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Fandoms:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-03-19
Completed:
2022-09-10
Words:
4,588
Chapters:
2/2
Comments:
10
Kudos:
56
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3
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715

Buenas noches.

Chapter 2: La cita

Chapter Text

II

—¡Joder, que no estaba haciendo nada! Qué pesada te pones cuando te das la gana.

 

Bufó mientras la llevaba del brazo, mientras la empujaba hacia el coche y hacía trastabillar a Tiffany, roja de indignación, con el sollozo ya atragantado en la garganta. Cayó sobre la puerta del coche, apartándose de un manotazo del agarre y mirándolo con el reproche en el rostro.

 

—¡Una noche, Chucky! —Le apuntaba con el índice, mientras las lágrimas se le escapaban y ya no era capaz de controlarse—. ¡Sólo quería una noche! ¡Una noche tranquila! ¡Una cita! ¿Cuánto llevas sin consentirme?

 

Soltó una risotada, escupiendo al suelo y metiendo las manos en los bolsillos del absurdo traje. La miraba con una mueca de asco, esperando que dejase de llorar, que le perdonase lo que fuera que había hecho. No iba a disculparse, cómo iba a disculparse por tener ojos. Y en vez de morderse la lengua y esperar a que ella sola gestionara el enfado…

 

—Llevo media vida consintiéndote, muñeca. Sólo hay que ver… cómo te has puesto.

 

La risa aguda se interrumpió entre los golpes y gritos que Tiffany le daba. El maquillaje ya corrido, con grandes manchurrones de negro corriéndole por las mejillas, como manchas de petróleo espesas.

 

—¡Le miras las tetas a la camarera y ahora…!

 

Y rompió otra vez en llanto, pegándole. Pensó en dejarle allí, que tuviera que andar de vuelta, pero sabía de sobra que el castigo pronto se volvería en su contra. Encontraría la forma de devolvérselo, de que fuese cien veces peor para ella. No le dio tiempo a reaccionar, porque Chucky la metió en el coche otra vez haciéndole daño en el brazo, volviendo a escupir en el suelo sin modales y encerrándolos en el coche que ahora estaba manchando poniendo los zapatos sobre el volante. Su coche. Rebuscó en el bolso, mientras Chucky daba una mirada hacia fuera, probablemente otra vez buscando a la camarera.

 

—Nena, cómo vas a enfadarte… ¡Si hasta me he duchado! ¡Y me he puesto lo que querías! Sí, puede que la estuviese mirando un poco… Pero vamos, como si antes no hiciéramos estas cosas, ¿eh? No me digas que te estás volviendo una…

 

La frase se quedó en el aire. Notó el frío pinchazo en el cuello y no tuvo tiempo más que a mirar a Tiffany con la boca entreabierta, con los ojos muy abiertos que por instantes se volvían más y más pesados.

 

—… mojigata.

 

Terminó la frase. Se acordó de cómo terminaba. Salió pastosa, como si tuviera la boca hinchada, como si la lengua no entrase en la boca y estuviera tan seca como un zapato. Dio un par de bocanadas, como pez fuera del agua y antes de poder controlarlo, todo era oscuridad. Le cayó la cabeza en el volante y lo último que sintió fue el punzante dolor del golpe, antes de arrastrarse al obligado sueño.

 

* * *

 

Bendito vecindario sin vecinos. Lo que una tanda de asesinatos podía conseguir con las ventas de una calle era fantástico. Sacó el cuerpo pesado del coche, después de dedicar un nervioso vistazo al reloj, para calcular el tiempo. Lo arrastró con pasos lentos, con los tacones molestándole, con el vestido demasiado apretado y las lágrimas del resentimiento todavía rodándole en las mejillas. La dejó tirada en el suelo, pero después lo pensó mejor y la sentó en la silla de ruedas. Pensó que le gustaría, que se sentiría más cómoda y menos confusa despertando en un entorno conocido. Le ató las piernas, para que no hubiera peligro. Pensó en hacer lo mismo con las manos, pero entonces se miró en el espejo y se vio los manchurrones en la cara, el maquillaje arruinado y el pelo revuelto. Ahogó otro sollozo, mientras intentaba limpiarse con prisas. No sirvió de nada. Estaba igual y el tiempo pasaba, no quería arriesgarse a tener a Chucky esa noche con ella.

 

—Nica…

 

Probó dándole suaves toques en las mejillas, que pronto cobraron fuerza. La voz dulce se tornó demandante, fruto de la impaciencia.

 

—Niquita… Nica… —Bufó, mirando a los lados, a por algo que pudiera ayudarla, porque ni siquiera parecía notarla. Tomó el jarrón con las flores y se lo tiró a la cara, apartándose—. ¡Nica!

 

Despertó con un sobresalto. Abrió los ojos de par en par y notó el corazón acelerado, como cada vez que tomaba el control. El corazón golpeando el pecho como si acabase de hacer una carrera, un maratón que cada vez le destrozaba más el cuerpo. Tomó una bocanada de aire, notando que se asfixiaba. Le dolía la cabeza, le dolía todo el cuerpo. Notaba los brazos lánguidos, la espalda echa un desastre… El miedo. El terror paralizándole el cuerpo, para justo después hacerlo funcionar con más velocidad. Casa. Silla de ruedas. Esmoquin. Agua. Dolor de cabeza. ¿Esmoquin? Bajó la mirada, mientras se pasaba los dedos por el traje. No había sangre. Eso detuvo las náuseas repentinas, la hizo tragar la bilis que ya subía por la garganta y notó el estómago lleno. Comida. Sin la embriaguez pesada que de costumbre dejaba el alcohol. Entonces vio a Tiffany.

 

La vio con el bonito traje negro oscuro, que resplandecía. Le vio el collar de brillantes, la pulsera y los pendientes a juego. Vio el intenso carmín de los labios y los ojos llorosos. Ahí el corazón le dio un vuelco. No hubo más miedo, sólo la furia asentándose en el estómago, tensándole la mandíbula. La vio con los ojos llorosos, con los surcos oscuros bajándole por las mejillas y deseó enfrentarse a ese cobarde. Pero la furia la abandonó, con la misma rapidez con la que llegó, se fue en una oleada y dejó asentada la calma, la dulzura que le cosquilleaba en el paladar cuando estaba con Tiffany.

 

—¡Nica! Sabía que vendrías así.

 

Todavía tomaba cautela, como si esperase que fuera una trampa. Se le antojó que parecía débil, desvalida. Y la sensación se asentó con un golpe en el estómago, mientras se obligaba a tragar y se humedecía los labios, intentando calmarla. Menuda locura. Una presa calmando a su secuestradora.

 

—¿Qué ha pasado?

 

Le ofreció la mano. La dejó en el aire y después, con una mueca, se la llevó a la cabeza porque dolía.

 

—Oh, perdona… He debido hacerte daño cuando te sacaba del coche. ¡Voy a por hielo!

 

Tiffany salió rápido. Salió con la necesidad de complacerla. Y Nica, lejos de intentar buscar una escapatoria, algo con lo que zafarse del agarre, con lo que defenderse, se quedó en esa misma postura, mirándose en el espejo, sintiéndose absurdamente importante por tener, por una vez, la atención de Tiffany. La necesidad de que la complaciera.

 

* * *

 

—¡Qué cabrón! ¿Y le miró las tetas delante tuya?

 

Observó a Tiffany asentir, ahogando un pañuelo en el puño, lleno de restos de maquillaje y lágrimas. No era tan grave como creyó al despertar, al verla triste y destrozada frente a ella. Pero qué más daba. Chucky la había hecho llorar y podía llorar por lo que fuera, le iba a parecer bien que lo hiciera. Seguía enfadada. Enfadada y a la vez obligándose a relajar el gesto, porque no quería que Tiffany pensara que estaba enfadada con ella. Se había tranquilizado más. Se relajaba una vez se desahogó y ahora se acomodaba entre los cojines del sofá, inclinándose hacia delante para hablar con ella.

 

—Seguro que tú no me harías eso en una cita, ¿verdad? —Un puchero, en el resquicio que dejaba la pena—. No tienes ni que contestar… Sé que no lo harías. Tú no eres así.

 

Le acarició el pelo. Vio la mano llegar y primero notó los hombros tensos, después, con el roce de los dedos en el pelo y rozando la mejilla con suavidad, se sintió flotar. Tuvo incluso que morderse la mejilla para evitar dar un suspiro.

 

—¿Has tenido muchos novios, Nica?

 

La pregunta la hizo despertar. Abrió los ojos, pestañeó un par de veces y terminó por encogerse de hombros, mientras notaba el rubor crecerle en las mejillas. Hizo reír a Tiffany. Y la risa tan suave, tan cristalina justo después de las lágrimas, hizo que se sonrojase todavía más.

 

—No… No sé.

 

—Oh, vamos… Cuéntame. ¿Cómo te va a dar vergüenza ahora, hm?

 

—No he tenido muchos… Mi madre me protegía mucho con eso. Nunca tuve muchas citas, ni novios ni… Nada de eso.

 

Tiffany se removió en el asiento. Le tomó las manos y acercó un poco más la silla de ruedas, para seguir acariciándola, para juguetear con el pelo suelo.

 

—¿Sabes qué? Nos merecemos una buena cita. Una noche elegante donde todo salga bien.

 

—Eso creo.

 

—¿Te gusta alguien? —Se humedeció los labios, pareció pensarlo mejor y pronto negaba—. No, no… Todos los hombres son unos cerdos, ¿sabes? Es mejor que salgamos nosotras. Una cita solas. Tú te pondrás el traje si te gusta, yo un vestido bonito…

 

Nica se inclinaba a las caricias. No sabía qué era. El perfume de Tiffany, tal vez, ese que notaba aun cuando el cuerpo no le pertenecía. Ese que llenaba la almohada y las sábanas y que la abrazaba en la oscuridad, cuando todo era terror e incertidumbre. Asintió, y sin darse cuenta se permitió cerrar los ojos, acercar el rostro y dejar escapar un suspiro.

 

—Lo pasaremos bien… Y comeremos bien. Y por supuesto no me dirás nada de que he comido mucho. Yo sé que tú nunca me dirías esas cosas.

 

Le acariciaba la nariz y los labios, con la punta de los dedos. Y Nica notaba la piel ardiendo bajo el toque. ¿Sabía lo que hacía? ¿Sabía el efecto tan absurdo que tenía sobre ella?

 

—Y pediremos un buen postre. Y después podríamos ir al cine o ver las estrellas.

 

Nica asintió. Se obligó a volver y le dejó una caricia suave en la mano. El miedo se le antojaba absurdo. Por qué asustarse, por qué defenderse. Estaba allí. No le iba a hacer daño. Sólo se sentía sola. Sólo la necesitaba. Le tomó la mano y enlazó los dedos. Se tomó el atrevimiento incluso de llevar la diestra a la mejilla y apartarle un mechón de pelo suelto, colocarlo tras la mejilla.

 

—Suena muy bien.

 

Tiffany se ilusionó. La vio saltar en el asiento, dar un contenido gritito y estrecharle con fuerza las manos.

 

—¿Quieres ayudarme con el maquillaje? —Sorbió otra ves, mientras arrugaba la nariz y se limpiaba las mejillas húmedas—. Estoy hecha un desastre.

 

* * *

 

No fue sólo el maquillaje. Se colocó a sus espaldas, ambas en el tocador. La ayudó primero a quitar los restos, a limpiarle la cara y sonreírle, para darle una confianza que descubrió era frágil. Estaba herida y deseó más que nunca apuñalarse las piernas para que el jodido muñeco no volviera a aparecer, para que cada vez que entrase solo notara dolor. Le peinó después. Le soltó el pelo sujeto con horquillas, quitó los nudos y se entretuvo más de la cuenta, acariciándola unas veces enterrando los dedos en el pelo negro y otras pasando el peine. Era tan bonito, tan suave… Se lo dijo en voz alta y vio cómo Tiffany sonreía, cómo se sonrojaba.

 

Y entonces le pidió que la ayudase con el colgante. Y desabrochó la gargantilla de brillantes, los pendientes y dejó una cuidada caricia que le aceleró el pulso en la muñeca. Entonces Tiffany se inclinó hacia ella. Se dio la vuelta para verla, con esos ojos todavía llorosos. Y notó el aliento del vino, el olor dulce del perfume. La calidez del beso le hizo cerrar los ojos, notar que temblaba como una chiquilla. Dejó la mano en el aire, sin saber cómo colocarla. Y después, poco a poco, se fue posando en la mejilla, pidiendo permiso. Un beso lento que no parecía más que el de dos jovencitas probando por primera vez. Dulce, suave, temeroso. Le rozó la nariz, todavía con los ojos cerrados. Y con labios entreabiertos buscó uno nuevo. Uno más cálido, uno en el que la lengua se aventuró pidiendo permiso y el aire se le fue del pecho. Tiffany se separó, colocando la mano encima de la de Nica, bajándola para entrelazar los dedos con ella. Otra vez parecía triste y la certeza, el reflejo en los ojos, hizo que el corazón volviera saltar. ¿Le había hecho daño? ¿Comprendió mal?

 

—No puedo… —La voz débil, la mirada baja, apesadumbrada. Casi parecía dispuesta a llorar otra vez y Nika sólo quería suplicar que no lo hiciera, que le dijera qué debía hacer y entonces lo cumpliría—. No soy una de esas mujeres que… No quiero que te pienses que soy así. Soy romántica, ¿sabes? Me casé con Chucky porque estaba deseando ser una ama de casa y hacer la cena y tener hijos y tener una casa bonita…

 

Y ya tenía los ojos otra vez repletos de lágrimas. Nica se inclinó, para negar, para sujetarle el rostro y acariciarlo e intentar que la mirase.

 

—No es una obligación.

 

Susurró con la voz partida, temiendo estar haciéndole tanto daño como Chucky le hacía. Ser lo mismo, en el mismo cuerpo. La misma maldad.

 

—No es que no quiera… Es que no soy una cualquiera. Antes hay que tener citas, conocerse… Que me regales flores y me lleves al cine.

 

Nica asintió. Sonaba fabuloso. Sonaba tan bonito, tan distante de los horrores diarios, que sin pensarlo se aferró a esa idea, sin dejar de acariciarla.

 

—¿Entonces me dejas llevarte cenar?

 

Lo pensó, mientras le acariciaba la mano y terminó por dejarle un detenido beso en los nudillos. La vio asentir, con esa sonrisa que le aceleraba el pecho y notó las mejillas arder otra vez.

 

—Me encantaría…

 

Vio que ahora era Tiffany la que lo pensaba. Lo pensaba mordiéndose el labio, mirando a la cama y removiéndose en el sitio.

 

—¿Podemos abrazarnos en la cama? Sólo abrazarnos. Para dormir.

 

—Sólo abrazarnos.

 

Lo prometió mientras ya guiaba la silla de ruedas y se impulsaba, para sentarse en la cama. La esperó paciente y la abrazó, acurrucándose en el cuerpo, colocando la cabeza en el hombre de Tiffany.

 

—No te duermas. —Pidió en un murmullo, tensándose sin abrir los ojos—. Prométeme que no vas a dormirte todavía. Quiero que te quedes tú… No quiero que él llegue tan pronto.

 

Se atrevió a dejarle un beso en el pelo, apresurándose a abrir los ojos para no sucumbir al perfume, a la calidez de abrazo y el cuerpo pegado al suyo.

 

—Te lo prometo, Tiff. No voy a dormirme.

 

Le acarició el pelo y terminó por enlazar los dedos con su mano, dejando el brazo rodeándole la cintura.

 

—Descansa…

 

—Buenas noches, Nica.

 

—Buenas noches.

 

Notes:

¡Mi primer fanfic! Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Llevo años sin escribir nada del estilo, pero acabo de terminar la serie y no he podido resistirme a escribirles algo más dulce.