Chapter Text
Los vientos provenientes del norte empujaban con una notoria urgencia las densas nubes grisáceas que se esmeraban en cubrir los escasos rayos de luz del sol que lograban atravesarlas con cierta dificultad. Era un ir y venir casi hipnótico, cubriendo todo a su paso con una delicada sombra fluctuante. El aire era frío, casi helado. Sin embargo, aquello no sorprendía en absoluto. A fin de cuentas, solo era un pronóstico anticipado (transmitido en el noticiero matutino de la zona) cumpliéndose a la perfección. La clara señal de un cambio de estación venidero. Era perceptible no solo por las rachas de viento helado, sino también por el cambio en la coloración de las hojas de los árboles, que comenzaban a dejar atrás ese color verde tan característico, pintando todo en tonalidades amarillas y naranjas. Era evidente que las primeras nevadas de la temporada no tardarían en llegar.
Apreciando el frío agradable que impregnaba el aire junto a la ligera brisa proveniente del lago, Bob agradeció haber agarrado de último minuto la chamarra que había comprado el año pasado. Estaba sentado bajo la reconfortante sombra de un frondoso roble, recargando la espalda sobre el grueso tronco del árbol. Inhalando el particular aroma que desprendían los pinos y robles que rodeaban el lugar. Bajo él, el césped ligeramente húmedo se sentía como un almohadón de plumas, otorgándole una sensación de frescor agradable. Pensó que quizá sería buena idea regresar en otra ocasión y practicar la tediosa meditación, que a pesar de todo ese tiempo aún seguía suponiéndole un verdadero reto. Aunque después de un rato no supo determinar qué tan buena podría resultar esa idea. A fin de cuentas, era bastante sencillo perder la concentración ante un panorama tan reconfortante como ese.
A pesar del frío, sentía una calidez agradable proporcionada por el perro a su lado, el cual tenía una de sus peludas patas recargada sobre la pierna derecha, siguiendo una respiración armónica. Era la señal concisa de que el ejercicio que hicieron con antelación había cobrado una cuota de cansancio evidente. Bob le acarició la cabeza, a lo cual el canino respondió con un ligero y breve bostezo, acudiendo una vez más al insistente llamado de Morfeo. Le acarició el lomo con ternura una vez más antes de retomar su lectura pendiente.
Ver al animal durmiendo de forma tan placentera fue señal suficiente para saber que al fin tenía el camino libre para sumergirse en las páginas del libro que yacía sobre su regazo. Estaba por comenzar su lectura cuando de pronto, a una distancia prudente, notó que alguien se acercaba con paso firme a su dirección.
Apartó la vista del libro de golpe, centrando su completa atención en aquella figura femenina que caminaba con cierta cautela. El cabello de la mujer parecía fluctuar al son de una melodía hipnótica, orquestada por el viento ululante del norte. Su desordenada cabellera brillaba cuál oro cuando los rayos del sol se atrevían a hacer contacto directo con ella. Asimismo, cuando esos rayos se desviaban hacia su definido rostro, esos maravillosos ojos marrones que tanto amaba parecían tornarse dorados, brillando aún más que de costumbre.
Bob estaba seguro de que esa mujer sería capaz de dominar al mundo entero si se lo propusiera. Porque para él, Yelena era en palabras simples, perfecta. No había nada más que decir.
Estaba tan embelesado viéndola, que tardó un rato en notar la canasta de picnic que llevaba cargando a un costado. En cuanto lo notó, hizo el ademán de levantarse y acudir con rapidez en su ayuda, sin embargo, ella le puso un alto de golpe con la mano que tenía libre, brindándole una sonrisa reconfortante que Bob no dudó en devolverle.
Ya estando frente a él, dejó escapar una exhalación de alivio, limpiando con el regazo la ligera capa de sudor de la frente. Sudó poco, considerando que dicho esfuerzo causaría una fatiga más considerable en una persona normal. Estiró los brazos, quizá en búsqueda del alivio inmediato que dicha acción produce después de cualquier tipo de actividad física y se agachó, comenzando a sacar el contenido de la canasta, destacando por encima de todo una frazada ligera con estampado de cuadros en tono rojo.
—Quizá debí traer una frazada más gruesa —arrugó la frente. En su melodiosa voz se podía percibir un atisbo de consternación—. No pensé que fuera a hacer tanto frío.
—Así está bien —con sutileza, Bob la tomó del brazo y la atrajo a su lado, aspirando el dulce aroma que emanaba de ella. Era vainilla, con un toque ligero a canela, lo cual le calzaba a la perfección—. Así tengo el pretexto perfecto para retenerte en mis brazos.
—Ya, ya —Yelena se apartó de su agarre, aunque por el gesto daba a entender que se encontraba bastante cómoda donde estaba—. ¿Y cómo está Fanny? ¿Fueron a dar una vuelta como te pedí?
—Sí, señora —Bob hizo un ademán parecido al de un soldado siguiendo órdenes, ocasionando una ligera carcajada en su acompañante—. Dimos una vuelta alrededor del lago. La noté algo cansada, así que venimos a descansar un rato… como podrás ver —señaló a Fanny, cuyo sueño debía de ser profundo, al menos lo suficiente como para mantenerla inmune ante la presencia de su dueña.
Yelena le brindó una mirada cargada de dulzura mientras estiraba el brazo para acariciarle con suavidad el hocico.
—No tardé demasiado… ¿O sí? —preguntó, se le podía percibir cierta tensión en el rostro.
—Para mí, tan solo un minuto de tu ausencia es una eternidad.
—¡Uy! —en apariencia el comentario le había parecido demasiado, por decir lo menos, por lo que Yelena, tratando de evitar que un notorio sonrojo le cubriera todo el rostro, desvió la mirada y le lanzó a Bob un ligero puñetazo en el brazo izquierdo, provocando en él una sonrisa cómplice inmediata en cuanto sintió el golpe. Aunque más que golpe, en realidad era más bien una caricia sutil—. Alguien ha estado leyendo novelas románticas, ¿eh?
Con la cercanía, era evidente que él ocultaba algo por la espalda, por lo que Yelena se le abalanzó encima, forcejeando un poco, tratando de arrebatar de sus manos aquello que tanto se aferraba en tratar de ocultar. Bastaron unas cuantas cosquillas en las costillas de Bob para que se rindiera de golpe y le entregará el libro por voluntad propia.
—Me atrapaste —soltó entre risas mientras trataba de acomodarse el cabello que Yelena se esmeró en revolverle durante el forcejeo.
En cuanto ella vio la portada del libro, las cejas se le alzaron notablemente al tiempo en que sus ojos se agrandaron. Era evidente que se había quedado sin palabras al descubrir de qué libro se trataba. No supo por cuánto tiempo estuvo así, pero debió de ser considerable, puesto que sólo fue capaz de volver en sí en cuanto notó que Bob se encontraba expectante ante su reacción.
—“El cuaderno de Noah” —soltó al fin—. Interesante elección. Tiene una película, ¿no? —Yelena se sentó sobre las rodillas mientras hojeaba el contenido del libro con evidente interés. Bob asintió complacido sin apartar la mirada de ella. Amaba ver qué se interesaba en sus lecturas recientes.
—Mi mamá solía verla de vez en cuando… —soltó sin un tono en particular de voz. Se quedó en silencio por un breve instante mientras los distantes recuerdos de su infancia volvían a él una vez más—, cuando mi padre no…
Sin previo aviso, se vio interrumpido por la calidez de unos brazos rodeándolo bajo un delicado abrazo. La presión del pecho contrario contra el suyo, junto a esa respiración tan calmada y reconfortante que tanto había aprendido a reconocer, generó en Bob una sensación de tranquilidad casi inmediata. No eran necesarias las palabras entre los dos para entenderse, y eso era justo lo que más amaba de ella.
—Perdona —expresó con un notorio pesar en la voz—. No quería hacerte recordar cosas tristes.
—No es triste —Bob soltó una media sonrisa mientras se liberaba sutilmente del abrazo—. Es de los pocos buenos recuerdos que tengo con ella —se notaba el cariño que le tenía a su madre, a pesar del pasado complicado que tenía con ella. Al ver su semblante tranquilo, la tensión en el rostro de Yelena se desvaneció de golpe. Recuperando la compostura, procedió a vaciar el contenido de la canasta frente a ella, denotando que a pesar de ello, su concentración primordial era Bob—. Es gracioso, siento que quizá hubieron más, pero por alguna razón los malos son los que están más presentes en mi mente… aunque ya no me afectan como antes —sacó de la canasta un termo de dos litros, una bolsa con pan junto a un tarro de mermelada de fresa, mismos que colocó sobre el frondoso pasto bajo ellos—. Son cosas que ya pasaron…
Yelena sacudió la frazada de cuadros por encima de todo, dejando caer un par de hojas secas que se habían posado encima. Bob, quien en todo ese tiempo mantuvo la vista hacía la evidente nada, volvió a enfocarse en ella. Era indescriptible la cantidad de emociones que se despertaban en su interior cada vez que la veía, a lo cual, solo pudo limitarse a sonreír al verla tan concentrada en el armado del picnic improvisado que tendrían ese día.
—Además, prefiero enfocarme en el presente —ella dejó de lado por completo lo que estaba haciendo, volviendo a centrar su absoluta concentración en él—. Prefiero enfocarme en ti.
Un rubor instantáneo se plantó en el rostro de Yelena, tanto que inclusive él podría jurar que le emanaba un brillo especial en los ojos. ¡Oh!, verla sonrojarse de ese modo era su perdición. Fue así que, sin reprimir más esa emoción palpitante del pecho, y bajando los escasos muros de relativa cordura autoimpuestos, alzó la mano derecha, acercándose como si fuera cámara lenta hacía el rostro contrario, recorriendo con un delicado tacto las suaves mejillas, el mentón curvilíneo…, palpando con el pulgar la comisura de esos delicados labios.
Bajó los dedos, sintió la sombra de una sonrisa formándose. La mano de Yelena rodeó la suya, provocando un choque electrizante al sentir la calidez de piel contra piel. Comenzó a inclinarse hacia ella, reduciendo poco a poco el espacio entre ambos. Sintió el aliento cálido de Yelena chocar con el suyo, generando que esa sensación de necesidad y de urgencia despertara en él una vez más. Tenía, no… Debía cortar esa distancia de tajo y probar por fin aquellos labios que se le figuraban como un deleite digno de dioses.
Estando a escasos centímetros de lograr su cometido, escuchó a Yelena susurrar algo que no logró comprender del todo.
—¿Qué? —arrastró la pregunta con el poco resquicio de voluntad que le quedaba.
—Despierta… —la voz de Yelena sonaba como un eco lejano, a pesar de estar frente a él.
—¿Qué…?
—¡Que despiertes!
Bob sintió de pronto cómo algo se le estampaba de lleno sobre el rostro. Era suave, pero se lo lanzaron con tanta fuerza que el impacto le hizo sobresaltar.
—¡¿Q… qué?! —exclamó agitado. Sentía que el corazón se le saldría en cualquier momento—. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy?
Estaba completamente desorientado. Notando una sensación de pesadez en todo el cuerpo, sintió un dolor punzante en el cuello que lo hizo quejarse al instante. Llevando una de sus manos hacía esa zona, comenzó a sobarse, tratando así de aminorar la molestia. Apenas lo estaba consiguiendo cuando de pronto, un brillo cegador proveniente de un lugar que no supo definir le nubló la vista por completo, volviendo la situación aún más confusa.
—No me digas que te quedaste aquí dormido toda la noche —la voz se le figuraba conocida, pero por alguna razón no la supo identificar de inmediato.
—¿Qué? No… —contestó, sin tener una certeza clara de lo que decía—. ¿En… en dónde estoy? ¿Que…?
—Entiendo, mira —interrumpió la voz. Bob para ese entonces había vuelto a cerrar los ojos, tratando de adaptarse a la molesta luz que no le permitía ver nada. Sintió como alguien lo tomó del brazo, ayudándole a ponerse de pie—. Estamos en la Torre de los Vengadores. Tu nombre es Bob, eres parte de los Vengadores…, los Nuevos Vengadores —corrigió la misteriosa voz—. O bueno, algo así. Aún no eres una figura pública.
En cuanto Bob volvió a abrir los ojos, notó una mirada fija en él, cuyas tensas cejas dejaban en evidencia una marcada preocupación. Se trataba de Walker. Bob, estando más consciente de la situación, le devolvió la mirada con cierta consternación. ¿Acaso él estaba sugiriendo qué había perdido la memoria o algo así?
Y si, ok. Entendía el por qué Walker —y los demás— podrían llegar a pensar que algo así podría pasar, pero siendo justos, a raíz del incidente de Nueva York él no había vuelto a tener un problema ni remotamente similar. Ni siquiera en aquella ocasión, donde después de recordar todo lo acontecido, trató de usar sus poderes una vez más. Lo que empezó siendo una cosa tan sencilla como levitar pudo desencadenar una crisis que, para ese entonces, Bob no estaba seguro de que los demás y él pudiesen controlar. Por suerte —y en verdad, mucha suerte—, con los últimos vestigios de voluntad logró retener a Void a tiempo, jurando desde ese momento no volver a usar sus habilidades hasta que pudiera resolver ese pequeño e inconveniente problema.
—Sé dónde estamos… —puso los ojos en blanco y se soltó del agarré de su compañero, apartándose a una distancia prudente—. Aunque no. No me considero un vengador —se frotó los ojos, tratando de obtener una mayor claridad.
—Pues no parece, Bob —el énfasis en su nombre dejaba en claro que aquella respuesta no solo no dejó satisfecho a Walker, sino que también mostró que no se encontraba de buenas.
En alguna ocasión, alguien le mencionó que el humor podía ser contagioso, y para su desgracia, era una afirmación que estaba comprobando a regañadientes. El mal humor de Walker, sumado al respectivo aliento matutino incómodo que sentía en la boca, combinado con el malestar en general provocado por haber dormido en una mala posición por toda la noche, sólo ayudaron a ponerlo de malas. Cerró los ojos de golpe, reprochándose internamente el sentirse así. Porque si algo tenía claro, es que desde aquella vez en la que casi pierde el control (cuando trató de volver a usar sus poderes), había jurado para sí mismo reprimir cualquier tipo de sentimiento negativo, por más absurdo y mundano que este fuese. Trató de tranquilizarse, y sin decir nada, puso en práctica una de las técnicas de respiración que empleaba a menudo durante las sesiones con su terapeuta, estirando los brazos en el proceso y recuperando así un poco la movilidad del cuerpo.
—Entonces… ¿Todo bien? —el rostro de Walker se notaba más alivianado. Y, a pesar de que en su voz se notaba cierta molestia (algo típico en él), había una inquietud apenas perceptible que Bob pudo notar.
—Si —estiró los brazos una vez más. En definitiva, necesitaba ejercitarse más seguido porque, aunque odiara admitirlo y a pesar de que aún se encontraba relativamente joven, la edad ya empezaba a hacerle ciertos estragos. Intuía que eran las consecuencias de ingerir sustancias nocivas durante su juventud—. Solo me quedé dormido… —bajó la mirada y se topó con el libro que pensaba leer la noche anterior—, leyendo…
Se quedó viendo por un momento el libro, hasta que de la nada, todo lo acontecido la noche anterior le cayó de golpe, haciendo que todo el proceso de relajación que realizó se fuera al caño.
No solo se había desvelado a causa del insomnio, sino que por encima de todo, Walker trajo a la superficie algo que debía quedarse enterrado, muy, pero muy en el fondo del abismo. Pudo sentir como el corazón se le comenzaba a acelerar, acompañado con una sensación de calor que le escalaba por el rostro. Estaba seguro de que en cualquier momento su cuerpo lo traicionaría revelando un rostro por completo rojo, por lo que apartó la mirada de Walker, tratando de fingir molestia.
—Bueno, parece que no te fue del todo bien anoche —Bob no le respondió, trataba de centrar su mente en algún recuerdo bochornoso del pasado para aminorar la vergüenza que sentía en esos momentos. Estaba tan concentrado en ello que ni siquiera se percató del momento en que Walker se acercó a su lado—. Se te nota en las ojeras.
En otro momento, Bob se hubiera molestado con Walker por asustarlo al punto de tornar su rostro pálido, pero ahora resultaba bastante conveniente. Dejó escapar el aire que ni siquiera sabía que había estado reteniendo durante todo ese tiempo y, recordando que debía fingir estar enojado, lo convirtió en un resoplido.
—Está bien, lo entiendo. Ya somos dos.
El suspiro que soltó Walker dejó en claro que lo antes dicho no eran palabras vacías. Se dejó caer sobre el sillón, colocando ambos brazos encima del rostro y resoplando con notoria pesadez.
Bob alzó la vista solo para toparse con esa inusual escena. Y es que por lo general, Walker no era el tipo de persona que se dejara derrumbar ante nada. O bueno, más bien no dejaba que cualquier persona presenciara ese lado suyo. El susto inicial dio paso a la intriga al verlo con mayor detenimiento. No estaba actuando como de costumbre.
—¿Sabes? —dijo Walker luego de un rato—. Estaba pensando en lo de anoche.
Bob se congeló al oír la mención de lo ocurrido horas antes. ¿Por qué parecía tan difícil evadir ese tema? Estaba por soltar una excusa para huir de ahí cuando Walker continuó la conversación. Parecía que estuviera en una especie de soliloquio.
—Haces bien en ver a Yelena solo como una amiga, esquivas una bala.
De no ser por el tono deprimente que emanaba de la voz de Walker, lo que él acababa de sugerir pudo haber generado en Bob un sentimiento bochornoso bastante evidente, dejándolo con pocas o nulas opciones de huida ya que Walker ni siquiera tocaba el tema de forma sutil. Afortunadamente ese no fue el caso, y lejos de sentirse más relajado, empezó a preocuparse por Walker.
—Al principio, todo parece ir de maravilla. Es como si caminarás sobre las nubes.
Bob comenzó a entender a dónde iba todo eso. Recordó que la noche anterior él mencionó algo sobre su esposa y que las cosas no siempre salen como uno las planea. No sabía si para ese punto lo consideraría un amigo, pero al menos estaba seguro de que si le tenía la suficiente confianza para contarle ese tipo de cosas. Y es que lo cierto era que la relación de Walker con su esposa no estaba pasando su mejor momento. Los problemas sencillos se tornaban grandes y había bastantes problemas de comunicación, a pesar de que ambos acudían sin falta a sus sesiones de terapia.
Hubo un silencio prolongado. Bob intuyó que su compañero quería estar solo y seguir divagando sobre sus problemas personales. Sin embargo, estando a punto de irse, Walker volvió a hablar.
—Todo es miel sobre hojuelas y luego… luego vienen los problemas.
Walker apartó los brazos del rostro, dejando que la luz del sol lo empapara por completo. En otros días, la luz del sol afinaba las facciones de Walker, haciéndolo lucir como una persona más madura de lo que en realidad era, pero ahora, era todo lo contrario. Viéndolo mejor, Bob pudo notar unas profundas ojeras debajo de los ojos, lo cual le hizo cuestionarse si acaso su compañero había dormido durante la noche. Quizá no lo notó en un principio porque estaba demasiado ocupado tratando de alejar cualquier tipo de pensamiento que tuviese que ver con Yelena y el hecho de que todo el equipo pensaba que entre ellos había algo más. Y es que, aunque odiaba admitirlo, desde que recordó lo acontecido la noche anterior, cada vez le estaba resultando más difícil apartar a Yelena de sus pensamientos.
—A veces desearía haberme quedado soltero —soltó Walker esbozando una sonrisa perdida, como si al liberar aquellas palabras de su pecho estuviera aceptando una inminente derrota.
Con eso último, Bob se quedó de pie, sin saber qué decir. La fachada de despreocupación plasmada en el rostro de su compañero se notaba demasiado falsa para su gusto. ¿Cómo debería actuar? ¿Debería decir algo, o debería quedarse callado?
Mientras su mente maquinaba una respuesta a esa interrogante, se agachó un instante para tomar el libro que yacía en el piso. Lo más seguro es que se le había caído en el momento exacto en el que Walker irrumpió su sueño de forma brusca.
—Las relaciones son de dos —soltó de golpe y sin voltear a ver a su deprimido compañero. Recordó algo que había leído en alguna ocasión, haciendo que las palabras salieran por sí solas—. Se construyen por elección. Y si una de las partes no muestra interés…, entonces no hay nada que hacer.
Su mente aún divagaba. Trataba de enfocarse en Walker y en el problema con su esposa, pero por más que se esforzaba, en su mente solo había espacio para una persona. Su distracción fue tal, que no midió el impacto de sus palabras hasta que fue demasiado tarde. Para ese entonces, Walker había fijado la mirada hacia algún punto en el techo.
—No…, no quise decir eso. Quiero decir…
—Tienes razón —interrumpió Walker, sin apartar la vista del techo—. En todo caso, ella no es el problema —soltó Walker, dejando escapar el aire retenido por medio de un suspiro largo—. Soy yo. Siempre yo.
—Oh, bueno… En ese caso creo que…
—Siempre que tenemos un avance, digo algo que arruina todo. Ella siempre está ahí para mí. Estuvo conmigo en los momentos buenos. Y se mantuvo en los malos —se quedó callado un momento, sopesando el impacto de sus palabras—. Yo no supe valorar eso y ahora sufro las consecuencias. Y aún así…, a pesar de eso, ella está dispuesta a ir a las terapias. Está dispuesta a luchar.
Walker era experto en ocultar sus verdaderas emociones bajo esa máscara de seriedad y mal humor constante. Era bastante sencillo hacerlo enojar, Bucky llegó a mencionar que era una posible consecuencia del suero del Super Soldado que había ingerido, pero no podía estar del todo seguro de esa suposición. Por eso, verlo de ese modo tan vulnerable, supuso para Bob toda una revelación. Y es que a pesar de que ambos tenían una relación de compañerismo que casi rayaba en la amistad, había cosas que Walker no compartía tan abiertamente. No mostraba de forma evidente el dolor que sentía por toda esa abrumante situación.
—Entiendo. Y todo esto que me dices… ¿Alguna vez se lo has dicho a ella?
Walker le dedicó una mirada ofendida, casi insinuando que se había vuelto loco.
—¿Qué? —preguntó con cierta brusquedad.
—Bueno —Bob tomó un poco de aire antes de continuar, tratando de volver a ese estado zen que había logrado conseguir por un segundo—, ¿alguna vez le has dicho a tu esposa lo mucho que te importa?
—No —soltó molesto su compañero. Hizo una pausa, parecía como si la conversación fuera un tema muy difícil de abordar—. No sé cómo —admitió al fin.
—Puedes saltar varios metros sobre el suelo…, ¿y no puedes decirle a tu esposa que la amas? —se bufó Bob. Aunque por dentro sabía de antemano que expresar sentimientos podía ser algo difícil, no consideró que eso aplicara hacia la persona con quien ya mantenías una vida de casado.
—Muy gracioso, Bobby —al oír eso, Bob puso los ojos en blanco mientras giraba el rostro hacia el otro lado, evitando ver directamente a Walker.
—Lo siento. Sé que odias ese apodo —resultaba algo considerado de su parte mencionarlo, a pesar de que ese ya no era del todo el caso.
Una sonrisa seca escapó de los labios de Bob mientras negaba con la cabeza ante aquel burdo intento de disculpa.
—No lo odio —respondió encogiéndose de hombros y restándole importancia al asunto—. O bueno, ya no tanto. “ Fue el tono con que lo dijiste lo que me molestó ” —pensó.
Volteó a mirar hacia el ventanal y por la intensidad del sol, pudo deducir que eran poco más de las nueve. Eso explicaba la presencia de Walker en el lugar. Pensó que lo mejor sería irse a su habitación, no tenía el ánimo suficiente para pretender leer, mientras por momentos escuchaba hasta el más mínimo detalle de alguna misión que supondría una verdadera amenaza para el equipo, y que por lo general, le generaban una sensación de impotencia bastante molesta.
Pensaba en ello cuando la voz de Walker lo apartó de ese pensamiento.
—Qué debería hacer…
El cuestionamiento lo dejó con la guardia baja. ¿Por qué Walker, de entre todas las personas, le haría ese tipo de preguntas a él ? Una de las personas con menos experiencia en ese tipo de temas. Cuyas relaciones pasadas podía contarlas con la palma de la mano y las cuales no habían terminado nada bien.
—No… no soy muy bueno en estos temas pero, quizá podrías decirle a tu esposa que se tome un día libre —se rascó la cabeza, pensando en qué más decir—: Eh… Dile que quieres pasar más tiempo con tu hijo y…, no sé, regalarle un día especial para que se relaje —recordó cómo en una de sus primeras pláticas (cuando ya había sido conformado el equipo de forma oficial), le mencionó que el problema con su esposa surgió por su falta de interés en el cuidado de su hijo, así que el proponer tal cosa no sonaba tan fuera de lugar…, según él.
Walker puso los ojos en blanco e hizo un gesto como si lo que acababa de escuchar fuera lo más estupido que había oído en días.
—No era pregunta, Bob.
Y ahí estaba de nuevo, Bob arruinando el día con algún comentario fuera de lugar. ¿Por qué las relaciones sociales podían ser tan complicadas? Y sobre todo, ¿por qué tenían que ser tan agobiantes? En cualquier otro momento, el menosprecio de Walker hacia el consejo que tanto le había costado formular le habría traído a la superficie el recuerdo incómodo de su madre, demeritando cada uno de sus intentos por protegerla del abuso de su padre. Pero ahora —y para variar—, ver a Walker ofendido le resultó satisfactorio. En principio porque sabía cómo era Walker, y en segunda porque al menos ya no tenía esa expresión de sufrimiento en el rostro.
Bob asintió, y entrecerrando los ojos, resopló antes de comenzar a caminar hacia el elevador.
—Pero, gracias —las palabras provenientes de Walker lo hicieron detenerse de golpe. ¿Había escuchado bien?
—¿Qué?
—Gracias —soltó con evidente pesar en la voz.
—¿Por qué? —cuestionó Bob. Sentía que se estaba perdiendo de algo importante.
—Por escuchar.
Una sensación satisfactoria inundó su pecho. Se sentía bien sentirse apreciado, y viniendo de Walker, implicaba un logro enorme. Una amplia sonrisa se plantó en su rostro, misma que fue devuelta por Walker, quién se notaba más tranquilo. Era evidente que la conversación le había servido para sacar la frustración de la noche anterior.
Asintió una última vez. Procedía a irse, cuando de pronto, fue interceptado nuevamente por Walker.
—Por cierto, ¿qué estabas soñando? —se notaba cierta picardía en su voz.
—¿Qué?
—Es solo que, antes de despertarte y que te pusieras de malas, estabas sonriendo. Parecías tener un sueño agradable. ¿Qué era?
¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Qué había soñado? Irrumpió su sueño de forma tan abrupta que lo que sea que haya sido, no había cruzado por su mente hasta ese momento y en cuanto lo recordó…, maldijo internamente a Walker por atreverse a mencionarlo. La incomodidad que sintió en cuanto cayó en cuenta de lo que había pasado anoche se quedó muy por detrás cuando recordó lo que había soñado. Sintió como una especie de calor iba subiéndole por toda la cara, y eso en definitiva sería algo que no podría ocultar. Se apresuró a desviar la mirada, porque estaba seguro de que en cualquier momento su rostro lo traicionaría.
—¡N-no! No recuerdo nada —tartamudeaba, incluso sintió como su cuerpo se volvía de gelatina.
—¿En serio? —Walker lo miraba con firmeza. No parecía creerle para nada.
Estaba por hacer un comentario, sin embargo, Bob no se lo permitió.
—En serio —reafirmó, dirigiéndose con rapidez hacia el elevador, y antes de que Walker pudiera decir nada más, continuó—: Tengo que irme. Me urge una ducha.
Huir era lo mejor que podía hacer en ese caso. No quería volver a tocar una conversación incómoda. Porque si de algo estaba por completo seguro, era que jamás le contaría ese sueño a alguien. Era demasiado vergonzoso. Demasiado revelador. Tenía que aclarar sus ideas. Quizá un baño frío y una caminata por el parque le haría bien. Si, quizá así podría dejar de lado esos pensamientos para nada sutiles que comenzaba a tener respecto a Yelena.
Estaba por cantar victoria, cuando de pronto, como si fuera una broma del destino, del elevador salió Bucky…, con Yelena a su lado.
—¡Ah! —la sorpresa en su rostro era palpable—. B-buenos días —retrocedió unos cuantos pasos. Imaginó cómo se vería ante los demás, con el cabello desordenado y el mal aliento matutino, por lo que de forma sutil, se cubrió el rostro con el antebrazo.
Bucky, que hasta ese momento parecía en las nubes, le devolvió el saludo sin prestarle demasiada atención.
—Buenos días —dijo sin más, pasando a su lado mientras centraba la mirada hacia la pantalla que se desplegó a un costado suyo.
—Buen día —saludo Yelena.
En cuanto Bob la vio, sintió como todas esas emociones confusas que tuvo respecto a ella en todo el transcurso de la mañana se desvanecieron de golpe. El recuerdo plasmado en su mente sobre ella no coincidía con la persona que tenía de frente. Su brillo habitual se notaba…, opaco. Era algo difícil de describir, y no sabía por qué, pero estaba seguro de que era algo que muchos no podrían notar. Era evidente —para él— que bajo ese semblante de seriedad se ocultaba un sentimiento de tristeza profundo. Algo que no había presenciado antes, al menos no a tal magnitud.
Vio de reojo a Bucky, quién a pesar de su concentración en la pantalla se veía en un estado similar a ella. Se veía… distante. Sería acaso que ese algo que tenía que hacer Yelena por la mañana… ¿Tendría que ver con Bucky?
Yelena pasó a su lado, casi como si estuviera ignorando su presencia y eso le hizo sentir un vacío en el pecho.
—Ya era hora de que llegaran —se quejó Walker con cierto pesar en la voz—. Así podemos dar comienzo a esto.
—¿Y Ava y Alexei? —cuestionó Bucky sin prestarle mucha atención.
—Seguramente no tardan en venir.
—Bien. Bob —soltó Bucky, dirigiéndole una mirada. Él al escuchar su nombre, se sobresaltó—, ¿Te quedarás en la reunión?
—No —respondió con prontitud—... tengo cosas que hacer…
Bucky se limitó a asentir mientras volcaba de nuevo la concentración en la pantalla. Aparentemente, tenía que ver con el complicado tema que involucraba cuestiones espaciales las cuales Bob no comprendía en su totalidad. Sin embargo, en ese momento, nada de eso le importaba.
Se dirigió de nuevo hacía el elevador, y ya dentro, procedió a despedirse.
—Bien…, nos vemos.
Antes de que las puertas del elevador se cerraran por completo, dirigió una última mirada en dirección a Yelena, quien en todo ese tiempo parecía distante. Como si su mente se encontrara en algún lugar lejano. Y, antes de que las puertas se cerraran por completo, un sentimiento de agobio le invadió el pecho.
