Chapter Text
Mientras cliente y detective atravesaban la puerta principal del apartamento, Viktor pareció recordar algo.
"Ah. Joven Katsuki, espero que no le moleste que haya hecho venir a mi aprendiz, Yuri Plisetsky." Dijo mientras subían las escaleras. "No crea que lo hice porque yo solo no puedo resolver su caso, simplemente porque creo que el caso será instructivo para una mente joven como la suya."
"Oh." Yuuri parpadeó, tanto por el aviso como por saber de alguien con su mismo nombre. "Entiendo. Si este Plisetsky es de su confianza…"
"¡Lo es!" Se detuvo y se giró para sonreír. "Él es sumamente listo y sé que será mi sucesor cuando inevitablemente yo me retire, en un futuro muy lejano, claro está. Pero es él joven, le falta curiosidad y experiencia. Y ahora mismo está en esa fase donde cree que todos son idiotas menos él. Téngale paciencia."
"Entiendo." Yuuri mentalmente le agradeció la advertencia y continuaron subiendo.
"Ya era hora de que llegaras, Viktor." Los recibió bruscamente un chico rubio cuando el detective abrió la puerta. El muchacho se encontraba sentado en el sillón junto a la chimenea, con rostro desinteresado. Luego miró a lo que supuso era el nuevo cliente, si es que la descripción de Yakov era de fiar.
"Siempre es un placer verte, Yurochka." El detective dejó su gorro de vuelta en el perchero y le indicó a su cliente que se sentara en el sillón frente a su aprendiz. Makkachin se acurrucó en su camita en la esquina de la habitación. "Joven Katsuki, le presento a mi colega Yuri Plisetsky. Yurochka, te presento a nuestro cliente Katsuki Yuuri."
"Mucho gusto." Yuuri fue el primero en presentar su mano. El chico la miró un momento y luego suspiró, pero la estrechó de todos modos para ser cortés.
"El gusto es mío." Murmuró entre dientes, tratando de no rodar los ojos. Parecía que ya hubiese sido amonestado antes por no saludar correctamente a los clientes. "Dime todo lo que sepas del caso. ¿Vienes de la escena del crimen, no?" Dijo, ahora dirigiéndose a Viktor.
Viktor asintió y comenzó a preparar té inglés mientras explicaba lo que Makkachin y él habían visto en la tienda.
“Ya veo… Así es cómo el perro fue robado.” Comentó el chico, recibiendo una taza de té del detective. “Y yo ya encontré el motivo del robo.”
“¡¿Qué?!” Exclamó Yuuri, pasmado. Él aún no estaba seguro de que haya sido un robo en primer lugar, pero al ver que el asistente del detective también lo confirmaba le hacía replantearse todo lo sucedido. “¿Pero cómo pueden estar seguros de eso?” Inquirió con una mano contra su pecho, tratando de no entrar en pánico de nuevo.
“Tome, joven Katsuki.” Viktor le acercó una de las tazas de té que cargaba y se sentó junto a él, en una silla que previamente había arrastrado del desayunador. “Permítame explicarle. Cuando usted y yo salimos a la tienda de sus padres, le pedí al Señor Feltsman que le avisara al joven Plisetsky sobre el caso y que éste investigara en los periódicos todo lo relacionado con perros en los últimos tres o cuatros meses. Asumo que mi querido aprendiz encontró información relevante al caso.” Dijo, volviendo a ver al rubio con una ceja alzada, a lo que el menor contestó desdoblando un periodico que tenía bajo el brazo y se lo mostró a Yuuri, quien no tardó en tomarlo.
“Hace tres meses hubo un incidente a pocas calles de la tienda de antigüedades. Un carroaje que transportaba perros callejeros parece que no ató bien la carga y varias jaulas cayeron al piso del coche, abriéndose las rejas. Cuando el cochero fue a ver lo que sucedía, varios perros aprovecharon para escapar. Según la nota lograron recuperar a todos los caninos prófugos.” Explicó Yuri mientras que el japonés leía los detalles, lo que lo hizo sobresaltarse. “Pero francamente dudo que hayan encontrado a todos.”
“¡El incidente pasó el mismo día que encontré a Vicchan!” Exclamó, sorprendido por la coincidencia.
“La carga era para la tienda Baskerville.” Dijo Viktor, no mirando el periodico sino al techo. “Es posible que Vicchan formara parte de la mercancía.”
“Pero la nota dice que eran perros callejeros, es decir, el coche debía dirigirse a la perrera. La tienda de mascotas Baskerville vende perros que ellos mismos crían.” Refutó el de cabello negro con el cejo fruncido.
“Es cierto.” Concedió el detective con una sonrisa. “Pero me temo que ellos también cuentan con otro tipo de negocio…”
“Contrabando de animales.” Terminó de decir el rubio, bebiendo más té. “No hay más notas sobre perros, pero hay artículos sobre animales robados de zoológicos.”
“¿Contrabando de animales?” Repitió Yuuri, confundido. “¡Eso es terrible!” Saltó de su asiento. “Pero… ¿Qué tiene que ver Vicchan en todo esto?” Dijo, mirando al detective y a su aprendiz con súplica.
“Siéntese de nuevo, por favor, joven Katsuki. Todo tiene una explicación.”
“D-de acuerdo.” Respondió distraídamente mientras se volvía a sentar.
“Sé que no lo había notado antes, pero Vicchan es un perro de raza pura francés, un poodle toy. Es decir, él es un tipo de poodle que no crece demasiado y está de moda entre la aristocracia, pues son perros usados en concursos de bellezas de mascotas. Sobra decir que son difíciles de conseguir en Londrés y más con certificado de autentificación. Su valor monetario es considerable.”
“¿Un poodle pequeño? Eso explica su estatura…” Suspiró, pasándose una mano por el pelo. “Pero… si Vicchan pertenece a la tienda, ¿por qué no contestaron mi mensaje en el periodico? Yo se los habría devuelto… Ah.” Yuuri abrió los párpados al entenderlo. “Ellos no querían meterse en problemas en caso de que yo hiciera preguntas.”
“¡Exacto!” Viktor chasqueó los dedos, animado de tener un cliente que supiera pensar por sí mismo. “Si ellos contestaban a su mensaje cabía la posibilidad de que usted hubiera notado la raza de Vicchan y les pidiera dinero a cambio, o incluso amenazarlos con llamar a la policía. No son ilegales, pero sería extraño que un poodle toy estuviera en una perrera. Así que es posible que decidieran olvidarse de él y continuar con su negocio como si nada hubiera sucedido.”
“Entonces, ¿por qué decidieron robar a Vicchan ahora?” Inquirió, sintiendo su corazón quebrarse un poco. Por el momento tan sólo era una loca teoría, pero Viktor y su aprendiz parecían tan serios al decirlo que Yuuri no podía hacer otra cosa que apretarse las rodillas con las manos.
La mirada del detective flaqueó un momento y miró a su aprendiz en busca de ayuda. Yuri suspiró y decidió que era su turno de contestar.
“La publicidad de su tienda de antigüedades.” Dijo el rubio, desdoblando otro periodico. “En este artículo se mostraron dos fotografías, una de la fachada Yutopia Katsuki y otra del interior de la tienda, en la cual se ve a Vicchan.”
“Oh… Ellos vieron a Vicchan en el periódico.” Yuuri miró al piso y comenzó a respirar rápido. Había sido su idea que el poodle apareciera en las fotografías, los clientes lo amaban. Era su culp…
Una mano sobre su hombro lo distrajo de su auto regaño. El detective le sonrió y el japonés asintió con la cabeza para hacerle saber que estaba bien.
“Sí. Georgi Lupin o alguno de sus trabajadores reconocieron al perro y decidieron que robarlo les traería algo de dinero extra. Era más fácil tomar al perro y que se tratara de un robo común a que ellos expusieran su identidad ante quien puso la nota en el periodico.” Continuó Yuri. “En teoría, ellos lo robaron primero así que técnicamente les pertenece, por lo que para ellos no fue un robo sino recuperar mercancía.”
“¡Oh, no! ¿En serio creen que el Señor Lupin fue quien se llevó a Vicchan?”
“Por supuesto.” Dijo Viktor. “En realidad, Lupin no es su nombre real. El señor Lupin en realidad se trata de Georgi Popovich, una mente criminal de mi natal Rusia. Makkachin, Yurochka y yo le hemos seguido la pista desde hace un tiempo. Creí que su tienda de animales era sólo una fachada para apuestas ilegales, pero el robo de Vicchan confirma que su nuevo negocio principal debe tratarse de la venta de mascotas exóticas, incluyendo mascotas con pedigree robadas a personas ricas.”
“No he escuchado de más casos con robos de perros.” Comentó el japonés, pero su mismo contraargumento le sonó vacío. El detective se encogió de hombros.
“Cuando usted fue a reportar el robo de Vicchan, Scotland Yard no tomó en serio su caso. Y los aristócratas y burgueses se pueden permitir comprar otro perro de pedigree si pierden al que ya tienen.” Dijo como explicación. “Así que…” Viktor se llevó una mano a la barbilla, pensativo. Era posible que Vicchan ya tuviera nuevo dueño. Pero decidió no mencionarlo.
“De acuerdo. Supongamos que la teoría del robo es real. Só-solo hay algo que no entiendo.” Dijo Yuuri, algo exasperado. “Ustedes insisten en decir que fue un robo, pero el Señor Lupin salió de la tienda antes de que nosotros lleváramos a mamá con el doctor. Y la puerta no fue forzada.”
“Yurochka.” Viktor tomó té y el rubio supo que él debía explicarlo.
“Fácil. Popovich puso somnífero en polvo en el té cuando nadie miraba, luego fingió que se había marchado y los estuvo observando por la ventana desde el callejón frente a la tienda, esperando a que el somnífero hiciera efecto. Entonces tomó al perro mientras ustedes corrían a ayudar a la Señora Katsuki. Él debía llevar un bolso o un sombrero de copa, donde escondió al perro, y como es un ladrón profesional no fue difícil para él pasar desapercibido entre ustedes. Es posible que también le diera un premio con somnífero al perro también, es por eso que no ladró cuando se lo llevaron.”
“¡Ah!” Exclamó Yuuri, sintiendo su sangre helar. “Sí, él llevaba un sombrero de copa. Y no vi a Vicchan cuando cerré la puerta. Yo sólo asumí que seguía dentro de la tienda…” Tomó una gran bocanada de aire y sus hombros cayeron. “Entonces es cierto. Vicchan fue… robado. ¿Qué sigue ahora?”
“Eso depende de usted, Joven Katsuki.”
“Sólo llámame Yuuri, detective. ¿Y qué quiere decir con que eso depende de mí?” Inquirió, un poco atemorizado por la seriedad en su voz.
“Muy bien, Yuuri. En ese caso, llámame Viktor.” Sonrió ligeramente, más volvió a la seriedad. “Por ahora hay dos opciones: Podemos ir por la vía legal, que será tediosa y larga, y no sabemos si la policía algún día encontrará a Vicchan; o podemos hacerlo a mi manera: nada legal y sencilla, pero tendrás a Vicchan contigo en solo unas pocas horas.”
“¡¿Qué?!”
“Es cierto.” Dijo el chico rubio sin inmutarse. “La policía es torpe y sólo el papeleo para conseguir una orden de cateo a la tienda de mascotas les tomará semanas.”
“Y dudo mucho que Vicchan esté en la tienda en primer lugar.” Agregó Viktor. “Deben tener a los animales en un lugar alejado, aislado, donde el ruido de chillidos de animales no llame la atención de los transeúntes, como en un almacén.”
“Ya pensé en eso.” Dijo Yuri con una media sonrisa, levantando un pedazo de papel. “Hay un almacén bajo el nombre de Georgi Lupin en el muelle.”
“¡Buen trabajo, mi querido aprendiz!” Viktor aplaudió y se levantó de la silla. Realmente se había tratado de un caso fácil, como esperaba, pero socializar con los clientes le haría bien a Yuri. “¿Qué dices, Yuuri?” Le inquirió al japonés con una sonrisa pícara. “¿Nos acompaña a una pequeña aventura en el muelle? O si lo deseas, puedes esperar aquí y fingir que nosotros encontramos a Vicchan bajo un puente.”
“Ah, yo…” Yuuri parpadeó, aún no sabiendo qué pensar o qué decir. Pero sí sabía una cosa, quería a su perro de vuelta. “Si me aseguras que Vicchan estará en el muelle…”
“Oh, lo estará.” Replicó Viktor sin problemas. Después de todo, no había concursos de belleza caninas hasta dentro de unos meses. Era seguro que Vicchan aún no había sido vendido. “¿Vamos?”
El detective alargó una mano. Yuuri dudó un momento, pero terminó por tomarla.
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Luego de un viaje en coche lo suficientemente largo para que la neblina se iluminara con las luces de gas de los faroles, el par de detectives, el perro y su cliente llegaron al muelle. El detective le ofreció una mano a su cliente para ayudarlo a bajar del coche y luego le pagó al cochero para que los esperara.
Para su fortuna no había mucha gente alrededor, sólo trabajadores cansados y gente que ya se iba a casa, y no tardaron mucho en encontrar el almacén indicado en el papel. Ruidos varios de animales se podían escuchar tenuemente desde su interior.
“Recuerden el plan.” Dijo Viktor en voz baja, usando un gancho de hierro para abrir el candado. “Yurochka, da una vuelta a los alrededores, y si ves a alguien dirigiéndose a almacén, finge pedir direcciones. Yuuri, quédate aquí afuera, y si alguien se acerca a ti, háblales en japonés hasta que se cansen.”
“De acuerdo. ¿Pero estás seguro que puedes hacer esto solo?” Preguntó Yuuri en voz baja también. “Además, está muy oscuro, casi no se ve nada.”
“Por supuesto, y no estaré solo. Makkachin está conmigo. Él olió las pertenencias de Vicchan en la tienda y tiene su aroma, me guiará hasta él. Ahora, a sus posiciones.” Dijo y atravesó el largo portón, cerrando la puerta tras de él.
El chico rubio solo asintió y comenzó a caminar. Yuuri lo vio alejarse, nervioso. Debido a la presencia del peliplateado los animales dentro comenzaron a hacer más ruidos, por lo que el hombre de cabello negro no pudo hacer otra cosa que tensarse e imaginarse el peor de los escenarios.
¿Qué pasaría si alguien los descubrieran? ¿Qué pasaría si los dueños del almacén contactaban a la policía? Yuuri no quería manchar el honor de su familia yendo a la cárcel… ¿Y si Vicchan no estaba realmente allí dentro? ¡Habían pasado ya cinco días! A lo mejor su pobre cachorro ya había sido vendido al mejor postor.
No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado pero Yuuri comenzó a temblar y a morderse las uñas. Y estaba tan ocupado imaginando los mil escenarios en los que todo podría salir mal que se sobresaltó al sentir una mano sobre su hombro. Yuuri logró no gritar por miedo a arruinar el plan, pero soltó una interjección al girarse y ver Vicchan frente a él.
“¡Vicchan!” Exclamó, y el poodle saltó de los brazos del detective a los brazos de su humano. El japonés trató de no reír mientras el perro gemía de felicidad y le lamía la cara. Ambos poodles movían sus colas.
Viktor cerró la puerta y puso el candado de nuevo. Posó una mano en la espalda del japonés y lo incitó a caminar.
“Debemos apresurarnos. Escuché la voz de Yurochka del otro lado del almacén.”
“Gracias, gracias. De verdad, gracias.” Fue todo lo que Yuuri pudo murmurar mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Vicchan tocaba su rostro con sus patitas mientras mordía animadamente su pelo.
Lo siguiente que Yuuri supo es que se encontraban de nuevo en el carroaje. En algún momento se habían reencontrado con el chico rubio y éste y Viktor compartían información mientras los caballos echaban a andar.
“Buen trabajo al distraerlos, Yurochka. Si sigues así pronto te dejaré dirigir un caso.”
“Esperen, ¿qué pasará con los otros animales?” Inquirió Yuuri de pronto. Vicchan ya se había cansado de tanta felicidad y se decidió a dormir sobre sus muslos.
“Como dije antes, este tipo de casos son largos y tediosos.” Respondió Viktor. “Yurochka y yo buscaremos más pistas y después dejaremos que la policía se haga cargo del resto. No te preocupes por ellos, no estaban en malas condiciones. Georgi Popovich es un ladrón pero no un monstruo.”
“Ya veo.” Yuuri observó a su perro, aún maravillado e incrédulo de tenerlo de vuelta después de tantos días de desesperación y soledad. Su familia estará feliz de tenerlo de vuelta. Entonces sintió una mirada y se giró al detective, quien lo miraba de vuelta con una ligera sonrisa en los labios. La luz de los faroles hacían brillar su cabello plateado como una aureola angelical. El hombre japonés sintió su rostro arder y se aclaró la garganta. “Sé que dijiste que no me cobrarías por resolver mi caso. Pero realmente me gustaría agradecerles por su ayuda, a Yuri y a ti.”
“Tus gracias es suficiente para nosotros.” Viktor agitó una mano para restarle importancia. “Pero… no nos negaremos si nos invitas a comer ese platillo que prepara tu madre, katsudon, el que mencionaste durante el camino.” Dijo y guiñó un ojo, haciendo reír al japonés.
Yuri puso los ojos en blanco, soltó un bufido y miró por la ventana, resignado a tener que pasar el resto del viaje junto a dos adultos pésimos para coquetear.
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Días después…
“Tienes una visita, Viktor.” Gruñó Yakov tras golpear sin cuidado la puerta, lo que le indicó al detective que esta vez no se trataba de un cliente.
“Adelante.” Dejó su taza de té sobre la mesa y se alzó de la silla para recibir a su visita. “¡Ah, Yuuri! Me preguntaba cuándo volveríamos a vernos. Espero que esta sea una visita social y no un caso.” Sonrió.
“Es una visita social.” Yuuri respondió, con sus mejillas sonrojándose adorablemente. En un brazo cargaba a Vicchan y en el otro un pequeño ramo de rosas blancas. “No creí que el katsudon fuera suficiente, así que te traje esto como otra muestra de nuestro agradecimiento. Son, eh, de parte de Vicchan.”
“¡Oh! Nunca antes un cliente tan encantador me había traído flores, ¡son hermosas! Gracias, Vicchan.” Aceptó el ramo y después acarició la cabeza del poodle, quien ladró y movió la cola. Makkachin se levantó de su camita y caminó hacia los visitantes mientras Yuuri dejaba a Vicchan en el piso. “Asumo que existe una razón más para tu visita, Yuuri, pues las flores me las pudiste haber enviado con un mensajero.”
“Oh, bueno. Leí en los periódicos sobre el caso. La policía logró recuperar a los animales exóticos y desmantelaron la tienda de mascotas Baskerville, pero Georgi Lupin escapó. Lamento escuchar eso.”
“Es un ladrón escurridizo.” Dijo Viktor, encogiéndose de hombros. “No es la primera vez que yo destapo sus planes y tampoco es la primera vez que él termina escapando debido a la lentitud de la justicia, y tampoco será la última. Soy detective privado, no policía. Mi deber es resolver casos, no atrapar delincuentes.”
“Entiendo. Por cierto, también vine por otra razón”
“¿Sí?” Le señaló los sofás frente a la chimenea y ambos tomaron asiento.
“Bueno, hoy también leí en los periódicos sobre que aún están disponibles para rentar las habitaciones de arriba.” Dijo, mirando al piso, con las manos sobre las rodillas. Estaba nervioso. “Yo tengo algo de dinero ahorrado, y desde hace un tiempo que me gustaría independizarme de mis padres… A-además, Baker Street no está lejos de la tienda de antigüedades, y el señor Felstman me aseguró que Vicchan puede mudarse conmigo. P-pero no sé lo qué piense mi posible nuevo vecino de esto.”
“Oh. ¿Estás pidiendo mi permiso para mudarte?” Inquirió el detective con una media sonrisa, intentando no reírse. Yuuri realmente era un hombre adorable.
“No permiso, pero… No me gustaría incomodarte con mi presencia.” Levantó tímidamente su mirada, acomodándose las gafas.
“¿Incomodarme? ¡Nunca! ¡Por supuesto que no! Nadie es mejor como nuevo vecino que otro compañero amante de los perros. Por favor, permíteme darte la bienvenida desde este momento, Yuuri.” Alargó una mano y tomó la derecha del hombre japonés, posando sus labios sobre sus nudillos temblorosos. Sus miradas se cruzaron y Viktor, que jamás se creyó un romántico, pudo sentir las dichosas mariposas revolotear dentro de su estómago.
Se sentía extraño mas no desagradable. En realidad, se sentía bastante bien.
“Oh, uh. Gracias, Viktor. Quiero decir, nuevo vecino.” Yuuri sonrió, igual de nervioso pero con una actitud más animada. “Makkachin y Vicchan se han vuelto muy buenos amigos, me alegra que ahora puedan pasar más tiempo juntos. Y cla-claro, espero poder conocerte mejor a ti también.” El rostro de Yuuri se ruborizó aún más, si es que eso era posible.
“Opino lo mismo, Yuuri.” Dijo Viktor, canturreando su nombre. “Y, quizás, de vez en cuando te interesen algunos de mis casos. Me vendría bien tener un secretario.” Guiñó un ojo y el japonés asintió con una sonrisa.
