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Chapter 3: De mi alma gemela

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Cheong Myeong se quejó frecuentemente de la cantidad de tiempo que a Baek Cheon le tomaba responder sus mensajes, por lo que se tomó tiempo del entrenamiento para revisar su antebrazo, leyendo los mensajes pendientes con una sonrisa mientras multiples respuestas acudían a su mente.

 

«Otra vez en las cuevas de penitencia. Qué aburrido».

 

Debajo de ese mensaje, Cheong Myeong escribió:

 

«Sahyeong no se dió cuenta de que había guardado botellas de alcohol en el fondo de la cueva. A penas pude contener la sonrisa mientras bloqueaba la puerta».

 

Baek Cheon tomó su pincel, listo para escribir una burla, cuando un dibujo tosco de Cheong Myeong con el celo fruncido se formó con tinta.

 

«Tardas una eternidad en responder. Estoy a punto de terminar mi castigo».

 

Baek Cheon frunció el ceño, cambiando sus palabras:

 

«Lo siento, estaba entrenando», conforme respondía, las palabras de Cheong Myeong se borraron apresuradamente. «Sólo han pasado unas horas, ¿cómo vas a terminar tu penitencia?».

 

«¡Han pasado cinco meses!»

 

—¿Hm? ¿Algo así es posible? —Baek Cheon se sorprendió—. Entonces...

 

Baek Cheon se apresuró a continuar con la conversación, lo que para Cheong Myeong fue un esfuerzo de paciencia. Mientras continuaban intercambiando mensajes, la conversación fluía agradablemente , pero cuando Baek Cheon se ausentaba por unas horas, volvía para encontrar a Cheong Myeong quejándose sobre cuánto tiempo le había tomado.

 

«Hay muchas competencias en murim pero ninguna para los discípulos de mi edad. ¿Por qué se han vuelto tan específicos con los requisitos en estos años?», escribió Cheong Myeong, garabateado con los caracteres un poco torcidos, como si hubieran sido trazados de una vez. «De todos modos, si lucho en la secta me regañan, si lucho fuera de la secta me regañan, mientras que si fuera un torneo quieren que participe, ¡pero no hacen ningún torneo!»

 

Baek Cheon se rió de las quejas.

 

«¿No es porque saben que les ganarías?»

 

«¡Oh...! ¡Eso es!» 

 

Baek Cheon se aseguró de hacerle saber que se reía de él, y Cheong Myeong dibujó una carita sacando la lengua. 

 

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«Parece que obtuve un nuevo título».

 

Los labios de Baek Cheon se curvaron en una sonrisa. 

 

«¿Cuál es?»

 

«Iba a decírtelo amablemente, pero ya que te tardaste tanto, haré que lo adivines, ¡sé rápido!»

 

Con la misma rapidez, Baek Cheon dejó escapar un suspiro pesado. Aunque le gustaba hablar con Cheong Myeong, rápidamente se dieron cuenta de que el paso de tiempo era distinto, y para Cheong Myeong las respuestas tardaban en llegar cada vez más.

 

«El Santo de la Espada Flor de Ciruelo».

 

«Correcto», respondió Cheong Myeong de prisa. «¿Quieres saber cómo lo gané?»

 

La otra parte no esperó la respuesta de Baek Cheon, sino que se lanzó a dibujar una pequeña escena donde Cheong Myeong estaba de pie con una botella de alcohol, sonriendo con una vena sobresaltada en la frente y un puño alzado. A sus pies, varias personas yacían tendidas en el suelo.

 

«¿Esta vez a quién le diste una paliza?»

 

«Como si me molestara en saber sus nombres».

 

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«Hoy vino un niño muy extraño».

 

Cheong Myeong se sentó en la cama con las piernas cruzadas, escribiendo en su brazo con destreza. Ya no necesitaba la luz de la vela aunque la luna creciente a penas iluminaba la habitación. El pincel que usaba era extremadamente fino para que cupiera la mayor cantidad de caracteres posibles en su brazo, puesto que no quería que la otra parte se perdiera ni una palabra. 

 

—Sahyeong no debió pensar que alguna vez escribiría tanto —se rió para sí mismo.

 

«¿Qué pasó después? ¿Lo dejaste en la calle?»

 

—Fufu, quisiera que lo hubiera dejado ahí tirado.

 

«Lo obligué a pagar una ronda de bebidas y comida, por supuesto», sólo el recuerdo del chico llorando mientras sostenía su monedero mucho más ligero le hacía reír. «Volvió un par de veces más a desafiarme. Es decente en las artes marciales».

 

«Para que tú, Cheong Myeong, lo elogies, debe de ser bueno. ¿Estás pensando en tomar un discípulo?»

 

«Para nada, ¡es un niño del Clan Tang!»

 

«¿Cómo se llama? Tal vez lo conozca?»

 

Cheong Myeong se detuvo un momento, pensativo.

 

—Todo lo que le diga ya sucedió allá, eh...

 

Aunque las cosas deberían haber cambiado dado que intercambiaron información sobre el futuro y el pasado, Baek Cheon refirió que todo seguía igual, con la excepción del nuevo régimen de artes marciales que siguieron para dominar las artes originales de la secta y el creciente flujo de riquezas que la secta recibía gracias a los manuales que encontraron en la caja fuerte. 

 

Del lado de Cheong Myeong hicieron todo lo que pudieron para reprimir al culto demoníaco, incluso desde sus etapas más tempranas, llegando a encontrar rumores sobre un Demonio celestial al que ahora Cheong Myeong le seguía le pista. 

 

¿Que significaba eso para su futuro?

 

«Se llama Tang Bo», no expresó ninguna de sus dudas en su correspondencia, simplemente continúo contando su día a día, pues se había acostumbrado a la relación en la que sólo podrían conocerse a través de mensajes. «Es un poco tonto y un poco astuto, pero trabaja duro en las artes marciales».

 

«Ese... ¿¡No te referirás al Santo Oscuro!? ¡Es increíble!»

 

Cheong Myeong hizo un puchero. 

 

—Yo soy más impresionante...

 

«Así lo llaman».

 

Hablaron durante horas. Cheong Myeong no se atrevió a quedarse dormido, sin saber cuándo volvería a tener la oportunidad para atrapar los esquivos mensajes de su alma gemela, y Baek Cheon continúo escribiendo diligentemente sobre el Monte Hua del futuro, mientras que Cheong Myeong le habló sobre el actual Monte Hua y sus propias aventuras de las que ambos se rieron.

 

«... Entonces Tang Bo sugirió saquear las guaridas de los bandidos y quedarnos con el dinero para hacer un viaje alrededor de Sichuan probando los licores más caros», Cheong Myeong prácticamente podía saborear el vino en la lengua. «Despues de comer y beber toda la semana, tuve que volver porque los discípulos me encontraron por orden de Sahyeong, uff».

 

Baek Cheon se burló de él por beber como un bandido, pero al final admitió tímidamente:

 

«Estoy un poco celoso», Cheong Myeong se quedó en silencio, mirando las palabras fijamente conforme se formaron en su brazo. «Yo también quiero verte».

 

Tocando suavemente los trazos con las yemas de los dedos, Cheong Myeong murmuró—: Yo también.

 

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La esperanza de vida de Cheong Myeong fue más larga de lo que pensó que sería alguna vez. 

 

Vio crecer a sus seres queridos, casarse, tener hijos y envejecer para ser cuidados por sus nietos filiales. Conoció a nuevos amigos y se despidió de ellos cuando los llegó el momento de su partida al otro mundo. Incluso Tang Bo ahora rebosaba de canas mientras se reía a su lado sobre el rostro arrugado de Cheong Myeong.

 

—¿De qué te ríes? Todavía me veo más joven que tú.

 

—Tal vez deberías de tratarme con más consideración entonces.

 

—Eso quisieras.

 

Tang Bo se rió, pero pronto se quedó callado cuando señaló su mano con timidez. —Dosahyeong-nim, tienes un mensaje.

 

Aunque no le había explicado a los demás las circunstancias exactas de su alma gemela, Tang Bo sabía la situación aproximada, por lo que se mantuvo atento a la aparición de mensajes con una consideración similar a la de Cheong Myeong y le dió cierta privacidad cuando llegaba a recibir un mensaje.

 

—¡Finalmente! Dios mío, creí que me convertiría en polvo antes de volver a hablar con este bastardo...

 

Tang Bo se rió de su desgracia. —Vamos, te traeré unas botellas antes de irme sólo en esta ocasión.

 

Cheong Myeong asintió, ya sacando el pincel y el pequeño frasco de tinta que guardaba en sus ropas.

 

«Hey, Cheon, si sigues tardando, la próxima vez tu mensaje no recibirá respuesta, ¿cuántos años te crees que tengo?»

 

Baek Cheon se disculpó, avergonzado, pero sin realmente entender los sentimientos de Cheong Myeong, estaba seguro. A diferencia de Cheong Myeong, a penas habían pasado unos años para Baek Cheon, quien todavía debía rondar los veinte, como el jovén discípulo de segunda clase que conoció hace tantos años.

 

«¿... Cuántos años tienes?»

 

«Te sorprendería saber la edad exacta, pero te diré que he superado los cien hasta tiempo».

 

«¡Qué!», algunos caracteres se escribieron, borraron y reescribieron antes de que finalmente las letras tímidas quedaran impresas en su piel. «Lo siento, Cheong Myeong. Hablemos más hoy».

 

«¿Piensas mantener despierto a un viejo toda la noche?», no instante, Cheong Myeong aceptó su oferta. «Ya es la época en que los frutos de ciruelo caen, así que hice un vino de ciruela. Lo enterré para esperar a que añejara antes de beberlo».

 

«¿Sabes cuánto tarda en añejar? ¿Hace cuánto lo enterraste?»

 

«Para ti deben ser unos cien años, ¿por qué no vas y lo buscas? Eso te enseñará lo que es un verdadero licor».

 

«Gracias, Cheong Myeong-ah».

 

Cheong Myeong sonrió suavemente. Tal vez ya era demasiado viejo para sonrojarse como antes lo hacía, pero la calidez envolvió su corazón de la misma manera.

 

—Mira esa cara, pareces más joven cuando actúas como un tierno discípulo enamorado —Tang Bo se burló de él, dejando el vino a su lado, a lo que Cheong Myeong golpeó su hombro distraídamente.

 

—¿Es eso lo que le dices a un anciano? 

 

Tang Bo se burló de él incluso mientras se alejaba, felicitando a la feliz pareja mientras Cheong Myeong lo ignoraba, enfrascado en la conversación con el discípulo del futuro.

 

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El Santo de la Espada Flor de Ciruelo yacía en su lecho de muerte, rodeado de las jóvenes generaciones de discípulos que lloraban desconsolados a su pesar. 

 

—Ya callense, ¿así es como se despiden de un anciano?

 

Pese a las palabras duras, Cheong Myeong acarició la cabeza del discípulo más cercano. Había entrenado a las jóvenes generaciones una vez que era tan viejo que no tenía nada mejor que hacer, honrando la última petición de su Sahyeong, sólo para descubrir que fue inesperadamente gratificante. Los mocosos crecieron a un ritmo alarmante y pronto se convertirían en la generación que arrasara el Kangho del futuro, pero esa sería historia para otro tiempo.

 

El tiempo del Cheong Myeong actual...

 

—Prepara la tinta.

 

El discípulo a su lado obedeció sus órdenes apresuradamente, y el más jovén de ellos, aunque callado, era muy observador, por lo que arremangó la manga izquierda del brazo de su maestro sin decir palabra alguna.

 

Cuando la tinta estuvo lista, Cheong Myeong sumergió el dedo índice en ella, sin confiar en su habilidad para sostener el pincel.

 

—Quien sabe cuándo lo verás... Hey, niños, no se atrevan a borrar el mensaje de su maestro.

 

—¡No lo haríamos, maestro!

 

—¡Si, maestro!

 

Los niños se apresuraron a llorar un poco más, aferrándose a las esquinas de su túnica mientras juraban por los cielos, sus madres y su maestro que harían lo que les pidió.

 

—Bueno, entonces...

 

«Adios», Cheong Myeong escribió al final las dos palabras que más le gustaban: «Baek Cheon».

 

Las palabras «te amo» quedaron atascadas en la punta de su dedo tembloroso, pero no sé atrevió a decirlo cuando estaba a punto de partir, por lo tanto, hizo lo que en todos sus años de correspondencia nunca hicieron:

 

«Firma el Santo de la Espada Flor de Ciruelo y la mejor alma gemela de la historia, Cheong Myeong».

 

Todo para disimular una simple frase: tu alma gemela, Cheong Myeong, deseando que quedara durante mucho tiempo en la piel de la otra persona.

 

Ah, yo también estoy tan celoso... En mi próxima vida realmente quiero poder verte.

 

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Años más tarde, un joven mendigo trazó sus primeras palabras con la torpeza de alguien que no había dominado la habilidad de escritura por completo.

 

«Mi nombre es Cho Sam, ¿alguien puede leer esto?»

 

Y con una respuesta rápida, el jovén mendigo se sorprendió tanto que casi se desmaya en el acto.

 

«Hola, Cho Sam. Soy Baek Cheon, gusto en conocerte».

 

—Baek Cheon... ¿¡Baek Cheon de la Secta del Monte Hua!?

Notes:

Para que vean que mis obras no están abandonadas, sin importar hace cuánto que no actualizo(?

¡Gracias a la persona que comentó por recordarme que esta historia existía justo en un momento de inspiración divina!