Work Text:
Yuuri movía inquietamente las rodillas de arriba a abajo sobre la fina silla de madera mientras esperaba su turno.
Pronto sería llamado por el Consejero Real, por lo que el sastre luchaba consigo mismo para no revolverse el cabello, manteniendo las manos sobre los muslos. Aunque esta vez no podía culparse a sí mismo de no poder tranquilizarse. Es decir, ¡tendría una audiencia con el Príncipe en persona!
Los otros sastres que también esperaban junto con él parecían igual o más nerviosos que él mismo, si es que eso era posible. Por primera vez en su vida Yuuri no desentonaba en absoluto con la atmósfera general.
El sastre de Hasetsu suspiró despacio y se preguntó mentalemente de nuevo qué hacía en ese lugar.
Un año atrás, el príncipe Viktor de la Casa Real de los Nikiforov había hecho una convocatoria para todos los sastres del Reino para que presentaran una propuesta de diseño del vestuario que él usaría para el Banquete del Cortejo Real.
El Banquete del Cortejo Real se trataba de un evento sumamente importante, el cual solamente sucedía cuando los príncipes y princesas estaban listos para contraer matrimonio, pues sería el día en el que el príncipe Viktor elegiría a su Consorte Real, tal y como dictaban las costumbres de su Reino.
Eso significaba que sólo habría un diseño ganador, el mejor de todos.
Obviamente ya existía un Sastre Real, el cual confeccionaba la ropa del Rey, pero los rumores decían que el príncipe rechazó todos sus diseños, alegando que eran obtusos y que prefería ver el punto de vista de sastres más jóvenes, por lo que sería reemplazado por el ganador.
Yuuri, al vivir en un pueblo bastante alejado de la Ciudadela, se enteró de la convocatoria mucho después... Once meses después...
Lleno de pánico, el aprendiz de sastre había tomado un papiro e ilustró en él el mejor traje que su apurado cerebro pudo imaginar en menos de una semana.
Nunca en su vida había visto al príncipe Viktor, pero sabía por rumores que era un hombre elegante y extravagante, que tenía los ojos del color del mar de Hasetsu y sus cabellos eran como largos hilos de plata, por lo que pensó que una combinación de colores fríos, cálidos y neutros sería la elección ideal, como también una capa larga con pelaje alrededor del cuello.
Tras elegir cuidadosamente el tipo de telas, el hilo y darle los últimos retoques a los patrones, Yuuri se despidió de su familia, tomando consigo los ahorros de su vida para aventurarse en un largo viaje de 10 días en carruaje hasta llegar a la Ciudadela.
Así que ahora allí estaba, en el Castillo de los Nikiforov, encerrado en una larga habitación acompañado de otros sastres con su mismo rostro de ansiedad y cansancio que él.
Yuuri sabía de antemano que su diseño no sería el elegido, eso ya sería tener mucha suerte. Pero el príncipe había prometido pagar una generosa cantidad de monedas a todos los que se presentaran para compensar su tiempo y esfuerzo, y en el mejor de los casos, enviarlos con otras familias nobles con una carta de recomendación con el Sello Real.
Yuuri realmente necesitaba esos incentivos. Sabía que a los burgueses les encantaban los diseños exclusivos, por lo que si lograba que el futuro Rey aprobara su diseño, aún si no fuera el ganador, podría trabajar para otros nobles y tener un futuro asegurado. Quizás incluso podría abrir su propia Sastrería y pedirle a su maestra Minako que fuera su copropietaria.
Yuuri estaba tan nervioso que le tomó un tiempo darse cuenta que muchos sastres salían de la habitación tan pronto como entraban, algunos con la cabeza baja, otros murmurando entre dientes con el ceño fruncido y otros tantos con la cabeza en alto como si nada les molestara. Al menos todos llevaban consigo saquitos con monedas de oro.
Según el reloj de pie al lado de la puerta, ya casi era medianoche cuando Yuuri fue llamado.
"Katsuki Yuuri." Dijo un hombre de mediana edad, quien ya se había presentado ante ellos como el Consejero del rey. Había dicho que se llamaba Yakov Feltsman.
Yuuri, temeroso, cansado y vacilante, caminó despacio tras el hombre, atravesando un gran portón bañado en oro, luego pasaron por un largo pasillo hasta llegar a una habitación oscura, con las cortinas abajo. Un solo candelabro iluminaba la mesa.
El hombre, Yakov, caminó hacia la oscuridad, presumiblemente para situarse al lado de… El Príncipe.
Yuuri tragó saliva. No podía ver nada en las sombras, lo cual ciertamente agradeció, pues era prácticamente un delito mirar a la nobleza sin su expreso permiso; pero indudablemente sentía la poderosa presencia del siguiente soberano frente a él.
"Muestra tus diseños, muchacho." Dijo Yakov con voz neutral, aunque Yuuri pudo percibir algo de fastidio. Seguramente el par ya estaba harto de ver tantos diseños en un solo día, lo cual seguramente significaba menos paciencia para Yuuri.
El aprendiz de sastre rápidamente abrió y desenrolló sus pergaminos sobre la mesa, haciendo un gran esfuerzo por no tirarlos al piso por error.
Hubo un silencio de varios segundos en los que el hombre de cabello negro temió lo peor.
"¿Puedes explicar lo que estamos viendo?" Yuuri escuchó una segunda voz, la cual era sorpresivamente jovial y aterciopelada. Y por suerte ésta sonaba más bien curiosa, hasta complacida, nada desdeñosa. No obstante, Yuuri necesitó un segundo para respirar profundamente para no perder la poca calma que aún le quedaba.
¡El príncipe le había dirigido la palabra!
"Ah, uh… Bien. Hice, eh… Diseñé este prenda basándome en la indicaciones del anuncio. Su Alteza especificó que busca un traje llamativo pero formal, con capa larga, que sea elegante mas no exagerado, cómodo de usar y que definitivamente no sea una túnica de monje." Si Yuuri recordaba bien el texto, el príncipe Viktor prácticamente rogaba por un traje que no lo hiciera ver como un santurrón pero tampoco como un hombre pasado de moda.
El príncipe hizo un sonido con la boca cerrada, pensativo. Yuuri no sabía si era una buena o mala señal.
"¿Qué hay de los colores? Es una combinación exótica: Blanco, negro, magenta, dorado. Los otros candidatos se limitaron al azul, negro y blanco; los colores de mi Escudo familiar. ¿Por qué el magenta con motivos dorados?" Si el príncipe no se hubiese escuchado tan interesado, Yuuri se habría desmayado allí mismo.
"Uh… Como dije antes, usted necesita un traje que debidamente lo haga resaltar del resto, y aunque sea un traje llamativo. La simpleza del diseño hará que usted sea percibido como un gobernante formal, elegante y benévolo. Y creo que…." Yuuri sacudió la cabeza y frunció el ceño con concentración. "No, estoy seguro que esa combinación de colores harán resaltar el color de su cabello y de sus ojos, además que combinará con los motivos dorados. El magenta es un color poderoso como el rojo pero amable como el azul." Yuuri esperaba que eso fuera cierto.
No estaba seguro de si realmente su cabello era plateado y sus ojos azules como afirmaban los mercaderes ebrios en la taverna de sus padres. Seguramente habría pinturas del príncipe en la ciudadela, pero, de nuevo, Yuuri vivía en un pueblo demasiado lejano que ni siquiera tenía museos. De hecho, estaba sorprendido de que el príncipe fuera un hombre joven. Su silueta y su voz definitivamente pertenecían a alguien que rondaban por su misma edad. El traje le quedaría perfecto...
"¿Tú qué opinas, Yakov?"
El Consejero Real suspiró, como si ya supiera que su opinión no importaba.
"La tela de color magenta tiene un precio muy elevado en el mercado, el pelaje para la capa será difícil de conseguir y el oro para los motivos deberán ser forjados por un herrero; también dependerá el tipo de tela e hilos que se utilizarán para saber el precio final." Conforme Yakov hablaba, Yuuri palidecía cada vez más, perdiendo la esperanza. "Pero podemos costearlo, es para un evento especial de todos modos."
Yuuri se quedó en silencio, sólo mirando con ojos bien abiertos hacia la oscuridad, como un perrito asustado buscando simpatía y ansioso por escuchar el veredicto final del príncipe.
Había hecho el diseño con tanta prisa que no se detuvo a pensar en cuánto costaría hacerlo.
"Yakov." Dijo el príncipe Viktor. "Haz que Katsuki Yuuri sea llevado al comedor y que le sirvan lo que pidan. ¿Debes tener hambre, cierto?"
"Uh." Yuuri parpadeó, confundido y sorprendido, y le tomó un segundo darse cuenta que el príncipe le había hablado directamente a él y no al consejero. No había comido nada desde que llegó a la ciudadela esa mañana. Podía sentir su estómago gruñir. "S-sí, Su alteza. Gra-gracias…"
"Perfecto." Entonces habló de nuevo con el consejero. "También dale una habitación en el ala de huéspedes."
"Cómo diga, Su Alteza."
"Katsuki."
"¿Sí, Su Alteza?" Contestó de inmediato, irguiendo la espalda.
"Felicidades. Eres el primer candidato que apruebo. No puedo prometer que serás el ganador puesto que debo ver más diseños, pero te prometo que serás bien recompensado por tu esfuerzo. Nos quedaremos con tu diseño por ahora."
"En-entendido, Su alteza. Gracias" Yuuri replicó e hizo una reverencia, con su cuerpo tan doblado que casi se cae de boca al piso mientras continuaba temblando de nervios e incredulidad.
¡Su diseño le había gustado al príncipe!
Aún si no ganara, escuchar aquello aumentó bastante la poca confianza que se tenía a sí mismo.
El Consejero Real entonces le indicó que lo acompañara de vuelta al pasillo, llevando al moreno a una puerta diferente a la cual habían ingresado. Yakov entonces hizo una señal con su mano derecha e inmediatamente un guardia se acercó para guiar al aprendiz de sastre al comedor.
Ya sentado en la mesa, Yuuri miró nerviosamente hacia todos lados. Al principio creyó que sería llevado a un comedor para invitados, no obstante, realmente parecía estar en el Comedor Real. Todo a su alrededor estaba finamente decorado y los platos parecían ser de plata, sin mencionar el trono situado frente a un gran ventanal. Yuuri se sentó en la silla más alejada del trono por respeto.
El sastre fue rápidamente atendido por una sirvienta que le aseguró que los cocineros podían prepararle lo que quisiera. Yuuri no quiso abusar de la hospitalidad del príncipe, así que pidió comida que ya estuviera preparada, sin importarle si fueran las sobras de la comida anterior o lo mismo que cenaron los sirvientes.
Al saciar su hambre con una deliciosa sopa de verduras, trozos de pan y una taza de té, Yuuri fue llevado a su habitación asignada por el mismo guardia, sorprendiendose de ver allí ya su maleta (que había dejado en la sala de espera), y estaba tan cansado por el viaje que, tan pronto se sentó en la cama, cayó dormido al instante, sin detenerse a pensar en la ansiedad que usualmente lo aquejaba.
Horas después Yuuri fue despertado abruptamente por golpes a su puerta. Miró por la ventana y se dio cuenta que ya era de día. Rápidamente abrió su equipaje y se cambió de camisa para verse un poco más presentable.
Al abrir la puerta se topó con un chico joven de cabello negro.
“¡Soy Phichit Chulanont, el asistente del Consejero Real!” Se presentó el muchacho con una gran sonrisa, dándole la mano. “Y me alegra informarte que tú, Katsuki Yuuri, fuiste elegido como el nuevo Sastre Real. ¡El príncipe Viktor amó tu diseño!”
El Yuuri, con la boca abierta y seguro que se le había detenido el corazón, apenas si tuvo tiempo de digerir la noticia cuando fue llevado por Phichit a la sala de costura, donde trabajaría los próximos años, y comenzó a recitarle sin pausas las indicaciones que debía seguir.
"El príncipe Viktor está ocupado y no tendrá tiempo de supervisarte, por lo que puedes empezar a trabajar sin problemas. Tienes tres semanas para terminar el traje y una semana más en caso de modificaciones y arreglos. Puedes encontrar las medidas exactas del príncipe aquí." Phichit le entregó sus pergaminos y otros papeles con números escritos, además de señalar a un maniquí al otro lado de la habitación. "Los adornos de oro estarán listos en un par de semanas. Y si necesitas algo, como comida o más materiales, puedes tocar la campanilla y un sirviente estará a tu disposición, o puedes preguntarme a mí y haré lo posible por serte de ayuda. Por desgracia, ahora mismo debo preparar unos archivos para la junta de unas horas o el Señor Feltsman me matará." Dijo con una risita.
Yuuri miró los pergaminos y después a la campana atada a un cordón a la pared, que seguramente daba al cuarto de empleados, y antes de que el sastre pudiera hacer alguna pregunta, Phichit se dio la vuelta y se apresuró a la puerta, agitando una mano como despedida, dejando al sastre anonadado y sin saber muy bien por dónde empezar.
Bien. Un mes. Eso era suficiente tiempo. De hecho, normalmente a Yuuri le tomaba dos o tres días coser prendas desde cero, y el traje del príncipe tenía un diseño simple pero elegante, así que podría coser un par de ejemplos antes de comenzar el traje definitivo.
Entonces miró a su alrededor. La habitación tenía todo lo necesario, desde armarios con rollos de telas de colores, cajas con agujas, hilos, botones, adornos varios, y…
El sastre parpadeó, sobresaltado. Tuvo que recordarse a sí mismo que estaba en un castillo; por supuesto que también contarían con una máquina de coser de pedales, lo cual haría menos pesado y más rápido su trabajo. Entonces miró al maniquí sin cabeza. Tampoco se sorprendió mucho de que el muñeco de madera hubiese sido tallado con las medidas exactas del príncipe.
Yuuri dio un suspiro largo y trató de calmar sus nervios. El príncipe había elegido su diseño por alguna razón, por lo tanto, él sería agradecido por la oportunidad y haría su mejor esfuerzo por hacer el mejor traje posible.
Pero antes de iniciar, Yuuri tocó la campana y a los pocos segundos entró una chica, quien se presentó como Mila, y le pidió que le trajera algo sencillo para desayunar, como avena y agua. No obstante, la chica volvió con una bandeja con huevos, carne, verduras y una tetera con té de matcha, la cual era una bebida típica de Hasetsu que usualmente no se bebía en la Ciudadela. Pero tenía sentido, la nobleza seguro que podía conseguirse ese tipo de bebidas de importación.
Curiosamente, también había una rosa en la bandeja. Asumió que era parte del servicio.
Después de desayunar, Yuuri inició por tomar varios pergaminos, un par de reglas y un lápiz para comenzar a recrear los patrones de ropa, ahora ya teniendo las medidas exactas del príncipe. Comenzó con la camisa, después el pantalón, la gabardina y al final la capa. Cuando tuvo todo listo, tomó las tijeras, la tela de la menor calidad que encontró y comenzó a cortarla por piezas.
Unas horas después, cuando Yuuri había terminado de coser la camisa, el asistente del consejero real regresó para observar su progreso. Entonces le hizo saber que podía terminar de trabajar por el día. Estaba en libertad de ir a comer, a dormir o pasear por el castillo. Los guardias le harían saber qué áreas estaban restringidas para él.
“O puedes venir conmigo al pueblo." Dijo Phichit con una sonrisa amigable, pareciendo más tranquilo que en la mañana. "Unos chicos y yo iremos a la taberna, así te puedo mostrar las calles y presentarte a otras personas que también trabajan en el castillo.”
Yuuri aceptó.
Horas más tarde, cuando el sastre regresó a su habitación, los acontecimientos del día por fin le cayeron encima. Una parte de él temblaba de emoción y otra de terror al pensar en que si hacía mal su trabajo podría perder la cabeza, literalmente. No obstante, se pudo tranquilizar lo suficiente para escribirle una carta a su familia para darle las buenas noticias. Y antes de dormir pidió, con algo de pena, agua caliente a un sirviente y se dio un relajante baño.
-O-O-O-O-O-O-O-O-O-
El segundo día Yuuri continuó confeccionando las prendas de prueba, y mientras trabajaba tuvo la oportunidad de conversar con varios sirvientes y guardias que entraban al cuarto de costura porque sentían curiosidad por el nuevo Sastre Real o porque necesitaban pequeños arreglos como enmendar costuras o botones caídos. Volvió a cenar con Phichit y conoció a Michele y su hermana Sara, un guardia y una de las doncellas de la reina.
Al final del tercer día Yuuri ya tenía terminado un vestuario de prueba. Le faltaban los adornos de oro, pero sólo usaría el traje sobre el maniquí para ver qué cambios podría hacerle en el futuro.
Por lo tanto, Yuuri se sobresaltó al escuchar una voz aterciopelada pero juguetona a sus espaldas.
"¡Wow! ¡Está quedando increíble!"
El sastre se giró de inmediato al reconocer la voz, mas se paralizó al constatar que, no sólo el príncipe en efecto tenía ojos azules que brillaban como el mar de Hasetsu y largos hilos de plata que ondulaban al caminar, sino que el Príncipe Viktor se trataba de un hombre joven y verdadera atractivo, con una sonrisa ancha que parecía tener forma de corazón. Su postura tenía la elegancia de un noble, pero amigable y relajada, un contraste curioso.
Yuuri por un segundo pensó que se iba a desmayar. No obstante, logró respirar y llenar sus pulmones.
“¡Ah! Su-su Alteza, yo… N-no esperaba verlo hoy. ¡Esta sólo es ropa de prueba, no es la definitiva!” Exclamó y dobló el torso.
“Oh, no. Señor Katsuki. Por favor, no necesita hacer una reverencia ante mi presencia.” Yuuri sintió una mano sobre su hombro izquierdo, y al alzar la mirada se encontró el rostro sonriente del príncipe de cerca. “Ahora eres el Sastre Real, lo que significa que nos veremos mucho a partir de ahora, así que pensé en venir a darte la bienvenida, puesto que en tu primer día, por desgracia, yo estuve ocupado.”
“¡Oh! Y-ya veo. No se preocupe, lo entiendo perfectamente, Su Alteza.” El sastre estuvo a punto de hacer otra reverencia pero logró detenerse. “Le agradezco su visita.”
Yuuri trató de sonreír, pero los nervios sólo le permitieron hacer una mueca poco coordinada, con sus dientes sobresaliendo de manera extraña. Por suerte, al príncipe pareció no importarle o siquiera notarlo, pues parecía estar pensando en algo mientras seguía mirando fijamente al sastre.
“Puedes llamarme Viktor, al menos cuando estemos tú y yo sólos. A mi padre y a Yakov les molesta cuando trato de ser amable con mi pueblo.” Dijo con el ceño fruncido, como si hiciera un puchero. Yuuri parpadeó con sorpresa ante su actitud desenfadada, mas el peliplateado siguió hablando. “¿Qué hay de ti? ¿Puedo llamarte Yuuri, cierto? Tú y yo tenemos casi la misma edad, así que se sentiría raro llamarte Señor Katsuki todo el tiempo.”
“¡S-sí! Por supuesto, Su-Príncipe Viktor. Usted puede llamarme como guste." Contestó, irguiendo la espalda, como si acatará una orden, aunque escuchar al príncipe decir su nombre fue ciertamente agradable.
"¡Bien! Me alegro que podamos entablar una conversación en términos amistosos. El anterior sastre era demasiado formal y aburrido." Viktor suspiró, como si recordar aquello le molestara. Pronto volvió a sonreír. "Por cierto, se me ocurrió que quizás necesites mis medidas de nuevo. Verás, las que tienes ahora fueron tomadas hace meses, y el maniquí fue hecho hace medio año, por lo que posiblemente mis medidas hayan cambiado un poco."
Yuuri miró el maniquí y luego al príncipe, no notando mucha diferencia entre ellos, pero… Era cierto que el cuerpo humano podía cambiar drásticamente con el tiempo. Muchas veces había recibido chicas que de un mes para otro necesitaban ajustes en sus vestidos, y existía una gran diferencia entre ropa entallada y ropa apretada.
"Sí… Supongo que, eh… podría tomar sus medidas ahora y compararlas con las que tengo anotadas. Y en el caso de que necesite hacer cambios, puedo hacerlos ahora y no esperar a que el traje final necesite modificaciones."
"¡Exacto! ¡Eso era justo lo que pensaba!" El príncipe aplaudió un par de veces, como si el sastre hubiese dicho algo particularmente inteligente. Yuuri trató de no ruborizarse mientras buscaba la cinta de medir en la caja de costura.
"De acuerdo. Um, Príncipe Viktor, necesito que se quede quieto un momento."
"Claro."
Yuuri desenrrolló la cinta métrica y comenzó por rodear el cuello, cintura y cadera del príncipe, quedando ambos cara a cara. El sastre hizo su mejor esfuerzo por calmar su respiración, manteniendo su mirada marrón en los números hasta anotarlos en la libreta, tratando de no pensar en lo bien que olía Viktor, a colonia de flores. Y así continuó, midiendo el largo y ancho de su espalda, el contorno y largo de su brazo y mano, hasta que tuvo que arrodillarse para medir el largo de sus piernas.
"¿Hace cuánto que eres sastre, Yuuri?"
No esperando aquella pregunta, el moreno levantó la cabeza. Grave error, pues desde abajo pudo ver la figura del príncipe en todo su esplendor.
"Eh, yo…" Yuuri carraspeó y siguió midiendo el largo de su rodilla, sus manos temblando un poco. También pudo sentir su rostro arder. "Mi madre me enseñó a cómo enmendar ropa desde que yo era pequeño porque mi hermana no quiso aprender. Sólo aprendí por necesidad y para que mi familia no gastara dinero en sastres, aunque también lo tomé como un pasatiempo tranquilo. Pero luego crecí y quise trabajar en otro lugar que no fuera la taberna de mis padres, así que la mejor amiga de mi madre, Minako, me recibió en su taller y me enseñó a coser profesionalmente." Dicho aquello, enseguida se puso en pie y terminó de anotar los números.
"¡Fascinante! Me encantaría escuchar más sobre ti, Yuuri. Pero por desgracia, tengo una reunión con la hija de un noble, una de mis pretendientes." Dijo Viktor con un suspiro dramático, tratando de restarle importancia al asunto agitando una mano en el aire. El príncipe no parecía muy entusiasmado con su cita.
"Ah, entiendo. No quiero quitarle más su tiempo." Dijo Yuuri con cierto alivio, pues la presencia del príncipe lo ponía de nervios. Aunque algo en su pecho dolió un poco por él. Tenía que ser horrible para él casarse por compromiso y no por amor.. "Y gracias por pasar por aquí. Sus medidas no han cambiado mucho, pero sí resultará en un atuendo más cómodo para usted."
"¡Bien! Por cierto, ¿qué tal si hoy me acompañas a cenar? Necesito modificar un chaleco para la junta del Consejo que tengo para dentro de una semana, me gustaría agregar algunos adornos, pero sólo si eso no interfiere con tu encargo actual, Yuuri."
"¿Ce-cenar con usted?" Inquirió Yuuri, pasmado, hasta que recordó que, en efecto, ahora era el Sastre Real, por lo que tenía sentido que el príncipe le encargara otros trabajos, no sólo su traje para el banquete. La cena era seguramente el único momento que el príncipe tenía libre para conversar sobre eso dentro de su ocupada agenda. "¡Quiero decir! Por supuesto, Príncipe Viktor. Le aseguro que las modificaciones no serán un problema."
"¡Perfecto! ¡Entonces nos vemos en la cena!" El príncipe guiñó uno de sus ojos azules y gracilmente dio una media vuelta antes de marcharse.
Yuuri se llevó una mano al pecho y sintió su rostro arder de nuevo. El príncipe era demasiado apuesto para su propio bien, y en sólo unos pocos minutos de conversación pudo presenciar su actitud divertida y desenfadada, muy diferente a su actitud formal y fría de la entrevista. El sastre esperaba con ansias la cena.
-o-o-o-o-o-o-o-
Los días pasaron y Yuuri de poco a poco se fue acostumbrando a su vida en el castillo. Extrañaba a su familia, por supuesto, pero tenía la compañía de Phichit, Mila, y otros sirvientes y algunos guardias, con quienes ya había hecho amistad y pasaba el tiempo luego de terminar su turno.
Aunque, también había ocasiones en las que el príncipe Viktor sentía curiosidad por su progreso, por lo que se acercaba a la sala de costura y se sentaba en una silla para verlo trabajar mientras le hacía preguntas un tanto personales. A veces incluso le pedía su opinión sobre 'cosas de plebeyos' y cuestiones administrativas, pues Yuuri, tras haber trabajado un tiempo en la taberna de sus padres y durante su tiempo en la sastrería de Minako, había aprendido a negociar precios de insumos y materiales; y por boca de los clientes se había enterado de temas sobre el ganado, los cultivos y los problemas con los que los trabajadores se enfrentan a diario. El príncipe siempre agradecía sus respuestas honestas con sonrisas genuinas e invitándolo a cenar cuando no tenía otros asuntos pendientes.
Yuuri se sentía halagado por la insistente presencia de Viktor, pero aún así trataba de no pensar mucho en eso, sobre todo en días que veía al peliplateado conversar en el jardín con distintos hombres y mujeres nobles; duques, marqueses y condes con los que tenía permitido relacionarse íntimamente.
"¿Qué opinas del matrimonio, Yuuri?" Inquirió un día Viktor, cuando el sastre le hacía los últimos ajustes a su traje. Sólo faltaban un par de días para el banquete.
"¿Eh?" Yuuri lo miró con sorpresa. No esperaba una pregunta así, aunque que trató de ser honesto. "Bu-bueno, no tengo realmente una opinión al respecto. Pero el matrimonio de mis padres es uno feliz…" Se aseguró que los adornos de oro de la capa estuvieran bien sujetos y cortó el hilo, luego hizo que Viktor se girara a él para revisar el cuello. "Ellos se apoyan mutuamente, se aman y se respetan. Supongo que si yo me llegara a casar querría un matrimonio así."
"Ya veo. También me gustaría un matrimonio así." El príncipe ladeó su rostro, pero su voz había sonado resignada. Yuuri supuso que buscaba apoyo moral. No obstante, se volvió de nuevo a Yuuri. "¿Sabes? He estado hablando con mi padre sobre mi inminente matrimonio, sobre que quizás es hora de que la nobleza pueda contraer matrimonio con gente no noble. No estamos en guerra, así que no hay necesidad de alianzas. ¿Tú qué opinas, Yuuri?"
"Oh." Yuuri levantó la vista, dándose cuenta que el príncipe se había agachado un poco para que sus miradas se encontraran frente a frente. Había un extraño brillo de esperanza en sus ojos azules, como si esperara una respuesta en especial. "Um, eso es…uh, bueno, ¿no? ¿Pero qué dijo el Rey al respecto?" Fue todo lo que a Yuuri se le ocurrió preguntar.
"Me dijo que tengo razón, que si encuentro a un plebeyo dispuesto a casarse conmigo él lo aceptará. Mi padre quiere mi felicidad."
"Me alegro escuchar eso, Príncipe Viktor." Dijo con una sonrisa genuina, pues el peliplateado parecía en verdad feliz con esa resolución. Lo cual le hizo a Yuuri darse cuenta que Viktor ya debía tener a alguien en mente…
El sastre hizo su mejor esfuerzo por no soltar un suspiro de decepción. No tenía sentido que un simple sastre se enamorara de un príncipe que pronto elegiría a su consorte. Yuuri no quería tener que renunciar a un gran trabajo solamente por un corazón roto.
"Así que, Yuuri… "
"¿Sí?" Inquirió distraídamente, revisando ahora la solapa.
"Si un príncipe te pidiera matrimonio, ¿aceptarías?" Inquirió con voz juguetona, mas su postura denotaba totalmente seriedad.
Yuuri abrió desmesuradamente los ojos y retrocedió, sorprendido y alarmado por tal pregunta. ¿Qué se suponía qué debía contestar a eso?
¿Acaso… el príncipe estaba usando a Yuuri como ejemplo para saber qué podría contestar su enamorado?
Yuuri frunció el ceño y apretó los labios. No obstante, sacudió la cabeza y mostró una sonrisa que esperaba que no se viera tan forzada como se sentía.
"Por supuesto. Cualquiera diría que sí." Contestó con ligereza, pues no era una mentira. Nadie sería tan tonto como para hacer enojar a la realeza con una respuesta negativa.
Viktor alzó las cejas, como si aquella respuesta lo hubiese confundido más que ayudado. Se llevó una mano al mentón por unos segundos y luego sacudió la cabeza.
“Voy a preguntarlo de otra manera…” Carraspeó, como si preparara un discurso importante. “Yuuri, si yo, hipotéticamente hablando, te pidiera matrimonio, ¿aceptarías?”
“¡¿Eh?! Bu-bueno, yo…” Yuuri miró hacia todos lados, buscando una ruta de escape o alguna excusa para marcharse. No obstante, no quería quedar como un cobarde ante una simple pregunta hipotética.
Ni siquiera había pasado un mes desde que Yuuri llegó al castillo y ya consideraba a Viktor como alguien importante en su vida. Y el príncipe obviamente parecía nervioso, no sólo por casarse, sino por casarse con un plebeyo, algo que seguramente sería tomado como ofensivo por varios miembros de la nobleza y que probablemente atraería problemas y consecuencias a la realeza. Obviamente el príncipe necesitaba que alguien, un plebeyo como él, le afirmara que lo que estaba haciendo era lo correcto.
Un gran suspiro salió de los pulmones y miró al frente, sus ojos fijados en los de Viktor.
“La respuesta aún es sí.” Sonrió, y esta vez las facciones de su rostro se relajaron, un ligero rubor en sus mejillas. “Insisto en que cualquier otra persona le diría que sí para poder entrar a la nobleza, pero, por mi parte, yo aceptaría porque lo admiro.” Admitió con algo de vergüenza, puesto que aquello no era algo muy revelador y hasta evidente. Yuuri no trabajaría para un príncipe tirano aún si se muriera de hambre.
No obstante, Viktor pareció haber sido golpeado por la revelación del siglo, quedando con la boca abierta y sin poder formular palabras por un par de segundos.
“¿Tú… me admiras?”
“Por supuesto.” El sastre asintió de inmediato. “La gente suele tener esta… visión particular de la nobleza. Hombres con las manos llenas de anillos y comida, mujeres petulantes mirando con la barbilla alzada a todos por encima del hombro, niños berrinchudos que consiguen todo lo que quieren con gritos, o príncipes y princesas que sólo se preocupan por verse bien. Sin embargo, en el poco tiempo que llevo de conocerte, he podido ver la manera en que te preocupas de verdad por tus súbditos, la manera respetuosa en la que te refieres a ellos, el cómo tratas de estudiar sus vidas para mejorarlas. Además, tú siempre tomas mi opinión en cuenta y no te enfadas cuando te corrijo a pesar de que mi nivel de estudios no se equipara al tuyo. Eres humilde, con los pies en la tierra. Eso es digno de admirar. Por eso sé que yo estaría feliz de aceptar tu propuesta de matrimonio… Eh, hipotéticamente hablando, claro.” Se llevó una mano a la nuca, apenado.
“Oh, Yuuri…” El mencionado saltó de sorpresa al notar la humedad en los ojos de Viktor. “Nadie me había dicho algo tan lindo antes. Yo…” Tomó las manos del moreno y las estrujó contra su pecho. Yuuri pudo ver maravillado el rubor en sus mejillas.
“...¿Sí?” Inquirió, sintiendo un hormigueo recorriendo por su estómago. Un escalofrío se hizo presente y su respiración se cortó cuando el príncipe posó una gentil mano sobre su mejilla izquierda.
“Cásate conmigo, por favor.” Yuuri apenas si tuvo tiempo de abrir desmesuradamente los ojos cuando el peliplateado comenzó su explicación. “Desde la primera vez que te vi pensé que eras lindo, y totalmente mi tipo. Pero creí que me mostrarías un diseño aburrido y corriente como el de los demás sastres. No obstante, me sorprendiste y quedé enamorado de tu diseño, y después me enamoré de ti tras pasar tiempo juntos. Tú eres un hombre honesto, inteligente, determinado y sobre todo adorable, y me siento genuino y feliz cuando estoy contigo. Puedo verme fácilmente gobernando contigo a mi lado.”
“Las… las preguntas no eran hipotéticas, entonces.” Yuuri tragó saliva. Viktor rió, sintiendo la tensión de sus hombros desvanecerse.
“No, no lo eran. Yo… Intenté conectar con mis pretendientes, de verdad lo intenté, pero no era lo mismo. No sentí nada con ellos. Eres tú el que está constantemente en mis pensamientos.”
Pasaron algunos segundos, en los que ambos se mantuvieron en silencio, mirándose mutuamente con ojos llenos de estrellas. El príncipe entonces ladeó la cabeza y el sastre entendió qué esperaba una respuesta una vez más.
“¡Mi respuesta sigue siendo sí! E-es decir, sólo si tú realmente quieres casarte conmigo.”
“Sí. Por supuesto que quiero casarme contigo. También quiero besarte, ¿puedo?” Preguntó bajando la voz, susurrando para no sobresaltar más al sastre.
“O-oh. Po-por supuesto.” Yuuri cerró los párpados y se acercó cautelosamente, quizás dándole tiempo al príncipe para retractarse, más eso no sucedió, pues sus labios hicieron contacto y se mantuvieron unidos por un largo rato.
Tras terminar el beso y separarse, el sastre fue testigo de la expresión encantadora de Viktor. Sus ojos crispados, sus pómulos ardiendo, sus labios entreabiertos y su pecho acelerado. Sin embargo, una mueca de horror cruzó por su rostro y Yuuri enseguida temió haber hecho algo malo.
“Oh, no. ¡Hice todo al revés!” Se llevó las manos a la cara y quejidos lastimeros escaparon de su boca.
“¿Al revés? ¿Qué quieres decir?” Yuuri repitió, poniendo las manos sobre los hombros del príncipe para tratar de tranquilizarlo. “¿Príncipe Viktor?” Insistió al no recibir una respuesta.
“Por favor, sólo llámame Viktor, o Vitya si quieres. Ahora estamos comprometidos.” Suspiró y tomó el brazo del moreno para hacerle saber que estaba bien. “¡Y ese es el problema! Se supone que debía anunciar nuestro compromiso dentro de dos días durante el banquete. ¡Ni siquiera tú debías saber que te iba a elegir, es parte del protocolo Real! Oh, cuando Yakov se entere de esto… seguramente me hará tomar más clases de Etiqueta, odio esas clases…”
“El Señor Feltsman no tiene que enterarse.” Yuuri dijo con una media sonrisa. Viktor lo miró con atención. “De hecho, nadie tiene que hacerlo. Puedo actuar sorprendido en el banquete.”
“... Oh, Yuuri. ¡Esa es una gran idea! Te amo.” Dijo al fin, apoyando su frente contra la de su prometido. Sus ojos azules brillaron con afecto.
“Yo también te amo, Viktor.” Dijo, y juntó sus labios una vez más.
