Chapter Text
Los pasos de Rayleigh resonaban por el pasillo, podía oír el alboroto lejano de sus nakamas en pleno saqueo mientras se dirigía al barco, él también llevaba parte del botín: un saco colgaba de su mano izquierda y un cofre asomaba por debajo de su brazo derecho.
Momentos antes Roger había vaciado uno de los cofres del tesoro de Xebec, le hizo un par de agujeros y metió al bebé que habían encontrado envuelto en las mantas de su habitación, no era tan diferente del cajón en el que había estado durmiendo.
—Yo lo llevaré— le había dicho Rayleigh —Los marines no te quitan el ojo de encima, si te ven volver al barco tan pronto sospecharan—
Roger asintió conforme con ello.
—Ve con cuidado— fue lo único que le dijo.
Cada vez se acercaba más a la salida. Algunos de sus nakamas le habían llamado la atención muy animados por las cosas que estaban encontrando, él simplemente les hacía un gesto con la cabeza indicándoles que iba con prisa.
A la salida se encontró de cerca con un grupo de marines. Garp había sido tajante: si alguien más descubría al hijo de Xebec se lo llevaría incluso si con ello tenía que desatar una nueva batalla. Seguramente Roger no tendría inconveniente en pelear, pero después de la batalla que habían librado aquel día Rayleigh quería evitar el conflicto en la medida de lo posible. Pasó al lado de los marines, pidiendo en silencio que el crío no se despertara y empezara hacer ruido. Si se daba la situación podía usar su haki para dejarlo inconsciente, pero no era una idea que le gustara. Por suerte, esos marines estaban demasiado centrados en encontrar algo de valor como para prestarle atención a él y pasaron por su lado sin ni siquiera mirarle. En tierra había muchísimo más ruido, gente de acá para allá, transportando heridos y hablando a voces, pero nada de eso parecía perturbar a aquel niño “O tiene el sueño muy profundo o este crío está habituado a los ruidos fuertes más de lo que parece” pensó.
Mientras bajaba por la rampa de salida divisó a Garp dentro de la carpa que los marines habían montado como centro de operaciones provisional, estaba hablando por den den mushi y, aunque no alcanzaba a escuchar lo que decía, no parecía estar teniendo una conversación agradable. Se preguntó si estaba mintiendo a sus superiores tal y como Roger le había dicho “No importa, en cuanto el crío esté en nuestro barco nadie se lo llevará” se dijo a sí mismo.
Fue solo cuando se iba acercando al Oro Jackson que se permitió el lujo de aligerar el paso, seguro de que ya estaba lejos de las miradas enemigas. Encontró a Gaban y a Taro en la cubierta, ambos estaban eufóricos ante la gran cantidad de tesoros que la tripulación estaba cargando. Gaban fue corriendo hacía él en cuanto le vio.
—¡Rayleigh amigo mío! ¿Has visto todo esto? ¡somos ricos! — proclamó Gaban sonriendo emocionado. Alargó las manos para ayudarle a cargar la bolsa y el cofre, pero Rayleigh fue más rápido, levantó la bolsa de oro y casi la estrelló en el pecho de Gaban.
—Pon esto con lo demás— dijo sin soltar el cofre, indicándole con la cabeza que iba a la sala principal del barco. Su nakama pareció darse cuenta de que algo pasaba porque soltó la bolsa de oro junto con los demás tesoros y rápidamente fue tras él.
—¡Taro encárgate de vigilar esto! ¡Avísanos si ocurre algo! — oyó que Gaban ordenaba.
La sala principal del Oro Jackson era la estancia más grande del navío, se componía de un enorme comedor que muchas veces usaban como sala de reuniones, con una cocina y varios almacenes al fondo.
—Cierra la puerta— murmuró colocando el cofre en la mesa.
—¿Qué es lo que ocurre? — preguntó Gaban desconcertado.
Rayleigh no respondió, se limitó a abrir el cofre: el bebé seguía allí durmiendo tal y como Roger lo había colocado. Gaban miró el cofre incrédulo, su boca se abrió y cerró varias veces sin articular sonido alguno. Rayleigh no podía negar que se divirtió al ver su reacción.
—¿Qué demonios…? — farfulló.
—Parte del botín— respondió Rayleigh cruzándose de brazos.
—¿Qué? ¿se supone que debo entender eso? — dijo Gaban.
Rayleigh se sentó en una silla y empezó a contarlo todo: como habían encontrado el camarote de Xebec, las habitaciones secretas, los tesoros, el bebé, la aparición de Garp, como Roger se había negado a entregar al niño y la decisión que había tomado de convertirlo en su nuevo nakama. A cada palabra que Rayleigh pronunciaba Gaban se mostraba más incrédulo.
—¡¿Qué?!— exclamó e inmediatamente se tapó la boca con las manos preocupado por no hacer ruido —¿Cómo se le ha ocurrido algo así? Esto no es lugar para un crío ¿Por qué no le has detenido? — empezó a preguntar en voz baja.
—Son órdenes del capitán— se limitó a decir Rayleigh.
—Eso no suele impedirte hacerle entrar en razón y además…—
—¿Y qué querías que hiciera? ¿Desafiar su decisión delante de Garp? — le interrumpió Rayleigh al tiempo que se ponía en pie encarando a su nakama —Entiendo lo que quieres decir, pero si te dijeran que las únicas opciones que tiene este crío es estar en un barco pirata o entregarlo al gobierno mundial para que lo ejecuten ¿Qué hubieras hecho tu? ¿le has mirado? Apenas debe tener un año de edad —suspiró— Además, ya sabes cómo es Roger. Cuando se le mete una idea en la cabeza es imposible sacársela—
Gaban se quedó mirándolo boquiabierto, parecía estar asimilando todo lo que acababa de escuchar. Echó una mirada al bebe con el ceño fruncido.
—¿Estás seguro de que lo ejecutarían? — preguntó tragando saliva.
—No lo creía hasta que he visto la reacción de Garp. Diría que hasta se ha sentido aliviado de no tener que responsabilizarse de lo que le ocurra— respondió Rayleigh.
—Maldita sea…— masculló Gaban llevándose una mano a la cabeza.
Se hizo el silencio. Gaban volvió a posar su mirada en el niño que dormía en el cofre. Rayleigh conocía a su amigo: sabía que al principio protestaría, pero también sabía que, superada la primera impresión, él también hubiera hecho lo mismo. Lo cierto era que dudaba que cualquiera de sus nakamas pudiera tener tan poco corazón como para dejar a un crío así a su suerte y Gaban no era una excepción.
Empezaron a oír voces y ajetreo en el exterior: la tripulación estaba regresando.
—Ayuda a los demás con los preparativos, yo debo quedarme con él hasta que llegue Roger. Supongo que cuando zarpemos le dará la noticia a los demás—
Gaban asintió y salió en silencio. Rayleigh oyó a Roger subir al barco mientras daba órdenes a voces. Todos sus nakamas iban de un lado a otro en cubierta. Pasados unos instantes notó el suave balanceo que indicaba que el Oro Jackson ya había zarpado. Se asomó por uno de los ojos de buey y pudo ver como se iban adentrando cada vez más en el mar. Rayleigh se desplomó en la silla sintiendo que por fin podía descansar, tenía doloridas las articulaciones y empezó a notar punzadas de las heridas de la batalla, pero habían salido de God Valley antes de la medianoche y habían evitado pelear con la marina, teniendo en cuenta como era su capitán eso podía considerarse otra victoria. Le echó una mirada al bebé sintiendo envidia, nada parecía poder despertarlo ¡ojalá él pudiera descansar así!
A pesar de que el Oro Jackson eran un galeón enorme, la banda todavía no era muy grande. Roger planeaba tener más tripulantes, pero siempre esperaba tener la suficiente confianza con alguien antes de invitarlo a subir a su barco, lo cual impedía que cualquiera entrara en la banda. Aun así, el navío podía ser conducido con facilidad con los actuales miembros: Seagull, Petermoo, Sunbell, Taro, Millet, Doringo, Isaac, Ganryu, Spencer y Erio.
El barco ya había tomado rumbo y los tripulantes fueron entrando a la sala principal seguidos por Roger y Gaban. Todos iban alegres por la batalla que habían librado, por los tesoros que habían conseguido y con ganas de brindar para celebrarlo.
Rayleigh tuvo que contener las ganas de reír al ver las reacciones de sus nakamas al percatarse de lo que había en el cofre de la mesa, todos empezaron a preguntar y murmurar, estaba claro que Roger aún no les había dicho nada.
—Necesito un trago— susurró Gaban escabulléndose detrás de la barra de la cocina, sacó una caja de licor y la llevó a la mesa, ofreciendo las primeras botellas a Roger y Rayleigh.
Roger se sentó en una silla cerca del bebé y empezó a contar lo que había ocurrido. Conforme el relato avanzaba sus nakamas cada vez se iban mostrando más escépticos. Una vez terminó se hizo el silencio en la sala, todos sostenían sus bebidas sin probar ni gota y nadie parecía saber que decir.
—Ca…capitán, entiendo la decisión, pe… pero… solo es un bebé— Erio fue el primero en romper el silencio.
—Si, lo mejor sería que estuviera en un orfanato— añadió Taro.
—¡No tenemos ni idea de cómo cuidar a un crío! — siguió Millet.
Todos empezaron a hablar a la vez, protestando, preguntando o buscando soluciones a “ese problema” Rayleigh esperaba una reacción así, después de todo: él también había pensado igual momentos antes. Miró de soslayo a Gaban, quien se había sentado al otro lado de la mesa; era el único que no protestaba. Rayleigh sabía que, a pesar de sus quejas iniciales, apoyaba la decisión del capitán. Roger por su parte se estaba limitando a escuchar todo mientras daba tragos a su bebida.
—¡No sobrevivirá aquí! — exclamó Petermoo.
—Podemos dejarlo en un orfanato que esté lejos de God Valley— dijo Seagull.
—O llevarlo a una isla que no esté afiliada al gobierno mundial— sugirió Ganryu.
Rayleigh se frotó el puente de la nariz con los dedos, había demasiado ruido y él empezaba a perder la paciencia.
—¡Llevarlo a tierra significa condenarlo a muerte!— alzó la voz haciéndolos callar a todos. La tripulación miró al vicecapitán como si no terminaran de creer lo que estaba diciendo.
—Diría que no importa como de lejos lo llevemos, siempre estarán buscándolo, es la prueba de que Xebec ha existido…— dijo Roger de forma seria.
De nuevo se hizo el silencio, parecía que algunos empezaban a asimilar la decisión de Roger.
—Bueno… tampoco será el primer crío que crece en un barco pirata— dijo Spencer encogiéndose de hombros.
—Esta bien… si el capitán dice que es nakama; es nakama— comentó Taro mirando a Roger con media sonrisa.
—¡Chist! Por si no teníamos bastantes preocupaciones por las recompensas que dan por nuestras cabezas, ahora también tendremos que preocuparnos por la gente que persiga a este crío…— murmuró Doringo.
—Cuidado con lo que dices— advirtió Gaban.
—¡Hablo en serio! ¿Qué demonios pinta este crío en nuestro barco? ¡no es nuestro problema! ¡Y no le debemos nada a Rocks! — respondió golpeando la mesa.
Gaban estaba dispuesto a responder, pero Roger intervino antes.
—¿Crees que he tomado esta decisión por Xebec? — preguntó Roger con un tono de voz que Rayleigh solía definir como “la voz del capitán” No era alto ni agresivo, pero si firme e intimidante.
—Con el debido respeto capitán, diría que te sientes culpable por haberlo dejado huérfano— dijo Doringo. Para sorpresa de la mayoría Roger se echó a reír por ese comentario.
—Nada más lejos de la verdad. Xebec se lo merecía y aunque hubiera sabido de la existencia de su hijo antes de la batalla, nada habría cambiado— respondió Roger sin rodeos. Echó una mirada al bebé antes de añadir —Escuchadme, sé que esto es una carga y entiendo que no os guste mi decisión o no estéis de acuerdo, pero esto no tiene nada que ver con Xebec. Este crío no es Xebec; él no ha hecho nada, ha sido su padre quien lo ha llevado a una batalla y quien le ha puesto en peligro. No tiene culpa de lo sucedido, pero ya le acusan cuando ni siquiera puede defenderse. Estoy seguro de que Garp lo hubiera llevado a un orfanato, pero él no puede controlar lo que decida el gobierno. Decidme ¿lo hubierais entregado a sabiendas de lo que le sucederá? —
Todos estaban atónitos mirando a Roger. Rayleigh pudo ver el dilema en los rostros de sus nakamas: nadie quería tener a ese crío en el barco, pero ninguno era capaz de tomar la decisión de dejarlo atrás.
—Un hijo no tiene porque pagar por los pecados de sus padres… al menos eso es lo que pienso…—dijo Roger dando un nuevo trago a su bebida —No lo dejaré en ningún sitio, se queda aquí— terminó con un tono que daba por finalizada la conversación.
Algunos asintieron finalmente aceptando la decisión del capitán. Otros no parecían muy convencidos, pero no rebatieron a Roger.
—Esto es una locura…— murmuró Doringo dándose por vencido.
—Yo diría que hemos hecho locuras peores— comentó Sunbell pasándole el brazo por los hombros mientras reía, otros también empezaron a reír y el ambiente en la sala se fue aligerando.
Pronto todos se fueron relajando, empezaron a beber y a hablar sobre lo sucedido aquel día, cuál sería su próximo destino, los planes para el botín que habían conseguido y, por supuesto, del bebé que aún seguía durmiendo en el cofre.
—Tiene el pelo igual que Rocks… es un poco siniestro— comentó Seagull con una mueca.
—¿Cómo es que no se ha despertado aún? ¿Estáis seguros de que está vivo? — preguntó Taro.
—¡Pues claro que sí, idiota! ¿no le ves respirar? — le respondió Erio.
Rayleigh reía escuchando a sus nakamas. Hacía solo unos instantes se habían quejado de la presencia de aquel niño, en cambio ahora hablaban y discutían con normalidad: tal y como había pensado algunos de sus nakamas solo necesitarían tiempo para asimilar la decisión de Roger.
—¿Y como se llama? — preguntó Spencer.
—Si, si va a ser nuestro nakama, deberíamos dejar de llamarlo crío— comentó Isaac riendo.
—Creo que no había nada en la habitación que tuviera su nombre— dijo Roger pensativo dirigiendo la mirada a Rayleigh.
—Supongo que nosotros tendremos nombrarlo de alguna forma— dijo Rayleigh encogiéndose de hombros.
—Deberías ser tu quien le ponga nombre, capitán— dijo Gaban sonriendo.
—¿Eh? — eso pilló a Roger por sorpresa.
—Si. Diría que es responsabilidad tuya— añadió Rayleigh divertido.
Roger les lanzó una mirada acusadora a ambos, pero se lo pensó unos instantes mientras el resto seguían bebiendo y charlando.
—¿Qué os parece Shanks? — dijo Roger.
—¿Shanks? — preguntó Rayleigh riendo sin poder imaginar como se le había ocurrido ese nombre a su capitán.
—Suena bien— comentó Gaban.
—Si, es fácil de recordar— dijo Spencer.
—Entonces sería Rocks D. Shanks— comentó Taro.
—¡De eso nada! — dijo Rayleigh en tono tajante —No puede usar su apellido, nadie debe saber quién es su padre—
—¡Pelirrojo! —exclamó Gaban algo ebrio —Yo le voy a llamar así. Si va a ser un pirata un apodo le queda mejor que un apellido— explicó.
—¡Shanks, el pelirrojo! ¡Me gusta! — dijo Roger sonriendo.
—Un apodo apropiado— comentó Rayleigh.
Todos miraron a Shanks, seguía durmiendo entre las mantas sin apenas moverse. Rayleigh estaba seguro de que cuidar a ese crío sería una carga para todos ellos, pero esa preocupación sería algo del futuro, porque en esos instantes todos parecía estar de acuerdo. Sabía perfectamente que jamás podría juzgar la decisión de su capitán pues él también hubiera hecho lo mismo. Estaba seguro de que el resto de sus nakamas solo necesitarían tiempo para verlo de la misma forma. Alzó su botella mirando Roger.
—Por nuestra victoria en God Valley— dijo sonriendo a sus nakamas.
—¡Por los tesoros que hemos conseguido! — gritó Gaban alzando su botella también.
—Por nuestro nuevo nakama— añadió Roger.
—¡Por Shanks, el pelirrojo! —gritaron todos alzando sus bebidas.
