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Chapter 4: Capitulo 3

Notes:

Ha pasado un tiempo desde que actualicé por aquí jajaja la verdad es que entre mi bloqueo creativo, buscar trabajo y mantenerme cuerda ha sido muy pesado ajaja, pero aquí un capitulo que seguramente nadie pidió, pero se los entrego con mucho amor!!
P.D. Les recomiendo leer este capitulo con las canciones:
-Give me a sign de breaking bejamin
-You and I de T.A.T.U
Probablemente haga una play list jajaja

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

“—Y con esto… La mudanza queda oficialmente concluida— Dijo Satoru mientras terminaba de acomodar el ultimo cuadro en la pared.

Yuuji sonrió con dulzura, era la primera fotografía que se hicieron como novios. Ambos jóvenes y con sonrisas inocentes veían a la cámara bajo un hermoso árbol de cerezos. Habían pasado más de diez años desde aquella fotografía y ambos seguían amándose con la misma intensidad de aquella vez.

—¿Pasa algo cariño? — Cuestionó el albino tomando con delicadeza el rostro del pelirrosa.

—No, solo que… aun no creo que lo hayamos logrado… Todo esto… Te amo— Respondió Mientras finas lagrimas salían de sus ojos.

—Escúchame Yuuji, siempre… SIEMPRE estaré a tu lado ¿Sí? Estamos juntos en esto— Le dijo segundos antes de robarle un apasionado beso que lo hizo gemir.

Su primer día de matrimonio concluyó con ambos haciendo el amor sobre el sofá de la sala y entre fogosos besos que dejaban en claro su amor y devoción”

Yuuji permaneció en la oficina de Satoru, sentado frente a la mesa desordenada, los ojos clavados en la foto del marco que había caído al suelo. Era la misma fotografía de ellos dos, sonriendo juntos en uno de sus momentos felices que compartieron en su juventud. El dolor en su pecho no desaparecía, como una sombra constante que lo acechaba. El vacío de la ausencia de Satoru lo había dejado como una cáscara vacía, pero aún sentía que debía algo, algo más por hacer. El teléfono de Satoru, la computadora, su celular: todos los medios de comunicación entre ellos parecían haberse desvanecido sin dejar rastro.

Un golpe de ansiedad recorrió su cuerpo cuando sus dedos rozaron el borde de la mesa. Todo parecía demasiado quieto como si el tiempo se hubiera detenido en esa casa que se hacía cada vez más grande junto a su soledad.

Con la cabeza vacía y el corazón roto, se vistió con su traje negro y ató la corbata roja en su cuello, dejando que la azul se enredara en su muñeca. El mismo par de corbatas que usaron en su boda. La amargura se instaló en su pecho mientras abandonaba la habitación y tomaba las llaves de su automóvil para dirigirse a una dirección en específico.

Una vez frente al lujoso edificio donde un gran número de personas bien vestidas caminaban, el joven viudo tomó un suspiro antes de entrar y caminar hacia una también conocida dirección.

—¿Estás seguro de esto, Yuuji? — La voz de Hiromi sonaba más como una advertencia que una pregunta.

Yuuji no respondió de inmediato. En su lugar, se quedó mirando el escritorio, como si allí pudiera encontrar alguna respuesta. ¿Qué haría Satoru? No quería tomar esa decisión, pero sabía que ya no había vuelta atrás.

—No sé... No sé si soy capaz. — Su voz quebró al final de la frase, más por el peso de lo que decía que por cualquier otra cosa.

—Pero ella... — No terminó la frase. No era necesario. No podía prometerle nada, ni a él ni a ella.

Hiromi Higuruma era un hombre desinteresado en muchos sentidos, moviéndose principalmente por un trabajo que ya no le agradaba, sin embargo, haberse convertido en el abogado del matrimonio Itadori fue quizás de las pocas cosas que le agradaban de su trabajo. Desde que conoció a la entonces joven pareja que buscaba quien aprobara su matrimonio es que brindó su ayuda a ese par y solo poco después, el matrimonio acudió nuevamente a él en busca de convertirse en padres de una pequeña niña de la que se enamoraron al verla. El hombre fue testigo de cómo aquel matrimonio lleno de amor y dulzura llegó a un trágico final; Hiromi fue testigo de cómo el mundo volvía a ser un lugar cruel con quien menos lo merecía.

No podía culpar al hombre sentado al otro lado del escritorio, no se atrevería a señalarlo a él también, o más bien no quería hacerlo. Suspiro sabiendo que probablemente este era el escenario que se imaginó tras la noticia de la muerte de Satoru.

Yuuji dejó caer el sobre sobre la mesa, sus dedos temblorosos aun tocando el borde de la carpeta. Un dolor familiar se apoderó de él, un dolor que nunca se iba, que se arrastraba en cada rincón de su ser.

"No puedo hacerlo. No puedo ser el padre que ella necesita..." pensó, pero esas palabras no eran nuevas. Ya las había dicho antes, en su mente, en sus sueños rotos, en las largas noches de insomnio. Y mientras esas palabras seguían resonando, sus ojos se cerraron, buscando algo que no sabía si todavía existía.

Un recuerdo lo invadió sin previo aviso.

—¿Estás listo para ser papá? —la voz de Satoru lo sacó de sus pensamientos.

Yuuji sonrió, abrazando a Satoru mientras observaban a la pequeña niña que estaban a punto de adoptar. "¡Claro que sí! ¿Quién más si no nosotros?" había respondido, su voz llena de emoción y orgullo. Nunca imaginó que lo que le parecía tan simple y lleno de esperanza sería tan difícil de sostener.

El rostro de Satoru en ese momento volvió a su mente, con una expresión serena, confiada.

"No puedes, Yuuji..." Ahora, en la soledad de su sala, Yuuji podía escuchar esa misma voz, pero con la tristeza reflejada en los ojos que ya no estaban allí para darle respuestas. "¿Cómo lo haré sin él?"

Un suspiro ahogado escapó de sus labios, y los recuerdos continuaron fluyendo.

Una tarde en su cocina, hace un par de años...

—Te amo, Yuuji. —Satoru lo miró con una sonrisa traviesa, mientras le pasaba un trozo de panqueque. Yuuji había soltado una risa, sabiendo que Satoru siempre hacía esa clase de bromas, pero lo que más le había impactado fue la mirada que Satoru le dio en ese momento. Una mirada llena de amor, llena de promesas que ahora parecían vacías.

Yuuji volvió a la realidad, apretando el sobre entre sus manos, como si al hacerlo pudiera aferrarse a algo. Nada quedaba de esos días. Ahora todo lo que sentía era la culpa de no poder cumplir con la promesa de amor y cuidado para la niña, una promesa que Satoru siempre había creído que podrían cumplir juntos.

—Ella necesita más de lo que yo puedo darle— Susurró para sí mismo, más las palabras sonaban vacías, como si fueran un eco.

Aquel recuerdo de su primer día de matrimonio le atravesó el pecho, cuando Satoru había bromeado diciendo: “Lo logramos, Yuuji. Lo logramos juntos”. Las palabras se desvanecieron lentamente, hasta que solo quedaba el peso de lo que ya no podía sostener.

"No puedo... no sin ti."

Higuruma lo observó, notando que la firmeza en la postura de Yuuji no era más que una fachada, algo que se rompía tan fácilmente como un cristal. El abogado había visto muchos casos, pero nunca uno que le hiciera sentir esta tristeza apremiante. Daría marcha atrás al trámite de adopción para la pequeña niña y un expediente más al historial de la niña. Solo era papeleo más. Una mañana normal de un jueves.

Yuuji respiró hondo, como si intentara contener todo lo que se le venía encima. Sabía lo que tenía que hacer, pero las palabras le sabían amargas. Se había prometido a sí mismo que seguiría adelante, pero algo en su interior lo desmentía.

—Solo firma aquí y aquí, el resto déjamelo a mi… — dijo Higuruma señalando los espacios en blanco.

—Hay algo más… Quisiera dejarle esto, ella lo necesitará más que yo así que… — Dijo Yuuji con voz quebrada mientras extendía un sobre a Higuruma quien lo tomó antes de abrirlo.

—Veré que puedo hacer… déjamelo a mi— dijo el hombre tratando de esconder el nudo que se formaba en su garganta.

No hubo más, solo un agradecimiento y un suave apretón de manos, solo para retirarse del despacho de Hiromi. Llegó prácticamente corriendo a su auto y lo encendió con prisa para irse de ahí.

En el camino se detuvo un momento en un estacionamiento vació y gritó con fuerza, maldijo su suerte nuevamente mientras golpeaba el volante con fuerza, casi ignorando el dolor que sentía en sus nudillos ¿Es que acaso había hecho algo para que su vida se volviera un infierno? Hacía medio año perdió a su esposo y ahora debía renunciar a su sueño de ser padre; todo por un ser sin corazón que le arrebató todo.

Con la sangre escurriendo en sus nudillos y su respiración pesada a causa del llanto volvió a encender el auto y condujo hasta una licorería cerca de su casa donde compro una botella de whisky y cigarrillos, solo para después ir a su casa. Al carajo todo, quería volver a ver a Satoru, quería volver a tenerlo entre sus brazos y escucharlo decir su nombre. Donde solo sean ellos dos.

Con temblorosos pasos caminó hasta su habitación donde rebuscó en el cajón del lado de su esposo. Prácticamente vertió todo en el suelo solo para buscar una pequeña y plateada llave, la cual el mismo le pidió a Satoru esconderla de él, y aun sabiendo su ubicación jamás había sentido la necesidad de usarla. Hasta hoy.

—Espero puedas perdonarme amor— decía mientras sacaba la caja fuerte que se mantenía cerrada en el armario.

—¿Qué crees que estás haciendo, Yuuji? — La voz de Satoru lo atravesó como una ráfaga de aire frío. Yuuji se detuvo en seco, el peso del arma en sus manos casi se volvió insoportable.

No puede ser... pensó, mirando hacia la nada, sin saber si estaba soñando o si realmente estaba allí, o solo tal vez el alcohol había adormecido demasiado su mente.

—¿Qué más quieres que haga? — respondió finalmente, la voz rasposa, como si llevara días sin hablar con alguien. — La voy a usar... ¿está bien así?

No puedes hacer esto... No puedes dejarme solo otra vez…

En ese instante, la voz de Satoru sonó, pero no era como antes. No era la voz que lo hacía sentir seguro, lleno de confianza. Esta vez, sonaba vacía, perdida, como si todo lo que quedaba fuera la sombra de un cálido recuerdo de las mañanas a su lado. No había calor, no había amor… era la voz de su mente muriendo.

Mientras Yuuji cargaba el arma, las manos le temblaban, pero no por miedo. Era por la desolación que sentía en el pecho. Satoru… no podía dejar de pensar en él, en lo que había perdido. Pero aún más importante, no podía dejar de pensar en lo que se sentía al estar sin él.

Dio un largo trago a la botella para mantener la imagen de su esposo intacta. Podía sentir el líquido quemar el interior de su boca antes de tragarlo. Su cuerpo temblaba al sostener la mirada al difunto, recordando aquellos momentos con Satoru: las miradas de seguridad que compartían en los días felices, las sonrisas cómplices a cada hora del día, los cálidos abrazos en las frías noches.

Ahora todo eso parecía tan distante. Dio un gran respiro con fuerza mientras afianzaba su agarre con fuerza sobre el arma, sin embargo, antes de tirar del gatillo un suave sonido resonó en la vacía sala de estar.

Amor, la computadora— Dijo Satoru, esta vez frente al aparato.

Yuuji trago con fuerza, para después bajar el arma y caminar hasta el aparato. Era el computador de Satoru e inmediatamente recordó que lo usó esa mañana antes de ir con Higuruma. Ingresó la contraseña y vio la barra de notificaciones al ver un mensaje reciente en ella. Un extraño sentimiento se apoderó de él cuando vio el mensaje.

Dispositivo encontrado

Decía e inmediatamente lo abrió al recordar que ambos habían configurado sus celulares con la nube disponible en el computador; no sabía que pensar, pues cuando se realizó la investigación, Maki junto a un colega revisaron la computadora en busca de la ubicación del celular de Satoru, mismo que nunca apareció y aun cuando ingresaron a la nube para recuperar la información previa a su desaparición, no hubo nada. Jamás pudieron dar con dicha información o con el celular y sin este, nada se pudo hacer, sin embargo, este mensaje significaba que alguien accedió al celular de Satoru.

—Satoru, amor dime que escondías— dijo al aire, justo antes de acceder a la nube.

Dio clic al aparato donde decía “respaldo de información” viendo con atención como la barra de carga aparecía en la pantalla y mientras esperaba a que se completara la carga, trato de ignorar el incomodo nudo en su estomago debido a los nervios. Su cabeza daba vueltas gracias al alcohol, por desgracia ya no veía la imagen de su esposo a su lado, volvió a estar solo. Chisto molesto antes de encender un cigarrillo.

Yuuji estaba completamente absorto en la pantalla de la computadora, las manos temblorosas mientras revisaba los archivos que no quería ver, pero que sentía que necesitaba descubrir. Cada clic lo acercaba más a una verdad que podría destruirlo aún más, pero su necesidad de saber era más fuerte que su miedo.

Mientras la barra de carga avanzaba, el líquido caliente del whisky en su estómago comenzaba a hacer efecto, y su mente se nublaba. No podía dejar de pensar en lo que había perdido. Más una nueva notificación en la computadora hizo que una maldición se coló en sus labios al ver el mensaje en la pantalla.

carga incompleta

Tal parecía que quien encendió el celular se dio cuenta de lo que hacía, por lo que volvió a apagarlo, pero no contó con que había suficiente información descargada en la computadora. Llámenlo paranoico o precavido, pero tan pronto vio los mensajes y demás en la nube, procedió a cambiar la contraseña y enviar todo a su celular, solo por si acaso.

Entonces, en un momento de desesperación, una sombra comenzó a tomar forma frente a él. No era una figura normal. Era Satoru, pero no como lo recordaba. Satoru estaba muerto.

—¿Qué estás haciendo, Yuuji? — La voz de Satoru resonó como un eco en su mente, como si estuviera justo a su lado, pero cuando miró hacia el espacio vacío a su izquierda, solo encontró las paredes vacías. 

Era una alucinación.

Encendió otro cigarrillo antes de comenzar a revisar todo, solo para no encontrar nada fuera de lo normal, documentos de la empresa, archivos basura y demás. Volvió a revisar todo, incluso las fotografías guardadas. Maldijo su suerte nuevamente al encontrar más de la mitad de las fotos eran de ellos dos, pero hubo una que de alguna forma le dolió más que las anteriores, pues en ella se encontraba Yuuji cargando en brazos a la pequeña niña que sería su hija.

La imagen por si sola era hermosa, pero el hecho de verse a si mismo con una expresión llena de amor y ternura dirigida a un indefenso ser junto a su esposo que apenas y se alcanzaba a ver en la selfie era demasiado.

Tuvo la oportunidad de detener todo ahí, dejar de lastimarse y pegarse un tiro, de no ser porque en un ultimo intento decidió entrar a los documentos y al abrir uno de ellos pudo leer lo que parecía ser una carta o más bien una amenaza de muerte. Incrédulo miró la pantalla, mirando las cartas amenazantes de muerte, las fotografías que mostraban la vigilancia de Satoru. El nudo en su estómago se apretaba más fuerte. No podía creer lo que estaba viendo. No entendía cómo algo así había pasado sin que él lo supiera.

—No es lo que piensas, Yuuji. No es lo que piensas. —La voz de Satoru lo interrumpió, sonando como siempre, tan seguro de sí mismo, pero la desesperación en su voz era palpable.

—¿Qué me estás diciendo, Satoru? Esto es lo que encontré... ¿Cómo pudiste esconderme esto? Todo lo que has estado guardando, todo lo que no me dijiste… ¿Por qué no me lo dijiste? —Preguntó a la imagen de su esposo.

—¿Yo? Yuuji, ahora soy producto de tu imaginación, ni siquiera yo lo sabía— Respondió el falso Satoru junto a la mesa.

Sintiendo que la ebriedad abandonaba su cuerpo comenzó a revisar minuciosamente cada documento, cada captura, todo absolutamente todo, hasta que finalmente algo le hizo clic dentro de él y accedió al correo de su esposo, y sea dicho de paso agradeciendo que su contraseña siguiera siendo “Yuujielmássexydelmundo69” aun podía ver la cara del colega de Maki cuando le dio la contraseña. Cuando cargo la pagina principal inició su búsqueda solo para obtener el mismo resultado que los investigadores.

Se apresuró a tomar capturas de todo e imprimió todas y cada una de ellas. Con la adrenalina en su cuerpo corrió a traer papel y un marcador para comenzar a trazar fechas y demás conexiones, debía haber algo que su hermano ignoró. Nuevamente el amargo sabor en su boca al pensar en Sukuna ¿Acaso él sabía algo? ¿Satoru y Sukuna habían entablado conversaciones sobre eso? Una loca idea surcó su cabeza mientras corría a buscar su celular.

Rápidamente el hombre dio un un ultimo trago a la botella antes de tomar las llaves de su auto y el arma que estaba sobre el escritorio. Debía ir a visitar a su querido hermano gemelo y nadie lo detendría de hacer su cometido.

—Satoru, creo que deberás esperarme un poco más, haré que lo paguen caro— dijo el chico mientras conducía por las calles de Tokio.

Notes:

Espero haya sido de su agrado y les haya gustado!!! Cualquier duda, sugerencia o soborno es bien recibido jajaja
Los Amo!!!!

Notes:

Hola gente bella! Espero que estén bien y disfruten de esta burda historia creada con mucho amor (Y producido por un ataque maniaco a las 3 de la mañana)
Esta historia la pueden encontrar de igual forma en Wattpad con el mismo nombre.
Así como en wattpad, no prometo actualizaciones muy seguidas! De cualquier modo espero y lo disfruten!!
P.D. Vas a caer Gege!