Chapter Text
Es absolutamente vergonzoso admitir que estuvo atrapado en un ouroboros de pánico, asco, más pánico y una suave pizca de miedo que se mezcló con... Más pánico largo e innecesario , que no debería haberse presentado después de ya haber lidiado con eso en primer lugar.
Eventualmente acabó, la voz extraña surgió en algún momento desde que estuvo por vomitar su pastel de cumpleaños, usando pequeños arrullos silenciosos en vez de palabras y cantos, lo que, curiosamente, fue más efectivo que todos los intentos anteriores de calmarlo.
Parecía moto averiada, que risa.
Era extraño, por supuesto, pero es mucho mejor que tenerlo atrapado en el tímpano atemporalmente diciendo palabras que sólo funcionaban si venían de su mamá.
Se quedó acostado un tiempo, logrando forzar los párpados para abrirse brevemente para mirar un techo muy alto de roca muy, muy oscura. Del tipo que proviene de las metidas en las cuevas mayores profundidades del mundo, en dónde lo único que sobreviven son los bichos más feos y rastreros conocidos.
Si, definitivamente secuestro.
El miedo volvió en oleadas que se volvieron más y más turbias, su cuerpo cansado volvió a tensarse. Quizás alguna secta lo secuestró y lo vaya sacrificar, quizás lo vendan como esclavo, o lo asesinen, o lo violen, o quizás lo torturado hasta que desee morir.
Parpadea, una lágrima extrañamente fresca se desliza por su cara.
El arrullo-motor-averiado se intensifica rápidamente, una sensación fantasmal se cierne alrededor como una manta de hielo, como un animalito congelado que se da cuenta que su amo está al borde de un colapso.
Se está volviendo loco imaginando cosas que no existen.
Lentamente mueve la cabeza hacia un lado, esperando encontrar alguna mesa con instrumentos de tortura, pero solo encuentra la extraña cápsula que lo retenía desde un comienzo.
Negra pero extrañamente pulida, tan lisa que una luz antinatural se filtró y reveló los rasgos de su cara y cuerpo.
Sus extremidades literalmente empezaron a temblar. El terror se disparó al máximo porque podía saborear el ataque, los vómitos y el dolor de estómago a kilómetros de distancia, así que decidió cortarlo antes de que su mente terminara por convertirse en un limo.
Pesadilla.
Si, una muy estúpida pesadilla .
Una pesadilla muy vívida, con sensaciones realistas y con probabilidades muy altas de ser larga, porque el dolor que se infringe al rasguñar su pequeño —pequeño, ¿por qué pequeño?— brazo no es suficiente para despertarlo. Y... Y tampoco el frío que inunda dicho brazo lo devuelve a su cama, ¿Acaso su hermano le está poniendo agua fría en la vida real? Debe ser así, debe serlo.
La voz suplica.
“Hermano, te estás lastimando, por favor, detente”.
Una arcada silenciosa atraviesa todo su cuerpo repentinamente, asqueado por lo que tiene delante y es él.
Su cuerpo se ha aflojado por completo.
Su mente se limita a mirar el techo y... Nada más, no piensa más allá del entumecimiento en su cuerpo y alma.
¿Sabes cuando tu estado de ánimo ha pasado por tanto que, a pesar de no haber hecho nada físicamente, a nivel mental solo necesitas un pequeño respiro y dormir para recuperar fuerzas para seguir con vida? ¿Cuando el desbalance emocional es tal, que lo único que deja detrás de su brutal destrucción es la sensación de estar vacío?
¿Que simplemente lo que hay en tu cuerpo ya no eres tú?
¿Sí, no?
Qué importa, nadie le responderá.
Así es como se siente.
Aunque el paso del tiempo lo saca lentamente de ese estado, ni siquiera los ligeros golpecitos mentales de la voz han logrado hacerlo reaccionar físicamente. Quizá se esté portando como un patán, pero verdaderamente no se siente en sus cabales para lidiar con todo lo que implica tener una entidad real hablando con él ni intentando establecer una conexión que ni siquiera puede comprender por completo.
Inevitablemente su mente comienza a funcionar a toda máquina hacia cosas que no tuvieran que ver con la inmediatez de su alrededor.
¡No existe la telepatía en el mundo real! Ni siquiera era bueno leyendo a la gente durante toda su vida, ¿Cómo puede esperar que haga lo mismo, cuando su propio cerebro es un revoltillo de pensamientos estancados y atropellados?
Si es que tiene cerebro en primer lugar.
Porque la anatomía de un insecto es extraña- Bueno, no extraña en todas sus letras; sino diferente. Sus clases de biología le explicaron brevemente que sí tenían un centro de procesamiento nervioso dividido en tres secciones que no se va esforzar por recordar siquiera, pero que controlaban fácilmente las antenas, patas y el hocico.
Suponiendo que eso ocurra en este mundo, entonces el cerebro de los habitantes de este reino habrán cambiado, porque en primer lugar cualquier procesamiento analítico y emocional detrás de la "mente" del insecto común se detiene en la supervivencia y los rangos que desempeñan en caso de ser especies sociales.
O quizá esté sobrepensando la situación y todos aquí sean zoquetes, suponiendo que realmente los habitantes vean la monarquía como una forma digna de vivir.
...
Bueno, es una larva de un videojuego.
Los dos únicos cuernos —que ahora parecen ser un simple muñón— de una sola punta afilada en su cabeza le demuestran desde un principio que no es el protagonista ni tampoco el Hollow Knight. Tampoco la inclinación juega a favor del reconocimiento, no se parecen a las tantas vasijas asesinadas a lo largo y ancho del juego.
Eso lo hace peor, en cierta forma.
Porque de ser así, entonces seguramente es uno de esos hermanitos que encontrarás en una esquina oscura y desolada del abismo, cubierto brevemente de otros hermanos y rota por haber intentado creerse montañista de grietas metidas en el fondo del infierno literal de los insectos.
Apenas nació y ya sabe que está destinado a morir estúpidamente sin que nadie se acuerde que existió, porque el remate del chiste es que todos morirán y se convertirán en zombies por una polilla poodle desquiciada con falta de atención.
Santo Dios.
Dios padre, Dios hijo y Dios espíritu Santo.
Sus ojos obtienen de repente una extraña claridad y sus dedos se enfrían repentinamente cuando se da cuenta que se va morir.
“No, no morirás, hermano. Ninguno de ustedes lo hará. No lo permitiré nunca. No seas tonto”.
Se da la vuelta, intentando quedar boca abajo para revolcarse en su miseria, porque que gran experiencia, que gran segunda vida.
Técnicamente es un bebé, ¿No? Es un bebé estúpido que apenas nace conocerá la muerte porque ese tipo debió fumarse alguna línea de cocaína antes de hacer el mayor plan fallido mata fetos de la historia.
—Todo es una mierda.
Lo pensó en voz alta, muy alta. Su único punto era traspasar las cuerdas vocales inexistentes con voluntad pura, crear un pequeño sonido que pudiera abrirse paso entre... Entre nada, porque lo único que tiene en la cabeza que vagamente conecte con su interior son sus ojos, que se sienten llenos de lagañas pegajosas después de llorar tanto.
Ew.
“...¿Cómo aprendiste esa palabra?”
Ni siquiera piensa al responder, pero mucho más bajo que el anterior comentario.
—No lo sé.
Era sincero, realmente no recuerda cuando fue que la escuchó y mucho menos cuando empezó a repetirla, incluso cuando su hermano mayor le puso shampoo de bebé en la boca por ser tan grosero.
El silencio se extendió en... En el vacío, que gracioso.
Graciosísimo.
Me respondiste.
...
—Sí —Admite derrotado, cerrando lo... que supone son sus ojos. —Creo que sí.
(Ni siquiera se da cuenta de que su voz está ligeramente ahogada a través del vínculo, como el primer gorgoteo de un bebé).
El éxtasis inmediato recorre la voz, casi chillando y retumbando en... En todo su cuerpo. Esta nueva piel es como gelatina, ¿Qué carajo?
Ojalá tuviera cara y músculo, ojalá. Si lo tuviera está muy seguro que haría muecas muy visibles y descontentas porque no tiene un hermano con esa voz.
Sus hermanos reales están en otro lugar, en otra vida, durmiendo tranquilamente en sus cuartos. Quizá la mayor de todos habría dejado dormir al perro otra vez en su cama porque es tan corazón de pollo que no aguantaría ver los ojos saltones de esa rata esponjosa.
...No quiere una voz que finge ser su hermano, quiere abrazar a su rata esponjosa.
...
Quiere a su papá, quiere a sus hermanos.
“Creí que tendría que enseñarte a hablar, pero ya lo haces- ¡y eso es bueno! Oh, eres tan pequeño... ¿Por qué lloras de nuevo? Hermano, calma, no estás solo, lo prometo”.
Se pone en posición fetal y otra estúpida lágrima cae por su estúpida cabeza/máscara.
Quiere tanto a su mamá.
La frialdad lo rodea de nuevo, y puede jurar, debajo de párpados que no deberían existir, que las sombras a su alrededor lo han cubierto en un manto parecido a un abrazo.
(Quizá sí era un abrazo).
“Viniste a este mundo más rápido de lo que esperaba- bueno, creo que en... En otro momento era así. ¡Pero no importa! Por ahora sólo escúchame y te cuidaré, ¿Harías eso por mí, hermanito?”
Le hace ruido que use un tono tan suave, como si hablara con un niño... Que técnicamente debe ser, pero es muy raro si tiene veintidós años recién cumplidos.
Hace un intento de suspiro y asiente, dejando que la oscuridad caiga en la piel de sus brazos y lo arrulle, acurrucándose lo más que puede y llorando silenciosamente.
Quizá...
Quizá si intenta dormir podría escapar de este infierno y podría despertar nuevamente en su cama, rodeado de sus amados peluches y una sábana caliente.
Su respuesta en el mejor caso es evasiva, un indicio de que estaba volviendo al estado catatónico anterior a toda la comunicación desastrosa con la voz que dice ser su hermano. Y... Bueno, simplemente se deja llevar por la nada mientras intenta dormir, incluso bajo más arrullos de la voz.
El tiempo pasa.
La voz lentamente se apaga y lo único restante es el abrazo de frialdad antártica.
Se pierde en su propia mente, encerrando cualquier emoción en pro de un debido descanso.
Y aún así no lo logra.
Ya no tiene lágrimas cuando se da cuenta que le han arrebatado una de las necesidades básicas más importantes que tiene su especie y casi cualquier otro ser vivo.
Ni siquiera le sorprende.
Abre lentamente los ojos y mira su... Mano. Supone que es negra, incluso más que la sustancia que era la yema de su huevo. Sin embargo, tiene un mínimo brillo grisáceo a pesar de todo, es insólito teniendo en cuenta que eso no tiene sentido.
Flexiona sus diminutos dedos, viendo cómo se contraen levemente y la “piel” entre las articulaciones no se traban entre sí como una muñeca, lo que le preocupaba brevemente cuando se le ocurrió hacer este ejercicio de autodescubrimiento.
No le gusta pensar en las diferencias entre el exoesqueleto de los insectos, está muy seguro que vomitaría de verdad si siquiera comienza a pensar que su piel-
No.
Por encima del asco, la profunda frustración comenzó a echar raíces. Y por encima de todo estaba el cansancio, que alimentó una llama tonta que podría haberse convertido en una vieja idea de que no fuera lo que él ya sabía que era.
La esperanza es lo último que se pierde, y también lo más cruel que puedes tener.
Entonces lo intenta, lo intenta lo mejor que puede y las palabras, al fin conscientes, dicen como un niño perdido: —¿Qué soy? —Su vínculo susurra con palabras atropelladas, lleno de emociones complejas y disparatadas que no tenían un comienzo firme ni un final cercano.
La voz parece pensar seriamente en sus próximas palabras, lo que, en cierta forma, resulta ser un poco irritante.
Odia irritarse con tanta facilidad.
Odia se refiere a sí mismo como qué en vez de quién.
“...Hermano, ¿Tienes nømbrē ?”
...Está muy seguro que la última palabra no está en su registro de idioma. De hecho, está dándose cuenta de que su idioma no está siendo el mismo que en español.
Traga por completo su incomodidad y pregunta: —¿Qué es eso?
Si, definitivamente no está hablando español- bueno, ni siquiera está hablando en primer lugar. Tiene sentido, se autocastiga interna y brevemente porque no debería armar otro berrinche por eso.
“Una palabra para identificarte”
La voz es amable, un poco entusiasmada en cierto sentido.
“Algo tuyo, hermanito”
Ah, un nombre .
¿Tanto alboroto por un nombre?
La voz seguía divagando sobre lo del nombre y el cómo podría tomar uno auxiliar mientras elegía uno permanente, algo sobre que incluso podría ayudar y bla, bla, bla.
—Leo —Admite sin tapujos el apodo al que se referían sus amigos y familia. Unos brazos incorporados rodean tiernamente el nuevo cráneo, invitando a aclarar mejor la palabra que interrumpió a la voz. —Me llamo leo.
La voz arrulla con fervor la nueva palabra, entregando destellos de alegría y... ¿Amor? al vínculo.
Jodidamente raro si le preguntan.
“Leo, eres el primer hermano nacido en el Abismo”
