Chapter Text
-Por si las dudas –dijo la mamá de Yuto entregándole una bolsa-, hasta que sepamos tu casta, será mejor ser extra cuidadosos.
Los ojos (descubiertos) de Kusumi estaban tan perplejos mirando el collar de protección que su madre le había entregado.
-Todos tus compañeros son más altos.
Yuto infló las mejillas fingiendo molestia por el comentario de su papá, pero no estaba de más, sobre todo cuando ni él mismo sabía cómo controlar a su casta.
-¿Quieres que te lo ponga? Se abrocha por detrás.
Miró ese grueso collar; pesaba un poco, seguro por la placa de protección que cubriría su cuello.
Tomó su teléfono para escribir.
“Me lo pondré mañana cuando vaya a clases (• ~ •;)”
-No tiene qué asustarte –dijo su padre quitándoselo de las manos-, imagina ¿qué haríamos si alguien te muerde?
Entonces Kusumi negó con sus manos, luego volvió al teléfono.
“Entiendo muy bien, sólo me pone algo nervioso (๑•﹏•)”
-Nadie se burlará de ti –dijo su mamá-, aunque si fuera el caso, no dudes en decírnoslo.
De todos modos era invierno y el collar podría esconderse bajo la bufada, así pasaría desapercibido; no quería que todos lo miraran y comenzaran a especular cosas, sobre todo porque se habían popularizado como algo que se compartía en pareja, similar a los anillos de promesa. No quería que Kaji, especialmente, pensara algo así.
Suspiró. Terminó poniéndoselo para ir a clases y cubriéndolo con una bufanda. Esperando que nadie se acercara lo suficiente para verlo o hacer preguntas.
Afortunadamente las clases habían pasado sin mucha novedad, aunque había algo que estaba rodando en su cabeza: Kaji, que no sólo se había cambiado de asiento sino que literalmente se sentó al otro extremo de él. Intentó enviarle un mensaje de texto pero cuando miró sobre su hombro para ver su reacción al leerlo, notó que sus auriculares estaban conectados a un viejo mp4.
Significa que no tenía su teléfono consigo.
Tuvo que usar el plan B, lo esperó a la hora del almuerzo. Mejor dicho, tuvo que correr para alcanzarlo.
Hasta que tiró del borde de su suéter para llamar su atención.
Kaji bajo sus auriculares.
-¿Mm? –preguntó sin retirar la paleta de su boca.
Kusumi tomó aire antes de gesticular con las manos:
“¿Estás bien? Siento que me evitas”
Kaji desvió la mirada.
-No te entiendo –mintió volviendo a subir los audífonos, obligando que Kusumi tomara su teléfono para teclear:
“Siento que estás evitándome (• ▽ •;)”
-No –contestó reanudando sus pasos, sintiéndose más pesado conforme avanzaba.
-¡Hey Kusumi! –Kaji se detuvo al oír a Enomoto-, vamos a comer ¿no vienes?
El nombrado mordió su labio inferior dudando. ¿Debería darle espacio a Kaji? ¿Estaría mal insistir un poco?
Finalmente apuntó a su pecho, luego negó con el índice en alto a la vez que imitaba el movimiento de comer con palillos.
-Te guardaremos un poco –finalizó Enomoto para retomar su camino e irse con los de su salón.
Kusumi suspiró aliviado.
-¿Por qué no vas a comer?
Dio un saltó al oír y sentir el aliento de Kaji tan cerca, sobre su mejilla.
Tocó su pecho intentando calmar su corazón a la vez que se recomponía de la impresión.
Sin embargo, al estar ligeramente inclinado y la mala precisión que tuvo por la mañana al intentar abrochar el collar, hizo que éste se deslizara hasta caer al suelo.
El sonido de la placa rebotando contra el piso le llenó los oídos, su corazón comenzó a latir con fuerza y vergüenza. Palideció.
Las manos de Kaji aparecieron frente a sus ojos, recogieron el collar al tiempo que comenzaba a oler a durazno.
-¿Quieres que te lo abroche? –preguntó con su voz totalmente calmada-. Debe ser molesto hacerlo tú mismo.
Kusumi alzó la mirada; Kaji fue capaz de encontrar uno de sus ojos tras su melena.
-Nunca he usado de estos –continuó-, pero la primera vez que usé un bozal, sí tuve que pedir ayudar para abrocharlo correctamente.
Los labios de Kusumi se separaron con intenciones de hablar, pero el aroma a duraznos comenzó a tranquilizarlo.
-Déjame ver tu cuello.
Algo se esparció desde su estómago hasta las puntas de sus dedos, tirando de la bufanda.
Kaji se fue tras sí, pasó sus manos con el collar sobre el rostro de Kusumi para colocarlo en el cuello. Ambos pasaron saliva ansiosos.
La piel tenia toques rositas que la hacía ver apetitosa, pero antes que sus caninos comenzaran a amenazar, abrochó el collar. Cubriendo el cuello en su totalidad.
Kaji dejó salir todo el aire de sus pulmones con exhalaciones lentas que dieron directo al cabello de Kusumi, haciéndolo temblar.
-Listo –susurró Kaji-, ahora vamos a comer.
Kusumi se limitó a asentir, su casta estaba tan feliz que quería comprarle toda la comida que ese Alfa pudiera devorar.
