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Lo Que Tus Ojos Jamás Vieron

Chapter 2: Una Charla Pendiente

Summary:

Una charla que jamás debió ocurrir… y otra que ocurrió en el momento perfecto.

Notes:

Hola!!! Ya llegué con el capítulo 2 ৻( •̀ ᗜ •́ ৻), en este capítulo aparecerá un poco de Jericho al principio, así que será un poco más pesado que los otros.

🚨⚠️ ¡¡¡¡¡¡Advertencia!!!! ⚠️🚨 El siguiente capítulo trata temas como el grooming (acoso a un menor) y homofobia.

Trate de no ponerlo de forma tan explicita, principalmente porque me sentí incomoda escribiéndolo, así que en caso de que alguien quiera saltárselo, avancen hasta el primer salto del capítulo, ese donde pongo el nombre del capítulo en negritas para Wattpad o la línea para ao3.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

— Yo… es que… veras… — el pequeño rubio agachó la cabeza tratando de esconder su sonrojo, jugueteando con sus manos mientras buscaba el coraje para terminar su confesión. — A mi- Yo estoy- ¡Estoy enamorado de Tristán! — admitió por fin, alzando levemente la voz con esa última sentencia.

A pesar de sentir como la sangre subía rápidamente hacia su rostro y como un montón de mariposas revoloteaban en su estómago… se sentía feliz.

Por fin lo había dicho en voz alta, por fin tuvo el valor de decirle a alguien más todo lo que sentía.

— …¿qué?... — la respuesta ahogada de su maestra no tardó en llegar.

— ¡Me-Me gusta Tristán! — repitió esta vez con voz firme, sin notar el efecto que sus palabras tuvieron en la mujer. — ¡No sé cuándo empezó, pero estoy seguro de ello! No quiero separarme de él, quiero-¡quiero decírselo, pero no sé cómo! —.

— * … esto no puede estar pasando… *— el niño seguía hablando y divagando sobre cómo se había dado cuenta de sus sentimientos, de como no podía dejar de pensar en el príncipe, de cuanto le gustaba estar con él…

Y Jericho… Jericho no podía evitar ver el brillo en sus ojos magenta mientras hablaba de quien él creía amar, mientras ella se derrumbaba con cada una de sus palabras.

— “Alma gemela o no, Elaine es el amor de mi vida” —.

Fue imposible no pensar en las crueles palabras que el hombre de su vida, su alma gemela por quien tanto tiempo espero, había pronunciado aquella tarde cuando decidió confesar lo que sentía.

Con una mirada vacía y sin poder moverse, continúo recordando los momentos que pasaron juntos, todas las aventuras, las risas y las lágrimas compartidas…

— “Jamás podre amar a alguien más como lo hago con ella” — la voz y figura de Lancelot se había desvanecido, dejando frente a ella el vivo retrato de su amado hablando de alguien más. — “Lo lamento...” — aquellas palabras pronunciadas con un deje de lastima no parecían coincidir con el entusiasmo que el hombre frente a ella parecía mostrar.

Poco a poco, con cada nueva palabra de adoración que salía de la boca de Ban, el vacío en su corazón comenzó a desbordarse con un nuevo sentimiento que se esparció por su cuerpo, forzándola a cerrar sus puños con fuerza mientras escuchaba el propio rechinar de sus dientes.

— … suficiente… — pronunció en voz baja mientras funcia el ceño. — ¡Dije que ya es suficiente! — gritó para luego acercarse al hombre dando un par de zancadas.

— …¿maestra?... — preguntó confundido el chico al ver como la mujer, a quien veía como una hermana mayor, lo sujetaba firmemente de sus brazos mientras su rostro era cubierto completamente por sus largos cabellos.

— Tú no sabes de lo que estas hablando… — dijo la mujer con voz rasposa, aun con la mirada baja, apretando cada vez más los brazos descubiertos del muchacho.

— ¿Qué estás diciendo? ¡Por supuesto, que se lo que digo! — le reclamó el niño con voz insegura. — La tía Diane dijo que- — su voz se corto con un pequeño quejido al sentir como las uñas de la mujer se clavaban en su antebrazo.

— ¿Tú tía Diane? ¡¿Tú tía Diane?! ¡¿Ella fue quien inicio todo esto?! — por supuesto que tenía que ser uno de ellos. — ¡¿Te das cuenta de la asquerosidad que estás diciendo?! —.

— … ¿qué- qué quieres decir? — preguntó asustado por el comportamiento de su maestra.

— ¡Es una abominación! — dijo mientras sacudía al niño sin medir sus fuerzas. — ¡A cualquiera que se lo cuentes te dirá lo mismo que yo! ¡¿Cómo no puedes darte cuenta de eso?! ¡¿Cómo es posible que-?! —.

 — ¡Suéltame, me haces daño! — y como si de un hechizo se tratase, el rostro de su maestra cambio, levantando por fin la mirada para encontrarse con los ojos aterrorizados del niño a quien había jurado proteger.

Con pánico, notó como delgados hilos de sangre comenzaban a correr por los brazos parcialmente congelas del pequeño rubio.

— ¿Maestra? — habló nuevamente el chico al ver sus ojos perdido. — … ¿te encuentras bien?... — preguntó preocupado mientras alzaba una de sus manos para limpiar las lágrimas que caían por las mejillas de su hermana mayor.

El rostro perplejo de la mujer rápidamente se transformó en uno de tristeza; dejándose caer de rodillas al suelo mientras sujetaba la mano que el chico había apoyado en su mejilla.

— Lancelot — pronunció su nombre mientras lo miraba con ternura sin dejar de llorar. — Mi querido Lancelot — dijo mientras cerraba sus ojos para concentrarse en su tacto. —* Jamás dejare… que ellos te manchen *— pensó mientras mordía su labio inferior en un intento por opacar su rabia.

— ¿Mancharme? — preguntó desconcertado el pequeño, tratando de alejar su mano del agarre de su maestra. — ¿Qué quieres decir?... Estas actuando extraña otra vez… — terminó con una risa nerviosa, sin saber cómo reaccionar.

De un momento a otro, la temperatura de la habitación comenzó a descender a la vez que Jericho abría sus ojos sin vida para mirar al príncipe de Benwick.

— Aun no lo entiendes, ¿verdad? — dijo mientras su mano se dirigía había el rostro del chico. — Lo que tu sientes no es real… Es un error… un error que aun podemos solucionar —.

La voz… La forma en la que hablaba era algo totalmente nuevo para el niño frente a ella, causando que un repentino escalofrío recorriera su columna, acompañado de una pesada piedra que se había alojado en su pecho, pidiéndole escapar.

— ¿Es-Estas segura de que no te golpeaste en la cabeza tú también? — eso era algo que ella misma le había enseñado. — Mejor iré por papá y mamá, ¿sí? — siempre haz caso a tu instinto.

Pero esta vez su instinto estaba equivocado, y ella debía hacérselo saber.

No había lugar más seguro que con ella.

La mujer se puso en pie de golpe, afianzando su agarre en el niño e impidiéndole salir del cuarto.

— Yo te conozco mejor que nadie — dijo mientras lo acercaba a su rostro. — ¿Crees que no sé lo que vas a hacer? ¡¿Enserio crees que ellos aceptaran todo esto?! — gritó al ver como el niño intentaba zafarse de su agarre.

— ¡Yo no-! — si Lance hubiese querido escapar, ya lo hubiese hecho. Pero incluso enfadado como estaba en ese momento, con la mirada llena de ira y fija en su objetivo, jamás se alejaría de ella.

Que asco — con esas palabras, soltó bruscamente al niño a la vez que lo apartaba de ella, provocando que este se quedara totalmente en blanco por el impacto de sus palabras. — Vaya decepción. Creí que eras mucho más inteligente que eso — dijo sin apastar su gélida mirada de él.

El rubio, por su parte, seguía totalmente paralizado, mirando fijamente la marca que su maestra había dejado en una de sus muñecas.

—* Tu no te iras *— podía escuchar la voz de su hermana mayor a lo lejos. —*Tu no serás como él… *—.

— ¿Por qué crees que Ban se molestaba cuando llegaban la cartas? — comenzó, apretando los dientes en un intento por enternecer su voz mientras el veneno de sus palabras escapaba de entre sus labios. — ¿Por qué crees que Elaine revisaba lo que escribías? ¡¿Acaso crees que ellos no sentían vergüenza?!  —.

Le partía el corazón ver como la respiración de Lancelot se volvía irregular a la vez que el chico mordía sus labios temblorosos en un vago intento por contener las lágrimas, pero ella estaba dispuesta a todo por garantizar su bienestar… incluso si eso significaba tener que lastimarlo…

— ¿Por qué crees que tu padre no quería venir? — decía a la vez que se agachaba para sujetarlo por los hombros. — Tu eres un chico inteligente. Dime que no notaste como todos te miraban mientras hacías el ridículo persiguiendo al príncipe Tristán y yo te creeré — pidió con una voz burlona, sabiendo que obtendría la respuesta que tanto esperaba. — Vamos, estoy esperando — dijo con un tono de victoria al ver las nuevas dudas que surgían.

— … yo… — todas las miradas extrañas que no comprendía, todos los comentarios dirigidos hacia ambos… el esfuerzo que hizo por estar con Tristán… ya no quería seguir pensando en eso… — … yo… — la angustia y desesperación comenzaron a invadirlo, dando espacio a un sentimiento que desconocía…

— Esta bien, Lancelot — dijo Jericho mientras lo abrazaba con delicadeza, recargando su mentón en el hombro del niño. — Es normal sentir vergüenza por tus errores… pero no debes preocuparte… yo me encargare de todo… — decía con calma mientras pasaba sus dedos por los cabellos del chico para darle consuelo.

El aroma a limones que caracterizaba a niño se hacia cada vez más y más presente en el aire, delatando su estado de nerviosismo e inseguridad.

— A partir de ahora, ya no volveremos a Liones — pudo sentir como el cuerpo de Lance se tensó ante sus palabras, intentando apartarla. — Por supuesto, eso incluye dejar las cartas también — dijo con una leve risita mientras formaba círculos con sus dedos en la rubia cabellera.

— ¿Qué? ¡Pero-! — esa leve protesta fue todo lo que necesito para saber que estaba haciendo lo correcto.

— ¡Lance! — lo llamó en voz alta a modo de reproche. — ¿Es que quieres que más personas inocentes se vean involucradas? — la cara de sorpresa y miedo delataban su respuesta, pero aun no era suficiente. — ¿Quieres que alguien más sienta este dolor que me estás haciendo sentir ahora? — preguntó con la voz quebrada mientras señala hacia su propio pecho.

Un par lagrimas escaparon del niño que la miraba perplejo; lágrimas que ella intento limpiar, sólo para ver su mano siendo apartada bruscamente por el rubio, quien con el ceño fruncido negaba con la cabeza mientras frotaba sus ojos con su antebrazo.

— Me alegro de que lo hayas entendido — dijo con un suspiro de alivio al ver que niño cesaba en sus intentos por apartarse. — Yo te ayudare a enmendar tu error, ¿sí? — habló con ternura, comprendiendo lo difícil que sería este viaje para ambos.

Ante sus palabras, el pequeño no hizo más que retroceder unos pasos y asentir levemente, apartando la mirada mientras fruncia el ceño, enojado consigo mismo por lo que estaba sintiendo… confundido por todo lo que está viviendo en esos momentos…

Ambos estuvieron encerrados un largo rato en aquella habitación, intentando calmar sus ánimos para no levantar sospechas al momento de reencontrarse con sus padres.

Durante ese tiempo, Jericho intentaba convencer al niño de hablar con ella, sólo consiguiendo que este la ignorara mientras se acurrucaba sobre sí mismo con la mirada vacía, apartándola cada vez que intentaba acercarse.

Luego de un rato, la mujer comprendió que si seguía insistiendo sólo lograría abrumarlo.

Sabía que pronto todo volvería a la normalidad, después de todo, no existía nadie en este mundo que conociera mejor a su Lancelot que ella.

Sólo volvió a hablarle cuando finalmente llego el momento de volver al carruaje que los acercaría hasta su reino; observando como la actitud normal de su pequeño príncipe comenzaba a volver, caminando hacia la puerta con la seguridad que lo caracterizaba.

— … ¿cómo debería hablar con ellos ahora?... — fue la pregunta que el niño lanzó al aire, sin apartar la mirada del picaporte.

A pesar de que su postura era estable y mantenía su mirada firme hacia el frente, Jericho pudo notar el desánimo de su voz; casi como que si su pequeño guerrero se hubiese rendido.

— ¡No te preocupes, déjalo todo en mis manos! — dijo con voz animada. —* Mientras tú y yo estemos juntos… todo estará bien *—.

Ella sabía a quienes se refería con su pregunta, y sabía que debía hacer para animarlo.

— ¿Qué tal si empezamos por un pequeño cambio? — habló mientras enredaba sus dedos en los cabellos rubios de su nuca, disfrutando de su suavidad. — Estoy segura de que Ban lo adorara — terminó su frase con un sonrojo y una sonrisa soñadora, pensando en el futuro de ambos.

— ¡No me toques, pervertida! — gritó enojado el chico mientras la apartaba y se echaba a correr, provocando que la mujer riera a carcajadas mientras lo perseguía.

—* Mientras tú y yo estemos juntos… *— pensaba mientras subía al carruaje, con un nuevo plan en mente. —* Nos espera un largo viaje a casa, Lance *—.


— Esa fue la primera y última vez que hable de mi amor con alguien más — habló el zorro luego de relatar su historia, mirando hacia las estrellas. — también la última vez que vi a mi familia — contó, recordando con un nudo en la garganta la ultima vez que vio a sus padres.

Ocultó bajo el alerón del sombrero, le era imposible mirar la expresión de su amigo de cabello verde.

Sin saber la reacción que obtendría, no pudo evitar quedarse quieto en los brazos del niño, sintiendo como el cuerpo del contrario parecía guardar cierta tensión.

Con cada segundo de silencio, su nerviosismo y ganas de salir corriendo aumentaban; la angustia que por tanto tiempo había hecho suya cada vez que recordaba ese día comenzó a hacerse presente, a la vez que se cuestionaba a si mismo por haberse atrevido a hablar de lo que se le fue prohibido.

— … que cruel… — fueron las calmadas palabras que interrumpieron sus pensamiento, sorprendiéndolo lo suficiente para alzar su cabeza, probando que el sombrero cayera en el pecho del muchacho.

Aquellas palabras no fueron nada más que un susurro, pero para él fue la primera vez que alguien decía en voz alto lo que él siempre quiso escuchar… y que jamás pudo…

— Si ambos eran felices, ¿por qué debería ser algo malo? — las palabras de Percy resonaron en su mente, sin lograr ser procesadas.

Aun aturdido, no hizo más que mirar boquiabierto como el chico jugueteaba con el sombrero del herbolario con una mirada distante y un ligero sonrojo en sus mejillas.

— … si tanto lo amas, ¿qué tiene de malo querer estar juntos? — finalizó con un aire distante, con el recuerdo del castaño en mente.

Un par de lágrimas volvieron a mojar el pelaje del zorro para pronto ser interceptadas por el jinete de la muerte, quien las limpio con ayuda de su camisa.

— … llora tanto como quieras y tanto como lo necesites — dijo el niño con tono conciliador, intentando imitar el tono de su abuelo y el herbolario; guardando silencio por unos segundos con su mente en blanco. — Tus lagrimas son tan preciadas como las gemas de- …mmmhhh… — pausó bruscamente para luego verlo confundido. — … No recuerdo que seguía — habló con tono infantil mientras inflaba las mejillas.

Y con eso, toda la seriedad del ambiente se desvaneció.

Esa fue la primera vez en mucho tiempo que Lancelot rio carcajadas frente a alguien, y la primera vez que lo hacía mientras lloraba.

— ¿De donde sacaste esa mierda? — preguntó entre risas.

— ¡De las novelas de Anne! — respondió emocionado y con una gran sonrisa adornando su rostro. — ¡El de la novela lo decía para que su hermana dejase de llorar! ¡¿Te gustó verdad?! ¡¿Verdad?! — decía el niño mientras lo abrazaba cada vez más fuerte.

— Lo que tu digas, pero suéltame — podría jurar que escuchó algo tronar en su columna.

— ¡Cinco segundos más! — dijo el de cabello verde sin soltarlo.

— Esta bien — dijo resignado, pero con tono risueño. — Pero deberías dejar de repetir esas frases raras de novela… Aunque pensándolo bien, creo que hay alguien a quien si le gustarían —.

— Je-Je — esa pequeña risa fue toda la respuesta que obtuvo, aun sin ser apartado.

Un rato más paso en el que siguieron así, hasta que las voz de Percy se hizo presente.

— Shin — habló mientras ponía nuevamente el sombrero sobre sus orejas. — Pase lo que pase, ni yo ni los demás te alejaremos… si eso es a lo que temes, no hay de que preocuparse… —.

El pequeño zorro abrió sus ojos sorprendido, sintiendo el nudo en su garganta comenzando a formarse nuevamente al recordar a su maestra rechazando su tacto.

— Yo no entiendo mucho de estas cosas… pero no creo que amar a alguien de forma especial sea algo malo... — dijo el niño mientas lo alzaba para mirarlo a los ojos. — No se porque tu maestra dijo todo eso, pero se que estuvo mal — la seriedad en su mirada no hizo más que reafirmar sus palabra.

… mal…

… Estaba mal…

¿No eran esas las palabras que su maestra y él mismo había utilizado para referirse a aquellos sentimientos?

Y ahora aquí, frente a él, había una persona que negaba todo lo que creía entender.

Lancelot sintió sus labios temblar junto con el resto de su cuerpo, encogiéndose sobre si mismo en un intento por resguardarse del resto del mundo… de lo que tanto le estaba costando aceptar…

Dentro… muy dentro de él… siempre lo supo… que todo lo que ocurrió ese día y todo lo que vivo durante esos años… estuvo mal…

Para él, Jericho siempre fue una de las personas que más admiró… confiando en todas sus palabras, creyendo sin miramientos todas sus enseñanzas y aceptando todo lo que ella pedía…

Y ahora, la realidad del mundo que creo junto con ella comenzaba a desmoronarse…

Atrapado entre la verdad tan anhelada que se encontraba frente a él, y la culpa de contradecir lo que por tanto tiempo creyó como una verdad absoluta… su propio mundo se tambaleaba sin cesar…

— No importa donde vayas, ni con quien quieras estar — habló el niño. — Para mí Shin siempre será Shin… el primer amigo que me rescato de la soledad… — terminó con la voz acuosa y una enorme sonrisa.

Con sus últimas palabras, un montón de recuerdos llegaron a él, cortesía de Percy; desde su primer encuentro hasta la vez que rompieron los frascos de Nasiens junto con Donny, las pequeñas discusiones que tenían junto con Anne y muchos más recuerdos que creyó insignificantes, pero que ahora parecían lo más importante para ambos.

— ¡Y recuerda! ¡Ya no estas sólo! — gritó en niño mientras se ponía de pie junto con él. — ¡Si vuelve a molestarte, le patearemos el trasero! — pero su convicción pronto se fue apagando al darse cuenta de sus error. — … ¡Espera!... ¿quieres que lo hagamos o prefieres hacerlo tú?... —.

Definitivamente, por más palabras y actos maduros que intentase aparentar, lo idiota no se le iba a quitar de un día para el otro…

Bueno, al menos no es el greñas — pensó mientras veía la cara confundida del chico que lo zarandeaba.


No fue sino hasta un par de horas después que cayó en cuenta de las palabras del niño…

— ¡Yo jamás dije que lo amaba! — gritó, totalmente avergonzado, mostrándole los dientes al jinete de la muerte.

— ¿Eeehhh~~? — dijo desanimado, mirándolo sin comprender. — Pero si lo llamaste tu amor cuando me lo contaste —.

— ¡Yo jamás dije que-! — paró al recordar sus propias palabras. — ¡Olvídalo! — dijo finalmente, desviando la mirada con enojo.

—* Mi amor, mi amor, mi amor *— la palabra se repetía una y otra vez en la mente del niño, intentando conjurar la imagen del enamorado de su amigo, sólo para visualizar la imagen de un sonrojado Nasiens en su cabeza.

El pequeño zorro, intuyendo el lugar hacia donde se dirigían su mente, no hizo más que dejar de escuchar sus pensamiento mientras se enrollaba sobre sí mismo para fingir que dormía.

Sin tomar en consideración los reclamos del animal, Percival siguió intentando recordar cualquier detalle que le diera alguna pista… algo más sobre la persona especial de su amigo…

—* ¿Sera un zorro también? *— pensó sin querer. —* ¿Y si es un caballo como Sylvan? *— eso explicaría mucho.

— ¡Eso no explicaría nada! — gritó molesto. — ¡Ya déjame dormir, maldición! —.

— JeJeJe, perdón — se disculpó sin ganas mientras rascaba la parte posterior de su cabeza.

Para el de cabellos verdes, era bastante evidente el estado de animo de su amigo y ya no quería seguir incomodándolo, sin embargo, no podía dejar de pensar en las palabras que se habían quedado atoradas en la garganta del pequeño zorro y como había intentado expresarlas sin llegar a ser escuchado.

Y él estaba dispuesto a escucharlo… si Shin así lo quería.

Recordó entonces su conversación con el herbolario, donde el castaño sutilmente y con palabras dulces lo animo a confesar lo que sentía… y la idea llego a él como si de un rayo se tratase.

— Me gustan los muslos de Nasiens — dijo completamente de la nada, sobresaltando a su amigo.

— … — Lancelot no hizo más que alzar la cabeza, mirándolo boquiabierto. — ¿… qué…? —.

— ¡Me gustan mucho! ¡Son suavecitos y huelen bien! — habló mientras apretujaba sus propias mejillas ante el recuerdo. — ¡Ahora tú! ¡Te toca! — dijo poniéndose cara a cara con su amigo, esperando una respuesta.

— ¿… qué…? — repitió sin comprender lo que ocurría.

¿No se suponía que hablaban de sentimientos? Es decir… esos eran sentimientos también… ¿verdad?... pero en ese caso…

Lance tragó saliva nervioso.

— ¿… por que me estas diciendo eso a mí? — preguntó con la boca seca de la impresión. — ¿… sabes lo que estas diciendo… no es así? —.

Antes quería cambiar de tema, ¡pero no de esa manera!

¿Tendría que explicarle al niño sobre la vida adulta? ¿Era eso? ¿Por eso se lo estaba contando?

— ¡Sip! — respondió, completamente ajeno al temor de su amigo. — ¡Yo te digo lo que me gusta del amigo que más amo y tu me dices del tuyo! —.

Sus palabras no fueron un alivio… en lo absoluto.

¿Había dicho “amigo”? ¿Es que acaso… no se había dado cuenta…?

— ¡También me gustan sus manos! — continuó con una boba sonrisa mientras revivía el recuerdo de Sistana. — ¡Sus labios también! Pero no me deja tocarlo — dijo con un mohín. — ¡Ahora tú! ¿Qué te gusta de ese caballo? —.

— ¡Ya te dije Tristán no es un caballo! — gritó molesto. No entendía como había llegado a esa conclusión, pero ya comenzaba a irritarlo.

— ¡Así que se llama Tristán! — Dijo Percy, triunfante. — ¡¿Y como era?! ¡¿Cómo se veía?! — las preguntas siguieron mientras se acercaba cada vez más y más.

Mierda — ya la había jodido. — Olvídalo. Fin de la charla — dijo para luego volver a acurrucarse en el suelo, fingiendo dormir.

Creyó que con eso todo habría terminado; la cara del niño decayó al ver su negativa de hablar, volviendo a su antigua posición con un semblante de tristeza, que proto se transformó en uno de determinación.

— ¡Entonces te seguiré hablando de Nasiens! — gritó al cielo mientras alzaba los puños.

— Por favor. No — dijo con hastío, bajando sus orejas y cubriéndolas con sus patas, siendo totalmente ignorado.

Sin detenerse siquiera para respirar, el jinete de la muerte siguió enumerando todas y cada una de las cosas que adoraba del castaño. Desde sus hermosos ojos dorados, hasta forma en la que sonreía.

La forma de su rostro, la gentileza de sus palabras dirigidas hacia él y la gran diferencia en los modos que tenía con los demás.

— Y estoy seguro… de que yo también soy especial para él — siguió con un ligero temblor en su voz, producto de los pájaros Roc que revoloteaban en su estómago. — Gracias por confirmármelo, Shin — lo miró mientras rascaba su mejilla izquierda.

Ante sus palabras, Lancelot no hizo más que encogerse sobre si mismo, recordando las declaraciones que hizo en un momento de debilidad.

— Cuando estoy con él… cuando me mira o me habla, siento como si el tiempo se detuviera. Me siento mareado y agitado, pero no quiero que termine — habló con mirada soñadora mientras acercaba el sombrero hacia su nariz, sintiendo el aroma del castaño. — Ni despierto ni dormido quiero separarme de él, ¿está mal? — preguntó con un claro objetivo en mente.

Shin solamente lo observo; las pupilas dilatadas, el sonrojo en sus mejillas y el agitado palpitar de su corazón mientras hablaba.

Si estuviesen en una batalla, eso sólo podría significar que su enemigo estaba en un claro estado de euforia; listo para lanzarse a todo, sin miedo, para proclamarse victorioso… y en este caso no era diferente…

— Por su puesto que no… — la respuesta salió de él en un suspiro… Lo que Percy sentía… Lo que Nasiens sentía… jamás podría ser considerado algo malo ante sus ojos.

Dos personas que buscan la felicidad junto al otro…

— Me alegro — dijo el niño en voz baja con una risita. — ¡Porque el otro día soñé con él! ¡Yo estaba arriba y-! —.

— Por favor, ya cállate — habló derrotado, volviendo a tapar sus orejas; en verdad se estaba arrepintiendo de todo esto.

Estuvieron un rato más en completa calma, con Percy lanzando uno que otro comentario mientras movía sus pies en semicírculos, soltando una risita de vez es cuando por alguna idiotez de que él mismo decía.

—*¿Me peguntó como será Tristán? *— a pesar de parecer distraído con otras cosas, los pensamientos del chico lo delataron.

Lancelot desvío la vista hacia el suelo, sintiendo un ligero pesar en su pecho por lo que estaba a punto de hacer.

— Tu si que eres chismoso — dijo a modo de reproche con los ojos cerrados, tratando de mostrándose calmado. — Tristán era… él era… — Para mí Shin siempre será Shin — Era un idiota — dijo finalmente con voz seca.

— … ¿eh?... — las cosas habían cambiado, y ahora era Percy quien lo miraba perplejo.

— Era un idiota que estaba obsesionado con su madre, siempre intentaba hacerse el maduro, pero no era más que un niño mimado — dijo con irritación mientras recordaba las veces que el de cabello largo intentaba convencerlo para cambiar de tareas.

Miró un segundo al niño a su lado mientras se estiraba, esperando alguna reacción que jamás llego.

— Siempre hablaba de sus amigos en sus cartas y se olvidaba totalmente de que yo no podía jugar con él directamente — recordó con molestia el pequeño “¡Nos vemos mañana!” al final de cada carta. — Y, para colmo, siempre me escribía “Con cariño” o “Te quiero”, ¡pero cuando me tuvo con él jamás lo recordó! — las quejas salían de él sin que pudiese controlarse.

 Tomó aire para seguir hablando cuando Percy lo interrumpió.

— ¿Qué cartas? — preguntó recostándose sobre su estómago, buscando una posición más cómoda para escuchar.

— Nos escribíamos cartas… — se había olvidado de mencionar ese detalle.

Y así comenzó un pequeño resumen de su historia con el de cabellos plateados; pasando por la primera vez que se conocieron hasta el fatídico día de su cumpleaños.

— ¡¿Entonces eran almas gemelas?! — el zorro se limitó a asentir con una sonrisa. — Una de las historias de Anne comenzaba así, pero se trataba de un caballero y una doncella, se llamaba “Amor hasta la muerte” o algo así — le contó mientras daba pequeñas pataditas.

Lancelot abrió la boca para seguir hablando, completamente perdido en sus pensamientos, dándose cuenta de lo que estaba a punto de admitir.

Bajando nuevamente la cabeza, pudo sentir como el frio de la noche comenzaba a intensificarse, como si se hubiese sincronizado con su entusiasmo.

— Si Nasiens me escribiera una carta, la atesoraría y no dejaría que nadie jamás la tocara — dijo el niño después con voz calma, acariciando su cabeza al darse cuenta de su angustia. — ¿Crees que si la como se quedaría conmigo por siempre? Así puedo tenerlo siempre conmigo —.

Ambos se miraron unos segundos para momentos después estallar en risas ante la imagen que sus cerebros habían conjurado.

Fue así como termino de decidirse. Aun sintiéndose culpable por lo que sentía y pensando que sus acciones estaban mal, siguió con lo que su corazón le pedía a gritos que hiciera.

— Todos los meses llegaban, y cada una de ellas las guarde en un cajón junto a mi cama — admitió con un nudo en la garganta. — Recuerdo perseguir a mi padre por todos lado, esperando a que alguien trajera alguna noticia o algún paquete para mi — soltó con una risita.

Aun recordaba al imponente rey de Benwick tratando de escabullirse sin que él no notase, sólo para dar la vuelta y encontrarlo pegado a una de sus piernas.

— Cada vez que recibía una, sentía como si mi corazón fuera a salirse de mi pecho… mis manos sudaban y tenía miedo de manchar el papel… — sus ojos comenzaron a humedecerse, y tragó en seco para aguantar las lágrimas. — Pero ese era mi momento más feliz, lo único que tenía para volver a sentir que estaba junto a él —.

No sabía como continuar ni que palabras decir, pero su boca continuaba moviéndose por sí sola, sin detenerse a contemplar si lo que hacía era lo correcto.

— Y entonces, cuando al fin volví a verlo… Tristán se había convertido en todo lo que siempre imaginé — en eso momento sintió como el niño volvía a secar sus lágrimas. — Cabello largo y mirada encantadora… me recibió con una sonrisa como si jamás nos hubiésemos separado… era el príncipe con el que cualquiera pudiese soñar… —.

— ¿De verdad era un príncipe? — preguntó emocionado el de cabello verde.

— Si. El primer y único príncipe de su reino — respondió con una sonrisa temblorosa. — Era imposible que me eligiera a mi… — “Dime que no notaste como todos te miraban mientras hacías el ridículo persiguiendo al príncipe Tristán”.

Las palabras de Jericho resonaron en su cabeza, convirtiendo su tan preciado recuerdo en una pesadilla.

— ¿A que te refieres? — preguntó molesto el jinete de la muerte. — ¿Hizo algo para lastimarte? — lo cuestionó mientras comenzaba a incorporarse.

La actitud de su amigo le hizo recordar en donde y con quien estaba, calmando un poco sus nervios.

— Cálmate, él no me hizo nada — respondió, lanzándole un guijarro con su cola. — Para que lo sepas, el idiota de Tristán es demasiado bueno como para hacerle algo malo a alguien —.

Con sus palabras, el chico volvió a su posición anterior. Mirándolo con cierta sorpresa y admiración.

— ¿Y entonces que paso? — dijo mientras acomodaba su cabeza sobre sus puños.

— ¿Qué paso de qué? —.

— Cuando se reencontraron — habló sin dejar de sonreír. — Cuéntamelo, te escucho — Lancelot sintió como el sudor corría por su frente al verlo tan emocionado por una simple historia.

— No paso nada importante… — dijo para luego arrepentirse al ver la decepción en el rostro del niño. — Esta bien, si paso algo —.

Aun recordaba con lujo de detalles aquel día, tanto lo bueno como lo malo; todo era parte de su memoria como la segunda vez que vio a su príncipe.

— … hablamos de todo y nada a la vez… casi no nos separamos durante el tiempo que estuve en su reino… — recordó con la mirada baja, riéndose desganadamente de sus propias memorias. — Incluso se atrevió a preguntarle a mi padre si podíamos dormir juntos… —.

Esa fue la primera vez que tuvo una pijamada con alguien cercano, sin contar las visitas a sus primos en el bosque de las hadas.

— Tomó mi mano y me guio por todos las mesas de sus invitados, presentándome como si fuese el quien me hubiera elegido, y no al revés — recordó con una sonrisa amarga. — No me soltó en todo el tiempo que estuvimos juntos, ni siquiera cuando ya debía irme… —.

Su último día en Liones. Se vio a si mismo soltando la mano que el príncipe le ofrecía para luego verlo desaparecer tras la puerta del carruaje que Jericho cerró al entrar.

— ¡Increíble! — gritó Percy, cubriendo su boca con ambas manos para acallar su emoción. — ¡Yo también quiero ir tomado de la mano de Nasiens a todas partes~! — dijo mientras daba vueltas en el piso.

Lancelot no pudo contener la risa ante la actitud del chico; a pesar de tener la misma edad, su actitud y la forma en que veían la vida misma… no podían ser más contrarias.

— Me alegro de que mi historia te haya emocionado tanto —.

— ¡Estuvo increíble! — dijo mientras se incorporaba. — ¡¿Crees que pueda conocerlo?! ¡Siempre he querido ver a alguien enamorado! ¡¿Es como en los libros?! — preguntó mientras daba palmaditas en el piso.

Pues mírate a ti mismo, idiota — pensó el zorro mientras leía sus pensamientos, donde el niño se imaginaba a si mismo junto al castaño como los protagonistas de una novela.

Contempló por un segundo las palabras de su amigo… dando un ligero suspiro de resignación junto con una sonrisa melancólica.

— Esta más que seguro que lo conocerás, Percy — dijo mientras lo miraba. — Pero no creo que encuentres lo que buscas —.

— ¿Qué? — preguntó decepcionado. — ¿Por qué no? —.

— Porque él ya eligió a alguien más… —.

Notes:

Siento que este capítulo me quedo algo confuso, pero la idea principal era introducir ese final (•؎ •)

Lamento si no fue lo que esperaban, pero recuerden que si hay algo en lo que quieren que profundice pueden decírmelo (๑‾̀◡‾́)(‾̀◡‾́ ๑)

No sé si lo di a notar, pero en el caso del recuerdo junto con Jericho, Lancelot actúa de una forma un poco errática y contradictoria, ya que muchas veces los niños al verse enfrentados a esas situaciones con alguien de confianza intentan mantener la “normalidad” de su rutina con dicho adulto, soltando frases incomodas o riendo para disipar los nervios.

Teóricamente hablando, él sabe que toda esa situación esta mal de cierta forma, pero no puede desprenderse de la imagen de confianza y admiración que la Jericho de esta historia significa para él.

Notes:

Para esta parte quería poner todo desde una perspectiva que Lancelot jamás vio (de ahí el nombre) por eso a diferencia de “¿Qué clase de novela es esta?” trate de no describir a Percy como un niño, ya que así es como lo ve Lance.

Igualmente hice varias referencias a las otras 3 partes de este universo alternativo con las cosas que habla Nasiens sobre la flor y las hadas del barranco, además del significado de la gardenia jazminoide, que vendría siendo la flor que el árbol sagrado le regala a Nasiens al nacer en Primera Ilusión/El Duelo de un Padre.

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