Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 9 of Chocobos
Stats:
Published:
2024-05-02
Updated:
2025-07-13
Words:
9,698
Chapters:
6/?
Comments:
11
Kudos:
5
Hits:
53

El precio de un alma

Chapter 6: Sin complicaciones

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Había tardado meses en recuperarse por entero de su regreso de entre los muertos, con desorientación, algunas alucinaciones y secuelas en general.
La más patente y notoria de todas era su incapacidad para poder apoyar la pierna izquierda sin perder el equilibrio. Había quedado completamente… inutilizada. Era definitivo.
Y no era menos el asunto, dado que, aunque su cuerpo había quedado en aquella sala, inerte y frio, su espíritu había luchado con todas sus fuerzas, resistiendo a duras penas el combate.
Sabia que en realidad, no debería estar allí, cómo aquellas sombras se habían encargado de decirle una y otra vez durante meses.
Pero ya estaba mejor. Mucho mejor.
En realidad, no sabía cómo había ocurrido, pero había regresado de entre los muertos. Lo primero que recordaba al despertar era el suave roce de los labios de Prompto contra los suyos, su contacto característico, y su respiración errática en su rostro.
Las lágrimas ajenas entremezclándose con su cabello y sus mejillas.
Nadie sabía cómo había pasado, pero había ocurrido así, y desde entonces, todo había ido aprisa y sin frenos, a la par que lento y tortuoso.
No iba a mentirse a sí mismo: estaba nervioso. Muy nervioso.
Recordaba con claridad meridiana lo que quería decirle a Prompto antes de marchar, algo, que el mismo rubio le había dicho que le dijera cuando fuera le momento, cuando volviera, triunfante.
Parecía que su amigo había dejado la cosa correr, pero desde que había abierto los ojos –bueno, quizá algo después- no había podido quitarse aquello de la cabeza.
Y ya hacía casi tres meses de aquel suceso.
Se pasaba el día en la tienda que habían improvisado para él, mientras los médicos le ayudaban a adaptarse su nueva situación. Tenía claro, que su nuevo mejor amigo a partir de ahora sería un bastón para ayudarle a caminar por el mundo, y aunque era molesto, estaba agradecido, porque todo lo demás habían sido secuelas leves. Sonrió con algo de pena y nostalgia al pensar en su padre, que en sus últimos tiempos también portaba uno, aunque más refinado. Su vista era algo peor, y de vez en cuando le parecía ver cosas que no estaban ahí, pero nada más.
Un precio pequeño por una nueva oportunidad, a su manera de ver.
—Pero doctor, necesito moverme. —Le repitió a su médico, que miraba su historial con el ceño fruncido.
—Majestad, no está aún listo para…
—Solo será un pequeño paseo, se lo prometo.
Los ojos de ambos se encontraron, y el hombre frunció los ojos hasta límites insospechados.
—Al más minio síntoma de sentirse mal, perder el equilibrio, tener alguna visión o lo que sea, vuelva de inmediato. ¿Entendido?
El corazón de Noct brincó en su pecho.
—Por supuesto. —Quería contestarle loco de contento, pero, en cierta medida, debía mantener el tipo. Si lo veía muy exaltado era capaz de arrepentirse de su decisión.
Debía salir de allí de inmediato antes de que cambiara de opinión.
Fue a levantarse, pero el hombre le puso una mano en el hombro.
—Cualquier cosa. ¿De aceurdo? —Se aseguró de que le quedara claro.
Noctis le miró con intensidad.
—Sí. Así será doctor. Gracias.
Dicho esto, Noct cogió su muleta –estaban confeccionándole un bastón más cómodo, pero de mientras se tenía que amoldar– y salió de allí todo lo rápido que pudo.
Quería ver a Prompto.
Miró un momento a su alrededor. Cualquier cabeza con la que se cruzara se inclinaba ante él, y él le contestaba con un movimiento automático.
Una ancha espalda se divisó un poco más lejos. Una muy reconocible. Se acercó todo lo rápido que su condición le permitía, llegando a su altura. No quería estar más tiempo del necesario fuera. Sí. Aún estaba débil y se lo notaba, no quería fiarse, así que cuanto más rápido encontrara a Prompto, mejor.
—¡Gladio! —El hombre se giró, sorprendido.
—¡Noct! ¿Qué haces fuera? —Sus ojos le analizaron, poniendose serio como en los viejos tiempos. —¿No te habrás escapado?
—¿Qué? ¡No! —Negó con rotundidad. —¿Me crees capaz?
Gladio alzó una ceja.
—Sí. —Contestó sin dudarlo un instante. Noctis puso los ojos en blanco.
—No tengo tiempo para tonterías, anda. —Una sonrisa pilla se pintó en sus labios. —¿Sabes dónde esta Prompto?
Ahora la sonrisa se reflejó en el rostro de Gladio, sus ojos picaros.
—Uy…
—Ni se te ocurra decirlo.
Gladio levantó las manos, con la mueca aún más prominente.
—Vale, vale. No lo diré. Pero eso no quiere decir que no lo piense.
Noctis negó con la cabeza, divertido y ruborizado a partes iguales.
—Bueno, ¿sabes dónde está o no?
Gladio señaló a su espalda.
—Creo que anda donde los necesitados de cuidados.
—Gracias.
—¿Quieres que te acompañe? —Le preguntó cuándo iba ya para allá, viendo sus dificultades con la acera y su muleta. Habían apartado bastantes escombros, pero siempre había cosas molestas y pequeñas en su camino.
—¡No, gracias! —Alzó la mano libre para despedirse, siguiendo la marcha.

Llegó al campamento, observando todo. Habían personas heridas por todas partes, en mayor o menor medida. En realidad, él debería estar en aquel lugar, pero teniendo la posición que tenía…
Muchos ojos curiosos le observaron mientras se adentraba en el campamento, analizándole, pensando lo mismo que segundos antes había pensado él.
Sí, en realidad, el debería estar con ellos, por eso a estos le llamaba la atención.
Nunca lo habían visto en el campamento, incluso estando visiblemente herido.
Prefirió ignorar todo eso.
Prácticamente nadie conocía su rostro, lo cual tenía cierta ventaja en algunos menesteres. Aún era algo pronto para todo aquello, pero, cuando las cosas estuvieran algo normalizadas, seria coronado rey con todas las de la ley, y su figura no sería la de un desconocido… de mientras, podía aprovechar.
Esperaba que para aquel tiempo, pudiera andar en condiciones, pero a medida que este pasaba, se daba cuenta que no tenía estímulos en la pierna.
Sería un tullido para siempre, y aunque los médicos no le habían dado su ultimátum aun, podía ver en sus rostros que era así.
Se acercó a uno de los enfermeros, dando la casualidad de que era uno de que le atendió hacia escasamente unos días.
El joven parpadeó al verle allí, haciendo una reverencia de inmediato.
Los pacientes observaban la escena.
—A-alteza. ¿Qué puedo hacer por vos?
Noctis se resistió de poner los ojos en blanco. No le gustaba tanta formalidad, pero ahora mismo sería más molesto intentar que le hombre le hablara de tú a tú, así que lo dejó pasar.
—Busco al señor Argentum. Mi escudo me ha dicho que estaría por aquí. ¿Le ha visto?
El hombre asintió, claramente nervioso, mientras Noctis escuchaba los cuchicheos a sus espaldas.
¿Ha dicho alteza?
¿Ese es el rey?
Noct les ignoró en la medida de lo posible, prestando atención al hombre.
—Sí, el señor Argentum está allí, en cuidados intensivos. —Señaló a otra capilla algo más pequeña a uno de los laterales del campamento.
Noctis inclinó la cabeza con deferencia, diciendo un quedo gracias, y se marchó, apoyándose cada vez más en la muleta.
Le dolía. No iba a mentir, tenía cierta sensibilidad en la pierna, pero era casi nula. Tan solo para sentir… dolor.
Llegó al lugar indicado, y al fin pudo divisar a Prompto. Fue a llamarle, pero prefirió acercarse mejora él. El chico estaba hablando con una niña mientras le ponía una tirita en la pierna y la hacía reír.
El corazón de Noct se ablandó un poco ante la escena. Podía entender por ella que la que estaba en cuidados intensivos era la madre, que les miraba con una pequeña sonrisa en el rostro, tumbada en la cama, con la cabeza prácticamente toda cubierta por unos vendajes, dejando libre tan solo un ojo.
—¿Mamá se pondrá bien, Prompto? —Le preguntaba mientras abrazaba el peluche de chocobo que Noct le había devuelto hacía unas semanas, y que reconoció de inmediato. Una sonrisa tierna se pintó en sus labios al entender, que muy probablemente, se lo habría regalado para que le hiciera compañía en los duros días de hospital.
—Claro que sí. Ya verás que antes de que te des cuenta esta como nueva y os vais a casa. —Le removió el cabello con cariño, deshaciéndole en el proceso un poco las dos caletitas que llevaba puestas, pero pareció no importarle, porque sonrió ampliamente.
La niña miró hacia atrás entonces, fijándose en Noctis.
—¿Ese es tu amigo?
Prompto parpadeó, girando la cabeza. Al verle allí, de pie, esperándole, se incorporó de inmediato, sorprendido.
—¡Noct! Deberías estar en cama.
El rey hizo un gesto vago, desestimando sus palabras.
—¿No te habrás escapado? —Le recriminó, analizándole con la mirada.
—¡Pero bueno! Eres el segundo que me lo dice.
—…porque será… —Le dijo, sonriendo ampliamente.
Ambos se miraron y comenzaron a reír.
—Tranquilo, el médico me ha dado permiso.
Prompto alzo una ceja, analizándole.
—Supongo que con alguna condición, su alteza.
A Noctis le hizo mucha gracia aquella palabra en sus labios, pero sobre todo el retintín con el que lo hacía.
Negó con la cabeza, alzando una mano, simulando un juramento.
—Juro que no he usado mi posición para extorsionar a ese pobre médico.
Se miraron un instante nuevamente y comenzaron a reír a pleno pulmón de nuevo. Todas las miradas estaban puestas en aquella conversación por ruidosos, pero a ninguno de los dos les importó.
La gente, en realidad, necesitaba distraerse.
—Bueno, —musitó Prompto, apartándose las lágrimas de los ojos causadas por la risa. —¿Qué querías?
Noctis sonrió, una sonrisa plena y dulce dirigiéndola a él.
—Quería verte.
Prompto parpadeó.
—Pero si me ves todos los días.
El rey se encogió de hombros.
—Nunca es suficiente. Te echo de menos.
Un rubor encantador pintó las mejillas de Prompoto y ahora si le dio reparo tener tanto público.
—Noct, deberíamo… —Comenzó, pero el moreno negó con la cabeza.
—No tengo ganas de complicarme la vida. Si no quieren mirar, que no miren, no pienso esconderme más. —Se encogió de hombros.
El corazón de Prompto latió muy fuerte. Fue a decir algo más, pero la expresión de Noct cambió un poco, tan solo un ápice, y su rictus se tornó de dolor. Vio como perdía brevemente el equilibrio, y en un suspiro estaba a su lado, sosteniéndole.
—¡Que alguien traiga un médico!
Noct alzó la mano, apretando su hombro con fuerza, negando con la cabeza.
—No… estoy bien.
—No, no lo estás. —Contestó Prompto, serio.
Noctis, suspiró, negando con la cabeza.
—De verdad, estoy bien. Solo necesito sentarme. —Solicito estaba acercándole a una silla. Le ayudó a sentarse, mirándole con ansiedad.
Una sonrisa rota se pintó en los labios de Noct, suspirando.
—No quería que pasara esto. No así, al menos.
Prompto negó.
—Eres tonto. —Le dijo con la confianza que se confiere con muchos años de amistad. —No deberías haberte sobre esforzado.
—Prompto. —Le miró a los ojos, serio, ignorando sus palabras. —No es necesario ningún médico, solo ha sido un leve mareo por el dolor.
—¡El dolor! —Espetó el rubio, levantándose su histeria poco a poco. —¿Noctis te estas escuchando? ¿Dónde te duele?
El monarca suspiró de nuevo.
—Me duele, sí. Pero es un dolor más interno, de mi alma que otra cosa, ¿entiendes? algo que no puede curar un simple médico, —negó con la cabeza. —No quiero que te preocupes de más. No se puede hacer nada.
Los ojos de Prompto lo miraron con ansiedad.
Noctis quitó la mano de su hombro, llevándola a su mejilla, mirándole intensamente.
—Ayúdame a levantarme, anda.
—Pero… —La voz de Prompto estaba rota, insegura.
—Por favor. —Le pidió, con ojos cansados. Algo en el fondo de su iris hizo que Prompto diera su brazo a torcer. No podía negarle nada a Noct.
Cuando estuvo de pie, respiró con fuerza, y viéndolo con los ojos desorbitados Prompto, Noctis hincó la pierna mala en el suelo, la rodilla con una sonrisa cansada en el rostro.
Prompto fue a decirle algo, pero Noctis se puso su propio dedo en los labios para hacerle callar, y rebuscó en el bolsillo de su pantalón hasta encontrar una ajada cajita.
—Prompto Argentum. —Sus ojos se encontraron, y al rubio se le paró el corazón mientras abría la cajita, mostrando lo que había dentro. —¿Quieres casarte conmigo?

Notes:

👀

Notes:

¿Qué te ha parecido?

Series this work belongs to: