Work Text:
Hermione estaba segura de que no había sido tan feliz en toda su vida. Estaba acostada en la cama al lado del su guapo, cariñoso y muy desnudo prometido. Ron estaba boca abajo junto a ella, con el rostro enterrado en el cuello de Hermione y un largo brazo envuelto alrededor de su figura desnuda, acariciándole ligeramente el costado. Hermione tenía la mano izquierda entre el pelo de él y podía ver el anillo de diamantes que le había dado Ron hacía menos de cuatro horas, brillando en la tenue luz. Desde esa posición, también veía con claridad el trasero de Ron, lo que era una ventaja.
Soltó un suspiro satisfecho y se preguntó brevemente si la vida podría ser mejor. Bueno, imaginaba que lo podía ser; su padre debería estar fuera del hospital, pero eso pasaría a su debido tiempo. La vida nunca iba a ser perfecta, pero ese momento era lo más cercano de lo que nunca lo había sido. Ron era su prometido. Al fin, al fin, se iban a casar.
—Te quiero— le susurró Hermione pasándole una mano lentamente por el pelo ligeramente húmedo. Sintió que se ruborizaba aún más de lo que ya estaba. En las últimas horas habían estado lo suficientemente activos como para empezar a sudar.
—Yo también te quiero— le llegó la voz ahogada de Ron desde algún lugar del enmarañado pelo. Él le deslizó la mano por la cintura, sobre el estómago, tomando un breve desvío hacia arriba para cubrirle un pecho de manera juguetona. Giró sobre el costado y Hermione también se movió para que quedasen frente a frente, con las caras sonrientes a solos unos centímetros de distancia.
—¿Cuándo te quieres casar?— le preguntó Ron sin descaro tras un momento de silencio—. Tengo la semana que viene un poco ocupada, pero te puedo hacer un hueco entre turnos.
Hermione respondió poniendo los ojos en blanco.
—Si fuera así de fácil.
—Lo puede ser— señaló Ron sin mucha convicción—. Siempre tenemos la opción de fugarnos.
—No, no lo podemos hacer— contestó Hermione simplemente y Ron estuvo de acuerdo con ella—. Creo que deberíamos celebrar la boda en verano— continuó—, pero mejor a principios de verano, antes de que haga demasiado calor.
—Sí, eso me gusta— le comentó Ron mientras se le ensanchaba la sonrisa—. Junio es un buen mes.
Hermione se mordió el labio mientras lo consideraba.
—Sí, a mí también me gusta junio. El único problema es que vamos a tener que esperar casi quince meses porque va a ser imposible organizar una boda en solo tres meses.
—Lo podemos intentar— protestó Ron con poco entusiasmo, con una mirada de resignación en el rostro.
—Y fallar estrepitosamente— replicó ella extendiendo la mano para entrelazarla con la de Ron al ver como se le ensombrecía la expresión; el cambio era casi imperceptible, pero había aprendido a leerle mejor que a cualquier libro. Sabía que una parte de él quería hacerlo simple y lo más pronto posible, pero también sabía que ambos querían una boda ideal; no demasiado grande o elaborada, pero que no la hubiesen organizado en menos de cien días.
—Si es lo que quieres, a mí no me importa esperar— le dijo Ron con suavidad apretándole la mano antes de envolver los brazos alrededor de ella—. Valdrá la pena, ¿verdad?
—Por supuesto que sí— le aseguró Hermione acurrucándose más sobre él—. Estamos hablando del resto de nuestra vida.
Ron estuvo callado un momento, pero Hermione pudo sentir que sonreía mientras le daba un leve beso en la frente.
—Sí, supongo que sí— le dijo con ternura.
Los envolvió un silencio cómodo, cada uno perdido en sus propios pensamientos. De vez en cuando, Hermione se miraba la mano izquierda, atrapada entre su pecho y el de Ron; era un recordatorio tangible de que era real. Le había pedido que se casase con él y ella le había dicho que sí. Se iban a casar el próximo junio. Ya no era algo que iba a pasar algún día; ahora algún día iba a ser dentro de quince meses.
Si era totalmente sincera, Hermione había planeado casarse con Ron durante bastante tiempo. En realidad desde la primera vez que lo besó. Ni siquiera se podía imaginar estando con otra persona. No era buena dejando entrar a gente, porque nunca había pensado que a la gente le iba a gustar lo que se encontrase. Pero Ron lo había visto todo, y de alguna manera, había decidido que ella valía la pena. A ella le había costado un poco acostumbrarse al hecho de que el chico del que llevaba enamorada desde los quince años también la quería, pero no dudaba de que las cosas entre ella y Ron eran exactamente como se suponía que tenían que ser.
Aunque Hermione era una planificadora nata, siempre se había forzado a no pensar en su futuro con Ron con demasiado detalle. Se había dicho a sí misma que las cosas iban a seguir el curso que debían, sin que le importase si las había planeado de esa manera o no. El pasado le había sugerido que esa era la manera correcta de hacerlo; los acontecimientos que habían ocurrido antes de que admitiesen sus sentimientos no habían sido ideales, pero, si lo miraba con perspectiva, estaba segura de que no podían haber ocurrido de otra manera. Habían tenido que pasar por todo eso para llegar a donde estaban en ese momento, y la verdad es que Hermione no cambiaría para nada a las personas en las que se habían convertido. Así que había relegado todas las fantasías al fondo de la mente, para, en su lugar, centrarse en lo que estaba sucediendo. Por supuesto, de vez en cuando dejaba la mente vagar, pero por lo general, hacía un buen trabajo manteniendo los pensamientos en el presente.
Pero ahora, ahora ya podía pensar en todo lo que quería porque realmente estaba sucediendo. Ron le había pedido que se casara con él, y había sido mejor que cualquier cosa que se hubiese imaginado porque había salido de él. Y ahora era oficial: se iban a casar a principios del verano siguiente. Todavía no lo habían hablado, pero se imaginaba que iba a ser en La Madriguera, tal y como habían sido las bodas de sus hermanos. La ceremonia podía ser por la tarde, así el sol se estaría poniendo cuando compartieran el primer baile. Tendría que ir a buscar el vestido con su madre, y quería que fuese perfecto –nada demasiado elegante, pero un poco de encaje no hacía daño. Y Ron estaría elegantemente guapo –quizás lo podría convencer para que llevase un traje muggle en vez de una túnica; iba a ser mejor para la vista…
Irían a algún sitio cálido pero con mucha historia de luna de miel. Tal vez Francia, aunque Hermione había estado muchas veces… o incluso Italia. Sí, Italia estaría bien, no había ido en años. Quizás podían dividir el tiempo si ambos conseguían tomarse unos días libres en el trabajo: una semana tumbados en la playa todo el día, disfrutando de la compañía del otro durante toda la noche, y otra semana visitando los lugares de interés. Luego volverían ahí, al apartamento que era ahora de los dos, pero no para siempre. No, cuando hubieran ahorrado un poco, podrían buscar una casa adecuada en un barrio agradable, aunque no demasiado concurrido. Y entonces, en unos años, tendrían que encontrar la manera de llenar la casa…
De repente, Hermione se quedó en blanco. No recordaba haber cerrado los ojos, pero los abrió de golpe. Era algo de lo que no habían hablado; ¿cómo no habían hablado de eso? ¿Y si estaban en páginas completamente diferentes?
—¿Ron?— le susurró agitada, esperando que no se hubiera dormido.
—¿Mmm?— le llegó la voz somnolienta del chico desde algún lugar por encima de la cabeza.
—¿Cuántos hijos quieres tener?— soltó antes de pensárselo mejor, alejándose de él lo justo para poder mirarlo a la cara.
—Emm…— Ron parpadeó un par de veces, claramente confundido por la pregunta. Hermione entró en pánico; ¡no era el momento de tener esa conversación! ¿Cómo podía ser tan poco racional? Esa noche habían tomado la decisión más importante de sus vidas, y ahí estaba ella, presionándolo para tomar otra. Estaba a punto de decirle que se olvidara de la pregunta, cuando le contestó—. No sé, ¿dos o tres? No demasiados; por experiencia, te puedo decir que las cosas usadas no son divertidas.
Hermione dejó escapar un suspiro de alivio de inmediato. No estaba segura de qué se esperaba que le contestase; una pequeña parte de ella creía que quizás no querría tener hijos, mientras que otra esperaba que le dijese que quería tener unos ocho. Sin embargo, la respuesta de él fue mucho mejor.
—¿Está bien?— inquirió Ron inseguro cuando ella no respondió—. Quiero decir, podemos tener solo uno si quieres. O también más, pero supongo que prefiero menos de siete. Aunque si de verdad quieres tantos, también está bien; quiero decir, son nuestros hijos, los querría igualmente, ya lo sabes…
—Ron— Hermione se echó a reír llevándole un dedo a los labios para hacerlo callar—. Dos o tres suena perfecto.
—Genial— Ron soltó su propio suspiro de alivio—. ¿Niños o niñas?
—Cualquiera— respondió Hermione acurrucándose de nuevo sobre él—. Aunque no estaría mal tener uno de cada, ¿no crees?
—Sí, eso sería genial— alegó Ron satisfecho.
—Creo que tenemos que esperar un par de años— le dijo Hermione con sinceridad—. Tenemos que ahorrar para una casa y eso.
—Sí— Ron estuvo de acuerdo—. Y yo voy a tener que estar en posición para optar a un trabajo de oficina, lo que probablemente me llevará un par de años.
—No tienes que…— comenzó a protestar Hermione, pero Ron la interrumpió tan pronto como empezó.
—Sí, lo tengo que hacer. Mi trabajo siempre va a ser peligroso, pero si vamos a formar una familia quiero estar lo menos posible en el campo. Te prometí que no te iba a dejar, ¿vale?
—Está bien— concedió Hermione preguntándose cómo diablos había tenido tanta suerte de enamorarse de un hombre tan maravilloso. Se alejó de nuevo de él, esta vez para darle un largo beso en los labios—. Gracias, Ron.
—¿Por qué?— le preguntó tirándole cariñosamente de un rizo.
—Por pedirme que me case contigo— replicó ella a pesar de que sabía que era una tontería.
Ron arqueó una ceja pero no se burló de ella, tal y como esperaba.
—Gracias a ti por decir que sí— le dijo en su lugar.
—Siempre iba a decir que sí— le dijo satisfecha dándole otro beso en los labios, esta vez más rápido.
—Y yo siempre te lo iba a pedir, así que supongo que no es ninguna sorpresa— bromeó Ron—. Pero es bueno grabarlo en piedra, ¿no te parece?
—Sí, y en una muy bonita— Hermione volvió a mirar el anillo.
Ron puso los ojos en blanco ante la broma.
—Tú eres muy bonita.
—¿Soy una piedra preciosa?
—Ya sabes lo que quiero decir. Acepta el cumplido.
—Tú también eres bonito.
—Ni siquiera tengo energía para discutir— volvió a poner los ojos en blanco—. Me has agotado, mujer.
—Diría que ha sido una de nuestra mejores actuaciones— manifestó Hermione con descaro mientras se alejaba de él para poder colocarse en una posición más cómoda para dormir.
—Y supongo que eso ya es decir mucho. Somos bastante buenos— declaró Ron acurrucándose contra ella y envolviéndole un brazo alrededor de cuerpo.
—Somos perfectos— suspiró Hermione satisfecha entrelazando los dedos con los de Ron—. Buenas noches, amor.
—Buenas noches, preciosa.
Por el rostro de ambos se extendió una sonrisa; aunque la verdad es que no habían dejado de sonreír desde el momento en el que Ron había sacado el anillo en esa húmeda calle en la puerta de hospital. El último pensamiento de Hermione antes de quedarse dormida fue lo increíble que era que se pudiera quedar dormida entre los brazos de ese hombre el resto de su vida.
