Chapter Text
When your patterns start to show, it makes the hatred wanna grow outta my veins. I don’t think you’re ready for the takedown. A demon with no feelings don’t deserve to live, it’s so obvious.
La música se detuvo permitiendo que tres chicas tuvieran un descanso después de una ardua sesión de práctica para su siguiente concierto. Pechos subían y bajan erráticamente buscando aire suficiente para sus pulmones, por más difícil que sea la coreografía de baile o la canción de cantar ellas darían su cien por ciento para sus fans; no pueden decepcionarlos en este concierto, al final este sería su último concierto antes de tomar su descanso de un mes.
“Rrrrrrumi…”, habló la más joven de las tres, Zoey es la rapera y letrista de HUNTR/X. Su apariencia zagal ha sido motivo de numerosas reacciones de sorpresa al admirar aquella chica - cuyo rostro y vibra es de una chica tierna - que con sus letras y rap, ha ganado diferentes batallas contra raperos de mayor reconocimiento.
“Por favor dime que no vamos a volver a practicar más hoy, vámonos a casa…”, dijo con una voz agotada mientras apoyaba su mentón en el hombro de la líder del grupo.
Con una pequeña risa, Rumi la líder de aquel famoso grupo negó de manera juguetona, “Ya tuvimos suficiente práctica hoy, creo que sería lo más adecuado descansar y continuar mañana”, su belleza nata - casi con un aire de realeza - podría dejar a cualquier persona boquiabierta. Rumi, además de ser reconocida como extraordinaria vocalista y líder, es la hija de la difunta Miyeong de Sunlight Sisters, muchos fans llaman a esta chica de cabello morado “realeza del K-pop” por tal ascendencia.
“¿Mañana también practicaremos? Ugh, Rumi… Por algo te llamamos adicta al trabajo.”, con un gruñido y suspiro pesado, la coreógrafa y visual principal del grupo, Mira, advirtió a la líder. Sus dotes de baile no se pueden negar, tiene una capacidad innata para crear coreografías de gran calidad - aunque su familia nunca la reconoció por sus habilidades - Mira nunca se rindió y decidió seguir su sueño. Sueño que la ha llevado a ser una de las bailarinas más extravagantes en la industria músical.
Un pequeño silencio se apoderó de la sala de baile por un breve momento, solamente las respiraciones de las tres chicas se podían escuchar casi en unisono. Sin perder el tiempo, Rumi se rió entre dientes mientras tomaba unas botellas de agua, una para cada chica.
“A veces pienso que ustedes me odian, aunque sea un poquito”, dijo como chiste hacía sus compañeras las cuales no tardaron en reírse suavemente.
“Naaaah, no seriamos capaz de odiarte~ Pero a veces si dan ganas de escondernos de ti para no tener que ir a las prácticas”, dijo Zoey que, al terminar la frase, un jadeo se pudo escuchar desde la boca de Rumi, fingiendo indignación.
“¿Cómo puedes decir tales cosas? ¡Eres una hater, Zoey!”
Risas llenaron la anteriormente callada sala de baile, cualquiera puede notar lo cercanas que son estas tres chicas, casi perfectas para lo que HUNTR/X significa realmente.
No cabe duda que el grupo es el más famoso dentro de la cultura K-Pop, rompiendo récords y teniendo un aumento en su fanbase cada día, sin embargo detrás de HUNTR/X se esconde un secreto que solo ellas y su mentora, Celine, conocen.
Su verdadero trabajo es de cazadoras de demonios, protegiendo la Honmoon e impidiendo que el rey demonio, Gwi-ma, corrompa a las personas en el mundo humano, llevando sus almas hacia el inframundo. Si esto llegase a suceder, Gwi-ma ganaría poder y la raza humana estaría condenada a desaparecer a manos de los demonios, por eso las cazadoras de demonios aparecieron hace años atrás. Generaciones detrás de generaciones de cazadoras de demonios han protegido la Honmoon con un solo cometido en mente, lograr convertir la Honmoon actual en la Honmoon Dorada la cual - cuenta la leyenda - una vez se vuelva dorada, Gwi-ma y los demonios serán sellados para siempre.
El sonido de risas en la sala de baile fue sustituido por un silencio incómodo cuando la puerta se abrió lentamente. Celine, su mentora, apareció con una expresión neutra, aunque en sus ojos se notaba la urgencia.
“Hola Celine, ¿que hubo?”, habló Zoey; aunque Celine las haya entrenado y enseñado lo que saben hoy sobre ser cazadoras, de cierto modo sigue siendo algo incómodo hablar con ella - sobre todo porque la rapera es fan de Sunlight Sisters, siendo Celine una ex-integrante de aquel grupo -.
“Necesitamos hablar, ahora.”, demandó de manera autoritaria pero grata la anterior Sunlight Sister. Sus palabras borraron cualquier atisbo de alegría que quedase en la sala.
“¿Todo está bien?”, habló Rumi, posando sus manos en los hombros de sus compañeras.
“La Honmoon está pasando por algo… inexplicable.”, el silencio perdura, las miradas de shock de las tres chicas eran casi indescriptibles.
“¡¿La Honmoon?! No puede ser- ¿Está en peligro? ¿Será obra de Gwi-ma?”, Zoey recalcó con alta preocupación.
“Zoey-”, mencionó Celine con la idea de calmar a la menor.
“Ugh, ese demonio nunca sabe cuándo rendirse, ¡Lo voy a picar en pedacitos cuando lo vea!”
“Zoey.”
“¡SENTIRAS MI IRA, GWI-MA!”
“¡ZOEY!”
“¿Sip?”, la rapera volteó a ver a Celine, con una pequeña sonrisa dulce.
Un suspiro salió de los labios de la mayor, “No, no parece ser obra de Gwi-ma. Al menos no esta vez… Parece ser que está siendo afectada por algún poder externo. No encuentro una respuesta o alguna pista que nos ayude a identificar esta rara… anomalía.”, Celine miró de reojo a Rumi para luego rápidamente a las otras dos chicas.
Rumi dió un pequeño salto y volteó a ver hacia otro lado. ‘Anomalía’, sabía que Celine se refería a ella, siempre lo hacía. ‘ Escóndete y no dejas que te vean, Rumi’ o a veces era ‘Todo lo que he aprendido sobre los demonios me han dicho que eres un error, y es la verdad. Solo sigues aquí porque le hice una promesa a tu madre. Madre que tu mataste.’ , Rumi siempre se ha sentido culpable, por la muerte de su madre, por romper el grupo de Celine, por ser mitad demonio, por simplemente existir.
“Haremos lo posible para resolver este problema.”, Mira habló con autoridad viendo a sus dos compañeras para luego asentir al mismo tiempo. Celine suspiró levemente y se retiró de la sala de baile, el silencio perdura.
Una semana después del aviso de Celine, las cosas se sintieron diferentes. Las chicas continuaban practicando y cumpliendo compromisos, pero una tensión invisible se había instalado entre ellas. Rumi fingía normalidad, pero cada noche se quedaba sola en la sala de entrenamiento, revisando sus manos temblorosas bajo la tenue luz. Las venas oscuras en su piel se marcaban más con cada luna nueva.
“¿Por qué la Honmoon está desestabilizada? … ¿No pude haber sido yo, verdad? No hay manera.”, el reloj de la sala llenaba en pesado silencio pero la cabeza de Rumi no permitía que el sonido pasara a sus oídos con la cantidad de pensamientos negativos que estaba teniendo en el momento. Mitad demonio, mitad humana, una ‘maldición’ que ha tenido que cargar en sus 24 años de vida, siempre la culpa recae en ella.
“Rumiiiii~”, una voz conocida la llamaba. Zoey se acercaba a la sala de entrenamiento, cada paso hacía más eco en el pasillo. Con pánico, Rumi escondía sus brazos con las mangas de su suéter, tratando de parecer lo más tranquila posible - aunque eso no era la realidad -.
“¡Rumi! Así que aquí estabas…”, la chica entró a la sala, acercándose a la líder con un poco de preocupación en su rostro. “Mira y yo estábamos algo alarmadas al verte salir del penthouse en silencio sin decirnos, ¿todo bien?”, se podía notar la mirada cansada de la menor, Rumi se culpaba internamente, pensaba que por su culpa ahora estaba preocupando a sus compañeras, evitando que duerman correctamente.
“¡Zoey! Si- Uhm, todo bien. Es que… uhm… Decidí practicar unas horas extra en la noche, ¡Ya sabes! para que nuestro próximo concierto sea un éxito.”, Mintió mientras agarraba las mangas de sueter y las empujaba más abajo, casi sus manos no se veían.
Zoey levantó la ceja, mirando la acción de Rumi, “Rumi… Uhm.”, quiso mencionar la nueva ‘obsesión’ de su líder con las mangas largas pero pensó que de alguna manera molestaría a Rumi, “... ¡Si necesitas algo, estamos aquí para ti!”.
La líder de cabello morado resopló levemente mientras sonreía de lado, “Tranquila Zozo, todo está bien. Te lo prometo.”, la mayor acarició la cabeza de la rapera, de cierto modo pudo notar un leve sonrojo en sus cachetes lo cual le pareció tierno.
“¿Ya terminaste de entrenar? Es muy tarde, sería bueno volver a casa.”
“... Si. Vamos a casa, creo que necesito descansar un rato.”
Ambas caminaron de regreso al penthouse, el silencio entre ellas más cómodo que tenso, pero no del todo natural. Rumi se sentía como si caminara sobre vidrio. Cada palabra, cada mirada de Zoey, era un recordatorio de lo que estaba escondiendo. Y aunque parte de ella quería confesarlo todo, otra parte - la más grande - solo quería desaparecer.
Esa misma noche, mientras las otras dos dormían, Rumi se encerró en el baño. Se quitó el suéter y observó sus brazos frente al espejo. Las venas oscuras pulsaban con una luz tenue, casi líquida. Su reflejo comenzó a distorsionarse: por un segundo, no era ella, sino una versión demoníaca de sí misma, con ojos brillantes, piel grisácea y caninos afilados. Parpadeó y la imagen se desvaneció, pero la sensación persistió.
“... ¿Qué me está pasando?”
Eres un error. No deberías existir.
La voz sonaba como un eco hueco, pero pronto adoptó formas más crueles: la voz de Mira, luego la de Zoey. No eran ellas, pero dolía igual.
No puedes protegerlas. Solo puedes destruir.
No. Basta.
Tu mera presencia arruina la armonía.
Por favor, ya basta.
¿De verdad pensaste que podrías tener una vida normal?
¡Por tu culpa, tu madre murió!
“¡Ngh!”, Rumi se sujetó la cabeza con fuerza, cerrando los ojos con desesperación. Pequeños sollozos escapaban de sus labios mientras las lágrimas se deslizaban por su rostro. Su respiración era entrecortada, errática. Sentía que el cuarto se cerraba sobre ella.
Las voces se detuvieron, el baño quedó en un leve silencio que solo los ahogados sollozos de Rumi llenaban débilmente. Se deslizó hasta el suelo, abrazando sus piernas contra el pecho. El frío del azulejo contrastaba con el ardor de sus emociones.
“Solo quiero ser normal… solo quiero ser suficiente…”
La luz del amanecer entraba tímidamente por la ventana del penthouse. Zoey fue la primera en despertar, frotándose los ojos con pesadez. Caminó en silencio hasta la cocina para buscar agua, pero al pasar frente al baño notó la puerta entreabierta. Se detuvo.
Un hilo de preocupación se deslizó por su espalda. Empujó lentamente la puerta. Rumi estaba sentada en el suelo, dormida, con marcas secas de lágrimas en el rostro y el suéter arrugado. Una de sus mangas había caído un poco, revelando parte de su piel. No parecía haber heridas, pero su expresión era inquietante. Tensa incluso en reposo.
“Rumi…”
La líder despertó con un sobresalto al escuchar su nombre. Intentó recomponerse, principalmente arreglando su suéter para evitar revelar su realidad, pero Zoey ya la observaba con seriedad. No dijo nada al principio. Rumi la miró a los ojos con pánico.
“Zoey… yo… lo siento… yo no quería que-”
“Me dijiste que todo estaba bien, pero aquí estás, en el baño dormida… ¿Estás… enferma?”
Zoey se arrodilló frente a ella con lentitud, como si temiera asustarla. No la tocó. Solo se quedó ahí, observándola.
“No- No lo sé. No. No estoy enferma, Zoey. Te prometo que todo está bien, yo estoy bien-”, Rumi trató de evadir la pregunta de alguna manera pero sabía que la rapera era observadora.
“No me mientas, Rumi. Después de nuestra última… discusión, prometimos no ocultar nada.”, Dijo con seriedad y preocupación, su mirada caía en Rumi como si fuera multiplicada por 100, como si todos los azulejos tuvieran ojos y estuvieran observando.
“Te dije que estoy bien.”, No gritó, no alzó su voz de alguna manera, pero fue autoritaria, casi cortante. Zoey dió un leve paso hacia atrás, ese tipo de voz le recordaba a sus padres, el divorcio de ellos. Sacudió la cabeza y miró a la líder con resignación.
“Zoey no- No quise hablarte así, lo siento. Te juro, por la Honmoon, que estoy bien. Te lo prometo con todo mi corazón.”, Tomó la mano de la rapera suavemente, levantándose del suelo junto a ella. Pudo sentir como la vista de la menor se aliviaba pero la preocupación aun permanencia.
“No se si jurar por la Honmoon sea correcto cuando se está… desestabilizando… ¡Pero tomaré tu palabra! Espero que estes diciendo la verdad, odiaría saber que nos estás mintiendo… Otra vez.”, Zoey abrazó a Rumi, parándose en puntillas para poder acostar su mentón en el hombro de la mayor.
Rumi sintió un frío subir y bajar por su espalda, no quería herir a sus compañeras… No otra vez.
Zoey no dijo nada por unos segundos. Solo se quedó allí, con los brazos alrededor de Rumi, como si temiera que si la soltaba, la líder simplemente desaparecería. Finalmente, suspiró suavemente contra su hombro.
“Solo… prométeme que si algo empeora, nos lo dirás. No quiero enterarme cuando ya sea demasiado tarde.”
Rumi asintió débilmente, con una sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos. “Lo prometo.”
Pero Rumi sabía que esa promesa estaba vacía.
Ese día, el ambiente en el penthouse fue particularmente silencioso. Mira, aunque no fuera la más habladora las mañanas, notó la extrañeza apenas entró a la cocina y encontró a Zoey sirviendo café en completo silencio, la espalda encorvada como si el peso del mundo estuviera sobre sus hombros.
“Buenos días… ¿todo bien?”
Zoey tardó un segundo en reaccionar, y cuando lo hizo, fue forzada. “Ah. Sí. Solo dormí mal.”
Mira la observó con recelo. “¿Tiene que ver con Rumi?”, se sabe que la bailarina es muy buena leyendo a las personas, casi se puede decir que ha ido a terapia después de su separación con su familia.
El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier respuesta. Zoey solo le entregó una taza y evitó la mirada de la mayor.
“¿Está pasando algo que no me están diciendo?” insistió Mira.
“Solo… está estresada. Ya sabes cómo se pone antes de los grandes conciertos, sobre todo el Idol Awards, además está la situación con la Honmoon. No es nada nuevo.”
“Eso no me suena a ‘no es nada’.”
En ese momento, Rumi salió de su habitación después de haber dormido en el baño, su habitual aura de líder pulida y segura cayéndose a pedazos en cuanto Mira la vio. Apretó los labios al notar que la líder evitaba sus ojos. Ella también sentía la tensión, esa especie de separación invisible que crecía con cada día que pasaba.
“Buenos días,” dijo Rumi, con una voz perfectamente medida.
“Supongo,” respondió Mira, sin molestarse en disimular su molestia.
Zoey, atrapada entre ambas, se tensó al instante. El desayuno fue una bomba de tiempo, con cucharas chocando contra tazas, platos siendo movidos con un poco más de fuerza de la necesaria y silencios que se prolongaban demasiado.
“Hoy tenemos ensayo a las diez,” comentó Rumi, intentando romper el hielo.
“Lo sé,” respondió Mira sin mirarla. “No soy idiota.”
El comentario fue como un bofetón, pero Rumi no respondió. Solo bajó la mirada y continuó comiendo lentamente, como si cada bocado fuera de cartón.
Zoey las miró a ambas, con el corazón encogido. Esto no era lo que había soñado cuando se unió a HUNTR/X. Habían sido una familia. Pero ahora, sentía como si todo se estuviera agrietando bajo sus pies. Y lo peor es que no sabía cómo detenerlo.
Y en el fondo, Rumi lo sabía: esto es su culpa.
Durante el ensayo, la energía entre ellas era densa, como si el aire estuviera impregnado de una electricidad que no terminaba de explotar. Rumi marcaba los pasos, pero ni Mira ni Zoey respondían con la coordinación de antes. Todo se sentía... forzado.
“¿Podemos repetir esa parte otra vez?”, pidió Rumi, esforzándose por sonar calmada.
“No sirve de nada repetir si ni siquiera estamos sincronizadas,” soltó Mira, dejando caer los brazos con frustración. “No estamos en la misma página, y lo sabes.”
Zoey frunció los labios, evitando tomar partido. Su mirada iba de una a otra, pero no decía nada. La tensión la paralizaba. Siempre se decía a sí misma que si podía mantener a ambas contentas, todo estaría bien. Su miedo a decepcionarlas la hacía sentirse responsable por la armonía del grupo, incluso cuando no era su carga.
“Tal vez solo necesitamos respirar un poco, ¿sí? Podemos intentarlo de nuevo más tarde,” sugirió Zoey, con una voz tan conciliadora que casi suplicaba. “Sé que todas estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo.”
“Entonces sugiero que se concentren,” dijo Rumi en tono seco, sin darse cuenta del filo en su voz hasta que ya era tarde. “Uhm, lo siento- Yo- Eso no-”, sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta de lo que había hecho.
Mira la miró como si fuera una extraña. “¿Nosotras? ¿En serio crees que esto es culpa nuestra?”
Rumi apretó los labios, conteniendo las palabras que luchaban por salir. Si decía lo que realmente pensaba, sabía que cruzaría una línea. Sintió lágrimas creándose en sus ojos.
“Si algo está mal, deberías tener el valor de decirlo en voz alta, no esperar que lo adivinemos,” continuó Mira.
El silencio que siguió fue como un golpe seco. Nadie se atrevió a moverse. Zoey, con el corazón latiendo con fuerza, deseó poder congelar el tiempo. No quería elegir un bando. Solo quería que todo estuviera bien, que todas se sintieran valoradas, que nadie la mirara con decepción.
Rumi finalmente se giró, alejándose hacia el equipo de sonido. “Cinco minutos de descanso.”
Mira bufó y salió del estudio sin mirar atrás. Zoey la siguió con la mirada, luego observó a Rumi de espaldas. Por un segundo, creyó ver cómo temblaban sus hombros, pero no dijo nada. No podía.
Y así, sin necesidad de gritar, el grupo comenzaba a desmoronarse.
El pasillo detrás del estudio estaba en penumbra, apenas iluminado por luces tenues del techo. Mira se había sentado en uno de los bancos del pasillo, auriculares puestos, aunque sin música. Sólo necesitaba un pretexto para no hablar. Zoey la observó a unos pasos de distancia, con los brazos cruzados, el corazón latiéndole en el pecho como un tambor desorientado.
Quería acercarse, pero no sabía cómo. Su mente repasaba una y otra vez lo que había pasado minutos antes, con una mezcla de frustración y miedo. Una parte de ella quería gritar, preguntar qué demonios estaba pasando con Rumi. Pero otra más fuerte - más arraigada - le decía que debía mantenerse calmada, disponible, que no debía molestar, ni ser carga. No quería verse como débil.
Suspiró, tragándose las ganas de llorar. Caminó por el pasillo hasta la máquina expendedora, no porque tuviera hambre, sino porque necesitaba hacer algo, cualquier cosa, que no fuera quedarse inmóvil viendo cómo todo se deshacía. Colocó unas monedas sin mirar, y presionó botones al azar, solo para llenar el espacio con el sonido mecánico de la máquina funcionando. El zumbido, los pequeños clics, el ruido sordo de una bebida cayendo al compartimento inferior: todo era mejor que el silencio opresivo que sentía colgando sobre su cabeza como una nube pesada. Se agachó para tomar la lata, pero se quedó ahí unos segundos más de lo necesario, con los dedos alrededor del aluminio frío, respirando hondo como si intentara no quebrarse frente a una pared inerte.
Mira la vio desde el banco cercano, con los brazos cruzados y la mirada clavada en el suelo. "No sé qué está pasando con Rumi, pero no me gusta. Nos está alejando." Su voz era baja, pero cargada de una rabia contenida, como si estuviera eligiendo con cuidado no romper nada más.
Zoey giró ligeramente la cabeza, evitando el contacto visual. "No creo que lo haga a propósito... quizás solo necesita tiempo."
"¿Tiempo? ¿Para qué? ¿Para dejarnos en ruinas? No se trata solo de estar estresada, Zoey. Esto es distinto. Lo notas también, ¿o me vas a decir que no sientes lo mismo?"
Zoey apretó la lata entre las manos, como si eso pudiera mantenerla firme. "Claro que lo siento. Pero no quiero juzgarla sin saber todo."
Mira se incorporó ligeramente. "¿Y cuándo lo sabremos? ¿Cuando sea demasiado tarde? Tú misma la viste esta mañana. ¿Cómo puedes seguir justificándola?"
Zoey tragó saliva, incómoda. "No la estoy justificando. Solo... no quiero hacer que las cosas empeoren. Ella necesita apoyo."
"Yo también necesito apoyo," dijo Mira, su tono quebrándose. "No soy de hierro, Zoey. Y tú tampoco deberías pretender serlo."
Zoey cerró los ojos un segundo. Sus hombros temblaban apenas. "Solo quiero que todo esté bien. No quiero elegir entre ustedes. No quiero que nadie se sienta sola."
Mira la miró con menos dureza, pero con el mismo dolor. "Entonces necesitamos que Rumi también lo quiera."
Las dos guardaron silencio, el sonido lejano de un ensayo practicándose en otra sala apenas audible. Ninguna sabía qué decir. Ninguna sabía cómo empezar a arreglar lo que ya se sentía roto.
Mientras Zoey y Mira se sumían en su incertidumbre, Rumi se había refugiado en una esquina del pasillo, justo detrás de una puerta apenas entreabierta del cuarto de utilería. Se sentó en el suelo frío, con las rodillas pegadas al pecho y los brazos cruzados alrededor de sí misma, como si pudiera contener la tormenta dentro.
Las voces habían regresado. Susurraban como cuchillas mojadas en veneno, sin descanso.
Estás destruyendo todo.
No eres una líder, eres una carga.
Ellas te odian. Y con razón.
Eres un demonio y por eso destruyes todo lo que tocas.
Rumi se tapó los oídos con fuerza, pero era inútil. Las voces no venían de fuera. Eran parte de ella. Un eco de todas las dudas que había intentado enterrar desde que HUNTR/X se formó. Se inclinó hacia adelante, la frente apoyada contra sus rodillas, y trató de regular su respiración. No podía dejar que la vieran así. No de nuevo.
Sintió un ardor familiar en la piel del brazo. Alzó la manga con los dedos temblorosos. Las marcas habían crecido. Se extendían como grietas bajo su piel, dibujando líneas oscuras y retorcidas por su antebrazo. No dolían físicamente. Pero quemaban desde adentro. Como si cada pensamiento de culpa las alimentara, dándoles fuerza.
"Es tu culpa, es tu culpa, es tu culpa.", se dijo a sí misma, golpeándose levemente en la cabeza con cada palabra.
Quería gritar, pero sabía que la escucharían. Así que apretó los dientes y dejó que las lágrimas corrieran en silencio. No podía dejar que el grupo se rompiera, no después de todo lo que habían pasado. Pero también sabía que no tenía una solución. Y entonces, una idea apareció en su mente. Un pensamiento que parecía razonable, casi lógico en medio del caos:
Quizás, si… Desaparecía, si dejaba que Celine terminara lo que hace tiempo tuvo que haber hecho, capaz podrá liberarse de este dolor. De esta culpa.
Era una excusa. Lo sabía. Una justificación envenenada para evitar enfrentar lo que realmente pasaba. Pero en su mente desesperada, parecía lo único que tenía sentido.
Las marcas se extendieron un poco más, trepando hacia su hombro, latiendo como si celebraran su sacrificio silencioso. Después del Idol Awards, irá donde Celine y le dará un fin a todo esto, una vez la Honmoon se vuelva dorada, dejará de desestabilizarse, volverá a ser fuerte y todos los demonios serán eliminados de la tierra, incluida ella.
El descanso terminó, las otras dos chicas volvieron a la práctica. Al entrar a la sala, notaron a Rumi bailando en frente del espejo, dando todo de sí misma. A lo mejor si necesitaban darse un respiro, los pasos de Rumi eran precisos y fuertes, puede que esta vez sí puedan practicar en sincronía.
Pero eso es solo un pensamiento absurdo.
Al empezar a practicar nuevamente, Rumi marcando el ritmo y cantando, Zoey rapeando sus partes y Mira demostrando sus habilidades de baile, la situación explotó inesperadamente unas horas después.
“¡Rumi, ese paso va con el brazo izquierdo, no con el derecho! ¿Lo vas a hacer mal otra vez?”
La frase de Mira fue cortante, como un látigo. El aire se congeló. Rumi parpadeó y dio un paso hacia atrás, sorprendida. Zoey abrió la boca para intervenir, pero no alcanzó a decir nada.
Rumi respiró hondo. “Estoy bien, Mira. Solo fue un error.”
“Un error que cometiste cuatro veces. ¿Estás segura que estás bien? Porque nos estás haciendo perder tiempo.”
“¡Mira, ya basta!” intervino Zoey, ahora alzando la voz, alarmada.
Mira cruzó los brazos, el ceño fruncido con una mezcla de rabia y desilusión. "Si no puedes con esto, dilo de una vez. No tenemos tiempo para que estés titubeando."
Rumi apretó los puños a los costados. Quería mantener la compostura, pero sus ojos empezaban a humedecerse de nuevo. "Lo dije, fue un error. No necesito que me griten por todo."
Zoey dio un paso adelante, interponiéndose entre ambas. "¡Ya basta, por favor! Esto no es una competencia entre nosotras."
Mira desvió la mirada, mordiéndose el labio, pero sin responder. La tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo. Incluso la música, aún sonando desde los altavoces, parecía más baja, casi como si se acobardara ante el ambiente hostil.
Rumi, con los ojos clavados en el suelo, susurró: "Estoy haciendo lo mejor que puedo... solo necesito que confíen en mí."
El silencio volvió, más incómodo que antes. Zoey las miró a ambas, su voz temblorosa pero firme. "Si seguimos así, no vamos a llegar a ningún lado. Tenemos que hablar. Las tres. Sin gritar, sin escondernos."
“No creo que tengamos algo de qué hablar si ‘alguien’ decide esconder todo, de nuevo.”, lanzó con dureza la bailarina contra la líder. Una reacción de sorpresa se vió en la cara de la rapera, cubriendo su boca con las manos.
“Sé que estás hablando sobre mí, no tienes porque atacar de esa manera. No estoy escondiendo nada, ya lo he dicho antes.”, Rumi habló con dureza, cruzando sus brazos mirando a la más alta. “Solo estoy estresada, la Honmoon corre peligro, los Idol Awards son en menos de una semana y necesitamos hacer algo, una canción, que permita que la Honmoon se vuelva dorada. Golden estuvo tan cerca de hacerlo…”
“Y ahora menos lo estará si no estamos unidas… Rumi, te queremos. Hemos estado deshaciéndonos de los demonios por años, las tres. Me duele tener que discutir así, no quiero que suceda lo de la última vez, pero si sigues evitandonos… Actuando de la manera que estás actuando, no vamos a lograr que la Honmoon se arregle.”, Mira habló con sinceridad.
Zoey miraba a las dos, un sentimiento de tranquilidad llenaba su corazón al ver que las dos chicas que más ama estaban hablando, resolviendo el problema. “Mira tiene razón, no podemos seguir discutiendo y tu tienes que dejar de actuar tan secretiva. Nos vas a hacer pensar lo contrario, que estás escondiendonos algo importante otra vez y que seguramente lo descubriremos cuando sea muy tarde, lo cual podría hacer que te odiemos por la eternidad al mentirnos.”, la rapera se rió levemente después de soltar aquella bomba hacia la líder, accidentalmente.
“Zoey..”
“¿Qué? Oh, oops- Pero tú entiendes nuestro punto, ¿no?”
Rumi se resignó y sonrió levemente, “Si, lo entiendo. Lo siento por hacerlas preocupar, solo estoy estresada. No hay nada más. Hagamos lo posible para evitar que Gwi-ma se aproveche de la desestabilidad de la Honmoon.”
“Happy fans… Happy Hooooonmoon!”, las tres gritaron en unísono, uniendo sus manos en el centro y llevándolas hacia arriba una vez terminada la frase.
La sala de prácticas quedó en completo silencio tras ese grito de unidad. Un último eco rebotó en las paredes, mientras las tres chicas se miraban con una tenue sonrisa en los labios. El aire seguía siendo tenso, pero por primera vez en esa semana, parecía que había una rendija de luz.
"Terminamos por hoy", dijo Rumi, tomando su botella de agua y limpiándose el sudor con una toalla. Mira asintió, soltando un suspiro largo y exhausto. Zoey simplemente asintió en silencio, con una sonrisa que no alcanzaba a tocar sus ojos.
Regresaron a casa esa noche con la determinación renovada. La Honmoon debía ser salvada, y la única manera de hacerlo era a través de una nueva canción. Una que lo dijera todo. Que no dejará espacio para dudas. Una canción que pusiera fin a los demonios.
“... ¿Alguna tiene idea de que escribir?”, Anunció Zoey primero.
“Nope.”
“Nuh uh.”
“... Damn.”, Zoey dijo, rindiéndose mientras se lanzaba al sillón con su cuaderno en mano.
“Vamos, algo tiene que salir, uh… ¿Qué es lo que más odiamos?”, dijo Zoey.
“A los demonios, duh.”, sin duda alguna, respondió Mira.
Rumi se aclaró la garganta, “Además de los demonios… ¿Qué más podemos agregar?”
“¡Oh! Lo sé, lo sé- A ese boy group, ¿cómo se llaman? ¡A los Saja Boys! Son todos unos idiotas, leí que uno de los integrantes empujó a una fan porque la fan solo quiso pedir un autógrafo, ¡Hay videos y todo!”, dijo con cierto énfasis la rapera.
“No puedo creer que las personas aún así los sigan… Soda Pop tampoco es que sea tan buena.”
“... Es algo catchy.”
“Zoey, no.”
“... You’re my soda pop, my little soda pop-”
“¡Zoey!”
“¡Okay, okay! Perdón…”
Rumi se rió levemente, ver a las dos chicas pelear de manera juguetona de cierto modo la hizo acordar a los viejos tiempos.
“Igual como los odio, ¡Todos los male idols son iguales!, siempre sale una noticia de que algún integrante de un boy group ha hecho algo en contra de sus fans o peor.”, replicó Zoey cruzando los brazos.
“Simplemente hay que derribarlos, como derribamos a los demonios.”, Mira asintió con firmeza mientras Zoey aprobaba su comentario con sus dos dedos pulgares hacia arriba.
“Derribar… ¡Derribar, eso es!”, Rumi saltó de su asiento, mirando a la rapera y a la bailarina, las cuales la miraban de vuelta con sorpresa, “¡Takedown, ese será el nombre de la canción!”
“So sweet, so easy on the eyes, but hideous on the inside…”, pensó Zoey en voz alta mientras miraba a las demás integrantes esperando alguna aprobación con que se unieran a crear la letra.
“Whole life spreading lies, but you can’t hide”, añadió Mira con certeza.
“Baby, nice try!”, Rumi fue la última en unirse, con cierta alegría emanando en su vista.
“¡Me gusta! Ya tengo una idea para la letra, ¡Lo estamos logrando, chicas!”, Zoey abrió su cuaderno para empezar a escribir de una vez, Rumi tomó la guitarra eléctrica, conectandola al equipo de producción que tienen mientras que Mira se unía al piano, preparando una instrumental que sirviera como referencia para empezar a realizar su nueva canción para el próximo Idol Awards.
Comenzaron a trabajar en la letra, cada línea nacía con fuerza.
So sweet, so easy on the eyes, but hideous on the inside
Whole life spreading lies, but you can't hide, baby, nice try
I'm 'bout to switch up these vibes, I finally opened my eyes
It's time to kick you straight back into the night
Zoey anotaba frenéticamente mientras cantaba las frases. Mira asentía con el ritmo, golpeando las teclas con fuerza y precisión. Rumi no decía nada, pero sus acordes eran tan agresivos como los versos. Por dentro, sin embargo, cada verso era una herida abierta.
Cause I see your real face and it's ugly as sin
Time to put you in your place 'cause you're rotten within
When your patterns start to show, it makes the hatred wanna grow outta my veins
Rumi sentía una punzada interna. Aquellas frases golpeaban directo en su pecho, como si la canción hablara de ella. Pero mantenía su rostro sereno, sonriendo y tocando como si nada pasara. No podía permitir que lo notaran. No ahora. No cuando estaban tan cerca.
I don't think you're ready for the takedown
Break you into pieces in a world of pain 'cause you're all the same,
yeah, it's a takedown
A demon with no feelings, don't deserve to live, it's so obvious
Recitó Mira al compás del piano, cada palabra cayendo como una sentencia. Rumi tragó saliva. No dijo nada, no cambió su expresión, pero por dentro su corazón se tensó. Aquella línea le caló como hielo en la piel. Una parte de ella sentía que era una indirecta, un reflejo de lo que ocultaba. Pero no podía ceder. No ahora.
Mira se levantó del piano y empezó a marcar pasos de baile. “It's a takedown, I'ma take you out, you break down like, 'What?'” cantó con una sonrisa orgullosa.
“정신을 놓고 널집 밟고 갈을 시겨놔!” (tl. Let go of your mind, I’ll stomp you down and carve it in) gritó Zoey en perfecto coreano, y Mira soltó una carcajada.
“¿Eso fue una amenaza directa?” preguntó, divertida.
“Totalmente”, respondió Zoey con una sonrisa afilada.
Terminaron de escribir la canción entre carcajadas, versos afilados y una melodía poderosa que parecía contener todo el peso de sus emociones. Cuando el último "Da-da-da, down" resonó en la sala, las tres quedaron en silencio, respirando agitadas pero con el pecho henchido de orgullo.
Zoey fue la primera en romper el silencio. “Chicas, lo hicimos. Esta canción es fuego.”
Mira se dejó caer al suelo, exhausta pero satisfecha. “Sí... y da miedo lo buena que quedó.”
Rumi se sentó con cuidado junto a ellas, dejando la guitarra a un lado. No dijo mucho, pero su expresión lo decía todo. Aunque cada palabra la había sacudido por dentro, había logrado mantenerse firme. A pesar de que las frases sobre demonios le calaban hasta el alma, no podía darse el lujo de flaquear. La Honmoon dependía de ellas. De esta canción.
Zoey se acercó y rodeó con un brazo a ambas. “Estoy orgullosa. De nosotras. Aunque discutimos antes, al final... esto, esto es lo que somos. Un equipo. Un equipo que va a ganar los Idol Awards, salvar la Honmoon y patear traseros demoníacos.”
La noche ya había caído sobre Seúl cuando las tres chicas, agotadas pero satisfechas, se permitieron relajarse por fin. El penthouse estaba en calma; luces suaves iluminaban la sala y la brisa nocturna se colaba por las ventanas abiertas. La energía que había rodeado la creación de "Takedown" seguía flotando en el aire, como un eco potente de algo más profundo que una simple canción.
Zoey estaba sentada en el suelo, con su cuaderno sobre las rodillas, repasando los versos una y otra vez. Aunque cansada, una sonrisa persistente decoraba su rostro. "No puedo creer lo que hicimos hoy," murmuró, más para ella misma que para las demás. "Esto va a sacudir a todos."
Mira, acostada de espaldas sobre el sillón con una almohada sobre la cara, gruñó en señal de acuerdo. "Si no nos cancelan por lo directo de la letra, claro."
"Pues si lo hacen, mejor. Así sabrán que dimos justo donde duele," respondió Zoey con una risa leve.
Rumi observaba en silencio desde la cocina, un vaso de agua entre las manos. Su sonrisa era pequeña, tenue. Cada parte de su cuerpo dolía, no por el esfuerzo físico, sino por el nudo constante en su pecho. Había sobrevivido a otra noche sin romperse. Había logrado sostener la fachada.
"Me alegra que estemos... más unidas," dijo Rumi finalmente, apoyándose contra el marco de la puerta. Su voz era baja pero sincera. "Gracias por no rendirse conmigo."
Zoey alzó la vista y sonrió de oreja a oreja. "Nunca podríamos, Rumi. Somos un equipo, ¿recuerdas? Las chicas HUNTR/X no abandonan."
Mira se sentó con lentitud, lanzando la almohada a un lado. "Y si alguna lo hace... la traemos de vuelta. Con patadas, si es necesario."
Rumi río suavemente. Agradecía esas palabras más de lo que podía decir en voz alta. Pero en su interior, el pensamiento seguía firme y frío, como una sombra adherida a su corazón: después del Idol Awards, todo terminaría. Esa sería su forma de protegerlas. Su despedida silenciosa.
"Vamos a dormir," dijo finalmente, dejando el vaso en el fregadero. "Merecemos descansar."
Zoey y Mira asintieron. Cada una se retiró a su habitación, arrastrando los pies por el cansancio, pero con el alma un poco más ligera.
Rumi, sin embargo, se quedó unos minutos más, observando la noche desde el ventanal. Colocó una mano sobre su pecho, justo donde sentía el latido irregular de su corazón. Las marcas bajo su piel no habían desaparecido. Pero por ahora, podía fingir que todo estaba bien.
"Un poco más... Solo un poco más," susurró al reflejo en el cristal. "Aguanta, Rumi. Solo hasta que la Honmoon se vuelva dorada."
La semana siguiente comenzó con una tormenta silenciosa. A medida que se acercaba el esperado Idol Awards, el ambiente se tornaba cada vez más denso. Cada día estaba cronometrado al segundo: entrevistas, ensayos, revisiones de vestuario, reuniones con el equipo de producción... pero nada de eso podía competir con la presión que latía bajo la piel de Rumi.
A pesar del caos aparente, cada una de las integrantes de HUNTR/X encontraba momentos fugaces de calma. Zoey pasaba las noches escribiendo versos en su cuaderno, usualmente con audífonos puestos y ritmos acelerados resonando en su cabeza. Mira canalizaba su tensión en rutinas de baile nuevas, inventando pasos que a veces ni ella podía seguir. Y Rumi…
Rumi observaba. En silencio. Estudiaba sus propias manos, la expresión de sus compañeras, los patrones en la Honmoon. No dormía mucho. Cada noche se encerraba en la sala de ensayo vacía, como si buscara respuestas entre las paredes sudadas y los ecos del pasado.
La noche anterior a los Idol Awards, las tres chicas estaban en sus respectivas habitaciones. El penthouse estaba en silencio, pero no era un silencio cómodo. Era la calma antes del huracán.
Rumi se miraba en el espejo, con el vestuario de "Takedown" ya colgado cerca de la cama. El traje brillaba con un dorado metálico, un simbolismo poderoso. Si todo salía bien, esta sería la canción que devolvería el equilibrio a la Honmoon. Pero también sería su canto final.
Abrió su cuaderno personal, uno que había guardado con recelo desde el inicio de su carrera. Entre las hojas había letras nunca cantadas, pensamientos enterrados y... una carta. Comenzó a escribirla con mano temblorosa, como quien deja instrucciones para los que se quedan.
Queridas Zoey y Mira,
Si están leyendo esto, significa que todo salió bien. Que la Honmoon volvió a brillar, que Gwi-ma fue sellado, y que ustedes están a salvo. Siento no haberles dicho todo... Nunca fue por falta de confianza, sino por miedo. Miedo a perderlas, a hacerles daño. A ser quien arruinara lo que construimos juntas.
Yo… Soy mitad demonio, nunca pude decirles. Tuve que esconderme porque todo lo que nos han enseñado indican que yo soy una anomalía… Un error… Y aunque traté de ser fuerte, de merecer su amor y respeto, hay cosas que no se pueden borrar. Pero si con esto logro salvarlas, entonces todo valdrá la pena.
Gracias por amarme incluso cuando no lo merecía.
Con todo mi corazón, Rumi .
Dobló la carta con cuidado y la guardó bajo su almohada. Luego, salió al balcón y miró hacia las luces de la ciudad. Sintiendo el viento en la piel, respiró profundo.
"Mami... si puedes verme, dame fuerzas para hacer esto bien."
El día del Idol Awards amaneció brillante y agitado. Las chicas fueron llevadas al backstage en una van negra, rodeadas de guardaespaldas, staff y maquillaje. El corazón de Rumi latía con una mezcla de emoción y desesperación. A cada paso sentía que la energía dentro de ella estaba llegando al límite, como si el simple hecho de respirar pudiera desencadenar algo imposible de controlar.
Durante el maquillaje, Zoey tomó su mano en silencio. Rumi la miró, sorprendida. "No estás sola, Rumi. Nunca lo estarás."
Mira, a su lado, asintió mientras acomodaba los broches en su cabello. "Vamos a brillar juntas. Las tres."
Y por un momento, Rumi casi se permitió creer que todo podía salir bien.
Antes de subir al escenario, las chicas se sentaron juntas en el camerino, vestidas ya con sus trajes dorados, rodeadas por el murmullo del staff que entraba y salía. Había una energía palpable en el aire, una mezcla de nerviosismo y emoción que agitaba sus corazones.
Zoey fue la primera en romper el silencio. "Recuerdo cuando apenas sabía rapear en tempo, cuando apenas aprendía en Estados Unidos y siempre me pasaba los descansos sola con el propósito de practicar. Y ahora... estoy aquí, a punto de destruir un escenario junto a ustedes."
"Eras buena desde el primer día, solo necesitabas creerlo," dijo Mira, cruzando una pierna sobre la otra. "Y ahora hasta rimas en dos idiomas. Te mereces estar aquí tanto como cualquiera."
Rumi sonrió, mirándolas con ternura. "Siempre supe que formaríamos algo grande. Desde el momento en que las vi, sentí que nuestras almas estaban destinadas a conectarse."
Zoey hizo una mueca, con un sonrojo leve. "Eso fue... sorprendentemente cursi, Rumi."
"Cursi pero cierto," dijo Mira, soltando una risa suave.
El ambiente era cálido, fraternal. Pero como si algo invisible lo presintiera, la armonía se rompió con una frase imprudente.
"Pase lo que pase, hoy terminará lo que comenzó hace años," dijo Rumi sin pensarlo, mirando su reflejo.
Zoey levantó una ceja, confundida con las palabras de la líder. "¿Qué? ¿Qué significa eso?"
Rumi parpadeó. "Nada, solo una forma de hablar. Me refiero a que... hoy, la Honmoon se va a completar, hoy lograremos que sea dorada, tal como Celine nos ha dicho."
Mira se puso de pie con brusquedad. "Eso no es lo que dijiste. Dijiste 'terminará lo que comenzó hace años'. Eso suena a otra cosa. Rumi, ¿qué estás escondiendo?"
"No estoy escondiendo nada, en serio. Solo fue una expresión."
"Siempre tienes una excusa lista, ¿no?" dijo Mira, con el rostro tenso. "Nos prometimos no ocultarnos cosas. Y justo antes de salir al escenario, dices algo como eso."
Zoey se cruzó de brazos, su voz más baja con preocupación, pero firme. "Rumi... dime que no estás planeando algo. Dime que no estás..."
"No estoy planeando nada. Solo quiero que todo salga bien," interrumpió Rumi con un tono más alto de lo habitual, pero también más frágil.
Mira resopló. "Me cuesta creerte cuando no puedes siquiera mantener una mirada sin temblar. Si algo pasa hoy y no nos lo contaste, no te lo voy a perdonar."
El silencio llenó el camerino. Zoey bajó la mirada, insegura. Rumi, con la garganta cerrada, no pudo encontrar las palabras correctas.
Un asistente llamó desde la puerta. "Cinco minutos."
Mira fue la primera en salir. Zoey le siguió, antes mirando entre si quedarse con Rumi o ir con Mira, optando por la última opción, dudosa. Rumi se quedó sola por un segundo, su reflejo temblando ante sus propios ojos. Y por un momento, volvió a pensar que podría decirlo todo. Pero ya era demasiado tarde.
La presentación comenzó con "Golden". Las luces del estadio se apagaron por un instante, dejando a la multitud en un silencio tenso, anticipando lo inevitable. Entonces, una lluvia de destellos dorados cayó sobre el escenario, como si la Honmoon misma los bendijera. La primera nota resonó, suave pero poderosa, marcando el inicio de la canción más simbólica de HUNTR/X.
Rumi comenzó con su parte, su voz clara y firme llenando el aire. Mira siguió con un solo de danza hipnótico, mientras Zoey continuaba contando su historia dentro de la canción. El público coreaba cada palabra, y poco a poco, sobre el escenario, un cambio sutil comenzó a notarse: la Honmoon empezaba a brillar con un tono dorado tenue, como si respondiera a la emoción colectiva.
Cuando Rumi alcanzó su solo, la atmósfera se transformó. Su voz alcanzó una nota aguda, y la luz de la Honmoon vibró como si la melodía la despertara. Zoey y Mira intercambiaron miradas breves pero intensas, notando el cambio. No fue coincidencia. La canción estaba funcionando. Lo que antes era un sueño imposible, ahora era visible ante sus ojos.
Terminaron "Golden" con una explosión de luz y un último acorde extendido. El escenario tembló de emoción, y el público enloqueció. Las tres chicas se tomaron de las manos, respirando agitadas pero con sonrisas sinceras. Por un segundo, se sintió como si nada pudiera salir mal.
Pero entonces, se apagaron nuevamente las luces. Un beat grave y distorsionado retumbó en los altavoces. Era el inicio de "Takedown".
Zoey entró en escena con una energía feroz, escupiendo su verso inicial con una precisión afilada. Mira le siguió con una coreografía imponente, cada paso cortando el aire como un latigazo. Y luego, en el centro del escenario, Rumi emergió entre columnas de fuego dorado, su voz resonando con firmeza en cada palabra.
El público enloquecía con cada movimiento, cada frase cargada de rabia y verdad. Pero para las chicas en el escenario, la armonía era frágil. Los ojos de Mira, por momentos, no buscaban al frente sino a Rumi. Su enojo aún no había desaparecido del todo. Zoey, aunque concentrada, tenía los labios apretados, como si contuviera una pregunta sin respuesta.
Y sin embargo, todo funcionaba. Era como si la canción misma canalizara su tensión. Cada paso, cada mirada, cada nota, tenía más fuerza precisamente por lo que no se había dicho.
Cuando el primer estribillo estalló, Rumi giró hacia sus compañeras. La luz dorada la iluminaba con intensidad sobrenatural. Sus ojos buscaron los de Mira. Por una fracción de segundo, se encontraron. La coreógrafa no sonrió, pero asintió con firmeza. Fue suficiente.
La segunda estrofa vino con más fuerza. El puente antes del clímax elevó la tensión hasta un punto insoportable. Los visuales tras ellas mostraban figuras encapuchadas, demonios cayendo en pedazos, y finalmente una luna dorada cubriendo todo.
Y entonces, Rumi se adelantó unos pasos.
Su voz se alzó con una claridad que silenció incluso a los fans.
A demon with no feelings don't deserve to live, it's so obvious.
La frase de Rumi cortó el aire como una sentencia final. No fue solo una línea cantada, fue una declaración de guerra. La luz dorada de la Honmoon se intensificó de golpe, temblando en lo alto como si respondiera al clamor de su voz. El escenario pareció retumbar con un eco sobrenatural.
En ese preciso instante, el público enmudeció. Las luces titilaron con violencia, los paneles LED comenzaron a mostrar imágenes distorsionadas de la Honmoon y de Rumi misma, su rostro superpuesto con figuras demoníacas que parecían intentar escapar de la pantalla. Los fans no sabían si era parte del acto o si algo realmente estaba mal.
Zoey giró hacia Mira con los ojos muy abiertos. Ambas se miraron por un segundo que pareció eterno. Esa era la línea más impactante de toda la canción, la que habían discutido juntas durante horas, asegurándose de que tuviera el peso emocional que merecía. Y, sin embargo, al escucharla de la voz de Rumi, cargada de tanta determinación, parecía distinta. Más final. Más desesperada.
Mira sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo no estaba bien. Esa entrega... ese tono. No parecía interpretación. Parecía despedida.
El resentimiento previo se convirtió en miedo, agudo y real.
Mira, que hasta hace unos minutos aún arrastraba la molestia de lo dicho en el camerino, sintió que todo eso se desmoronaba. La forma en que Rumi se había entregado a esa línea, con tanta convicción, tan ajena a su expresión habitual... le helaba la sangre. Porque la conocía, la conocía demasiado bien. Y sabía que eso no era actuación.
Zoey se movió con más energía de lo previsto, no por la coreografía, sino por la angustia. En su pecho se mezclaba la euforia del escenario con una tensión creciente que no podía explicar. Seguía cantando, seguía bailando, pero sus ojos estaban clavados en la figura central: Rumi, con su cabello moviéndose al ritmo de los ventiladores, su cuerpo firme, pero su energía cada vez más extraña.
El beat de "Takedown" marcaba el final del clímax. La luna dorada palpitaba con cada nota, cada verso, cada pisada contra el escenario. Todo había sido planificado al detalle. Todo menos esto.
Las venas en el cuello y los brazos de Rumi comenzaban a iluminarse, apenas perceptibles al principio. Zoey creyó que era parte de las luces. Mira no. Mira ya sabía que eso no estaba en la puesta en escena.
Y entonces, durante el baile del puente instrumental, Rumi cayó brevemente sobre una rodilla. No estaba coreografiado. Su mano se aferró al suelo como si le faltara equilibrio.
"¡Rumi!" alcanzó a decir Mira sin micrófono. Estaba demasiado lejos para alcanzarla sin romper la formación.
Rumi se levantó. Se colocó en posición. Y entonces, alzó la cabeza. Sonrió.
En un parpadeo imperceptible, desapareció del escenario. Una estela oscura y morada, como niebla atrapada en un remolino de luz, marcó el punto donde había estado.
El público chilló, confundido. Mira y Zoey miraron a su alrededor, perplejas. Rumi había desaparecido. No se había caído, no había sido retirada por el staff... simplemente se había desvanecido en el aire, como si fuera humo disipado por el viento.
"¿Viste eso...?" murmuró Zoey, sin aliento.
Mira asintió lentamente, sin apartar la vista del lugar donde Rumi había estado. "Eso no fue un efecto. No estaba en el guión."
"¿Se… teletransportó?"
“¿Pero como…? Solo los demonios pueden teletransportarse… No. No me digas que…”
Ambas se quedaron en silencio. Era imposible. Ninguna de las dos sabía que Rumi tenía poderes demoníacos. Para ellas, era una cazadora más. Poderosa, enigmática, sí, pero humana. Verla desaparecer así lo cambiaba todo.
"No lo sabíamos...", dijo Zoey con un hilo de voz. "¿Por qué no nos lo dijo...?"
Mira, sin responder, comenzó a caminar con paso decidido hacia el backstage. Su rostro mostraba miedo, sí, pero también una determinación que Zoey no le había visto antes. Algo había más. Algo que le asustaba pero sin saber por qué.
Cuando las luces se apagaron definitivamente y el telón cayó, el caos se instaló tras bambalinas. Staff corriendo, gritos por los radios, directores preguntando qué demonios había pasado con Rumi. Mira y Zoey salieron del escenario sin aliento, sus cuerpos empapados en sudor, pero sus mentes ocupadas en una sola cosa: ella.
"No puede haberse ido así, sin decirnos nada," dijo Zoey, su voz ahogada por la adrenalina y la angustia.
"No... esto no es normal. Algo está mal, muy mal," respondió Mira, con los ojos enrojecidos. "No desapareces en medio del escenario como si nada. Esto no fue parte del show."
“Ella… Aunque fuera demonio… Ella no ha hecho nada malo, ¿verdad? La conocemos de años…”, Zoey agregó, mirando a Mira con inseguridad.
“... Ella sabia que no reaccionaríamos de la mejor manera.”
“¡Pero igual tratariamos de entender la situación, ella lo sabe!”
“No sirve de nada pensar en eso ahora, Zoey. Tenemos que encontrarla. Hay algo que no me gusta, no estoy… No estoy tranquila. Hay algo que está mal.”
La noche era espesa como la tinta, cargada de presagios y silencios contenidos. En el penthouse, el eco de la presentación aún se sentía en el aire, pero la habitación de Rumi estaba en completo silencio. Zoey revolvía cajones, libros, incluso detrás del espejo, mientras Mira levantaba con cuidado las mantas de la cama.
"Dijiste que notaste algo raro... que hablaba como si fuera a irse. Tiene que haber dejado algo," murmuró Mira, buscando con los ojos encendidos por la urgencia.
Fue entonces cuando sus dedos toparon con algo firme bajo la almohada. Lo sacó lentamente: una carta, doblada con cuidado, con su nombre y el de Zoey en la portada. El corazón le dio un vuelco.
"Zoey... lo encontré."
La menor corrió hacia ella, y juntas desplegaron el papel. Las primeras palabras hicieron que el mundo se les encogiera.
"Queridas Zoey y Mira..."
Y supieron con esas primeras líneas, que algo había sido decidido sin ellas, no pudieron terminar de leer la carta, temían que el podría pasar si seguían leyendo. Ambas decidieron correr lo más antes posible a buscar a Rumi, tenían una idea de donde podría estar y… Esperaban estar equivocadas de lo que próximamente se pudieran encontrar.
Zoey y Mira empujaron una puerta lateral con fuerza, corriendo fuera de su penthouse hacia el bosque, algo les decía que estaría ahí y esperaban que no fuera tarde. Sus rostros estaban tensos, los ojos buscando desesperadamente entre la penumbra, recorriendo el bosque, guiadas por el resplandor lejano de la Honmoon que se alzaba sobre la colina. El corazón de ambas latía al ritmo de una certeza que temían confirmar.
Atravesaron el sendero que conducía al antiguo claro del ritual: un sitio sellado, olvidado por los cazadores modernos, donde un gran árbol crecido desde la piedra marcaba el centro exacto de la tierra consagrada. Allí, entre las raíces de ese árbol colosal, aguardaba Celine.
Pero había algo más.
No.
No puede ser.
Oh no.
Frente a ellas, de pie, con la espada ceremonial todavía temblando entre sus dedos, estaba Celine.
La sangre caliente de Rumi manchaba la hoja. Las manos de Celine estaban firmes, pero su rostro... su rostro parecía tallado en piedra. Solo sus ojos traicionaban la grieta interna: una mezcla de alivio y devastación.
"Lo terminé, Miyeong... Te lo prometí. Y al fin... lo hice. Todos los demonios fueron sellados…"
Rumi yacía sobre la marca sellada con los símbolos de la Honmoon, una expresión de paz - o resignación - dibujada en sus labios. Su cuerpo comenzaba a disiparse en fragmentos de luz y ceniza violeta, como si el demonio dentro de ella finalmente se hubiera rendido.
"¡RUMI!"
El grito de Mira se ahogó al instante al ver el cuerpo de su líder, su amiga… No… el amor de su vida, deshaciéndose como polvo estelar.
"¡NO! ¡NO! ¡QUÉ HICISTE!"
Mira cayó de rodillas junto al círculo, intentando con manos desesperadas detener lo inevitable, mientras Zoey se congelaba, incrédula, con el aliento atrapado en la garganta.
Celine no se movió. Solo bajó lentamente la espada.
"Era lo que debía hacerse. Rumi... nunca debió existir."
Zoey reaccionó. "¡Cállate! Ella salvó la Honmoon, ella nos salvó a todos."
"Y para salvarnos, tenía que morir. No fue odio... fue compasión. Rumi eligió esto."
Zoey, temblando, sacó algo del bolsillo de su chaqueta. Un papel arrugado.
La carta.
No la leyeron completa.
La maldita carta.
Sus labios apenas pudieron leer las siguientes palabras de donde lo habían dejado, pero ya sabía. Ya sabía lo que diría. Y ese conocimiento la destrozó.
La carta resbaló de sus dedos.
Mira, sin decir palabra, se acercó a Zoey y la abrazó con fuerza, mientras ambas observaban la luz final de Rumi desvanecerse lentamente entre fragmentos etéreos de violeta y oro. El silencio era absoluto, roto solo por los sollozos contenidos de Zoey, cuyo rostro estaba hundido en el hombro de Mira. Ninguna de las dos tenía palabras. Ninguna sabía qué decir que pudiera revertir lo que ya había sido hecho.
El círculo dorado al borde del claro seguía palpitando suavemente, como si la energía de Rumi todavía estuviera impresa en él, en cada runa antigua y cada piedra consagrada. La Honmoon en lo alto resplandecía con un brillo sereno y perfecto, como si celebrara la purificación final, ignorando la tragedia que acababa de consumir a quienes la protegían.
Zoey se separó apenas de Mira, limpiándose las lágrimas con torpeza. Su mirada estaba vacía, pero determinada. Caminó hasta la hoja que había dejado caer, la carta de Rumi, ahora manchada por la tierra y el rocío. La alzó con manos temblorosas y esta vez, leyó en voz alta:
“Nunca fue por falta de confianza, sino por miedo. Miedo a perderlas... a hacerles daño. A ser quien arruinara lo que construimos juntas..."
Su voz se quebró al final. Mira se acercó y tomó una esquina del papel, leyendo en silencio junto a ella. Las últimas palabras estaban escritas con tinta corrida, como si hubieran sido trazadas entre lágrimas.
"Gracias por amarme incluso cuando no lo merecía."
Mira apretó la carta contra su pecho. "Ella nunca tuvo que hacerlo sola... nunca debió llevar todo esto sobre sus hombros."
Zoey asintió, y luego su mirada se deslizó hacia Celine, que aún permanecía en pie frente al árbol, como una estatua.
"Sabías que esto pasaría," dijo Zoey en voz baja pero cortante.
Celine no negó. Hablo con una voz firme. "Ella lo sabía también. Me buscó esta noche. Dijo que quería terminar con todo de una vez. Que sabía que ya no podía contener lo que llevaba dentro."
"¡Podríamos haberla ayudado! ¡Había otra forma!", gritó Zoey, pero sus palabras se ahogaron en la noche. La rabia y la tristeza se entremezclaban en su garganta.
Celine bajó la mirada. "No la hubo. No cuando la Honmoon empezó a sangrar por su existencia. No cuando el equilibrio estaba tan cerca de romperse. Ella lo entendió antes que todas. Fue valiente."
Mira se alejó de ambas, caminando hasta el centro del círculo donde solo quedaba una pluma del atuendo de Rumi y su collar con el símbolo de HUNTR/X. Se agachó, lo tomó con delicadeza y volvió a reunirse con Zoey.
"No importa si fue valiente," dijo Mira con un hilo de voz. "Lo hizo sola. Y eso es lo que más duele."
El viento se levantó, llevándose los últimos restos de luz que quedaban donde Rumi había estado. Zoey cerró los ojos, como si buscara atrapar con su memoria el último eco de su voz, el último destello de su sonrisa.
A lo lejos, el resplandor de la Honmoon seguía visible entre las nubes que volvían a cubrir el cielo. El mundo había sido salvado. Pero a un precio que ni la gloria ni la paz podrían devolverles.
Esa noche, en silencio, ambas juraron algo que no necesitó palabras.
HUNTR/X terminaría aquí.
La Honmoon brillaba ahora con un dorado puro, perfecto.
Pero ya no importaba.
Porque Rumi no estaba para verlo.
