Chapter Text
Hay algo carnívoro que crece en su pecho, rompiendo sus costillas, quitándole el aliento. Algo peligroso y duro, rojo y feo, que le corta la respiración y le quita las ganas de caminar. Le da frío en las manos y sudor entre las piernas, pero a diferencia del cosquilleo que siente cuando piensa en Makoto, este la hace sufrir, este cosquilleo la parte por la mitad. Suele ignorarlo, se jala de los pelos para enfocarse en el dolor de su cuerpo y no el de su mente. A veces, se rasca tanto que luego, cuando deja de estar entumecida, le duelen las piernas
Pero ese dolor no parece suficiente, y ahora, mientras escoge entre un pantalón naranja holgado y una minifalda de mezclilla, esa opresión se ha esparcido desde su pecho hasta la punta de sus orejas. Se siente extraña, como si tuviera un presentimiento espantoso, como si la hubieran obligado a comer clavos y hielo seco. Para estos días ella suele quedarse en casa, durmiendo y enredándose en su propia piel.
Contra su instinto, todavía sale a la calle y se seca el sudor con un pañuelo bordado de naranjas.
Mientras camina hasta la estación, el mal presentimiento solo aumenta. Ahora sus piernas sudan y sus manos están muy frías, teme haber pescado algún resfriado que aumente su miseria. Práctica respirar lentamente, pensando en los dulces que Mika prometió traer la próxima semana, en la textura del nuevo suéter de Makoto, parecido a los asientos del tren. Ninguna quiso ni pudo venir al cine.
Ella está bien, ella estará bien.
La presión sigue, le aprietan los zapatos.
Es un mediodía templado cuando Yuzuki, sofocada por la multitud, se encuentra con una Mitsumi sonrojada bebiendo una soda de uva. El vestido que usa es verde, se ajusta ligeramente a su figura y sus coletas están adornadas de flores. Mitsumi levanta la mirada y sonríe. Yuzuki piensa, por un momento, que Mitsumi debería permanecer así ; rodeada de sudor y ternura, de verde y gente alrededor para toda la vida.
Se le aprieta el pecho, pero siente que quizá, está sea una opresión buena.
(No lo es)
─
Ellas charlan hasta llegar al cine, pero la criatura que se alimenta de las entrañas de Yuzuki también le quita la risa y la felicidad. Yuzuki estaría indignada si no estuviese tan alterada; se enojaría si no tuviera el presentimiento de que algo espantoso le va a pasar. Este día era de sus amigas, pero solo Mitsumi pudo venir porque ella no tenía paperas ni un familiar fallecido al que darle respeto. El ácido le corta la garganta. Así no es como se suponía que debía ser el día entre Mitsumi y ella.
Vuelve a tragar sangre, se ríe de una anécdota de hermanos que le cuenta Mitsumi.
──
Yuzuki está sola, y no hay nada más que odia de eso. Mitsumi la noto decaída y le dijo que podía sentarse mientras compraba las entradas. Mitsumi es una buena persona de consejos útiles y risa ligera, pero una parte podrida de Yuzuki se hierve al pensar que la dejo sola. Al mismo tiempo, le enoja no querer contar sus dificultades; le enoja tener que vivirlas en primer lugar. No ha tenido este deseo de arrancarse la piel desde hace tiempo, y nunca se acostumbra.
Un hombre de pupilas dilatadas la mira fijo, apenas cruzan miradas cuando le lanza un beso y le da un gesto obsceno con la lengua y los dedos.
Asco. Miedo.
Yuzuki se levanta, siente la piel caliente y está segura que va a morir. Tiene que buscar a Mitsumi, tiene que encontrar a alguien, tiene que respirar, tiene que salir.
Se acerca a una señora que la mira de pies a cabeza, no titubea mucho cuando dice que se lo busco.
Luego de unos segundos, Yuzuki grita. El mundo se vuelve leche, sus oídos se empañan y la criatura se apodera de su mente y corazón.
──
Yuzuki siente una presión en la mano. Es caliente y está sudada. Sin darse cuenta, exhala por la boca un aire que nunca tuvo y empieza a toser. La garganta le duele, y Yuzuki se concentra en el dolor para no pensar más en la maldad que se instala en su pecho.
En algún momento, se da cuenta que esa presión viene de Mitsumi y de su mano temblorosa. Ella está a su costado, separadas por un brazo de distancia pero aún así unidas. Poco a poco, vuelve a escuchar, pero no se calma. Todavía tiene los nervios a flor de piel. Pero ahora puede escuchar a Mitsumi cantar una canción sobre perros y diablos. Es agradable, y cuando por primera vez la mira correctamente en todo el día, Mitsumi se calla y le pregunta cosas.
Le pregunta si ve el color de sus zapatos, si huele la orina y aromatizante a caléndulas; si escucha los pasos de las personas, si siente todavía el desayuno de la mañana. Yuzuki responde, comentando el sabor del jugo de manzana y el sándwich de huevo, describe una pegatina en una de las puertas del sanitario al que no recuerda cómo llegó.
Todavía está abrumada, pero Mitsumi es un ancla y Yuzuki nunca le tuvo miedo al mar.
Mitsumi le pregunta cómo se siente y entonces, cuando el peso de todo se asienta, se echa a llorar.
No sé avergüenza de sus lágrimas. Sufrir es una parte natural de ella, de los que más ama y más odia. Quizá ese sanitario horrible y una amiga fiel sea todo lo que Yuzuki necesite para sentirse menos asustada del mundo real.
Sus manos siguen juntas.
──
El asiento de picnic del parque para niños está caliente, todavía hay migajas de pan en algunas grietas y una media color ciruela con espirales es la franja que divide a Mitsumi y Yuzuki de abrazarse por completo. Pero los dedos de ambas siguen pegados, sudando y apretándose.
Mitsumi no habla mucho, y Yuzuki está demasiado cansada para pedir perdón. No sabe porque, porque es consciente que no puede controlar lo que sea que le corta la respiración, pero aún se siente extraña.
Ya no le aprietan tanto los zapatos.
Mitsumi la mira, con los ojos aguados. No ha derramado muchas lágrimas, solo un puñal de agua salada y un discurso de lo mucho que la quiere. Cuando propone volver al cine y ver otra película, Mitsumi le confiesa que fue vetada por golpear a la mujer y al hombre. Al menos él estará vetado también.
Ella está bien, ella estará bien.
Yuzuki siente opresión en el pecho, pero la criatura que le corta la sangre y la vida ya no está. Ahora la presión es agradable, ahora tiene un cosquilleo tranquilo en el estómago. Todavía duele, pero esta vez, este dolor es más suave. Le recuerda cuando Makoto dijo algo particularmente dulce y Yuzuki no tuvo más opción ni remedio que besarla.
Agarradas de la mano, Yuzuki se alegra mucho por tener amigas.
