Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 12 of Giros de trama
Stats:
Published:
2023-09-15
Completed:
2023-10-06
Words:
5,703
Chapters:
2/2
Comments:
40
Kudos:
1,165
Bookmarks:
148
Hits:
26,155

Inalcanzable

Chapter 2

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Laena Velaryon

Era una boda hermosa y muy alegre.

Su sobrina Jacaera lucía resplandeciente en su vestido de novia, brillaba como la joya más preciada del mundo; que, de hecho, era.

Al igual que cada una de sus sobrinas.

Las hijas de su hermano eran las chicas más amadas y adoradas de los Siete Reinos. Incluso en Pentos y otras ciudades de Essos llegaron los rumores sobre la belleza de las Cuatro Dragonas de Poniente, así como historias de lo protegidas que eran por sus padres y lo amadas que eran por el pueblo.

Canciones se tocaban de un lado a otro del Estrecho sobre los rostros que eran capaces de conmover hasta el más cruel de los hombres, de las sonrisas más brillantes que el sol, de las personalidades dulces y fuertes, de los temperamentos valientes y las voluntades tan ardientes como el fuego de dragón.

Cada una de las princesas había demostrado su valía no sólo como hábiles jinetes de dragones, sino también como peleadoras competentes y mujeres inteligentes y capaces. Ninguna había tomado posesión de sus gobiernos todavía, pero no había duda que serían absolutamente brillantes y que prosperarían (y harían prosperar sus Casas) en esos roles como lo habían hecho con cada cosa hasta el momento.

Por supuesto, todavía había lores que no estaban conformes con una mujer como futura reina gobernante, pero eran una minoría acobardada.

Todos en los Siete Reinos le tenían un sano temor y respeto a Rhaegar, y nadie se atrevía a desafiarlo cuando mantenía una postura tan firme respecto a que su hija mayor fuera su heredera. Era bien sabido lo protectores que eran los dragones con su tesoro y en el caso de Rhaegar, dicho tesoro eran sus hijas. Además, nadie era más como un dragón que Rhaegar.

Laena lo conocía desde la infancia y siempre se había preguntado si su primo se parecía a Aegon y Visenya Targaryen. El espíritu ardiente, la ferocidad y la obstinación que veía en Rhaegar le recordaban a las de las historias sobre los Conquistadores. Esto es un verdadero dragón, había pensado la primera vez que lo conoció.

Y a pesar de todo eso, ella nunca fue capaz de amarlo como una mujer debería amar a un hombre que se convertirá en su esposo.

Laena no tenía una explicación para ello, simplemente nunca sucedió.

Eran almas afines, almas gemelas, pero no ardían por el otro.

No como Laena ardía por Daemon, incluso si él no lo hacía por ella.

Incluso si él, su esposo, ardía por Rhaegar de esa manera.

Si ese hombre estúpido no fuera tan orgulloso, tan rencoroso y estúpido pudo haber tenido a Rhaegar.

La gran mayoría podría haberlo olvidado, pero en las venas de los Targaryen también corría sangre Velaryon y podría estar diluida, pero existía la minúscula posibilidad de que la magia fuera lo suficientemente fuerte para que dos varones Targaryen procrearan.

Pero Daemon estaba demasiado enojado con el rey, se sentía tan despreciado y olvidado que decidió tomar la ruta más mezquina posible.

Ella también sabía que Daemon la amaba, había aprendido a hacerlo a lo largo de los años, y ambos tenían una buena vida. Laena había tomado su decisión, estaba contenta con ella y seguía adelante.

Que su amado hermano fuera tan feliz sólo aumentaba la dicha de Laena y la diversión que obtenía al ver el rostro amargado de la reina era un premio inesperado, pero muy bienvenido.

No mires, pero, sin duda, si la reina no supiera que sería comida de dragón al instante, te apuñalaría en el ojo con ese cuchillo para mantequilla —dijo a Laenor mientras colocaba un plato de cacahuates confitados frente a él.

Su hermano apartó la mirada, conmovida, de Jacaera, quien reía en los brazos del príncipe Qyle Martell, y miró indiferente a la reina, sin pudor ni vergüenza. Todos sabían perfectamente que no existía amor entre la Reina Verde y el Príncipe Consorte.

Lástima que no sea tan estúpida como parece —tomó un cacahuate con una mano y la otra la posó sobre su vientre abultado —. Pero bueno, las bestias tienen un buen sentido de conservación.

Laena apenas logró sofocar su carcajada.

Cuando ella y Daemon escaparon, su querido esposo se aseguró de dejar constancia, una vez más, de la estupidez del rey de casarse con Alicent Hightower. Preferible el exilio a ver a un rey Targaryen humillarse tanto al estar casado con una bestia ándala de segunda categoría, había dicho.

Desde entonces, damas y lores llamaban bestia a la reina Hightower, a sus espaldas, claro.

¿Cuándo te volviste tan despectivo, hermano?

Cuando tuve que aguantar a esa horrible mujer, durante años, menospreciar a mis hijas y a mí —sus ojos se oscurecieron y comenzó a masticar con saña los cacahuates.

Laena hizo una mueca de simpatía y se sintió un poco culpable. Ella debió estar con su hermano en momentos tan difíciles.

Es lo único que personas como ella pueden hacer —dijo mientras volvía a mirar a la reina, quien ya había soltado el cuchillo en favor de girar la cabeza hacia Rhaegar.

El príncipe heredero había regresado de bailar con Visenya y ahora estaba sentado junto al rey, ambos seguramente prodigando de halagos y afecto a la encantadora niña sentada en el regazo de su padre. Visenya tenía doce onomásticos, pero era la consentida de toda la familia.

Personas pequeñas y mezquinas sólo pueden hacer cosas pequeñas y mezquinas —completó.

Su enamoramiento es tan patético que ya ni siquiera es divertido —Laenor también estaba viendo a la reina codiciar a su esposo.

Su hermano había cambiado, pero Laena supuso que era imposible no volverse hostil y odioso cuando vivías en un ambiente que te empujaba a serlo.

Ella no es una amenaza y si no fuera la esposa del rey, Rhaegar ni siquiera recordaría que Alicent Hightower existe.

Lo sé. No me preocupa y aunque hubiera alguna historia pasada entre ellos tampoco lo estaría. Rhaegar es leal y confío en él. Sin embargo, los celos sin fundamento de nuestra distinguida reina son molestos.

Tu esposo también te ama —agregó ella.

Laenor era Laenor, uno de los mejores hombres del mundo, y Rhaegar lo trataba con tanto respeto, cariño y cuidado que era imposible pensar que no existía amor de por medio.

Me ama, sí —su hermano debió notar el cuestionamiento en sus ojos porque continuó —: Tal vez no tanto como yo lo amo a él y no tan fuerte, pero nos queremos y nos apoyamos, somos un equipo. Y lo más importante, ama y protege a nuestras hijas —Laenor dejó vagar sus ojos por el salón, buscando a cada una de sus princesas —, ellas lo son todo para él y eso significa todo para mí.

Ah, una verdadera madre dragón.

Laena se identificaba.

Nadie sería nunca más preciado y nadie nunca sería más importante que sus preciosas hijas. Laena reduciría el mundo entero a cenizas por ellas, tal como Laenor lo haría, podía verlo en sus ojos.

Este pequeño tiene mucha suerte de tener a ti y a Rhaegar como padres —acarició suavemente la barriga de su hermano.

Era la primera vez que lo acompañaba en un embarazo y estaba decidida a quedarse para el momento de dar a luz. Planeaba aprovechar la buena disposición del rey de tener a Daemon de vuelta en Poniente; el Pacífico estaba tan feliz por el matrimonio de su nieta mayor que parecía haber olvidado sus problemas con Daemon, dándole la bienvenida a su lado de nuevo, tanto así que fue el rey quien envió la invitación de boda a Pentos sin consultar previamente con Rhaegar y Laenor.

Su primo había dejado claro que no guardaba ningún rencor contra Laena y Daemon, pero también era obvio que no estaba contento con su tío. La bienvenida y calidez que sentía por Laena, Baela y Rhaena no se extendía a Daemon.

Aunque no lo admitía, su queridísimo esposo se sentía amargado por eso.

Ella es afortunada, de hecho.

La forma en que Laenor acentuó ella hizo a Laena mirarlo con atención.

Fue uno de los primeros asuntos que hablaron cuando ella regresó.

Laenor estaba preocupado de que el nuevo bebé fuera un varón. Él no quería romper el equilibrio que habían alcanzado desde que la ley cambió y Jacaera fue anunciada como la heredera de Rhaegar. Su hermano temía que si tenía un hijo, el reino presionara para destituir a Jacaera.

Rhaegar no tenía la misma preocupación. Él aseguró que no importaba que los lores quisieran un rey, tendrían una reina. La ley había sido cambiada y no desperdiciarían todos los esfuerzos invertidos para revertir la decisión. Él podría tener un hijo varón, pero su heredera era su hija mayor.

Jacaera sería reina y nada lo cambiaría.

Además, si el nuevo bebé era varón, entonces nacería en un mundo donde el orden de nacimiento, y no el género, dictaba la herencia. El sobrino de Laena crecería respetando la herencia de su hermana, de cada una de sus hermanas.

 

 

Rhaenys Targaryen

Nunca pensó que viviría lo suficiente para sostener un tataranieto en sus brazos.

Aemma Targaryen era una de las cositas más preciosas que había visto en su larga vida.

Recién nacida, la primera bisnieta de Laenor, y ya con la corona asegurada.

Las campanas habían repicado durante un día completo para celebrar su nacimiento. Rhaenys nunca pensó que el pueblo estaría tan contento por la existencia de una nueva futura reina, la segunda.

Pasarían años para que ella se sentara en el Trono de Hierro, con Rhaegar vivo y saludable, con Jacaera próspera y fuerte, y con Maegon en el florecimiento de su vida, pero su herencia estaba establecida e inamovible.

Rhaenys estaba inequívocamente orgullosa por haber sugerido casar a Laenor y Rhaegar todos esos años atrás.

No sólo había lavado el desaire contra la Casa Velaryon, sino que también fortaleció a la Casa Targaryen como nunca lo había estado desde la época de los Conquistadores. Los dragones tampoco habían sido tantos como ahora.

Poco importaba que Viserys hubiera tenido cuatro hijos de su segundo matrimonio, esos niños pudieron haber tenido el nombre y la apariencia, pero nunca fueron dragones. Aunque eso era injusto con la princesa Helaena, quien era suave y delicada, pero un Targaryen de pies a cabeza.

Ella era un jinete de dragón, nunca se casó y, en cambio, permaneció en la Fortaleza Roja incluso después de que Viserys falleciera. La princesa decidió formar parte de la Casa de la Princesa Heredera, acompañando y sirviendo a Jacaera. Ellas compartían una amistad y compañerismo muy fuerte desde la infancia, amaba a los hijos de Jacaera como si fueran propios y era su consejera de confianza.

Helaena Targaryen era la única de los niños de Alicent Hightower que prosperó y seguía prosperando en el seno de la Casa Targaryen.

El príncipe Aegon había desaparecido en algún lugar de Essos, las malas lenguas aseguraban que había huido para unirse a Saera Targaryen en su mundo de depravación. Dada la reputación de prostituto que ostentaba desde los trece onomásticos no era difícil de creer.

El príncipe Aemond, que había seguido a su madre hasta Oldtown, se unió a la Ciudadela. Los susurros decían que amaba tanto a Lucerys que era incapaz de amar a nadie más y ya que no podía tenerla, se convirtió en maestre. Algunos lo compadecían, algunos lo admiraban y otros simplemente se burlaban.

El príncipe Daeron, quien no conoció otra vida que la de estar al servicio de la Casa de doncella de su madre, se ordenó como septón.

Hightowers de cabo a rabo.

Ambos príncipes fueron rápidamente olvidados, tal como Vaegon, Rhaella y Maegelle Targaryen lo habían sido.

Vergüenza, ¿pero cuál otro pudo ser su destino con una madre como Alicent Hightower?

La segunda esposa de Viserys se había convertido en una mujer odiosa. La joven tranquila y recatada que había servido a Aemma había desaparecido por completo, ahora era un recuerdo casi olvidado.

Tan olvidado como ya estaba la Reina Verde.

La Reina Hightower que esa serpiente Otto y su familia tanto desearon, fue reducida a una viuda que vivía arrodillada en el Septo Estrellado.

Cuando Viserys falleció y Rhaegar ascendió al Trono de Hierro, envió a la Reina Viuda de regreso a su reino natal. No había lugar para ella en su Corte, no en la fortaleza del hijo de Aemma Arryn.

Para crédito de la mujer, no tuvo ningún arrebato ni abogó por permanecer en la capital. Tal vez tuvo miedo de lo que podría pasar a sus hijos si no se iba en paz o tal vez algo de sentido común llegó a su cabeza.

Los Hightower había exclamado su descontento e indignación, pero ya no había consideraciones para ellos. La reina de su sangre y nombre había perdido todo poder, los príncipes de su sangre no tenían nada y no había aliado alguno a quien pudieran recurrir.

A decir verdad, Rhaenys sentía lástima por Alicent. La mujer había creído cada palabra de su padre, se convenció de que Rhaegar debía ser suyo y permitió que todo eso la transformara y dictara su vida. Ahora ella estaba sola con su fe, rezando a dioses de una religión que la había reprimido toda la vida.

Rhaenys se preguntó por un instante qué estaría pensando Alicent Hightower sobre que el nombre de la mujer, en cuya cama ensangrentada se acostó para tener una corona e hijos con sangre de dragón, ahora pertenecía a una futura reina gobernante. Tal vez no pensaría mucho de eso, al menos no más allá del hecho de que Aemma Targaryen era la bisnieta de Rhaegar y, que en otro mundo, también pudo haber sido suya.

Tal como las nietas de Rhaenys debieron ser sus hijas y sus bisnietos, sus nietos. Rhaenys lo había escuchado de una de las sirvientas que había plantado en la Casa de la Reina para estar al tanto de lo que la mujer delirante hacía a cada momento.

Rhaenys sentía lástima por ella, pero también mucha molestia, incluso a esta edad. Corlys, si todavía viviera, la llamaría ridícula, pero una astilla clavada en la mano, por más pequeña que fuera, seguía siendo una molestia.

—Abuela, me gustaría sostener a mi hija, hoy si es posible —el mayor de sus nietos la vio con diversión y extendió los brazos hacia ella.

Aerion creció para ser un joven muy guapo y encantador, le recordaba a su tío Baelon. Él y su gemelo, Viserys, fueron los niños que Laenor alumbró lunas después de la boda de Jacaera con Qyle Martell. Como era de esperar, no faltaron lores que aconsejaron cambiar la línea de sucesión, pero Rhaegar y Viserys fueron inamovibles en su decisión de Jacaera como futura reina.

Un hecho que se mantenía hasta el presente.

Y un posible problema que se solucionó con el paso de los años cuando Aerion y Maegon, el primogénito de Jacaera, se enamoraron y casaron. Mientras tanto, el joven Viserys –nombrado en honor a su abuelo, algo que ella pensaba era un desperdicio, pero por todos los errores que su primo cometió, el amor profundo e incondicional por Rhaegar y los niños de su línea siempre fue incuestionable– encontró a su pareja en el Norte.

Él y Rickon Stark se casarían en las próximas lunas, después de la boda de Rodrick Arryn, el hijo varón mayor de Lucerys, quien se casaría con Lady Myrcella Lannister, la heredera de Casterly Rock. Rhaenyra Arryn, su hija mayor y heredera, ya estaba casada con Brynden Blackwood y esperaban a su primer bebé. Jaime Arryn, su hija menor, estaba trabajando duro para convertirse en la primera dama caballero de la Guardia Real.

Jocelyn había decidido no casarse y nombró a Baela su heredera en Marcaderiva. Daemon había estado bastante complacido, sin embargo, no fue suficiente para hacerlo superar el hecho de que Rhaena se había casado con Garmund Hightower.

Por último, Visenya se había casado con un banquero de la familia Rogare y había tenido un solo hijo con él. Un hijo al que nombró Maegor. Su nieta tenía un oscuro sentido del humor. Al menos el niño era lo más lejos que se podía ser de el Cruel.

—Abuela, ¿quieres que suplique? —Aerion siguió insistiendo en quitarle a su tataranieta.

—Es lo menos que podrías hacer —lo vio con una ceja alzada, abrazando más cerca a su Aemma.

—No molestes a mi hijo, madre —Laenor se acercó a ellos, dejando a Maegon siendo rodeado y mimado en su cama por sus padres, tías, hermanos y abuelo.

—Él me molestó primero —dijo, pero entregó al bebé después de besar la pelusa plateada de su cabecita.

Su cabello era idéntico al del padre de Rhaenys, plateado pálido como la luz de la luna, pero sus ojos eran la misma sombra violeta que los ojos de Corlys.

Su esposo estaría pavoneándose de orgullo en ese momento si estuviera vivo.

Rhaenys sentía que casi podía explotar por la inmensa felicidad y satisfacción que sentía.

Sus Casas eran prósperas y fuertes.

Notes:

1. Aerion es Aegon III.

2. Maegon (no pude resistir) y Aerion tuvieron como hijos a los niños canónicos de Aegon III, pero después de Aemma.
*Daeron el Joven Dragón se convirtió en el primer Targaryen -de nombre y sangre- en convertirse en un Guardia Real.
*Con suerte, Daena, Rhaena y Elaena tuvieron una mejor vida.
*Baelor se convirtió en septón.

3. Aemma Targaryen se casó con Maegor Targaryen Rogare, porque, ¿por qué no?

4. Rickon Stark (hijo de Cregan) y Viserys (II) tuvieron a Aegon el Indigno, Aemond el Caballero Dragón y Naerys como hijos.
*Aegon siguió siendo una piltrafa y como no creo que Cregan soportara nada de eso, lo desheredó y nombró a Aemon como el heredero de Rickon.
*Aemon y Naerys se casaron, la única relación estrechamente incestuosa que se dio en la Casa Stark, y fueron muy felices.
*Uno de sus hijos o hijas se casará con el heredero o heredera de Aemma y Maegor.

4. No se me ocurrió con quién casar a Lucerys, así que lo dejé abierto. Díganme en comentarios sus elecciones.
*Jaime también me parece un nombre unisex.
***Algún hijo o nieto de Rodrick y Myrcella, heredero o heredera, se llamará Jaime en honor a la primera mujer de la Guardia Real.
*En el futuro, Jaime Lannister estará orgulloso de su nombre y su sueño será convertirse en un Capa Blanca por su ancestro indirecto, Jaime Arryn.
*Cersei nombrará a su Myrcella así por la primera Myrcella que fue Lady gobernante de la Roca.
*Jaime y Cersei también estarán muy orgullosos de ser descendientes de Lucerys. Con suerte, ellos tomarán mejores decisiones, serán mejores personas y tendrán mejores vidas.

5. Tal vez después haya una reina llamada Rhaenyra. Tal vez el Rhaegar (hijo de Aerys) nazca mujer y se llame Rhaenyra y sea la primera reina con el nombre.
*Si nace mujer, puede casarse con Oberyn.
*Si Rhaegar no se casa con Elia, Lyanna o ambas; Elia será muy feliz y vivirá una larga vida con un buen hombre. Lyanna podría permanecer soltera y volverse miembro de la Guardia Real.
*Independientemente de si Rhaegar es hombre o mujer, Rhaenys seguirá siendo su hija y ella será reina.
*Jon Snow será hijo de Brandon y Ashara o Ned y Ashara (o quien sea, menos Catelyn), y se casará con Rhaenys.
*O tal vez Daenerys se enamore de él y lo secuestre (de verdad o malentendido) y ahí se dé una guerra de rebelión.
*Incluso Daenerys, Jon, Rhaenys y Aegon pueden nacer con los géneros invertidos.
*Otra opción podría ser que ya sea como hombre o mujer, Rhaegar se case con Ned o con la versión masculina de Elia o Lyanna. O con Robert, y éste puede obsesionarse con él (o ella), pero no sea correspondido; o ambos pueden aborrecerse. De cualquier manera, puede acarrear problemas del tipo guerra de rebelión.
O no, todo puede ser color de rosa, vivan felices y coman perdices.

No sé, hay infinidad de posibilidades.
Escriban en comentarios las posibilidades que elijan.

6. Disculpas por la demora, pero mi nuevo trabajo ha absorbido toda mi energía y me ha pateado como no tienen idea.

¡Gracias por leer!

¡Gracias por comentar!

¡Los amo mucho!

Notes:

1. Rhaegar fue nombrado Mano tras la muerte de Otto, por eso él y su familia regresaron a Desembarco, no por el funeral del querido Otto.

2. Sinceramente creo que si Rhaenyra hubiera sido hombre, en el canon del show él nunca habría sido amigo de Alicent. Habría tenido muchos deberes y creo que Aemma le habría inculcado el no acercarse a ninguna dama, bajo o alto estatus, para evitar problemas, especialmente si ya estaba comprometido.

3. Jacaera tiene 18 años.
Lucerys, 16.
Jocelyn, 14.
Visenya, 11.

4. Aquí Rhaegar ha presionado a Viserys para que actúe inteligentemente. Fue él quien desalentó a Vizzy para que sus medios hermanos reclamaran dragones adultos cuando sus huevos se enfriaron (lo de Helaena fue fortuito, ella y las chicas estaban visitando el Pozo y Dreamfyre fue quien la reclamó). También Rhaegar aconsejó a Viserys que no casara a Aegon con Helaena, aunque aquí fue ella quien le pidió que intercediera --por medio de las cartas que compartía con las chicas.

¡Gracias por leer!

Series this work belongs to: