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Condenado

Chapter 2

Notes:

Nota 1: Viserys en este Fic esta completito y sano. Tambien en este Fic Vis mato a Aemma, por lo tanto, es el que mas comprendera como se sentira Aemond al final y la gravedad de lo que ha hecho su terco hijo.

Nota 2: Si Alfa y Omega son escancias separadas de sus partes, pero influencian bastante en las decisiones de sus portadores. (O sea que Aemond tiene su Alfa interno como una entidad y Lucerys igual y todos en este universo tambien, es algo muy comun en universos de Licantropos)

Nota 3: Alquien en los coment pidio que Addam apareciera, asi que esto es un Addam/Luce al final.

Chapter Text

Solo se fue de cacería por un día.

Solo. Un. Dia

¿Acaso los dioses no pueden darle un momento de tranquilidad a su familia antes de que alguien más decida atentar contra ellos?

Apenas había logrado arreglar el altercado contra Vaemond Velaryon, el hombre, hermano de Corlys, se había sentido con el derecho de reclamar para sí y su familia, la señoría de la casa Velaryon al descubrirse que su nieto, Lucerys se presentó como Omega. El hombre olvidaba que a pesar de la condición del nieto de la serpiente Marina, aun había dos miembros más de su familia que tenían aún más derecho que cualquier hijo de un segundo hijo, el hombre había despreciado e ignorado abiertamente a las hijas de Lady Laena y su hermano, el príncipe Daemon, algo que, pudo ver, enfureció a su querida prima, quien, tan pronto como pudo, hizo saber los deseos de su ausente esposo.

—El deseo de que sea Lucerys Velaryon quien lo suceda no ha cambiado, aun de saberse su condición como Omega—. Había dicho la mujer con el mentón alto y tan seria y elegante como solo una princesa de la casa Targaryen pudiera lucir. —Se había acordado un matrimonio entre mi nieta Rhaena, pero ahora sabemos que no será posible—.

Una beta no puede darle hijos a un Omega.

—Lo más que aceptaría mi señor esposo es unir ambas ramas, casando a uno de los hijos de Lord Vaemond con Lucerys, si así la princesa acepta—. Tal vez Corlys no estuviese muy feliz con su sugerencia, pero si con eso paraban los intentos de Vaemond por hacerse con el trono de Pecios, que mejor.

Pero el hombre no lo acepto. Cómo un hijo suyo, un Alfa, además, ¿estaría por debajo de un Omega? Y no uno cualquiera, uno sin sangre Velaryon corriendo por sus venas, aceptar aquello solo sería contribuir con las artimañas de la princesa y echar tierra a los pecados cometidos contra su casa.

No, el hombre no lo aceptaría y eso le costó la vida.

Y ahora esto.

Su familia no salía de una para adentrarse en otra.

Viserys gruño cuando el caballero le conto lo que había sucedido, su hijo, un Alfa al que creyó honorable, había osado romper una vinculación y su esposa lo permitió. El Alfa platinado mando por su hijo y esposa, el caballero tembló ante el aura que el rey estaba expulsando, se sabía que correría sangre nuevamente.

El rey se encontraba en el salón del trono, admirando el poderío que representaba el trono de hierro, el asiento forjado por el Conquistador, cuando las puertas fueron abiertas, Viserys pudo escuchar los pasos apresurados de su esposa y los calmados de su hijo, seguido por el tintineo de las armaduras de los caballeros que los seguían.

—Su gracias—. Su esposa, pensaba colocarse a su lado, como su igual, pero Viserys no se lo permitió, deteniéndola en el acto cuando la mujer había subido ya un par de escalones, Alicent bajo la mirada con recato y retrocedió para esta a la par de su hijo.

—Se me ha informado del incidente que hubo esta mañana en el torreón real—. El torreón de Maegor era el torreón perteneciente a la familia real de sangre, en el que dormían el rey, su heredero y su familia, el nombrado torreón real es el ala perteneciente a su esposa Alicent y el resto de sus hijos y nietos. Un torreón que fue redecorado al gusto de la reina consorte.

—¿Incidente? ¡Fue un crimen! —Acuso la reina, tomando la mano de su hijo, quien no había siquiera bajado la mirada, su ojo restante aun posado sobre el rey, haciéndole frente. —El hijo de Rhaenyra volvió a hacer de la suyas y obligo a Aemond a vincularse usando su celo—.

—¿Es eso cierto, muchacho? —. Pregunto el rey. —¿Un Omega fue capaz de doblegarte y obligarte a vincularte a él?

Aemond apretó el puño a su costado, las palabras de su padre le hacían ver débil, le hacían ver que sus instintos eran más fuertes que él.

—El príncipe Lucerys aludió al uso de artimañas para obtener el favor de un Alfa fuerte—. Dijo la reina nuevamente, abogando por su hijo. —No es de sorprender sabiendo la manera en la que Rhaenyra lo-

—Cuidado con las palabras que usa, mi reina—. Alicent se vio interrumpida por el olor a fuego de Viserys. —Sangre fue derramada en este salón por la misma acusación que estabas a punto de hacer—. La mujer bajo la mirada impotente, recordado el final que sufrió Vaemond Velaryon de mano del mismo príncipe canalla. —Pensé que las disputas habían terminado, que ayer que cenamos habían quedado enterradas las hachas de guerra, pero tu sigues desfilando como una llamarada verde en son de guerra—. El rey pudo ver a su esposa tomar su medallón de siete puntas. —Eso se acaba hoy—. Dijo. —He dejado que hagas y deshagas, digas y mandes a tu antojo, Lady Alicent, para evitar el conflicto —. La mujer pudo ver la severidad en la mirada de su marido. —Pero veo que ha sido un error garrafal de mi parte darte tanta libertad de hacer de mi casa lo que quieras—.

—Mi rey, no…—

—Aemond—. El platinado menor miro a su padre. —¿Qué has aprendido de nuestras costumbres como miembro de la casa Targaryen? —. Aemond miro extrañado al rey, seguidamente miro a su madre. —Está hablando conmigo, príncipe Aemond, no con la reina—. Amonesto el rey, Aemond volvió la vista al Alfa frente a él, y le avergonzó no poder contestar.

Él que se presumía y enorgullecía de ser conocedor de costumbres, historia y estudioso de los filósofos y la política, no supo que responder ante la pregunta del rey, porque básicamente, no conocía más que lo que necesitaba de la cultura Valyria, y lo que conocía, lo conocía solo de cuentos y fabulas que leía cuando niño, sabe el Alto Valyrio, sí, pero porque es necesario para comandar a su dragón, más allá de eso, no sabe nada en absoluto, porque su madre siempre los encamino en el camino de la Fe, de los siete, de la religión de los Ándalos.

A ojos de su madre, las catorce llamas no eran dioses verdaderos, paganos impíos y de raras costumbres, los rechazaba, así como rechazaba a los antiguos dioses de Riverrun, Vale y el Norte. Y Aemond, como hijo devoto, escucho e hizo caso a su madre y sus creencias tomándolas como suyas.

—Si realmente hubieras tenido interés en nuestras costumbres, sabrías que contestarme y porque lo que hiciste al romper tu vínculo con Lucerys, alegando que fue forzado, te ha condenado a una miserable vida—. Madre e hijo miraron al rey sin comprender lo que las palabras del monarca significaban, pero finalmente Aemond exploto.

—Seguir unido a él es lo que me habría condenado a una vida miserable—. Gruño, avanzando hacia él rey, Viserys pudo ver la furia y el odio reprimidos. —¿Cómo podría pensar si quiera en unirme al bastardo que me arrebato el ojo por reclamar mi derecho?

Aquello había sido suficiente.

—¡No te arrebato el ojo por reclamar tu derecho! —. Rugió el rey, caminando hasta su hijo, el olor de su furia hizo jadear a la reina y casi doblega a los caballeros en el salón, pero Aemond se mantuvo firme, el rey casi estalla en colera al ver lo que pasaba con su hijo. —Te lo arrebato por amenazar de muerte a su hermano—. Por primera vez en su vida Aemond retrocedió ante un desafío, la mirada del rey hizo que su instinto de supervivencia se activara, jamás había visto al rey así de molesto, ni siquiera cuando su hija fue insultada frente a toda una corte. —Si supieras de nuestras costumbres, si tu madre no estuviera tan encerrada en su rabieta infantil, sabrías que los Velaryon se sintieron indignados cuando la reina y sus hijos se presentaron de verde, llamando a la guerra, en una casa en luto—. Ambos, madre e hijo, retrocedieron ante el olor y las acusaciones del rey. —Se sintieron ofendidos cuando el hijo de la reina reclamo a un dragón en el funeral de su antiguo jinete—. El olor era tan asfixiante que la reina cayo de rodillas, agarrada a un a Aemond, quien hacia lo posible por no soltarla. —Y se sintieron insultados cuando este hijo ataco a sus herederos en su propio castillo, bajo su propio techo y la reina exigía un castigo—.

—¡Derramaron sangre real! —. Acuso Alicent, aun arrodillada, aun con lágrimas en los ojos. —La sangre de tu hijo, había una deuda—.

—Ah, la deuda—.  Dijo el rey, ahora mirando a su hijo. —Es eso, Aemond ¿Estabas cobrando una deuda? —. El platinado trago saliva, no muy seguro de lo que su respuesta acarrearía, aun así…

—Si, cobre una deuda—. Viserys pudo ver a su hijo alzar el mentón, orgulloso. Niño tono. —Mi ojo, por un vínculo roto.

Y entonces el rey rio.

Madre e hijo se miraron uno al otro, sin comprender que era lo que él rey encontraba tan divertido.

Déjame explicarte muy bien el hoyo en el que te has metido, hijo mío, y en el que sigues cavando más y más—. Aemond no sabía que el Valyrio podía escucharse tan intimidante, hasta que lo escucho de la boca del rey. —Esa noche, hace seis años, la reina alegaba el cobro de una deuda de sangre—. Dijo, mirando a su esposa. —La sangre de un hijo se había derramado y, por lo tanto, la sangre de un hijo debía ser pagada—.

“Ser, tráigame el ojo de Lucerys Velaryon”

“Una deuda debe pagarse”

“No harás tal cosa”

“¡Es tu hijo, Viserys, tu sangre ha sido derramada!”

 

—Y la sangre de un hijo se derramo como pago—.

 

“Es agotador ¿no? Esconderte bajo el manto de la rectitud”

“Aquí está el pago, mi reina, sangre por sangre”

 

—Derramaste la sangre de mi hija por el pago de la sangre de tu hijo—. Dijo Viserys mirando a Alicent. —Y eso, mi Lady, las catorce llamas lo ven como un pago—. Alicent tembló, ella no había pensado en eso, no hasta que el mismo rey lo dijo. —Y tu ¿Qué dijiste después? —. Pregunto ahora mirando a su hijo. —“No te lamentes, madre, perdí un ojo, pero gané un dragón” —. Repitió el rey. —La sangre de mi hija se derramo como ofrenda al pago, pero Aemond lo acepto al reclamar al dragón como el pago de esa deuda—. El rey volvió a acercarse a su hijo. —Proclamaste, en una casa Valyria, bajo un techo Valyrio y ante una corte Valyria, que la deuda ya estaba pagada—. Aemond no sabía cómo refutar las palabras del rey. —Y ahora tú, hijo mío, has derramado sangre real bajo un techo Valyrio por una deuda que ya está pagada ¿Entiendes ahora, el hoyo en el que estas y en el que sigues cavando?

No había más que silencio rondando en el salón del trono, el rey finalmente se alejó de su esposa y su hijo. —Ser, acompañe a Lady Alicent a sus aposentos, asegúrese de que los sirvientes empaque muy bien sus cosas y preparen el carruaje

—¿Que? —. Alicent ahora lucia pálida, extrañada y temerosa. —¿Por qué? —. Entonces el rey le extendió un pergamino, redactado y ya firmado por el Alto Septo, Alicent casi se desmaya cuando vio el decreto que estipulaba que el rey y ella ya no eran una pareja unida.

El rey Viserys había solicitado una disolución al matrimonio de ambos

—Viserys, no puedes…—.

—Puedo y lo hago, Lady Alicent—. Ella comprendido entonces porque el rey la había estado llamando por su título de soltera, ella ya no era más la reina consorte. —Has cumplido con tu propósito, darle los hijos a la corona que la buena reina Aemma no pudo, consolar a un rey de luto—. Dijo el hombre antes de suspirar. —Pero también has traído discordia y has envenenado el corazón de mis hijos en contra de su hermana y sobrinos—. Alicent dejo correr las lágrimas por sus ojos, si ceño fruncido en molestia e impotencia.

¿Así acababa todo? Si sacrificio, su deber, todo lo que hizo para llegar a donde esta, finalmente Rhaenyra ganaría ¿Era eso así?

—Sacare de mi casa aquello que causa división—. Dice con severidad el rey. —La casa del dragón solo puede ser destruida por la casa misma, este conflicto y división acaba hoy—. Ahora el rey mira a la mujer que hace tan solo unos minutos seguía siendo su esposa. —Ser Erryk, acompañe a Lady Alicent a sus habitaciones, y dígale a Lord Otto que también partirá con ella de vuelta a Oldtown—.

—¡No puedes hacer esto, padre! —.

—¿Desde cuándo un príncipe le dice a un rey que hacer? —. Gruño el rey. —Ser, cumpla con mi orden, Lord Otto y Lady Alicent deben partir antes del ocaso—. La ex reina no tuvo más opción que salir del salón escoltada por los caballeros, ninguno encamino a Aemond, así que el platinado asumió que el rey aun quería hablar con él, el joven príncipe pudo ser testigo de cómo su madre fue reducida nuevamente a una simple dama. —En cuanto a ti—. Ahora el platinado miro a su padre, el rey le miraba con una mezcla de decepción y lastima, aquello enfureció al príncipe, pero no dijo nada. —Le dirás al maestre que duplique las reservas de belladona —. Aemond frunció el ceño.

—¿Y eso por qué? —. Pregunto, aunque la respuesta fuera obvia. —Ya tomo supresores—.

—Eso puedo verlo—. Afirmó el rey. —He intentado forzar a tu Alfa a salir, pero parece que simplemente no responde—. El Alfa sonrió con prepotencia.

—El maestre Orwyle es bueno en lo que hace—. Viserys gruño ante la prepotencia e ignorancia terca de su hijo, él creía que todo se arreglaría adormeciendo a su Alfa interior, pobre de su muchacho, no tiene ni idea del sufrimiento que se ha provocado a sí mismo, pero también ha sido su culpa, en verdad confió que Alicent haría lo correcto y su deber como madre y consorte de la casa Targaryen ¿Cómo se había permitido descuidar a su sangre de esa manera?

—Bien, acude a él ante cualquier molestia—. Dijo Viserys, Aemond seguía intrigado, Daemon le había insinuado lo mismo ¿Por qué ambos hombres pensaban que él sufriría ante la ausencia de un sucio Omega bastardo?

Aemond simplemente se retiró, no dijo absolutamente nada.

Viserys solamente negó con la cabeza y alzo la mirada al cielo, dando una plegaria silenciosa a las catorce llamas, que se apiaden del destino que le espera al más terco de sus hijos.

 


 

Un cuervo había llegado de la capital, Daemon lo había leído apenas fue puesto en sus manos, las noticias lo hicieron sonreír con malicia, pero también había una preocupación ante las peticiones hechas, el príncipe canalla agradeció al mensajero y de inmediato fue al gran salón en donde su esposa, el maestre y su hijastro mayor se encontraban en las lecciones de valyrio de este último.

—¡Mierda! —. Daemon entro en el momento en el que Jace soltaba un insulto frustrado, pudo escuchar a su esposa consolarlo, le sugirió que tomara un descanso, pero el castaño se negó, el príncipe platinado no podía evitar sonreír con orgullo, aquellos niños, a pesar de nos ser de su sangre, honran las costumbres como todo Targaryen debe hacerlo. —Un rey debe honrar las costumbres, quiero seguir —. Daemon pudo ver que Jace se tomaba muy en serio su deber, nada que ver con su sobrino Aegon, borracho prostituto, al menos quedaba el consuelo de que Helaena era una digna princesa dragón y sus otros dos sobrinos…

Gruño, aun no puede perdonar a Aemond por lo que hizo, niño tonto.

—Es mejor tomar un descanso—. Su voz se dejo escuchar, llamando la atención del trio. —Hay noticias de la capital—. Dijo, extendiendo el pergamino a su esposa, ella lo tomo, pero antes de siquiera leerlo pidió al maestre y a Jace que se retiraran, ambos lo hicieron y fue ahí que Rhaenyra comenzó a leer, Daemon disfruto la cara de sorpresa de su esposa ante las primeras palabras de la carta.

“Lady Alicent ha sido devuelta a Oldtown”

—Mi padre ha disuelto su unión con Alicent—. Pudo ver a Daemon asentir.

—Una de las más sabias decisiones que ha tomado mi hermano desde nombrarte heredera—. Dijo con sorna. —Y no es todo, Otto también ha sido destituido y se unirá a su hija en el viaje—.  Rhaenyra pudo ver la sonrisa alegre en el rostro estoico de su marido. —Viserys esta limpiando la capital de las ratas—. Ella no contesto, ensimismada en continuar con la lectura, entonces llego a la parte que a Daemon le preocupaba, ella le miro. —Quieren que llevemos a Lucerys a la capital.

—Eso no pasara—. Negó la princesa. —No con ese monstruo rondado en la fortaleza—. Dijo con dureza antes de doblar la carta sin continuar leyendo. —Él apenas se esta recuperando, no quiero arriesgarme a que algo salga mal y él…—.

—Entiendo—. Daemon se apresuró a ella, tomándola de los hombros como una manera de reconfortarla y calmarla. —Pero tampoco podemos tener a Lucerys encerrado aquí para siempre—. Ella le miro. —Además, Hideaki dijo que la operación ha sido un éxito, Lucerys no volverá a sufrir por ese coño tuerto nunca más.

—Aun así, no quiero arriesgarme—. Daemon suspiro.

—Entonces te arriesgaras a que mi hermano traiga a su hijo aquí—. La princesa ahora mostraba una mueca indignada. —Si sigues ocultándolo es lo que terminara pasando, es mejor terminar esto de una—. Al final ella suspiro.

—Lo consultare con Gerardys, el dirá si Luke es apto para viajar, ya sea en barco o dragón—. Acepto. Daemon asintió y como gesto de agradecimiento, él poso su mano contra el vientre abultado de su esposa, ella sonrió poniendo su propia mano contra la de su esposo.

 


 

Luke caminaba por la orilla de la playa agarrado del brazo de Jace, el mayor lo encontró cuando salió del gran salón acompañado de un guardia.

—He estado demasiado tiempo encerrado en las mismas cuatro paredes, me apetecía caminar un poco—. Había dicho su hermano, Jace ni bien escucho los deseos de su hermano, reemplazo el brazo del caballero por el suyo. —Puede regresar a su guardia, Ser, mi hermano será mi escolta de aquí en delante—. El caballero asintió, dejando a los hermanos solos, quienes continuaron con su camino.

—¿Cómo te has sentido? —. Luke simplemente se encogió de hombros.

—Bastante normal, pero cansado de estar encerrado—. Rio, algo que Jace emitió. —Odio preocuparlos y que se preocupen por mi —.

—Debes entendernos—. Dijo el castaño mayor. —Estuviste bastante mal, dormiste casi durante dos meses—. Luke frunció el ceño, él no recordaba nada de aquello, dos meses era mucho tiempo, pero para él apenas y habían sido unas horas ¿En verdad había estado tan mal?

Luke entonces poso su mano libre sobre el vendaje que aun cubría su marca, sintió la suave tela de lana, aquella que le impedía sentir la cicatriz que había reparado Hideaki, el maestre se la había descrito, era como un parche, piel ligeramente cicatrizada y como si hubiera sido bordada por hilo dorado, reparada.

No pudo evitar pensar en quien lo había roto.

Su madre le explico lo que había pasado, él apenas recordaba, tenia pequeños destellos de luz en su memoria.

 

¡¿Cómo te atreviste a vincularte conmigo?!


Diles que usaste mi celo para vincularte a mi

 

Y luego pensaba en aquel lugar obscuro y angustiante, en la figura sollozante de si mismo y luego recuerda la paz.

 

La blanca y tranquila paz y a su versión de si mismo tranquilo e imperturbable.

Como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera estado sufriendo, como si no hubiera estado muerto.

—Lucerys—. La voz de su hermano lo trajo de vuelta a la realidad. —¿Estas bien? Te quedaste callado—. El menor sonrió y negó.

—No es nada, solo pensaba—. Luke pudo ver el ceño fruncido en su hermano, esa cara que hace cuando tiene muchas ganas de preguntar algo, pero no sabe si será ofensivo. —Suéltalo, Jace ¿Qué es? —. Invito a su hermano.

—Tu… ¿En verdad no recuerdas al tío Aemond? —. Lucerys le miro de manera extraña.

—Si, recuerdo a nuestro tío—. Dijo con obviedad. —Lo que no recuerdo es el sentimiento que dicen tenía por él—. Era extraño, cuando pensaba en Aemond, pensaba en él como un familiar cualquiera, recuerda que se llevaban bien, hasta esa noche en Driftmark, donde él tomo su ojo por defender a Jace. No recuerda haber sentido algo romántico por Aemond, no más allá del amor que se tienen un tío y un sobrino.

No como su madre y Daemon, sabe de las costumbres polígamas de su familia y también la razón de estas, si bien para él no es raro que su familia se case entre sí, es raro pensar en que él estuvo enamorado de su tío, en lo poco que recuerda, Aemond los había comenzado a insultar y a menospreciarlos, recuerda que los acuso de ser bastardos de su hermana y Ser Harwin.

Lo que lo hace preguntarse ¿Cómo alguien puede enamorarse de otro alguien que lo trata así? No había sentido para él. Lo único que podría tener sentido es que su Omega estuviera muy interesado en el Alfa de su tío y por consiguiente su Omega interior influenciara en la manera en la que él miraba a Aemond, dejando de lado la actitud de mierda que el platinado poseía.

—Creo que es mejor así—. Dice Jace y Luke solo asiente en acuerdo.

 


 

Aemond despierta en un lugar obscuro, no sabe donde esta, pero puede sentir como la angustia oprime su corazón, pronto hay una luz, es una tenue y parpadeante, él la sigue para ver su origen. Al acercarse más en dirección de donde la luz procede, puede notar que no es un algo, es un alguien lo que emite esa parpadeante y tenue luz. Aemond se acerca aún más, solo para darle forma a la luz.

Es Lucerys

El castaño está tendido en el suelo obscuro, su mirada esta perdida, viendo a la nada y su cuello…

Dioses, su cuello.

… de su cuello esta brotando sangre, espesa y roja, y se acumula debajo del cuerpo del castaño, formando un charco carmesí, Aemond retrocede ante la visión, la luz que emite el cuerpo de Lucerys continúa parpadeando, amenazando con apagarse en cualquier momento. El platinado no puede evitar temblar ante lo que se le es mostrado, no entiende que pasa y porque siente la angustia pesada en su corazón.

Entonces… más allá del cuerpo casi inerte de Luke, hay otra figura, Aemond abre su ojo de sobre manera al verse a sí mismo, está atado a lo que parece ser una estrella de siete puntas, cadenas negras y gruesas aprisionan sus brazos, cuello, torso y piernas. Aun aprisionado puede escuchar a la figura de si mismo gimotear, Aemond solo puede oírlo, pueste este permanece agachado con el cabello platinado cubriendo su rostro.

Y llamando con voz suplicante.

Omega, Omega, Omega

La angustia se hace mas pesada en el momento en que Lucerys suelta un ultimo jadeo, Aemond, el que permanece sin ataduras, mira a su sobrino, este le lanza una ultima mirada, el platinado puede ver la luz de sus ojos opacarse, al igual que la luz que emite su cuerpo.

Entonces el Alfa atado jala sus cadenas estremeciendo el lugar mientras suelta el grito más desgarrador que ha escuchado en su vida, entonces Aemond ha entendido.

Y despierta.

Su respiración es agitada, le cuesta comprender que ya no esta en ese lugar obscuro, sino en su habitación, su corazón late a prisa, pero también hay un sentimiento que ya no debería estar.

Angustia, tristeza, perdida.

El Alfa de Aemond ha pedido a su Omega.

Lo que quedaba del vinculo con Lucerys ha muerto esa noche.

 

Los siguientes días es convierten en un infierno para él, un infierno en el que no puede controlar su olor agrio producto de la angustia, su animo decaído lo exaspera, porque no siente esas emociones como propias, espera que los entrenamientos le ayuden en algo, pero le cuesta levantar la espada y le pesa el escudo. No comprende que ocurre y se niega a pensar o admitir que su decisión de arrancar el vínculo con Lucerys tenga algo que ver con eso.

“Olvídate de tu fuerza, empezaras de cero”

Hay una voz que dice en su cabeza, hay enojo y molestia, estos totalmente dirigido a él, entiende que es su Alfa, y Aemond se apresura a las habitaciones del maestre Orwyle, necesita adormecer a su Alfa.

—Me temo que sus supresores ya no ayudara, mi príncipe—. Le comunica el maestre, Aemond frunce el ceño y como rabieta lanza la humeante taza de té que este le preparo, hay ira en su ojo purpura, pero el hombre no retrocede, a Aemond aquello lo desconcierta porque usualmente su olor es suficiente para hacer a cualquiera, Alfa, Beta u Omega arrodillarse.

Es entonces que se da cuenta que su aroma acido no está, no está emitiendo aroma que delate su molestia y furia.

Es como si fuera un Beta, un simple y común Beta.

La revelación le da al maestre el tiempo suficiente para alejarse del príncipe y comenzar a hacer otro té, uno que suele usar el rey, el de belladona, una vez terminado se lo tiendo al Alfa que aun extrañado por la reciente situación, lo toma sin más. El sabor es amargo, no le gusta, pero calla esa voz en su cabeza que no se cansa de reprochar y el sentimiento pesado en su corazón desaparece a medida que vacía la taza.

 


 

Se anuncia que Rhaenyra volverá a la capital, Aemond no sabe que esperar ahora, su mente ha estado adormecida a causa de té de belladona, se siente mas cansado y le cuesta retomar el ritmo en los entrenamientos, ha pasado todo su tiempo libre en la biblioteca buscado información.

Ha encontrado algunas cosas, sobre Omegas y vínculos cortados.

Ahora entiende porque su padre ha aumentado las reservas de belladona, sabe porque Daemon le dijo que procurar siempre tener supresores.

Ha cometido un error.

O eso es lo que le dice la voz en su cabeza cuando los efectos del té comienzan a pasar, ha leído todo lo que encontró sobre vínculos forzados, esta totalmente convencido de que Lucerys lo forzó, de que el pequeño Omega bastardo no sentía nada por él.

Y eso se repite, se lo repite una y otra vez al Alfa que le reprocha.

Se lo repite y se lo cree.

Hasta que Lucerys llega a la capital.

No puede evitar ir hacia él, pero su camino se ve cortado por una nueva figura, una que no pertenece a la prole de Rhaenyra, es un hombre posiblemente de su edad, de piel tostada y cabellos platinados, ojos azul Velaryon. —Lucerys, tu madre nos espera en el salón del trono, el rey quiere hablar contigo—. Aemond se queda petrificado, Lucerys ni siquiera le ha dirigido mirada alguna, el castaño simplemente asiente a las palabras del extraño y se encamina en dirección al castillo.

Aemond se queda quieto, entonces el extraño lo mira, hay una sonrisa en su rostro, el extraño hace una inclinación a manera de saludo para simplemente encaminarse siguiendo a Lucerys, a Aemond no le gusta aquello, así que sigue al extraño. Escucha la puerta del salón del trono ser cerrada, Aemond apresura el paso, pero al llegar es detenido por uno de los caballeros.

—Hazte a un lado—. Dice en un gruñido, pero el hombre no obedece.

—Lo siento, mi príncipe, ordenes del rey—. Aemond intenta empujar al guardia, pero este se planta bien e impide que el príncipe avance, el platinado, harto del forcejeo, recurre a movimientos de lucha que le enseño Cole antes de ser enviado junto a su madre a Oldtown, logra reducir al par de guardias y sin impedimentos entra en el salón del trono.

El lugar es grande, pero puede ver a un pequeño grupo al pie del trono, su padre, que esta sentado, se levanta de manera apurada y baja los escalones, mientras tanto, Aemond puede ver como se forma una barricada que busca proteger a Lucerys, Daemon se para al frente de todos con la mano sobre la empuñadura de su espada. —A un lado—. Detesta que nadie se doblegue ante su enojo, ni siquiera el menor de sus sobrinos luce perturbado, muy al contrario, parece que es el mas dispuesto a saltarle a la yugular, pues puede ver a Joffrey enseñar los dientes. Jace le sostiene del hombro, puede ver a sus primas flanqueando a Jace y a Rhaenys.

Rhaenyra se encuentra cubriendo con su cuerpo a Lucerys impidiéndole a Aemond verlo, junto a su media hermana se encuentra el extraño que vio antes, ahora que lo ve mejor, tiene las mismas facciones que Ser Laenor Velaryon, pero este extraño parece mucho más joven y mucho más… Alfa.

—Apártense—. Ordena el rey, la manada mira a Viserys con extrañeza, pero el hombre parece firme en su orden. —Es la única manera de estar seguros.

—Pero, padre…—. Aemond puede ver a Rhaenyra esconder aun mas a Lucerys tras ella, el rey no da espacio a replicas, lo que hace que Rhaenyra, resignada, se aparte y con ella el resto de la manada, Aemond nota que el ultimo en alejarse de Lucerys es el desconocido.

Ahora Lucerys esta justo frente a él, sus manos se mantienen unidas en su abdomen, y Lucerys lo mira, Aemond no puede evitar acercarse a prisa, toma a Lucerys por el cuello y lo acerca a él, Aemond puede sentir el aroma de los limones, de la ceniza y…

Se aparta, Aemond mira a Lucerys, el castaño le regresa la mirada, pero hay algo en ella que no le gusta, no es una mirada brillante, no hay anhelo, no hay devoción…

No hay amor.

Lucerys huele a mar.

Y se da cuenta, Lucerys huele a mar, porque Lucerys se ha vinculado a otro Alfa.

Nuevamente se acerca al mas bajo y lo toma bruscamente del cabello de la nuca, escucha a Lucerys sisear, puede escuchar a la manada ordenarle que se aleje, pero Aemond no escuchar, aparta la camisa de Lucerys y puede verla, la marca que él arranco, esta cubierta, hay piel nueva y parece estar bordada en oro, entonces mira el otro lado, ahí, una marca, no parece mayor a unos días, el olor del mar proviene de ahí.

Aemond suelta a Lucerys y dirige su mirada al extraño, el extraño dueño de esa marca, nadie detiene a Aemond cuanto esta toma al desconocido por la camisa y lo estrella en la columna mas cercana. —¿Cómo te atreves a reclamar a mi Omega? —. Ruge el platinado.

—No tuyo, ya no más—. Aemond odia la sonrisa que este desconocido le da, odia que sea el propio Lucerys quien se acerque para separarlos, odia que el Omega se enfoque solamente en aquel Alfa.

—Addam ¿estas bien? —-. El príncipe platinado no puede evitar la furia que lo invade, pero se detiene ante la mirada severa de Lucerys. —Basta, príncipe Aemond—. Aemond se detiene.

No es tío, no es Qybor.

—No tiene derecho alguno de atentar contra mi Alfa—. La mirada furiosa del Omega lo hace retroceder, algo en él está mal, no debería sentirse tan vulnerable ante las palabras de Lucerys.

Ese hombre no es su Alfa, su Alfa es Aemond, ningún otro.

—¡Él no es tu Alfa, yo lo soy! —-. Gruñe, pero Lucerys no retrocede, no hay mirada angustiosa ni lagrimas luchando por no derramarse, en cambio hay determinación, Aemond entiende que Lucerys luchara para defender al Alfa a su espalda, tal como defendió a Jace.

—¡No eres mi Alfa! —. No quiere admitir que las palabras calaron, que su corazón dolió y que su ojo pica. —Nunca podrías serlo—. Las palabras hieren mucho mas de lo que lo haría cualquier arma, y Lucerys no las necesita. —Alguien tan cobarde jamás podría ser un Alfa digno de un Omega como yo—.

Aemond cae de rodillas, su corazón duele y no hay nadie en ese salón que este dispuesto a ayudarlo, ya no tiene a su madre, tampoco a su abuelo, su hermana no puede verlo y a Aegon no le importa lo suficiente. Está solo.

Y entonces recuerda a Lucerys, desnudo, apenas cubierto con una sábana, rodeado de caballeros que no estuvieron dispuestos a protegerlo, recuerda la voz suplicante en su cabeza, la angustia que el vinculo trasmitía y que venia del Omega de Lucerys, recuerda el llamado lloroso y la suplica de ayuda.

Es exactamente el mismo sentimiento que él siente ahora.

Aemond hace un ultimo intento, se acerca a Lucerys, lo toma de la parte baja de la camisa, el platinado se aferra a su cintura, y llama, llama al Omega de Lucerys, aquel que estaba destinado a él, aquel que se entrego con una muda suplica, aquel Omega que lo amaba, pero no recibió contestación, en cambio.

—Tu jamás podrías ser mi Alfa—. Aemond noto que no era Lucerys quien hablaba, era el Omega de este.

Pero no era el Omega de Aemond.

—Un Alfa protege a su Omega, un Alfa no lo rechaza, un Alfa no lo niega—. Lucerys aparto el agarre de Aemond. —Y un Alfa no lastima a quien le ama de vuelta—. Aemond no puede responder, le falta el aire y solo puede escuchar las ultimas palabras de Lucerys, pero no son dirigidas a él, ya jamás serán dirigidas a él. —Addam, Esposo, sácame de aquí, no me siento bien—. El mencionado no duda en tomar a Lucerys en brazos y salir del salón de inmediato.

Aemond no los ve, pero sabe que todos se han ido, lo han dejado ahí, a su suerte, todos menos su padre, quien se arrodilla a su lado y lo abraza como debió hacerlo cuando su dragón no eclosiono, cuando su ojo fue tomado.

—¿Por qué duele tanto? —. Pregunta el menor y Viserys solo puede suspirar.

—Porque un Alfa que destruye a su Omega, está condenado a sufrir la agonía de su perdida—.

Se lo merecía, todo aquello que estaba sufriendo su alma se lo merecía, ahora sueña con ese lugar obscuro todas las noches, sueña con el cuerpo inerte de Lucerys en su cabeza y con su contraparte Alfa aun prisionera, reprochándole el error que cometió, la atrocidad que hizo, el asesinato de su Omega.

—El Lucerys de tu cabeza, ese que se desangro, es el Omega de Lucerys que te amaba—. Le había dicho Helaena. —Intente advertírtelo—. Le dice de manera indiferente. Y a Aemond le duelen sus palabras. —Tu estas…

 

 

“Condenado”

Notes:

Y ahora toca a la otra parte ver como se toma las consecuencias de sus decisiones...

Perdon, pero tengo una debilidad por los Fics angustiosos en donde el Omega/Uke/bottom, sufre por el odio que el Alfa/Seme/Top le tiene... y el Lucemod me da cabida para eso :v

Cualquier error, olvidenlo y concentrence en la angustia y preparece para el Karma que vendra, las catorce llamas no estan muy felices con Aemnond :v