Chapter Text
Al escuchar su problema de fertilidad, Shuri se congeló por un momento. No se imaginó que eso fuese un altibajo en una relación con una persona como ella o sus versiones multiversales. La mayoría del tiempo nunca se imaginó con hijos, solo con su laboratorio y tal vez algún gato, ese problema se le hacía demasiado adulto, demasiado a futuro, y fue cuando cayó en la cuenta de que Neo Shuri ya estaba casada y posiblemente tenía otras prioridades.
Namor Azteca continuó con su relato:
—Ella no me lo dijo en un principio, pero siempre ha deseado tener al menos un hijo mío. A pesar de que le demostré cuanto la amaba cada día, comenzó a temer que yo olvidara todo lo que vivimos cuando ella falleciera. Deseaba dejarme algo más que recuerdos y creaciones suyas, quería regalarme una familia para cuando ella ya no estuviera, yo siguiera sintiendo el calor de los suyos como propio.
Shuri empezó a parpadear. A pesar de no vivirlo, Neo Shuri conocía la crueldad de la soledad, y no quería que nadie a quien amara viviese aquello. Parecía casi irónico saber cómo ella vivía en ese mundo: oculta, sin familia, ni reino, ni nadie.
Namor Azteca se quedó callado, seguramente viendo su reacción, pero ella le hizo un diminuto gesto con el labio que le decía que continuara, y él lo hizo, entendiéndola perfectamente.
—Hizo varios experimentos a escondidas de mí. Sabía que, si yo sabía, Quetzalcóatl sabría, y eso lo ofendería de sobremanera ya que estaría rebelándome contra una de sus limitantes impuestas. Aun así, no obtuvo ningún resultado satisfactorio incluso en su laboratorio principal, por lo que en muchas ocasiones la veía frustrada. Pasó casi un año hasta que la confronté, y ella con lágrimas en los ojos me confesó lo que intentaba hacer…
—Quetzalcóatl obviamente se molestó, y yo por primera vez en mi vida, no supe que hacer ni que decir. Ella era mi mujer, mi complemento, y la amaba, pero él era la razón por la que estaba en donde estaba. Él y yo siempre habíamos estado juntos, compartíamos mi cuerpo y a veces mi mente, aquella declaración me hizo sentir como si debiera escoger entre dos partes de mi vida que no sabía que eran mutuamente excluyentes hasta ese momento.
Por primera vez en su charla, Namor Azteca se detuvo para tomar aire. No porque lo necesitara, sino porque estaba a punto de decir algo que le incomodaba. Shuri no lo presionó.
—Pasaron otros cuantos meses llenos de silencios incómodos hasta que finalmente Quetzalcóatl me dijo que se había aburrido de mí, teníamos casi 500 años juntos y dijo que eso lo hacía sentir viejo, así que no dejaría que esa cantidad de años lo marcaran, por lo que iba a buscar otro Avatar, o tal vez se tomaría su tiempo y primero iría a alguna fiesta descontrolada de Zeus y después buscaría algún sucesor, aunque para eso igual podrían pasar 100 años más…
—Al revelarme eso, también me aclaró que, al momento de dejarme, si bien podría seguir usando mis alas, perdería todas las habilidades sobrenaturales que poseo, por lo que volvería a ser un humano con una vida limitada, y volvería a cargar con todo lo que eso significaba, incluida "la maldición de poder tener esas cosas llamadas hijos que son un dolor de cabeza", según sus palabras… Todo eso me lo dijo en medio del llanto.
—NO ES CIERTO. —Se escuchó de su boca, pero era una voz distorsionada tal como la que Shuri escuchó en la reunión, eso lo había dicho Quetzalcóatl, y a pesar de las emociones contrariadas, ella se permitió sonreír un poco. Ese Dios le caía bien.
—Es cierto. —Afirmó Namor Azteca cuando volvió a tener el control de su cuerpo. Pero a pesar de poder reírse por la intromisión tan fortuita de su Dios, su rostro se puso serio. —No importa, de hecho. Esa conversación ocurrió en Tlalocan, y Shuri estaba en Haití de vacaciones con la familia de su hermano, por lo que no estábamos muy lejos y fui de inmediato a contarle… Cuando salí del agua, vi como llegaba Kang y su ejército.
—Yo… No me dio tiempo para pensar, apenas él llegó, lanzó sus ataques más poderosos. Soy rápido, pero, maldita sea, él lo fue más, cuando llegué a Haití encontré a mi esposa al borde de la muerte. T´Challa ya estaba peleando en ese momento, pero su esposa y su hijo seguían cerca, y él no estaba totalmente concentrado por estarlos vigilando, así que me los llevé a Tlalocan para protegerlos a todos… Y entonces… Yo…
Hubo un silencio, Shuri no se atrevió a hablar, ninguno de los dos lo hacía, y sólo se miraban el uno al mirada de Namor Azteca reflejaba dolor, y por un momento Shuri sintió que rogaba por algo de su consuelo…
Contra todo pronóstico la sensación de suciedad volvió hacia ella. El Killmonger de su mente le dijo que era una tonta, porque con solo ver su vulnerabilidad, todo el miedo y recelo que le tenía desapareció.
—TLALOCAN COMO SABRÁS, A PESAR DE SU ALIANZA, NO TENÍA LA TECNOLOGÍA NI EL PERSONAL NECESARIO PARA CURAR LAS HERIDAS DE LA REINA SHURI —Habló Quetzalcóatl, sacándola de su ensoñación, y Shuri sintió escalofríos al ver a dónde iba su línea de pensamientos.
Ella volvió a concentrarse en la situación, pero no la hizo sentir mejor, porque si Quetzalcóatl aceptaba formar parte de la plática, significaba que él igual apreciaba a Neo Shuri. Además, también significaba que la historia hería tanto a Namor Azteca que no podía continuar él solo con su relato.
—¿Qué le pasó? —Preguntó en un susurró.
—ESTABA MUY MAL HERIDA, PERDIÓ MUCHA SANGRE… LO ÚNICO QUE PUDIMOS HACER FUE METER SU CUERPO EN UNA CAPSULA DE CRIOGENO PARA CONGELAR SUS HERIDAS. NO ESTA MUERTA, PERO TAMPOCO VIVA. ESAS CAPSULAS NO SON TAN CONFIABLES MIENTRAS MÁS PASA EL TIEMPO…
—Wakanda ahora está siendo la base de operaciones de Kang, por lo que es imposible atenderla adecuadamente —Volvió a tomar el control del cuerpo Namor Azteca, pero su voz seguía estando ronca —Nos hemos infiltrado varias veces, pero es imposible llegar al laboratorio. Nos detuvimos cuando la general Ayo… Se fue. Fue un golpe muy duro para T'Challa, que ya no veía más opciones para salvar a su hermana…
—Yo estaba mucho más desesperado y planeaba ideas de infiltración cada vez más suicidas, hasta que me topé con tu Dr. Strange, que viajaba a los lugares donde estaba Kang, buscando algún tipo de debilidad. Nuestro mundo no sabía mucho, pero me presenté y le mostré mi habilidad de Avatar, le dije que aceptaba hacer cualquier trabajo que él me pidiera, y al verme poseído por Quetzalcóatl, me dijo que tenía una idea para derrotar al Conquistador. Si lo derrotáramos en este mundo, estaría debilitado en el mío.
—Y FINALMENTE LO VENCEREMOS Y SALVAREMOS A LA REINA SHURI.
—La salvaremos sí. —Apoyó a su Dios, aunque su voz sonaba apagada.
Shuri entendió de inmediato, mientras más tiempo estaba Namor Azteca alejado de Neo Shuri, más crecían las posibilidades de perderla. No sólo eso, él no podía decirle al Dr. Strange que se llevara a su esposa a algún otro mundo para tratarla, porque a pesar de ser parecidas, las dimensiones tenían ligeros cambios, por lo que los remedios de un mundo podían no funcionar en otro, incluso podían perjudicar mucho más a alguien herido de gravedad.
Vio de nuevo su rostro, mucho más cansado y ojeroso que el que ella había visto meses atrás con Namor Maya. El poder comparar ambos rostros le hizo comprender la magnitud del pesar que sentía, pero también su presencia frente a ella le mostró que estaba dispuesto a hacer todo para recuperar a su reina.
No se atrevió siquiera a decir en su propia mente lo que su corazón sintió.
—Lo harás —Apoyó, aunque sus palabras fueron vacías mientras su estómago se contraía al igual que sus puños y garganta —Este nuevo equipo sin duda derrotará a Kang, verás a Neo, no, Tu-Shuri muy pronto, sin duda…
—¿Qué ocultas? —Preguntó Namor Azteca de pronto, y ella se sintió pillada. Usualmente alguien que no la conocía aceptaría su solidaridad y no cuestionaría lo que ella estaba experimentando internamente, pero él conocía a Neo Shuri, y al parecer ambas eran bastante parecidas.
Podría mentir, pero sospechaba que él lo descubriría y seguiría presionando para saber su verdad, y para ese punto estaba cansada, pero también enojada.
—Conocí a Namor, a K'uk'ulkan, justo un año después de que T´Challa muriera. —Explicó de forma abrupta. —Yo… No estaba bien. Había perdido a mi hermano, mi mejor amigo, por culpa de una enfermedad que no pude sanar… Por varias… situaciones, no teníamos la Hierba en Forma de Corazón, y no la pude recrear a tiempo. Así que perdí a mi hermano, y Wakanda perdió a su Pantera.
Sentía la mirada sobre ella, pero cerró los ojos y habló rápido, en un intento de hacer que sus sentimientos no la sobrecargaran.
—Wakanda estaba indefenso sin su protector y empezaron los ataques para buscar Vibranio, tal como con ustedes. Hubo una maquina que se acercó a Talokan, y entonces Namor se apareció frente a mi madre y a mí en medio de una ceremonia de despedida. Exigió al científico que hizo el detector, y a pesar de nuestros temores, obedecimos. Buscamos al científico, pero cuando estábamos listas para partir, Attuma y Namora llegaron con la intención de llevarse a Riri.
Un gruñido salió de la garganta de Namor Azteca, ella fingió no escucharlo.
—Por más situaciones terminé en Talokan. Del punto de vista de ellos, como invitada, del punto de Wakanda, secuestrada. Cuando vi a Namor la primera vez… Me pareció alguien muy protector con los suyos, pero no mala persona, podría decirse que era lo que se esperaba de un rey, así que lo entendí. Por lo qué, a pesar de la situación, confiaba en que podríamos llegar a un acuerdo, y acepté conocer su historia y Talokan con él.
Apretó sus dientes con fuerza… ahí empezaba la parte difícil.
—Por un momento… por un momento confié en él. —Confesó. Y fue la primera vez que lo dijo en voz alta. El enojo que sentía entonces se convirtió en vergüenza, pero también fragilidad. —Yo… todo ese año después de la muerte de T´Challa me encerré en mi mundo, trabajé mucho más hasta durar días seguidos sin dormir, y después de dormitar 4 horas, seguía trabajando sin descanso. Nunca dije como me sentía porque pensaba que si no hablaba de él lo iría superando, pero cuando fue aquella ceremonia anual, entendí que no estaba afrontando el dolor, simplemente lo ignoraba, y cada vez me pesaba más.
—Namor y yo hablamos… Y estúpidamente fue la primera persona con la que me sentí en confianza para hablar de mi hermano, saqué todo: los buenos recuerdos, pero también el dolor y la culpa que aun cargaba. Él me miró justo como lo hiciste tú, me regaló un brazalete de su madre y me dio un consejo que me llenó de esperanzas de que todo saldría bien al final del día…
No lo podía evitar, estaba lagrimeando y los labios le temblaban. Tuvo que esperar un momento para tranquilizarse, por el movimiento de Namor Azteca, parecía que quería acercarse, pero también dudaba en tocarla.
—Por un momento le quise decir que quería ser una reina que amara tanto su pueblo como lo hacía él. Pero entonces recordé que mi objetivo era Riri, y quise negociar. No salió nada bien, a pesar de ofrecer quedarme en Talokan como garantía, Namor dijo que él deseaba guerra, Riri era sólo la punta de todo lo que se avecinaba, y él quería atacar primero, deseaba declararle la guerra al mundo, quemarlo, y solicitó el apoyo de Wakanda. Le dije que no… Y… más cosas pasaron… vinieron a rescatarme, pero la intervención cobró la vida de una Talokan, lo que significó una declaración de guerra para él…
—Namor, no Attuma, fue quien inundó Wakanda. Yo acababa de llegar, y a pesar de que pusimos resistencia, el ataque fue bastante violento. Él prometió que nos asesinaría a mi madre y a mí, pero cuando nos vimos frente a frente, se alejó… —Volvió a rechinar los dientes, y casi se muerde la lengua en el proceso —Tenía la adrenalina al tope, ambos estábamos enojados, pero una parte de mí se confió cuando él me dejó, perdonado mi vida. No sé si él se dio cuenta que aun utilizaba el brazalete de su madre, pero en ese momento seguía creyendo en él, y me quise enfocar en el rescate; si no había pérdidas humanas, aun podríamos tener una alianza.
—Entonces… Entonces vi como él explotó el castillo con bombas de agua, mi madre estaba dentro. L-Llegué lo más rápido que pude, Namor seguía ahí, viendo el resultado de su desastre, el cuerpo inerte de mi madre estaba frente suyo, y no hizo nada por ella. Simplemente me dijo "Eres la reina ahora".
Sin importarle su acompañante, Shuri gritó al recordar aquello tan vívidamente. Su corazón volvía a revelar que no había superado su trauma, y entonces gritó más fuerte con llanto y desesperación. No era justo, no era nada justo lo que le había pasado.
Abrió sus ojos y se abalanzó contra Namor Azteca, él no se defendió, y cayó de espaldas contra ella que le empezó a dar golpes en el pecho.
—¡No es justo! ¡Lo que me hizo no fue nada justo! ¡Namor me quitó al único familiar que me quedaba! ¡A pesar de que él conocía el dolor de la pérdida de una madre ME QUITÓ A LA MIA!
Shuri lloró con más fuerza, aunque ya no lo golpeó, usó sus manos para cubrirse los ojos y limpiárselos, sabía que Namor Azteca no tenía la culpa, pero necesitaba desahogarse, aún no había sacado todo lo que su corazón sentía, se estaba reprimiendo nuevamente, y era doloroso.
A pesar de seguir llorando encima de él, el Avatar de Quetzalcóatl no se movió.
—Toda mi familia está muerta. —Dijo con la voz mucho más baja pero quebrada por su garganta ronca —Sólo quedo yo. Antes estaba mal, pero ahora estoy peor: antes tenía la ciencia y a mi pueblo, pero ahora todo eso me recuerda a lo que he perdido y lo tengo que evitar. Sin ser princesa ni científica, no sé quién soy, estoy rodeada de gente, pero me siento tan sola y…
No pudo terminar la oración. Namor Azteca se acomodó de una forma tan rápida que la desconcertó, ahora él estaba sentado en el piso, y se acomodó para abrazarla en su regazo. Shuri sabía que debía de rechazar el abrazo, era el abrazo del enemigo, pero al sentir como él la sostenía; con una desesperación como si temiese que fuese a desaparecer, le correspondió y escondió su rostro en su pecho.
—Te odio. —Susurró y no le importó mojarlo con sus lágrimas. Comenzó a temblar, y sintió que él la apretaba más hacia sí en lugar de alejarla. —Bast, te detesto tanto.
—Tu Namor nunca debió de hacerte eso, perdón, perdónanos. —Se volvió a disculpar, su voz estaba asustada, pero aun así su disculpa parecía tan sencilla y natural para él. Eso le dolió más.
—No, me refiero a ti, Namor Azteca, a ti también te odio. —Dijo, pero sin soltarse de su abrazo. —Yo confié en Namor, le abrí mi corazón y pagué caro. Creí que eso era por ingenuidad, que la atracción que sentía hacía él fue algo como admiración o algo así. Pero aquí estás, demostrándome que la vida es injusta conmigo porque tú y tu Shuri se amaron tanto que llegaron a casarse. Neo Shuri está herida e inconsciente, pero tiene a un Namor que viajó a través del multiverso en un intento de salvarla, tiene a su hermano luchando por ella y su familia, y hasta el Dios de la Serpiente Emplumada se preocupa por su bienestar, tanto que aceptó romper el vínculo que tiene contigo para que puedan tener hijos.
—¿Y yo? —Reclamó mientras se atrevía a mirarlo —Mi Namor cumplió su palabra, me mató, pero de una forma mucho más dolorosa, me mató en vida quitándome todo lo que amaba. No tengo motivación, huyo de Wakanda, abdiqué de mi título de reina, la ciencia ya no me atrae y mi corazón está quebrado. Yo… Yo también estoy quebrada, y nadie quiere a una persona quebrada cerca suyo. Solo acepté esta misión para hacer a mi sobrino feliz, pero… creo que no es suficiente.
Volvió a esconderse en el pecho de Namor Azteca mientras él le acariciaba el cabello. Era doloroso sacar todas aquellas ideas, técnicamente estaba admitiendo que estaba celosa de una mujer moribunda que era ella misma, pero a pesar de lo irracional de la situación, no se sentía juzgada, y por un momento sintió un leve destello de confianza y tranquilidad.
—Por supuesto que no es suficiente. —Le dijo él, ahora la había acomodado para que su cabeza estuviese entre su hombro y su cuello. —Sí tu Namor posee, aunque sea una célula igual que yo, vas a presentarte ante él, y le dirás todo lo que has perdido. Ahora tienen una alianza ¿No? Le dirás que ahora tú también eres su pueblo, y él como dios/rey debe de velar por todos sus súbditos, incluyéndote. —Dijo, y entonces su voz se volvió mas firme.
—Él se debe de responsabilizar de ti. Si tienes deseos de llorar, él deberá de consolarte. Si tienes una noche de insomnio, él deberá de desvelarse contigo. Si deseas gritar y golpear algo, él deberá ser la primera persona en tu campo de visión. Si te sientes sola, deberá acompañarte hasta que te hartes de él, incluso un poco más. Él te lastimó, pero ahora es tu aliado, y debe de asumir todas las consecuencias.
—INCLUIDO TU DOLOR.
A Shuri le dio alivio la intervención de Quetzalcóatl. Al parecer ella también se había ganado el aprecio del Dios, y eso la hizo sentir un poco mejor. No supo en qué momento dejó de llorar, pero sospechó que fue cuando él le dijo su plan. A pesar de ser absurdo, le gustó como sonaba aquello, parecía tan sencillo, tan fácil de realizar…
—Tú no eres él. —Soltó, mientras intentaba alejarse. El haberlo atacado y luego llorando, la habían cansado, y ahora sentía como un dolor de cabeza comenzaba a punzarle a tal punto de que un zumbido llegó a sus oídos. Tal vez sería buen momento para ir a descansar en su habitación y permitirse no pensar en nada.
Aunque antes de ponerse de pie, Namor Azteca la volvió a acercar hacia él cerrando su visión, mientras con sus alas se levantaba para así cargarla en sus brazos.
—No soy él, él deberá de ser mejor. —Le contestó seguro. —Y dejaré la vara alta, permíteme llevarte en mis brazos a tu habitación.
Ella sorprendentemente se quiso reír. Quiso decirle que podía caminar, pero entonces su cuerpo le dijo que estaba agotado, o que en definitiva por primera vez en mucho tiempo no sentía que debía de estar a la defensiva, que se sentía cómodo y relajado. Por lo que asintió con la cabeza mientras Namor Azteca comenzaba a caminar.
Al día siguiente posiblemente Killmonger le diría que era una estúpida necesitada de un abrazo que aceptaba consolarse con quien fuese, incluido el hombre que tenía el mismo rostro de un asesino, y tal vez tuviese razón y se tardaría horas en bañarse y no podría tocar el desayuno, pero… A pesar de que no fuese el Namor de su mundo, sabía que en esos próximos días alguien estaría preocupado por ella.
Y eso la confortó tanto que, por primera vez en mucho tiempo, tuvo un sueño sin pesadillas.
Dr. Strange sabía que posiblemente se ganaría el odio de la Pantera Negra y sus guardaespaldas cuando se enteraran de lo que hizo. Pero la princesa Shuri no parecía tener ninguna habilidad Avatar, además, su estado mental parecía delicado, y no se podía arriesgar a cometer algún fallo.
M´Baku fue mucho más reacio a compartirle los datos del Namor de su mundo, pero cuando él le dijo que sabía de la existencia de la caracola, no tuvo más opción que entregársela. Y a pesar de que ambos hombres fueron a entrevistarse con él, Stephen tuvo que luchar un par de horas contra Namor Maya para lograr convencerlo de que se uniera a su nuevo grupo. Él tampoco era Avatar, pero estaba mucho más cerca de lo que estaba la princesa Shuri, aunque no lo dijo en presencia del Rey regente.
Este Namor no era sádico, pero si mucho más violento y sociópata con respecto al mundo de la superficie que el primer Namor que conoció. Sin embargo, tenían personalidades parecidas, ya que ambos eran bastantes protectores con los suyos, por lo que finalmente aceptó reunirse a su nuevo grupo. Tal vez fue por su explicación de que Talokan no estaría a salvo incluso estando entre las profundidades, o porque entre los miembros del futuro equipo, mencionó a la Pantera Negra.
Dudó en decirlo al inicio, pero finalmente lo hizo cuando la lógica le dijo que Namor Azteca estaba casado con su Shuri, así que tal vez este Namor tuviese, aunque sea, un sentimiento de atracción hacia la princesa de su mundo. Y aunque ella pareciese que quisiera matarlo apenas tuviese oportunidad, era algo que podía utilizar a su favor si sabía mover bien los hilos.
Porque al parecer para ser líder, no sólo necesitaba ser hechicero o mago, sino también titiritero.
…
A causa de los preparativos que tuvo que dejar K'uk'ulkan tras su partida repentina, llegaron a El Cairo en la noche. El edificio se veía vacío, -o los Avatares estaban durmiendo, o de fiesta-, pero no había nadie quien viese al nuevo invitado.
Sin embargo, al dar pocos pasos, escucharon un grito que provenía el techo, era de mujer, y parecía bastante doloroso, por lo que Stephen se encaminó hacia el origen del sonido, pidiéndole a Namor que lo acompañara.
Cosa que hizo de mala gana.
—… ¡Namor me quitó al único familiar que me quedaba! ¡A pesar de que él conocía el dolor de la pérdida de una madre ME QUITÓ A LA MIA!
Cuando ambos llegaron a la cúpula más alta del Sanctum Sanctorum, pudo identificar la voz de aquel reclamo, era la princesa Shuri, que tenía tirado boca arriba al primer Namor mientras ella estaba encima de él, golpeándolo en el pecho.
A pesar de que él no se movía, Stephen podría ver que los golpes de la joven eran mucho más fuertes de lo que pensaba. Eso dolería sin duda, pero su invitado no parecía afectado en lo absoluto.
—Toda mi familia está muerta. —Dijo ella en medio del llanto, y entonces él entendió que seguramente estaban hablando de sus historias. Se regañó al pensar que ellos no hablarían. La princesa Shuri odiaba al Namor de su mundo, pero él amaba a la reina Shuri del suyo, era obvio que buscaría un momento para acercársele; si ambos hombres eran iguales, seguramente ellas también lo serían. Y era obvio que, por su situación, él se desviviría por escuchar su voz un momento, no importa que solo obtuviera gritos y reclamos.
—Solo quedo yo. Antes estaba mal, pero ahora estoy peor: antes tenía la ciencia y a mi pueblo, pero ahora todo eso me recuerda a lo que he perdido y lo tengo que evitar. Sin ser princesa ni científica, no sé quién soy, estoy rodeada de gente, pero me siento tan sola y…
Parecía que el Avatar de Quetzalcóatl le prestaba atención a ella, sin embargo, por un microsegundo, hizo contacto visual con K'uk'ulkan, y rápidamente giró a la chica. Tal vez pareciese que sólo la estaba abrazando, pero Stephen notó que la había giro de tal forma que ella les daba la espalda a ellos, solo los podía mirar él.
Stephen miró hacia su acompañante, pero él solo estaba con el rostro serio viendo la escena. Estaba interesado, sí, pero igualmente podría estar interesado en ver a alguien con su mismo físico a pocos metros de distancia. Ese hombre sería más difícil de interpretar.
La princesa le dijo algo a él, y entonces Quetzalcóatl le respondió. Stephen no alcanzó a escuchar, pero K'uk'ulkan movía las orejas de forma peculiar, demostrándole que escuchaba todo con perfecta calidad. Él tuvo que hacer un hechizo rápido para poder seguir el resto de la conversación.
—… Yo confié en Namor, le abrí mi corazón y pagué caro. —Decía la princesa, y entonces Stephen volteó hacia su acompañante… al parecer ambos si habían llegado a algún punto donde involucraron sus sentimientos. No supo si fue para bien o para mal, pero se concentró en escuchar la plática mientras observaba el rostro del nombrado, tal vez así pudiese saber que pensaba realmente.
—… Creí que eso era por ingenuidad, que la atracción que sentía hacía él fue algo como admiración o algo así. Pero aquí estás, demostrándome que la vida es injusta conmigo porque tú y tu Shuri se amaron tanto que llegaron a casarse. Neo Shuri está herida e inconsciente, pero tiene a un Namor que viajó a través del multiverso en un intento de salvarla, tiene a su hermano luchando por ella y su familia, y hasta el Dios de la Serpiente Emplumada se preocupa, tanto que aceptó romper el vínculo que tiene contigo para que puedan tener hijos… ¿Y yo? Mi Namor cumplió su palabra, me mató, pero de una forma mucho más dolorosa, me mató en vida quitándome todo lo que amaba. No tengo motivación, huyo de Wakanda, abdiqué de mi título de reina, la ciencia ya no me atrae y mi corazón está quebrado. Yo… Yo también estoy quebrada, y nadie quiere a una persona quebrada cerca suyo. Solo acepté esta misión para hacer a mi sobrino feliz, pero… creo que no es suficiente.
El puño de Namor Maya se apretó cuando ella dijo que estaba quebrada. Fue un cambio pequeño, pero sus fosas nasales se ancharon más, y su respiración se hizo más sonora.
Ahí había algo.
Aún así su postura seguía igual, hasta que de nueva cuenta Namor Azteca los miró a ambos. Había odio en su mirar, y Stephen lo entendió: tenía en sus brazos a la persona más parecida -y cercana- a su esposa en su momento más vulnerable, contándole cuanto había sufrido por la pérdida de sus seres queridos, uno a manos de la persona que tenía a escasos metros de distancia.
No importaba que ambos tuvieran el mismo físico, era notorio el deseo del Avatar de Quetzalcóatl por golpear a K'uk'ulkan. Eso podría causarle problemas a futuro, pero entonces el segundo Namor hizo un gesto con el rostro, también ligero, pero que el Dr. Strange reconocía muy bien: celos.
—Sí tu Namor posee, aunque sea una célula igual que yo. Vas a presentarte ante él, y le dirás todo lo que has perdido. Ahora tienen una alianza ¿No? Le dirás que ahora tú también eres su pueblo, y él como dios/rey debe de velar por todos sus súbditos, incluyéndote. —Hablo el Avatar, y parecía que aquello se lo decía tanto a ella como a su contraparte, porque lo seguía mirando intensamente.
—Él se debe de responsabilizar de ti. —Sí, en definitiva, por su tono, eso iba para K'uk'ulkan —Si tienes deseos de llorar, él deberá de consolarte. Si tienes una noche de insomnio, él deberá de desvelarse contigo. Si deseas gritar y golpear algo, él deberá ser la primera persona en tu campo de visión. Si te sientes sola, deberá acompañarte hasta que te hartes de él, incluso un poco más. Él te lastimó, pero ahora es tu aliado, y debe de asumir todas las consecuencias.
—INCLUIDO TU DOLOR.
La participación del Dios Quetzalcóatl pareció incomodar al segundo Namor, que tensó su garganta cuando entendió lo que quería decir. Stephen sospechó que fue por el respeto que le tenía a K'uk'ulkan, ya que él era su contraparte; teniendo en cuenta su conexión, ese era un mandato divino.
—Tú no eres él. —Soltó ella mientras se dejaba cargar. Y parecía que K'uk'ulkan estuviese a nada de lanzarse contra ellos.
Stephen anotó todo en su lista mental: celos, sentimientos de posesión, molestia al sentirse comparado. Namor Maya era orgulloso, él mismo se consideraba un Dios, y obviamente le disgustó la comparación con un Avatar, que era alguien de menor categoría. Tendrían muchos choques a lo largo de sus reuniones, pero si él canalizaba esa energía, K'uk'ulkan se esforzaría al máximo para derrotar a Kang y alejar a su versión de otro mundo de la Shuri del suyo.
—No soy él, él deberá de ser mejor. —Contestó el Avatar, y dijo algo más, pero Namor se giró hacia él y lo sujetó con ambos brazos por la camisa, dejándolo sin escuchar lo último.
Al término de su pelea, Stephen le contó sobre su otra versión, y le explicó ligeramente la diferencia de situaciones con respecto a la princesa de Wakanda, pero no dio todos los detalles. Tal vez estaba a punto de reclamarle por la escena que acababa de presenciar, tal vez no le interesaba formar parte de ese equipo.
Sin embargo, cuando el otro Namor acercó más a Shuri contra sí mismo, y voló para dejarla en su habitación. Namor soltó al Dr. Strange y habló.
—Él no lo entiende —Explicó, tanto para él como para sí mismo —Sólo las personas más rotas pueden ser los mejores líderes. Y ella será la mejor, no entiendo porque duda.
Stephen quiso decirle que el que no entendía era él. La chica estaba deshecha, y K'uk'ulkan actuaba como si le hubiese hecho un favor. Era claro que ambos tenían una percepción bastante diferente de la vida, y a pesar de no querer comparar, el primer Namor era de creces mucho más consciente que este segundo.
Pero el segundo, por su personalidad, tenía muchas más posibilidades de derrotar a Kang que el primero.
Por un momento todo ese lío le causó gracia, y tuvo que repetir lo que escuchó, sin saber si eso era para bien o para mal suyo:
—Sí, sin duda, no eres él.
