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06 de Agosto del 2005
Por cada paso que daba sobre el césped del enorme jardín sentía como su cuerpo le pedía dar media vuelta y largarse, después de todo huir siempre había sido su mejor método de defensa.
— Deja de preocuparte tanto Draco.— La voz se Blaise sonó casi monótona a su lado. Sostenía una caja envuelta de un llamativo papel infantil.
— No debería estar aquí.— Insistió el rubio.— Será incómodo para todos.
— Ella también te envío una invitación, deja de ser dramático.— Giró levemente en dirección a su amigo.— Míralo como una buena oportunidad para terminar de limar las asperezas.
Le pedía a Merlín que el optimismo de Blaise fuese suficiente, ya se sentía muy fuera de lugar sólo por estar recorriendo aquel jardín que durante su infancia había sido un sitio recurrente para él. Varias mesas largas y elegantemente decoradas con manteles blancos y arreglos florales coloridos comenzaron a ser visibles, una decoración que iba acorde al cálido clima de ese día.
Notaron como Theo y Daphne se encontraban charlando cerca de la mesa en donde se encontraban servidas algunas bebidas, comenzaron a caminar en su dirección dispuestos a saludar a sus ex compañeros. La rubia fue la primera en notarlos, para su mérito lucía feliz de verlos, abrazó a Blaise e hizo lo mismo con Draco.
— ¡Merlín, siento que no los veo hace siglos! — Agregó con entusiasmo.— ¿Cómo han estado?
Theo se acercó un poco más al pequeño círculo que habían formado frente a la mesa, atrajo a Daphne por la cintura y les ofreció una sonrisa leve, esa era su manera de saludarlos.
— Bien, la selección me mantiene más ocupado de lo que me gustaría.— Admitió el moreno con tono cansado.
— ¡Oh! — Theo exclamó de repente.— Cierto, ahora juegas para la selección Irlandesa, felicidades.
— Gracias.— Respondió con una alegría orgullosa.
— ¿Qué hay de ti Draco? — Daphne lo miró.— Astoria mencionó haberse topado contigo en una exhibición mágica en Austria.
— Ah, sí.— Metió las manos a los bolsillos de su pantalón negro.— Fui porque mencionaron algo sobre una pieza única traída desde Bulgaria, son sólo negocios.
Ella simplemente asintió, Draco siempre había sido amante del arte y objetos extraños, el valor solía deberse más a la antigüedad que a la belleza de dicha pieza. A ella le costaba entenderlo, prefería comprar cuadros y esculturas bonitas que fueran más acordes a su estilo personal.
— ¡Por Salazar, casi lo olvido! — Continuó Blaise.— Felicidades por su compromiso.
Daphne sonrió ampliamente y alzó su mano para mostrarles el gran y brillante anillo que ahora decoraba su dedo anular izquierdo.
— Felicidades.— Agregó Draco mientras sonreía al ver la expresión presumida de Daphne.— Buen trabajo con el anillo Nott.
— Buscar el indicado fue una pesadilla.— Bromeó con pesar.— Ya saben cómo es.
— ¡Ey, sigo aquí! — Se quejó la mujer.— Idiotas.
Compartieron un pequeño momento de risas debido a la reacción de Daphne, seguía reprendiéndolos por tomarla como la burla dentro de la amena conversación que estaban teniendo. Entonces sus quejas se desvanecieron, su expresión fruncida había cambiado a una muchísimo más feliz y radiante, lo que sea que estuviese viendo más allá del hombro de Draco debía ser muy especial para provocar una reacción así.
— ¡Es tan lindo! — Exclamó con una emoción desbordante.— ¡Vamos Theo, quiero cargarlo otra vez! — Tomó a su prometido de la mano y prácticamente lo jaló con ella.
No quería darse la vuelta, sus pies parecían haberse clavado al suelo, podía notar como su respiración comenzaba a sentirse más pesada. La mano de Blaise sobre su hombro fue como un aviso de sentencia, ya no podía escapar de ese lugar, no le quedaba más opción que soportarlo, se dio la vuelta con una lentitud casi dolorosa.
Ahí estaba ella, el vestido veraniego de color blanco la hacía ver casi angelical, se había vuelto más hermosa con el paso de los años. Pansy se veía genuinamente feliz de verlos, había algo en su rostro, un brillo invisible, algo natural, observó aún estático en su sitio como ella se acercaba a ellos.
— ¡Chicos, me alegra que hayan venido! — Los saludó sonriente.
— ¡Pans déjame cargarlo de nuevo, por favor! — Suplicó Daphne mientras extendía las manos.
La pelinegra cedió a las súplicas de su mejor amiga y con mucho cuidado le pasó al pequeño bebé que llevaba entre los brazos, el niño emitió una risa que sólo un bebé sería capaz de hacer, parecía feliz de estar entre los brazos de Daphne. Pansy aprovechó ese pequeño descanso para poder saludar apropiadamente a sus amigos, abrazó a Blaise y le indicó que podía dejar el regalo sobre otra mesa que se encontraba puesta al otro lado del jardín.
Theo y Daphne parecían muy entretenidos con el bebé como para prestarle atención a algo más. Draco observó a Pansy de reojo, parecía feliz al ver cómo sus amigos jugaban con su hijo.
Su hijo. Un hijo de ella y Potter.
— Hace tiempo que no te veía.— Finalmente ella rompió el silencio entre ambos.
— Casi dos años.— Recordó él.
— Cuando no te vi en la boda pensé, con tristeza, que no volvería a verte nunca más.— No había reclamo en sus palabras, sólo un leve toque de tristeza.
— No quería arruinar tu día especial.— Sintió la mirada de Pansy sobre él.— Tener a un ex mortífago como invitado a la boda del salvador del mundo mágico, no sería prudente.
— Yo te quería ahí.— Añadió ella.— Y Harry tampoco tenía problema con mi decisión.
— Lo lamento.— Sus palabras fueron sinceras.— Pensé que sería lo mejor.
— Lo sé, sé cómo piensas.— Le recordó.— De verdad me alegra que hayas asistido al primer cumpleaños de James.
— ¿Su nombre es James? — La miró con una expresión suave.
— James Sirius.— Señaló Pansy.
— Es un buen nombre.
Y como si hubiera esperado a ser nombrado, el pequeño había comenzado a llorar en los brazos de Daphne, quien se veía notablemente mortificada. Pansy volvió a tomar al niño, quien detuvo su llanto tan pronto estuvo en los brazos de su madre, ella besó su mejilla haciéndolo reír.
— Draco.— Lo llamó mientras se ponía frente a él.— Éste es James.— Alzó la pequeña manita del bebé y la movió.— Saluda Jamie.
Notó como más personas se aproximaban desde el interior de la mansión, los reconoció como los padres de Pansy y junto a ellos, Potter y sus amigos. Potter lo saludó con un leve movimiento de cabeza en cuanto notó su presencia, él hizo lo mismo.
Sintió un suave tirón en la manga de su camisa y al enfocar la vista se dio cuenta de que se trataba del hijo de Pansy, ella simplemente se rió al ver lo interesado que estaba el niño con su prenda, los bebés se entretenían con demasiada facilidad.
— ¿Quieres cargarlo? — Le preguntó con leve emoción.
— ¿Yo? — Draco la observó con asombro.— No lo sé, nunca antes he cargado a un niño.
— Entonces practica con Jamie.— Volvió a animarlo mientras le pasaba con cuidado al pequeño y le indicaba cómo sostenerlo de manera adecuada.
Malfoy siguió con nerviosismo las instrucciones que Pansy le daba sobre cómo y dónde colocar sus manos para sostener a James sin peligro de dejarlo caer, por alguna razón el niño no dejaba de reír a carcajadas, no sabía si simplemente estaba feliz o de alguna manera se burlaba de él. Lo sintió recostarse sobre su hombro y tratar de jalar un mechón de su platinado cabello, vaya que era inquieto, no dejaba de tocar su rostro mientras balbuceaba.
— ¿No es tan malo, verdad? — La imagen de Draco cargando a su hijo le resultaba graciosa, sobre todo porque él parecía muy nervioso.
— Creo que no.— Respondió con algo de duda. James seguía retorciéndose entre los brazos de Draco, cuando bajó levemente la mirada se topó con los ojitos del bebé fijos en él.
Verde olivo. Idénticos a los de Pansy.
Una pequeña sonrisa apareció sobre su rostro, una sensación nostálgica se instaló dentro de su pecho, era una sensación extraña pero asombrosamente reconfortante. Los tiempos cambian al igual que las personas, todos avanzaban y ahora finalmente entendía que era su turno de hacerlo.
— Tiene tus ojos.— Señaló mientras alzaba la vista hacia Pansy.— Gracias a Merlín se parece más a ti.
— Escuché eso Malfoy.— La voz de Harry sobresalió desde atrás. Se colocó al lado de su esposa y la rodeó por la cintura.— Es bueno verte.
— Ya sé que no puedes vivir sin mí Potter.— Bromeó con una sonrisa brillante. James, que seguía en los brazos de Draco, emitió otra sonora risita.— Mira, hasta él lo sabe.
Los tres intercambiaron una pequeña ronda de sonrisas divertidas, disfrutando del buen ambiente que había en el lugar. Hace años jamás se le habría pasado por la cabeza que algo como esto fuese siquiera posible, pero ahora que lo veía y notaba lo feliz que todos estaban, incluso después de los calvarios que tuvieron que pasar durante la adolescencia y la guerra, agradecía ese futuro.
— Deberías darte prisa.— Harry continuó.— Mi hijo necesita a su rival de Slytherin. Quién sabe, tal vez hasta podrían ser amigos.
— No me presiones Potter.— Respondió Draco con una sonrisa.— Suficiente tengo con mi madre.
Harry dejó escapar otra suave sonrisa mientras negaba con la cabeza, Pansy se recargó contra su hombro mientras lo abrazaba y suspiraba con alegría. Eran ocasiones como aquella las que le recordaban que la felicidad siempre puede vencer sobre la oscuridad, amaba su vida, la familia que había formado con el amor de su vida y nada era mejor que compartirla con sus mejores amigos.
— Gracias.— Le susurró a su esposo.
— ¿Por? — Bajó levemente la vista hacia ella.
— Por hacerme feliz.— Respondió con suavidad.
— Yo tendría que haberte agradecido por eso, mi amor.— Besó su frente con ternura.— Gracias por todo.
Compartieron un suave beso y mientras aún continuaban abrazados observaban como sus grupos de amigos libraban una batalla por ver quién hacía sonreír más a James. Al final todo había valido la pena, cada batalla, cada sacrificio, honrarían todo eso siendo felices.
