Chapter Text
Una buena noche de sueño le dio mayor claridad a su mente. Entendió que no podía hacer todo por sí mismo, necesitaba ayuda. A pesar de la oferta de Yuki, no quería cargarle el peso de una persona enferma a alguien tan joven. El chico tenía que disfrutar las vacaciones y mantenerse enfocado en la siguiente temporada, no se merecía lidiar con la situación más de lo que ya lo hacía al saber la verdad.
Abrió WhatsApp y se dirigió a favoritos. Definitivamente no alguien de su familia, no tendría cara para contarles la verdad de sus traidores sentimientos. Amigos fuera de la F1, podrían filtrarlo a la prensa. Gente relacionada a sus patrocinadores, menos. Okay, solo quedaban dos posibles opciones. Mandó el mensaje y esperó.
—¿Cuál es la emergencia? —preguntó Xavi, su entrenador más veterano, al instante en que conectó la llamada.
—Yo no dije que hubiera una.
—Nunca me pides que te llame, menos en mis días de descanso. Entonces debe ser una emergencia. Dime.
—Eres demasiado listo para tu propio bien. Bueno, um, ¿has oído de la enfermedad de Hanahaki?—no salió ningún sonido del otro lado de la línea y Checo se vio con la necesidad de llenar ese silencio—. En una enfermedad donde crece una planta en…
—Sé lo que es el Hanahaki. ¿Por qué? —Ahora fue el turno de Checo de quedarse callado—. ¿Por qué, Checo?
—Creo que la tengo —admitió Checo con la voz ahogada.
El entrenador suspiró, tratando de no reaccionar negativamente y asustar a Checo más de lo que ya estaba.
—Vale, ¿y qué quieres hacer?
—No sé. ¿No me vas a preguntar quién es?
—¿Me lo dirías?
—No —admitió. Aunque supiera de quien estaba enamorado guardaría celosamente el secreto, le avergonzaba haber faltado a sus votos matrimoniales.
—¿Te puedo dar un consejo?
—Para eso llamé.
—No te operes mientras puedas evitarlo. Yo tuve Hanahaki, hace 30 años. En un viaje conocí a una mujer, me enamoré, al parecer era mutuo pero estaba casada y me rechazó. Comencé a vomitar pétalos y luego flores. Al final fui al doctor, no tenía forma de contactarla y no quería arruinar su vida, así que me sometí a la cirugía. No recuerdo el proceso, como sabes pierdes la memoria de todo lo relacionado a esa persona, solo sé lo que mis amigos y familia me contaron. Después de eso todo fue de maravilla, hasta que intenté tener una relación con una chica y no funcionó. Luego conocí a otra, tampoco funcionó. Uno de los efectos secundarios de la cirugía es no poder volver a sentir amor romántico, al menos no con la intensidad original. A todas mis relaciones futuras le falta esa chispa, al final me resigné y aprendí a vivir con eso.
—Lo siento mucho, Xavi.
—No lo sientas, dedicarme a mi profesión y mis hobbies me ha ayudado mucho. Solo te lo conté para advertirte que no subestimes el amor, porque cuando no lo tienes lo extrañas aunque no lo recuerdes.
La historia de su entrenador parecía sacada de las pesadillas más horribles de Checo. A él le encantaba las películas de romance, las serenatas, las rosas rojas. No sabía si podía vivir sin una parte tan esencial de él mismo. Pero por otro lado no quería morir y dejar a su familia y su sueño atrás.
—Yo… no sé qué hacer.
—Después de la cirugía me uní a un grupo de apoyo aquí en España, es importante convivir con personas que están pasando o pasaron lo mismo que tú. Deja le pregunto a un amigo si aún se reúnen, puede que te ayude a tomar una decisión.
—Gracias, creo que me ayudaría escuchar otras… perspectivas.
—Vale, te mando la información en cuanto la tenga.
—Nos vemos ahí.
•••
El grupo de apoyo para Hanahaki se reunía en un salón de una biblioteca antigua, Xavi le dió ánimos y dijo que lo esperaría en el coche. Respirando profundamente Checo abrió la puerta y se sentó en una de las sillas dispuestas en círculo al centro del salón. Había un par de personas ya, y pronto 3/4 de las sillas estaban ocupadas.
Una señora se presentó ante el grupo como la psicóloga encargada de llevar estas sesiones. Al parecer iban a contar sus avances y reflexiones de la semana.
Una chica enamorada de su mejor amiga era interrumpida por su insistente tos. Un anciano contando cómo llevaba la pérdida de su esposa, quien había muerto debido a que con su edad ya no era viable la cirugía. Un señor describía cómo llevaba el tener Hanahaki por segunda vez, ya que después de someterse a la cirugía se había enamorado sin querer de la misma compañera de trabajo.
Checo contó que había desarrollado la enfermedad sin saber de quién estaba enamorado, y cómo ponía en riesgo su familia y trabajo. Trató de se vago y no dar detalles que pudieran delatar su identidad, aunque era probable que lo supieran considerando que tenían dos pilotos en la categoría y que Fernando había sido todo un fenómeno mediático en su tiempo. Nadie dio indicios públicos de reconocerlo, en vez de eso le ofrecieron palabras de aliento y diferentes perspectivas.
Al final un señor se acercó pidiéndole un autógrafo y asegurándole que todo lo que pasaba ahí era confidencial. La chica del principio le pidió también una firma para su mejor amiga.
—Noto que toses regularmente, ¿no te duele? —cuestionó esperando que no se lo tomara a mal.
—No tanto, mi tratamiento incluye analgésicos. Nada mal para llevar dos años enferma.
—Pensé que la enfermedad te daba máximo meses.
—Oh, lo hace, pero estoy en un tratamiento experimental tomando fármacos para retrasar la enfermedad. Estoy comprando tiempo y esperando que mi amiga termine con su novio para tener una oportunidad.
Por curiosidad, Checo le pidió los datos del doctor.
Después de España, Checo viajó a México. Una de las cosas que había aprendido era ser honesto con la familia y las personas que te importaban. Cuando se lo contó a su esposa, esta se encerró en su habitación a llorar, al tercer día de dormir en el sillón, finalmente accedió a apoyarlo en este momento difícil. Probablemente tendría que divorciarse, pero ninguno de ellos quería centrase en eso ahora. Ambos tenían mucha reflexión por delante.
Después de llorar viendo una película romántica de Disney con su hija, Checo decide tomar la terapia experimental.
••••
Los ánimos empezando la temporada son lo más bajos que ha tenido desde su debut en la categoría. El campeonato siendo la última de sus preocupaciones. Sí, su renovación con el equipo puntero era importante, pero qué caso tenía si no llegaba vivo al 2025.
El jueves en Bahrain le tocaba grabar un video promocional con Ma- Verstappen. Su sangre todavía hervía al recordar la temporada pasada. Si por él fuera el neerlandés podía meterse su “Checo es una leyenda” por el-. Alguien tocó la puerta de su habitación de hotel.
—¡Un momento! —Checo tomó una pastilla del frasco y una botella de agua, tragó la medicina y salió de su habitación, encontrándose a Alice con los brazos cruzados—. Mandé mensaje que ya iba en camino.
—Checo, para ti eso significa entre diez minutos y una hora. Prefiero no arriesgarme, Max ya está ahí. —El piloto suspiró audiblemente—. Créeme a mi tampoco me agrada la situación, pero a veces hay que hacer sacrificios.
—No sé cómo resistir el impulso de golpearlo.
—Tal vez podamos repetir la dinámica de cachetadas con tortillas.
—¿En serio?
—No. Solo compórtate con normalidad.
Ese era el problema, Checo no podía comportarse con normalidad. Verstappen ya no era esta figura honesta e idealizada que tenía en su cabeza el año pasado. Ni él era el mismo Checo que manejaba sin preocupación de que sus pulmones colapsaran a media carrera.
Mientras se imaginaba escenarios extremadamente improbables y dramáticos, Checo llegó a la terraza del hotel donde grabaría. Ahí estaba Verstappen, con su cabello perfecto y una postura relajada.
Se sentó a su lado tenso.
El neerlandés volteó con una sonrisa, como si no hubiera pasado nada. —Es bueno verte de nuevo.
—Igualmente —respondió Checo con una sonrisa que no le llegó a los ojos. El rubio entendió la intención de sus palabras y se volteó inmediatamente. Bien, no necesitaba preocuparse también por fingir una relación de amistad con su compañero. Al parecer la actividad fue demasiado para él porque su garganta comenzaba a picar familiarmente.
Al terminar la grabación salió corriendo al baño más cercano, escuchó a alguien llamarlo pero no se quedó a esperar, se encerró en un cubículo y expulsó el pétalo naranja. Lo tiró a la taza y jaló la palanca. Borrando cualquier rastro de lo que había ocurrido.
Checo nunca había sido el mejor en matemáticas, pero sabía lo básico. Si el doctor había dicho que la dosis máxima de antitusígeno a la semana eran 70 mg. Debía tomarse una pastilla diaria de 10 mg por las mañana. El problema es que el doctor nunca había tratado a un atleta de alto rendimiento como él. Su cuerpo era sometido a condiciones extremas en la pista y la pérdida de líquidos y el metabolismo del fármaco se aceleraban. Entonces decidió tomarse 10 mg el día de prácticas, 20 mg el día de clasificación y 40 mg el día de la carrera.
Sorpresivamente funcionó perfectamente, ningún indicio de tos arriba del monoplaza. Ni en la ceremonia de premiación, ni en las entrevistas. Todo salió perfecto en ese carrera, y en la segunda y en las dos siguientes. Al parecer agotó su suerte porque al final de la clasificación del Miami GP se encontraba nauseabundo. No sabía si era el calor de la ciudad costera o el medicamento pero físicamente no se sentía bien.
Afortunadamente logró arreglárselas para cumplir con sus deberes; escabulléndose en cuanto pudo al primer baño que encontró. Se echó agua fría en la cara esperando que ayudara cuando en el espejo hizo contacto visual con Lewis. Su sorpresa se hizo presente con un ligero salto del que se avergonzó, se echó otro chorro de agua, se limpió con su manga y puso una sonrisa al voltearse.
—Hola, Lewis. Qué casualidad encontrarte aquí.
—Es el hospitality de Mercedes.
—¿Lo es? —Checo no se había parado a observar a qué baño entraba pero no quería levantar sospechas—. Claro, lo es.
—Estás raro y te ves pésimo
—¿Gracias?
—¿Estás enfermo? —Lewis dio unos pasos hacia él y le puso una mano en la frente—. Estás ardiendo.
Checo trató de apartarse pero tropezó ligeramente, alcanzando a detenerse en el lavabo.
—Llamaré al equipo médico.
—No, por favor no lo hagas. —Lewis lo miró con una ceja levantada. Cuando se le metía una pregunta a la cabeza no paraba hasta resolverla, Checo lo sabía bien. Sabía que tenía que ceder un poco para librarlo—. Tienes razón, estoy enfermo y estoy tomando unas pastillas. El doctor dijo que el mareo y un poco de fiebre puede ser un efecto secundario.
—Eso es peligroso si manejas un auto que va a más de 300 km/h.
—El problema no es durante, es después. Nada peligroso, lo juro.
—¿Entonces no quieres ayuda médica?
—No, tengo pastillas para contrarrestar esos efectos.
—Déjame contactar a alguien de tu equipo estoy seguro de que te las pueden traer. —Lewis sacó su celular.
—¡No, no! Nadie del equipo, por favor. Si se enteran que estoy enfermo mi carrera estará arruinada.
El piloto inglés rodó los ojos. —Bien, iré yo. Dime dónde están.
Checo le dio instrucciones para llegar a su cuarto de piloto y le entregó su llave para poder entrar. No tuvo que esperar mucho porque 15 minutos después el campeón del mundo apareció con la mochila donde guardaba sus medicinas.
Lewis le entregó la pastilla y una botella de agua, esperó a que hubiera tragado para soltar su pregunta.
—¿Hace cuánto tienes Hanahaki?
Checo aún así se atragantó. —De qué hablas…
—Vi la medicina, y pétalos secos regados por tu habitación.
—Um… yo… no… —Checo entró en pánico, si la noticia se extendía no quería ni pensar lo que eso supondría para su carrera y su reputación.
—Respira. No le diré a nadie. Toma otro trago de agua. —Checo siguió las instrucciones aún sin poder hablar—. Pero necesito la historia completa. ¿Te estás quedando en un hotel? —El menor asintió—. Bueno pues esta noche te quedarás en mi casa, necesitamos hablar.
El piloto mexicano no tuvo otra opción más que a aceptar. Todavía tenía fiebre residual y temblores del ataque de pánico. Lewis le pidió su teléfono para avisarle al equipo que se quedaría en otro lugar hoy y lo condujo a su auto deportivo. Mientras salían del paddock varias personas los miraron extrañados y unos cuantos periodistas tomaron fotos. Checo esperaba que la prensa lo hiciera pasar como una salida amistosa, no necesitaba rumores de que se iba a Mercedes o que estaba traicionando a RedBull.
Lewis puso música y se concentró en manejar. Checo recordó que a Lewis le estresaba manejar, por lo que llevarlo a él en vez de a su chofer significaba que era importante. La mansión era lo que se podía esperar de un multi-campeón viviendo en la costa de Miami. Ambos salieron del coche y el anfitrión lo dirigió a su salón de juegos. Varias mesas de billar y juegos de cartas llenaban el espacio. Se acomodaron en unos sillones y Lewis le pasó a Checo una cerveza, sin alcohol, por supuesto.
—Empieza a hablar, Perez. —El inglés le dijo, inclinándose hacia adelante y prestándole su total atención.
—No sé por dónde empezar.
—Por el principio.
—A finales de la temporada pasada empecé a expulsar flores, Yuki me encontró en un ataque de tos y me dijo que tenía Hanahaki. Le comenté a un amigo y me recomendó un grupo de apoyo y de ahí conseguí el contacto de un doctor que hace tratamientos experimentales.
—¿No pensaste en hacerte la cirugía?
—Varias veces.
—¿Y por qué no lo hiciste?
—Me dio miedo.
—¿El procedimiento?
—No, las consecuencias. Me da miedo no volver a sentir amor en mi vida.
Lewis soltó una carcajada que duró un poco más de lo normal, para después mirar a Checo con condescendencia.
—¿Qué es lo divertido? —preguntó el mexicano irritado.
—Eres demasiado idealista, —pausó—, por eso eres uno de únicos pilotos que me agrada.
—¿Eh?
Lewis se levantó la camisa y Checo volteó la mirada, ¿qué estaba pasando? Lewis agarró una de sus manos y la puso en su pecho, sólido y trabajado. La cara de Checo no podía ponerse más roja.
—Mira —ordenó el inglés mientras movía los dedos de Checo. Al principio no sintió nada, presa del pánico y lo extraño de la situación, cuando se calmó pudo sentir un contorno que no debería estar ahí.
Checo dirigió la mirada a donde sus dedos tocaban la piel chocolate, si enfocaba los ojos lo suficiente podía ver una cicatriz en forma de T que recorría su pecho.
—¿Esto es…?
—Una cirugía de extracción de Hanahaki.
Checo abrió los ojos sorprendido, volvió los ojos con avidez a las cicatriz y la recorrió varias veces, imaginándose una planta saliendo de ahí.
—¿Cómo?
—Eso no importa. —Hamilton le alejó la mano y bajó su playera, sentándose de nuevo en el sillón—. Lo importante es que sé lo que se siente estar en tu situación, o al menos lo sabía, olvidé todo el antes. Pero sé todo sobre el después.
—¿Crees que debería operarme?
—No. No a menos que le hayas dicho primero a esa persona. Te debes el intentarlo.
—Eso estoy haciendo, el problema es más complejo que declararme. —Lewis esperó a que continuara—. No sé de quién estoy enamorado, no sé quién no me corresponde.
Hamilton se echó a reír de nuevo.
Como prometió, Lewis lo devolvió al paddock en la mañana de la carrera. Se tomó sus pastillas en el desayuno que pidió el inglés, así que no había problema con la tos.
Entró al garage y saludó a todos. Se acercó a Cristian quién estaba hablando con los ingenieros.
—¿Y bien? ¿Ya firmaste con Mercedes? —le dijo el director de equipo como saludo.
—Um… no.
—Oí que te fuiste y llegaste con Hamilton.
—Somos amigos —dijo nervioso Checo, era una excusa tonta pero sirvió para aligerar el ambiente.
—“Amigos”, okay. No firmes con ellos, es obvio que RedBull va a seguir ganando campeonatos —advirtió Cristian dándole una palmada en el brazo y yendo a hablar con Newey. Checo se mordió la mejilla, obviamente el “ganando campeonatos” se refería a Verstappen. Acordándose de él, lo buscó en el otro garage, encontrando su intensa mirada al instante, como si el piloto lo hubiera estado observando todo este tiempo. Checo sintió escalofríos y se volteó hacia su propio garage. Eso era lo único que importaba ahora.
•••
Unas cuantas carreras más y con todo el pesar del mundo Checo admitió para sí mismo que el tratamiento estaba perdiendo efectividad. Empezaba a tener momentos durante la carrera donde su garganta picaba y sentía la necesidad de toser. El tiempo del efecto terapéutico también disminuía, había tenido que acortar sus entrevistas y dirigirse corriendo a un lugar privado para expulsar pétalos y algunas veces flores medio formadas. Esto se estaba complicando, la cirugía le parecía inevitable.
Lewis había sido su roca todo ese tiempo, siendo paciente con él y cubriéndolo, lo que resultaba en pasar mucho tiempo juntos. El británico lo había tomado como un proyecto de caridad, aunque Checo presentía que él también lo estaba ayudando a sanar su herida interna. Todo esto para disgusto de su compañero, quién por las miradas que les dirigía, aún tenía odio por la temporada 2021.
Ese no era el único comportamiento extraño de Verstappen. En pista se había vuelto más agresivo con él y Lewis, estorbándoles o batallando demasiado duro, pero siendo lo suficientemente astuto para hacerlo dentro de los límites para no recibir sanción.
En una de esas ocasiones Max frenó demasiado temprano, cerrándole la puerta a Checo en una curva. Checo pudo haber reaccionado a tiempo, pero justamente una tos lo asaltó en ese preciso momento, desconcentrándolo. No alcanzaba a frenar y no estaba lo suficientemente loco como para llevarse a su compañero también. Así que hizo lo que un piloto no debía, girar bruscamente el volante y salirse de pista. Al parecer su mala suerte no acabó ahí, una de sus llantas alcanzó a tocar un piano y lo mandó directo a la barrera.
Debía ser sincero, se desmayó antes del impacto. Solo reaccionó cuando alguien le movió el hombro. Checo abrió los ojos lentamente y vio a Lewis gritándole algo. No sabía que decía pero después de unos segundos todo volvió a su mente. Por instinto de supervivencia se quitó el cinturón, el volante y saltó de la cabina. Apoyándose en el cuerpo firme del piloto inglés.
—¿… bien?
—¿Eh? —preguntó Checo confundido, se quitó el casco para escuchar mejor.
—¿Estás bien?
—No lo sé. Supongo. —Checo pensó que si estaba de pie teniendo una conversación no había sido tan grave, aunque también sabía que la adrenalina diluía el dolor. Sabría qué tal mal estaba en unos minutos.
—No puedo creer que Max se atreva a hacer esas maniobras —se quejó Lewis bastante molesto. Al final de cuentas también había abandonado la carrera por esto. Ganas de toser invadieron al mexicano y esta vez no tuvo fuerzas para luchar contra ellas. Puso sus manos frente a su boca y tosió. Lewis captó rápidamente la situación y abrazó a Checo, cubriendo los ángulos donde sabía estaban las cámaras. Después de expulsar la flor, Lewis la tomó en su puño y lo cerró. A él no le iban a hacer inspección física.
El coche médico finalmente llegó, ambos se subieron a él y entraron al área médica. Donde a Checo lo dieron de alta con solo un analgésico, más allá de unos moretones, su cuerpo estabas “intacto”. Claro que estos médico no tenían idea de la planta que crecía en sus pulmones.
Su equipo lo recibió con abrazos delicados y buenos deseos. Nadie estaba preocupado por el monoplaza ni los costos, solo estaban aliviados de verlo bien, lo cuál calentó el corazón de Checo. Se estaba volviendo parte esencial del equipo, pero al parecer solo había una persona que no lo entendía.
Su accidente no lo eximió de hacer entrevistas donde contó lo sucedido desde su perspectiva y evitó engancharse con los periodistas que ponían en duda su asiento el próximo año.
—Lewis dejó todo para ayudarte, ¿qué me puedes decir de él? —indagó Rosberg.
—Es un gran amigo y un salvavidas. No sé qué haría sin él. —Sonrío para la cámara, trando de no transmitir su nervisismo a los periodistas que se encontraban frente a él, una declaración en falso e intuirían que algo iba mal.
—Unos especulan que te está tratando de reclutar para Mercedes cuando tu contrato con RedBull termine —indagó otro.
—Nada más alejado de la realidad. Tengo contrato con RedBull hasta 2024 y estoy comprometido con el equipo.
—Sobre el equipo, ¿exigirás una reprimenda para tu compañero por su maniobra?
—No, me parece que fue un incidente de carrera. Me aparté porque chocar contra mi compañero sería una tontería.
—Te escuchamos toser unas veces en la radio… —Rosberg comenzó, Checo se tensó inmediatamente y el ex piloto lo captó, sonriendo maquiavélicamente—. ¿Corriste estando enfermo?
—No, deben ser mis alergias. —Necesitaba salir de ahí ya—. Lamento cortar la entrevista pero necesito um….
—La FIA te llamó para declarar —interrumpió Alice.
—Por supuesto, debo irme, adiós— Checo huyó del área de periodistas y se dirigió a comisarios para declarar lo mismo que había dicho en público. Incidente de carrera.
•••
Lewis arrastró a Checo a un lugar alejado del paddock y después de verificar que el perímetro estuviera libre se volteó hacia el mexicano con los brazos cruzados.
—¿Qué fue eso? —preguntó Lewis con seriedad pero tratando de sonar más tranquilo de lo que estaba. Ver a Checo estrellarse contra las protecciones lo había hecho revivir un trauma.
—Me salí de pista y perdí el control del auto —explicó nervioso Checo.
—¿Por qué?
—Max frenó antes… y tosí en ese instante.
—¡Dios, Checo! ¿Alguien notó eso?
—Nico me preguntó algo así en una entrevista.
—Por supuesto que lo hizo. —Lewis frunció el ceño y luego negó con la cabeza—. Entonces el tratamiento no está funcionando.
—Lo hacía, al principio. Últimamente ha estado perdiendo efectividad.
—Creo que es tiempo de que vayas considerando la cirugía. No puedes correr en esas condiciones, podrías ocasionar un accidente peor al de hoy.
—Lo sé —Checo se puso las manos en la cara, apretando para evitar que las lagrimas fluyeran—. No quiero perderme las carreras, lo haré en el parón de verano.
—Si sigues postergándolo podrías poner en riesgo tu vida.
—Estoy dispuesto a correr el riesgo.
Lewis levantó las maños exasperado. —¿Por qué?
—Temo que no podré amar las cosas que amo con la misma intensidad. Temo que mi vida se vuela gris.
—Es igual, yo lo sé.
—¿Amas la Fórmula 1?
—Obviamente.
—¿De la misma manera que lo hacías antes de la cirugía?
Lewis evaluó su cara durante varios segundos, tratando de encontrar algo en ella. Cuando no lo logró solo suspiró. —No. No lo sé —respondió sincero—. Haz lo que quieras, solo no quiero encontrarte muerto en una cama de flores.
Checo hizo una mueca ante el comentario, esperaba no llegar a eso. Lewis se fue sin decir más y Checo tuvo que regresar solo a su cuarto de piloto para recoger su maleta. Entró al pequeño espacio y dejó la puerta abierta esperando irse en un minuto cuando se asegurara de que llevaba todo lo que había traído.
La puerta se azotó y el corazón casi se le sale al ver a una persona parada frente a la puerta con los brazos cruzados.
—Dios, qué susto. ¿No podías saludar como la gente normal? —dijo Checo tratando de recobrar la calma.
—¿Qué eres de Hamilton? —preguntó acusatoriamente su compañero.
—Um, ¿su amigo?
—No existen amigos en la Fórmula 1.
—Que tú no tengas no es mi problema.
—Un “amigo” no arruina su carrera por ver si estás bien.
—¿Has considerado que para algunos hay cosas más importantes que una carrera? Ah, por supuesto que no, tú das tus razones y las sostienes.
Checo terminó de meter todo a la maleta y sin intimidarse trató de rodear a Verstappen para abrir la puerta y salir de ahí. El ambiente lo estaba asfixiando. Max volteó rápidamente y con sus manos en los hombros de Checo lo atrapó contra la pared.
—¡¿Qué mierda te pasa?!
—Tú estás escondiendo algo, y lo voy a descubrir.
Max finalmente lo soltó como si quemara y salió de su cuarto. En cuanto estuvo solo, Checo se deslizó en la puerta cerrada y tosió expulsando una flor. Mierda, volvía a las flores enteras.
El corazón de Checo no había dejado de latir desenfrenadamente. ¿La enfermedad comenzaba a extenderse por su corazón o era su cuerpo somatizando el odio que le tenía a su compañero?
Afortunadamente Max lo ignoró los siguientes tres fines de semana, ya sea en el circuito o en Milton Keynes. En ese tiempo habló con su doctor en España y este confirmó que el tratamiento no estaba funcionando como debería, le pasó el contacto de un buen médico en Japón con experiencia en cirugías de Hanahaki. Checo le pidió ayuda a Yuki para concertar una cita y una fecha. En verano viajaría a Tokio y sería libre de la opresión en su pecho.
Como medida desesperada comenzó a preguntarle a todas las mujeres con las que se encontraba su flor favorita, poniendo de excusa que quería regalarle unas a su esposa y no sabía cuáles elegir. Demasiadas rosas, margaritas y girasoles, nada parecidas a las que expulsaba. Derrotado entró a la habitación dónde tenían sus reuniones técnicas, esta era su última carrera antes del parón de verano, y de su cirugía. La última carrera que manejaría siendo él mismo. Se celular sonó y contestó inmediatamente.
—Checo, ¿cómo estás? —la voz de Lewis lo hizo enderezarse en la silla. No habían hablado desde la última discusión.
—No lo sé —contestó agotado.
—Escucha, lamento no haber estado para ti estas últimas semanas, pero el tema destapó cosas en mí que creí cerradas.
—Lo entiendo, no es una situación fácil, —se talló los ojos—, ya hice la cita. Yuki me ayudó, viajaré a Japón en una semana y me quedaré en observación un mes.
—Lamento que hayas tenido que llegar a eso, si te hace sentir mejor hay varias personas que salieron vivas de eso y están felices.
—Lo sé, es solo que yo quería que fuera diferente. —La voz de Checo tembló y tosió para disimular.
—Si necesitas que esté ahí contigo…
—No, no quiero cargarte más con mis problemas. Le pediré a mi entrenador que me acompañe.
—Entiendo, al menos déjame invitarte un trago.
—Vale, ¿el domingo después de la carrera?
—Me parece bien.
Lewis le dio los últimos detalles del lugar y colgó. Oyó el seguro de la puerta y volteó para ver a Verstappen recargado en ella. Su corazón dio un vuelco, para después estabilizarse con un ritmo más alto de lo normal.
—Dios, Max. ¿Quieres dejar de hacer eso? Me vas a matar del susto.
—Escuché lo que le dijiste a Lewis. —Checo repitió en su mente la conversación para verificar que no hubiera dicho algo incriminatorio.
—¿Que iba a ir a Japón en vacaciones de verano con Yuki?
—La anterior.
—¿Cuál anterior?—Checo se tensó.
—Después de tu choque, cuando se alejaron del paddock y pensaron que nadie los escucharía. —Checo estaba demasiado sorprendido y aterrorizado para responder—. Al principio pensé que era una cirugía de rutina la que te impedía manejar al 100%, pero a veces manejas como si estuvieses sano.
Max comenzó a dar vueltas alrededor de Checo mientras hablaba. Como un león jugando con su presa.
—Vi la carrera donde chocaste, tu onboard, tus gráficos, escuché tu radio, escuché tus entrevistas. Una y otra y otra vez. Teoricé que tenías algo en los pulmones, tal vez una infección tal vez un tumor. Rosberg parecía saber algo, así que le pregunté directamente, solo dijo que lo único que podía hacer era regalarte un florero. Después comenzaste a preguntarle a las personas por su flor favorita. Solo tienes que meterlo en Google: tos, cirugía, flores.
—¿A qué quieres llegar? —preguntó Checo con un nudo en la garganta. Se levantó y metió sus manos en sus pantalones kaki para disimular lo mucho que estaban temblando.
—Tienes Hanahaki. —La afirmación se sintió como un balonazo en el pecho, dejándote sin respirar y con la impotencia de no haberlo evitado.
—Tengo Hanahaki —confirmó Checo después de unos segundos, su pánico siendo reemplazado por resignación. Estaba rendido, había intentado tratar la enfermedad, buscar a la persona de quien estaba enamorado, y había terminado en el mismo lugar. Qué importaba si Max fucking Verstappen se enteraba, en unos días viajaría a Japón y sería como si nada de esto hubiera pasado.
Max se acercó a él con decisión, Checo cerró los ojos esperando gritos, un empujón o incluso golpes. Cuando no pasó nada de eso los abrió tentativamente y vio a Verstappen parado a escasos centímetros de él, tan cerca podía ver detalladamente sus ojos llorosos. ¿Qué mierda?
—Lo siento —le dijo Max lo más sincero que lo había escuchado nunca.
—No es tu culpa —Checo se golpeó mentalmente, aún después de todo lo que había hecho, aquí estaba, reconfortarlo—. A veces pasan estas cosas.
—Lo siento, porque te hice más difícil la vida estos últimos meses.
—No lo sabías.
—De haberlo sabido esto no hubiera pasado.
—No hay nada que pudieras hacer, Max.
—No quiero que mueras —declaró firme.
—Yo tampoco quiero morir —bromeó Checo tratando de disolver el ambiente cargado.
—No quiero que mueras —repitió con más convicción—. Si necesitas a alguien a quién amar… elígeme a mí. Ámame.
Antes de que Checo pudiera decirle que eso no funcionaba así y que lo estaba asustando. Max dio un pasó al frente y estrelló sus labios contra los del mexicano.
El corazón de Checo se detuvo por un segundo y su mente por quince. Al parecer su boca no tuvo tal retraso porque cuando volvió a sus cinco sentidos su lengua estaba dentro de la boca de Max. ¡Dios, estaba besando a un hombre, estaba besando a su compañero, estaba besando a un campeón mundial, estaba besando a Max Verstappen! Esto debía sentirse mal pero en vez de eso se sentía bien, más que bien.
El aire le comenzó a faltar y no era por el beso. Checo lo empujó con todas sus fuerzas y antes de caer de rodillas pudo ver la expresión de devastación en su compañero. No tuvo tiempo de consolarlo. Su tráquea ardía por la cantidad de flores que buscaban ser liberadas. Fue casi un minuto, un agonizante minuto donde no pudo respirar, un minuto de escuchar las disculpas y pánico de Max sin poder hacer algo más que toser.
Cuando la tortura terminó tomó aire y sintió cómo regresaba a la vida. Respiro hondo varías veces para probar. Su pecho sintiéndose más ligero que nunca. Miró la expectoración de flores y raíces. Su mente por fin pudiendo ver tras la neblina. Claro que no sabía de quién estaba enamorado, porque nunca lo consideró como opción. Porque era la primera vez que pensaba que un hombre podía ser una opción. Porque incluso si lo considerara, Max sería el último en su lista de posibilidades.
Checo se rió de la ironía. Max no podía ofrecerle una posición de vuelta, pero sí podía ofrecerle su amor. Tomó la flor más íntegra y se levantó. Extendió el brazo frente a Max y abrió su puño, dejando en evidencia el tulipán anaranjado frente al que lo plantó. Los ojos del neerlandés se abrieron y todo lo que quería decir se atoró en su garganta.
—Es mi flor favorita —exhaló.
