Chapter Text
Viktor no tenía idea del cómo había terminado en una situación como esa.
Sabía muy bien que esa sensación no provenía simplemente por haber despertado junto a su compañero de trabajo, su mejor amigo y el socio con quien había construido toda una empresa; o mejor dicho, el sueño de toda su vida, una dedicada a la ciencia.
Irónicamente y en lo particular, eso era lo que menos le impresionaba.
Lo verdaderamente importante era el cómo habían pasado las cosas la noche anterior como para haber llegado hasta ahí. La noche compartida continuaba repitiéndose en su mente con detalles incómodos de recordar: los silencios y miradas profundas entre tragos y pláticas indistintas, el contacto físico que comenzó como algo inevitable dentro de la reunión hasta finalmente llegar a compartir la misma cama.
De nuevo.
Justo una semana después de haber establecido límites en su “relación”. Después de prometerse con una convicción tan frágil como desesperada, que sus caminos no volverían a cruzarse con el único fin de tener sexo. Claramente mintiéndose el uno al otro con una promesa más parecida a una cómoda mentira; una que les permitía continuar fingiendo que nada de eso volvería a suceder, aún cuando ambos entendían muy bien que todo ya no se trataba tan sólo de deseo.
En defensa del científico, todo en esa noche ameritaba celebración.
Su empresa, Hextech, había sido finalmente reconocida a niveles inimaginables como una de las firmas emergentes para programas de innovación tecnológica más relevantes en el año y probablemente la década entera. Asegurando así un mayor financiamiento, reconocimiento a nivel laboral y académico por parte de la universidad de Piltover y la posibilidad de expandirse más allá de los pequeños laboratorios y sueños que habían visto nacer el proyecto.
Un reconocimiento buscado desde su creación por sus dos fundadores: Jayce Talis y Viktor Novotný. Donde todos esos esfuerzos, años de trabajo, noches sin dormir y discusiones interminables por fin habían rendido sus frutos.
¿Qué acaso eso no era suficiente motivo para celebrar? Claramente lo era. Ya que de no ser así, Jayce y él nunca hubieran organizado una fiesta para todos sus trabajadores, colaboradores y amigos con el único fin de brindar por un logro más. Por uno que llevaba consigo el nombre y la alegría de ambos científicos.
Conforme las horas pasaron, la música, las risas y el alcohol se unieron al orgullo compartido que llenó el lugar durante horas. Y como ya parecía ser costumbre, el alcohol terminaba apoderándose de sus cuerpos y mentes una vez más, llevándolos hasta ese preciso momento. Donde después de horas, copas de vino, champán y demás licores que Viktor nunca habría tocado en cualquier otra circunstancia se fueron acumulando, desdibujando los límites que había trazado con tanto esfuerzo.
Al principio, sólo habían sido miradas que parecían eternas acompañadas de conversaciones indistintas y una cercanía familiar que parecía justificarse con el ruido y la multitud presente para luego dar pie a los roces accidentales que ambos conocían muy bien en sus encuentros, lo que eventualmente llevó a caricias y risas suaves con comportamientos ya conocidos por ambos, como Jayce inclinándose demasiado para hablarle al oído hasta finalmente pasar sus manos por los costados de su cuerpo.
Y cuando finalmente tuvieron la oportunidd de huir solos, ya no hubo límites o promesas que se resistieran.
Como si hubiera sido inmediato, el resultado de esa debilidad compartida se extendía ante ambos con una verdad imposible de ignorar y ocultar, con ambos llegando con ansia y rapidez al departamento de Jayce, quitando las prendas del otro mientras sus labios se aprisionaban una y otra vez, buscándose con urgencia en repetidas ocasiones hasta finalmente llegar a lo inevitable. Donde después de horas, ambos yacían recostados sobre la enorme cama de Jayce, con sus cuerpos desnudos llenos de sudor y marcas que solo marcaban la evidencia de sus límites y promesas rotas.
Jayce dormía a su lado, aprisionándolo entre sus brazos con una naturalidad que a Viktor no podía parecerle más que dolorosa, como si sus brazos fueran un lugar que le perteneciera y mereciera siempre. El calor compartido, la inevitable cercanía acompañando a su memoria aún fresca hacía que su pecho se sintiera apretado, con una vulnerabilidad que le costaba aceptar.
Suspiró con pesadez, cerrando sus ojos con fuerza como si así pudiera eliminar el creciente nudo que se formaba en su garganta.
Se suponía que nada de eso debería de estar pasando. No otra vez, no después de haber conversado sobre eso ni después de haber establecido sus límites, sus nuevas reglas, de la decisión dolorosamente racional de mantener distancia para protegerse a sí mismo.
Y sin embargo, ahí estaba. Otra vez.
Porque lo que más dolía no era haber fallado a su promesa ni a sus propios límites, sino lo fácil que le había resultado hacerlo. Lo natural que resultaba el volver a los brazos de Jayce Talis aún después de todos esos años. Como si su cuerpo, corazón y alma hubieran aprendido ese camino mucho antes que su cerebro.
A su lado, Jayce pareció moverse apenas, murmurando algo ininteligible y apretando un poco más el cuerpo ajeno antes de volver a acomodarse, lo cual llevó a Viktor a suspirar apretando su labio inferior.
No era justo.
No para ninguno de los dos.
Y Viktor sabía muy bien que necesitaba poner un alto, de manera definitiva. Un límite claro en esa relación que no se viera roto rápidamente por su corazón (y otro órgano) pensando primero que su cerebro.
Porque necesitaba enterrar en lo más profundo de su alma esos sentimientos por alguien como Jayce Talis. Alguien con una luz tan enorme a quien solo podía observar y amar a lo lejos, a escondidas.
Los días posteriores avanzaban con una normalidad que para Viktor, parecía casi insultante, especialmente en su relación; donde parecían haber recuperado la monotonía propia de esta que siempre los había definido, esa rutina compartida en la que ambos sabían cómo moverse sin hacerse daño.
Jayce llegaba en su auto al departamento de Viktor para posteriormente ir a desayunar juntos antes de llegar al trabajo mientras hablaban de temas triviales: los prospectos de chicos que probablemente podrían necesitarlos para su tesis doctoral conforme la época se acercaba, los retrasos administrativos en la universidad, sus nuevas ideas de proyectos dentro de la empresa o las quejas constantes (y ligeramente absurdas) como las que daban acerca de los gatos del otro. Eran charlas inofensivas, nada fuera de lo común. Cuidando que no se notara la evidente fractura que se había formado por la última noche en que habían despertado nuevamente en la misma cama.
Y precisamente por eso mismo, Viktor se extrañó ligeramente cuando de vuelta en el laboratorio, Jayce tranquilamente llevaba a la mesa el tema de la fiesta, haciendo que se le helara la sangre.
No era que no disfrutase de su cercanía; todo lo contrario. Y claro, no por nada su mente insistía en seguir recordando esas noches donde disfrutaba del tacto de Jayce en todo su cuerpo con una devoción de la cual se sentía poco merecedor. Con todo ese cuidado, cariño y casi religiosidad que aparecía justo después, cuando el mundo parecía reducirse a sólo ellos dos.
Es por eso que su mente cayó en blanco cuando le escuchó hablar sobre eso, porque sabía, muy en sus adentros que esa sería la última vez en que podría permitirse disfrutar de eso. O al menos, que haría lo posible porque de verdad fuera así.
No podía seguir permitiéndose esos momentos de cercanía con Jayce. No cuando cada vez que cerraba los ojos, estando dispuesto a irse a dormir o buscar un rato de calma, las inevitables imágenes de Talis sosteniéndolo con cuidado y ternura en aquella noche amenazaban con salir sin pedir permiso alguno, como si le amenazaran con desbordarlo.
Y entonces, inevitablemente, él sentía.
Y continuaba sintiendo algo que no debía ser. Que nunca debió ser.
—Estás muy callado hoy, V. —Pronunció Jayce con un tono de ligera preocupación saliendo de él mientras deslizaba una taza humeante hacia su compañero, sacándolo de sus pensamientos. —Ten. Tiene más azúcar y crema que café. Tal como te gusta.
La naturalidad proveniente de éste mismo hacía irritar a Viktor. Esos detalles que Jayce tenía con él lo tenían con el pecho fuertemente apretado. ¿Por qué él no parecía que estaba a punto de arrancarse la piel cada vez que estaba tan cerca suyo? Haciéndolo parecer como si fuera tan fácil el estar juntos.
De nuevo.
A modo de respuesta, Viktor aprieta la mandíbula y asiente con la cabeza a la par que toma la taza, observando el calor humeante del contenido de la misma y dejando que el calor le abriera la mente, donde el vapor subía lento, casi similar a él y sus sentimientos en ese momento.
—Jayce. —Dice con firmeza, colocando la taza sobre el escritorio antes de mirar al mencionado por unos segundos. —Creo que debemos detener esto… Y hablo de en verdad hacerlo.
El contrario parpadea un par de veces en signo de confusión. Entendía perfectamente la situación pero lo repentino de la misma, claramente le extrañaba. —Viktor…
—No digas nada, por favor. —Replicó de inmediato sin dejarle terminar, porque sabía que si Jayce pronunciaba algo acerca de lo que sentía, y que si eso fuera similar a lo que ardía en su pecho, no habría vuelta atrás. De la misma manera que no lo había sido en ningún otro momento. —De verdad, hablo en serio…No podemos seguir así.— Se atrevió a mirarlo a los ojos. —No después de todo...Aún fingiendo algo que no es.
El silencio cayó pesado entre ellos.
Y cada palabra que salía de su boca, ardía en su pecho.
—¿Estás diciendo que...que ya no quieres que?—Titubeó pasando una mano por su nuca, nervioso. Lo mira por un largo rato, en un silencio ensordecedor, mismo donde Viktor sentía a su corazón rompiéndose en mil pedazos. Más aún porque él sabía la verdad y el porqué de todo lo que estaba haciendo: No era un error, nunca lo sería.
Pero necesitaba convencerse de lo contrario. Necesitaba poner ese límite y enterrar todo lo que sentía por su compañero a como diera lugar. De la manera que fuera. Era más sencillo hacerlo así.
—Necesitamos terminar esto. Poner un límite y ponerlo en serio. —Sus manos temblaron apenas, y las escondió debajo de la mesa mientras desviaba la mirada a otro lado antes de continuar hablando. —Esto nos está sobrepasando. A mí...Y no es justo, Jayce. Para ninguno de los dos.
Jayce siguió mirándolo por un rato. Su expresión pasando de sorpresa a un entendimiento lento, doloroso.
—Si esto es lo que quieres. Está bien. —Pronuncia finalmente, asintiendo despacio y levantándose de su asiento, yendo hacia la salida del laboratorio. No discutió, no insistió y solamente se iría. Su voz trataba de sonar firme, pero de la misma manera que el contrario, mas que firmeza era un tono lleno de rendición.
Viktor sintió algo romperse dentro de su pecho, más cuando sabía que era lo correcto.
—Está bien, sí. —Repitió el científico, sosteniéndole la mirada unos segundos antes de nuevamente hundirse mientras jugueteaba con un par de cosas en la mesa donde se encontraba sentado minutos antes de su conversación. —Gracias, por entender.
Jayce asiente con la cabeza mientras toma su propia taza de café y sale del laboratorio, dando pie a que Viktor resoplara sonoramente mientras recargaba su cabeza contra la mesa. Como si al haber puesto el límite que tanto necesitaba hubiera sido el inicio a su hundimiento en un abismo del que sabía perfectamente que no podría salir.
Uno que él mismo había creado pero que a la vez, necesitaba tanto.
Las semanas de abstinencia estaban siendo un total pero silencioso caos dentro de la mente de Viktor. Convirtiéndose en un tipo de coreografía llena de evitaciones meticulosamente calculadas, silencios y rutinas nuevas que intentaban reemplazar —un poco— lo que había perdido.
En parte, agradecía que Jayce hubiera respetado finalmente su acuerdo y ahora pasaban menos tiempo solos dentro de la empresa, el compartir sus tiempos se habían vuelto más cortos y en general, su relación se había simplificado hasta reducirse simplemente a lo esencial. Lo cual hacía que el corazón de Viktor diera vuelcos, pero de alguna forma estaba bien con eso. La frialdad de Jayce—su frialdad forzada, sin reproches ni insistencias o discusiones—había hecho bien a su corazón y a esos sentimientos que no sabía manejar, y era esa la parte que agradecía, incluso cuando dolía con intensidad.
La única parte que parecía no ser grata en todo eso, era quizás que su cuerpo parecía haberse descompensado en mil y un formas debido al repentino distanciamiento de su compañero. Lo cual lo tenía más sensible, agotado e incluso con una salud mucho más friable de lo que ya era. Ahora, las mañanas últimamente se habían vuelto más pesadas y casi insoportables acompañadas de un repentino rechazo a cosas tan cotidianas como la comida de gato o inclusive el café, lo cual le preocupaba un poco si de su rendimiento se trataba.
Como siempre, todo eso lo solía explicar desde su pensamiento lógico, culpando a la anemia que padecía y arrastraba desde hacía años, la cual parecía haber empeorado y que relacionaba principalmente a las noches en vela sobrepensando su situación, acompañado de cambios en su alimentación debido a aquella repentina sensibilidad a ciertos olores o sabores. Todo parecía ser lo suficientemente tranquilo como para no alarmarse de más...aunque debía admitir que cada mareo repentino o ataque de náuseas durante el trabajo, asesorías o sus tardes en el laboratorio con Sky, lo mataba lentamente.
—¿Viktor? ¿Te sientes mal? Tienes mala cara hoy—Pregunta Sky durante una tarde de trabajo con él. Acompañada de su característica amabilidad con una ligera preocupación en su tono de voz.
Al no recibir una respuesta inmediata, se inclinó hacia la mesa para poder observarle mejor. —¿Estás durmiendo algo, al menos?
—Lo suficiente, Sky. Gracias por preocuparte.—Mintió mientras acomodaba un par de planos tratando de desviar la atención de la chica. Causando que esta misma le observase con cautela por un par de minutos más.
Sky no pareció convencida. Debía admitir que se preocupaba un poco sus recientes malestares, pero tampoco podría insistirle de más, y estaba totalmente consciente de la persona que Viktor Novotný era.
—Te creeré.—Dijo al final, suspirando. —Pero si necesitas que revise o haga cosas por ti, sólo pídelo. Puedo hacerlo.
Viktor esbozó una sonrisa tranquila a la chica, sentándose en una de las sillas que se encontraban cerca suyo. Ese tipo de sonrisas que aunque llenas de gratitud, guardaban algo de incomodidad.
—Iré a pedir unas cosas. Llámame si necesitas algo.
Nuevamente asintió mientras miraba a la chica salir del laboratorio. Suspira pesadamente unos segundos antes de que una nueva ola de náuseas le atacara de manera repentina, lo cual lo llevó a ir rápidamente (y a tropezones) hacia el baño del laboratorio para vaciar todo lo poco que había consumido en el día.
El esfuerzo lo dejó sin aliento, mareado y con la cabeza dándole vueltas mientras se apoyaba con dificultad en el lavabo, intentando recomponerse antes de volver a su área de trabajo con un ligero cojeo por lo repentino del asunto. Todavía estaba intentando recomponerse cuando una repentina voz lo detuvo.
—¿Te pasa algo?—Jayce rompió el silencio mientras miraba a su compañero sentarse con dificultad. Su voz era calmada y su expresión parecía ser indiferente, pero sabía que la preocupación era genuina, de todos modos.
—¿Yo?—Viktor se sobresaltó rápidamente, subiendo la cabeza de manera casi inmediata, siendo víctima de un mareo, algo que Jayce notó de inmediato. —No. ¿Por qué lo dices?
Jayce suspira acercándose a la silla, girándola un poco para mirarlo de frente. —Porque llevas semanas actuando extraño. No te ves bien.
Viktor aprieta la mandíbula a modo de respuesta, desviando la mirada hacia la mesa de trabajo.
—Viktor, te ves cansado todo el tiempo, tus síntomas de anemia parecieron empeorar porque constantemente estás mareado y por si fuera poco, Sky me dijo que parece que tuviste una infección estomacal hace unos días porque no dejabas de vomitar. —Lo mira con preocupación. —Y por lo que veo, aún no se va. ¿Has pensado en ir al médico a checarte?
—Creo que puede deberse a los síntomas de mi periodo volviendo. —Respondió al fin. — El cuerpo reacciona mal a esos cambios… Y cuando aún no estaba en tratamiento hormonal, los cólicos y en general el hecho de menstruar hacía que se me revolviera el estómago constantemente. No es nada raro que al recuperarlo presente esos síntomas de nuevo, no sé de qué hablas.
Jayce frunció el ceño de inmediato.
—¿Pausaste tu tratamiento?—Preguntó, algo sorprendido y hasta incrédulo.
—Sí, al parecer ha habido algunas alteraciones cardiacas que preferí vigilar de cerca antes de recibir mis nuevas dosis de testosterona. Principalmente por la trombosis.
—¿Hace cuánto fue eso?—Lo miró con preocupación.
—Unos dos o tres meses como máximo.
Jayce suspira masajeando sus sienes por un par de segundos.
—¿Por qué no me dijiste nada? Pasaste todo tú solo…De nuevo.
—No es tu responsabilidad saber. —Replicó con rapidez. —No creo que deba darte explicaciones o un informe médico completo de todo lo que hago con mi cuerpo y mi salud, Jayce.
El silencio inmediato e incómodo que resultó como respuesta a la réplica de Viktor llegaba a los oídos de Jayce como un zumbido. Y sin poder decir nada en el momento, sólo pudo ser interrumpido por el leve golpeteo de su bolígrafo contra la mesa.
—Por supuesto que no, lo entiendo. No tienes que hacerlo. —Soltó en un suspiro mientras hundía su mirada en los planos, evitando a toda costa ver el rostro ajeno. —Es simplemente que me preocupas. Sabes que no me gusta enterarme por terceros cada que algo te pasa, Viktor. Somos compañeros, prácticamente vivimos juntos desde hace casi una década.
Viktor lo miró de reojo por unos segundos en un intento de mantener la compostura. Lo que menos quería tener en ese momento era a Jayce hurgando de más en sus asuntos personales, especialmente en alguno donde ni siquiera él terminaba de comprender del todo lo que pasaba, situación la cual llevaba semanas meditando.
La primera vez que notó algo fuera de lo común en su cuerpo, lo atribuyó al estrés. Pero, y conforme la situación lo sobrepasaba e intensificaba, pudo relacionarlo con su repentina suspensión hormonal. Y aunque no quería admitirlo, había algo que en sus adentros, le preocupaba. Y le preocupaba mucho más no tener el control sobre esa situación; sobre su cuerpo.
Pero claro, siempre en su mente estuvo esa posibilidad de la cual apenas y podía llegar a sospechar, la cual le resultaba tan imposible que se negaba rotundamente a darle forma.
Y por otro lado, Jayce no se rendía. —Y no me refiero a cosas sobre tu tratamiento, V. Me refiero a ti. —Viktor levantó la cabeza. —A cómo has estado…apenas comes, duermes poco y cuando lo haces es en el trabajo, y te esfuerzas más de lo que deberías…Y lo peor de esto es que no dejas que te ayuden. Sabes que no eres débil por pedir ayuda cuando la situación te sobrepasa.
Viktor soltó una risa corta, sin humor. Sabiendo perfectamente que Jayce tenía razón.
Pero no podía permitirse regresar a esa cercanía monótona con él. No cuando por fin parecía estar bien con sus repentinos límites.
—Siempre me sorprende cómo puedes decir todo eso con tanta normalidad. —Jayce lo miró, levantándose de la silla para enfrentarlo directamente. —No es raro viniendo de ti, creyendo que puedes arreglar las cosas tú solo porque…porque—
La frase se atoró repentinamente en su garganta. El mundo le dio un vuelco y el laboratorio parecía inclinarse de una manera peligrosa, acompañándose con que el ruido a su alrededor se volvía lejano.
Algo que Jayce notó de inmediato.
—Viktor. —Espetó acercándose a él una vez notó como llevaba una mano a la mesa para poder sostenerse. —Oye, siéntate.
No alcanzó.
Las piernas de Viktor cedieron antes de que él mismo tuviera oportunidad de responder. Todo se volvió negro en cuestión de segundos.
—¡Viktor!—Jayce reaccionó de inmediato, acercándose a tomarlo entre brazos antes de que cayera por completo al suelo.
Lo sostuvo con fuerza, llamándolo por su nombre una y otra vez mientras pasaba una palma por su rostro. Sintiendo con un profundo miedo cómo su cuerpo estaba demasiado liviano. Siendo así que sin pensarlo dos veces, lo cargó con cuidado para salir del laboratorio encaminándose hacia la enfermería, murmurando frases y disculpas que nadie escuchaba, pero que en su corazón, golpeaban con violencia.
Esta vez no lo dejaría solo. No de nuevo. Aunque Viktor se molestara, aunque después lo odiara.
El trayecto a la enfermería se sintió eterno para Jayce.
Sostenía a Viktor con ambos brazos mientras murmuraba su nombre casi como un rezo, repasando en su mente una y otra vez cada señal que había pasado por algo y quizás hasta ignorado. El cansancio y fatiga constante. La palidez. Los mareos. El silencio.
—Quédate conmigo. ¿Sí? Por favor. —Rogó en un susurro. —Vas a estar bien. Ya llegamos.
Cruzó la puerta de la enfermería, y después de atender las indicaciones de quienes estaban a cargo del área, Jayce ayudó a recostarlo con sumo cuidado en una camilla. Sus manos temblaban apenas cuando se apartó lo suficiente para dejar trabajar al personal médico, pero no se movió de su lado.
—Se desmayó en el laboratorio. —Explicó, pasando una mano por su cabello mientras le miraba con preocupación y hablaba evidentemente nervioso. —Estábamos hablando y creo que lo alteré… Ha estado mareado, con náuseas e incluso más cansado de lo normal. Creo que hoy simplemente…colapsó.
Una enfermera lo miró con seriedad, tomando notas rápidas mientras revisaba sus signos vitales.
—¿Cuánto tiempo tiene con estos síntomas?
Jayce dudó un segundo.
—Semanas. —Admite con voz baja. —Unas dos por lo mucho.
No supo con exactitud cuánto tiempo había pasado hasta que Viktor finalmente se movió.
Un parpadeo lento. Confuso. Con su respiración haciéndose un poco más profunda.
—¿Jayce…?
El mencionado reaccionó de inmediato, inclinándose hacia él.
—Aquí estoy, tómatelo con calma…Te desmayaste. Estamos en la enfermería.
Viktor frunció el ceño, intentando incorporarse si no fuera por otro mareo atacando.
—Estoy bien. No es nada. —Murmuró con fastidio.
Jayce soltó una ligera risa llena de emociones contenidas pero sin dar una respuesta específica a Viktor, sabía que no podía quitarle la clásica terquedad que lo caracterizaba, y mucho menos quería enfrentarlo de nuevo por poner su salud en riesgo, así que sólo se limitó a estar a su lado y no irse. Como siempre lo había hecho si de él se trataba.
—Necesitamos hacer algunos estudios. —Dijo aquella enfermera mirando a Viktor directamente. —Eso y que debería darse unos días de descanso fuera del laboratorio. No es una sugerencia.
El castaño suspiró, derrotado y llevando ambas manos a su rostro por un par de segundos, asintiendo con la cabeza mientras Jayce continuaba a su lado, aún sin decir nada; sin separarse de la camilla cuando eventualmente el personal médico volvía a rodearlos, siendo ese el momento donde se dio la oportunidad de hablar por su compañero con una voz baja, pero firme, como si aferrarse a cada uno de los datos que conocía sobre él fuera lo único que lo mantenía en pie.
—Tiene anemia crónica. —Empezó mientras Viktor sólo lo miraba de reojo a la par que diversos médicos le rodeaban. —Esclerosis lateral primaria, un interminable historial de problemas respiratorios…Y un corazón que nunca ha sido precisamente cooperativo.
La enfermera asentía mientras tomaba notas rápidas, lo que le daba la oportunidad a Jayce de continuar.
—Además…Es un hombre transgénero. —añade Jayce, sin titubear. —Estaba en tratamiento con testosterona desde hacía más de 10 años. A veces lo suprimía por problemas de salud, que es precisamente lo que pasó hace un par de meses. Y desde entonces, se dio pie a los síntomas como náuseas, mareos…
Viktor continuaba despierto mientras Jayce ventilaba toda la información suficiente acerca de él. Escuchaba cada palabra aunque amortiguada, pero aún así, no tenía fuerzas suficientes como para interrumpirlo. Apenas giró el rostro lo suficiente para mirarle de perfil—serio, concentrado— y especialmente preocupado de una forma que le apretaba el pecho.
—Haremos análisis completos para descartar alguna afección grave en relación a su historial médico. —Comentó la enfermera. —Ya sabe; sangre, orina, niveles hormonales…Lo necesario
Jayce asiente repetidas veces con la cabeza mientras los médicos hacían su trabajo a su alrededor. Durante todo ese lapso, el tiempo parecía volverse extraño. Minutos demasiado largos, una incomodidad creciéndole en el pecho debido a su disgusto por los hospitales y lo relacionado a ellos. Pero de alguna manera, ver a Viktor tan acostumbrado, le relajaba un poco. No iba a alejarse, no esta vez.
Cuando la enfermera regresó, tenía una expresión poco neutral.
Jayce se puso de pie de inmediato, Viktor posó sus ojos en ella sin decir nada, aún recostado.
—¿Está todo bien?
La mujer asiente a la par que muestra a Jayce un par de papeleo médico que no lograba comprender del todo mientras explica ligeramente los parámetros de las mismas pruebas anteriormente realizadas. Pero, fue allí cuando dieron pie a aquel documento.
—Los análisis de sangre no dan pie a ninguna anormalidad…—Comenta, antes de señalar un valor distinto en la misma. —Pero hay presencia de gonadotropina coriónica humana.
El mundo se detuvo por unos segundos.
—¿Eso significa…?
—Presencia de embarazo.
Viktor parpadéo una vez. Dos.
Jayce sólo atinó a quedarse helado en su lugar.
—¿Qué? —Dijeron ambos al unísono.
Un par de minutos más tarde, Viktor no lo miraba, sino que su mirada estaba puesta en el vacío. Perdido, asustado. Demasiado consciente de su cuerpo y de todo lo que pasaba a su alrededor. La enfermera los había dejado solos un tiempo para que ambos pudieran estar más cuerdos en segundos posteriores.
Y Jayce, por su parte, estaba sentado junto a la camilla, aún sin moverse del lado de Viktor. Tragó saliva antes de intentar hablar un par de veces, sin lograrlo.
—Escúpelo ya. —Dijo Viktor con firmeza.
—Esto es…—Susurró por fin, sin encontrar las palabras exactas para poder expresar todo lo que sentía. Su corazón latía con fuerza, pero su mente daba mil vueltas sobre la situación. No sabía si era emoción, miedo o incertidumbre.
—Ni lo menciones, Talis.—Viktor le detuvo rápidamente mientras suspiraba pesadamente. “A esto nos arriesgábamos si no poníamos un límite.” Pensó
Jayce tragó nuevamente. Sin saber exactamente qué decir o cómo reaccionar. Se inclinó un poco más, bajando la voz, como si el mundo a su alrededor pudiera romperse si hablaba más alto.
—Entonces no lo hablamos ahora…—Dijo. —Pensar. Decidir. Nada. Lo que necesites.
—¿Tú quieres hablar sobre eso?—Viktor le miró extrañado. No esperando una respuesta de ese tipo por su parte.
—No si tú no quieres. —Sonrió sin darse cuenta. Porque incluso en medio del miedo, lo único que podía pensar era que todo aquello era suyo. Algo de ambos. Algo que ambos habían creado aún entre caos. —Pero ya sabes. Me refiero a hablar sobre paternidad compartida en dado caso de seguir con el embarazo, o en dado caso sobre lo que haremos a futuro…
Viktor le detuvo en seco. Masajeando sus sienes. —Creo que estamos conscientes de que esto es algo importante que debemos hablar los dos. —Suspiró. —No quiero pensarlo demasiado…No hasta que sea seguro hacerlo.
Esa palabra cayó como un peso muerto en Jayce.
—¿Seguro? ¿A qué te refieres con eso?
Viktor cerró los ojos por un momento. Respiró hondo, y cuando los volvió a abrir, había algo quebrado en su expresión.
—Mi corazón. —Dijo en voz baja. —La anemia, el tratamiento hormonal pausado…—Soltó una risa sin humor. —Soy una persona con mil y un padecimientos médicos, Jayce. Básicamente un caso de estudio perfecto.
Jayce frunció el ceño, con un nudo apretándole en el pecho.
—No hables así. —Murmuró, acercándose un poco más a la camilla. —No después de todo por lo que has pasado.
—Es la verdad. —Replicó Viktor sin sostener su mirada. —Estoy casi seguro de que mi cuerpo en cualquier momento puede volverse en contra de esto…Y tú lo sabes mejor que nadie.
Talis mordió su labio inferior. No quería hacer caso a las palabras de Viktor, pero inevitablemente, sabía que tenía razón. En todas y cada una de ellas.
—¿Entonces hablas de…?
—No quiero que esto vaya demasiado en serio, por cualquier cosa…Dejaré a la vida hacer lo suyo…Para evitar decepcionarnos
Jayce bajó la mirada, con las palabras ajenas cayendo sobre él como flechas.
—Entonces hablar sobre tenerlo en este momento no es viable…¿No?
—No hasta que mi cuerpo decida.—Repite sin más.
Jayce suspira pesadamente
—Está bien…
Y casi de manera inmediata, un golpe suave en la puerta los interrumpió.
—Disculpen la molestia. —Anunciaba la enfermera asomándose en el cuarto. —Hay una cita en ginecología esperándolos, para evaluar un poco el estado de salud de Viktor con más exactitud.
Ambos asintieron antes de que Jayce ayudara a Viktor a sentarse en una silla de ruedas para posteriormente empujarlo fuera del cuarto. Sin soltarlo, especialmente ahora.
Y Viktor, aunque tembloroso, tampoco se apartó.
El trayecto hasta el departamento de Viktor fue silencioso.
El mencionado iba en el asiento del copiloto, recostado contra la ventana y con la mirada perdida en la pequeña impresión de la ecografía realizada que ahora estaba entre sus manos. La cita en ginecología había sido una montaña rusa de emociones para ambos y lo que más necesitaba en ese momento era finalmente ir a casa y descansar.
Jayce, por otra parte, manejaba con ambas manos firmes sobre el volante, atento a todo lo que lo rodeaba no sólo con el vehículo, sino que igualmente hacia Viktor. Había sido un día emocionalmente caótico, pero lo que no salía de su mente era lo que el médico había mencionado sobre lograr un buen progreso en el embarazo acompañado de tener imágenes y haber escuchado los latidos del pequeño corazón del ser que crecía dentro de Viktor.
No quería mencionarlo, pero eso, se presentaba como una pequeña esperanza para él. Una que estaría feliz de tomar si Viktor decidiese continuar con ello.
Cuando llegaron, Jayce bajó primero para abrirle la puerta como un gesto automático, aprendido de tantas otras veces. Viktor aceptó sin ganas de protestar.
—Oye.—Dice acomodando su bastón antes de bajar del vehículo, mirándolo por un par de segundos antes de continuar su camino hacia su hogar. —Tomaré un descanso…Espero que puedas ayudarme a cubrirlo. Necesitaré unos días
—Claro, tómate el tiempo que quieras. —Respondió con calma mientras le extendía su chaqueta una vez éste se apoyó en el pavimento, cerrando la puerta del auto. —Le diré a Sky y a Mel que tomarás un descanso por enfermedad. Nadie va a presionarte, me encargaré de eso.
Viktor cerró los ojos un segundo mientras respiraba profundamente, como si aquella respuesta le quitara un invisible peso de encima.
—Heimerdinger probablemente pregunte por mi, así que por favor…Encárgate de él y trata de inventar algo. Sé que podrás con eso. —Menciona mientras camina hacia su departamento.
—¡Espera, Viktor!
El mencionado volteó un par de segundos a mirarlo.
—Yo…emm.—Dudó un poco sobre lo que estaba a punto de decir. Sus emociones se desbordaban, eran inciertas, su cerebro no paraba y mucho más si se trataba de una situación anteriormente delicada como la que habían estado viviendo. —Descansa…Yo me encargaré de todo…Y salúdame al pollo crudo que tienes por gato.
A modo de respuesta, Viktor no hizo otra cosa más que esbozar una ligera y rápida sonrisa antes de asentir con la cabeza y caminar hacia su departamento, dejando a Jayce atrás.
Viktor no era alguien extremadamente expresivo. Por eso mismo, muchas de las personas que le conocían incluso llegaban a pensar en él como una persona fría, sin sentimientos. Quizás influenciados por los estereotipos de una persona proveniente del este de Europa como lo era él.
Pero en cambio, él era todo lo contrario. Viktor sentía demasiado y con tanta fuerza que prefería ocultarlo, por el bien de todos.
Nadie lo vio pasar noches en vela pensando en su familia en Europa, a quienes no veía desde hacía años y que extrañaba con todo su ser. Tampoco lo vieron cuando su gata, Rio, llegó a su vida y él hizo de todo por mantenerla a su lado a pesar de la enfermedad que poseía. Mucho menos lo vieron llorar por Jayce esa noche de su ruptura, esperando tontamente que él llegase a su puerta a pedirle perdón y así poder expresarle lo mucho que lo amaba y amaría siempre.
De la misma forma, nunca lo vieron sufrir por los malestares típicos de sus múltiples padecimientos. Y por lo mismo, no lo verían en ese momento, que mientras era acompañado por su gata, miraba la luna a través de la ventana, pensativo, posando una mano en su abdomen por inercia, pensando en mil cosas. Pero que todas esas se reunían en una sola, las cuales inclusive lograba susurrar una y otra vez. Sus ojos empapados en lágrimas.
“Por favor, mantente sano.”
Nadie que no le conociera sabría acerca de esa faceta suya, ni mucho menos, de esos deseos profundos de mantener a ese pequeño ser dentro de su cuerpo evidentemente enfermo.
Por otra parte, Jayce Talis siempre había sido un hombre de planes.
Estructuras, proyecciones y soluciones.
Pero nada de eso parecía servir en un momento como lo era ese. Más porque Talis también era alguien que sentía con una intensidad inmensa de la cual inclusive temía que se escapara de su pecho.
Precisamente como estaba ocurriendo en ese momento.
Llegó a su departamento, se tiró al sofá y cerró sus ojos. Pensaba en Viktor, todo lo que habían pasado juntos durante años, lo mucho que lo conocía a la perfección hasta finalmente pensar en la forma en que lo había sostenido en sus brazos después de colapsar, en el cómo respiraba con cuidado dentro de la enfermería, como si su cuerpo nuevamente fuera un territorio desconocido hasta para sí mismo. Y por primera vez, no pensó en el futuro como algo brillante o prometedor.
Pensó en riesgo. En hospitales. En noches sin dormir. En perderlo.
No estaba feliz. Estaba aterrado. Le aterraba pensar en un mundo sin la persona que más amaba. Alguien a quien sólo podía amar en silencio.
Pero aún así, en algún rincón sumamente profundo dentro de su pecho, había un sentimiento que no lograba silenciar, mucho menos reconocer:
Quería esto.
No el miedo ni el peligro.
Quería criar a su hijo junto a Viktor. Quería estar presente en lo que pudiera construirse entre ambos aún si era frágil. Aún si no pudiera gritar todo lo que su corazón tenía que decir.
Y por primera vez, la palabra "familia" para un hombre como él, no parecía abstracta o lejana.
Le parecía posible. Real. Con todo el amor que sólo alguien como Jayce Talis sabe brindar.
Los días posteriores Viktor no durmió. O al menos no de verdad.
Una noche permaneció acostado de lado con una de sus manos apoyada vagamente sobre su abdomen en un gesto casi inconsciente, todo mientras su mente no dejaba de moverse.
Pensó en su cuerpo, en su corazón. En cada diagnóstico que había recibido desde que tenía memoria como si se tratase de una sentencia. Pensó en todas las veces que su cuerpo no había respondido como él esperaba, en todas las limitaciones que había aprendido a aceptar antes que a entenderlas.
Pero había una chispa dentro suyo, una de la cual había escuchado sus latidos. Una que no era una idea ni una posibilidad abstracta.
Cerró los ojos con fuerza, sin querer ilusionarse de más. Pero tampoco podía negar lo que sentía, lo que hacía con intensidad.
Quería que su cuerpo estuviera sano, lo suficiente como para que ese ser creciera dentro suyo. Quería levantarse cada mañana y seguir no sólo por él mismo, sino por quien estaba consigo. Por quien se sentía motivado a cuidarse con una disciplina que nunca antes había tenido.
Porque de algún modo inexplicable, quería intentarlo, quería quedarse.
Tal vez era porque había llegado sin que lo planeara, o tal vez por la forma en que Jayce estaba sosteniéndolo de la misma forma que él. Quizás era mero cansancio de huir.
Más porque por primera vez, no se sentía como una carga.
Sino como una oportunidad.
Y a modo de respuesta a dicha silenciosa decisión, se incorpora cuidadosamente mientras respiraba hondo, buscando su teléfono en la mesita de noche mientras marcaba un número en específico. Esperando una respuesta.
Jayce respondió casi de inmediato, sin importarle la hora.
—¿Viktor?—Pregunta del otro lado de la línea. Con evidente preocupación y con su voz ligeramente adormilada aún. —Dios santo, llevaba días preocupado por ti…¿Está todo bien? ¿Estás bien?
—Sí, sí.—Asintió con la cabeza, aún si no pudiera verle. Rio maulló en un intento de captar su atención, por lo que ahora pasaba una palma por su cabeza. —Solo…Quería decirte algo. Pero todo está bien, gracias por preocuparte…Igual, disculpa por eso.
La preocupación casi lo hizo echarse atrás.
—No te disculpes. Me preocupas, más si se trata de…ehhh. —Para Jayce era extraña toda esa situación que estaba viviendo junto a Viktor. Claramente no le molestaba, pero a su parecer, se sentía extraño interactuar ahora que lo sabían y que todas sus conversaciones pasaron de ser cosas laborales o simplemente banales a ser de suma importancia con el embarazo de por medio.
—No lo digas. Está bien. Creo que es una situación complicada para ambos, ¿no es así?—Dijo con una risa seca.
—Creo que sí.—Responde de la misma manera. —Gracias, y perdón.
Jayce Talis generalmente no era alguien que se guardara sus sentimientos si de amar a alguien se trataba, pero si ese alguien era Viktor, prefería tragarse todo su sentir y enterrarlo en lo más profundo de su corazón, aún si sabían que ahora esperaban un hijo juntos. Era lo mejor para todos, ¿no es así?
—No te disculpes, te digo que está bien…Y, te llamo porque quería decirte algo.—Rio se acurrucó contra su cuerpo, y era gracias a eso, que tenía la oportunidad de posar su mano sobre su abdomen, como si buscara algo de seguridad antes de decir aquello. —He estado pensando. Mucho en realidad. Y Jayce, sé que esto no era para nada algo que ninguno de los dos hubiera planeado pero…—Su voz se interrumpió por unos segundos, exhalando con un temblor apenas audible. —No quiero perderlo, quiero tener a este bebé.
El silencio fue total. Jayce aguantó la respiración como alguien que está bajo el agua, siendo la respuesta de Viktor el aire que necesitaba para volver a respirar.
—Todos estos días ausente he estado intentando convencerme de que quizás dejarlo ir es lo más fácil y lógico que alguien como yo podría hacer…Pero no puedo. No quiero hacerlo. Y si hay una mínima y pequeña posibilidad de tenerlo, quiero hacerlo de la mejor manera…
La respiración de Jayce se volvía audible.
—¿Estás…seguro?
Hubo un segundo. Luego otro
—No.—Ríe. —Pero quiero intentarlo, y quiero hacerlo bien.
—Viktor…
—Y está bien si tú no quieres o no estaba en tus planes, pero consideraba importante decírtelo, ya que…Inevitablemente los dos somos parte de esto. —Se apresuró. —Quería que supieras que si esto sigue, es porque yo lo elegí. No por accidente.
Cuando Jayce habló, su voz estaba quebrada.
—Viktor. No necesitas apartarme de esto. Y creo que fue un error no decírtelo antes, pero yo también quiero ser parte de su vida. No vas a estar solo.
—Jayce…— Dijo con firmeza.—No te estoy pidiendo que—
—Lo sé. —Interrumpió con suavidad. —Pero yo estaré aquí, porque yo lo elijo…De la misma manera que tú lo haces. Y no te dejaré estar solo en esto. Ni ahora, ni nunca.
Viktor cerró los ojos, rendido de alguna forma, suspirando y sintiendo el ligero paso de lágrimas sobre sus mejillas.
—Entonces…Hablamos pronto. —Dijo. —Lo haremos paso a paso.
—Paso a paso. Sí. —Respondió asintiendo aún si Jayce no pudiera verlo. —Hablamos pronto, descansa.
Afuera, la ciudad seguía viva. Y adentro, en sus manos, esa pequeña chispa de vida también.
Ya que desde la primera vez que escuchó ese latido y pudo verle a través de una pequeña pantalla. Viktor permitió que la idea se quedara.
No como una promesa, sino como una posibilidad real. Algo que él podría hacer.
—Entonces tendrás un hermano, Rio.
Viktor sonrió acariciando la suave piel del felino que estaba a su lado, limpiando sus lágrimas con su mano libre.
—Estamos jodidos.
