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Mantenerse Vivo

Chapter 2: Soledad

Summary:

Incluso si no quería perderla, no podía dejar que siguiera su soledad, celos e inseguridades, mantenerla junto a él se volvió más difícil que pretender que el color rojo y la sangre no son el mismo material.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

“Sus ojos fueron lo único que lo salvó de la tormenta”. El joven de peinado azul tomaba el fino pincel con sus dedos, paseando las cerdas finas y pequeñas por el lienzo, dando detalles a la silueta de algo que parecía ser un ojo negro, dandole vida

Admiraba el gusto por la moda que tenía la rubia, ella misma hacía sus propios vestidos, y la forma que peinaba su cabello, tomando muchos estilos tan llamativos y hermosos, quizá estar junto a los demás valía por completo la pena. Ver que ambos eran tan lindos, perfectos, como toda pareja idealizada, nunca peleaban, porque con Julie, todo era grandioso.

Aunque Julie era amor y felicidad, muy en el fondo, a veces tenía extraños pensamientos, recuerdos sobre todo… recuerdos que deseaba borrar de su mente cálida y feliz. Recordaba lo bello que era su antiguo hogar, las flores que brotaban fuera de su casa, dentro de aquel bosque. Su ida de casa fue por algo muy explosivo que hasta ahora su mente no recuerda, parecía ser que su mente habría hecho una laguna mental en ella, pero aún su respuesta emocional estaba con ella, quizá por eso siempre sonreía y quería la atención y cariño de los demás.

Incluso, al ver Wally, recordaba a esos chicos de la televisión, aquellos que podían percibirse su belleza detrás de esa pantalla en blanco y negro, con sonrisa tan encantadora, con personalidad llena de confianza y seguridad. Amaba verlo seguro que se veía al hablar y dar sus opiniones, cuando pintaba, reseñando todos los movimientos que hacía. Le resultó irreal que le hubiese dicho tantas palabras bonitas aquella vez, que su corazón latiera por ella y que querría tenerla junto a él por toda la eternidad.

—Oh, Wally, eres tan lindo conmigo —expresaba la dulce rubia, tomando de sus mejillas con ambas manos, ladeando su rostro ruborizado.

—¿Cómo no podría hacerlo? Tenerte conmigo alegra tanto mis días, mis noches, mis sueños —le regaló una pequeña rosa roja, manteniendo ese semblante tranquilo junto a sus ojos cansados, pero con una bella sonrisa.

—¿Cómo lograste que sean rojas? —exclamó emocionada, tomando el pequeño regalo—. Es muy extraño verlas por el vecindario, Wally.

—Porque sabían que son tus favoritas, te he regalado muchas flores, pero nunca una rosa tan roja como tus mejillas —se acercó lo suficiente para colocar sus suaves y tibias manos en las mejillas de Julie, acunándola.

—Eres el mejor, Wally.

De allí, la abrazó, rodeando sus brazos sobre su esponjoso y bello cabello, cuidándola, guardándola para él solo.

Ser el único que sangraba de todo ese mundo era extraño, su sangre era tan roja como las manzanas, ni siquiera la pintura roja podría igualar aquello, y su lado artístico aplaude eso, dejando de solicitar pintura roja para usar la propia suya, incluso pintar las rosas blancas que encontraba en el jardín lo harían sentirse más cerca de Julie.

“Rojo”

Visitar a Julie en su casa era muy común, si era posible de evitar que ella fuese a visitarlo a su propia casa, a su hogar. Tocar la puerta y verla con alguna manualidad, aunque estaba vez aparecieron más personas al lugar.

—¡Wally, que sorpresa! —expresaban Sally, saludando y tomando de la mano de nuestro antagonista, guiándo lo toda la casa.

Todos estaban aquí, parecía ser ese tipo de visitas donde tomaban té y miraban los juegos interactivos de Julie mientras ella era la anfitriona de la casa.

Empezaba otra vez.

Las mismas risas, los mismos chistes y situaciones graciosas, las preguntas y el “desarrollo” de la historia, tener que cumplir su papel, solamente quería tener a Julie para sí mismo, ¿era demasiado pedir?
Sentía como cientos de violines tocaban una nota tan tétrica y repetitiva mientras sus ojos miraban fijamente aquellos ojos en el techo, indicando que era lo que debía de hacer, pero quería tomar sus propias decisiones.

Aquella atención debía estar solo para él.

Julie seguía riendo.

Aquellas risas debían ir sobre sus bromas.

Julie seguía existiendo en el mundo de fantasías.

Se sentía muy solo, tener que fingir, tener que estar solo con tanta verdad encima, era enfermo.

Ver como Frank y los demás la abrazaban, teniéndola tan cerca de ellos… era enfermo, ¿cómo iban a hacer semejante cosa? Ella solo podía sentirse segura en sus brazos, ella solo podía tocarlo a él y solo él a ella.

Julie quedó extrañada por las actitudes de su novio, aunque siempre mantenía esa expresión en su rostro, algo le daba mala espina, ¿quizá Wally necesitaba algo de compañía extra?

Recibió una carta en la puerta de su casa, había un dibujo de una manzana y venía acompañada de una rosa roja, la misma que Wally le había regalado tiempo atrás.

—¿Querrá que vayas a verlo? —dijo Frank, analizando la carta.

—Seguro que sí, yo también lo extraño demasiado —Julie apegó la carta a su pecho, sonriendo tan jovialmente—. Lo he notado extraño estos días, quizá vaya a decirme algo.

—No olvides llevar tu abrigo, que puede ser una noche fría —avisó Frank, aunque la joven salía apurada de su hogar en busca de su pareja.

Ir a casa de Wally era casi extraño, jamás le dejaba entrar, son muy pocas veces que recuerda haberlo visto entrar, quizás esta era una excepción, quizá le pediría matrimonio… quizás se casarían aquella noche, estaba demasiado emocionada como para seguir adivinando.

—¿Wally? —Tocó la puerta tres veces, pero nadie la había abierto ni se habrían presenciado.

La puerta empezaba a abrirse sola, dejando solo ver una sala muy larga, las sombras negras se apoderaban del lugar, aunque era distinguible el poder caminar bien.

Volvió a llamar al peliazul, pero nadie respondía, así que decidió seguir su camino.

Notó que el ambiente tenía un extraño carmín tan oscuro en la zona que creyó que quizás el sol se estaba poniendo recién, aunque fuese mentira.

Siguió sus pasos, hasta que poco a poco notó varios caballetes en cada esquina del lugar, pero una sábana blanca cubría las pinturas, siendo imposible poder ver que ocultaban.

Sin ningún tipo de aviso, la puerta se cerró de golpe, asustando a la joven que dejó escapar un grito, mirando en aquella dirección, para luego escuchar como las sábanas caían al suelo, revelando los lienzos.

Volteó a verlos, mirando horrorizada, era ella y Wally en cada uno de ellos, parecía ser varios momentos exactos de su relación, pero el dibujo más extraño fue uno que tenía enfrente. Era ella, de su torso para arriba, mirando hacia enfrente, aunque parecía que sus ojos fueron tapados por una pintura roja cobriza, encima de ellos habrían dibujado dos ojos mirando hacia su dirección.

—¡¿Wally?! —gritaba de manera asustadiza, tratando de buscar alguna salida.

La luz no llegaba, la cálida luz no existía en aquel rojo mundo, sentía como, poco a poco, el aire se volvía más pesado, empezaba a desesperarse, y corrió de un lugar a otro, pero un ruido muy extraño hizo que se detuviera.

Estaba petrificada, y poco a poco empezó a guiar su mirada hasta el extraño ruido, mirando como el techo oscuro empezaba a gotear sangre, hasta que una línea curva se doblegó, abriéndose poco a poco, y dándole forma a un ojo, que solo la miraba a ella.

Unos violines empezaban la función o solo era su cabeza, pero sentía que un peso caía encima suyo, hasta que pudo ver que el techo se derrumbaba sobre ella.

Wally abrió la puerta, el fondo detrás suyo era un rojo intenso, la sombra aparecía en su rostro y cuerpo, solo siendo sus ojos lo que se notaba en la oscuridad.

El joven vio la silueta de Julie enfrente suyo, estaba de espaldas, no hacía ningún movimiento, no parecía que respirara ni existiera.

—¿Julie? —llamó.

Pasaron unos segundos para que la joven reaccionara, girando poco a poco para verlo.

Sus ojos eran como los del recuadro frente suyo, solo miraba hacia él, miraba la verdad.

—Sé que debe ser difícil de verlo y creerlo, amor mío —dijo junto a una voz serena, caminando hacia ella poco a poco—. Ni yo mismo lo creía, pero es cierto, todo lo que viste… fue cierto.

Julie agachó la cabeza, durante el instante de sentir que el techo se caía sobre su rostro, pudo verlo, pudo saber todo y a la vez nada, sabía sobre las sombras, sobre los juegos, sobre ellos mismos.

—Estuve con ese secreto, porque quería protegerte de todo, y de todos —hizo especial énfasis en aquello último, parándose delante de su chica—. Siempre me callé para ponerte a salvo y vivir un cuento de hadas, pero parece que somos los únicos en saber todo.

No dijo nada.

—Ahora no estarás sola, me tienes a mí, siempre me tendrás a mí, no puedes confiar en nadie más porque todos son mentiras, Julie —tomó su mano derecha, llevándola hasta sus labios y depositando un pequeño beso—. No te preocupes, siempre estaré vigilándote y cuidándote, ahora está será tu casa…

Nunca habría confesado la verdad, pero su soledad, celos, miedos e inseguridades lo orillaron a meter en la misma mierda a Julie, al menos así no tendría motivos para dejarlo, porque ahora no serán miserables solos, y él jamás perderá esa luz.

Notes:

Me animé a hacer más capítulos, y que los tags irán cambiando en cada capítulo, aunque no sé si tocar el tema de la sexualidad, pues no sé si iría bien en un fanfic como este.
Espero les guste.

Notes:

No sé si continuar, ya veré, quiero ver si al final Wally decide o no matar o tratar de llevarse a Julie, quizás y ella rompa sus ilusiones.