Actions

Work Header

El perrito de la tienda Baskerville

Summary:

Luego de que Vicchan desapareciera, Yuuri decide contratar los servicios del mejor detective privado de Londres.

Notes:

Un AU viktuuri inspirado en las historias de Sherlock Holmes y Hércules Poirot. No necesitas tener conocimientos previos de ellos para entender esta historia. Hice mi mejor esfuerzo porque la trama fuera sencilla y fácil de seguir :D

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Viktor Nikiforov deslizaba nostálgicamente el arco por la longitud de su viejo Stradivarius mientras una melodía no escrita brotaba de sus ásperas cuerdas.

Se trataban de notas aleatorias, un pentagrama imaginario con silencios azarosos. Un sollozo desesperado por encontrar algo de entretenimiento en esa triste mañana sin sol.

Hacía días que a Viktor no le llegaba ni un solo nuevo caso. En los periódicos no se hablaba de otra cosa que no fueran noticias de sociales, información de eventos mundanos o nefasta política. Nada que mereciera su atención.

Era como si todos los delincuentes y asesinos de Londrés se hubiesen puesto de acuerdo para no hacer fechorías por un lapso de tiempo indeterminado y llevar al detective privado a la locura.

Ni siquiera experimentar con sus químicos y venenos encendía una chispa de su innata curiosidad.

Sin inmutarse, Viktor escuchó el tintineo de la campana de la entrada principal, pues en los últimos días había aprendido que el viejo Feltman, su casero, buscaba a un nuevo inquilino que ocupara los cuartos de arriba, por lo que la constante ida y venida de posibles clientes se trataban más bien de sus potenciales nuevos vecinos.

Es por eso que Viktor se sobresaltó, y el chirrido de su violín cesó, cuando familiares nudillos tocaron rítmicamente a su puerta.

"Señor Nikiforov, tiene una visita." La voz usualmente gruñona de Yakov se había enriquecido con miel, sonando casi educada, lo cual advirtió al detective que el visitante de esta ocasión de hecho sí se trataba de una desdichada alma en desgracia en busca de auxilio, o más concretamente; un cliente.

El hombre de cabellos plateados, en menos de cinco segundos, se apartó de su violín, dejándolo dentro de su estuche sobre la mesa, y rápidamente dio unas cuantas zancadas hasta llegar al sofá de una plaza para sentarse al lado de la chimenea sin crepitar.

"Adelante." Dijo en alto, fingiéndose desinteresado, cuando la realidad era que se encontraba tan excitado por la idea de conseguir un caso que conscientemente tuvo que detener su rodilla derecha de agitarse nerviosamente.

"Pase." Escuchó decir a Yakov antes del clic de una puerta cerrada y pasos dubitativos acercarse.

Viktor giró la cabeza y se encontró de lleno con un hombre de aspecto derrotado.

Cabello negro, algo despeinado. Gafas de cristal no muy grueso de montura de hierro, bien cuidados a pesar de que el lente izquierdo había sido reparado al menos en un par de ocasiones, probablemente por quedarse dormido con los lentes puestos; sin mencionar las gotas secas en los cristales. Ropa de trabajo formal y elegante, mas no algo que usarías para tratar de impresionar a tus jefes en la oficina, bien planchada a pesar de las arrugas por el desgaste del día.

El hombre debía tratarse de un trabajador promedio, de una empresa familiar, probablemente cajero de una tienda de despensas o una casa de empeño.

Hm. ¿Tal vez de una tienda de antigüedades?

Grandes ojos color marrón, con la parte blanca enrojecida, miraban con pesar al piso. Lo que sea que le haya sucedido a su visitante era claro que le seguía molestando, pues además tenía entre sus manos un pañuelo mojado de lágrimas, el cual retorcía con ansiedad.

"Siéntese, buen hombre." Dijo Viktor con un ademán de su mano, señalando el sillón frente a él. "Puedo ver que está cansado y que no ha pegado el ojo en varios días. ¿Puedo saber su nombre y la razón de su visita?"

"Ah… Yo… Me llamo Katsu-" Sacudió la cabeza. "Yuuri Katsuki. Y vine a pedir su ayuda, Señor Nikiforov." Katsuki bajó la mirada de nuevo y dio un suspiro largo para tratar de tranquilizarse y, quizás, contener el llanto. "Mi amigo Phichit Chulanont me dijo que puedo confiar en que usted me podría ayudar a… a resolver un problema que tengo."

"Ah. Chulanont. Sí, recuerdo ese nombre." Pero no recordaba el caso, aunque debió resolverlo satisfactoriamente sino no habría sido recomendado. El detective miró detenidamente al recién llegado, apoyando una mano en su propia barbilla para más escrutinio. "Usted ya fue con la policía y se rieron de su caso, ¿cierto?"

Aquello hizo que Katsuki alzara la vista con sorpresa.

"¿Pero cómo es que…?" Viktor contestó antes de que el japonés pudiera terminar la pregunta.

"Los periódicos." Dijo sencillamente mientras tomaba la pipa sobre la mesita a su izquierda. “He leído todos los periódicos disponibles de esta semana y estoy seguro que no vi su nombre en ninguno de ellos. Lo que significa que la policía no tomó en serio su caso y que usted y su familia quedaron tan apenados de sus burlas que no pensaron en pedir ayuda a la comunidad por medio de los periódicos, lo cual también me dice que usted es extranjero, Japonés para ser más específico.” Katsuki lo miró con la boca abierta y ojos bien abiertos. “La gente japonesa suele tratar de no importunar a otros y prefieren pasar desapercibidos entre la sociedad. También ayudó el hecho de que usted intentara decir su apellido primero por costumbre.”

“¿Có-cómo sabe usted sobre mi familia?” Inquirió Katsuki tras unos segundos de digerir las palabras del detective, no negando nada de lo anterior.

“Ah. Simple deducción.” Contestó con un bufido aburrido, como si la respuesta fuera evidente hasta para un niño pequeño, antes de girar la pipa entre sus dedos. “Sé de una tienda de antigüedades que abrió a unas pocas calles de aquí hace seis meses atrás. Admito que no estoy interesado en las antigüedades, por lo que nunca he puesto un pie allí. Sin embargo, me enteré que el establecimiento lleva el nombre de Yutopia Katsuki y que es administrado por una pareja de mediana edad de origen japonés. Usted parece joven, un poco más joven que yo, así que debe ser uno de sus hijos. Y siendo que usted tardó tantos días en venir a verme, asumo que usted y su familia intentaron resolver este asunto por ustedes mismos hasta que llegaron a la conclusión de que era un problema que estaba más allá de sus capacidades.”

Viktor esperaba a que Katsuki frunciera el ceño y señalara lo fácil de su deducción. La gente por alguna razón solía ofenderse cuando recitaba lo evidente. No obstante, fue grato ver cómo sus ojos marrones se iluminaron con esperanza.

“No sé cómo supo que esto sucedió hace días atrás. Si fue una de sus deducciones, ahora estoy más que convencido de que usted encontrará este caso tan sencillo de resolver que me prestará su servicios. Ahora mismo no cuento con mucho efecto, pero prometo que le pagaré lo que usted me pida así me tome años en saldar esa cuenta.” Katsuki había dicho todo aquello con tanta intensidad y convicción, contrastando enormemente con su anterior actitud nerviosa, que en los labios de Viktor se dibujó una pequeña sonrisa de satisfacción.

Tal vez iba a ser un caso sencillo, pero prometía ser interesante de todos modos.

“No se preocupe por eso, joven Katsuki.” Viktor agitó su mano libre al aire para restarle importancia. “Sólo cobro a nobles y políticos que me hacen perder mi valioso tiempo en sus asuntos vulgares y banales. Sin embargo, esto parece ser una situación peculiar que no entra en la jurisdicción de mis compañeros policías. ¿Puede decirme qué fue lo que sucedió? Necesito toda la información que usted pueda proveerme para poder ayudarle.”

“Ah. Por supuesto.” Katsuki entonces carraspeó, aún avergonzado, quizás temiendo que el detective tampoco lo tomara en serio. Tardó unos segundos en volver a abrir la boca. “Verá, yo tengo un perro, su nombre es Vicchan. A Vicchan le gusta pasar el tiempo caminando por la tienda de mis padres mientras yo estoy trabajando, y a los clientes les divierte verlo. Él es un buen chico y no hace destrozos, así que para mis padres y hermana él no es un inconveniente e incluso lo miman más que yo.” Sonrió ligeramente un momento, más continuó con gravedad. “Pero Vicchan… Él desapareció hace cinco días atrás. Él estaba dentro de la tienda con nosotros, así que no sabemos cómo sucedió. La policía dijo que quizás dejamos la puerta abierta y que Vicchan aprovechó para escapar de nosotros y...”

“¡¿Qué?!.” Viktor se llevó una mano a la cabeza, peinando su cabello plateado hacia atrás con rabia contenida. Dejó la pipa de vuelta en la mesa. Katsuki se sobresaltó al detectar la molestia en su voz. “Lo lamento tanto, señor Katsuki. Mis colegas de Scotland Yard tienden a buscar fama y gloria solamente aceptando casos que hagan resaltar sus nombres en los titulares de los periódicos, olvidándose de que su propósito primordial es auxiliar a la población, lo cual también incluye a las queridas mascotas. Así que, yo, Viktor Nikiforov, estaré encantado de llevar personalmente su caso.” Dijo e inclinó su cabeza de manera solemne.

Katsuki parpadeó, sorprendido, y entonces un suspiro largo contenido escapó de sus labios. Sus hombros cayeron con alivio y posó una mano sobre su pecho antes de sonreír cansadamente.

"Se lo agradezco mucho, señor Nikiforov. Por un momento temí que rechazaría mi pedido.”

“¡Por supuesto que jamás negaría mis servicios a otro amante de los perros!” Dijo con un dedo alzando, como si explicara un concepto complejo. “Los perros son el mejor amigo del hombre. Sin la colaboración y protección de nuestros amigos caninos la sociedad humana no habría avanzado a los niveles que estamos ahora. Nos necesitamos mutuamente para protección y compañía. Y los perros son la representación del más puro amor sincero. De hecho, me gustaría presentarle a mi compañero y colega, el detective Makkachin.” Se levantó de su asiento, y con las manos extendidas de manera dramática, señaló hacia una puerta abierta.

Como si hubiera estado esperando esa señal, un poodle de raza grande atravesó la puerta, trotando alegremente hasta situarse frente al humano desconocido. Se sentó y alzó una pata como saludo.

Sus clientes habitualmente respondían con mofa, incredulidad, e incluso incomodidad, ante el título del perro. Pero Katsuki rió ligeramente y se agachó sobre su asiento para estrechar la pata con buen humor.

“Mucho gusto, detective Makkachin. Te pareces a mi Vicchan, pero tú eres mucho más grande.”

“¡Ah! Vicchan es un cachorro de poodle, ¿entonces?” Comentó Viktor con algo de sorpresa. “Con más razón debemos apurarnos a encontrarlo. La buena gente de Londrés suele poner anuncios cuando se encuentran objetos o animales extraviados, y más si se trata de un cachorro. Y, como dije, no vi nada recientemente en los periódicos que pudiera estar ligado a este caso, por lo que debo advertirle que tenemos que asumir lo peor de una vez.” Dijo con seriedad, aunque tratando de sonar lo más amable posible. Yakov solía amonestarlo por ser tan honesto o decir las cosas sin tacto, y el pobre Katsuki parecía a punto a echarse a llorar de nuevo.

“Señor Nikiforov…, ¿está sugiriendo que Vicchan fue robado?” Dijo, comenzando a temblar un poco ante la posibilidad.

“No puedo asegurarlo hasta que usted me diga absolutamente todos los detalles.” Negó con la cabeza. “Pero si Vicchan se hubiera extraviado, y siendo un cachorro, no habría llegado lejos. Alguien debió encontrarlo y decidió quedarse con él, pues su familia y usted no avisaron a la prensa sobre su desaparición. Y esto no lo digo para que se culpe a sí mismo, sino para apoyar la teoría de que Vicchan fue tomado por una persona sin escrúpulos que no le avisó a nadie que obtuvo un cachorro ajeno.” Porque la siguiente teoría era que Vicchan fue atropellado por un carruaje y, de nuevo, no quería estresar más al pobre muchacho.

“Tiene sentido...” Suspiró, pareciendo desanimarse de nuevo. Acarició la cabeza de Makkachin y después se levantó también de su asiento, sacando un papel de su chaleco. “Este es Vicchan… Y tiene razón. Cuando encontré a Vicchan en la calle, hace tres meses atrás, avisé a todos los periódicos que pude, en caso de que lo estuvieran buscando. Pero no se presentó nadie, por lo que asumimos que fue abandonado por su dueño anterior o que nació en las calles.”

El detective miró la foto en blanco y negro. Era una imagen del japonés sonriendo jovialmente, cargando entre sus brazos a un pequeño poodle con la lengua de fuera. Tanto Vicchan como el humano se veían felices juntos. Viktor entonces comprobó que, en efecto, Vicchan era un poodle de raza fina, de esos usados en competencia de belleza, y al parecer Katsuki no tenía ni la menor idea de eso. El poodle también usaba un collar de identificación, lo que significaba que quien sea que tuviera a Vicchan sabía muy bien que tenía dueño.

Aquello le reafirmó que el caso, aunque sencillo, debía ser tomado muy en serio.

“Hace tres meses…" Viktor repitió, pues creía recordar haber leído una nota así en el periodico local, mas en su momento no le había dado importancia. "¿Cuándo fue tomada esta foto, señor Katsuki?"

"Hace una semana. Mis padres contrataron a un fotógrafo para que tomara fotografías para publicidad de Yutopia, entonces lo aprovechamos para tomar también fotos familiares."

"Ya veo…” Murmuró Viktor, pensativo. “Vicchan no ha crecido mucho en tres meses, por lo que veo." Comentó a la ligera y Katsuki asintió lentamente, frunciendo el ceño.

"Sí, también lo creo. Pero Vicchan es mi primera mascota, así que no estoy seguro de cuánto tarda en crecer un poodle. Makkachin es un perro grande… ¿Usted cree que la estatura de Vicchan es normal?” Un dejo de miedo cruzó su mirada y Viktor sonrió para tranquilizarlo.

“Vicchan está bien, señor Katsuki. Su estatura es perfectamente normal para el tipo de poodle que es.” Contestó y regresó la foto. “Ahora, necesito ver la escena del crimen. Puede darme más detalles de lo ocurrido mientras nos dirigimos a Yutopia Katsuki. ¡Vamos!”

"¿Escena del cri-crimen?" Katsuki repitió, pasmado, mas el detective le pasó de lado.

Viktor rápidamente tomó su gabardina, su gorra cazadora del perchero y abrió la puerta, con Makkachin corriendo tras él. Y le dijo algo a Yakov antes de salir disparado de su apartamento.

"¿Suelen dejar a Vicchan solo en la tienda?" Preguntó Viktor cuando Katsuki al fin los alcanzó, caminando lado a lado sobre la banqueta. Makkachin les seguía el paso sin correa.

"A-a veces.” Katsuki tomó aire antes de continuar. “Vicchan duerme conmigo en mi habitación, la cual está situada en el segundo piso de la tienda con el resto de nuestra casa. Sólo la puerta de la escalera separa Yutopia de nuestro hogar. Vicchan siempre está conmigo a menos que yo haya salido o esté trabajando en la trastienda. Pero…" Se detuvieron para dejar pasar un carruaje antes de cruzar la calle.

"¿Pero…?" Le incitó a hablar con algo de impaciencia.

"Pero hace cinco días tuvimos un susto. Okaasan, quiero decir, mi madre se desmayó después de tomar té con un cliente, así que enseguida cerramos la tienda. Mi padre, hermana y yo la llevamos de prisa a ver a un doctor. Al final el doctor dijo que ella estaba bien, que su desmayo fue probablemente por casación o estrés. Y para cuando regresamos a la tienda, la puerta seguía cerrada como la dejamos, pero Vinchan no estaba por ningún lado. No estaba en casa ni en la tienda.” Dijo mirando sus zapatos mientras avanzaban. Claramente se culpaba de lo sucedido.

“¿La señora Katsuki suele tomar el té con los clientes?” Inquirió con una ceja alzada, pues aquello no era una práctica común. Tomar el té solía hacerse para visitas sociales.

“Sí. En Yutopia vendemos antigüedades únicas y de gran valor, por lo que mis padres suelen servir té a los clientes más difíciles para hablar con calma con ellos sobre las propiedades y el valor histórico de los objetos.”

“Ya veo. ¡Manipulación! Una excelente estrategia de ventas, si me lo pregunta.” Comentó con una risita y un gesto aprobatorio. No obstante, Katsuki hizo un sonido de indignación. El detective continuó hablando antes de que pudiera ser corregido. “Dígame algo, ¿recuerda cuál era el nombre del cliente con el que su madre conversaba?”

“Um, no. Lo siento. Yo estaba en el almacén haciendo el inventario en ese momento. Pero seguro que mi madre escribió su nombre en la libreta de clientes.”

“Entiendo. ¿Algo más que haya desaparecido? ¿Alguna pieza de gran valor?”

“No. Revisamos la tienda y nada parecía fuera de lugar. Sólo falta Vicchan…”

"¡Ya veo!"

Al llegar a la tienda de antigüedades, Viktor permitió que Katsuki fuera el que hiciera las introducciones. Y por lo que pudo ver a simple vista, los padres y la hermana de éste se veían igual de preocupados y estresados que él. Viktor pudo sentir empatía.

No obstante, el detective no perdió más tiempo y comenzó a estudiar la tienda.

0-0-0-0-0-0-0

"Ese Nikiforov… es un poco raro, ¿no crees?" Susurró Mari tras haber llevado a Yuuri a otra habitación, ambos observando desde la puerta al detective caminar rápidamente de un lado a otro por la tienda, pareciendo revisar el polvo de las estanterías, pues pasaba un dedo sobre estas. El detective Makkachin olfateaba los objetos a su alcance. "Al menos es guapo. Y su perro es lindo.” Rió.

"¡Mari!" Le amonestó Yuuri en voz baja. "Phichit dijo que Nikiforov es el mejor detective privado de Londres, así que deja de mirarlo de esa manera. Y sí… Phichit también comentó que sus métodos son un poco raros.”

“¿Puedo ver el juego de té que usó ese día, señora Katsuki? También la bandeja, si es que usó una.”

“¡Oh! ¿Está seguro, señor Nikiforov?” Dijo Hiroko, su madre, con sorpresa. “Debido a la situación olvidé lavar el juego de té y…” Aunque parecía avergonzada, Nikiforov sonrió e hizo un gesto de victoria chocando sus propias palmas.

“¡No se preocupe por eso, señora Katsuki! Contaba con que aún no hubiesen lavado las tazas. ¡Gracias por preservar la evidencia para mí!”

“¡Oh! Bueno, en ese caso…” Aunque confundida, Hiroko parecía aliviada por su comprensión. Entonces tomó el juego de té de debajo del mostrador y lo puso sobre la superficie de madera.

Nikiforov sacó una lupa de su gabardina y examinó de cerca las tazas, la tetera, el azucarero, y la bandeja.

“Señora Katsuki, hace cinco días usted se sentó a tomar el té con un cliente y minutos más tarde se desmayó, por lo que tuvo que ser llevada con un doctor.” El detective dijo para recapitular, sosteniendo la taza que aún tenía rastros secos de té cerca de su nariz.

“Sí. Mi esposo y mis hijos me llevaron con un doctor, cuyo consultorio médico está a dos calles de aquí. Al poco tiempo recobré conciencia y el doctor dijo que sólo debía descansar unos días y que estaría bien. Pero cuando volvimos a casa…” Bajó la mirada.

“¿Puede decirme el nombre del cliente?” Nikiforov puso una mano en su hombro, quizás en un vago intento de consuelo, pero al menos logró que Hiroko se concentrara en la pregunta.

“Ah. Sí. El señor Georgi Lupin. Él quería comprar ese gato de jade.” Señaló con un movimiento de su cabeza hacia algo detrás del detective, quien se giró para ver un pequeño gato hecho totalmente de jade dentro de una vitrina. “El señor Lupin es un hombre extravagante y es dueño de la tienda de mascotas Baskerville, por lo que él quería el gato de jade como decoración. Yo me desmayé poco después de que él se fue.”

“Georgi Lupin. La tienda de mascotas Baskerville…” Nikiforov se llevó un dedo a la barbilla, mirando distraídamente al techo. “He estado allí antes. A Makkachin le gusta comprar allí.” El poodle ladró para confirmarlo. “Pero si Lupin quería el gato, ¿por qué no lo compró?”

“El señor Lupin dijo que lo compraría al día siguiente." Contestó Hiroko, pensativa. "Pero creo que no ha vuelto. No estoy segura. Nosotros tomamos turnos para salir a buscar a Vicchan.” Nadie de la familia agregó nada, por lo que pudieron concluir que el cliente nunca volvió.

“¿Por qué pregunta sobre el señor Lupin?” Ahora inquirió Toshiya, su padre, con confusión. El detective se encogió de hombros.

“Sólo curiosidad. Pero tengo otra pregunta para la señora Katsuki, ¿no notó nada extraño al beber su té ese día?”

"¿Algo extraño?... Ahora que lo menciona, creo que el té tenía un sabor diferente. Quizás sólo lo preparé mal." Dijo un poco avergonzada. "El té inglés se prepara diferente al té japonés."

"Oh, estoy seguro que el té estaba delicioso, no se preocupe." El detective le restó importancia agitando una mano. Entonces se giró hacia Yuuri. "Creo que ya vi todo lo que tenía que ver aquí. ¿Quisieras acompañarme de vuelta a Baker Street o prefieres esperar noticias mías, joven Katsuki?"

Yuuri se sobresaltó primero, mas pensó la sugerencia un momento. Miró a sus padres, quienes rápidamente asintieron para hacerle saber que debía ir con el detective.

"Si puedo ser de ayuda, iré con usted, señor Nikiforov."

"¡Maravilloso! Créeme, serás de mucha ayuda, ¿cierto, Detective Makkachin?"

El poodle ladró y movió la cola.