Chapter Text
Los ánimos no estaban muy altos. Habían ganado… pero el hotel había sido arrasado, había cuerpos de ángeles y pecadores por todo el terreno. El grupo avanzaba entre los escombros, buscando alguna pertenencia que pudieran recuperar y los caníbales se fueron retirando tras el último festín.
A Lucifer aquel panorama desolador le trajo recuerdos de los días posteriores a su caída, cuando otros ángeles fueron cayendo. Lilith y él se escondieron durante semanas de aquellos caídos que le buscaron cómo si él fuera un líder, no había tenido ánimos de verlos, no había sabido qué decirles. Al igual que su hija, él nunca quiso que se derramara sangre.
Charlie encontró a Keekee entre los escombros…
—Ya, calma… ya pasó— susurró, abrazando a la criatura.
Avanzó unos pasos hasta tropezar con un trozo de tela que Lucifer no tardó en identificar cómo una de esas pancartas coloridas que a su hija le encantaba fabricar.
*Feliz primera semana, Sir Pentious*
¿Sir Pentious? ¿Quién era? Lucifer echó una mirada al grupo residente del hotel durante unos segundos, hasta que recordó las presentaciones apresuradas que su hija había hecho en su primera visita. Le vino a la mente la imagen del hombre-serpiente que le había saludado con gesto exagerado y nervioso al grito de *¡Majestad!*
“Debió de ser él quien llevaba el dirigible”
El tipo pelirrojo tampoco daba señales de vida. Lucifer sintió un nudo en el pecho al ver la expresión de Charlie, uno de sus peores temores se había cumplido.
—Lo hizo por nosotros…— susurró Charlie —El sacrificio final… Confió en mi… y mirad cómo ha pagado el precio. Este derramamiento de sangre podía haberse evitado si hubiera convencido al cielo de trabajar juntos. Tuve un hotel y lo destruí… quise hacer algo bueno y os decepcioné—
“No…Charlie” Lucifer apretó los puños, esto no podía terminar así. Ella había hecho todo lo posible… Lucifer no podía dejar que esto quedara así, no quería que el cielo acabara con el ímpetu de su hija, ya se habían llevado demasiado…
Volvió la vista hacia el grupo. Aquellos pecadores seguían allí, hacía semanas que sabían lo que iba a suceder, la posibilidad de perderlo todo y de que no habría ninguna recompensa esperándolos en caso de salir victoriosos… y a pesar de ello, se habían quedado al lado de Charlie.
“Es a ti a quien deberían haber buscado aquellos caídos en los primeros días del infierno” pensó Lucifer avanzando hacia ella. Esto no iba a terminar así, no iba a dejar que la desolación la consumiera.
—No sufras, señorita. Has sido la primera en 10.000 años que ha cambiado algo en esta ciudad ¡Puedes hacerlo! Ahora lo sé. Esta historia solo acaba de empezar. Aún no puedes renunciar, se lo debes. Aún hay daños que reparar. Me has hecho cambiar de parecer, has llegado a sus corazones. Has encontrado el bien en las almas que se habían vuelto malas— afirma con una convicción y una esperanza que no había sentido en mucho tiempo —Todo destruido y no hay gente. Pero, Charlie, por favor ¡el show debe avanzar! —
Para su sorpresa, las voces del resto de pecadores se unieron a la suya mientras se acercaban a su hija.
—¡Lo haremos! ¡Lo construiremos! ¡El mejor hotel que hayas visto jamás! ¡Será grande, estará lleno! —
—¡Podrás salvar muchas almas! — añadió Lucifer.
—Empieza contigo, sabes que es verdad ¡cumple tu destino! —
Todos extendieron sus manos.
—¡Mientras os tenga a todos conmigo! — declaró Charlie entre lágrimas.
Los días que siguieron a la batalla fueron ajetreados. Lucifer abrió las puertas de su palacio a Charlie y a los residentes del hotel. Tenía tantas habitaciones que podían hospedarse allí hasta que lograran reconstruirlo todo. Su hogar, que había permanecido en un silencio sepulcral durante años, se llenó de sonido y vida. Aquella sirvienta diminuta iba correteando por todas las habitaciones mientras limpiaba de forma frenética. El chico araña, que no paraba de bromear con su amiga, el hombre gato que, aunque se quejaba, también parecía entusiasmado con la idea de reabrir el hotel. Charlie y Vaggie, unidas, ante todo, se animaban la una a la otra.
Y comenzó la reconstrucción…
—¡Necesitamos ladrillos! —
—Menos mal que estamos en el infierno ¡mira que truco! — gritó, invocando cientos de ladrillos.
—¡Primero los cimientos! —
—Muy fácil ¡lo puedo hacer! —
Fue lo más parecido que Lucifer vivió a volver a estar en el Edén, no solo se estaba divirtiendo dando rienda suelta a sus poderes, también estaba haciendo felices a todos los que estaban con él.
La construcción avanzaba rápido, trabajaban día tras día. No todo era perfecto, a veces los ánimos de Charlie flaqueaban. Era en momentos a solas en los que Vaggie la acompañaba y la dejaba llorar sobre su hombro hasta desahogarse. En otras ocasiones, era Lucifer quien la encontraba y la abrazaba asegurando que todo iría bien.
—No quiero llorar más… aún hay mucho que hacer— dijo su hija intentando ocultar sus lágrimas.
—Por supuesto, mi vida—
Aquel día ambos estaban mirando los planos que Charlie había ido dibujando. Aunque sus dibujos eran algo abstractos, Lucifer los iba interpretando e iba creando una estructura con sus poderes, luego el resto del grupo se encargaba de rellenar los detalles faltantes.
Acababan de terminar una de las torres principales del hotel. Charlie había insistido en reconstruir la emisora de radio de Alastor en lo alto de dicha torre. Lo cierto era que no estaban seguros de que había sucedido con el demonio radiofónico, había desaparecido igual que Sir Pentious, pero nadie le había visto caer en batalla directamente. La sirvienta y el hombre gato no estaban seguros de afirmar si había muerto. Lucifer no estaba muy seguro de ello “Mala hierba, nunca muere”. Sin embargo, su hija le tenía aprecio
—Esté vivo o no. Tanto si desea volver cómo si no, al menos quiero que tenga su habitación cómo en el antiguo hotel— dijo Charlie.
Y Lucifer, que estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para que su hija se animase, cumplió con su deseo. En cuestión de minutos pudo invocar una torre similar a la que había en el plano.
Sin embargo, ahora observaba el papel confundido.
—Cariño, esto que has dibujado aquí es otra torre ¿no? — preguntó señalando el plano.
—¡Ah, sí! Lo estuve dibujando anoche—
—¿Para que tenías pensado usar esta sala? ¿Es un observatorio? ¿Una sala de meditación? —
Charlie sonrió.
—Bueno, papá… verás… había pensado. Al igual que Alastor tendrá la habitación en una de las torres principales por ser el director del hotel… bueno… creo que… estaría bien que tú también tuvieras una habitación aquí…al fin y al cabo eres el rey del infierno… — respondió su hija tartamudeando.
Lucifer se quedó atónito, su mirada volvió al plano. Mirándolo más de cerca pudo darse cuenta de que, lo que él había interpretado cómo una cúpula para observar el cielo era en realidad una suite con forma de manzana.
—No es para que estés aquí siempre. Quiero decir ¡solo si tú quieres! — comentó Charlie de forma nerviosa —Sé que no te gusta mucho hablar con la gente y que a lo mejor prefieres la tranquilidad de estar en casa, pero también pensé que a lo mejor querrías quedarte a dormir en el hotel alguna vez y…—
Lucifer no daba crédito a lo que estaba oyendo ¿su hija le estaba pidiendo que viviera con ellos?
—Bueno… ¿te parece buena idea? — preguntó Charlie de forma tímida.
No pudo evitar sonreír.
—¿Qué si me parece buena idea? — se lanzó hacia ella atrapándola en un abrazo —¡Gracias por contar conmigo, manzanita! —
Charlie le devolvió el abrazo con alivio y felicidad.
Los días iban pasando, la construcción del hotel avanzaba, cada pecador de la ciudad iba jugando sus cartas y, finalmente, llegó el día de la inauguración del hotel.
Colocaron un retrato de Sir Pentious y, en honor a su sacrificio, presentaron sus respetos.
—¡Lograremos ser mejores! Aunque la redención tarde en llegar. Lo pecadores saldarán sus cuentas…—
—¡Y lo haremos con una sonrisa! — gritó Alastor apareciendo entre el grupo.
Lucifer hizo una mueca “No todo podía ser perfecto” pensó, bueno, al menos Charlie se alegraba de volver a verlo.
Observó cómo su hija, llena de vida y alegría, abrazaba a Vaggie en la entrada del hotel.
—Impactaremos con amor. Lo haremos juntas ¡Mañana en este puto infierno sé que habrá felicidad! —
