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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 1 of Primeras y últimas veces
Stats:
Published:
2023-02-03
Completed:
2023-06-16
Words:
102,942
Chapters:
20/20
Kudos:
8
Hits:
519

Primeras y últimas veces

Chapter 20: Epílogo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

21 de junio de 2003

—¡Me cago en la puta!— jadeó Ron mientras se quitaba de encima de su mujer (mujer, ¡era su mujer!) y se tumbaba en la cama, acercándola hacia él. Hermione terminó casi encima de él, pero a Ron no le importó, el ligero peso del cuerpo desnudo de ella cubriéndole el suyo era reconfortante.

—Romántico como siempre— bromeó Hermione levantando una mano para trazar el contorno del pecho de Ron.

—Eso no ha sido romántico— agregó Ron con incredulidad—. Eso ha sido… guau, ha sido otra cosa.

Hermione se echó a reír hasta quedarse sin aliento.

—Yo creo que ha sido un poco romántico, aunque no en el sentido tradicional— añadió al ver que Ron arqueaba una ceja.

—Bueno, está bien— replicó Ron—. En cualquier caso, ha sido brillante.

—Sí, brillante— concedió Hermione estirándose para apartarle el sudoroso pelo de los ojos con la mano izquierda. Ron sonrió al sentir cómo le rozaba la cara el anillo de boda. Bajó la mirada hacia el anillo a juego en su propia mano izquierda y no pudo evitar suspirar satisfecho –algo que debía haber hecho ya al menos una docena de veces desde las nueve horas o así que llevaba casado con Hermione. Casado, casado, casado. Al fin.

—¿Crees que los polvos de casados van a ser siempre tan buenos?— le preguntó distraído, moviéndose un poco para que los pechos de Hermione quedasen apretados contra el suyo.

—Probablemente no— razonó ella—. Pero lo podemos intentar.

—Perfecto— concluyó Ron levantando una mano para enredarla entre los rizos de ella. Hermione había logrado domarse el pelo en suaves rizos para la ceremonia, pero había vuelto a ser el de siempre inmediatamente después de volver al apartamento. A Ron no le importaba en lo más mínimo: le encantaba también su pelo salvaje.

—Mmm— murmuró Hermione alegre—. Hoy ha sido un día perfecto, ¿verdad?

Ron arqueó una ceja.

—Supongo que sí, excepto por toda la gente.

Hermione se rio con suavidad.

—Ese es el punto para no fugarse, ¿no crees?

—Imagino— dijo Ron—. Pero no importa, ha sido un gran día. El mejor de mi vida, creo.

—El mío también— estuvo de acuerdo Hermione.

Apoyó la cabeza sobre el pecho de Ron y los envolvió un cómodo silencio. Cuando se calmaron de las actividades previas, Ron los tapó con las sábanas. Se le extendió una sonrisa fácil por el rostro; en realidad, esa era su parte favorita del día: relajarse tranquilamente con Hermione, especialmente después de lo que acababan de hacer. Era lo apropiado, por lo mucho que habían tenido que luchar cuando eran más jóvenes para llegar a ese lugar tranquilo –en más de un aspecto.

—George y Angelina también se van a casar— comentó Hermione interrumpiéndole los pensamientos—. Me ha dicho que en algún momento del otoño.

Ron parpadeó lentamente y la miró.

—¿Cómo lo sabes?

—He hablado con ella antes— le contestó—. Ya sabes, no lo van anunciado de manera oficial, pero se lo dicen a la gente cuando surge en la conversación.

Ron resopló.

—No me sorprende; aunque puede que tenga que pegar a George por no contármelo.

—Oh, no lo hagas— le regañó Hermione—. Solo he conseguido que Ange me lo diga porque me he dado cuenta de que pasaba algo. Es probable que no nos hayan querido decir nada en nuestro día.

—¿Cuánto llevan prometidos?— le preguntó Ron.

—Creo que un par de semanas— dijo—. Son muy discretos, ¿no crees?

—Sí— reconoció Ron—. Bien por ellos; es la mejor manera de hacerlo. Son quienes son y eso es todo.

Hermione asintió pensativa.

—Pero conociendo a George, seguro que va a haber fuegos artificiales en la ceremonia.

Ron se rio y la acercó más hacía sí.

—Es probable. Está loco.

—Es genial verlo tan feliz— declaró Hermione.

—Sí, la verdad es que es agradable ver a todo el mundo feliz— observó Ron.

—Aunque es extraño, ¿verdad?— contempló Hermione—. Hace cinco años, la guerra apenas acababa de terminar y nosotros estábamos en Australia con mis padres. Y míranos ahora.

Ron se rio.

—Nunca se me va a olvidar la cara que puso tu padre cuando le dijiste que era tu novio.

—Estaba un poco sorprendido por todo, solo eso— lo defendió Hermione débilmente, pero pronto se echó a reír también.

—En ese viaje fue la primera vez que te dije que te quería— recordó Ron mientras le crecía la sonrisa que llevaba plasmada en el rostro desde hacía diez horas.

—No, no lo fue— lo corrigió Hermione con amabilidad—. Me lo habías dicho antes dos veces.

Ron frunció el ceño.

—No, no lo hice. Lo sabría si lo hubiera hecho.

—Bueno, la primera vez solo estabas contento porque me había ofrecido a arreglarte los deberes— le recordó Hermione—, así que supongo que eso no cuenta de la misma manera. Sin embargo, la segunda vez que me lo dijiste ya estábamos juntos, solo que estábais un poco borrachos.

—¿En serio?— se avergonzó Ron—. La verdad es que no me acuerdo.

—Fue después del funeral de Fred— prosiguió Hermione—. George y tú habíais salido y cuando volvisteis, me besaste, me dijiste que me querías y te fuiste a la cama.

—Oh, sí, me acuerdo de haberte besado— dijo Ron sonriendo con cariño ante el recuerdo—. Aunque fue culpa de George.

—¿Culpa de George?— inquirió Hermione arqueando las cejas.

—Oh, no empieces— le rogó Ron—. Me dio un empujón en la dirección correcta. Entonces, ¿te lo dije de verdad?

—Sí— le confirmó Hermione—. Aunque no creía que te acordases. Lo cierto es que me sorprende que te acuerdes del beso. Esa noche bebiste bastante.

—Bueno, pero te lo dije en serio— le dijo Ron acariciándole el costado con ternura—. Siempre te lo digo en serio.

—Lo sé— murmuró Hermione inclinándose hacia arriba para darle un beso en la mandíbula—. Yo también.

Cuando intentó retroceder, Ron la paró acercándole la mano para cubrirle la mejilla y darle un suave beso en los labios.

—Buenas noches, Hermione Weasley.

Ella le respondió con una sonrisa que estaba seguro que se le iba a quedar grabada en los recuerdos para siempre, mientras le susurraba:

—Buenas noches, Ron Weasley.

En cuestión de minutos, se acomodaron de nuevo y sus respiraciones habían comenzado a disminuir a medida que una oleada de agotamiento y somnolencia los golpeaba. El último pensamiento consciente de Ron antes de quedarse dormido fue lo jodidamente suertudo que era y lo felices que eran ambos.

12 horas después

—¡Ron!— oyó a Hermione llamándolo desde la cocina— ¡Ron, vamos a llegar tarde!

—¡Sí, dame un momento!— replicó él tirando un par de pantalones en la maleta que Hermione había ampliado con un encantamiento indetectable de extensión.

Habían planeado ir al aeropuerto inmediatamente después de almorzar en La Madriguera, pero con todo el lío de la boda, a Ron se le había olvidado hacer la maleta; Hermione, por supuesto, la había hecho hacía semanas, así que se había pasado la mañana relajada en el sofá mirando los regalos de boda mientras Ron intentaba prepararse para dos semanas en Italia. Claro que no sabía lo que iba a necesitar realmente para el viaje, y no quería que Hermione se enfadara con él el primer día completo de su matrimonio, así que había recurrido a casi la mitad del armario, que había metido en la maleta por si acaso.

—En serio, Ron— lo llamó Hermione de nuevo, oía sus pasos acercarse mientras hablaba—. No nos vamos a poder quedar mucho rato después, y no podemos hacer que nos esperen.

—Hermione— se quejó Ron—, ¡estamos recién casados! ¡Lo más probable es que piensen que estábamos en la cama!

Un segundo después, Hermione lo golpeó con fuerza en la parte posterior de la cabeza con un par de calcetines enrollados. Ron se dio la vuelta y miró a la pequeña castaña, en la puerta, con las manos en la cadera; ella le respondió levantando una ceja amenazadora, con la expresión dura. Ron, por su parte, logró mantener una expresión seria antes de romper a reír.

—No tengo claro qué es tan gracioso…— comenzó Hermione, pero Ron la interrumpió rápidamente: cruzó la habitación y la envolvió entre sus brazos.

—Estoy tan enamorado de ti— se las arregló para decir a través de la risa, y sintió como Hermione se relajaba en el abrazo.

—Y yo de ti, pero todavía no sé cuál es la gracia— murmuró ella sin entusiasmo.

—Tú eres graciosa— le dijo simplemente aunque en realidad era mucho más que eso; principalmente era el hecho de que le podía decir cualquier cosa sin pensárselo dos veces. Todavía con una sonrisa en el rostro, Ron le dio un beso en parte superior de la cabeza antes de apartarse y girarse para terminar con la maleta.

—Ya he terminado— le dijo lanzando dentro el par de calcetines que ella le había tirado—. Ahí está, listo para Italia.

—Bien— dijo Hermione cerrando la maleta con firmeza y levantándola de la cama.

—Espera, ya la llevo yo— insistió, quitándosela de las manos con tanta suavidad como pudo—. Pesa un poco.

—¡Por el amor de Merlín! ¿Qué has metido?— le preguntó Hermione divertida sacudiendo la cabeza mientras entraban en el salón.

—Cosas— contestó vagamente—. Bueno, ¿nos la llevamos a La Madriguera o volvemos luego a por ella?

—Vamos a llevárnosla— decidió Hermione—. No necesito nada más de aquí.

—De acuerdo— dijo Ron señalando la chimenea—. Después de ti, esposa— un par de incómodos minutos más tarde, estaban en La Madriguera y fueron recibidos con una ruidosa aclamación del salón lleno de gente.

—¡Veo que por fin habéis logrado salir de la cama!— gritó Charlie a modo de saludo, entre los silbidos de George.

—No es tan tarde— protestó Hermione débilmente, pero nadie parecía oírla. Ron rio mientras arrastraba la maleta fuera de la habitación y la dejaba junto a las escaleras.

—¡Aquí estáis!— gritó una voz desde el segundo piso. Ron se asomó para ver a Harry saludándolo desde arriba. Sonrió y se apoyó contra la barandilla para esperar a que su mejor amigo bajara.

—Creía que Gin y tú habíais vuelto anoche a Grimmauld Place— le comentó Ron cuando Harry lo alcanzó.

—Y lo hicimos— le aseguró Harry—, pero a Ginny se le olvidó esto aquí—agitó un frasco delante de la cara de Ron antes de guardárselo.

Ron hizo una mueca.

—¿Quiero sabes para qué sirve eso?

—No es lo que estás pensando— Harry puso los ojos en blanco—. Son vitaminas o algo así, no lo sé. Por alguna razón, Gwenog quiere que todas tomen estos malditos suplementos.

—La desgracia de ser una atleta profesional— soltó Ron con voz sarcástica.

—Bueno, se retira después de la temporada que viene— razonó Harry—. Bien puede ir por el buen camino, ¿no crees?

—Imagino— dijo Ron—. ¿Habéis decidido ya lo que vais a hacer con Grimmauld Place?

 —No— le comentó Harry volviendo al salón—. Pero no podemos venderla. Supongo que la vamos a dejar para almacenamiento extra o algo así. ¿Hay alguna posibilidad de que Hermione y tú la queráis?

—No— respondió Ron—. Hemos estado hablando sobre comprarnos una casa, pero sin ofender, tío, la tuya es un poco lúgubre.

Hacía un par de meses, Harry y Ginny le habían confiado a Ron y Hermione que se estaban preparando para formar una familia. Como ninguno de los dos quería criar a sus hijos en Grimmauld Place, habían empezado a buscar una casa donde pudieran crecer. Además, Ginny había decidido que ya era hora de terminar su carrera en el quidditch profesional. En su lugar, había comenzado a escribir para la sección de deportes de El Profeta en su tiempo libre, y después de retirarse de Las Arpías, lo iba a hacer a tiempo completo.

—Bueno— dijo Harry cuando se reunieron con el resto de la familia—, hemos hecho una oferta para una casa cerca del Valle de Godric; es bonita y tiene mucho espacio abierto. ¿Sabes?, podríamos estar listos para mudarnos cuando Hermione y tú volváis.

—Tío, eres muy sutil para pedir ayuda— le acusó Ron sin malicia—. Pero no te preocupes, intentaremos hacerte hueco.

—Estáis recién casados, ¿qué más tenéis que hacer aparte de estar todo el día en la cama?— bromeó Harry a pesar de que Ron se dio cuenta de que estaba intentando no imaginar la implicación tras sus palabras.

—No mucho— admitió Ron—. Pero, ¿ves?, esa es la mejor parte.

—¡La comida está lista!— dijo Molly desde la cocina y la gran multitud de Weasleys se dirigió al comedor que habían ampliado en un intento de dar cobijo a todos. Entre la masa de familiares, Ron volvió junto a Hermione, que le cogió la mano que le ofrecía con una bonita sonrisa. Sintiéndose caballeroso, le apartó la silla cuando llegaron a la mesa y se sentó a su lado, feliz de comer con la mano izquierda para así poder sostener la de ella por debajo de la mesa durante la comida.

Ron estuvo callado la mayor parte del tiempo –sobre todo debido a que no paraba de llevarse a la boca la comida de su madre–, pero se contentaba con escuchar y observar a su familia. Bill estaba hablando con Charlie a la vez que intentaba dar de comer a una quisquillosa Victoire, y una Fleur muy embarazada tenía a Dominique en el regazo mientras comía mucha más carne de la que normalmente comía, pero con el embarazo le había dado antojo, signo que su madre claramente interpretaba como que iban a tener un niño.

George y Angelina estaban al lado de Fleur, inmersos en su propia conversación con Percy, que les estaba dando consejos injustificados sobre su inminente boda. Audrey estaba a su lado, asintiendo distraída de acuerdo con su marido mientras le daba el biberón a la pequeña Molly. Su madre estaba sentada al otro lado de Audrey, preocupándose por la pequeña que llevaba su nombre como solo Molly Weasley sabía hacerlo.

Su padre estaba al lado de ella, hablando con Harry sobre la redada que había tenido lugar un par de días antes. Habían atrapado a un mago en Bristol encantando libros en una librería muggle para que salieran fuegos artificiales cuando se abriesen, lo cual, inevitablemente había resultado en varias cejas desaparecidas y caras chamuscadas, además de un montón de trabajo para sus Departamentos. Cuando George lo escuchó, se lamentó por no haber pensado en ello antes, y Angelina le dio un golpe en la cabeza. Ron lo meditó y se dio cuenta de que iba a encajar a la perfección en la familia.

Mientras tanto, Ginny y Hermione estaban hablando sobre nada y sobre todo: Italia, la nueva casa, los regalos de boda e incluso sobre bebés. A Ron le pareció que, independientemente de cuanto estuvieran cambiando, la manera en que hablaban de ello hizo que todo pareciera muy natural. Quizás fuera porque era natural, era el siguiente paso lógico –y por eso, el matrimonio, las casas y los bebés ya no parecían tan escalofriantes ni lejanos. Estaba ocurriendo tal y como debía ser; y a todos ellos, se percató al mirar alrededor de la mesa. Ahora eran adultos. Habían tenido que luchar una guerra para llegar ahí, y habían tenido que superar pérdidas por el camino, pero habían ganado mucho más. A Ron se le desvió la mirada inevitablemente hacia el retrato de Fred que colgaba de la pared, sabiendo que en algún lugar, él estaba sonriendo y riéndose de todos ellos. Le gustaba pensar que su hermano mayor estaría orgulloso de todo lo que habían logrado en cinco años. Solo deseaba que pudiese estar ahí para verlo.

Terminaron pronto de comer y se instalaron en el familiar estado de somnolencia de la primera hora de la tarde. Sin embargo, a Ron le duró poco el descanso, porque Hermione iba en serio con lo de irse nada más terminar de comer. En cuanto los platos estuvieron limpios, comenzaron a despedirse, intercambiando besos y abrazos con todos mientras les deseaban un buen viaje cada uno a su manera. Algunos, como su madre, tenían lágrimas en los ojos; otros, como George, movían las cejas de manera sugestiva. Cuando estuvieron todos satisfechos, y Ron y Hermione le habían dado las gracias por todo a Arthur y Molly casi una docena de veces, Harry y Ginny se ofrecieron a acompañarlos hasta el punto de Aparición.

—Recuerda, Harry, si algo sale mal en la oficina, irá a peor si intentas llamarme— le recordó Ron tan pronto como salieron por la puerta—. Interrumpe mi luna de miel y desearas que el bastardo de Riddle hubiera acabado contigo.

—Entendido— le aseguró Harry—. Seguro que todos los criminales del país se toman un descanso por tu luna de miel.

—Esa es la idea— le dijo Ron en serio.

Hermione puso los ojos en blanco y deslizó la mano entre la de Ron.

—Sois unos ridículos.

—¿Verdad que sí?— comentó Ginny—. Uno pensaría que ya se habrían hartado el uno del otro después de una docena de años de bromas malas y de tomarse el pelo.

—Nah— dijo Harry envolviendo un brazo por los hombros de Ginny—. Cualquier día es mejor echarse unas risas que tener una discusión seria.

—Exacto— coincidió Ron—. Las discusiones serias son para las mujeres.

—Intenta no ser sexista, ¿quieres?— suspiró Hermione a pesar de que no había enfado real en el tono de voz.

—Ya sabes a lo que me refiero— insistió Ron con suavidad, y lo sabía; había hablado de ciertas cosas con Hermione que jamás habría soñado en confiarle a Harry y sabía que pasaba lo mismo con él y con su hermana. Sus relaciones habían cambiado en los años que habían pasado desde que habían ido a Hogwarts por última vez, pero todo había sido para mejor: todos se querían del mismo modo, por muy reacios a decirlo que fueran a veces. Todos los cambios que habían ocurrido durante esos últimos años los habían llevado a ese lugar, que, en opinión de Ron, era un lugar increíble.

—Bueno, pasadlo bien— les deseó Ginny abrazando a Hermione. Mientras tanto, Harry y Ron, se estaban dando uno de sus apretones de manos y abrazos habituales e intercambiaron ligeras pullas sobre comportarse en ausencia del otro.

—E intentad evitar volver a casa antes de tiempo— continuó Ginny mientras Hermione se despedía de Harry y ella se volvía hacia su hermano para darle un abrazo.

—Pues claro— protestó Ron frunciendo el ceño.

—Lo sé— le respondió ella poniendo los ojos en blanco—. Hay una razón por la que eres mi hermano favorito, Ron.

Él le sonrió y le apretó el hombro, feliz de tener un momento de sinceridad antes de decirle:

—Es porque soy el objetivo más fácil para tus burlas, ¿verdad?

Ginny se rio, y Ron pudo ver que estaba aliviada de que no hubiera intentado hacer que la conversación fuese más emotiva de lo que ya era. Eso era lo que le gustaba más de su hermana: no necesitaba palabras, y él tampoco. Simplemente lo sabían, y estaban felices de dejarlo ahí. Esa era la razón por la que estaba convencido de que si hubiera tenido otra hermana, Ginny seguiría siendo su favorita.

—Nos tenemos que ir yendo— comentó Hermione apartándose del abrazo de Harry—. Entonces, ¿vais a ir a nuestro apartamento para ver que está todo bien?

—Claro que sí— la tranquilizó Harry—. Ahora largo, no hagáis esperar a Italia.

—Gracias, tío— le dijo Ron, y estaba seguro de que Harry sabía que no solo se refería al apartamento.

Después de una última despedida, Hermione entrelazó la mano con la de Ron y giraron en el sitio. Se materializaron en un jardín muy familiar en vez de en el punto de Aparición que había cerca del aeropuerto.

—Una parada más— le dijo a Ron sonriendo, tirando de él hacia la puerta principal y tocando el timbre.

La puerta se abrió para revelar a una sonriente señora Granger.

—¿No tenéis que coger un avión?

—No nos podíamos ir sin despedirnos— le confesó Hermione avanzando para darle un abrazo a su madre—. Me temo que no nos podemos quedar mucho rato.

—¡Pasad un momento!— insistió antes de gritar por las escaleras— ¡Peter! ¡Ron y Hermione están aquí! ¿Eso es todo lo que lleváis, queridos?— les preguntó cuando se volvió hacia ellos,  señalando la maleta que llevaba Ron.

—Por dentro es más grande— le explicó Ron dejándola en la entrada. Su suegra parecía confusa, pero decidió que no valía la pena preguntar. El señor Granger salió de su despacho y los cuatros se dirigieron al salón.

—¿Cuánto tiempo falta para que salga el vuelo?— les preguntó la señora Granger cuando se sentaron.

—Me temo que solo nos podemos quedar unos minutos— se disculpó Hermione—. Solo quería daros las gracias a ambos por todo lo que hicisteis ayer; fue un día precioso. 

—Sí— agregó Ron—. Aunque siendo sincero, me gustaría daros las gracias por tener a Hermione.

Ella chasqueó la lengua, pero los Granger rieron joviales.

—El placer es nuestro— dijo el señor Granger, y Ron trató con todas sus fuerzas no tomarse el comentario en sentido literal, tal y como quería la parte de su cerebro que parecía haberse estancado en los dieciséis.

—La ceremonia fue encantadora— comentó la señora Granger—. Un comienzo precioso para una bonita vida, me atrevería a decir.

—Estoy muy feliz de que ambos seáis parte de ella— respondió Hermione sonriendo llorosa, cogiendo la mano que le ofrecía Ron y apretándosela con suavidad—. Gracias.

Solo unos minutos más tarde, llegó el momento de irse. Una vez más, se repartieron abrazos, incluso entre Ron y el señor Granger, algo que nadie había pensado que fuese posible cinco años atrás. Con una última broma de la señora Granger, Ron y Hermione salieron de la casa donde había crecido la chica y se dirigieron al punto de Aparición, listos para comenzar su luna de miel.

Llegaron al aeropuerto con tiempo suficiente. Ron solo había subido a un avión unas cuantas veces antes, pero confiaba lo suficiente en el proceso como para no hacerle a Hermione ninguna pregunta estúpida. Sin embargo, no podía evitar mantener una sonrisa ridícula en el rostro cuando alguien se refería a ellos como “el señor y la señora Weasley”. El vuelo fue mucho más corto que el del viaje a Australia de un par de años atrás, y Ron y Hermione mataron el tiempo simplemente hablando del futuro: de cosas tan inminentes como la luna de miel a cosas tan lejanas como sus hijos empezando Hogwarts. Ahora estaba todo al alcance, simplemente esperando a que lo cogieran.

Acababa de atardecer cuando aterrizaron, y después de recoger la maleta, Hermione pidió un taxi para que los llevara al hotel. De camino, el estómago de Ron hizo un ruido que traicionó lo hambriento que estaba, y ella le prometió que iba a pedir comida al servicio de habitaciones tan pronto como llegasen.

—… y luego nos podemos tomar el resto de la noche para nosotros.

No pudo evitar darle un beso apasionado cuando le dijo eso, probablemente era un poco incómodo para el taxista, pero no le dio la gana preocuparse. Estaban cansados y en Italia, iban a cenar y luego se iban a pasar toda la noche haciendo el amor. Simplemente no había nada mejor.

Cuando al fin llegaron al hotel, un poco cansados del viaje, pero emocionado por lo que les esperaba  –por lo que le iban a traer sus vidas–, Ron insistió en hacer el check-in, pero no hasta que Hermione le aseguró que lo podía hacer en inglés.

—Erm, hola— le dijo Ron al sonriente encargado de la recepción—. Tengo una reserva a nombre de Weasley.

—Ah, sí, ¡la suite matrimonial!— alegó el hombre con un entusiasta acento italiano mientras tecleaba algo en uno de esos extraños aparatos que Hermione le había dicho que se llamaban ordenadores— ¿Y esta es su mujer, señor Weasley?

Ron miró de reojo a la hermosa mujer que tenía al lado, a la mujer que le sostenía la mano y le devolvía la sonrisa, tal y como llevaba haciendo desde los últimos cinco años, y en realidad, siete más antes de esos. Lo invadió un sentimiento abrumador, una sensación de felicidad, orgullo, tranquilidad, alegría y puro y completo amor cuando contestó, con una voz fuerte y segura:

—Sí. Sí que lo es.

Notes:

Y con esto hemos llegado al final de la historia. Muchísimas gracias a todos por haber leído la traducción. Ha sido un placer volver a revisitar la historia, y debo decir que me ha gustado casi un poquitín más ahora.
Os recuerdo que tenéis otra escena eliminada del capítulo anterior, llamada "Déjame contar las maneras", donde podéis leer los votos de Hermione.
Espero leernos pronto con otra traducción. ¡Un abrazo!

Notes:

Publiqué la traducción en FFNet en 2017, y como no quiero que quede en el olvido, poco a poco estoy trasladando mis traducciones aquí. Por desgracia, la autora lleva bastante sin publicar nada, pero espero que esta historia os guste tanto como me gustó a mi. Iré subiendo los capítulos poco a poco. Gracias por leer, y nos vemos en los comentarios!

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