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Sol de primavera

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Se había vuelto una especie de código entre ellos en su intimidad y al comienzo, había sido tan tímido que él ni siquiera se había fijado, pero con el tiempo comenzaron a repetirlo una vez… y otra, y otra más, que terminó volviéndose en algo cotidiano.

A Kotoko le encantaba ser dominada por su esposo. Le gustaba verlo enojado, cómo él le alzaba la voz diciéndole tonta y sobre todo, le gustaba en demasía a Kotoko, que le recordara que ella era suya, y de absolutamente nadie más.

Su habitación se sentía tan… cargada con ároma a sexo, que realmente para ambos, era un deleite más el estar compartiendo eso y como Kotoko se retorcía entre las sábanas de su cama al sentir el suave y leve toque de sus manos en su desnudo abdomen hacían que Naoki sintiera una reinvención en su tan dinámico matrimonio.

—Nnngh. — los suaves gemidos de ella amordazados contra su palma para evitar gemir más alto, hicieron que la temperatura de Naoki aumentará en gran medida, mordiéndose el labio al verla así, tan vulnerable.

Una de las manos de Naoki se paseó por la silueta de ella, lenta y tortuosamente, hasta acunar su rostro con suavidad para comenzar a besarla de manera insistente, mientras ella respondía agitada y emocionada aquel descargo de besos.

—Quiero tener un bebé — le confesó a su esposa, mordisqueando su cuello, la cuál se tensó bajo él, bajando levemente las manos.

—¿Lo dices de verdad? —preguntó ilusionada, con sus ojitos brillando haciendo que él sonriera con el ego inflado. La suave sonrisa que le regaló Irie logró que ella sintiera mariposas en su estómago, que le indicaba que era cierto. —Entonces… ¿deberíamos practicar para hacer un bebé?

No pudo evitar darle una sonrisa a su esposa, mientras esta se retorcía al sentir las manos de él bajando con suavidad por su cuerpo, la mano que estaba libre se había metido por debajo de su camisón, tocando su abdomen con cuidado, acariciando su cuerpo. Se acercó más a ella, comenzando a besar su cuello con cuidado, terminando en empezar a mordisquear su cuello, haciendo que Kotoko se retorciera entre gemidos ahogados.

—Me gustaría que empezáramos a practicar mucho más. —susurró con voz ronca contra ella.

Kotoko sintió todos los vellos de su cuerpo erizarse, estaba tan excitada que realmente intentaba mantener su mente.

—Kotoko, te estoy hablando.

Su voz ronca y la proximidad de su cuerpo hizo que la chica soltara un gemido involuntario.

—¿S-sí, Na-Naoki-kun? —gimoteó contra sus labios con una sonrisa leve al poder tener así a su marido.

—Dime que quieres.

Esa dominancia le gustaba. Las manos de Naoki eran tan rápidas, incapaces de seguir el hilo de pensamientos de Kotoko. Él estaba acariciando sus senos, golpeando con suavidad los pezones erectos de ella, mientras bajaba del cuello, repartiendo besos entre sus clavículas y pecho, llegando por fin al lugar tan esperado, atrapando su pezón y sus senos entre sus labios, chupando y mordisqueando, causando que la pálida piel de Kotoko se tornara rojiza, dejando marcas que él había estado ahí, que nadie más que él tenía el placer de estar ahí.

Estaban casados hace tantos años, que él conocía cada punto débil de su esposa, y mientras ella se revolcaba entre gemidos ahogados, utilizó su otra mano, bajando con suavidad hasta la entrepierna desnuda de ella, sonrió confianzudamente al sentir la húmedad de la vulva de Kotoko pero aún así, tuvo la osadía de llevarse las manos a la boca y lamer sus dedos solo para sentir el sabor a Kotoko, acarició su clítoris con los dedos mezclados con la húmedad de ella y su propia saliva, para comenzar a estimularla de todas las maneras posibles. Mientras él la masturbaba con delicadeza y chupaba y mordisqueaba sus senos, Kotoko se sentía entre las nubes, demasiado eufórica a decir verdad,

Los gemidos de Kotoko disminuyeron, causando una desagradable sensación en él, y la vió tapándose la boca mientras gemía al sentirlo a él pellizcar con suavidad el clítoris.

—¿Quién te dijo que debías taparte la boca, Kotoko?

Su voz ronca hizo que Kotoko se sintiera en las nubes y lentamente retiró su mano de su boca, mostrando sumisión ante él. Lo que le pidiera estaba dispuesta a hacer.

—¿Qué es lo que quieres, Kotoko? —Volvió a repetir, mientras masajeaba con suavidad sus senos y apretaba sus pezones, al mismo tiempo que su otra mano aún estimulaba su clítoris.

—Yo… yo…

Viéndola ahí, tan indefensa, con las mejillas sonrojadas, desnuda por completa, con la respiración entrecortada, clamando por más y más, imposible callando sus gemidos que a él tanto le gustaba escuchar, sobre todo porque esa faceta de Kotoko absolutamente nadie más la vería, nadie más que él.

—¿Quieres mi pene, verdad Kotoko? Eres una pequeña sucia, estás tan desesperada…

—S-sí Naoki-kun, quiero… quiero tu pene, por favor, por favor… —la voz entrecortada de ella pidiendo aquello, sintiéndose tan deseosa de que él por fin lo hiciera tras torturarla tanto. —Te quiero dentro mío.

Fue como música para sus oídos, increíblemente dulce mientras ella gemía a viva voz al sentir los dedos de él acariciando el clítoris y comenzando a introducirse en su vagina con delicadeza, estimulando lo máximo posible a su esposa. Kotoko se sentía tan mojada que en cualquier momento podría explotar.

—Me voy a correr, Naoki… —Susurró a media voz.

—¿Quién te dió permiso para eso?

—Por favor —clamó con suavidad, él entrelazó su mano con la de ella, en un simple acto de permitirle aquello. —Mmmm… —gimió desesperada mientras terminaba, sintiendo aquella corriente que le recorría el cuerpo por completo, desde la punta de sus pies hasta la .

A pesar de que eso había sucedido, Kotoko entendía que recién ahora Naoki iba a comenzar su juego. Agradecía enormemente que su marido fuera tan bueno y pudiera hacerla acabar dos o tres veces cada vez que estaban juntos, por lo que era muy afortunada, según sus amigas.

Naoki se preocupaba de que ella disfrutara tanto, o más, de lo que él podía hacerlo. Y era, básicamente, porque a él le interesaba que ella estuviese lo más satisfecha posible antes de que se unieran.

El juego previo duraba bastante, pero eso les había hecho tener una relación de matrimonio bastante estable.

 

—Naoki-kun… —aquella juguetona voz diciendo su nombre encendió en Naoki algo que tenía encerrado desde hacía mucho tiempo. Kotoko nunca lo llamaba así. — Te debe doler eso… ¿quieres que te ayude?

Y ahí salía la versión desvergonzada de su esposa, que la dominaba cada vez que él le hacía esos pequeños trabajos donde la hacía tener orgasmos. Esa Kotoko que de alguna manera, era tan distinta a la dulce esposa que tenía.

Las manos de ella comenzaron a bajar por su abdomen, con lentitud para acariciar todo lo que pudiera hasta llegar al falo, el cuál sostuvo con sus manos y empezó a subir y bajar, en un suave vaivén estimulando la erección de él. Se incorporó para quedarse frente a él.

Kotoko acababa de tomar ventaja y control sobre la situación. Se arrodilló en la cama, para agachar su cabeza y mirar el pene de Naoki con una leve sonrisita traviesa en su rostro.

—El pene de Irie-kun es tan bonito… —susurró contra el glande antes de dar un suave beso ahí.

Un agitado gemido salió del pecho de Naoki al sentirla ahí. Había descubierto eso por mera casualidad un día cuando él volvía del trabajo muy cansado. No era sorpresa que ambos fueran vírgenes cuando se casaron, y sus experiencias sexuales las habían vivido entre ambos, aprendiendo. Hasta que un día, Kotoko lo lamió y todo cambió. Una nueva práctica que llevó a cabo que sorprendentemente, la muchacha amaba hacer porque adoraba ver las caras de placer que ponía.

—Naoki-kun… —susurró, mirando hacia arriba para hacer contacto visual con él. —¿qué quieres que haga?

La respuesta de él fue automática, llevando su mano hacia el cabello alborotado de ella para dirigir su cabeza hacia la base del pene, mientras ella lo introducía a su boca, saboreando el líquido preseminal que había soltado él.

El silencio de la habitación se vio interrumpido por el gorgoteante sonido lascivo que sonaba mientras Kotoko subía y bajaba, chupando y recorriendo con la lengua toda la base del pene y él guiaba la velocidad a la que ella subía y bajaba. El aire entremezclado con sonidos lascivos era adornado con los gemidos graves de aquel hombre que pronto llegaría al orgasmo.

Los músculos de las piernas se tensaron y Kotoko intuyó que él iba a correrse. Afianzó el vaivén, ahora más rápido y enérgico, buscando satisfacer a Naoki en su totalidad, chupando y deslizando la lengua.

—Kotoko, apártate, me voy a correr… —gimió a media voz, intentando que ella lo escuchara, pero la mujer solo afianzó más el vaivén, aferrándose ahí. Una electricidad le recorrió el cuerpo entero a Naoki, justo antes de correrse en la boca de Kotoko, quien sin decir nada y sin hacer pucheros ni poner cara de asco, se tragó hasta la última gota de semen que había en su boca. —No puedo creerlo… —comentó él, recuperando el aliento al sentir cómo su pene por fin era liberado de la lasciva boca de Kotoko. —Te ves tan tierna, quién creería que haces eso.

—Sólo lo haría contigo, porque es algo tuyo. —comentó haciendo un puchero, sentándose encima de él a horcajadas, juntando sus ingles. — Además… Esto es algo que solo yo hago contigo, Irie-kun.

Lo bueno del asunto, era que Naoki se había erecto de nuevo al tener tan cerca a Kotoko. Él se incorporó para que su espalda estuviera alineada con el respaldo de la cama, teniendo a Kotoko desnuda encima de él, ahora en una posición perfecta para estimularla mientras tanto.

—¿Por qué sólo lo harías conmigo?

—¿Y te preguntas por qué? Que malo eres conmigo —susurró en un puchero contra sus labios, moviendo con suavidad su cadera para que su vagina rozara el pene erecto de él, humedeciendo la cabeza con aquel movimiento. — es porque soy tuya… sólo tuya, hasta que la muerte nos separe.

—Tengo la teoría de que, si morimos, en el más allá también me seguirás. —Le murmuró contra los senos de ella.

—Claro que sí, porque te amo. —respondió la chica con sencillez.

Se detuvo solo para besarla, porque la amaba tanto como ella no podía imaginar.

—Eres mía Kotoko. Mía y de nadie más. —una de sus manos bajó hasta su pene, para acomodar el miembro, alineando la vagina de Kotoko para comenzar a entrar en ella con suavidad. — Mía, mía… sólo mía.. — Los labios de él estaban delineando el cuello de ella con delicadeza, besando y marcando el mismo de su esposa con distintas mordidas ahí.

Naoki jadeó, abriéndose paso en el interior estrecho de ella mientras soltaba un gemido. El cuerpo de Kotoko se agitó con suavidad al sentir a su esposo por fin dentro y su interior se encogió en una sensación de fuego abrasador que la quemaba por dentro. Un gemido ahogado salió de los labios de la chica. Incapaz de hilar palabra, solo atinó a abrazarse a él, bajando de golpe esa distancia que había aún entre ambos. Estar en esa posición hacía que Kotoko disfrutara de todo el largo de su esposo, entrando en ella de manera tan profunda que los pocos pensamientos que tenía, ya no los podía hilar.

Estaba perlada en sudor al igual que él, mientras que estaba sentada a horcajadas de Irie y sentía como todo de ambos se fusionan en un lascivo sonido, se dio cuenta su cuerpo recibía al de Naoki como si fuesen piezas que estuvieron siempre conectadas, se acercó para besarlo con fiereza, imbuida en aquel sentimiento eufórico que estaban compartiendo.

La habitación entera se llenó de gemidos escandalosos de parte de ambos. Olvidándose del mundo, disfrutando que se amaban, Naoki en un rápido movimiento cambió de posición a Kotoko, dejándola con la espalda contra el colchón, alzando una de sus piernas y comenzó a penetrarla lento y profundo, haciendo que la chica se derritiera y gimiera más alto, sin siquiera detenerse que era demasiado tarde. Su mano viajó hasta su clítoris, estimulando con rapidez. Una de las manos de Naoki apretó sus senos, mientras las bocas de ambos soltaban gemidos tras gruñidos al sentirse contra el otro.

—Irie-kun me voy a correr —gimoteó la chica desesperada, con aquella sensación eléctrica recorriendo su cuerpo. Él no alcanzó a decir más porque en el momento que el cuerpo de Kotoko se contrajo, él terminó por correrse dentro de ella, soltando un leve gruñido. —¿pudiste terminar? — le preguntó en un suave jadeo.

—Sí. —respondió, recuperando el aliento. Bajo de él se veía tan indefensa y preciosa que atesoró ese momento en su mente. —que bueno que si veo una cosa una vez lo memorizo. —le comentó en una pequeña risa, mientras besaba su mejilla con suavidad. —Te amo, Kotoko.

La chica lo miró totalmente enamorada, igual que desde el primer día. Con los ojitos brillantes y emocionados, se acomodó al lado de él, descansando en su pecho.

—Neee… Irie-kun. —comenzó la muchacha con timidez, Naoki intuyó que de algo quería hablar. Se había hecho costumbre que cada vez que tenían sexo, terminaban hablando. Y eso, otra vez, era bueno para el matrimonio. —Yo también te amo.

—Dime que pasa por esa linda cabecita tuya, tienes algo atorado.

Kotoko se quedó en silencio un segundo. Luego, se armó de valor para preguntar.

—¿Cuándo dejaste de odiarme?

—¿Odiarte?

—Sí…. ya sabes… cuando… cuando volví a casa tras haberme ido… realmente pensé que me odiabas mucho. Y lo demostrabas bastante… —tragó con suavidad, mientras veía a Kotoko luchar y escoger las palabras adecuadas. — Nunca dijiste… si te molestaba mi presencia ahí, y tampoco si me odiabas o no.

Si en algún momento por alguna obra del Dios más inteligente del mundo, podía viajar al pasado a decirle una sóla cosa a su yo de 17 años, sería darle un puñetazo en la nariz por tratar a Kotoko así. Realmente, no podía entender cómo había sido tan antipático con ella al comienzo. Y no podía hacer más que tratar de reparar aquellos errores que había tenido su inmaduro ser.

Acarició el cabello de su esposa con cuidado, eligiendo las palabras correctas. Sabía que si decía algo mal, Kotoko lo recordaría por otros diez años y él no se podía permitir herirla.

—Nunca te odié. —confesó, mientras veía como ella alzaba la cabeza, confundida. — Absolutamente nunca. Aunque, si me parecías desesperante. Y berrinchuda. E increíblemente tonta.

—Pero aún así te gusté. —soltó una pequeña risa cómplice en busca de burlarse de él.

—Demasiado.

—¿Cuando te comencé a gustar?

—Kotoko, hay que dormir. —le recordó él, acariciando la espalda de ella con delicadeza.

—¡Poooor favooor! —gimoteó haciendo un puchero.

—Bien, bien, silencio con esa voz chillona. Fue… ¿Recuerdas cuando comenzaste a entrenar para superarme en los estudios?

—Cuando quedé en el puesto 99 en la escuela, ¿no?

—Sí, ahí.

Kotoko pareció unir hilos y se levantó indignada para darle un almohadazo, sacando una risa descarada de Naoki al verla así, inflando los cachetes de la indignación.

—¡Me hiciste sufrir dos años enteros! Que malvado eres.

—Mamá nos habría casado la siguiente semana y lo sabes.

Y ahí la perdió, mientras Kotoko soñaba despierta de cómo habría sido esos días estando casada con él, siendo tan jóvenes.

—¿Y por qué me besaste la primera vez?

—¿Cuándo Kinnosuke se estaba declarando a ti en una canción mal cantada?

—¡Yo no sabía que Kin-chan estaba haciendo eso hasta mucho después! —De nuevo ese mohín, inflando las mejillas de la indignación.

—Sólo quería que me amaras a mi. —respondió sereno. Estaba comenzando a sentir sueño y los cálidos brazos de su esposa lo mandarían pronto a descansar.

—Eso no era justo, yo ya te amaba solo a ti. Buenas noches, Irie-kun —le alcanzó a escuchar antes que se quedara dormido abrazándola.

Esa fue una de las primeras noches donde tuvo un extraño sentimiento al despertar. Recordaba vagamente el sueño que había tenido, uno donde su esposa jugueteaba con una pequeña niña de más o menos cinco años, corriendo y saltando alrededor. Fue una mañana donde despertó sintiendo que algo le faltaba.

Bajar a desayunar había sido de esas cosas complicadas porque Kotoko no quería desprenderse de Naoki, el cuál entre una risa divertida le dijo que no fuese tan niña. Cuando estuvieron sentados frente a su familia, Noriko puso un gran plato de desayuno frente a ambos.

—¿Mamá? ¿Por qué nuestros platos están tan llenos? —se quejó el chico.

—Porque Oni-chan y Kotoko-chan anoche se esforzaron muchísimo. —Soltó aquella bomba con una risita cómplice, sosteniendo el cucharon con cuidado.

Kotoko se quería morir, y Naoki pensó que lo mejor era morir. Entre el sonrojo y la angustia de que toda la casa los había escuchado, ambos terminaron comiendo su desayuno en silencio, sin refutar nada.

Pero ambos se miraron de manera completamente enamorada aquella mañana, porque los dos sabían que su relación había cambiado una vez más.

Notes:

Si, habrá una segunda parte con sexo.¿?

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