Chapter Text
Tal parecía que en ese reino el sueño evadiría a la elfa en más de una ocasión o al menos sus despertares allí serían cada vez más abruptos.
Primero fue el sonido de un disparo, después fue un cuerpo cayendo encima suyo.
Trató de quitarse a la persona que cayó sobre ella, pero no fue necesario ya que este cuerpo fue removido por alguien más.
— Espero que hayas dormido bien, Kate Bishop — Mencionó una voz familiar gruñendo tras hacer un esfuerzo monumental para trasladar el peso del muerto de encima de su invitada.
Katherine maldijo en su idioma natal y tomó el cuchillo de pan que ocultó debajo de su almohada. Yelena rio irónicamente mientras recargaba otro perdigón en una de sus pistolas. — Por desgracia, ya es hora de despertar.
Antes de que la elfa pudiera preguntar qué era lo que estaba sucediendo escuchó más tiros irrumpir en la noche, estos habían atravesado su ventana e hicieron que las dos se tiraran al suelo y se refugiaran.
Una vez que pudo respirar y darse cuenta de sus alrededores, pudo ver que la persona con un tiro en la espalda llevaba puesto un peculiar traje rojo y blandía un cuchillo que terminó cerca suyo. Podía hacer preguntas después ya que ahora sí podía tener un arma de verdad.
Mientras escucharon el cese fuego estaban pensando en qué hacer. Ahora Yelena no tenía el elemento de la sorpresa ni Kate estaba equipada para lidiar con la amenaza. Antes de que pudieran expresarlo, la voz de uno de los atacantes interrumpió sus pensamientos.
— ¡Sabemos que están allí! ¡Entréguenos a la princesa y nadie saldrá herido! ¡Incluso perdonaremos que hayan eliminado a los nuestros!
La última palabra hizo eco en la ahora despejada cabeza de Katherine. ¿A qué se refería con ‘nuestros’? Si sólo uno entró en su habitación. Ante esto le dio una mirada de duda a su compañera, la cual intuyó lo que iba a preguntar, así que le respondió antes en voz baja:
—No fueron tan tontos como para sólo atacarte a ti. Lo bueno que no son silenciosos.
Lo último lo dijo con una sonrisa y desenfundando su otra pistola. Tendrían que permanecer allí arriba y enfrentar a quien se atreviera a subir por las escaleras o al menos eso fue hasta que oyeron una desgastada puerta abrirse debajo de donde estaban.
—Tranquilos — Era Melina, quien había salido desarmada y con las manos en señal de rendición; aun así, le apuntaron con los mosquetes tan pronto como apareció. — Oímos sus demandas.
—Si es así, señora. Por favor, entregue a la princesa o mis hombres abrirán fuego.— La máscara no pareció ser impedimento para que la fuerte voz del líder recorriera de nuevo la casa.
— Muy bien —Fue todo lo que ella dijo antes de volver a entrar tranquilamente a la casa.
Eso pareció darles a los hombres un sentido de alivio pues bajaron las armas y esperaron pacientemente. Kate creyó que la mujer iría a donde estaba n ellas, pero nunca apareció, en su lugar los ecos de sus pasos se adentraron al fondo de la casa.
Después se escuchó un chasquido seguido de un largo seseo.
Segundos después este se detuvo y una bala de cañón salió disparada por la entrada principal, llevando consigo la puerta, el brazo de un soldado, el pie de otro, y atravesando el torso del aparente líder de la unidad. El impacto de la bala de cañón desconcertó y aturdió levemente a los hombres restantes.
— Esa es la señal — Dijo Yelena mientras se levantaba de su escondite.
— ¡Qué señal?— Respondió Kate mientras aún trataba de darle sentido a todo lo que ocurría.
La rubia divisó el campo de batalla que se desplegaba por la ventana e hizo nota mental de lo que veía: ocho hombres en pie, tres heridos, el resto muertos.
Disparó ambos cañones de sus armas y las balas pronto hallaron su marca en los despistados hombres que estaban aún recuperándose, la momentánea ventaja se desvaneció pronto pues se dedujo de dónde vinieron los disparos y estos fueron devueltos por algunos de los que habían recargado sus armas. Al menos cuatro disparos entraron por la ventana, pero fallaron en atinarle a algo que no estuviera hecho de madera.
Otro cañonazo salió del frente de la casa, esta vez no le dio de lleno a alguien, pero la explosión de la bala hizo que otros dos tiros fueran redirigidos a la primera planta. Nuevamente, sin darle a algún enemigo.
Yelena estaba recargando sus armas y cuando terminó estaba por volver a asomarse, pero por el rabillo del ojo vio algo que la detuvo.
—¿Qué pasa? ¿Fueron todos? — preguntó la elfa.
—No. Siguen algunos de pie, pero no es mi problema ahora.
Esto extrañó a Kate quien se asomó levemente por la ventana. Entre las nubes de polvo por las balas indistintas y la neblina de la mañana vio algo peculiar: una enorme figura que le resultaba extrañamente familiar y que cargaba consigo algo pesado que causaba que hiciera ruido con cada paso que daba. Una vez que pasó por un claro y un rayo de sol se atrevió a brillar, pudo ver que se trataba de Alexei y lo que llevaba consigo era una rueda de carreta-no, era algo de ese tamaño, era más bien un gran escudo redondo de madera y metal.
Una vez que se hizo notar en el sitio, los hombres de pie se enfocaron en él. Los dos tiros restantes rebotaron en la superficie del escudo, apenas dentándolo. Tras sentir los tiros en la superficie, el enorme hombre empezó a correr de una manera rápida y poco natural para alguien de su tamaño, embistiendo a un par que se colocaron enfrente suyo y haciéndolos volar por los aires. Un tercero trato de usar su bayoneta, pero fue golpeado en el cráneo por el escudo antes de hacer contacto, haciendo que cayera de inmediato.
Ahora quedaban tres de pie.
Mientras todos recargaban sus mosquetes, el escudo fue lanzado como un disco gigante y este encontró su marca en el que estaba en medio, golpeándolo con una velocidad similar a la de la bala de cañón y enviándolo a volar, pero sin haberle hecho un agujero en el pecho. El hombre, ahora convertido en una muñeca de trapo, terminó a varios metros de distancia.
Los dos restantes tiraron sus armas, ahora viendo que Alexei se acercaba a paso rápido adonde estaban, y desenfundaron sus espadas. Cargaron hacia él esperando que alguno de los dos lograra asestarle algún ataque crítico, pero ambos fueron sorprendidos cuando el enorme hombre atrapó las cabezas de sus atacantes y las exprimió hasta hacerlos soltar sus armas. El combate terminó cuando chocó ambas cabezas una con la otra y causando que estas estallaran como si fueran sandías siendo aplastadas.
Una vez que el brutal acto concluyó, el único hombre de pie en el patio dijo de forma alegre que el peligro había pasado y que todas podían salir.
Pronto salió Melina y comenzó a revisar de manera atenta a Alexei, quien juraba estar bien, pero más arde admitiría que sí fue tomado por sorpresa por su atacante en el cobertizo, dejándole un corte profundo en la espalda, pero que no parecía importarle mucho.
Fueron seguidos por Kate y Yelena, y un poco más tarde por Sonya, quien parecía estar más lúcida y en control, y que ahora llevaba el mosquete de su hermana o al menos uno de los muchos que seguramente había por la casa.
—Buen trabajo, a todos — Comentó Melina mientras tendía los golpes y heridas de su esposo. —Creo que este lugar no es seguro para nadie.
—Lo lamento — Respondió Kate evitando la mirada.
—No te preocupes. Tarde o temprano nos descubrirían y no es la primera vez que nos movemos de lugar — Le aseguró la mujer.
—¿Necesitan ayuda? — Dijo Yelena.
—Sí, necesitamos que la lleves a donde necesita lo antes posible. Ya sabes cómo encontrarnos — Le guiñó el ojo a la elfa mientras afirmaba esto. — Sus transportes están en las caballerizas. Tomen lo que necesiten para el viaje.
—¿Qué hay de ello-? — la pregunta de Katherine quedó en el aire y fue respondida por Sonya, quien le disparó a uno de los hombres que estaban quejándose en el suelo. La mirada de la elfa reposó sobre la rubia quien sólo se encogió de hombros e hizo un tiro similar a otro de los que estaban tendidos cerca.
Quedaba sólo uno, pero antes de que recibiera su golpe de gracia, Melina se le acercó y dijo que ese permanecería con vida pues aún necesitaban respuestas. Le prometió a Yelena que le haría saber lo que encontraran, pero que debían irse de ahí pronto.
—Los cerdos serán un problema — Comentó Alexei mientras se estiraba para ver si la herida dificultaría su trabajo por hacer y mocionó a las chicas a que lo siguieran.
Las encaminó donde estaban los caballos quienes estaban despiertos por los ruidos que escucharon, pero estaban ilesos. Sin decir más, el enorme hombre se encargó de ensillar a los caballos y prepararlos para el viaje, mientras le dijo a su hija que tomara lo necesario y le ‘diera algo a su amiga’.
En el otro extremo de las caballerizas se toparon con un pequeño arsenal. Yelena tomó lo que se le hacía útil y lo metió a una mochila, incluidas balas, pólvora, cuchillos, y demás. Kate revisaba con curiosidad los diferentes tipos de espadas y hachas, lo único que en verdad conocía allí o al menos hasta que Yelenna se le acercó para entregarle algo:
—Felicidades. No te irás con las manos vacías — Agregó la rubia extendiéndole un arma.
—¿Qué es eso?— preguntó incrédula la elfa.
—¿Tú qué crees? Es una ballesta.
—…No sé usarla.
—No es difícil. Usa flechas, ¿o no?”
—¿…No tienes arcos?
—¡Esto es mejor!
—¿Cómo es mejor?
—¡No sé! Tiene un gatillo y es más fácil de usar.
—Prefiero los arcos…
—Increíble, Kate Bishop. Tienes toda una armería a tu disposición y eliges algo de hace un siglo — La rubia se fue frustrada a un lado olvidado del lugar y volvió con lo pedido.
—Ten. Es el único arco aquí. Diviértete — Le entregó el arco y el carcaj lleno de flechas casi arrojándoselos a sus manos. Era un arco recurvo de color negro carente de los detalles que solían tener los arcos de los elfos – eficiencia sobre estética, supuso –, pero igual la elfa pronto probó. Era un poco más tenso de lo que acostumbraba, pero tendría que ser suficiente con él. Intercambió la espada que tomó del enemigo por una que estaba en la pared, era corta, casi parecida a un estoque, pero le recordaba a las de su hogar y era liviana.
Una vez que se abasteció y luego de cambiarse de ropa, el sol parecía próximo a salir, así que era un buen momento para emprender el viaje.
Yelena había tomado su tiempo para despedirse de los que se presentaban y se sentían como sus padres, además de encargarles a Sonya, y de prometerles que los encontraría y seguiría con la labor.
Aunque no la conocían, Kate recibió también una calurosa despedida en forma de abrazos por parte de los adultos allí.
Una vez hechos los adioses, ambas estaban listas para partir. Así que montaron sus caballos, dieron un último vistazo a la casa, al campo de batalla que ahora tenía cuerpos desperdigados en él, y a los cerdos que las acompañaron hasta la cerca y se dirigieron hacia el castillo de la reina Hela.
