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Semillas de Loto

Chapter 5: Entonces, ¿así inicia?

Summary:

Las pesadillas siguen y cierto señor del Inframundo toma medidas poco ortodoxas para curarlo. A alguien le van a romper las piernas por secuestrar a un pequeño loto morado.

Chapter Text

La sangre, los gritos y el dolor despertaron a Jiang Cheng antes de que el sol saliera por completo. Él se sentó en su cama con una mano en el pecho intentando calmar su corazón y con la otra en la cara tratando de espantar aquellas imágenes que mostraban lo cruel de la guerra.

No era la primera vez que tenía una pesadilla de ese tipo y no podía negar que soñar con la guerra lo estaba empezando a poner nervioso.

Aquellas pesadillas habían iniciado después de que él regresó del Inframundo y cada día se volvían más vividas. En varias ocasiones él había sido el protagonista de diversas batallas y el destinatario de muchas heridas que dejaban un fantasma de dolor sobre su piel.

No era agradable. Él no había nacido en la guerra, él había nacido en tiempos de paz y aquellas crueldades solo eran parte de las antiguas historias en los libros que se guardaban en las bibliotecas.

Esos sueños se estaban volviendo un problema y no sabía cómo hablar de ello ni con su familia ni con su mejor amigo, que estaba preocupado por él.

Wei Wuxian le envió una carta tiempo después de que ambos regresaran de Gusu, en ella le preguntaba si él estaba bien y si no había tenido problemas por bajar al Inframundo sin las debidas protecciones.

Y Jiang Cheng mintió.

No era una mentira como tal, solo que en esa ocasión, cuando Wei Wuxian envió la carta, Jiang Cheng aún no relacionaba del todo los pesadillas con el Inframundo. Fue solo con el paso del tiempo, más la constante recurrencia de aquellas imágenes en sus sueños, que Jiang Cheng acuñó esa idea.

Contarle a sus padres sobre sus "aventuras en el Inframundo" no era una opción viable ya que era muy probable que le llamaran la atención por haber hecho algo tan irresponsable como mentir sobre los lugares a donde iba y haber traicionado su confianza.

Jiang Cheng casi podía escuchar el discurso de sus padres antes de que lo castigarán haciéndolo entrenar sin descanso durante días.

Su hermana tampoco era alguien con quién hablar de ello aunque él estaba seguro que ella lo escucharía y atendería, pero también estaba seguro que ella se lo diría a sus padres y entonces irremediablemente volvía al punto anterior.

Además de que muy probablemente metería en problemas a Wei Ying porque el viaje a Gusu fue idea de su problemático amigo.

Jiang Cheng quería culpar a Wei Ying por sus pesadillas, pero Wei Ying no le dijo que bajara al Inframundo o caminara hasta perderse por el lugar. Por el contrario, su amigo le había dicho que tuviera cuidado porque podría perderse.

— Tal vez sí sería bueno hablar de esto con el tonto de Wei Ying. — Jiang Cheng murmuró para sí mismo antes de volver a recostarse en su cama y tratar de dormir.

Wei Ying salía con ese Lan ladrón de amigos, pero tal vez ese Lan podía ayudarlo de alguna manera y así quitarse esas pesadillas. Solo tenía que encontrar la forma de decirle a Wei Wuxian lo que le estaba pasando y buscar una excusa creíble para que los dejaran ir a Gusu.


Jiang Cheng se dio cuenta de que algo estaba realmente mal con él, el día que estaba ayudando a recoger flores de loto para el banquete que iban a realizar sus padres por la visita de Jin Guangshan y su familia.

Jiang Cheng le envió una carta a Wei Wuxian contándole lo que le sucedía, y su amigo le respondió varios días después asegurándole que le escribiría a Lan Zhan para encontrar una solución a su problema o una excusa para viajar a Gusu.

Por la forma en que Wei Ying se expresaba en la carta, parecía que encontraba fasinante el hecho de que Jiang Cheng  tuviera pesadillas con la guerra contra Wen Rouhan.

A veces Jiang Cheng simplemente quería golpear a Wei Wuxian por hacer preguntas de ese tipo, tan invasivas y con tanta falta de consideración a la privacidad de los demás.

Sin embargo, ese no era el problema.

El problema que tenía Jiang Cheng era que cada vez que intentaba cortar una de las flores de loto, esta inevitablemente se marchitaba. La flor se ponía negra y se volvía ceniza hasta desaparecer.

Eso nunca había pasado, nunca habla leído que eso pasara y lo mejor que pudo hacer fue esconder ese pequeño inconveniente y huir de ahí después de decir una excusa que era poco creíble pero que nadie cuestionó.

Ese mismo día, Jiang Cheng estuvo tocando cualquier cantidad de plantas y con todas obtuvo el mismo resultado. Todas se marchitaban y se volvían ceniza.

Jiang Cheng estaba completamente asustado, porque si no podía tocar nada entonces nadie podía tocarlo y eso lo aterraba.

Mientras pensaba en las posibles razones de por qué le pasaba eso, sus perros llegaron hasta él con la intención de tener un poco de mimos pero Jiang Cheng no los tocó porque tenía miedo de que al tocarlos, sus perros se volvieran ceniza.

Jiang Cheng no sabía qué hacer y empezó a correr y en su carrera por escapar de sus propios perros, que empezaron a correr detrás él en una actitud claramente juguetona, Jiang Cheng llamó la atención de todos, en especial de su madre.

Madam Yu lo hizo detenerse.

Los perros se detuvieron con él pero se alejaron un poco por el temor que a veces causaba la mujer y metieron la cola entre las patas. Jiang Cheng también dio un paso atrás, solo por precaución.

Su madre nunca lo habia golpeado, él era su "pequeño loto" y lo amaba por ser el menor de sus hijos, pero era lo suficientemente estricta como para que cualquier persona considerara detenidamente si valía la pena el desobedecerla.

— ¡Se supone que estás ayudando con las flores! ¿Por qué te veo jugando con los perros? ¿Y las flores?

Jiang Cheng dio otro paso hacia atrás porque no quería saber si al tocar a una persona, a esta le pasaría lo mismo que a una planta.

— A-niang... Yo... Este...

Jiang Cheng no sabía qué decir o qué excusa inventar pero no la necesitó porque en ese momento, como si alguien hubiese hecho algún tipo de invocación, el señor del Inframundo apareció frente a ellos.

Madam Yu estaba confundida.

Jiang Cheng estaba confundido y asustado de que el señor del Inframundo estuviera ahí.

Lan Xichen, por el contrario, tenía una expresión amable.

— Madam Yu, lamento haber aparecido sin invitación pero tengo algo importante qué hacer aquí. — Lan Xichen habló con el tono amable que Jiang Cheng recordaba de aquella vez.

— ¿Qué cosa? — La pregunta de Madam Yu estuvo acompañada de un muy pequeño destello morado en su mano.

Si había algo que a Madam Yu no le gustaba, era que la tomarán por sorpresa e invadieran su casa. Y Lan Xichen había hecho ambas cosas al mismo tiempo.

Jiang Cheng podía ver que su madre estaba lista para atacar al señor del Inframundo si él no daba una buena respuesta e incluso si este la daba, era probable que Lan Xichen recibiera algún azote con Zidian.

— Esto.

Todo pasó demasiado rápido.

Lan Xichen sujetó a Jiang Cheng como si se tratara de una doncella y desapareció de ahí antes de que el azote de Madam Yu pudiera alcanzarlo.

Ni Lan Xichen ni Jiang Cheng escucharon el grito de Madam Yu hacía Jiang Fengmian.

Jiang Cheng aún estaba mareado cuando tomó conciencia de lo que realmente había pasado y supo que su madre iba a matar al señor del Inframundo porque romperle las piernas no sería suficiente.


Jiang Cheng era hijo de Jiang Fengmian, por lo que Lan Xichen se dijo que tal vez el chico podría purificar por sí mismo la energía del Inframundo que aún estaba dentro de él.

Era un buen pensamiento y aquello calmó la mente del señor del Inframundo durante un tiempo, hasta que notó que una de las cuentas negras del brazalete de purificación que aún descansaba sobre la mesa, se volvió blanca.

Eso no debía de pasar. No se suponía que funcionara así la purificación. La energía que atrapaba el brazalete quedaba contenida hasta que el objeto cumpliera su misión y luego se destruía.

La energía simplemente no podía salir de ahí.

Fue entonces que Lan Xichen empezó a observar a Jiang Cheng desde su oficina en búsqueda de algo que estuviera fuera de lo común, pero nada estaba fuera de lugar.

Jiang Cheng iba y venía, hacía sus deberes y entrenaba. Lan Xichen no notaba nada extraño y, de nuevo, pensó que él tal vez estaba demasiado preocupado por el chico.

Lan Xichen atribuyó esa preocupación a que era la primera vez que pasaba algo así, pero no dejó de observar a Jiang Cheng.

Le parecía interesante ver al chico en sus actividades diarias, no era que Lan Xichen viera cada minúsculo detalle de la vida de Jiang Cheng porque eso no estaba bien, y no tenía el tiempo para hacerlo, pero veía alguna que otra actividad de manera aleatoria en búsqueda de algo que le dijera que Jiang Cheng no sufría de los efectos del Inframundo.

La llegada de Lan Wangji con la carta del joven Wei puso en alerta a Lan Xichen porque él nunca habría imaginado que Jiang Cheng tuviera esa clase de pesadillas.

El señor del Inframundo decidió que lo mejor sería presentarse en Yunmeng pero sus constantes obligaciones no le permitieron encontrar un momento adecuado para realizar el viaje. Él era el responsable total del lugar y eso significaba mucho trabajo.

Además, Lan Xichen no quería aparecerse en Yunmeng porque eso sería descortés de su parte, sin embargo, al ver que otra cuenta negra del brazalete de Jiang Cheng se había puesto blanca hizo que la cortesía saliera volando por los aires.

— ¡Bájame! ¡No soy una doncella!

Lan Xichen, que había aparecido en su propia oficina con Jiang Cheng en brazos, bajó al chico en ese momento.

— Lo siento, joven Jiang pero era la única manera de traerlo a este lugar. — Se disculpó Lan Xichen.

— ¿Y qué hago aquí? — Jiang Cheng no parecía preocupado, más bien estaba confuso de estar de nuevo ahí. — Mi madre te va a matar por secuestrarme.

— Espero que eso no pase. — Lan Xichen dijo aquello con una sonrisa un tanto nerviosa mientras se dirigía a su escritorio y tomaba el brazalete de purificación. — Pero prefiero que me mate teniendo un hijo sano, a que me mate porque enfermé a su hijo. ¿Sabes qué es esto?

Jiang Cheng miró el brazalete y luego desvió la mirada.

— Se parece a... — Lan Xichen no dejó que Jiang Cheng hablara, en vez de eso lo tomó del brazo y le puso el brazalete junto con otro más pequeño. — ¡Hey! ¡¿Que haces?! ¡Que seas el señor del Inframundo no te da derecho a tocarme!

— No te los quites esta vez. — Lan Xichen lo soltó. — No terminaste la purificación, así que vas a usar de nuevo el brazalete de purificación. El otro es para que la energía del Inframundo no te afecte mientras estás aquí y reviso que la purificación se lleve a término esta vez.

— ¿Cómo que me voy a quedar aquí? ¡Mi madre debe estar buscándome!

— Madam Yu sabe en dónde estás y debe venir en camino, joven Jiang.

Lan Xichen sabía que Jiang Cheng era ruidoso pero no imaginaba cuánto. Era la primera vez en mucho tiempo que en el Inframundo había gritos que no fueran de tortura y aquello era agradable, en su muy peculiar forma.

— No me importa. Gracias por el secuestro y por el brazalete. Me iré a mi casa. Sé cómo salir de aquí.

Jiang Cheng le dio la espalda a Lan Xichen y salió de la oficina. Lan Xichen solo se quedó ahí, viendo la puerta cerrada y pensando que el joven Jiang era bastante impulsivo.


Al salir de esa oficina, Jiang Cheng se apoyó en la puerta y soltó un suspiro. Una parte de él se sentía aliviado porque al fin se liberaría de esas pesadillas y otra parte de él se sentía confuso por haber sido secuestrado por el señor del Inframundo.

Jiang Cheng no quería siquiera pensar por qué se sentía confuso.

Después de un momento, en el que hizo que su corazón y su mente se calmaran, Jiang Cheng empezó a caminar por aquél enorme palacio tratando de recordar cuál era la salida y volver a casa.

Solo cuando pasó por segunda vez por aquella extraña pintura llamada "la mañana de la ascencion" fue que se dio cuenta de que estaba perdido, de nuevo.

¡Genial! Ahora es a mí a quien le van a romper las piernas cuando mi madre llegue y descubra que me perdí.

Como aún seguía dentro del palacio del Inframundo, Jiang Cheng decidió que era mejor volver a la oficina del señor de ahí y esperar a su madre, pero cuando volvió sobre sus pasos no pudo encontrar de nuevo el camino.

Al menos ahora tengo la seguridad de que no me afectará el estar en este lugar. ¡Qué más da! Voy a ver todo lo que pueda ver y luego se lo voy a contar a Wei Ying.

Fue así que Jiang Cheng empezó a curiosear por el lugar y a poner atención a lo que había ahí. Después de todo, su madre estaba en camino, de eso no tenía ni una duda.

Notes:

Si les gustó, háganmelo saber.
Con amor, LunaticR