida – Jensen Ackles, ¿Cómo se te ocurre pensar eso de mi? es que me ofende que…- su voz fue disminuyendo gracias a la presión que hacían los ojos verdes de su esposo, era como si tuviera rayos X el muy malvado. – en Moon Grill – murmuró aceptando su derrota, como respuesta obtuvo una gran carcajada, esas que le hacían llorar. Bien, pues a ella no le hacía ninguna gracia.

Jensen vio como su mujercita arrugaba la cara así que la jaló de la mano para que se inclinara y le dio un beso.

- No me casé contigo porque supieras cocinar, me casé porque siempre lo intentas.

- ¿Eso es un cumplido?

- Definitivamente lo es – esa respuesta era más que suficiente para ella.


La comida estaba tan deliciosa como se veía, ella confesó que lo otro se había quemado en el horno. Conversaron durante largo rato, más que todo rememorando cosas del pasado, si alguno de los dos creyera en el amor a primera vista dirían que fue eso lo que les unió.

Cuando decidieron casarse ambas familias pegaron el grito en el cielo “solo eres un niño” replicó Donna horrorizada pero no era para tanto, tenían 19 años, no eran unos niños. Si tenían edad para votar obviamente la tenían también para tomar una decisión como esa, tuvieron que soportar comentarios de personas que juraban que la prisa por casarse era porque ella estaba embarazada, ni siquiera se molestaron en sacarlos de su error, el tiempo lo hizo. Si tomaron esa decisión fue porque estaban seguros de que era como querían pasar el resto de sus días…juntos. Estar esa noche ahí celebrando era una prueba de que sabían bien lo que hacían.

La cena terminó como debía, los dos en la cama amándose suavemente, sin más prisas que las que su corazón pudiera soportar. Un par de horas después, Jensen no lograba conciliar el sueño por lo que se levantó con cuidado para no despertarla debido las vueltas que daba en la cama. Fue al baño, a la cocina, hizo un recorrido por la casa y luego subió para quedarse un rato contemplando la noche desde la ventana de la habitación, giró hacía Dan y suspiró cansadamente, estaba pálida de nuevo y su respiración se estaba volviendo pesada, vio el reloj y comprobó que en una hora le tocaba su medicación. Sonrió tristemente pensado el esfuerzo que estaba haciendo ella por hacer que todo pareciera normal cuando en realidad cargaban una cruz sobre sus espaldas.

Dos años… en ese tiempo no habían conseguido tener nada normal en su relación, salvo los momentos que ella hacía el esfuerzo por rescatar, como esa noche. Ni siquiera sabe como pudo mantenerse fuera de la cama durante toda la velada. Claro que no perdía las esperanzas y ahora menos que nunca, podían hacer aquello, podían salir adelante, la espera y las influencias habían hecho milagros en muchas cosas, ahora era la primera en la lista así que solo era cuestión de tiempo.

Deseó con todas sus fuerzas que el corazón de la pelirroja no tuviera algún apuro por dejar de funcionar.



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Jared tenía un mejor amigo, Chad. Lo conocía prácticamente desde que nació y por más que su madre intentó convencerlo de que esa era justamente la clase de amistad que no le convenía, él no tenía ninguna intención de separarse del muchacho, eran demasiadas las travesuras que inventaban juntos. Y aunque las victimas no se lo tomaban demasiado bien, ellos reían como locos, al igual que sus compañeros. La risa era buena para el alma y además terapéutica así que sacando cuentas, en realidad estaban haciendo una labor social.

Así intentaron explicárselo al profesor de deporte pero por alguna razón el hombre no encontraba nada chistoso en tener las manos pegadas (literalmente) al cabello. “Veinte vueltas al gimnasio, YA” les ordenó y ellos automáticamente se vieron la cara ¿Veinte vueltas? En circunstancias normales no les hubiese importado pero ese día habían jugado baloncesto durante una hora, sin contar los juegos que ellos mismos se inventaban y a decir verdad, estaban agotados, Jared solo podía pensar en sentarse y descansar.

En la vuelta numero tres tuvo que bajar la velocidad porque el aire le faltaba y eso que trataba de seguir un buen ritmo con las respiraciones, en la siete comenzó a marearse y un dolor intenso le recorrió el brazo izquierdo, en la once el dolor ya no era intenso, era insoportable. En la catorce se detuvo abruptamente apretándose el brazo y el pecho al mismo tiempo “¿Tío, estas bien?” sabía que era la voz de Chad pero sonaba tan lejana… su vista estaba borrosa, de pronto eran más la voces a su alrededor, estaba en el suelo, podía sentir el frío contra su espalda, el dolor no se fue hasta unos segundos después… cuando todo se puso negro.

Tenía 12 años y fue cuando su corazón falló por primera vez.

A partir de ese día, Jared ha pasado en hospitales más tiempo que en cualquier otro lugar. Ya conocía las paredes, todas las habitaciones, las camas, sabía exactamente a que hora las enfermeras hacían su primera ronda de la noche, cuando era la ultima, cuando eran los cambios de guardia, cuando era un día agitado y cuando era un día tranquilo, cuando su compañero de habitación se iba a recuperar rápido y cuando no se iba a recuperar nunca. Así habían pasado 5 años y Chad no le había dejado abandonado ni una sola vez, bien podía estar en casa o en el hospital, su amigo siempre encontraba la manera de llegar a él y regalarle chistes estúpidos, bromas que muchos no entendían pero Jared apreciaba y se repetía que mantener ese amigo había sido una de las mejores decisiones del mundo.

Chad ha estado ahí aunque Jared ya no podía jugar baloncesto, ni montar bicicleta, ni correr y a medida que iba creciendo se perdía de otras cosas como fiestas, bebidas… “no te olvides del sexo, JT, cuando estés mejor lo primero que voy a hacer es buscarte una novia” eso era lo que más le gustaba a Jared de él, no perdía la fe en que se iba poner bien, en que iba a ser el que fue una vez. Su madre tampoco la perdía, aunque Jared podía verla cada vez más y más desesperada, él trataba de ignorar el dolor y la impotencia en sus ojos porque si ella perdía las esperanzas ¿Qué le iba a quedar a él?

Solo un pecho que se contraía cuando menos se esperaba dando como resultado la misma visita al hospital, aquello no respetaba fechas, ni siquiera esa navidad cuando todos terminaron abriendo los regalos en aquel frío lugar. Sus hermanos parecían entender, Jeff lo quería tanto que le daba igual donde pasar un día como ese con tal de estar juntos, Megan era muy pequeña como para prestar demasiada atención. Desde que su padre murió lo único realmente importante era sacar el mayor provecho a los momentos familiares.




Era martes por la mañana cuando quiso jugar un rato con su hermana, nada complicado, ella se escondía y él la buscaba, el más inútil de los seres humanos debía ser capaz de algo tan sencillo pero al parecer Jared ya no llegaba a la categoría de inútil o de ser humano porque subir las escaleras le dejó sin aire, eso siempre le desesperaba y como consecuencia su corazón se agitaba, “tranquilo, respira, esta bien” se decía a sí mismo, pronunciaba las palabras pero no llegaban realmente a su cerebro.

- Meg – jadeó usando el poco aire que tenía en sus pulmones, se sostenía de la baranda con toda su fuerza, estaban los dos solos en casa, debía aguantar, no podía hacerle pasar por eso, no se lo merecía. – Megan – esta vez sonó más apagada pero también más fuerte.

- Se supone que debes buscarme – protestó la chica mientras salía del baúl que estaba en el medio del pasillo del piso de arriba – ¿Jay? – todo su mal humor cambió al ver a su hermano pálido y aferrado a la escalera con la respiración entre cortada – ¡Mamá! – chilló al reconocer los síntomas.

- No esta, ¿recuerdas? – murmuró dejándose caer lentamente sobre el escalón, la niña de inmediato comenzó a llorar – no pasa nada, enana – intentó bromear dibujando una especie de sonrisa y cerró los ojos para tratar de olvidarse del dolor.

- El número – murmuró Megan recordando lo que debía hacer en esos casos “no entres en pánico cielo, solo llámame o llama a la ambulancia” su mamá repetía eso una y otra vez. Lla chica se secó las lagrimas y pasó junto a su hermano mayor, le acarició el cabello antes de seguir bajando, dudó entre la ambulancia y su mamá pero la mujer debía estar cerca - ¿Mamá? – inquirió cuando sintió que contestaban el móvil.

- Voy en camino, cielo ¿esta todo bien?

- Es Jay – no había que decir nada más, Sherry había colgado y si Megan la conocía la suficiente de seguro había pisado el acelerador (si andaba en el carro) o había comenzado a correr (si estaba a pie.)



Cuando llegó, su hijo seguía en la escalera sujetando la mano de su hermana. La mujer intentó reprimirse con todas sus fuerzas y no regañarlos a ninguno de los dos, Jared había pasado la noche con principio de gripe, eso lo debilitaba aun más, lo había dejado en cama ¿Qué demonios hacía moviéndose por ahí?



Jared tosió de nuevo mientras se llevaba las manos al pecho para aplacar el dolor, ya ni siquiera odiaba estar en una situación como esa, no le importaba. No sabía lo que era realmente vivir desde hace 5 años.

Sherry puso un paño húmedo y frío sobre su frente, podía hacer todo eso sin ni siquiera pensar, su cuerpo reaccionaba automáticamente, es más, estaba segura que así funcionaba todo en ella desde hace años. Su familia más de una vez la acusó de descuidar a sus otros dos hijos por prestarle atención al mediano, ella trataba de ignorarlos, si era cierto que hacía eso pues tenía sus razones, Jeff y Megan eran sanos y fuertes, podían valerse por sí mismo, Jared no. Si tan solo su esposo estuviera con vida… Jared tosió de nuevo, la fiebre no bajaba y eso estaba tornándose más peligroso de lo normal.

- Te voy a llevar al hospital

- No mamá, no otra vez – ella le hubiese hecho caso si tan solo esa suplica no estuviera acompañada del temblor que le provocaba la fiebre. Llamó a una ambulancia y luego al doctor Beaver.

La ambulancia no tardó más de 10 minutos en llegar, eran demasiadas veces trasladando al castaño así que ya sabían que debían darse prisa, beneficios V.I.P. de un enfermó constante. Mientras escuchaba la sirena y sentía los cables conectados al pecho no podía dejar de preguntarse si esa vez sería la última, era consciente de que su tiempo se agotaba paulatinamente, un día su viaje al hospital iba a ser sin boleto de regreso.


Cuando llegaron ya el doctor estaba esperándolos y había preparado una habitación, ni siquiera se dirigió a Sherry, lo primero era atender al muchacho. Media hora después salió para darle la cara a la mujer.

- ¿Cómo esta?

- Sabes como está, Sherry – tantos años les permitía tratarse con esa naturalidad. El corazón de Jared se degeneraba con el tiempo causándole otros problemas, los primeros años el tratamiento le permitía asistir a clases y salir pero estos últimos meses estar fuera de la cama era prácticamente misión imposible, la más tonta gripe podía ser tan grave como una pulmonía.

- Si me lo dices así solo puedo creer que se esta muriendo, por favor no me hagas pensar eso – si no salían lagrimas de sus ojos era porque ya no tenía pero por dentro estaba destrozada.

- Necesita ese transplante, hasta ahora ha podido luchar y mantenerse pero no va a ser siempre así, su cuerpo ya no puede resistirlo.

La mujer se sentó pesadamente en las duras sillas a las que tan bien acostumbrada estaba. Un transplante. Como si fuera tan fácil, lleva años esperando que aparezca alguien, años en una estúpida lista en la que su hijo apenas hace unas semanas pasó a segundo lugar, lo que quiere decir que aun si apareciera alguien por esa puerta en ese instante, su corazón sería para otra persona, no su hijo.

- ¿Aun no se sabe de algún donante?

- No – respondió con un suspiro cansado mientras se sentaba junto a ella. – tengo que ser honesto contigo, Sherry. Necesito que seas fuerte – la mujer lo vio con esos ojos vacíos que decían claramente que podía resistir lo que fuera – si no encontramos un corazón pronto yo… no creo que resista más de un mes, dos con suerte. – Sherry asintió con la mirada perdida en la distancia, ella se sacaría el corazón ahí mismo si eso le devolviera la vida a su hijo pero no servía, su problema de tensión lo hacía inútil.

- Eso no va a pasar – aseguró poniéndose de pie – ¿Puedo verlo? – el Dr. Beaver asintió y de inmediato ella caminó hasta la habitación analizando sus opciones.