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Miles de años transcurrieron desde el mítico día en el que el reino celestial castigó a cientos de ángeles acusados de rebelión, eliminando a su vez a los nefilim y a cualquier inconveniente que se hubiera producido con la interferencia de los ángeles en la tierra. Lo anterior logró ocasionar que desde entonces el respeto y temor alrededor de la figura de dios y de su ejército aumentaran.
Las interferencias producidas por cierto ángel en período de misiones llevaron a que los humanos pertenecientes a dicha época propagaran los conocimientos obtenidos en el tiempo hacia futuras generaciones, produciendo un avance positivo en el desarrollo y evolución de la humanidad. Como resultado, el ser humano había alcanzado la civilización y se hallaba haciendo pleno uso de su inteligencia, quedando atrás los pueblos con pequeñas construcciones que se utilizaban de vivienda, siendo ahora reemplazados por grandes ciudades.
Alejado tanto del territorio humano como del reino celestial, se encontraba un castillo, el que se ubicaba cercano a los territorios del reino del infierno, en una zona que era frecuentada por espíritus y demonios de bajo rango. El lugar estaba en medio de un amplio bosque, en un lugar en específico en el que no lograban entrar los humanos. Dentro de este gran castillo, se hallaba sentado en una gran silla con apariencia de trono un ser observando la luna a través de la ventana. Dicho ser poseía una gran cicatriz en su frente, lo cual era una marca que servía de recordatorio para todos los ángeles que eran expulsados del reino de dios. En cuanto a su vestimenta, esta constaba de un largo abrigo negro que se ajustaba a su figura, con un par de botas igual de negras y unos guantes blancos, acompañados por una serie de utensilios de gran filo que llevaba en cada uno de sus dedos.
Se encontraba dispuesto a cerrar los ojos por unos minutos para descansar, cuando una presencia externa se presenta ante él.
“¿Ansioso por la pronta llegada de tu caballero, Xeno-chan?”
El sonido de una molesta voz lo hace abrir nuevamente los ojos, volteando su cabeza con desgano para observar al ser que tenía delante. No se trataba de otro que Gen, un demonio de bajo rango que frecuentaba el castillo y que, además, debido a su naturaleza embustera, es que incluso entre los mismos demonios era considerado una criatura no grata. Debido al rechazo que producía entre sus mismos pares es que se encontraba trabajando para él, utilizando sus talentos para el engaño para obtener información acerca del paradero de cierto objeto que buscaba.
“¿Algún día perderás esa mala costumbre de entrar al castillo sin una invitación previa, Mr. Gen?” menciona mientras vuelve a intentar cerrar sus ojos, ignorando la presencia que tenía en frente.
“Oh, pero solo quería hacerte algo de compañía, para que no te sientas solo mientras tu compañero aún no regresa~”
La manera en la que el otro pone énfasis en la palabra “compañero” le hace fruncir levemente el ceño, algo que no pasó desapercibido por el demonio.
“¿Qué sucede? ¿Dije algo extraño?” Pregunta abriendo en exceso sus ojos, intentando simular una expresión fingida de sorpresa.
“Mr. Gen, si tienes algo que decir, será mejor que lo digas directamente”
“Pero Xeno-chan! ¡Mi preocupación es genuina! ¡Me imagino que todas las noches debes sentirte solo al no tener a Stanley-chan a tu lado para brindarte de su compañía, sin nadie que te abrace por las noches! ¡Que tragedia!”
Escuchar la teatralidad en las palabras del demonio le hacían querer llevarse ambas manos a la cabeza. Gen era un demonio que poseía unas pequeñas alas negras junto con un par de cuernos que sobresalían de su cabeza, todo en su apariencia le daba mas la impresión de parecer un súcubo que un demonio. El único motivo por el que le permitía que le hablara de esta manera se debía a que lo conocía prácticamente desde que descendió del cielo, por lo que llegó un punto en que lo consideraba casi una mascota.
“Mr. Gen, en primer lugar, yo nunca estoy solo” Lo cual era cierto ya que, al estar el castillo en una zona cercana al inframundo, muchos espíritus moribundos rondaban alrededor, lo que hacía muchos de ellos visitaran el interior del castillo hasta que posteriormente se retiraban.
“En segundo lugar, quiero que sepas que Stanley no es mi compañero nocturno, si es lo que estas insinuando”.
“¿Hm? ¿En serio? Vaya…pues eso difiere de lo que yo recuerdo…” se lleva una de sus manos hacia su mentón, en expresión reflexiva.
“¿Podrías explayarte?”
“Pues hay un recuerdo que no logro borrar de mi mente, y es el de dos ángeles caídos del cielo, yaciendo desnudos en medio del bosque, abrazándose por días y noches como si no pudieran separarse el uno del otro”
“Tú…” Las palabras de Gen no eran del todo una invención. Recordaba que, luego de ser expulsado del cielo y que Stan decidiera quedarse a su lado, al encontrarse sus alas en un terrible estado luego de ser quemadas, había perdido gran parte de su energía espiritual, sintiéndose débil y casi sin posibilidad de mantenerse despierto, lo que llevó a que Stan le compartiera parte de su energía, haciéndolo mediante un largo abrazo que duró días y noches, permaneciendo ambos en esa posición. El fuego que había en sus alas también se había extendido hacia su ropa así que es cierto que estaba desnudo, en cuanto a Stan, llevaba puesta una túnica, la cual se quitó para que ambos se arroparan debajo de ella.
Toda esa situación tenía una explicación bastante lógica en su mente, pero era una lástima que precisamente una criatura chismosa como Gen hubiera sido testigo de uno de sus momentos de mayor vulnerabilidad.
Sintiendo una punzada de irritación, abandona la silla y se pone en pie, acercándose al demonio mientras lo señala de manera amenazante con uno de sus dedos.
“Mr. Gen…si vuelves a mencionar ese incidente, ya sea delante de mi o de otros, créeme que alguien más además de mi se quedará sin alas”
Con un notable sudor recorriendo su rostro, el demonio finalmente decide rendirse y detener sus provocaciones al ángel – al menos por el momento – “¡Esta bien, lo entiendo! No necesitas enojarte…”
Dedicándole una última mirada de advertencia al demonio, se da media vuelta para nuevamente posar su mirada en dirección hacia la ventana, llevando ambos brazos a su espalda mientras entrelaza sus dedos, acto que realiza cuando usualmente se siente inquieto, siendo esta situación observada por el demonio, para quien no pasaban desapercibidos esos detalles.
“Me imagino que si estás aquí perdiendo el tiempo es porque te encargaste de tu misión, ¿no es así, Mr. Gen? ¿Tienes alguna novedad que contarme?” menciona aún con la mirada fija en dirección hacia la luna.
“Pues…si…y no…”
Sintiéndose confundido ante la respuesta del otro, levanta ligeramente una de sus cejas. “La poca precisión en tu respuesta es una molestia, explícate mejor”
“Bien, he continuado contactándome con algunos espíritus, muchos de ellos al inicio me aseguraron que tenían pistas que podrían encaminarnos hacia el objeto que buscas, pero luego de investigarlos descubrí que la mayoría solo eran unos farsantes, mientras que otros parecieron acobardarse luego de que se enteraran que trabajo para ti, por lo que misteriosamente desaparecieron…no pareces ser muy popular allí afuera, Xeno-chan…”
“Significa que seguimos en el punto de partida…” suspira cerrando los ojos, sintiendo el cansancio emerger. El día en que fue expulsado del cielo fue el peor momento de su existencia, dicha experiencia hubiera destruido la cordura de cualquier otro ser celestial, pero la inmensa ira en su interior junto con la promesa de exterminar a todo el reino celestial y a la humanidad le habían dado una razón para seguir adelante. Cuando estaba inmerso en sus deseos de destrucción recordó una historia que era considerada tabú en el reino celestial, sobre la existencia de un objeto con la capacidad de cumplir cualquier deseo, ya sea tanto como la resurrección, como la destrucción. Dicho objeto nunca había sido visto por nadie en el cielo, pero se decía que fue creado por uno de los hermanos de dios y que luego de una discusión entre ambos el objeto fue lanzado hacia el vacío.
Miles de años transcurrieron y con ello dedicó todo su tiempo en la búsqueda de dicho objeto, lo que hizo que su figura se hiciera conocida entre muchos y que con ello muchos le temieran o se burlaran, ganándose una reputación desfavorable y que muy seguramente sería conocida en el reino celestial.
“Pe-pero! No todo parece estar perdido” interviene el demonio, sacándolo de sus pensamientos.
“¿A qué te refieres?”
“Pues…sobre la ambigüedad en mi respuesta anterior, si bien es cierto que no hay novedades de mi parte, al parecer hay alguien que si traerá buenas noticias”
Antes de que tuviera tiempo para responder, rápidamente escucha el sonido de una puerta abrirse con fuerza, revelándose la figura de un ser con un largo abrigo negro, siendo lo mas destacado de su apariencia sus enormes seis alas.
“Stan!” Ignorando la presencia del demonio, se apresura a acercarse a Staney. “No sabía que volverías hoy, esta vez el viaje te tomó bastante tiempo…”
acercándose con pasos lentos hacia Xeno, Stanley inspecciona con la mirada hacia alrededor. “¿Estabas reunido con alguien?”
“¿Oh?” ahora mismo me encontraba recibiendo un pésimo reporte de parte de Gen, ese demonio nunca trae buenas noticias” al voltearse para mirar al demonio, se percata que este ya no se encontraba presente. “Ese infeliz…” menciona en un susurro para que Stanley no lo oyera, lo cual no tuvo resultado.
“Sabes que no necesitamos a ese demonio, puedo encargarme yo solo del trabajo”
“Lo sé, pero creo que no es una mala idea tener a algunas de esas criaturas de nuestro lado, tal vez algún día nos sirvan de algo en el futuro”. También era cierto que ya se había acostumbrado a la presencia del demonio en el castillo, pero eso era algo que prefería omitir.
“Y bien, Stan. ¿Tienes algún reporte para mí?” Dice mientras se acerca un par de pasos más hacia el otro, quedando ambos a pocos centímetros de distancia.
Atento ante la cercanía de Xeno, pero sin apartarse de su posición, responde “Si, lo tengo”.
Una leve sonrisa se desliza por la expresión de Xeno, sintiendo una sensación de tranquilidad en su cuerpo, sensación que siempre sentía al estar cerca de Stanley y que atribuía a que se debía a que el otro siempre cumplía con las tareas que le asignaba y que por ello nunca lo decepcionaba.
“Oh, como se esperaba de ti, ¡Stan! A diferencia del resto, tú siempre cumples con tus promesas, ¡sin lugar a duda eres la mejor compañía que podría tener!”. Sintiéndose emocionado y percatándose de la escaza cercanía que había entre sus rostros, es que decide dar media vuelta y alejarse unos pasos. “Y bien, ¿qué descubriste?” dice mientras se encuentra dándole la espalda al otro.
“Si bien aún no he dado con la ubicación en la que se encuentra el objeto, encontré a un demonio que me brindó algunas pistas útiles”
“¿Un demonio?” Pregunta algo sorprendido, ya que Stanley tendía a negarse a relacionarse con los demonios, mostrándose reacio incluso con Gen.
“Si hubiera sido un demonio de bajo rango lo hubiera ignorado ya que esos nunca aportan con buena información, pero este parecía fuerte, aunque algo altanero. Luego de vencerlo me dijo que trabajaba para otro demonio, uno de rango alto que también estaba deseoso por saber el paradero del objeto y que había encontrado algunas pistas que podrían acercarlo a encontrarlo”
“Vaya, entonces me imagino que lo siguiente será encontrarnos con ese gran demonio, ¿no es así?”
“Hm, en un par de días debemos encontrarnos con el tipo al que vencí para que nos presente a su jefe”
Volteándose nuevamente para mirar a Stanley, se acerca para quedar a la misma distancia en la que se encontraban hace unos minutos. “Bien hecho, Stan! ¿Cuál es el día de la reunión? ¿Ubicación y hora exacta? Necesito organizar todo antes del encuentro”. Antes de que terminara de hablar, siente una mano acariciando su mejilla.
“¿Has logrado descansar?” Pregunta Stanley, observando con atención el rostro de Xeno, en busca de cualquier señal de agotamiento.
La calidez de la mano de Stanley en su piel le hacía sentirse extrañamente cómodo, pero como no quería mostrar nada de eso en su expresión, opta por mantenerse sereno. “Eso no importa, además, eres tu quien estuvo afuera trabajando, ahora yo debo preparar todo para-” Sus palabras quedan en el aire al ser rodeado por seis alas. Mientras las alas lo rodeaban en una postura similar a la de un abrazo, Stanley continuaba acariciando con cuidado su rostro.
A los pocos segundos se percató que Stanley, al igual que en otras muchas ocasiones, le estaba compartiendo de su energía espiritual.
“Stan, no es momento para esto…debemos…” El sueño y la pesadez en sus parpados le hacían imposible continuar hablando, lo cual siempre ocurría cada vez que Stanley le compartía de su energía.
“Suficiente de eso, ahora necesitas descansar, princesa”. En un movimiento rápido, logra levantar a Xeno y sostenerlo entre sus brazos, llevándolo en dirección hacia su habitación.
Mientras Stanley desaparecía junto con Xeno en sus brazos, una criatura observaba toda la escena con los ojos muy abiertos.
“Y después tiene la audacia de decir que no son compañeros nocturnos!”
Dentro de la habitación de Xeno, se encontraba recostado en su cama, con la cabeza sobre el regazo de Stanley. Stanley mientras tanto, continuaba compartiéndole de su energía, acariciando con delicadeza los mechones de cabello de Xeno, mientras el otro, aun negándose a dormir, balbuceaba incoherencias.
“Stan”
“¿Hm?”
“El demonio…espero…que le hayas pateado culo…”
“Así fue” le contesta mientras le dedica una sonrisa, sabiendo que Xeno no lo vería ya que tenía los ojos cerrados.
“Stan”
“¿Hm?”
“Te extrañé”
Luego de estas últimas palabras, Xeno finalmente cae rendido ante el sueño, dejando a Stanley con una mirada de sorpresa, la que luego reemplaza por una de añoranza.
“Yo también”.
