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sparkle

Summary:

Donde un día Roier despierta y está en un cuerpo con orejas peludas, en un pueblo que no conoce, con un hermano que no es el feliz Bobby al que tanto ama, dándole una probada de una tranquilidad que jamás ha experimentado.

Donde Spreen despierta viviendo en una ciudad, como siempre había soñado, pero en el cuerpo de alguien que no conoce, con un hermano menor que idolatra todo lo que hace y no lo deja en paz por más que intente, y con amigos que definitivamente no son los suyos.

o, donde cada cierto tiempo Spreen y Roier cambian cuerpos y no saben por qué o qué signfica.

// inspirado en your name !

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: dream lantern

Chapter Text

Usualmente, uno al despertar no es tan consciente de sus alrededores. Al despertar, a Roier usualmente le toma 3 minutos despertarse por completo. Son sus 3 minutos de satisfacción: 3 minutos de revolcarse en su cama, 3 minutos de estirarse, respirar el aire de su habitación, y tomar su teléfono para ver la hora y despertarse de golpe porque había retrasado su alarma cuando aún estaba medio dormido. Siempre pasaba, y esa era su gloriosa rutina.

 

Así que, cuando despierta no por su celular sonando sino por rayos del sol golpeando su cara directamente, frunce el ceño molesto y se intenta cubrir los ojos y hundirse más profundamente en la cama con la suave cobija de felpa que le regaló su abuelita hace 3 años y que siempre huele a suavizante de ropa. O mejor dicho, intenta: pues al hacerlo, lo único que sus manos encuentran son una delgada tela. Sus cejas se juntan, sus ojos aún cerrados mientras intenta adivinar qué está sucediendo sólamente usando su sentido del tacto. La cobija (ni siquiera podía ser llamada como tal, era muy delgada, era una sábana, hecha y derecha.) era de un material ligero y un poco áspero.

 

Roier frunció el ceño. Su madre normalmente hacía la lavandería los Sábados, y hoy era Martes. Tal vez Bobby le estaba jugando una broma, tomando su cobija favorita y dejándole a él una no tan buena. Roier asintió mentalmente mientras se hacía bolita y se intentaba tapar con la triste sábana, pero fue ahí cuando notó otra incongruencia:

 

Su cama estaba ridículamente dura.

 

Su ceño se frunció (por tercera vez en menos de 5 minutos). Tal vez se le había caído la Coca Cola que estaba bebiendo ayer en la noche mientras jugaba Fortnite con sus amigos y ahora el material del colchón estaba así por su error. Hizo una mueca del asco al imaginarse a sí mismo toda la noche revolcándose en refresco.

 

Finalmente, abrió los párpados, olvidando que se había enterrado entre sus cobijas (sábanas) hace unos segundos, así que no pudo ver nada. Se levantó de la cama y se quitó la tela de encima con la intención de usar la luz de su habitación para poder examinar el colchón. Sin embargo, fue recibido otra vez por luz solar directamente a los ojos. Soltó un quejido de la sorpresa y procedió a tallarse los ojos para que se acostumbraran al repentino cambio de brillo, y al hacerlo finalmente se dió cuenta:

 

Su habitación, con sus paredes llenas de pósters de películas, juegos, artistas y demás, estaba completamente diferente. No estaba su escritorio, donde deberían estar su computadora y sus consolas. No estaba la repisa llena de las figuritas funko que tanto le gustaban, ni estaba el pizarrón de corcho donde ponía todo: los dibujos que Jaiden hacía entre clases para no aburrirse y luego le regalaba al castaño, los dibujos que hacía con Bobby de cualquier tontada que se les ocurriera, y las miles de fotos que se tomaba cada que podía con sus amigos.

 

No estaba el estante lleno de libros de la aburrida ingeniería que estaba estudiando, ni los libros que sus tíos siempre le regalaban cuando era un niñito, ni su cesto de ropa sucia ni su bote de basura. Nada.

 

En lugar de eso, sus paredes, que usualmente eran de un azul oscuro, ahora estaban completamente grises y vacías. Ni siquiera había repisas colgadas. Sólo había un estante y un escritorio, ambos completamente ordenados. Había también 2 puertas; una cerrada, la cual Roier asumió llevaría al resto de la casa, y una entreabierta, la cual dejaba ver un baño detrás. Su ventana, la cual en su casa era grande y amplia, pues llevaba a un balcón, aquí era un mero rectángulo pequeño. Roier observó la escena boquiabierto, pues a través de ella, podía ver lo que parecía ser un pueblito. No era la ciudad a la que él ya se había acostumbrado y ya conocía como la palma de su mano, con el constante sonido de diversos claxons, voces, gritos, entre más. Aquí parecía reinar la tranquilidad, con un lindo paisaje que parecía estar sacado directamente de un juego indie. 

 

¿Dónde rayos estaba?

 

Confundido, se levantó de la cama, analizando todo a su alrededor. Se quedó estático, intentando llegar a una explicación razonable. Su mente ofrecía 2: o se trataba de la mejor broma jamás realizada en todo el país, o era un sueño.

 

Rápidamente, recordó un artículo que leyó hace años en facebook; supuestamente uno no es capaz de ver su propia cara en sus sueños. ¡Eso! Eso sería lo que le ayudaría a saber qué estaba pasando.

 

Con una misión en mente, se dirigió al baño. Abrió la puerta por completo, encontrándose al espejo directamente frente a esta, y quedándose en absoluto shock.

 

Porque la persona que estaba viendo reflejada, definitivamente no era él. 

 

Enfrente tenía el reflejo de un completo desconocido, alguien que nunca había visto ni se le hacía familiar. Pero vaya si no era la persona más guapa que Roier había visto en muchísimo tiempo. Se acercó más para observar mejor: era un hombre joven, de complexión blanca y delgada, cabello negro y ojos cafés. Unas largas pestañas, unos cuantos lunares. Sin embargo, lo más notorio, sin lugar a duda alguna, era el par de orejitas que salían de la corona de su cabeza. Aunque los híbridos no eran algo raro, Roier estaba completamente acostumbrado a su cuerpo humano y jamás pensó llegar a sentir orejas como parte de su ser. Levantó una mano y las tocó cautelosamente, mirándose anonadado en el espejo.

 

Esto respondía a su pregunta anterior. Esto definitivamente era un sueño.

 

Así que iba a aprovecharlo al máximo.

 


 

Spreen estaba teniendo el sueño más raro de su vida.

 

Todavía no se decidía de si ese “raro” era más bueno que malo, o malo que bueno.

 

Había empezado mal: con un niño saltándole encima. Su preciado sueño fue interrumpido súbitamente por un niño que al principio pensó que era Ramón. Sin embargo, sólo fue cuestión de abrir los ojos, ver la brillante sonrisa en la cara del pequeño, las paredes, muebles y pósters detrás de él, para saber que ese, definitivamente, No era su hermano menor, y esa, definitivamente, No era su habitación.

 

Estaba soñando, no había duda.

 

“-ier, Roier, me prometiste que hoy me ibas a llevar al mandado antes de que mamá se despertara!” el niño exclama, mientras salta en el espacio restante entre la cama y el cuerpo del pelinegro. Spreen suelta unos quejidos, la cama se estaba sumiendo bajo los saltos del niño, hundiéndose de forma muy diferente a lo que su cama usualmente hacía, con la gruesa cobija de felpa enredándose alrededor de su cuerpo. Spreen intentó ignorar al menor, pero ver la indiferencia del azabache pareció darle más ánimos.

 

“Roieeeer!” Se quejó mientras le zarandeaba. Spreen juraba que podía sentir una vena en su frente por la irritación que le estaba causando el infante. Por un momento, extrañó a Ramón y a su indiferencia. No recordaba la última vez que habló con su hermano menor, además de ‘hola’ y ‘buenos días’.

 

“Roieeeeeeeeeeeeeeeer!!!” El niño empezó a saltar de nuevo. Spreen se negaba a seguir permitiendo su berrinche.

 

“Me duele una banda la cabeza, dejá de joder. Boludito.” le espetó. Pudo sentir como inmediatamente, el niño cesó su hiperactividad. Spreen casi se siente mal, hasta que abre los ojos, voltea a ver al menor, y ve como este lo está viendo intrigado. Por algún motivo, esto molesta al azabache.

 

“¿Qué me mirás? Dejame dormir.” Gruñó, cerrando los ojos de nuevo. El pequeño entrecerró los ojos.

 

“Mamón,” le susurró, y Spreen escuchó como la tela se movía al bajarse el infante de la cama. Sus pasos se alejaron, y la puerta cruje al empezar a cerrarse, pero antes de que suene el esperado click de la cerradura, el niño vuelve a hablar.

 

“Le voy a decir a Jaiden!” seguido de un portazo.

 

Spreen se burló bajo su aliento, no sabía quién era Jaiden ni le importaba. Se preparó para volver a dormir.

 

Que sueño tan raro. Estaba ansioso por despertar.

 

Y se durmió, seguro de que al despertar habría terminado su pesadilla y despertaría como siempre: en su cuarto, cubierto de sólo una cómoda sábana de lino. 

 

Pasan las horas, y de nuevo, es despertado, y de nuevo, es por alguien que le sacude. Gruñe bajo su aliento pero se voltea a ver al intruso y es sorprendido al encontrar a una mujer a escasa distancia de su persona. 

 

Una mujer.

 

Inmediatamente, se sienta, intentando mantener una compostura como si no se recién acabara de levantar. Inconscientemente nota que la habitación sigue siendo la misma, así que seguía atrapado en este arduo sueño. Conscientemente, le implora a cualquier dios que lo esté escuchando que no tenga saliva en la boca mientras observa a la mujer desconocida, esperando que se presentara o explicara qué hace en su habitación.

 

“Qué, ¿no vas a decirme nada a mí por despertarte?”

 

Algo le hizo pensar que esta mujer era la tal Jaiden de la cual el niño hablaba. Volteó a ver al umbral de la puerta, donde vió movimiento, y se encontró al niño de antes observando la situación. Al ver que había sido descubierto, le sacó la lengua y Spreen se aguantó las ganas de ahorcarlo como si estuviera en un episodio de los Simpsons.

 

Jaiden carraspeó, haciendo que la mirada de Spreen regresase a ella. Era obvio que estaba esperando una respuesta.

 

“¿Buenos días?” Intentó. Jaiden rodó los ojos, levantándose. “Bueno, ya quedó Bobby,” Spreen inconscientemente tomó nota del nombre del menor. “Ya lo desperté. Si necesitas cualquier cosa sabes que estoy a una casa.” dijo la castaña, caminando hacia la puerta, haciendo una pausa para despeinar a Bobby mientras salía. El niño soltó una queja con una sonrisa, antes de tornar su atención a Spreen. 

 

“Mamá ya se fue a trabajar, podemos ir al super ahorita y aprovechamos que no va a estar par-” El niño comenzó, pero fue interrumpido por Spreen.

 

“¿La llamaste sólo para que me despertara?” Inquirió, molesto. Bobby no pareció entender su tono, pues asintió felizmente. “Ya sabes que ella es la única con quien no te pones de mamón porque te despierten, hasta con Valdo y el Kuakiris te pones de ridículo.”

 

Spreen lo miró en silencio.

 

Bobby le regresó la mirada, antes de darle una brillante sonrisa con un diente faltante.

 

En ese preciso momento, Spreen decidió que prefería pasar el resto del tiempo que le quedaba en el sueño en intentar despertar y salir de este infierno, a ir voluntariamente con Bobby.

 

“Iremos otro día. No tengo ganas hoy," dijo Spreen firmemente, mientras se levantaba y se dirigía a cerrar la puerta. Inmediatamente, la cara entera de Bobby se transformó, dando a entender que estaba enojado, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, Spreen le cerró la puerta en la cara. Pudo escuchar los gritos y quejas del niño por unos 5 minutos hasta que se rindió y se escuchó un portazo en algún lado de la casa. Spreen suspiró, echándose de regreso en una cama demasiado suave con una cobija demasiado esponjosa y cálida.

 

Finalmente, paz.

 

A quién engañaba, ¿qué clase de paz iba a tener en este sueño tan extraño?

 

Se irguió, levantándose de una cama que no es suya, y se puso a explorar el cuarto, dispuesto a encontrar una respuesta. Lo primero que observó fueron las paredes llenas de pósters de cosas de las que él jamás había oído antes. ¿Qué diablos era un ‘Lovejoy’?

 

Su mirada pasó a un estante llenos de libros. Alzó una ceja, sólamente en los títulos ya había muchos términos que no conocía. Hizo una nota mental para investigarlos después, cuando tuviera oportunidad. 

 

Su mirada pasó a un pizarrón de corcho, lleno de dibujos y fotos con personas que no conocía. Alzó una ceja, viendo una foto de un grupo de amigos: cuatro chicos y dos chicas. Por algún motivo, uno de los chicos le resalta, con una vincha puesta y una cazadora roja. Cabello castaño y ojos cafés, Spreen lo observa unos segundos más de lo que observa al resto. Su vista se desvía a la cama, un poco al lado. Encuentra un escritorio, casi completamente desordenado, y se queda observando boquiabierto algo que sólo había visto en películas: una PC gamer, con 2 monitores y 3 consolas al lado. Spreen se acercó con intenciones de encenderla, pero su vista es desviada por algo que estaba detrás.

 

Una ventana.

 

La ventana más grande que había visto en toda su vida, llevando a un balcón, que sobre veía una ciudad entera. 

 

El azabache observó, boquiabierto. Esta definitivamente no era su casa. Ni siquiera sabía dónde estaba. Jaló de el vidrio, logrando abrir la puerta y salir, sintiendo el fresco aire en su cara, rozando sus orej-

 

Espera, ¿y sus orejas?

 

A tropezones entró corriendo a la habitación otra vez, abriendo la puerta que asumió era la del baño, parando súbitamente cuando en  vez de eso, encontró un vestidor. Era un mini pasillo, con ropa colgada en todos lado, y al otro lado del pasillo, había otra puerta. Abrumado, Spreen recorrió el pasillo y la abrió, finalmente encontrando un baño. 

 

Se observó en el espejo, anonadado.

 

Sus orejas no estaban, ni estaban sus ojos violeta, ni su cabello azabache, ni tenía la misma complexión a la que siempre se había acostumbrado.

 

Su cabello azabache se había convertido en castaño, sus ojos ahora eran cafés, y había una vincha enredada entre sus cabellos la cual él estaba seguro que no había puesto ahí.

 

Él era el muchacho de la foto.




 

Roier ama su rutina, en verdad, es como su pequeña burbuja de paz antes de despertar. Sus 3 minutos lo son todo para él. 

 

Sin embargo, cuando despierta y lo primero que viene a su mente es su extraño sueño, donde él no era él, se levanta de golpe, su corazón latiendo como si acabase de correr un maratón de 5000 kilómetros. Un suspiro sale de su boca cuando mira a su alrededor y se encuentra su familiar habitación: paredes azules, pósters por todos lados, y sus fotos con sus amigos. 

 

Sólo fue un sueño.

 

Sonríe mientras se acurruca en su cobija de felpa que tanto extrañó, dispuesto a reanudar su rutina. Dentro de nada, Bobby vendría a despertarlo, pues el cumpleaños de su madre se aproximaba y Roier le había prometido a su hermano que irían al super a conseguir los ingredientes para hacerle un pastel. Sin embargo, sí había despertado sin que su hermano lo despertara, era porque aún era muy temprano. Cerró los ojos, plácidamente preparándose para seguir con su siesta.

 

O eso pensó, hasta que fue despertado por una suave sacudida y la cara de su madre enfrente. “Roier,” otra sacudida ligera. “¿No tienes que ir a clase, hijo?”

 

“¿Huh?” Roier la miró, dudoso. “Pero hoy es Domingo amá.” comentó, seguro de su respuesta, más no estuvo tan seguro al recibir una mirada confundida por parte de su madre. 

 

“Hoy es Lunes Rogelio, no me quieras hacer pendeja.” Le reprimió. “Además, aunque fuera Domingo, ya van a ser las 9, ya deberías estarte levantando pa’ que te pongas a jalar, así que ándele.” La señora musitó. Roier soltó un quejido, pero sabía que estaba en una pelea que no iba a ganar. Si su madre decía que hoy era Lunes, entonces era Lunes.

 

Su madre observó como se empezó a levantar de la cama y salió de su habitación. Mientras Roier comenzó a alistarse para su día, su madre salió de la casa, no sin antes gritar, “Por favor hazle de desayunar a Bobby, anda de malas y no se quiso comer el huevito que le hice. ¡Y lávate la cara! Estás todo manchado.” 

 

“¡Okay!” Roier respondió, terminando de ponerse su outfit, dispuesto a dirigirse al cuarto de su hermano menor. Abre la puerta y entra en personaje, su hermano es tan juguetón como él y sabe lo mucho que le gusta.

 

“Bobbyyyyyyy,” Entra, alzando la voz y haciéndola grave. “Por qué no te comiste tu huevitoooo,” Gruñe, se acerca a la cama donde se encuentra un bulto que sabe que es su hermano debajo de las cobijas. Se le tira encima y le empieza a hacer cosquillas, esperando escuchar la risita del menor. Sin embargo, sólo es recibido con un brusco empujón. Roier levanta la ceja, no se esperaba eso para nada de su hermanito.

 

“Ey, ¿qué onda? ¿Qué traes?” Pregunta, acercándose cautelosamente, su previa idea de juguetear olvidada. El bulto se comienza a mover y Bobby asoma su carita, dejando ver sus ojitos levemente cristalinos y enojados. Se observan fijamente, hasta que Roier se acerca y le da un abrazo, del cual Bobby intenta escapar pero no puede debido a la diferencia de tamaños entre ambos. 

 

“¿Qué pasó? ¿Te dijeron algo en la escuela? Dime y me pu- madreo a quien sea necesario, sabes que no dejaré que le digan nada a mi hermanito favorito,” Roier dijo mientras apretaba más sus brazos para que el menor no pudiera escapar. Como pudo, Bobby sacó los brazos por debajo de la cobija y comenzó a hacer señas para expresarse.

 

Soy tu único hermano. Y no quiero hablar contigo ahorita, eres un culero.” Roier leyó las manos de Bobby, sintiendo su pecho apretujarse. Usualmente su hermano sólo usaba lenguaje de señas cuando se sentía muy mal o abrumado, así que lo que sea que hubiera pasado le afectó. Además, viendo como se estaba dirigiendo hacia él, Roier parecía haber tenido algo que ver, aunque eso no era posible. La última vez que había hablado con Bobby fue para hacer sus planes de ir al mandado, justo ayer antes de que se fueran a dormir.

 

¿O no?

 

“Pero Bobby, ¿a quién le voy a pedir que me acompañe a comprar todo lo del pastel de mamá? Ándale, levántate, vamos a bañarnos y alistarnos para poder ir, ¿va?” Roier sugiere, intentando mejorar el humor de su hermano, sin embargo este sólo forcejea más para salirse del abrazo del cual Roier todavía no lo suelta. 

 

“A ver Bobby, cálmate,” El mayor se queja, mientras decide cambiar de táctica. Toma a Bobby por los cachetes con ambas manos y lo obliga a voltearlo a ver. El menor forcejea y cierra los ojos para no hacer contacto visual, así que Roier hace lo más lógico y le da un leve cabezazo.

 

Bobby finalmente hace contacto visual con él, su mirada se ve enojada y parece estar a punto de mentarle la madre, pero sólo al verlo, el menor pierde todo el enojo de su rostro e inesperadamente, se empieza a cagar de risa. Roier está completamente confundido, pero prefiere mil veces a un Bobby burlón sobre un Bobby enojado, así que le sigue la corriente.

 

“Epa, si sí me bañé hoy grosero. ¿Qué fue o qué, baboso?” Le dice, como si lo estuviera retando aunque ambos hermanos saben que es broma. La situación parece ser tan cómica que la previa angustia de Bobby fue olvidada, y este comenzó a hablar entre carcajadas.

 

“¿Te hicieron la tarea en la jeta o qué pedo?” Bobby  logró expresar una vez se había calmado un poco y ya no estaba soltando carcajadas. Roier lo miró confundido.

 

“¿De qué hablas?” Cuestionó el castaño. “Pues nomás vete, traes toda la cara grafiteada,” respondió el menor, todavía soltando risitas. Roier levantó una ceja, tal vez era una estrategia para sacarlo de su cuarto y no verlo jamás. Aún así, se levantó de la cama y se dirigió hacia el baño de su hermano, encendiendo la luz y quedándose atónito ante lo que le respondió.

 

Frente a él, estaba su reflejo, con el mismo suéter y pantalón que él mismo había elegido hace unos minutos, con la vincha que ya parecía estar pegada a su cráneo, pero había algo que él no había notado, pues no había visto su reflejo en ningún lado:

 

En toda su cara, había diversas frases escritas con marcador, pero al final todas querían decir lo mismo.

 

“QUIÉN SOS?”

Notes:

SE SHIPPEA A LOS CUBOOOOOS NO A LOS HUMANOS REALES

ola

primero lo primero: no me pregunten dónde está ubicada la historia pq la veda llevo 3 horas pensando y no se me ocurre ni mergas así q digamos q es como una mezcla entre tortilla, mc extremo, karmaland, piratas y literal todas las series posibles q hacen un país grandote y a este país pertenecen las ciudadcitas d donde son roier y spreen.

segundo: voy a escribir a spreen hablando como argentino pq lo sentiría rarísimo si no pero aviso que no soy argentina y no sé si vaya a salirme bien, si no lo hace porfavor no se pongan a CAGAR PALO / ROMPER PELOTAS de q lo hice mal pq me mato y lo subo a tuirer

segundo punto uno: en el país anteriormente mencionado q me saqué de la cola, los acentos no están tan marcados como lo están irl, entonces digamos roier hablando con la terminología o acento q usa spreen no significa algo tan llamativo como lo haría si de la nada en vida real roier empezara a hablar como alguien que lleva 37 años en un pueblito argentino

tanto roier como spreen tienen unos 18/19 años masomenos, sus grupitos de amigos son todos de similares edades y son 6 años mayores que bobby/ramon

es la primera vez q escribo fanfics desde que tengo como 11 años en wattpad así q si cualquier cosa está rara culpemos a eso jejej

mi tuirer es @olev0 por si gustan seguirme para updates o nomas para cotorrear

m gustaría que esto durara de 5 a 10 capítulos pero la verdad no tengo idea pq si combinamos mi flojera con el hecho de que no me sé callar el hocico salen cosas bien peculiares,,,,, saludos cordiales nos vemos a la próxima like y suscríbete para más (emoji de pulgar arriba)