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En un rincón del firmamento existe una pequeña dimensión de bolsillo que Mobius había convertido en su morada, para ser más exactos, en su laboratorio. Allí, sentada en lo que parece ser una silla gamer moderna y totalmente sacada de la Tierra se encontraba una mujer de largos cabellos azabaches y ojos capaces de inquietar a cualquier criatura con su brillo rojo. De llegar a haber alguien más su expresión ensimismada solo hubiera aportado al misticismo de toda la escena pues entre las sombras de la habitación escasamente alumbrada por los negros fuegos de los candiles se desdibujaba su humanidad para dar paso a algo más terrorífico y mucho menos racional, algo inconcebible para la mente humana y que, aún así, fue concebido por los propios humanos. El único motivo para adoptar apariencia antropomórfica es el asiento en el que se recostaba, uno de los mejores y más entretenidos inventos que el planeta Tierra tiene para ofrecer.
El denominado piso 100, su lugar de encuentro prometido con Han Seojin, no era más que un pequeño estudio en la inmensidad de su dominio pero, una vez más, piensa la criatura, está demasiado vieja y aburrida como para importarle si el terrícola logra llegar o no. Ha visto mundos caer, resurgir y volver a sucumbir al apocalipsis, hasta el punto en que lo considera una especie de ley natural, ese ciclo de destrucción y muerte que otrora desesperó por frenar ahora no era más que el pan de cada día. Pero si entre “días”, entre el inexorable paso de los milenios entre caída y caída, hubiese alguna fuente de entretenimiento entonces podría haber preservado su cordura por una pizca más de tiempo. Ahora, sin embargo, Han no puede quejarse, al fin y al cabo ha sido paciente y tolerante con él, le está haciendo un gran favor…
La criatura, cuyo nombre terrícola, Mobius, es el de una empresa desarrolladora de videojuegos de éxito, no hace ni el ademán de frenar la carcajada que se le escapa ¿Por qué lo haría? No hay nadie más allí con ella para sentirse asustado ni mucho menos ofendido por la cacofonía de sonidos grotescos, pista para pocos de su verdadera forma. Y es cuando su risa se deforma en sutil sollozo antes de extinguirse que recuerda, vivamente ya que ,al fin y al cabo, fue hace apenas sesenta años, su descubrimiento más prominente de los últimos seis milenios: la Tierra.
Su mera existencia fue como un sopló de aire fresco y sus leyes tan diferentes que despertó en Mobius una curiosidad juvenil que creía enterrada y olvidada y en la cual se permitió zambullirse. La Tierra era un mundo cercano a la “espiral de destrucción”, nombre por el que a ella le gusta llamar a la maraña de mundos interconectados en la que habita, pero que logró mantenerse inconexo de la misma; completamente carente de maná -algo que no había creído posible hasta entonces- pero lleno de luces y máquinas y estructuras titánicas horripilantemente simples pero magníficas en su existencia misma. La decisión no necesitó ser premeditada y, a costo de un poco de influencia , fue guiada por su curiosidad a merodear por sus recovecos. Aprender y explorar la Tierra la acercó a la idea o, más bien, al proyecto que posteriormente desarrollaría el aclamado en ventas Pick Me Up! Era de sus experimentos más complejos que había llevado hasta la fecha, involucrando la intervención externa (los maestros, ni siquiera conscientes del peso de sus decisiones) y fisuras temporales aunque nada que no pudiera delegar a sus mini “yo”.
No dio buenos resultados, como era de esperar los “jugadores” creyeron con más estulticia de la esperada esas afirmaciones sobre “IA cuántica”, “personajes únicos generados biométricamente” y muchas más chorradas mencionadas en las campañas de marketing que casi se sintió una pérdida de tiempo, casi. Y, si en ella quedase algo de humanidad, podría haber sentido algo al observar a los maestros cometer errores que ponen en jaque el destino de los mundo que se les asignaron, verles sintetizar a diestro y siniestro o desperdiciar héroes con gran potencial por errores tontos, solo porque para ellos es un mero juego.
A veces, musita mientras observa el bolígrafo rebotar sobre sí mismo tras haber sido sostenido sobre su botón demasiado tiempo, se permite pensar sobre los límites de su propio poder y descubre que la eternidad sería más divertida sin la omnipotencia ni la infinitud agarradas como sanguijuelas a su alma La diversión insustancial de repetir y repetir hacer saltar la “pluma” endémica de la Tierra había sido olvidada para dar vueltas indefinidas en la silla giratoria, la satisfacción del movimiento ahogando su mente atormentada. Sabe en lo más profundo de su ser, en ese vacío donde una vez estuvieron sus recuerdos y sentimiento mortales, que su antiguo yo no hubiera estado de acuerdo con ese razonamiento; sabe que hubieron razones para buscar poder de la misma forma en la que es consciente que la esperanza que acompañaba dichas razones se ha esfumado junto a sus recuerdos, solo que esta de una forma dolorosamente lenta mientras observaba sus experimentos (sus esfuerzos necios) fracasar una y otra vez.
Con un estruendo que solo puede molestar al único habitante de la dimensión sus pies caen sobre el escritorio frente a la silla, frenando su rotación y cortando con decisión esa línea de pensamientos. Mirar hacia la izquierda, donde miles de pantallas reproduciendo los sucesos de los distintos mundos en distintos márgenes de tiempo flotaban de forma ociosa, casi por inercia pero su mirada vaga más allá de ellas y se posan en el reproductor que las crea; una vaga sensación de orgullo en sí misma la envuelve como lo haría una manta si solo siguieran teniendo utilidad para ella y si por si ese día no había tenido suficientes ataques de nostalgia, su mente le recuerda una vez más que es su propia enemiga cuando reproduce la anécdota de cómo su pereza se mezcló con la mentalidad de “businessman” y eso terminó resultando en la creación de un proyector capaz de leer la historia y esencia de los mundos anexionados a la “espiral de destrucción”; todo fuese por no tener que invertir en el esfuerzo consciente de dar un vistazo uno por uno. Optimización, lo llamarían en la Tierra.
Un chasquido resuena en el espacio oscuro, una vez más un ruido que solo puede molestar a una sola persona, la cual definitivamente está molesta pero solo porque tenía que malgastar “-” en arreglar el escritorio partido bajo sus tacones. Apartando la vista del artefacto de reducido tamaño pero obvia complejidad no pierde el tiempo en volver a centrarse en los dos elementos que habían ocupado el escritorio, ahora en sus manos. Un fichero de grosor engañoso creado a partir de un fragmento del alma de Han Seojin y en el cual aparece información pasada y presente del mismo. Ventajas de que el fichero esté conectado íntimamente con Loki es que se actualiza a la par que él mismo mejora, entre otras.
No le presta mucha atención más allá de rememorar escuetamente el encuentro agridulce entre ellos, fue irritante pero irremediablemente irrisorio los poco cooperativo que había esta el muchacho, no muy diferente a tratar con un gato huraño; un resoplido divertido se le escapa a Mobius pues no era tan difícil saber lo que pasaba por la cabeza de Han durante su conversación, de todas formas, Mobius planea utilizar su coraje para beneficio propio. Tras la corta reflexión sus ojos rojos se fijan avaros en la esfera flotando a escasos milímetros de su mano. La encontró escondida en el vasto universo, una serendipia sin duda, al ser esta la forma más pura y concentrada de materia en el firmamento. El núcleo energético de todo mundo cuya forma primigenia, la que se encuentra en su posesión, tiene un potencial infinito que supone un gran peso y expectativa en la propia Mobius.
Responsabilidad y expectativas, una es la constante que no abandona a ninguna criatura inteligente, irónicamente y, opuesto a lo que los mortales suelen pensar, esta perdura incluso tras la ascensión. La otra un arma de doble filo que es impuesta por otros y por uno mismo, en su caso particular la única superviviente es la responsabilidad, la hizo cadena y llave, un último intento de no abandonar la espiral de destrucción incluso tras la muerte de la esperanza. La esperanza que había sido alentada por las expectativas, las mismas que había puesto en planes y proyectos y experimentos, las misma que dictaminó inútiles hace milenios. No tardó en deshacerse de ellas, de impedirse creer en vano en soluciones infructuosas. Y encontrar la esfera no había hecho temblar esa mentalidad ni un poco.
Acerca de las “expectativas” sobre la esfera energética, no eran precisamente sobre planes o soluciones, era una idea directamente relacionada con su experimento actual y último. Era la ilusión de haber encontrado una nueva forma de entretenimiento, una que había leído en la Tierra. Una vez más, ese mundo no cesaba en sorprenderla, de forma esporádica lo halló mientras navegaba por el vasto mar que es esa saturada red de información que llaman Internet, los “Watching”. No la sorprendió particularmente, al fin y al cabo la codicia del ser humano no tiene fondo así que descubrir que se crean de forma diaria y constante los llamado “fanfiction” por la mera razón de producir más contenido sobre algo ya existente no fue lo que le llamó la atención sino un género entre los muchos existentes, el “Watching” en el que, por cualquier razón, llámalo deidad llámalo voluntad del autor, personajes ficticios son convocados en una dimensión de bolsillos y son obligados a reacción y ¿qué es lo mejor de todo? Que la finalidad de esos escritos es clara y obvia para todos, el entretenimiento del espectador.
¿Por qué no crear su propio Watching? El pensamiento era tentador y tenía al alcance de la mano los tres elementos necesarios para escapar de la fealdad de la eternidad, aunque sea por unos días. El gozo y la satisfacción del espectador, véase, la propia Mobius, es lo único que importa al final y nadie se podrá quejar, al fin y al cabo esto también les beneficia. Con la mente resuelta y una sonrisa ladina cuya forma tarda poco en escapar de los contornos de su cara y se deforman en algo digno de un cuento de terror, se pone manos a la obra: calculando costos energéticos y la optimización de la fusión necesaria para dotar al artefacto resultante el atributo omnisciencia .
Y si se escuchan una hilera de carcajadas emocionadas por todo la extensión del Piso 100 no hay nadie allí para escucharlas.
[···]
En una sala pequeña y oscura se encuentran esparcidos en los sillones cinco cuerpos totalmente inertes, todos pertenecientes a individuos tan disparejos entre sí que cuesta creer que formen parte de un mismo equipo tan renombrado como es el top 5 de Niflheim, pero ahí están, siendo secuestrados sin previo aviso por una entidad desconocida. Syris abre los ojos y por un segundo la duda de si sus ojos siguen cerrados le inundó al contemplar la oscuridad absoluta devolviéndole la mirada. Los cuerpos de sus camaradas apenas perceptibles a su alrededor, de haber sido otra la situación podría haber encontrado en sí la voluntad para reírse de las posturas tan raras en las que estaban algunos de ellos, se tragó la preocupación, si ella había sido capaz de despertar por cuenta propia lo más probable es que sea cuestión de tiempo para que ellos también lo hagan. Dispuesta a comprobar las dimensiones de la habitación, empezó a levantarse
Cuando un sonido ahogado sonó detrás de ella, no pierde el tiempo en buscar con la mirada lo que sus sentidos no pudieron percibir; solo para ser recibida con la vista de una Nihaku recién caída del sofá, despertada por el golpe y no menos confundida que la propia Syris...
