Chapter Text
—Sonic. Esto es… real, ¿cierto?
El erizo, que había accedido a tomarse un momento más ahí afuera luego de que Nine despertara, lo miró con el mismo rostro tranquilo que le daba al paisaje matutino.
—Por supuesto, amigo. ¿Por qué no habría de serlo?
Nine frunció más el ceño, abrazando sus rodillas. El saco de dormir seguía debajo de él, con un costado abierto. La simple visión de la costura rota calentaba de un modo nuevo el corazón de Nine, pues sabía que después de quedarse dormido mientras… uh, lloraba, Sonic lo había arropado.
Por primera vez en su vida alguien se había asegurado de que estuviera bien acostado para dormir.
Y aunque tenía nueve años, odiaba que lo vieran como un bebé pequeño. Pero en el fondo estaba increíblemente feliz de haber sido tratado como el niño que de verdad es por Sonic. Como el hermano menor que ayer acababa de volverse para el erizo. Así que discúlpenlo si no podía creer que lo que estaba viviendo era real.
Hace dos días estaba pudriéndose solo en su hamaca en medio de El Grim, y ahora estaba sentado al lado de Sonic, en calma y observando la línea de árboles frondosos del bosque, escuchando varias aves y flickies resonando entre las ramas y hojas.
Él sentía el escenario actual muy… irreal.
Sin mencionar que cuando todo esto terminara, iba a ser bienvenido al hogar de Sonic y Tails.
De verdad iba a volverse su hogar.
Necesitaba algo de tiempo para procesarlo.
—Oye, amiguito. Puedo escuchar esos engranajes trabajando hasta acá. —Sonic le frotó la cabeza. —Un ring por tus pensamientos.
Nine bajó las orejas, siendo consciente de que era la primera vez, desde que pelearon en El Gim, que estaban realmente solos. Tails parecía haberse despertado antes y había vuelto al edificio abandonado, así que tal vez podría ser el momento para decir todo lo que había tenido atorado en su pecho hace muchísimo tiempo.
Apreciaba a Tails (bueno, ahora lo hacía sin reprimirse tanto), pero lo que pasó con Sonic… es algo que necesitaba resolver con él y sólo él.
Nine respiró muy hondo, tragando con trabajo. —Yo… Sonic, yo… nunca pude disculparme correctamente. —Se esforzó por mirar la tela del saco de dormir. —No quería lastimarte. De verdad. Es sólo… yo sólo-
—Oye, oye. Tranquilo, Nine. —Sonic se acercó más, abrazándolo de costado.
Nine se encogió de nuevo, aunque se sintió bien recibir la cercanía de Sonic, por lo que inclinó un poco su postura hacia él. Tal vez era la influencia de Tails, por pasar el último par de días tanto tiempo a su lado, o incluso la influencia combinada de esos dos. En cualquier caso, sus abrazos habían dejado de ser irritantes. Al menos cuando eran ellos quienes los daban.
Nine no tenía ganas de darle vueltas al asunto y se dejó envolver.
Sonic le frotó el brazo un momento más antes de continuar. —Debería ser yo el que se disculpara correctamente, amigo. —Su agarre se apretó. —Todo este tiempo… tuve miedo de que jamás podría compensar lo que te hice.
Nine ladeó levemente la cabeza, tratando de mirar a Sonic de costado. —Pero yo-
—Espera, no he terminado. —El erizo interrumpió con calma. —Además, no creas que no he notado lo delgado que estás, Nine. —Se frotó el cuello por un momento. —Mira. En serio esperé que hubieras estado bien en tu mundo. Que ambos habíamos tomado la mejor decisión. Pero, honestamente… no podía dejar de pensar en si realmente fue correcto dejarte ahí mientras más pasaban los días.
Sonic se detuvo un momento, con los ojos perdidos sobre el pasto irregular. Luego bajó la mirada. —Nine, cuando te vi ayer me tomaste con la guardia baja. Creo que estaba esperando que quisieras golpearme por todo lo que te hice, o que buscaras desquitarte. —Se encogió de hombros. —Y cuando no lo hiciste, me atreví a abrazarte. —Esta vez hizo una pausa aún más larga que Nine pensó por un instante que tendría que decir algo, pero Sonic habló de nuevo. —Supongo que eso me golpeó más fuerte que cualquier otra cosa, amigo. Es solo que… cuando por fin te vi bien de cerca, tú sólo estabas aferrándote a mí, y yo… Ugh. Bueno, me costó mucho mantenerme tranquilo cuando noté tu pelaje corto y maltratado y tus hombros más delgados. —Sonic se detuvo un momento, con los ojos brillando. —Creo… creo que sentí que pasaba por un déjà vu.
El erizo se quedó callado. Nine lo miró un momento, analizando las palabras y con una vaga idea de a lo que Sonic se refería.
Su amigo volvió a mirarlo. —Nine. No lo pasaste bien en ese lugar, ¿verdad?
Nine abrió la boca, aunque sus orejas cayeron, no queriendo recordar casi nada de lo que pasó ahí luego de que todos lo dejaron. Y mucho menos recordar el último día que estuvo en El Grim.
No valía la pena.
Entonces, si no valía la pena, debía tragarse el nudo en su garganta y responder, no dejar que sus ojos se humedecieran de la nada mientras parecía ser incapaz de decir algo.
¿Por qué no podía?
Sonic suspiró entre dientes ante su reacción, frotando su frente. —Oh, Nine. —Esta vez se giró para abrazarlo completamente, llevando su rostro a la coronilla de la cabeza de Nine mientras una de sus manos lo acunaba desde la nuca.
Nine se tensó, sin saber muy bien qué hacer.
—¿S-Sonic?
—Lo siento, amigo. —Sonic lo apretó con mucho cuidado. —Sólo necesito un momento.
Nine tragó duro, sin estar del todo incómodo por el abrazo de Sonic, pero tampoco del todo a gusto porque jamás lo había visto actuar así de… vulnerable. O más correcto era decir que él también sentía muy bien la intimidad del ambiente, sobrepasando sus emociones, pues estaba notando la humedad de sus propias mejillas, muy en contra de su voluntad.
No sabía qué hacer.
Había una parte de él que se sentía con felicidad genuina por este nivel de cercanía, aunque la otra parte estaba en pánico al no saber cómo reaccionar. Una vez más Sonic era el único en disculparse por haberle hecho daño. Siempre, y sin falta, lo lastimaban y herían para luego dejarlo con dolor, ya fuera físico o emocional. Pero no Sonic. El erizo de verdad parecía lamentar mucho todo lo que le hizo a Nine.
Y Nine ya estaba muy cansado de seguir sintiendo ese resentimiento nacido desde la pelea en la montaña de Ghost Hill.
Quería perdonar a Sonic y que él también lo perdonara.
Podía empezar de nuevo, con sus dos nuevos amigos.
Nine se frotó los ojos al mismo tiempo que Sonic por fin se alejó, con una nueva sonrisa, tranquila y suave. Aunque algo húmeda.
Nine debía verse igual.
El erizo volvió a rascarle entre las orejas. —Nine, nunca he sido bueno con las palabras, pero te prometo que ya no voy a equivocarme de nuevo. Quiero que podamos empezar bien una vez más. ¿Sí, amigo?
Nine sintió su labio temblar, pero logró sonreír con emoción. —Sí. —Asintió con torpeza. —Sí quiero.
El rostro de Sonic se iluminó, resoplando con alivio en sus ojos. —Bueno, ahora. No es que sea alérgico a los sentimientos ni nada por el estilo, pero… —Sonic le revolvió el flequillo mientras alargaba la última vocal, provocando un bufido en Nine mientras apartaba su mano sin verdadera irritación. —...qué te parece si me cuentas un poco sobre esto. —Sonic sonrió de lado al tomar la mano de Nine que tenía puesto el comunicador. —Juraría que Tails tiene uno igual. ¿Acaso me están excluyendo de algo?
Nine atrapó su propia muñeca, ocultando su dispositivo de comunicación de forma protectora. Entrecerró los ojos con advertencia. —Me lo dio a mí. No podrías unirte aunque quisieras.
—¡Ow! ¿Qué? Vamos, amigo. Por qué tengo que estar fuera.
Nine resopló, sintiéndose extrañamente orgulloso del lazo simbólico que implicaba el comunicador. Aunque también se mezclaba con el mismo sentimiento de burla cuando estuvo feliz de tener un par de secretos con Tails a espaldas de Sonic. Como si fuera algo suyo, de ambos zorros.
No pudo evitar sonreír de forma altanera gracias a eso. —Porque Tails dijo que éramos gemelos tecnológicos. Tú no eres ninguno de los dos.
—¡Ah, por favor! Me hieres, Nine. Tú y Tails. ¿Cómo pueden ser tan crueles conmigo?
—Porque- ¡Hey! —Nine se rió, intentando apartar a Sonic de un empujón mientras el erizo, con gran dramatismo, le echaba encima todo su peso.
Nine estaba feliz.
Realmente feliz.
Nunca había tenido… hermanos, o una familia como tal, pero podría intentar acostumbrarse.
No. Él definitivamente quería acostumbrarse a ellos.
Sólo necesitaba protegerlos.
Un toque frío lo estremeció.
Nine notó el momento en que ese toque ayudó a que su vista volviera a enfocarse, regresando su mente al presente.
Su cuerpo se quedó rígido mientras su rostro permanecía en blanco, sin despegar los ojos de enfrente. Descubrió que el frío venía del metal de una mano robótica en su brazo, alejándolo de la plataforma donde habían arrojado su propio dispositivo y el de Tails, además de todos los gadgets que tenían sobre ellos. No había pasado mucho para que las máquinas comenzaran a destruir todo en varios pedazos frente a ambos, incluyendo el par de comunicadores amarillos.
Lo único que dejaron intacto fue el Miles Electric de Tails y el dispositivo multiuso de Nine.
Sólo eso.
Y ahora los estaban arrastrando a ambos, aunque Nine sentía que su mente se había entumecido desde el momento que le hicieron la primera grieta a su comunicador.
Es sólo un objeto.
Cierto. Es una posesión material reemplazable.
Nine lo sabía bien.
Aún así, a pesar de que por fuera se había desconectado, por dentro sentía que su estómago se estaba retorciendo con una ira profunda, idéntica a la que sintió el último día que dejó que el par de bravucones que siempre lo golpeaban se metieran con él. Esa ocasión rompieron el primer prototipo de sus colas mecánicas y Nine estalló.
Fue la primera vez que vio sus guantes manchados de sangre que no era la suya.
Luego de eso nunca volvieron a molestarlo ni a acercarse a él.
Aunque ahora la situación era diferente.
Nine arrugó el rostro con todo el odio que pudo reunir contra la máquina que acababa de empujarlo de forma agresiva. Era estúpido mirar de esa forma a algo que ni siquiera tenía vida, pero el estrés acumulado estaba comenzando a volverlo irritable. Y no ayudaba mucho, ni le hacía gracia, que hubieran atado todas sus colas juntas, lastimando las orgánicas al estar en medio. Eso iba a atrofiarle los músculos, maldita sea.
El estúpido Consejo sí que sabía como no repetir sus fallas.
Tampoco era simpático volver a tener sus manos atrapadas por las esposas que esos cinco solían usar en New Yoke City. Genuinamente esperó que la última vez que las usara fuera el día que se escapó de ellos. Pero su vida solía tener ironías muy retorcidas.
Como la situación que los trajo aquí.
Nine cerró las manos en puños, con la furia quemando su cabeza. Se sentía completamente un idiota por haber dejado que otro Eggman volviera a manipularlo. Nine creía que ya tenía la experiencia y astucia suficiente para no volver a caer en eso, así que era aún más humillante saber que se metieron en su cabeza una vez más.
Y lo que es peor: justo como la primera vez, su descuido afectó a sus amigos. Sus únicos amigos.
Nine se mordió el labio, con la culpa ahora empezando a tomar terreno sobre todos los demás sentimientos que tenía en ese momento. Sus ojos se desviaron un momento hacia su izquierda, observando a Tails caminar a la par de él, también guiado por uno de los horribles robots que los escoltaban.
Al igual que Nine, Tails tenía las muñecas esposadas y ambas colas atadas por un fino cable marrón. Dolía ver sus colas gemelas atrapadas de ese modo, aunque Nine tampoco tenía el mejor trato. Además, era más desolador ver las orejas caídas del otro, tratando de mantener un rostro firme. Pero eso no estaba engañando a nadie. Nine podía ver la inquietud en los ojos azules del otro. Y, más que eso, las manchas oscuras alrededor de su cuello tampoco hacían mucho para enterrar la culpa de Nine sobre el hecho innegable en la situación.
Tails ni siquiera estaría aquí si no fuera por Nine.
Sí, lo admite, fue estúpido lo que hizo. Incluso ahora, además de la culpa, también había cierta frustración y resentimiento de que Tails no lo hubiera apoyado. Justamente esta situación reafirmaba su postura sobre tener un hogar más tranquilo, sin ningún Eggman que los lastime.
Uf. Tal vez si hubieran actuado rápido… No. Si Nine hubiera ignorado a Tails y hubiera ido directo a actuar sin su opinión, ellos ni siquiera estarían ahí.
Es que… en serio que no podía comprender ni a Tails ni a Sonic en ese aspecto. En esa compasión que tenían para perdonar incluso al hombre que más los había lastimado. Nine no sabía si acaso ellos querían esperar hasta que alguno muriera para finalmente darse cuenta del peligro que eran esos Doctores, y si sólo entonces tomarían la medida más drástica.
Eran demasiado amables para su propio bien.
Por eso Nine no estaba dispuesto a esperar a que eso pasara. Necesitaba eliminar cualquier amenaza para ellos. No iba a dejar que ni Sonic ni Tails murieran para tomar acción.
No dejaría que se los quitaran. O, bueno… al menos es lo que sintió fuertemente en el momento.
Todavía lo pensaba, si Nine es honesto, aunque ahora…
Ahora no podía evitar sentir que fue un poco extremo, y que su mente ya no se sentía tan saturada por ese pensamiento. Como cuando luchó contra todos en El Grim y, al final, la idea que le había estado dando vueltas en la cabeza durante toda la batalla finalmente dejó de gritarle. Sólo que esta vez era la idea de usar el Prisma para eliminar a los Eggmen la que ya no se estaba aferrando a él, y por fin se daba cuenta de que por su culpa los habían capturado a ambos.
Estaban atrapados y quién sabe qué podrían hacerles esos idiotas.
Nine volvió a mirar hacia el suelo, apretando fuertemente los dientes para no entrar en pánico ahí mismo.
Se supone que se prometió no dejar que hirieran a Sonic y a Tails. Y ahora había un riesgo de que uno de sus amigos sufriera aún más daño por parte de los Doctores. A eso le suma que no tenía ni idea de donde estaban ni si Sonic podría encontrarlos. El idiota del Dr. Eggman dijo que lo habían neutralizado a él y a los demás, pero considerando que obligó a Nine a abrir un portal hacia otro sitio en este mismo mundo, dudaba que Sonic y su equipo estuvieran aquí también.
Solamente ellos dos estaban en manos de los Doctores.
Bien hecho, Nine.
Brillante, de verdad. Con ellos ahí, cualquier acceso al Prisma era completamente seguro.
Obviamente, ese era el objetivo. Iban a obligarlo, de forma desagradable, a abrir el camino. Y Nine odiaba la idea de que ellos tomaran el Prisma, pero… si podía evadir cualquier otro daño a Tails tanto como fuera posible, podría llevar a los Doctores hasta la gema. Sólo tendría que esperar el momento correcto para tratar de torcer la situación a su favor. Tal vez hasta esperar que la seguridad de la gente extraña con la que trabaja Shadow pueda hacer algo contra el Consejo.
Uh, de hecho, es posible que incluso Shadow ya hubiera advertido a esos sujetos trajeados de reforzar el lugar o de mover de sitio el Prisma. El erizo oscuro no era un idiota. Sin duda tomaría precauciones en el momento que descubriera que ellos dos habían sido secuestrados por los Eggmen, con un dispositivo de rastreo hacia el Prisma incluido.
Contaba con Shadow y esa organización militar, a pesar de que Nine lo odiaba. Era lo mejor que tenían en éste momento.
Así él sólo debía concentrarse en proteger a su amigo, a su…
Eres nuestro hermano, Nine.
Ah.
Ahora no era el momento para que él quisiera llorar. No merecía romperse patéticamente.
Fue un completo idiota, pero Nine de verdad creyó que podía intentar manejar bien la situación. Sólo… después de que Sonic y Tails lo hubieran aceptado, no tuvo ninguna idea de cómo se supone que debía actuar desde ahí.
Sólo quería protegerlos.
Darles un mundo más seguro para ambos.
¿Por qué nunca puede hacer las cosas bien?
Nine se mordió el interior de la mejilla hasta que sintió el sabor metálico de la sangre, logrando estabilizar sus emociones y su mente gracias al dolor. No podía autocompadecerse ahora. Necesitaba proteger a Tails.
Este fue su error y no permitiría que su amigo (si todavía lo era) sufriera por ello.
Tenía que sacarlos a ambos de ahí.
El pensamiento se ancló con fuerza a su mente mientras finalmente llegaban hasta una puerta automática. Ésta se abrió cuando los robots los colocaron frente a la entrada, haciéndolos ingresar.
La enorme habitación del otro lado parecía ser una de control o manejo principal, dado el amplio cristal panorámico con una consola llena de botones y monitores debajo del mismo. Las paredes metálicas grises reflejaban con dureza las escasas luces rojas del techo, dando al lugar una sensación de cansancio y opresión.
Casi lucía como cualquier otra sala del Yolk del Consejo. Aunque eso era irrelevante.
Lo importante aquí era esa estructura de la que sólo había tenido un vistazo cuando abrió el maldito portal.
Había una parte de Nine que sentía náuseas al notar que la silueta era un poco similar a la forma central de lo que fue su Ciudadela en El Grim, pero sin la corona de la cima. En lugar de cristales morados, las torres con forma de hexágono, cuadrado y tubulares se enredaban entre ellas, reflejando en el metal impecable las pocas luces que habían encendidas en determinadas zonas. Específicamente donde algunos tubos se conectaban a las paredes grises.
Donde la luz sí resaltaba era en la cima del centro. Cuatro focos enfocaban las seis barras de metal que encerraban un área vacía. El techo de la jaula metálica se conectaba un tubo central, que era el único que se alzaba mucho más hacia arriba, a un punto que Nine no veía desde ahí.
Nine podría apostar cualquier cosa a que en esa zona es donde pensaban colocar el Prisma y desviar su poder hacia la cima, del mismo modo que él hizo cuando creó su domo , por no decir que toda la pared que parecía encerrar la gigantesca estructura parecía tener la forma de un domo metálico.
¡Vaya originalidad!
Qué irritante que específicamente estos idiotas tomen inspiración de sus propios diseños. Lo avergonzaba y molestaba en partes iguales.
Otro jalón lo sacó de nuevo de su turbulenta mente, gruñendo por dentro cuando los robots los dejaron en la pared opuesta a la que tenía el cristal, prácticamente para que vieran la arquitectura piramidal de enfrente. Y ni siquiera podía intentar darle la espalda a esa estructura que le evocaba malos recuerdos porque los malditos robots seguían tras ellos, manteniéndolos en su lugar con sus horribles garras de metal sobre sus hombros.
Como si pudieran hacer algo con las manos y colas atadas y sin ningún arma para poder defenderse. Aunque, bueno, no podía culparlos tanto cuando Nine mismo había escapado del Consejo del Caos estando esposado y con cuatro Eggforcers custodiándolo. Sin duda dejó una buena impresión en ellos, así que al menos dejaría que eso elevara su ánimo.
Si pudo huir esa vez, podría hacerlo de nuevo.
Sólo debía pensar con cuidado.
Nine comenzó a observar de inmediato cada centímetro de la habitación, analizando la consola de control por un momento antes de que el silencio se perdiera.
—¿N-Nine?
Él se estremeció levemente y sin apartar la vista del frente, volviendo a sentir una ola de culpa cuando Tails habló con una voz rota y ronca, tan bajo que hasta se parecía a la suya. Y eso no estaba bien. Tails siempre hablaba con un tono más alto y feliz, no le quedaba sonar como Nine. Además, peor era saber por qué su amigo sonaba así: ese maldito hombre con cara de huevo le había dañado la garganta a Tails apretándole con tanta fuerza mientras lo estrangulaba.
Por tu culpa.
Nine tragó hondo, apretando los labios al reconocer que era responsable del daño causado a su amigo.
Tal vez si no hubiera sido tan obstinado, o si hubiera intentado escuchar a Tails, o si hubieran ido a la sala de control, o si no hubiera sido tan estúpido para caer en la trampa…
Tails volvió a hablar después de carraspear un poco, aunque no ayudó nada a su tono roto. —Lo- lo siento.
Nine frunció el ceño, sin poder evitar pensar en lo mucho que Tails se parecía a Sonic. Eran muy abnegados, y a veces lo irritaban. Sobre todo ahora, porque Tails no tenía la culpa.
Nine sí.
Tails volvió a hablar. O al menos lo intentaba.
—Yo lo… lo empeo-
—Tails, cállate. —Nine siseó, manteniendo su vista al frente. —Te estás lastimando. Y tampoco vayas a carraspear o toser. Vas a empeorarlo.
—...Pero-
Nine finalmente lo miró, cortando cualquier cosa que Tails tuviera planeado decir con la expresión molesta que le lanzó. Tails cerró la boca de golpe, bajando levemente las orejas. Nine bufó poco impresionado, y en parte satisfecho de que le hubiera hecho caso. Él sabía de primera mano lo mucho que podía lastimar sus cuerdas vocales luego de sufrir una experiencia siendo estrangulado. No le haría ningún bien hablar ahora.
Con Tails finalmente callado, y sin esa necesidad de disculparse por todo, Nine relajó su expresión, hundiendo los hombros.
Envió su vista al suelo. —No fue tu culpa. Yo… yo soy el que nos metió en esto. Y no quieras contradecirme. —Se apresuró a decir, volviendo a mirar al otro y notando que ya parecía listo para refutar con determinación. Nine rodó los ojos. —¿Quieres arruinarte las cuerdas vocales? Te dije que no hables.
Tails arrugó el rostro, tragando con trabajo. Luego levantó un poco sus manos atadas, comenzando a mover los dedos de una forma particular a pesar de la restricción. A Nine le tomó un par de movimientos de parte de Tails darse cuenta de que le estaba hablando en lenguaje de señas.
Lamentablemente Nine nunca lo había aprendido.
Jamás lo había necesitado, a decir verdad. Aunque es curioso que Tails lo supiera, y de no ser por su propia falta de conocimiento sobre el significado de las señas, habría sido un excelente método de comunicación. Era desafortunado.
Nine bajó las orejas. —Uh… Lo siento. No sé lenguaje de señas.
La desilusión de Tails fue inmediata, parando al instante el movimiento de sus manos. Casi podía escuchar su cabeza trabajar a mil por hora para tratar de solucionar esta situación. Pero para la continua mala suerte de ambos, se alcanzó a percibir el sonido de movimientos fuera de la habitación.
Nine inclinó las orejas hacia la izquierda al mismo tiempo que Tails, notando el ruido repentino desde la entrada opuesta por la que ellos ingresaron, elevando los nervios de los dos. Sólo unos cuantos segundos después, la otra puerta automática se abrió. Nine sintió un escalofrío cuando el Consejo del Caos, y nadie más, entró por ahí.
Los cinco no tardaron en acomodarse frente a la pared de la entrada por la que ingresaron, aunque Nine creyó que formarían su usual fila frente al vidrio panorámico y, por ende, a ellos. Pero, pensándolo bien, tenía sentido que el Consejo quiera que ambos continúen observando la estructura que crearon para presumir lo que harían con ella cuando coloquen el Prisma ahí.
Ugh. Qué irritante.
De cualquier forma, no le agradaba nada a Nine que estuvieran justo al costado de Tails. No los quería a ellos, específicamente, cerca de él. Y no había mucho que Nine pudiera hacer, haciéndolo sentir impotente por continuar siendo incapaz de proteger a Tails.
Patético.
Sin perder el tiempo, y como siempre, Mr. Dr. Eggman fue el primero en tomar la delantera, con esa postura altanera y fastidiosa, presumiendo su sonrisa burlona. Es claro que ese idiota iba a enfocarse en él de inmediato, casi gritando con su expresión “gané”.
Nine en serio detestaba a ese sujeto.
—Vaya, vaya. Admito que tu persistencia por involucrarte de un modo u otro en nuestros asuntos es admirable. —Mr. Dr. Eggman empezó, caminando despacio hasta el centro de la habitación. —Pero me temo que será la última vez.
El Doctor comenzó a acercarse a él, provocando en Nine el impulso de querer desplegar sus colas, solo para recordar de inmediato que estaban atadas. Vaya, qué molestia. No tuvo más remedio que mantener su mirada apática para fastidiar al científico, odiando profundamente su falta de libertad.
Mr. Dr. Eggman se detuvo a unos cuantos pasos de distancia. Luego se inclinó ligeramente sobre él. —Esta vez vamos a asegurarnos de terminar el trabajo que empezamos en tu estúpido laboratorio.
A pesar de que Nine podía esconder bien su miedo de estos idiotas y se mantenía impasible, justo ahora no pudo evitar recordar la forma en que lo hirieron de gravedad en su laboratorio, con el dolor intenso y húmedo en su costado, abriendo su piel. Eso también trajo el miedo profundo que sintió al creer que su final ya estaba decidido ahí. Así que, sí. Es posible que Nine haya intentado retroceder un poco.
De inmediato se maldijo entre dientes, pues el insufrible líder del Consejo sonrió aún más satisfecho. Al menos hasta que ese tonto idiota de Tails se atrevió a gruñir de forma lastimera mientras trataba de inclinarse hacia Nine. Claramente falló en su intento, porque los robots aún los sostenían, pero su intención fue muy clara.
Nine sintió como su corazón cayó al suelo cuando Mr. Dr. Eggman puso su atención en Tails, haciéndole recordar que su amigo no tenía sentido de autopreservación.
¡Idiota! ¡Grandísimo idiota! Incluso sin voz sabía cómo hacerse notar.
¡Ah!
Maldito el día que Sonic lo volvió una copia pequeña de él.
El Doctor se enderezó, girándose hacia Tails. —Oh. Me parece que no nos hemos presentado formalmente, ¿cierto?
Al instante Mr. Dr. Eggman asintió a los demás, y el robot que estaba sujetando a Tails se movió con él hacia el centro de la habitación.
Fue inevitable para Nine sentir que sus piernas quisieron impulsarlo hacia adelante, así que tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para mantenerse indiferente.
Ya era suficientemente malo que el Dr. Eggman ya hubiera descubierto lo mucho que le importa Tails, y aunque es obvio que ese cabeza calva sin duda ya habló de esto con los cinco tiranos de New Yoke, y que Nine hizo todo un espectáculo cuando corrió a través del portal para alcanzar a Tails, lo mejor era no confirmar absolutamente nada de lo que sea que hubieran comunicado entre ellos.
De por sí fue estresante para Nine darse cuenta de que querían llegar a él a través de Sonic cuando los atacaron en Mystic Ruins. No quería que usaran a Tails para eso.
No él.
Nine se mordió la parte interna de su labio con fuerza, observando a Tails arrugar el rostro con enojo cuando lo mantuvieron en el centro de la habitación, obligado a mirar de frente al Consejo.
Mr. Dr. Eggman regresó un par de pasos cerca de los demás Doctores. —Así que tú eres ese Tails del que nuestro socio hablaba.
—Parece una copia de los otros, aunque sin carisma de personaje. Ni siquiera secundario. —Dr. Don’t se metió, molestando a Nine por el insulto.
—No importa si se ve más simplón que los otros. —Dr. Deep torció los labios. —Esta rata debe pagar por quemar mi traje. De un modo u otro lo hará.
Nine apretó la mandíbula cuando el Dr. Deep parecía apunto de acercarse también a Tails. Por suerte no pasó nada más, pues el Dr. Done-It comenzó a gritarle.
—¡Primero necesitamos conseguir el Prisma, zoquete! —El anciano golpeó con su bastón la rodilla del Dr. Deep.
—¡Ey! Cuidado, abuelo. Rompes mi balance.
—¡¿Cuál balance?! ¡Deja de decir estupideces y haz algo por una vez! Necesitamos doblegar a estas ratas.
El Dr. Babble comenzó a soltar varias galimatías, molestas como siempre, mientras azotaba sus manos sobre la bandeja frontal de su silla, sonriendo entre sus sonidos agudos. Luego de eso, todo el Consejo jadeó ante el bebé.
—Nah. Ni loco yo hago eso.
—Limpiar el desastre va a ser molesto, Dr. Babble. —El Dr. Deep respondió. —Prefiero métodos más limpios.
—¡Puras patrañas! Hagamos lo que él dice. ¡Mírenme y aprendan, montón de niños!
Mr. Dr. Eggman parecía estar perdiendo la paciencia, creando la mejor parte de la situación para Nine. Cualquier cosa que demostrara la poca capacidad de organización de esos cinco era algo que él tomaría con gusto para burlarse de ellos. Le ponían en bandeja de plata la ineptitud de todos.
Torpes idiotas.
Nine notó la forma en que Tails torcía su rostro en confusión, girando la cabeza hacia Nine. Él puso los ojos en blanco en respuesta, hundiéndose discretamente de hombros. Le dio una mirada a Tails que esperaba que dijera ‘bienvenido a mi mundo’, a la cual Tails apretó los labios, frunciendo el ceño en una expresión que le decía cuanto lo compadece.
Ah. Ciertamente es para frustrarse que esos cinco eran los que controlaron New Yoke City por tanto tiempo. Pero es justo como Nine le dijo a Shadow. Hay un motivo por el que se mantuvieron en el poder: por muy tontos que fueran, también eran crueles cuando lo necesitaban.
Tal razón regresó la ansiedad a Nine cuando Mr. Dr. Eggman los calló a todos de una vez con un grito irritado, carraspeando mientras acomodaba su estúpida peluca.
Volvió a recuperar la compostura, frunciendo el ceño con fastidio. —Como decía. Nuestro socio cree que el plan va a funcionar con ustedes dos. —El Doctor se enfocó en Nine, alterando sus nervios. —Realmente me pregunto qué le hace pensar eso. —El científico avanzó con cuidado hacia Nine. —Por qué él sería diferente, considerando que no tuviste miramientos para matar a los otros dos zorros sin parpadear.
Nine erizó todo el pelaje de su cuerpo, sin atreverse a desviar su mirada hacia Tails. —¡Yo no-!
—¡Sí! Lo sé. —Mr. Dr. Eggman sonrió. —No los mataste. Pero todos, y tú incluido, lo creímos por mucho tiempo. —Su sonrisa se ensanchó. —Y durante ese tiempo, jamás luciste arrepentido.
El labio de Nine tembló, empezando a respirar de forma pesada.
Ese idiota no tenía idea de nada. Nadie la tenía.
Nine sólo estaba nublado por el poder y la traición. Su arrepentimiento llegó después, de forma brutal e intensa. Incluso esos dos zorros tontos charlaron con él sin parecer tenerle rencores. Y si Nine pudiera, ahora mismo se disculparía con ambos, pero al maldito tirano de New Yoke no le importaba su arrepentimiento ni lo mucho que lamentaba lo que hizo. Mr. Dr. Eggman sólo quería meterse con él una vez más.
Y Nine no iba a darle la satisfacción.
No de nuevo.
Nine tragó hondo, regulando su respiración. Logró poner de nuevo su expresión en blanco luego de sacudir su cabeza una vez. —No me agradaban, ¿y qué? Ser contrapartes en el Shatterverse no nos vuelve amigos automáticos. —Se encogió de hombros. —Dudo que de verdad no hayas deseado deshacerte de ellos alguna vez, ¿cierto? —Con una expresión sabionda señaló con su cabeza hacia el resto del Consejo, logrando voltear las cartas.
Mr. Dr. Eggman arrugó su cara mientras se escuchaban exclamaciones indignadas de los demás integrantes del Consejo, empezando a insultarlo. Nine no pudo evitar sonreír internamente por lograr tener una victoria sobre él y sus estúpidos intentos de manipularlo. Es obvio que el líder del Consejo sabía que había algo de cierto ahí, y eso le bastaba a Nine.
Esta vez ganó.
Mr. Dr. Eggman gruñó, aunque enseguida levantó una mano para callar a los demás. Se mantuvo en silencio un momento, recuperando su expresión tranquila hasta verse de nuevo en control.
Y a Nine no le gustó la mirada intensa que le dio.
—Te crees muy listo, ¿no es así? —El tono del Doctor bajó una octava, calando en sus oídos. —Siempre escondido bajo tu pequeña máscara de arrogancia y bravuconería. Pero a nosotros ya no nos engañas, Miles.
Nine se estremeció al escuchar su viejo nombre. El que abandonó en lo profundo de su mente cuando decidió no volver a dejar que nadie más vuelva a aprovecharse de él. Fue el día que se conectó definitivamente a sus colas metálicas. Ese día, Miles Prower murió y nació Nine.
Sólo Nine.
Él no es Miles Prower.
—Mi nombre es Nine. —Él gruñó con rabia, moviendo lo poco que pudo sus colas atadas. —Énfasis en Nine.
Mr. Dr. Eggman sonrió, avanzando otro par de pasos hasta él.
Nine mantuvo su rostro arrugado en enojo cuando el líder del Consejo se inclinó sobre él, a pesar de que quería alejarse tanto como pudiera del hombre y al mismo tiempo arañar toda su cara hasta que no pudiera volver a sonreír de nuevo
La voz del científico surgió una vez más en el mismo tono bajo. —No importa cuánto quieras ocultarte, nosotros ya sabemos lo que has hecho. A esos chicos en New Yoke City y después a ese erizo que tanto parecías estimar. —Su sonrisa se volvió burlona. —Quisiste romperlo yendo por esos zorros, ¿no es así? Igual que rompiste a los bravucones.
Nine apretó los dientes, comenzando a sentir que sus manos cerradas en puños estaban temblando.
No debía escucharlo. Sólo quiere manipularlo.
No lo escuches.
No lo escuches.
No-
—Desde el momento que tomaste ese Prisma, dejaste ver quién has sido siempre, Nine. —El Doctor sonrió. —Un maldito monstruo.
No.
No, no, no…
Hace mucho que no…
Él no…
Nine no era…
¡Eres un monstruo!
Hah.
Nine tembló por un segundo.
Sólo. Un. Segundo.
Al siguiente, sus nervios se dispararon cuando un gruñido furioso llenó la sala. Aunque no era suyo.
Nine se tambaleó, sin caerse gracias al agarre del robot en sus hombros. Frente a él Tails se agitó contra su propia máquina, atrayendo toda la atención hacia sí mismo.
El rostro de Tails estaba contraído por la furia, dejando al descubierto sus colmillos. Su mirada estaba fija en el líder del Consejo, sin parpadear ni un momento cuando habló con mucho trabajo con su voz rasposa por la asfixia, pero dejando clara la ira en sus palabras.
—No lo llames así.
Las palabras sin duda tomaron con la guardia baja a todo el Consejo, pareciendo haber olvidado que Tails también estaba ahí. Incluso Nine necesitó un momento para no dejar que las palabras de Mr. Dr. Eggman se clavaran como estacas en su cabeza, prefiriendo enfocarse mejor en la forma en que Tails lo estaba defendiendo.
Además, él mismo se había dicho que ya no se dejaría engañar por ellos. No tenía porqué escucharlos. Sólo querían jugar con él. Nine no era un-
—Bueno, mira. Parece que toqué una fibra sensible aquí. —Mr. Dr. Eggman canturreó, riéndose mientras volvía a caminar hacia Tails tras de salir de la sorpresa. —Y parece que a pesar de todo lo que eres, a alguien le importas, Nine. —El Doctor le sonrió de lado, provocando un escalofrío de miedo en él.
Su corazón se aceleró cuando llegó al lado de Tails, que seguía mirando con desafío al científico.
Oh, no…
—Veamos si el sentimiento es mutuo.
Apenas dijo eso, el desgraciado hombre hizo un movimiento con la mano.
En un instante la expresión furiosa de Tails se borró, paralizado por la conmoción. Ni siquiera lo habían tocado, pero su voz se quebró en un grito ronco y ahogado antes de que lo dejaran caer al suelo, temblando de forma rígida mientras su rostro no reflejaba nada más que dolor.
Nine tensó cada músculo de su cuerpo, usando toda la fuerza que tenía para soltarse de forma brusca del agarre del robot. —¡Tails!
Sus piernas lo hicieron correr al menos la mitad de distancia que los separaba antes de sentir que se congelaba de un momento a otro.
Nine se atragantó con su propio grito cuando su cuerpo se estrelló contra el suelo, sintiendo como si mil agujas lo quemaran desde adentro. Sus extremidades se contrajeron hasta que el dolor agudo y paralizante por fin se detuvo. Al menos por un segundo. Sólo pudo inhalar una vez antes de que la horrible experiencia regresara, ardiendo internamente de forma insoportable.
Ese idiota le dio otro corto respiro antes de lastimarlo una tercera vez. Cuando volvió a parar, Nine prácticamente estaba tenso en anticipación a otra ola de dolor, y cuando no llegó nada, por fin se dejó inhalar bruscamente mientras no podía parar de temblar. Su mente sólo pensó en una palabra mientras le llegaba el leve olor a quemado.
Electrocución.
Habían soltado una descarga eléctrica desde las ataduras en sus manos y colas. Y Nine juraba que esa descarga era peor a las que le habían dado con los bastones taser.
Malditos infelices…
—¡Vaya, vaya! De verdad encontraste un nuevo amigo. —La voz eufórica de Mr. Dr. Eggman atravesó su cráneo, seguida del Dr. Deep.
—¿Por qué no aceptas que sólo querías probar tus nuevos juguetes, Mr. Dr.? La información ya la teníamos registrada.
—Pff. Como si él lo fuera a admitir.
Se escuchó un gruñido del líder del Consejo antes de ser interrumpido de nuevo.
—¡Ya perdimos tiempo en esta tontería! Comencemos a ponernos en marcha o me haré más viejo aquí.
—¿Más viejo? Pero si ya tienes un pie en la tumba.
—¡Calla, mocoso impertinente!
Varios golpes secos acompañados de gritos infantiles se unieron al tumulto de voces, pero Nine ya ni siquiera les prestaba atención.
Estaba comenzando a sentir la rabia y el odio surgir desde dentro al darse cuenta de que sólo habían querido divertirse con ellos. Que los torturaron a ambos por puro gusto, porque sí, en medio de las descargas fue capaz de escuchar los lamentos entrecortados de Tails mezclados con los suyos. Y eso no hizo nada por mejorar la frustración que Nine sentía cada vez que alguien tenía el poder de herirlo y él no podía defenderse.
Odiaba mucho sentirse tan indefenso. Y apostaba que sólo habían empezado.
Nine gruñó lastimeramente, tratando de enderezarse cuando el robot que había dejado atrás volvió a sujetarlo, esta vez desde el cuello, alejando sus pies del suelo. Fue puro reflejo que Nine intentara patear, aún sintiendo las contracciones musculares por dentro debido a la electrocución dolorosa. A Tails también lo levantaron del mismo modo, aunque él respiraba hondo, mirando fijamente al Consejo con una expresión igual de débil pero furiosa.
Ambos entendieron lo que el Consejo hizo.
Mr. Dr. Eggman se rio. —¿Acaso importa el motivo? Él ya nos debía mucho desde la pelea en su Ciudadela. Incluido el fracaso de ayer. —Sin previo aviso, volvió a apretar la mano, enviando una nueva descarga a Nine.
Su cuerpo se contrajo con fuerza, queriendo alejarse de las fuentes de dolor sin éxito. Sólo tuvo alivio hasta que ellos decidieron detener la electrocución. Nine por fin soltó el grito que se le quedó atascado, dejando caer su cabeza como peso muerto al igual que todo su cuerpo, que quedó colgando desde el agarre del robot por unos segundos. Escuchó las malditas risas de los Doctores y la voz quebrada de Tails, llamándolo.
Nine tardó entender la potencia de la electricidad que corrió a través de él, teniendo dificultad para levantar la cabeza, pero cuando lo hizo, arrugó su rostro con ira pura, gruñendo con fuerza a Mr. Dr. Eggman.
Era obstinado, y no quería que ellos creyeran que tenían un poder total sobre él.
El líder del Consejo pareció flaquear por un momento cuando Nine se puso a la defensiva, aunque recuperó de inmediato su actitud egocéntrica, queriendo mantener la situación bajo control. Por eso no fue sorpresa que ignorara a Nine, acercándose a la consola de control de la habitación para luego presionar un botón. Casi al instante la estructura central que se veía del otro lado del vidrio panorámico se iluminó, congelando a Nine en sus movimientos al ver mucho mejor el intrincado diseño.
La máquina que lo sostenía lo acercó al lado de la otra que tenía a Tails, manteniendo una distancia prudente del vidrio y el panel de control.
Nine por fin fue capaz de mirar a Tails, encontrando la mirada de él llena de miedo y preocupación. Nine apretó los labios, relajando su rostro para tratar de calmar a su amigo. Mentiría si dijera que estaba bien, porque los espasmos musculares no estaban parando, pero podría soportarlo mientras no provocaran a los Doctores. Aunque era irritante pensarlo.
El líder del Consejo se giró hacia ambos, atrayendo su atención. —Ahora, que grosero sería si no les compartimos un poco de nuestro maravilloso proyecto. Después de todo, van a participar en el.
Nine escuchó un par de pitidos resonar por la habitación, lo que lo hizo darse cuenta de que el resto del Consejo también se había acercado a la larga consola colorida, presionando otras funciones en ella. Poco a poco, del otro lado, cuatro torres ubicadas en las esquinas de la estructura principal comenzaron a tomar vida, produciendo un zumbido tenue. Eran altas, y en la cima tenían cuatro picos que se curvaban hacia adentro, luciendo como algún canalizador de energía, en la experiencia y conocimiento de Nine.
Y eso no le gustaba nada.
Mr. Dr. Eggman se posicionó al centro de la consola, contra iluminado por las luces blancas que venían de la estructura a su espalda. —Esto nos va a ayudar a conseguir el mayor triunfo de nuestras vidas. Lo único que le falta es el Prisma Paradoja.
Nine arrugó el rostro, con una mejor idea de para qué iban a servir las torres. —¿Quieren intentar de nuevo su patético gobierno con portales abiertos? ¿Después del desastre que causaron?
—Eso y más, alimaña. —El Doctor se burló. —El Prisma en ese entonces estaba fragmentado, y tú ayudaste a empeorar el desastre. No lo olvides. —Enarcó las cejas con una expresión sabionda. —Pero ahora está completo y en óptimas condiciones. Con la manipulación correcta, la realidad se mantendrá estable. —Su sonrisa brilló en contraste con la iluminación roja de la sala de control. —Su incalculable poder también nos ayudará a coronar nuestro éxito cuando cumplamos el primer y más grande objetivo de nuestro plan.
Nine apretó los dientes mientras oía el gruñido bajo de Tails. No pudo evitar rodar los ojos para fastidiar al científico. —¿Y qué sería? ¿Más ejércitos de robots? ¿O un robot aún más grande e inútil?
La respuesta a su pregunta vino desde atrás, con una voz idéntica a la de Mr. Dr., pero cuidadosamente más nivelada.
Nine se estremeció.
—Eso es sólo un extra para nosotros.
El Dr. Eggman de ese mundo llegó repentinamente desde el costado de Nine, caminando con cuidado hasta el Consejo.
Nine retrajo levemente las orejas, trayendo hasta su cabeza la horrible imagen de Tails siendo asfixiado por ese sujeto. Además, le provocaba un vuelco repulsivo en el estómago la forma en que lo miraba con codicia y expectativa. Como si Nine fuera un experimento que podría funcionar o explotar en su cara. Y ambas opciones parecían fascinar al científico.
Le daba un miedo genuino que no había sentido en mucho tiempo.
El Dr. Eggman se rio al lado del Consejo, deteniéndose a un costado de Mr. Dr. —Vamos a construir un imperio para todos. En cada uno de esos mundos diferentes que hay allá afuera. —Él extendió sus manos hacia los otros Doctores de forma teatral. —Serán mundos de innovación, tecnología y robótica. Un paraíso intelectual. —Juntó sus manos frente a él. —Y el primer paso para conseguir nuestro objetivo es deshacernos del mayor obstáculo de nuestras vidas.
Nine sintió cómo su estómago se hundió, teniendo un nombre específico en la punta de la lengua que Tails logró susurrar con su voz rota.
—Sonic.
—Correcto, Tails. —El Dr. Eggman le asintió. Luego miró a Nine, ampliando su sonrisa. —Y debo decir que fue fascinante descubrir cómo tu deseo y el nuestro para con el Prisma se movían en sintonías similares.
Mr. Dr. se unió. —Una pena para ti que nosotros pensamos implementarla con su amigo azul.
Nine abrió completamente los ojos, logrando unir los puntos de forma lenta y comprendiendo lo que querían decir.
El mismo deseo que él quería…
Oh.
Oh. Chaos.
Ellos no querían simplemente derrotar a Sonic. Querían borrarlo de la existencia.
Su cabeza comenzó a negar antes de que su voz saliera. —No… ustedes no… no pueden-
—¡Ah! Claro que podemos. —Mr. Dr. se regodeó. —Después de que coloquemos el Prisma en nuestro Núcleo Prismático, sólo será cuestión de tiempo para que esa rata azul venga hasta este lugar y sea identificado por nuestra gema para eliminarlo de la realidad. Para siempre.
—¡No! —Tails se agitó, quebrando aún más su voz. —Sonic no- ugh… él no caerá en eso tan fácil.
Todos los Eggmen se burlaron de Tails, picando la molestia de Nine. Aunque él también sabía bien que, a pesar de que quería creer tanto como Tails que Sonic no vendría directo a la trampa, se estarían mintiendo de esa forma. El erizo no tardaría mucho en llegar a ese sitio, sea donde sea que se encuentre.
Los Egghead los tenían a los dos, por eso no había ningún margen de duda en que Sonic iría de un modo u otro por ambos. Eran la carnada perfecta, y ese montón de huevos lo sabía muy bien.
El Dr. Eggman fue el primero en recuperar la compostura, sonriendo de forma condescendiente. —Es admirable tu optimismo, Tails. Pero esa molestia azul vendrá sin duda. —Acto seguido sacó de su espalda el Miles Electric. —Sólo una pequeña señal de esto, y él estará en camino para intentar salvar a sus dos pequeños amigos.
La respiración de Nine se atascó, con el nudo de miedo y ansiedad en su estómago creciendo cada vez más.
Esto era malo. Muy malo.
Podía aceptar que estos idiotas retomaran los planes de expandir su tiranía a todo el Shatterverse, e incluso la idea de que no los dejen ir a él y a Tails en un futuro inmediato. Cuando capturaron a Nine, usaron sus habilidades para beneficio del Consejo; no le extrañaría que quisieran mantenerlos a ambos para hacer lo mismo. En cualquier caso, siempre podía existir una salida eventual o una solución para arreglar el desastre que provoquen los Eggmen.
Pero si borraban a Sonic de la existencia…
Nine no…
No podría soportarlo.
Fue su peor pesadilla todo el tiempo que vivió en El Grim.
Cada vez que se iba a dormir, lo veía desvanecerse frente a él, sin dejarlo despedirse. Sin verlo de nuevo. Sin escucharlo de nuevo. Sin abrazarlo de nuevo.
Nine creyó que moriría en El Grim sin saber nada de él nunca más, cargando con la idea de que él mismo lo había eliminado de la existencia. A su primer y único amigo de entonces. Por su culpa.
Y acababa de recuperarlo.
Nine no podía perder a Sonic de nuevo.
No de este modo.
—Lo que nos recuerda. —La voz del Dr. Eggman lo sacó de su espiral ansiosa y llena de pánico. —Es hora de empezar.
Nine notó entonces el temblor de su cuerpo combinado con el mareo de su cabeza, y no era precisamente por la experiencia previa siendo electrocutado. Necesitaba recomponerse y no hundirse en su limbo de nervios y ansiedad ante la perspectiva de perder a Sonic. Si quería evitarlo, debía centrarse y planear una forma de arruinar los planes de estos malditos idiotas. Y no lo lograría si se permitía caer en su condenado pánico.
Podía hacerlo. Podía torcer la situación a su favor.
Sólo debía concentrarse.
Vamos, Nine.
Sus dientes mordieron otra vez su labio con fuerza, usando el dolor para enfocarse en el presente y guardar cualquier sentimiento innecesario dentro de él. Poco a poco se dio cuenta de que el resto de Doctores, a excepción de Mr. Dr. y el Dr. Eggman, salieron de la sala de control. No sabía para qué, pero Nine no se sentía bien con esos dos.
Su instinto le decía que no eran una buena combinación.
El Dr. Eggman caminó hasta un costado de la consola antes de regresar con el propio dispositivo amarillo de Nine entre sus manos. Él no tenía idea de para qué podrían querer usarlo, porque por algo lo dejaron intacto. Sólo esperaba que cualquier cosa que quisieran de ahí no fuera útil.
El científico se detuvo frente a él, moviendo sus manos sobre el dispositivo de Nine, lo que lo irritó muy profundamente.
—Si hubiéramos sabido que también tenías un dispositivo de rastreo, habríamos ido por ti desde el inicio. —El Dr. Eggman sonrió. —Nos habrías ahorrado mucho tiempo.
¿Qué?
Pudo notar de reojo la forma en que la postura de Tails se enderezó con sorpresa, jadeando levemente.
Nine lo ignoró, torciendo los labios. —Mi detector no sirve. —Escupió con burla al Doctor. —Una pena para ti.
Bueno, casi. Nine sabía que aún así tenían el rastreador de Tails, y con ambos ahí, eventualmente desbloquearían el Miles Electric para llegar al Prisma. Era más una victoria vacía.
Mr. Dr. se burló con crueldad. —Eso crees, zorro. Pero tu patético estado deplorable en tu Ciudadela no sólo nos ayudó a recuperar nuestra nave. Consumió tu estúpido cerebro y fuiste tan tonto como para no notar el error que nosotros descubrimos cuando lo revisamos.
—Parece que la ingenuidad y estupidez es compartida. —El Dr. Eggman comentó mientras finalmente activaba el dispositivo de Nine, mostrando el holograma conocido para él.
Tanto las orejas de Nine como Tails cayeron cuando la luz verde los iluminó.
Esta vez un peso nuevo golpeó el pecho de Nine cuando su detector no sonó como loco como cuando lo probó en El Grim. Esa ocasión, el pitido que indicaba que encontró un Shard, o su energía, resonó sin control, además de que el holograma parecía tener estática. Había mostrado todos los signos posibles de mal funcionamiento.
¿Cómo era posible que ahora la imagen fuera limpia y clara?
—¿Sorprendido? —Mr. Dr. se regodeó, aceptando el dispositivo de parte del Dr. Eggman, que se alejó un momento hacia la consola. —Fuiste decepcionante, Nine. No notaste los restos de energía prismática rodeándote. —Su mano lo apuntó con el holograma. —Ni siquiera la tuya.
Nine abrió los ojos con sorpresa cuando su dispositivo saltó con un pitido, marcando un rombo blanco en su dirección. Tails también se atragantó, posiblemente igual de pálido que Nine.
—¿Qué te parece, chico? —El tirano de New Yoke alejó el detector. —¿Deberíamos extraerte esa energía? Después de todo, se nos está terminando.
Su estómago dio un vuelco salvaje, sabiendo perfectamente que ellos no tenían un extractor con un método amable como el que él y Tails hicieron. Los Doctores lo habían creado para extraer la energía de sus robots Grim. No había forma de que el proceso fuera agradable si lo hacían con Nine.
Y Tails debió saberlo también.
—¡Ustedes tienen suficiente energía! —Tails se agitó, volviendo a tomar la palabra porque no era capaz de cuidar su maldita garganta. Por eso tuvo que carraspear. —Ese tubo… estaba lleno de ella.
—Tuvimos que dejar un poco atrás. —El Dr. Eggman respondió, acercándose a Tails con el Miles Electric en mano.
Nine se alteró. —¡Si ya tienes mi detector, ¿por qué quieres desbloquear eso?!
—No podemos tener margen de error con la ubicación. —Mr. Dr. respondió tranquilamente. —Con uno tendremos la ubicación general del Prisma, y con el otro llegaremos directamente a la gema dentro de la instalación donde lo guarden.
Ugh. Maldita sea.
Su garganta dejó salir un gruñido furioso, con la confirmación clara de que iban a usar energía del Prisma para llegar a el, evadiendo la mayor parte de seguridad de la organización con la que trabaja Shadow. Por eso necesitaban poder prismático para abrir el portal.
Nine no pudo evitar desear por un momento que la poca energía que los Doctores todavía tenían almacenada fuera suficiente para el portal. Había un atisbo de miedo en él al pensar que le extraigan lo poco que al parecer almacenó. Después de la primera vez que realizó el proceso en Sonic… bueno, era hasta egoísta de su parte no querer pasar por lo mismo. Pero si ellos decidían realizar la extracción, no habría nada que pudiera hacer.
Justo como ahora.
No podía hacer nada cuando Tails intentó alejar su rostro del Dr. Eggman, siendo forzado a mirar de frente para eliminar el último candado de su rastreador. Tails cerró fuertemente los ojos, todavía resistiendo a darles lo que querían, y es claro que a estos dos cabeza calva no les gustaba.
—Abre los ojos, zorro. O le daremos otra sesión de electrochoques a tu amigo.
Nine se erizó, aunque no tanto por él, sino por Tails.
¿Cómo se atrevían a amenazarlo?
Nine abrió la boca para mostrar los colmillos. —¡Déjalo en pa-!
Una vez más, sus palabras fueron interrumpidas por un grito ahogado mientras la electricidad le recorría el cuerpo. Esta vez duró más que antes, y el dolor se volvió tan insoportable que incluso se encontró deseando desesperadamente que parara.
Por favor. Sólo, por favor.
Cuando finalmente lo hizo, su garganta ardía de tanto gritar. Tembló aún más fuerte cuando ya no sintió la electricidad corriendo a través de él, pero ahora el leve aroma a quemado se volvió más intenso, revolviendo el estómago de Nine al saber que era él quien se estaba friendo. Tuvo que toser un poco para eliminar la bilis que le estaba subiendo por el esófago, abriendo lentamente sus ojos. Ni siquiera se dio cuenta de en qué momento los cerró, sólo despegó los párpados con las orillas húmedas. Nine apretó débilmente sus puños, tratando de enfocar hacia adelante mientras volvía a entender los sonidos que lo rodeaban.
Por alguna razón se sintió repentinamente desconectado y débil.
Sus ojos vagaron al frente, encontrando a los horribles tipos que les estaban haciendo esto frente a la consola. Movían y cambiaban la imagen de las pantallas de uno de los monitores con lo que parecía ser un mapa, aunque Nine no lo reconocía.
Volvió a parpadear, levantando de a poco su cabeza incluso si le dolía por los espasmos constantes en sus músculos. Aun así fue capaz de enderezarse, registrando ahora el entorno actual luego de haberse perdido un momento. Ya tenía nota de lo que hacían los dos sujetos frente a ellos, pero ahora podía ver a través del vidrio las figuras diminutas del resto de integrantes del Consejo ubicarse cada uno en una de las cuatro torres de las esquinas, aunque desde esa distancia no podía adivinar qué estaban haciendo.
Además, escuchó su nombre llegar desde su izquierda.
Nine se volteó con trabajo, encontrando sus propios ojos azules con los de Tails, que se veían húmedos y aterrados. Bueno, ¿a quién quiere engañar? Nine también quería soltarse a llorar y esconderse lejos de este lugar. Pero alguien aquí necesitaba no perder la cabeza. No del todo. Él ya había pasado por cosas peores en New Yoke City, solo. Si alguien podía… intentar sobrellevar esto, era Nine. Necesitaba no romperse por ambos.
Con gran esfuerzo consiguió volver a recuperar su postura erguida tanto como podía, considerando que una maldita máquina lo tenía colgando varios centímetros del suelo desde el cuello. Su cuerpo se estremeció en protesta, pero logró mantenerse estable y sin dejar salir ningún sonido de dolor.
Tragó duro antes de enviarle una expresión más tranquila a Tails, esperando que entendiera que estaba bien, aunque no era realmente cierto. Tails, por su parte, sorbió por la nariz, apretando fuertemente sus labios. Es claro que no le creía, pero eso ni siquiera importaba.
Esta pesadilla no había acabado.
Los Eggmen ahora tenían la ubicación del Prisma, y las cosas podrían ponerse peor ahora.
Tenían que encontrar la salida.
Alguno de los dos Doctores volvió a hablar. Nine no supo quién hasta que miró hacia adelante, descubriendo que era el Dr. Eggman.
—Esto es en Station Square. La seguridad de las sedes que G.U.N. tiene ahí es alta. —Se detuvo un momento. —Pero eso no va a ser un problema.
Nuevamente el científico le dio la misma mirada hambrienta hacia él, haciendo que Nine odiara por un momento lo bien que supo manejar el Prisma y su poder con sus colas de metal. No se arrepentía, pero justo ahora despreciaba mucho su propia habilidad.
El Doctor sonrió. —Vas a ser amable de llevarnos al Prisma, ¿correcto?
Nine torció los labios con más trabajo del que creyó necesario, pero ya tenía bien claro cómo responder a pesar del peligro que significaba llevarlos al Prisma. Él mismo se dijo que no dejaría que lastimen más a Tails por este error suyo, y eso implicaba no permitir que le envíen el nivel de descargas que le dieron a Nine.
Obedecería con cuidado hasta mover la balanza a su favor.
Apretó los dientes, hablando con un tono ronco. —Sí, lo haré.
Las reacciones fueron inmediatas.
Ambos Eggmen sonrieron complacidos mientras Tails lucía derrotado y con ganas de decir un buen par de palabras ante la estresante situación. No lo hizo, pues estaba claro que ambos ya sabían sobre qué cuerda floja estaban caminando, pero cuando Nine inclinó su rostro hacia él, la súplica silenciosa de Tails era tan evidente que Nine se preguntó por un segundo si él de verdad creía que le agradaba la idea de abrir el camino para desaparecer a Sonic.
A Nine le importaba Sonic tanto como a Tails, pero no significaba que iba a cambiar la seguridad de uno por el otro.
Tal vez antes, como hace un par de días para ser exactos, Nine no habría dudado para nada en deshacerse de Tails por el bien de Sonic. Pero ahora, después de todo lo que Tails hizo por Nine… cada palabra amable, cada momento paciente, cada… abrazo genuino hacia él… ah… bueno. Nine lo apreciaba más de lo que le gustaba admitir. E incluso si Sonic y Tails se parecían en tantas cosas, Nine sabía ahora que les tenía un cariño específico a cada uno pero a la vez idéntico.
Los dos eran importantes para él.
No iba a sacrificar a ninguno.
Nine endureció su mirada, haciéndole saber a Tails que no iba a regalarles la victoria tan fácil. Su amigo titubeó, pero casi de inmediato su rostro desalentado también se arrugó con la determinación de no dejar que los Eggmen les quiten a Sonic.
Ambos acordaron silenciosamente hacer todo lo posible para salvar al erizo.
Nadie iba a quitarles a su hermano mayor.
El momento fugaz terminó cuando los dos Eggmen tuvieron suficiente regocijo por obligar a Nine a hacer lo que ellos querían, dando un par de órdenes a los robots que seguían sujetándolos. En seguida las máquinas los bajaron, volviendo a forzarlos a caminar ahora detrás de los Doctores, saliendo de la sala de control por la misma puerta por donde entró el Consejo.
Ninguno de los dos se miró entre ellos ni dijo nada, avanzando a la fuerza tras los científicos que iban liderando el camino por algunas zonas amplias de esta base. Nine sentía de vez en cuando calambres dolorosos en sus músculos por las malditas sesiones de electrochoques, pero a pesar de ello se forzó a mantener la cabeza erguida mientras absorvía con la mirada cada esquina de la base, tratando de memorizar la ruta y todos los pasillos que estaban conectados al camino que recorrían.
Y podía decir que Tails estaba haciendo exactamente lo mismo.
Hubo al menos un par de sitios que alcanzó a ver fugazmente como áreas abiertas que guiaban al Núcleo que crearon los Doctores, pero no pudo tener un vistazo detallado. Aun así ninguno se perdió el mínimo detalle de las zonas que recorrieron hasta que lograron visualizar otra habitación al final del largo pasillo al que entraron.
Dentro se alcanzaba a ver un área elevada a la que se llegaba con unas escalerillas de concreto, pero Nine no pudo observar más cuando el par de Eggmen taparon su visión al ir enfrente.
Cuando estaban a mitad de camino del pasillo, el Dr. Eggman volvió a hablar.
—Aprecio mucho la inspiración que nos dieron al escucharlos discutir en nuestro cuarto de contención de energía.
Nine aplanó las orejas ante el comentario, sintiendo la vergüenza y el odio a sí mismo al recordar su actitud en ese lugar. Y cómo eso los llevó a donde estaban ahora.
Estúpido.
Esta vez Mr. Dr. continuó cuando entraron a la habitación. —¡Ah! No se nos habría ocurrido si no lo hubieran mencionado. —Se giró levemente hacia Nine. —Y como necesitamos garantía de que no se te ocurra nada mientras tengas poder prismático, haremos esta divertida actividad.
A Nine lo golpeó una repentina ola de nervios que opacó su furia anterior, y no hizo más que empeorar cuando los hombres se apartaron, dejándoles ver la parte superior de la plataforma en esa sala nueva. Tails jadeó, parando sus pasos lo más que pudo. Nine no reaccionó a la misma velocidad que su amigo, pero sabía que no era bueno en absoluto. El lugar no le gustaba nada de nada.
Las luces de colores de los controles y pantallas en las paredes a la derecha e izquierda le daban algo de vida al lugar, pero lo que se encontraba en el centro de la plataforma ciertamente le regresaba la frialdad a la zona: una silla de acero ligeramente reclinada, con restricciones en los reposabrazos y la base de la silla, sin duda para sostener a alguien desde las muñecas y tobillos.
Pero eso no era lo peor. No, lo más aterrador era el cilindro ancho y metálico sobre la silla del que salían muchos brazos mecánicos con distintas herramientas afiladas en las puntas.
Eso se veía mal.
Muy, muy mal.
Nine sintió sus piernas temblar.
—¿Qué te parece? —Mr. Dr. le sonrió de frente. —Si se te ocurre cualquier tontería, podría obtener un reemplazo mejorado de Rusty en forma de zorro esta vez.
Toda la sangre se le fue del rostro a Nine.
El robot que sostenía a Tails comenzó a avanzar hasta la silla a pesar de su resistencia. —No- ¡No…!
Nine también quiso avanzar, pero le fue imposible ahora que el robot lo sostenía con más fuerza.
Miró a los Doctores con frustración. —¡Dije que iba a ayudar! Esto no- yo no-
Su respiración se aceleró al mismo tiempo que la de Tails cuando otra máquina ingresó de una puerta al costado de la habitación, ayudando a quitarle las esposas a su amigo para atarlo ahora a la horrible silla bajo las aterradoras herramientas.
Mr. Dr. bufó. —¿Acaso no oíste? —Él se desplazó lentamente. —Tú habilidad con el Prisma fue fascinante. Y es justo por eso que no somos tan idiotas como para dejar que uses la energía con el riesgo de que planees tomarla a tu favor. —El Doctor se detuvo frente a él, sonriendo. —Es sólo un pequeño seguro para mantenerte controlado.
Nine sintió la boca seca, considerando suplicar por primera vez en años para que sacaran a su amigo de ahí. Pero ya no podía hablar. Había un miedo horrible en su interior que no se comparaba en nada a la vez que el Consejo también iba a mutilar a Sonic el día que se conocieron. Aunque eso fue porque apenas y eran extraños, pero aun así… la confianza y cariño con la que el erizo lo había mirado fue suficiente para que Nine se hubiera puesto inquieto cuando la máquina con el láser se había acercado a su rostro.
No fue un miedo paralizante, pero sí el necesario para haber notado un curioso alivio, en ese momento, cuando los rebeldes irrumpieron y salvaron a Sonic de un proceso doloroso y mortal.
Sólo que ahora no había rebeldes, ni Sonic, ni nadie para ayudarlos.
Nine por primera vez sintió ganas de gritar desesperado.
El Dr. Eggman también se acercó a él, con una tableta en sus manos. —Ahora. Cualquier truco o acción sospechosa tuya, y el proceso de robotización empezará de inmediato apenas presione este botón. —Señaló la pantalla, mostrando una imagen con algunos parámetros en la parte superior y con un cuadrado rojo en la parte inferior con la palabra Iniciar en el.
A Nine le dio náuseas pensar que la integridad de Tails dependía de ese minúsculo cuadrado. Quería poder romper esa cosa en mil pedazos.
La tableta se apagó, dejando la imagen en negro y reflejando su rostro angustiado.
Nine bajó la mirada al suelo por impulso, vibrando en furia cuando escuchó de nuevo a alguno de los Doctores hablar.
—Si queda claro, empecemos a movernos.
Inmediatamente los dos Eggmen volvieron a caminar de regreso, sin darle tiempo a Nine de procesar nada o de negociar algo para que sacaran a Tails de ahí. Pero su estúpida voz se atascó, odiando la perspectiva de que iban a dejar a su amigo aquí solo con esa máquina sobre él, esperando si es que se activaba o no.
La idea lo mareó.
Nine forcejeó un momento, girando lo más que pudo para ver a Tails una última vez. —¡Vas a estar bien!
Es lo único que atinó a decir, recibiendo la mirada asustada de Tails escondida bajo una máscara de determinación y coraje. Luego volvió a ver las paredes frías del pasillo, cerrando esta vez la puerta de la habitación.
Su pulsó se alteró ahora que los habían separado y ninguno sabría que estaba pasando con el otro. Era lo que Nine menos quería que pasara. Se había sentido afortunado cuando no los habían alejado tanto desde que los llevaron a ese lugar. Pero debió suponer que esa suerte escasa no duraría tanto. Ahora cada uno estaba por su cuenta.
Y Tails podía ser robotizado en cualquier momento.
Oh, Chaos.
Ah.
No…
Nine no… no debía dejar que esto ayudara a su inminente colapso emocional. Necesitaba concentrarse por un par de horas más, tal vez.
Oh. Maldita, sea.
Debía calmarse.
Él podía con esto.
Sí podía.
Respira, Nine.
Correcto. La situación era delicada. Y considerando todo hasta el momento, es probable que el siguiente paso sea que lo lleven hasta la fuente de energía prismática que los Eggmen han conservado. Pero si Nine descubre que no es suficiente para el portal que quieren…
Oh, no.
No.
Todo iba a estar bien.
Es decir, aunque los Eggmen no hayan logrado llevarse todo lo que tenían almacenado en la otra base, la cantidad que poseían ahí era suficiente como para alimentar esa instalación por algunas horas. Si recuperaron un poco antes de que hubieran cruzado el portal que Nine les abrió, podría bastar.
Él ya no tenía nada en sus colas. Lo usó todo en el dichoso portal que los trajo aquí. Y que el Dr. Eggman le hubiera pedido que se mantuviera estable por unos cinco minutos gastó toda la energía extra que robó.
Así que… Uh… Claro.
Tal vez esto era el karma por haber tomado más energía de la que debía y haber sido deshonesto con Sonic.
Oh, Sonic.
No importa si el erizo es consciente de que la señal que estos idiotas manden va a ser una trampa, él va a venir. Nine sólo puede esperar que al menos no venga solo.
Hasta donde vio, el resto de los amigos de Sonic lo aprecian mucho a él y a Tails. No cree que los vayan a dejar solos. Todos ellos estarán al lado de Sonic. Así que… si ahora no puede hacer mucho más que llevar a estos idiotas al Prisma por el bien de Tails, podría esperar a que lleguen los demás. Por el momento su prioridad va a ser mantener a Tails a salvo, y cuando Sonic llegue, deberá asegurarse de que el erizo no se acerque ni un poco al Prisma o al Núcleo que construyeron los Doctores.
Nine no tiene idea de cómo van a borrar a Sonic de la realidad. Él apenas empezaba a crear sus propios cálculos para hacer lo mismo con el Consejo, y los Eggmen parecen tener ya un modo. Si Nine lo descubría, alejaría a Sonic de ahí tanto como pudiera.
Él puede hacer esto.
Puede salvarlos a ambos…
—Me temo que aquí nos separamos. —La voz de Mr. Dr. lo sacó de su mente acelerada. —El Dr. Deep y el Dr. Babble estarán esperando en el área para abrir el portal.
Los dos Eggheads compartieron una mirada antes de tomar rumbos diferentes. Desafortunadamente, el robot que tenía a Nine siguió al Dr. Eggman, dejándolo solo con este sujeto que no hacía más que activar cada sentido de supervivencia en Nine y a la vez el deseo de querer arrojarlo al vacío más oscuro del Shatterverse.
Ojalá un día pueda tener la oportunidad de hacerlo.
Nine no pudo resistir el impulso de mirar por última vez con odio obstinado al tirano de New Yoke, descubriendo que este también había volteado un instante sobre su hombro, pero con una atención afilada puesta en el Dr. Eggman. Luego su imagen se perdió cuando dieron una vuelta en una esquina.
Nine parpadeó, presionando sus labios en una fina línea.
Eso fue… raro, pero no inesperado.
No era extraño que no hubiera plena confianza entre ellos. Eran dos Eggmen con la misma ambición, después de todo.
Y para la situación actual era… bueno, adecuado. Realmente ideal.
Era casi una ventaja a su favor. Nine podría aprovechar esa brecha entre ellos y hacerlos discutir, del mismo modo que el Consejo peleó por quién tendría el control en su conquista del Shatterverse. Aunque no conocía al Dr. Eggman, pero no podía ser tan diferente de Mr. Dr. en cuanto a su ego.
Era un punto débil que debía golpear, Nine sólo necesitaba las palabras correctas con este sujeto. Si ellos discutían o peleaban entre ellos, la atención a Nine y a Tails pasaría a segundo plano.
Podría funcionar.
Su mente comenzó a trabajar en ello hasta que llegaron a otra puerta, entrando de inmediato a una nueva habitación. Para este punto Nine esperaría ya no tener tanto miedo al ingresar a una zona diferente, pero después del lugar donde dejaron a Tails, sus nervios estaban a flor de piel.
Al menos hasta que sus ojos se enfocaron en un costado del lugar.
Ahí se encontraban las mismas dos máquinas que habían estado también en el ataque al taller de Tails en Green Hill. Se sentía como si hubiera sido hace una eternidad, pero Nine podía recordar bien a ese par de robots de color rojo y amarillo. Se veían igual de torpes que esa noche en Green Hill.
En seguida de que los escucharon entrar, la máquina amarilla dejó caer un pequeño artefacto blanco al suelo, y Nine no pudo evitar observar con cuidado el aparato brillante, ignorando el intercambio de palabras entre los robots y el científico. Esa cosa era idéntica a la que el Dr. Eggman usó para protegerse cuando Tails lo atacó y después cuando Nine también intentó atacar, sin éxito claro.
El escudo surgió de un dispositivo similar.
Sin evitarlo, Nine habló antes de pensar, interrumpiendo la discusión del Dr. Eggman con sus máquinas.
—Lograste manipular el poder del Prisma con tecnología, ¿verdad?
A pesar de que había preguntado, su voz era una completa afirmación. Nine estaba muy seguro de que ellos lo habían conseguido en ese poco tiempo que tenían de conocerse. Tenían los medios y los materiales para hacerlo. Pero si quería comenzar a agrietar más la alianza del Consejo con él, debía esforzarse por elevar su ego adjudicando esto sólo al Dr. Eggman.
Hazlo creer que está por encima de los demás y ponlo en contra de ellos.
El Doctor se giró un momento, irguiéndose en toda su altura. —Bueno, mira. Alguien aquí es observador.
Nine torció los labios. —Usaste esa cosa para defenderte. Y tienes más ahí. —Su cabeza señaló hacia los robots, que se habían quedado quietos luego de la interrupción. —El escudo que creaste era idéntico al que Sonic podía hacer cuando tuvo energía del Prisma. —Claramente no iba a decir que él creó los dispositivos para regular esa energía. Sería muy estúpido para este punto. Como sea, volvió a enfocarse en el Dr. Eggman. —No es tan difícil descubrir lo que lograste.
El Doctor se pasó la mano una vez por el bigote, bufando. —¡Correcto! No era difícil descubrirlo. —Se inclinó hacia un lado, presionando un botón en la pared. —Pero sólo para alguien con las pistas correctas.
Al finalizar sus palabras, del centro de la habitación surgió una cápsula circular conectada a varios cables. Dentro del cristal se veía la energía del Prisma moviéndose en el interior. Nine casi deja que el alivio se mostrara en su rostro al ver que era más que suficiente para un par de portales. Por fortuna logró controlarse, aunque también tuvo que contener las repentinas ideas que surgieron en su cabeza para usar ese poder a su favor, empleando sus habilidades para deshacerse de los Doctores.
Fue sólo el recuerdo de Tails atado bajo la máquina de robotización lo que lo detuvo. Justo como esos idiotas planearon controlarlo.
Aunque… si destruyera también la tableta con el botón listo para empezar el sistema…
No.
No podía arriesgar tanto a Tails. Y además ya tenía el inicio de un plan.
Pero… hasta ahora nadie había manejado la energía prismática tan bien como él.
Nadie.
Tal vez sería el único que pueda-
—Oh-ho. Tienes esa mirada, Nine.
La voz del Dr. Eggman lo sobresaltó, haciéndolo alzar la cabeza para encontrar al científico sonriendo como si supiera algo que Nine no.
Su rostro se arrugó, sin ningún deseo de que este tipo intente analizarlo. Además, no podía dejar que el Doctor tome el control de la conversación. Nine tenía que cavar en su ego, pero parecía que el científico también tenía sus propias intenciones con él.
El hombre continuó. —Deseas el poder, ¿verdad? Y después de ver cómo lo manejas, sé que tus habilidades no son para menospreciarse.
Nine bufó. —¿Habilidades? Si sólo he abierto un portal hasta ahora.
Muy cierto. Sin embargo, es obvio que el Consejo debió compartir mucha información con el Dr. Eggman. Nine tenía que averiguar qué tanto le dijeron.
El científico se quedó quieto, resoplando por la nariz. —...Dime chico. —Su voz se niveló. —¿Crees que serás feliz si te quedas con ellos?
¿Cómo?
Nine arrugó el rostro con irritación, mirando directamente al Dr. Eggman en busca de algún indicio sobre qué, en el Chaos, estaba hablando, pero él se mantenía con la misma sonrisa sabionda.
El científico retomó la palabra, comenzando a caminar con parsimonia cerca de la cápsula con la energía.
—Veamos. Sé lo lindo que suena para ti tener una vida al lado de Sonic e incluso con Tails. ¿Pero cuánto te va a durar la bonita ilusión? —El Dr. Eggman se detuvo un momento tras la cápsula, iluminándolo. —¿Cuánto vas a tardar en darte cuenta de que no compartes el mismo vínculo con ellos que tienen entre ambos? —Él negó con la cabeza. —No puedes fingir años de compañerismo sólo porque te pareces al mejor amigo de Sonic. Y esos dos… tienen un asqueroso vínculo irrompible que no puedes imitar.
Su rostro se arrugó con desagrado, enfocando toda su atención en Nine y bajando el tono de su voz.
—Dime. ¿Crees que Sonic podría perdonarte si eres responsable de que algo le pase a Tails? ¿Crees que te seguirá mirando igual? ¿O crees que Tails estará bien si lo eliges a él antes que al erizo que le salvó la vida y se volvió su mundo? ¿Podrías seguir formando parte del lazo entre ellos dos?
En algún momento el Dr. Eggman se acercó hasta quedar frente a él, y eso fue lo único que hizo que Nine se mantuviera firme.
Tal vez titubeó por un instante, todo gracias a una pequeña voz en el fondo de su cabeza que no supo cómo responder de inmediato a las palabras del Doctor. No, mejor dicho, una voz que casi se deja oír dentro de él con la clara intención de hacerle saber cuánta razón podría tener el sujeto frente a él. Pero eso no… no es cierto. Sonic y Tails lo aceptaron tal y como es. El futuro con ellos no iba a ser una ilusión que se rompería de pronto. Estaba seguro de lo que quería y…
Si cometes un paso en falso, ellos van a odiarte.
El labio de Nine tembló, sintiendo la angustia inmensa ante las dos posibilidades que el maldito Dr. Eggman acababa de meterle en la cabeza. Pero eso no iba a pasar. Y si la situación llegara a cualquiera de esos escenarios horribles (que no pasarían), ni Sonic ni Tails lo dejarían.
Ellos se lo dijeron.
Ambos lo hicieron. Dijeron que no lo dejarían solo.
Nine no quería que lo abandonaran si algo salía mal. Si llegaba a perder a uno de los dos aquí (no iba a pasar, no iba a pasar…), no podría soportar que el otro lo aleje porque Nine sería el principal responsable de que eso termine así.
Si alguno de ellos empezaba a odiarlo…
Nine negó con la cabeza, cerrando fuertemente los ojos para no dejar que alguna emoción indeseada se desbordara desde ahí, pues él no iba a ser así de débil frente al Dr. Eggman. Y él no era lo único que no sería débil aquí.
Su lazo con Sonic y Tails tampoco lo era, incluso si no había compartido años de experiencias y camaradería con ellos, tenían mucho tiempo por delante para forjar ese vínculo que jamás tuvo con nadie.
Nine iba a asegurarse de que ese día con ellos llegase.
Volvió a abrir los ojos, aplacando sus emociones y con una expresión controlada. —Si quieres ver relaciones frágiles, ya tienes al Consejo del Caos aquí. —Nine rodó los ojos, fingiendo indiferencia. —Pase lo que pase, mis amigos no van a odiarme. Ni tú ni nadie va a separarme de ellos.
El Doctor se mantuvo impasible, quedándose quieto por varios segundos hasta que retrocedió, suspirando con satisfacción. —¡Qué adorable! —Él se rio con ganas, parando con una expresión extasiada. —Tienes potencial chico. Pero ya estás emocionalmente atado a ellos. Él siempre tiene que llegar primero.
El Dr. Eggman regresó hasta la cápsula, murmurando lo último como si hubiera sido más para él que para Nine. Luego comenzó a manipular la tapa superior, haciéndola rebotar un poco hacia arriba sin separarla del todo del contenedor.
Se quedó quieto un momento antes de burlarse entre dientes. —Tú lo sabes, ¿no? Que yo no trabajo en la misma sintonía que esos cinco ineptos. —Escupió con genuino desagrado. —Y por eso es una lástima tu inminente eliminación de parte de ellos. Apenas nos des el Prisma, van a deshacerse de ti.
Los ojos de Nine se abrieron con sorpresa, aunque no tanto por el evidente destino que el Consejo del Caos tenía planeado para él, sino porque este sujeto le estaba diciendo lo que los otros querían hacer. Además, si el Dr. Eggman ya había determinado de forma consciente no trabajar a la par del Consejo, entonces sería inútil tratar de ponerlo en contra de ellos.
Un conflicto entre el Dr. Eggman y el Consejo del Caos sería creado si él lo decidía, no porque Nine o alguien más intente guiarlos a eso.
Maldita sea.
Este sujeto no iba a ser fácil de burlar.
Nine gruñó internamente justo cuando el Dr. Eggman atrajo su atención con un comentario inesperado.
—Yo podría impedir eso.
Él parpadeó, inseguro de haber escuchado bien. —¿Qué?
El Dr. Eggman soltó una carcajada profunda. —Oh, chico. ¿Qué te parece? Si no estuvieras tan apegado a Sonic, estaría encantado de tenerte a mi lado.
Nine se crispó, detestando hasta la médula la idea. Sin embargo, el Doctor continuó.
—Tú manipulaste solo el poder del Prisma. Descubriste cómo viajar entre los mundos. Y lograste llevar el Shatterverse al límite de su existencia y después repararlo como si nada. —Se rió entre dientes por un momento y luego golpeó con su puño la tapa de la cápsula, sobresaltando a Nine. —¡De verdad es un desperdicio el camino que quieres tomar! —Su voz se elevó con tensión. —Porque tú no eres como Tails. Tú no dudas ni has sido eclipsado todavía por la sombra de alguien más. Tú tienes ese hambre por poder y conocimiento, Nine. Y yo podría ayudarte a expandir tu potencial. Nadie volvería a verte desde arriba.
Su respiración se entrecortó.
Hubo una vez que Nine… que él sí quiso poder estar por encima de todos los que lo habían lastimado. De demostrar que no era débil ni patético.
Y casi lo logra. Pero la verdad es que ahora no… no quería volver a ser la versión de sí mismo que fue en El Grim.
Ahora sólo quería poder probar los tan mencionados chili dogs que Sonic mencionó y el helado con menta que Tails le ofreció.
Él…
Él podría enseñarme.
NO.
Eso no.
Además, Nine podía ser mejor que todo eso. Tails se lo dijo.
Y debía ser cierto, ¿no?
Nine enterró esa asquerosa emoción complacida y satisfecha por la breve alabanza del Doctor a todo lo que hizo (y lo que podría ser), arrugando el rostro.
Arrastró las palabras con odio. —Te lo dije. No vas a separarme de ellos.
El silencio se volvió espeso.
El Dr. Eggman no dijo nada, enderezando su postura cuando por fin habló con un tono plano y sin ninguna expresión definida. —Qué decepción.
Dicho esto, la máquina que sostenía a Nine volvió a moverlo, acercándolo a la cápsula y, por ende, al Dr. Eggman. Nine se erizó, sabiendo que toda la charla corta se había acabado. Nuevamente serían prisionero y villano, cada uno en su lado. Y las acciones del científico sólo aumentaron su afirmación.
Su mano sobre la tapa golpeó la superficie con un dedo. —Es una pena, de verdad. Me hubiera gustado ayudarte. Así que me temo que ya no podré darte ninguna compasión.
Nine gruñó. —Como si necesitara cualquier cosa de ti.
—Sí. Sé que no. —Su rostro se ensombreció, contrastando con la nauseabunda sonrisa amplia. —Dime, Nine. Si también te meto en una cámara de robotización, ¿a quién crees que Sonic elegiría salvar si sólo pudiera llegar a uno?
Nine sintió un vuelco vertiginoso en el estómago. Su voz se quebró sin poder procesar correctamente la pregunta. —¿Q-qué-?
—¡Oh-ho ho! Vamos, chico. Creo que ambos sabemos la respuesta. —El Doctor lo interrumpió, colocándose frente a él y hablando con emoción insana. —Hiciste la elección incorrecta, Nine. Habrías tenido un lugar conmigo. Así que supongo que tendré que conformarme con ver lo que harás a partir de aquí por tu cuenta. Pero te lo advierto. —Su sombra cubrió completamente a Nine. —Si vuelvo a atraparte, esta vez no te dejaré ir. —Su bigote se crispó. —Después de todo, un cerebro dentro de un cuerpo robótico no se negaría a trabajar conmigo. Y combinaría perfecto con tus siete colas.
El miedo que ya le tenía a este sujeto aumentó en un instante. Y con justa razón.
Nine había recibido demasiadas amenazas a lo largo de toda su vida, pero las únicas que de verdad le hacían sentir una angustia genuina eran las que venían de sujetos que sabía que las podían cumplir. Como esos malditos adultos de New Yoke o los dos zorros que jamás faltaron un día para hacerle la vida miserable. Todo lo que dijeron lo cumplieron, generando un mecanismo de miedo y pánico anticipado cuando describían todo lo que iban a hacerle. Y a pesar de que habían pasado años desde la última vez que dejó que una amenaza a su persona se cumpliera así, sabía que el Dr. Eggman no estaba jugando.
De verdad quería conseguir a Nine de algún modo, y no sólo le estaba haciendo saber entre líneas que era consciente de que Nine tenía planeado algún escape o contraataque entre las sombras. Le estaba dando eso como única oportunidad para huir de él y mantener vivo el juego.
Colocó un tablero aparte para ambos.
Chaos.
Nine se agitó por el miedo.
Era aterrador y aun así… a pesar del pánico que podía notar en el fondo, había algo de adrenalina y orgullo por querer ganarle a este odioso sujeto. Era muy, muy, arriesgado, pero no iba a dejar que lo vea como un objeto que podía tomar si se le antojaba.
Nine lo golpearía en la cara y le haría ver lo que es capaz de hacer.
Su valentía lo mantuvo firme, ignorando la risa interna y satisfecha del Doctor. Luego sintió como la restricción en todas sus colas se soltó, provocando un vuelco en el corazón de Nine al saber que ahora tenía más libertad, pero el gusto le duró muy poco.
El Dr. Eggman palmeó la cápsula. —Haz tu trabajo. Toma la energía y abre el portal. —Se inclinó hacia Nine. —Ambos sabemos las reglas del juego, zorro. Si intentas algo, los dos descubriremos cuánto dolor puede soportar Tails. Y si me quitas del camino, descubrirás que los demás tienen el mismo acceso a la sala de robotización. Esa máquina se activará ante la mínima señal sospechosa tuya.
Nine tembló, todavía temiendo por Tails a pesar de todo. Y era peor saber que cualquiera de esos idiotas del Consejo también podía iniciar el proceso en cualquier momento.
Romper la tableta del Dr. Eggman no cambiaría nada.
Maldita sea.
Nine torció los labios. —Como si no supiera lo que está en juego.
El Doctor se enderezó. —Muy bien. Continuemos, entonces. Ya perdimos mucho tiempo.
Nine tuvo que morderse la lengua para aguantar las ganas de decirle a ese sujeto que el tiempo perdido fue por su culpa, pero se mantuvo callado, sin querer fastidiarlo.
Respiró hondo cuando sintió que el robot por fin lo soltó, dándole acceso libre a moverse. Nine se acercó un paso con cuidado, llevando todas sus colas de metal cerca de la pequeña abertura que dejó la tapa superior. Con un movimiento experimentado, las puntas se activaron, absorbiendo la energía que giraba con violencia en su interior, iluminando el rostro de Nine hasta que todo desapareció y vibró ahora dentro de sus siete miembros metálicos.
Fue difícil ignorar el súbito sentimiento de superioridad sobre el Dr. Eggman al tener este poder a su completa y absoluta disposición.
Ni el Doctor ni nadie más había manipulado el Prisma como él, y Nine quería poder poner en su lugar a este tipo antes de que volviera a pensar siquiera en usarlo a él o a sus amigos.
Podría hacerlo, aunque más adelante.
Debía ser en el momento correcto.
Nine se mantuvo impasible mientras el Dr. Eggman asentía con la cabeza. —Avancemos. ¡Y ustedes dos! Lleven eso al área principal.
Con eso dicho, el Doctor se dio la vuelta, comenzando a caminar por otra puerta. Los dos robots también se apresuraron a seguir a su creador luego de asentir a la orden, aunque uno de ellos dejó caer por accidente una de esas pulseras blancas. Y estaba cerca. Tan cerca…
La máquina de antes volvió a tomarlo de los hombros para guiarlo, y Nine replegó todas sus colas a su lugar, manteniendo su rostro en blanco cuando el Dr. Eggman lo miró sobre el hombro. Ninguno dijo nada luego de volver a salir por otro pasillo, por lo que él simplemente lo siguió en silencio.
En este punto no importaba si la risa entre dientes del Doctor es porque supo lo que hizo o porque de verdad quería ver qué haría Nine a partir de ahora.
Y él quería darle razones para que se arrepienta de subestimarlo.
Nine iba a ganar este juego.
Esta vez estaba más tranquilo sabiendo que tenía energía prismática en su poder de nuevo y esa peculiar pulsera oculta entre sus colas.
La situación iba a moverse como él quería.
Volvió a seguir al científico, aunque ahora Nine comenzaba a aburrirse de caminar tanto. Fue un alivio finalmente llegar a una zona amplia y poco iluminada luego de bajar unas escaleras. Ahí, ciertamente, ya se encontraban el Dr. Deep y el Dr. Babble, ambos usando una variedad de los dispositivos blancos que tenía el Dr. Eggman.
Bien. Es posible que tuvieran entonces más funciones que sólo un escudo frágil. Y ellos iban a enseñarle cómo funcionaban.
Nine sonrió internamente.
Hubo algo que dijo el Dr. Deep, pero Nine no le estaba poniendo atención. Ni a él ni al Dr. Eggman.
Comenzó a concentrarse en el hecho de que estaba a punto de abrir un portal al mismo lugar que Shadow lo había llevado hace poco. Y las cosas no iban a ponerse tan fáciles. No por nada el Dr. Deep y el Dr. Babble llevaban su armamento y algunos Eggforcers, uno de los cuales tenía el holograma que indicaba que el Dr. Don’t también iba a estar presente.
Los Eggmen esperaban un enfrentamiento con esa gente trajeada, así que Nine ya estaba planeando aprovechar el caos que se genere ahí.
Sería perfecto.
La charla por fin se dirigió a él, atrayendo su atención.
—Muy bien rata, empieza. —El Dr. Deep ordenó.
Nine lo miró sin expresión, empezando a enojarse cuando notó al idiota lanzar sin cuidado su dispositivo amarillo con el holograma de su detector activado.
¡Chaos! Que no lo deje caer…
El Doctor lo atrapó una vez más, frunciendo el rostro. —Si te alejas de nosotros, las cosas se pondrán feas para tu amigo.
Ugh. Bien, sí. Ya lo entiende.
Nine se equivoca, Tails sufre.
¿No tienen nada mejor que decir para este punto?
Tuvo que reprimir el impulso de rodar los ojos.
El Dr. Eggman comenzó a hablar mientras un Eggforcer se acercaba con una pantalla. —G.U.N. mantiene el Prisma Paradoja en una bóveda subterránea. Podría estar en cualquiera de estas dos principales. Por eso debes hacerlos entrar aquí. —Señaló un punto en un mapa, con una imagen panorámica de lo que debía ser la zona señalada. —Usarán tu dispositivo como guía para llegar a la cámara correcta.
—Y abrirás dos portales, alimaña. —El Dr. Deep agregó. —Uno para hacernos entrar. Y otro para sacarnos cuando tengamos nuestro Prisma. Deben cerrarse apenas los crucemos.
Nine inclinó la cabeza, sin intenciones de mencionar que él ya estuvo en la bóveda que guardaba al Prisma Paradoja, aunque es cierto que podrían haberlo movido. Es lo que él esperaba de Shadow. Pero sea como sea, si puede prolongar la estancia de todos en esa instalación y provocar una confrontación, Nine tomará su turno de jugar.
Se encogió de hombros. —Bien. Lo tengo.
El Dr. Deep bufó, tomando posición junto al Dr. Babble, dentro de su mecha, y al resto de Eggforcers. Nine ni siquiera tomó en cuenta la mirada expectante que le dio el Dr. Eggman, pues ahora sólo estaba concentrado en la pared gris frente a él, visualizando el lugar al que quería llegar gracias a las imágenes que le proporcionaron y las coordenadas.
Nine volvió a elevar sus colas, calculando la cantidad correcta para el portal. De inmediato los Doctores que iban a acompañarlo se pusieron en posición defensiva, también enfocados en la pared de enfrente.
Hubo un pequeño instante de pausa. Luego Nine disparó cada rayo blanco hasta converger en el centro, iluminando la sala roja.
El aire crepitó, y la onda de poder se expandió desde ese punto central hasta que el portal se abrió, revelando un área de pisos de mármol negros con paredes de hormigón, oscuro y gris. El espacio monótono no duró así mucho tiempo. Sólo unos cuantos segundos después de abierto el portal, una alarma sonó del otro lado y el rojo de luces de emergencia bañó los tonos negros.
Era hora.
—¡Vamos! —El Dr. Deep instó.
Nine ni siquiera perdió el tiempo y cruzó al otro lado con los demás antes de que se cerrara el portal.
Sus colas lo llevaron, compensando la falta de movilidad de sus manos. Todavía no podía intentar quitarse las esposas. Aún no era momento.
El Dr. Deep miró el holograma, indicando de inmediato uno de los dos caminos que tenían por delante, siendo el mismo por el que pasó con Shadow y Sonic esa mañana. Al parecer no movieron el Prisma de lugar o no tuvieron la posibilidad de manipularlo hasta otro sitio. Eso fue desafortunado y decepcionante.
Nine siguió a los Doctores, aunque casi en seguida la misma gente con uniforme militar que Nine vio cuando vino la primera vez apareció desde el frente del pasillo, ahora con distintas armas y escudos transparentes en las manos, formando dos líneas. Los de enfrente con la protección y los de atrás con las armas.
No hubo ningún intento de negociación o de pedirles retroceder. Esa gente se lanzó directamente a disparar, inundando el área cerrada con el múltiple sonido agudo de las balas siendo expulsadas de las armas.
Nine bajó las orejas ante el ruido, con el impulso de crear su propio escudo, pero el Dr. Babble fue el primero en lanzarse con su mecha contra todas esas personas, sin ser sorpresa que fuera precisamente el bebé el que tuviera las intenciones más agresivas para llegar al Prisma.
El Dr. Babble usó la misma tecnología de los dispositivos blancos, pero agregada a su mecha. La mano modificada del traje mecánico, convertida en cañón, se iluminó y disparó justo al centro de la barricada que crearon los hombres, con un estruendo fuerte que incluso hizo parpadear las luces rojas. Desde el interior del traje se podía escuchar al bebé reírse cuando el humo, que quedó tras su disparo, comenzó a dispersarse y al menos la mitad de las personas quedó inconsciente en el suelo.
Nine tuvo que soportar un escalofrío al pensar en los que recibieron directamente el ataque.
Ninguno se movía.
Los soldados restantes ignoraron a sus compañeros inconscientes (y sí, Nine se negaba a creer que hubiera bajas mortales por su propio bien), comenzando a disparar de nuevo. Esta vez esa gente retrocedió tras las paredes del final del pasillo cuando el Dr. Babble volvió a disparar, por suerte sin lograr dañar a nadie esta vez.
Eso no le gustó al fastidioso infante y comenzó a correr hacia adelante mientras gritaba y cambiaba la configuración de su brazo al sonajero mortal que usaba para golpear. Al estar potenciado con la energía prismática que le cargó a su traje, el golpe que asestó contra la pared destruyó el muro, arrojando varios trozos del hormigón grueso a volar como si no fuera nada más que arena.
¿Pero qué ca-?
Nine casi se queda ahí de pie de no ser porque el Dr. Deep lo empujó con fuerza.
—¡Vamos, zorro!
Eso sin duda lo irritó, pero Nine avanzó a regañadientes, corriendo tras el Doctor que usaba el mismo escudo hexagonal cada vez que un disparo se acercaba a ellos. Por delante tenían unos tres Eggforcers, el de en medio con el holograma, y atrás había otros dos. Eso significaba que Nine todavía no estaba oculto de los ojos de cualquiera de los Doctores.
Todavía no.
El Dr. Babble, ubicado ahora a sólo un par de metros delante de ellos, se carcajeó cuando ya sólo quedaban unos cuantos hombres disparando luego de que él hubiera elegido mejor azotarlos como si fueran muñecos de trapo contra las paredes. Al menos hasta que casi lo alcanzaron al final del pasillo y una mancha brillante empujó al Dr. Babble hacia atrás.
Nine se detuvo por reflejo, mucho antes que el Dr. Deep y los Eggforcers.
Él estaba ahí para ayudarles a conseguir el Prisma, no para recibir una maldita paliza en el proceso. Que ellos reciban los golpes si tanto quieren pasar.
Todos vieron cómo el bebé no parecía estar contento de que lo hubieran tacleado y se levantó gritando para golpear a su agresor. Tal agresor era una máquina alta y enorme, con metal de color negro y rojo en la mayor parte y amarillo en la cabeza y muñecas. Las dos luces rojas que simulaban ojos los tenían a todos en la mira, moviendo de forma aterradora sus manos de metal terminadas en puntas afiladas.
Nine estaría muy impresionado por la calidad de la máquina y lo formidable que se veía si no fuera porque eso iba a atacar contra ellos. Nine incluido.
Oh, cielos.
Sus piernas lo ayudaron a retroceder un par de pasos. Ni loco iba a dejar que eso se acerque a él. No quería un agujero nuevo en su estómago, muchas gracias. Sin embargo, la máquina no estaba de acuerdo y se puso en posición de combate, dejando salir una voz robótica de algún lugar de su sistema.
[Activando protocolo de seguridad S. Eliminar a cualquier Doctor que se acerque al objetivo identificado como Prisma Paradoja.]
Apenas terminó de hablar, el robot se movió con una velocidad increíblemente rápida, arremetiendo contra el Dr. Babble y logrando hacerlo retroceder un buen tramo antes de que el bebé regresara el golpe con su sonajero potenciado, provocando un sonido intenso.
Sólo por la energía prismática el mocoso tenía la ventaja. Si no fuera por eso, Nine apreciaría ver al bebé siendo aplastado por la máquina oscura.
El Dr. Deep gruñó tenso. —¡Maldición! ¡No tenemos tiempo para esto! —Activó el escudo cuando un trozo de hormigón salió volando luego de que el Dr. Babble lo arrojara contra ese robot de seguridad.
La voz del Dr. Don’t salió desde el Eggforcer de enfrente. —Entonces ve por el Prisma con el Dr. Babble. Yo me quedo a jugar.
Dicho eso, todos los robots naranja tomaron la misma posición de lucha, lanzándose al mismo tiempo contra el enorme robot que estaba defendiendo el Prisma. La pelea se convirtió de inmediato en un cinco contra uno, y aún así el robot oscuro llevaba una enorme ventaja sobre los Eggforcers al golpearlos con ataques rápidos y precisos.
De fondo se escuchó la voz de los pocos hombres que quedaron de pie, gritando algo sobre brindar apoyo secundario al Agente Omega mientras tomaban una distancia prudente y volvían a cargar las armas y sacaban unas esferas que parecían ser bombas.
Oh, Chaos. Ojalá fueran de humo.
Nine se tensó cuando activaron la primera bomba, esta vez considerando seriamente crear su propio escudo, pues los Eggforcers ya estaban ocupados en sus asuntos como para ofrecer sus escudos como defensa. Incluso pensó en contraatacar de vuelta (sólo para cuidar su propia integridad, obviamente) cuando el Dr. Deep gritó hacia el mocoso del mecha infantil.
—¡Dr. Babble! ¡No te distraigas!
El bebé gruñó, sonando igual a un berrinche y rompiendo aún más un trozo de pared del lado izquierdo. Nine pensó que eso era una de sus estúpidas rabietas, por lo que casi se burla de él internamente.
Factor clave: casi.
Nine observó con impresión como el Dr. Babble pasó por la nueva abertura que hizo, comprendiendo muy rápido que en realidad el infante había abierto un atajo más corto hacia el Prisma.
El Dr. Deep no tardó mucho en seguir al bebé, jalando a Nine del brazo antes de empujarlo frente a él para que continuara caminando sin perderlo de vista justo cuando una nube de humo, espeso y que calaba hasta la garganta, se soltó detrás de ellos.
Ah, vaya. Sí eran bombas de humo. Gracias al Chaos.
Nine siseó entre dientes cuando volvieron a empujarlo desde atrás con prisa, casi tropezando de bruces por los escombros, pues la habitación por la que entraron estaba parcialmente oscura. Era una suerte que sus colas mecánicas reaccionaran por él y lo hubieran salvado de saludar con su rostro el suelo frío.
Aún así…
Para este punto, su irritación derivada de todo el trato que había recibido de los Eggmen estaba en un punto álgido. La única razón por la que Nine no explotaba ahí mismo es porque el bebé acababa de romper una pared más y finalmente les reveló la vista de la puerta blindada al final del pasillo nuevo que los estaba separando del Prisma Paradoja, únicamente iluminada por una luz blanca y sin las molestas luces rojas de emergencia que dejaron atrás.
Oh. Chaos.
Estaba cerca.
Muy cerca.
Nine sintió un vuelco familiar en el estómago. El mismo que sintió cuando vio de nuevo el Prisma esa mañana.
Y otra vez lo tendría de frente.
Para usarlo.
Manejarlo.
Controlarlo.
Sus piernas lo hicieron avanzar más rápido, justo detrás del Dr. Babble y frente al Dr. Deep, atravesando el hueco en la pared y esquivando los escombros. Tras ellos se escuchaban los pasos pesados del robot gigante que de vez en cuando se detenían de golpe. Aunque Nine no se dio la vuelta para comprobar si esto era cierto, él apostaba que el Dr. Don’t estaba logrando retener a la otra máquina lo suficiente. O al menos así fue hasta ahora, pues justo cuando el Dr. Babble alcanzó la puerta blindada y estuvo a nada de golpearla con el sonajero, varias balas llegaron desde sus espaldas, desviadas por muy poco gracias al escudo del Dr. Deep.
Nine se encogió de nuevo sobresaltado, mirando un instante hacia atrás para contemplar al robot oscuro convertir sus manos en metralletas, disparando en ráfaga hacia ellos mientras corría, dejando atrás a los Eggforcers destrozados.
Wow.
Impresionante.
O al menos lo sería si Nine no tuviera miedo de convertirse en una imitación de queso agujereado con la cantidad de fuego que les estaban apuntando.
El Dr. Deep gimió irritado. —Oh, sí. Buen trabajo, Dr. Don’t. Como si me quedara suficiente energía en esto.
De inmediato sacó una katana sin descuidar su escudo, corriendo contra la máquina mientras el Dr. Babble hacía lo mismo, protegido dentro de su traje.
Nine se quedó quieto, observando con cuidado la lucha estruendosa y sin que nadie le pusiera atención. Luego miró hacia atrás, contemplando la puerta blindada. El panel de control no sería difícil de manipular, sólo un poco de reconexión en los cables y la entrada cedería. Además, varios pasos más ligeros, pero numerosos, se estaban escuchando desde el pasillo que guiaba a la bóveda. Esto crearía una desventaja numérica si más soldados llegaban. Y Nine estaba tan cerca como para perder la oportunidad.
Sus colas se activaron antes de que lo pensara por más tiempo.
Llegó en un instante al panel, usando la punta de dos colas para freír la soldadura que protegía todo el cableado interno. Justo cuando arrojó lejos la tapa de metal, la hoja de una espada se clavó con una fuerza que no debería ser posible justo donde acababa de estar su mano derecha.
Nine se estremeció, con el corazón disparado por la simple vista de esa cosa afilada.
La misma que se había enterrado en su vientre. Que lo había hecho sangrar. Que casi lo mata…
Se giró con cuidado, notando que el Dr. Deep había abandonado la pelea un momento, cernido sobre él.
—¿Qué crees que haces, rata?
Nine quería alejarse de él y a la vez devolverle lo que le hizo, enterrando cada cola de metal en su fea cabezota. Pero en su lugar se mantuvo impasible, ignorando el miedo que le daba tener esas katanas tan cerca de él.
Rodó los ojos, fingiendo indiferencia. —¿Quieres el Prisma o no?
El Dr. Deep se enderezó, sacando la espada de donde la había clavado. —Te lo advierto, roedor. Si se te ocurre algo-
—Sí, ya sé. Ahórrate la amenaza. —Nine arrastró las palabras fastidiado, volviendo a centrarse en el panel cuando el Doctor ya no dijo nada más.
Nine mantuvo las orejas bien alertas, identificando el sonido de la armadura del Dr. Deep volver al área de pelea contra el robot oscuro. Exhaló con más alivio de lo que esperaba al estar solo de nuevo, regresó su atención a su tarea mientras susurraba entre dientes con todo el veneno acumulado.
—Cuando tenga el Prisma, ustedes serán los que estarán fritos.
Su estómago se retorció con una emoción exagerada ante la perspectiva de deshacerse de esos malditos infelices, y a la vez con los nervios de estar tan cerca del Prisma Paradoja. Nine se movió aún más rápido, cortando un par de cables con sus colas y enviando la corriente de energía hacia otro lado, desestabilizando el cierre magnético de la entrada.
Los demás soldados alcanzaron un punto seguro para dispararles en el momento en que Nine escuchó con satisfacción la puerta abrirse, comenzando a separar con lentitud los gruesos bloques de acero desde el centro hacia los lados, como las puertas de un elevador.
¡Por fin!
El Prisma estaba del otro lado. Sólo debía llegar ahí antes que esos idiotas. Podía tomarlo. Podía-
—¡Te tengo!
Nine gritó sorprendido.
Sintió repentinamente una pérdida de suelo bajo él, y aunque podía volar muy bien por su cuenta, no estaba acostumbrado a que alguien más lo llevara por los aires en un agarre nada cómodo. Sus muñecas atadas tampoco ayudaban mucho a que Nine se sintiera seguro a esa altura de la mano de alguien más.
Se retorció incómodo, comenzando a alterarse cuando la entrada iluminada a la bóveda del Prisma Paradoja estaba quedando atrás mientras sobrevolaban la pelea agresiva bajo él, con varios soldados más en el pasillo.
No, no, no…
Necesitaba el Prisma.
Lo había tenido cerca.
¡Tan cerca!
¡Maldita sea!
Cuando volvió a moverse con más furia, una voz suave le habló desde arriba, descubriendo por fin quién lo tenía.
La contraparte de Rebel. Su nombre era… Eh… ¡Rouge!
—Tranquilo, cariño. Esta vez nos encargaremos nosotros.
Nine se quedó con la boca abierta por la sorpresa, sobresaltado cuando escuchó un sonido agudo cortar el aire en la parte de abajo, que se estaba quedando atrás muy rápido. Justo alcanzó a ver a Shadow saliendo del interior de la bóveda, ahora abierta completamente, en un spin dash veloz antes de que la murciélago diera la vuelta por la esquina y perdieran de vista el escenario.
A pesar del poco tiempo que tuvo para contemplar la nueva situación, fue suficiente para ver quién más salió al lado de Shadow.
Sonic.
El corazón de Nine se aceleró.
Estaba aquí. ¡También estaba aquí!
Su respiración se entrecortó, sintiendo un fuerte deseo de correr hasta él o de al menos gritarle desde ahí.
Quería estar con él.
Quería estar con Sonic.
Todo iba a estar bien si iba con él.
Por favor, sólo quería irse con su hermano.
Pero a pesar de las enormes ganas que tenía de atravesar todo el campo de batalla para lanzarse a los brazos seguros del erizo e irse de ahí, Nine no fue capaz de mantenerse de pie cuando la murciélago lo dejó en el suelo en un lugar diferente y más cerrado.
Nine no estaba muy seguro de cuál emoción estaba ganando en su interior ahora, pero al menos podía identificar la furia, la irritación y el alivio mezclados de forma extraña en su pecho.
Al menos hasta que esta variante de Rebel habló.
—Vamos, ahora… hay que encargarnos de esto. —Rouge acercó las manos hasta las esposas, estremeciendo a Nine.
Él alejó sus manos, frunciendo el ceño con desconfianza. —Yo puedo hacerlo.
Ella se mostró sorprendida un momento, en una expresión familiar para Nine. Al menos hasta que ella sonrió de lado con una mirada coqueta que Rebel jamás usaría. O al menos no hasta donde Nine sabe. Y él sabe muy poco de Rebel.
—Bien, cariño. Me ahorras maltratar mi manicura para abrir eso.
Nine arrugó aún más el rostro ante el apodo fastidioso, bajando la mirada hasta las esposas en sus muñecas. No sabía si sería correcto abrirlas al freír el metal con energía prismática. Y si las abría al modo antiguo con sus colas… bueno, él no estaba seguro de si el sistema podría mandarle una descarga eléctrica al intentar manipularlo, lo cual evidentemente era lo último que quería. No más.
Lo más rápido sería con la energía Prisma.
Ah… no precisamente lo que quisiera, pues podría aprovecharla para algo más beneficioso que simplemente liberarse.
Grandioso.
La murciélago volvió a hablar. —No quiero presionarte, querido, pero debemos darnos prisa.
Nine torció los labios, sacando su voz con trabajo. —...No sé si abrirlas va a electrocutarme.
Rouge parpadeó, luciendo como si tratara de entender lo que dijo. —¿Cómo?
—Eso hacen. —Él se encogió de hombros. —Mandan descargas eléctricas.
Ella se quedó quieta por un momento, parpadeando con una mirada intensa tras sus párpados maquillados. Prácticamente escondió su horror en un segundo, sonriendo de nuevo. —Qué dilema. —Suspiró dramáticamente. —Supongo que tendremos que continuar así por ahora. —Volvió a ponerse de pie con movimientos fluidos y sin perder su gracia. —Todavía debemos sacar esa bonita gema de aquí, así que vayamos rápido. ¿Tails también vino con ustedes? ¿Está con los otros Doctores?
—¿Tails…? —Nine jadeó, cortando sus propias palabras.
Recordó repentinamente la delicada situación con él, sintiendo la forma en que el miedo que había anestesiado de algún modo desde hace un buen rato regresaba sin piedad, como si lo hubiera atropellado un vehículo, sacando todo el aire de sus pulmones.
¿Cómo pudo dejar de lado ese problema tan fácil? Ignorar que Tails estaba… que podría ser…
Nine se paró del suelo rápidamente, prefiriendo usar sus colas para moverse mejor mientras pensaba únicamente en llegar al Prisma y entregarlo para que esos idiotas lo suelten. Aunque no dio más de dos pasos cuando el agarre cuidadoso de Rouge lo detuvo.
—Oh, tranquilo, cariño. No querrás arruinar mi rescate yendo ahí otra vez, ¿verdad?
Nine le gruñó, soltándose de su mano de forma brusca. —Me importa poco lo que estés haciendo. —Levantó dos colas contra ella. —Tengo mis propios objetivos.
Ella arqueó una ceja, para nada intimidada. —Tal vez coincidimos en objetivos. Sonic está aquí par-
—Sí. Lo ví.
—Oh, bien. —Rouge continuó sin mostrarse molesta por la interrupción. —La verdad es que él nos está dando apoyo, pero su ayuda funciona sólo si lo ayudamos de vuelta a salvarte a ti y a Tails. —Ella sonrió, guiñando un ojo. —Y creo que sólo llevo uno de dos zorros. —Volvió a suspirar con dramatismo. —Aunque Big Blue no es exactamente el más paciente. Quiso enviar a Knuckles y a Amy a buscar las Chaos Emeralds, pero logramos convencerlos de que llegaríamos más rápido a ustedes si permanecíamos cerca del objetivo de los Doctores. —Ella pestañeó, sonriendo. —Y parece que va funcionando.
¿Funcionando? Sí, claro.
Sólo lo han recuperado a él, e ir por Tails implica volver a la base con el Núcleo. Nine no dejará que Sonic vaya ahí.
Con un bufido, Nine dio un paso atrás. —Sonic ni siquiera debería acercarse a la base donde nos llevaron.
—¿Por qué no? —Sus ojos brillaron con interés sin perder su máscara coqueta.
—Es… —Nine se detuvo.
No quiere que Sonic se arriesgue yendo a la trampa de los Eggmen, pero los demás… uh. Tal vez sea útil contar con los amigos de Sonic.
Él mismo había esperado que ellos ayudaran al erizo. Y es justo lo que parecían hacer. Así que si estaban aquí, ¿por qué no usarlos? Si alguien más se encargaba de impedir que Sonic fuera hasta la base de los Eggmen, Nine podría concentrarse completamente en sacar a Tails de ahí. Aunque odiaba depender de otros, pero podría necesitar toda la ayuda que pudiera para recuperar a Tails y mantener al mismo tiempo al erizo hiperactivo alejado de la base…
Nine buscó entre sus colas orgánicas la pulsera blanca que había robado, pensando en si podría usarla de otra forma. Había planeado inicialmente cargarla con energía Prisma, en caso de que a él se le agote, y emplearla para llegar a Tails. Pero… bueno, era un plan muy largo y enrevesado que implicaba crear un pequeño disturbio con el Prisma al entregarlo, y…
No.
Eso ya no era viable.
Tails no tiene tanto tiempo.
Los amigos de Sonic podrían ser útiles.
Nine volvió a mirar a la murciélago, decidido a ofrecer la información necesaria para que ellos, y él, comenzaran a moverse. Ya.
—Quieren eliminar a Sonic de la realidad. Y si no ayudo a entregar el Prisma Paradoja, van a… van a robotizar a Tails.
Ella lució perturbada, pero Nine no le dio tiempo de interrumpirlo. —Necesito entregar el Prisma, pero tampoco podemos dejar que los Eggmen lo tengan. —Volvió al suelo, levantando dos colas mientras tomaba la mano de ella que tenía un dispositivo oscuro y más moderno. Rouge no se opuso, por suerte. —Ellos ya podrían sospechar de mí mientras más paso los minutos contigo. Pero si regreso y al menos los ayudo a llevarse el Prisma, podría conseguirle más tiempo a Tails.
Él explicó mientras vinculaba el dispositivo inteligente de ella con el suyo. Era una suerte que esos idiotas del Consejo hubieran olvidado que el cristal verde adherido a su guante no sólo servía como motivo de diseño. También lo usaba para funciones menores de comunicación y hackeo. Así que ahora podría enviar su ubicación actual y en tiempo real a la murciélago sin levantar sospechas.
Ahora sólo debía revisar todas las funciones de la pulsera blanca, además de los escudos y el potenciamiento tecnológico. Si no tenía lo que él quería, esto no podría funcionar a tiempo y tendría que actuar sólo y rápido cuando regrese a la base.
Nine presionó sus labios. —Si vuelvo ahí, no pueden permitir que Sonic vaya. Sólo deben ser ustedes sin él. Así no podrán intentar borrarlo de la realidad. —Él continuó, logrando entender muy rápido el funcionamiento de la tecnología de los Doctores, y descubriendo que, gracias al Chaos, esta cosa tenía la capacidad de abrir portales, pero sólo poseyendo la carga correcta de energía.
Si los Eggmen la usaron previamente o no es algo que Nine no sabía y que lamentablemente dejaría que los amigos de Sonic descubran.
Con suerte, no terminarían fritos.
Levantó una cola metálica para pasar la energía que era para el portal de regreso al artefacto, observando como la delgada línea roja que corría a lo largo de la pulsera se iluminaba al máximo.
Oh.
Interesante forma de marcar la cantidad de energía que poseía. Debería observar eso en las pulseras y artefactos que usan todos los Eggmen.
Pero por ahora…
Nine le entregó el dispositivo a Rouge. —Este botón es para abrir un portal. —Señaló el correcto. —No… no estoy seguro de cuánto duran, así que deberán ser rápidos. Si funciona del mismo modo que yo abro mis portales, sólo necesitan tener bien ubicado hacia dónde quieren ir. —Le señaló el dispositivo negro que ella estaba usando. —Ahora tienes mi ubicación en tiempo real, así que no será tanto problema. Cuando vayan, deben irrumpir después de unos cinco minutos. No antes o no tendré tiempo de ir por Tails.
Con eso dicho, Nine volvió a levantarse sobre sus colas, dirigiéndose hacia la entrada. O al menos avanzó hasta que Rouge voló frente a él.
—Oh, momento, cariño. —Sonrió suavemente. —Nunca dije que podíamos llegar al Prisma Paradoja y entregarlo. —Ella levantó sus manos de modo apaciguador. —Porque no usamos este curioso dispositivo para volver a esa base, tú y yo, y rescatamos a Tails.
Nine sintió una pizca de impaciencia e irritación. —¡Porque no…! ¡Porque él ya no tiene mucho tiempo! —Intentó esquivarla, pero ella era ágil. Nine gruñó. —Todos ellos pueden empezar el proceso en cualquier momento, y si deciden que he fallado, van a…
Su garganta se cerró, todavía más molesto de que ella no lo dejara pasar a pesar de que ya había expuesto la urgencia de la situación y lo que estaba en juego. Cada segundo era tiempo perdido, y si los Doctores no habían pensado activar la máquina cuando ella lo alejó del atraco, ahora que ya habían pasado varios minutos desde entonces muy probablemente ya lo estarían considerando.
Si no es que ya la habían activado.
Nine se estremeció ante la horrorosa posibilidad, ahora decidido a pasar sobre ella incluso si tenía que noquearla. Sin embargo, en ese momento las instalaciones temblaron ligeramente y las luces parpadearon, trayendo hasta ahí el sonido amortiguado de lo que podían ser explosiones mientras el polvo caía del techo.
Rouge lució poco impresionada. Luego volvió a mirarlo con seriedad, hablando en un tono tranquilo y suave. —Escucha, Nine. Si esos idiotas están entretenidos peleando, no creo que puedan avisar su situación por ahora. Mi compañero Omega se está asegurando de eso. Y seguro que ya lo viste golpear a esos idiotas sin problemas. —Ella le guiñó un ojo.
—¿Q-quién?
—Oh, ya sabes. Ese robot alto y aguerrido.
¿Eso era su…?
Nine parpadeó, aunque ella continuó sin darle tiempo de entender lo que acababa de decirle.
Rouge levantó el dispositivo blanco. —Ahora. Si dices que puedes crear un portal con esto, ¿por qué no lo abrimos directamente en donde tienen a Tails? A menos que no hayas visto donde lo dejaron. En ese caso, puedes llevarnos a cualquier área que recuerdes de esa base y yo me encargo de infiltrarnos rápidamente a donde mantengan a Tails sin ser descubiertos. —Rouge se atrevió a tomarlo del hombro, llevando su otra mano a su pecho. —Puedes confiar en mí.
Nine tragó hondo, pensando a mil por hora y al mismo tiempo obligándose a calmarse y despejar su mente saturada.
¿Cómo había logrado pensar tranquilamente hasta hace poco?
Sus ojos se desviaron por un momento al dispositivo blanco, cargado con la energía que antes él tuvo en sus colas. Nine arrugó el rostro, prefiriendo concentrarse en las palabras de Rouge que en cualquier otra cosa que su mente estuviera comenzando a tejer.
Y la verdad es que… aunque no quería admitirlo, su plan era bueno. Excelente de hecho.
Él asumió que debía hacer todo solo y continuar trabajando bajo cada lineamiento que los Doctores le hubieran puesto para mantener a salvo a Tails. Por eso seguía considerando un plan donde él se moviera todavía bajo la vigilancia de esos hombres. Al menos hasta que ya no estuviera bajo sus ojos y pudiera ir con sus propias maniobras. Pero tal vez… tal vez Rouge y todos los sujetos de esta organización podían ser lo suficientemente capaces para darle frente al Consejo y al Dr. Eggman.
Además, Nine sabía mejor que nadie dónde dejaron a Tails. Podrían llegar hasta ahí directamente y salvarlo. A eso se suma otro de los puntos más importantes: Sonic no tendría que ir hasta ese sitio ni acercarse al Núcleo.
Era la oportunidad para comenzar a moverse lejos de los ojos de los Eggmen.
Su movida.
Ah…
Nine tuvo que apretar sus manos en puños para calmar sus nervios, deseando que esta fuera la mejor opción. Nada se arriesgaría. Ni Sonic, ni Tails ni el Prisma.
Bien.
Podría ser ahora o nunca.
Iba a apoyarse en ella por ahora.
Nine asintió. —Está bien. Sé donde lo dejaron. Puedo- puedo abrir el portal. Pero tendremos que salir por nuestra cuenta. No creo que esto abra más de un portal sin recargarlo, y yo ya no tengo más energía.
Ella sonrió más relajada. —Sin problema, cariño. Saldremos de ahí sin ser vistos. —Le arrojó el dispositivo. —Lidera el camino.
Él tomó la pulsera blanca con un poco de trabajo al tener aún las esposas. Ajustó su agarre correctamente cuando otro temblor pequeño sacudió la zona. Nine se preguntó vagamente si el compañero que Rouge mencionó, Omega, era el responsable de las explosiones. No sería una sorpresa, pero por ahora debía dejar de lado sus pensamientos nerviosos e innecesarios que lo distraían de su miedo.
Ahora necesitaba concentrarse.
Miró a Rouge, que bajó de nuevo al suelo y movía un par de cosas en su elegante dispositivo antes de asentir. Nine tragó hondo, apuntando la pulsera hacia un costado abierto de esa habitación casi vacía (y que ahora notaba que tenía estantes de armas) y disparó.
Mantuvo en mente bien clara la imagen de esa horrible habitación donde había dejado a Tails.
La luz salió de la pequeña pulsera y se concentró en un punto frente a él, expandiendo el círculo crepitante. Por la baja potencia el portal sólo se veía de color amarillo sin poder mostrar el otro lado, lo que también le decía que debían cruzarlo lo más rápido que pudieran antes de que se cierre.
Nine la miró. —¡Vamos!
Eso fue todo lo que ambos necesitaron y se arrojaron hacia el otro lado.
El cambio de aire fue instantáneo. Incluso el ambiente se sentía diferente. Nine estuvo desubicado por un segundo luego de caer de bruces en el suelo frío de esa base aterradora. Su mente agradeció por un segundo que ese portal no se hubiera cerrado sobre alguno de ellos o las consecuencias habrían sido… no tan limpias. Pero eso ya no importaba.
Había regresado.
Nine tembló, obligando a su cuerpo a levantarse mientras jadeaba, aliviado de ver que habían logrado entrar a la habitación correcta sin problemas, con Rouge intacta justo a su costado.
Aunque ese alivio se lo quitaron tan rápido como llegó.
Nine buscó de inmediato la silla donde había estado Tails, encontrando sólo un asiento vacío y humeante. Una de esas manos mecánicas con la herramienta filosa estaba incrustada en el reposabrazos derecho.
Y la punta estaba manchada de rojo, goteando hasta el suelo.
No…
Nononono-
No podían haberlo-
Tails no-
No.
No, por favor.
¿Por qué-?
Nine comenzó a hiperventilar, sin ser capaz de levantarse luego de caerse (en qué momento volvió a caer).
No podía oír nada más que el zumbido en sus oídos.
Quiso respirar, pero el aire se le atascó con la saliva en su garganta, comenzando a toser sin poder inhalar nada de oxígeno.
Oh. Chaos.
No podía respirar.
No podía…
Él… Estaba muriendo, ¿no?
Ya no veía nada, ni oía nada, ni respiraba nada.
Se sentía en un agujero oscuro.
Al menos hasta que de pronto el rostro familiar de Rebel se posó frente a él.
No.
Espera.
Rebel no usa tanto maquillaje.
Ni usa ropa tan adornada o con colores llamativos.
Ella-
—Nine. —Ella siseó, sosteniéndolo desde los hombros. —Lo haces bien, sólo mírame.
Él jadeó, volviendo a ahogarse mientras tosía. Pero al menos ahora el aire entraba a sus pulmones.
Sintió un par de palmadas en su espalda mientras él pudo eliminar las lágrimas en sus ojos con un movimiento torpe de sus manos atadas.
Finalmente sintió que podía oír bien de nuevo, enfocando su atención otra vez en Rouge.
Sí.
Era Rouge.
No Rebel.
Bien. Bien.
Ella suspiró con un tinte pequeño de nervios. —Tranquilo, Nine. Está bien. —Su voz se suavizó. —Creo que Tails escapó.
Él levantó la cabeza con fuerza, ignorando el desagradable escozor en el cuello. Una esperanza infantil se encendió en su interior, deseando que por favor lo dijera en serio. Por favor, que no fuera sólo algo que decía para calmarlo. —¿C-cómo lo-?
—Mira. —Ella se puso de pie, caminando cerca de la maldita silla de acero. Su zapato de tacón pateó levemente una rejilla de metal abierta en la base trasera de la silla, donde seguía saliendo humo y algunas chispas. Ahí también había un alambre quemado adherido a la unión de los cables que se conectaban a la silla. —No creo que esos tipos quisieran jugar al electricista. Tails debió manipular el sistema de energía. Muy astuto.
Rouge sonrió, inclinando la cabeza hacia la línea de cables que salían de esa caja con la rejilla abierta.
Nine siguió la dirección de sus ojos del mismo modo, notando que esos hilos de colores chamuscados estaban protegidos por un cilindro pequeño de acero soldado al suelo, continuando su camino hasta la pared, donde la protección iba hacia arriba, llegando al techo y llevando la conexión de cables hasta el cilindro con las herramientas afiladas.
Todo el sistema estaba conectado.
Y el único punto débil para manipular esa conexión era la rejilla que ahora estaba abierta. Aunque esta vez Nine se estremeció al reconocer mejor el alambre que se había quedado pegado a la base de la unión de los cables.
Es el que había tenido Tails atado a sus colas.
Y si Nine podía visualizar un poco el razonamiento de su amigo y la forma en que podría proceder (porque Nine haría lo mismo al considerar todo lo que lo rodeaba si hubiera estado en esa situación), Tails enganchó el cable a esa pequeña parte que sobresalía en punta donde los cables se conectaban. Como ambos comprobaron a la fuerza que sus ataduras les enviaban descargas eléctricas, Tails debió apostar todo a que el alambre en sus colas se activara si lo manipulaba, explotando la conexión con el suministro de energía.
La misma clase de razonamiento que le impedía a Nine quitarse las esposas en caso de que se activaran si las manipulaba. Y ahora veía que efectivamente iban a electrocutarlo si trataba de abrirlas con sus colas.
Oh.
Oh. Vaya.
Nine gimió, frotando con fuerza su rostro. Se sentía agotado y atrapado en algún punto entre la frustración y el alivio agobiante de saber que Tails no fue robotizado. La frustración, en cambio, venía porque sabía que, incluso si Tails se liberó, el nivel de descarga que recibió hasta que logró apagar el sistema debió ser prolongado. Y doloroso. El daño a sus colas debe ser considerable ahora por esa misma razón.
Idiota estúpido e imprudente.
Mejor eso que verlo cubierto de metal brillante.
Nine ignoró eso, escuchando a Rouge acercarse. —El humo todavía era espeso cuando llegamos. Si se liberó y salió de aquí, no debe estar lejos.
Nine sólo atinó a asentir, todavía tratando de procesar el poco alivio que lo golpeó mezclado con la preocupación de lo que estaría haciendo Tails ahora en su estado. Además, acababa de tener un maldito ataque de pánico. Sentía que la fuerza se le había ido justo ahora, en el peor de todos los momentos y en el peor de todos los lugares. Debía recuperarse.
Comenzó a regular de nuevo su respiración cuando sus orejas se animaron al mismo tiempo que las de Rouge, ambos girando en dirección a la puerta principal de la habitación, escuchando ruido del otro lado.
Eran voces, y eran las del Dr. Done-It y el Dr. Don’t discutiendo mientras más se acercaban a esta área específica. Nine se puso de pie muy rápido y con algo de vértigo, recogiendo la pulsera blanca. Notó la postura defensiva de Rouge mientras él mismo trataba de pensar en un modo de escapar de ahí sin tener que recurrir a un enfrentamiento.
Mantener su regreso a la base en secreto sería la mayor ventaja que podría tener.
Nine retrocedió un paso, registrando de forma rápida toda la sala hasta que sus ojos se posaron en un costado, animando sus orejas.
¡La otra puerta! La que usó el otro robot que ató a Tails a la silla. Podría ser una salida.
Sin perder tiempo, ni haciendo ruido sobre todo, Nine estiró una de sus colas para tomar a la murciélago del brazo, guiándola con él hasta la otra puerta. Ella entendió rápido la maniobra y se apresuró a abrir la salida por él, entrando del otro lado con sigilo. Cerró la entrada tras ellos justo cuando los Doctores ingresaron a la habitación.
Nine sintió su corazón latir en sus oídos por la adrenalina disparada al lograr escapar por muy poco. Luego se enderezó, estando a punto de comenzar a caminar por este nuevo camino oscuro cuando Rouge lo detuvo del brazo.
Él se giró, confundido y con prisa, pero logró ver en la penumbra que ella señaló su oreja con un dedo y luego hacia la puerta por la que acababan de entrar. Nine frunció el ceño, aunque no se opuso más cuando decidió afinar su oído, captando la discusión que se estaba dando del otro lado.
—...ya te dije que no fue mi culpa.
—¡Entonces por qué no está la maldita rata aquí!
—Yo qué sé. Estaba ocupado ayudando a los otros a tomar el Prisma. Este ni siquiera era mi trabajo.
El anciano gritó algo más, pero Nine se permitió ignorar la conversación por un segundo mientras sentía que sus piernas podrían ceder ahí mismo por puro alivio.
Tails ya no estaba en manos de ellos y tampoco sabían donde estaba. Aunque… él tampoco lo sabía. Necesitaba encontrarlo antes de que se diera la oportunidad de que volvieran a atraparlo. O que los atraparan a ellos dos, pues seguían dentro de las instalaciones de los Eggmen.
Hasta que no salieran de ahí, no estarían a salvo.
Eso, de hecho, provocó que una vocecita en el interior de su cabeza le recordara a Nine la advertencia del Dr. Eggman ahora que estaba actuando por su cuenta y sin restricciones.
Si te vuelvo a atrapar, ahora no te dejaré ir.
Nine ahora debía ir con mucho más cuidado que antes. Es obvio que tenía confianza en sí mismo, pero tampoco era tan estúpido como para tentar tanto su suerte. Y de por sí no era mucha. Necesitaba tener cuidado.
Él tragó hondo, volviendo a poner atención a la situación actual. Ya se había perdido una parte de la conversación al otro lado, pero como Rouge seguía atenta, Nine volvió a aguzar el oído, retomando el hilo de lo que ahora estaba diciendo el Dr. Done-It.
—...la dos. Esos brutos se están tardando más de lo que deberían. Y ni siquiera responden.
—Si no me hubieras distraído, todavía tendría un Eggforcer ahí.
—Ya deja de rezongar y haz lo que te digo, mocoso. Algo me dice que vamos a tener que ayudarlos a volver. Simplemente no saben hacer nada.
Hubo una breve pausa.
—Agh… bien. Le diré a Mr. Dr. que se prepare también. Sólo ten lista la torre.
A pesar de haberse perdido una parte, Nine estaba logrando entender de qué hablaban, aunque ya no escuchó el resto cuando Rouge lo tomó del brazo para alejarse por fin de ahí. Y de todas formas el anciano ahora sólo estaba quejándose de algo con el adolescente. Ya no tenían nada más importante que escuchar ahí.
Los dos comenzaron a trotar en silencio hacia el final de ese pasillo más estrecho y silencioso. No tenía bifurcaciones, así que pudieron ir derecho por un buen tramo hasta que se visualizó un área más amplia al final del tramo. Nine bajó la velocidad por instinto, prestando atención a cualquier sonido que indicara que había alguien más afuera.
Rouge también se quedó atenta, y cuando los dos determinaron que no había ninguna señal de vida, artificial u orgánica, avanzaron hasta salir a la nueva zona, que poseía robots apagados. Nine los miró con cuidado antes de escuchar la voz de la murciélago.
—Bien. Ahora sabemos que de verdad no han podido comunicar su situación actual.
Nine asintió, un poco retraído al saber que ella tuvo razón y que ni el Dr. Deep ni el Dr. Babble habían enviado algún informe sobre el estado de su misión, ni de que Nine ya no estaba por ahí. Tal vez incluso ahora están siendo capturados por esos soldados, lo cual sería maravilloso.
¿Sería posible que las cosas estén yendo a su favor…?
Rouge suspiró, colocando una mano sobre su cadera. —Pero no me agrada esa parte de ayudarlos a volver. —Torció sus labios rojos, mirándolo. —¿Sabes a qué se referían con activar la torre dos?
Torre dos. De eso estaba hablando el Dr. Done-It.
Nine arrugó el rostro. —Debe ser una de las torres de su Núcleo. Y si dicen que van a ayudarlos a volver… —A pesar de seguir con las manos esposadas, Nine se llevó una por instinto a la barbilla, frotándola mientras tenía la mirada perdida. —Es obvio que iban a tener un plan de respaldo para conseguir el Prisma. Me querían a mí por la inmediatez que les daba mis colas para abrirles un portal, pero es claro que no son idiotas ni confiados. Nunca irían por ahí poniendo todo todo el plan de regreso en las manos de sólo una persona, y menos en una en la que no confían completamente. —Nine bufó. —Sin duda tienen un modo alterno de volver, pero debe ser más complicado.
Rouge arqueó una ceja. —¿Se te ocurre cómo?
—Uh… —Nine presionó los labios, analizando los medios que podrían usar y cómo. —Ellos agregaron tecnología como esta en sus mechas. —Sacó de nuevo la pulsera con una de sus colas metálicas. —Si esto abrió un portal, entonces creo que ellos también podrían lograrlo con sus dispositivos. Pero se ven muy inestables. Sería muy difícil que lo mantengan abierto, así que… debe ser por eso que van a activar una torre.
Era lo más razonable. Sin embargo, para lograr eso necesitan energía del Prisma, y según esos idiotas ya no tenían. Aunque también pudo ser una mentira vil para asustar (con un maldito éxito) a Nine con el hecho de que podrían extraerle a él la energía. Pero si de verdad tuvieran más poder prismático, ¿porqué no usarlo desde el inicio para abrir el portal de vuelta?
Debía haber otra razón, o incluso un plan que implique un uso directo del Prisma Paradoja. Lo cual no tendría sentido, porque dijeron que iban a usar una torre del Núcleo, que estaba en este lugar, demasiado lejos del Prisma.
¿Cómo iban a volver…?
—Muy bien, cariño. Necesitamos avanzar. —Rouge interrumpió su torrente de pensamientos, aplaudiendo con cuidado de no hacer ruido real. —Hay que encontrar a Tails. Si ustedes dos están a salvo, Sonic podrá concentrarse completamente en proteger el Prisma Paradoja y ya no tendremos que preocuparnos por nada de eso. Además, el estrés es malo para la salud. —Ella se burló, abanicando su cara. —Así que vamos. Tú eres el único que realmente podría pensar como Tails. ¿Hacia dónde crees que haya ido?
Nine bajó la mirada hacia el suelo, todavía queriendo tratar de descubrir la opción B de los Eggmen para regresar a los dos Doctores que se fueron, pero ella tenía razón.
Si encontraban a Tails y Rouge avisaba a los demás que estaba con ellos, Sonic podría estar más tranquilo y ayudaría de forma óptima a cuidar el Prisma. Y sin Prisma, los idiotas del Dr. Depp y del Dr. Babble terminarían arrestados por esa organización militar. Además, no había duda de que Rouge estaba enviando su propia ubicación a esa gente. Esta base ahora debía estar expuesta, y los Doctores iban a perder cuando los militares lleguen.
Era perfecto.
Sólo debían encontrar a Tails.
Nine subió su ánimo, comenzando a analizar con rapidez las opciones de a dónde pudo ir su amigo.
Bien.
Si él hubiera escapado de esa habitación horrible, no iría por la puerta principal, pues por ahí habían salido Mr. Dr. y el Dr. Eggman con él. Incluso si supiera que por ahí se lo llevaron, sabe que sería arriesgado intentar algo directamente estando en desventaja numérica. Entonces, Tails debió salir por este mismo pasillo, y si su amigo quisiera encontrarlo o sabotear un poco el plan de los Eggmen, sin duda iría a algún centro principal de energía o a una sala de mandos.
Y si Nine quisiera sabotear a los Doctores, sin duda iría a…
—La consola con el vidrio panorámico. Parecen controlar todo desde ahí. —Nine la miró. —Va a ir ahí.
—Entonces andando.
Sin perder más tiempo, ambos volvieron a moverse, esta vez pegados a la pared de esa sala para aprovechar las sombras que la poca iluminación permitía. Terminaron saliendo por un pasillo conectado a algunas bifurcaciones, una de ellas la cual guiaba a una zona que Nine reconoció como la sala donde los mantuvieron vigilados antes de atarlos.
Perfecto. Nine podría ubicarse desde ahí y tomar la ruta que los robots usaron para llevarlos a la sala de control.
No había señal de nadie cerca, lo que les dio el paso libre de continuar andando. Al menos hasta que Nine retrocedió un poco cuando vio una plataforma conocida.
Fue más un impulso emocional el que lo hizo trotar hasta ahí, con Rouge muy cerca de él sin saber que ya no los estaba guiando a la sala de control. Por eso ella se mostró extrañada cuando entraron a esa habitación cerrada.
—¿Esta es la sala de control?
—No lo es. Sólo… necesito algo… —Nine respondió distraídamente, mirando con prisa la plataforma vacía antes de encontrar una caja de metal con lo que estaba buscando.
Nine corrió hasta ahí, ignorando todas las cosas rotas para tomar únicamente lo que quedaba de los dos pequeños comunicadores que los idiotas les habían destruído.
Llámenlo estúpido o sentimental, pero no quería dejar esto aquí. Así arruinados como estaban, el comunicador fue el primer regalo que alguien le dio en su vida. Nine ya había tenido suficiente con que lo hubieran roto. Abandonarlo ahora sería lo último que haría.
Ignorando el enojo que todavía le daba ver los cristales astillados, Nine guardó los dos comunicadores en el pequeño bolsillo de su short, volviendo a regresar hasta Rouge.
—¿Necesitamos eso?
Nine se encogió levemente. —Bueno, esto-
Sus palabras murieron en su garganta cuando se escuchó el sonido de pasos pesados surgiendo desde el pasillo que había a la derecha. El camino que precisamente llevaba a la sala de control.
¡Ugh, maldita sea! Necesitaban ir por ahí.
Rouge actuó rápido, tomándolo del brazo sin tiempo para pensar en nada más. Retrocedieron sus pasos hasta que tomaron una de las bifurcaciones que habían ignorado. Ese camino los guió a una entrada enorme sin ninguna puerta visible. Corrieron hasta ahí y apenas salieron, Nine se quedó boquiabierto y muy quieto cuando el enorme Núcleo Prismático se alzó orgulloso frente a ambos.
Acababan de entrar al interior del enorme domo.
Y estaban increíblemente alto. Demasiado.
Ni siquiera se veía el suelo desde ahí, aunque eso pasó a segundo plano cuando Rouge lo jaló del brazo hacia la derecha. Sólo entonces Nine notó el barandal soldado a la pared del domo sobre el que estaban caminando. Este guiaba a un amplio balcón con piso enrejado. Cuando llegaron ahí, el zumbido tenue de máquinas trabajando hizo que Nine contemplara con asombro renovado el área abierta conectada al balcón. Era una abertura enorme con forma rectangular, justo debajo de un vidrio panorámico.
El vidrio de la sala de control.
Y las máquinas trabajando eran estantes repletos de GPUs, pareciendo más una granja de servidores del mismo tamaño que la sala de control sobre ellos.
Esto debía ser el cerebro y almacenamiento del sistema de su Núcleo.
Oh, lo que Nine no daría por tener un equipo así. Y era aún más desgarrador escuchar a la voz en su cabeza decirle que destruir todo esto podría comprometer fuertemente el funcionamiento del Núcleo.
Ugh.
Era casi un crimen pensar en destrozar esta maravilla de computadoras, pero si así podía arruinar el plan de los Eggmen, Nine tendría que hacerlo con gran pesar. Sin embargo, justo ahora no era el momento para poner en marcha un plan así, pues los pasos que los habían estado siguiendo sin querer comenzaron a pisar el suelo enrejado del barandal, acercándose al balcón exterior.
Tanto él como Rouge se ocultaron de inmediato tras uno de los estantes, aprovechando la poca iluminación que tenían para no ser vistos.
Al mismo tiempo, el conocido mecha de Mr. Dr. Eggman surgió de donde ellos venían hasta posarse en la plataforma exterior. Enseguida, una puerta ubicada en el extremo opuesto a donde ellos se estaban escondiendo se abrió.
La voz expulsada desde el traje robótico del Doctor hizo eco entre los estantes. —¿Ya encontraron al maldito mocoso?
El tono aburrido del Dr. Don’t también se alzó en el lugar. —Creo que no. Pero Done-It dijo que ya deberíamos empezar la secuencia.
El mecha negó. —¿Al menos el otro intenta encontrar al zorro?
—Eh, supongo. Está revisando las cámaras. —Hizo una pausa. —Entonces, ¿empiezo la secuencia, o…?
Mr. Dr. Eggman gruñó. —¡Bien! Empecemos de una vez.
Hubo un sonido de movimiento seguido de la puerta de antes abriéndose y cerrándose de nuevo.
—Es que soy el único que está trabajando aquí o qué. —El Doctor murmuró, ajustando algo en la muñeca de su traje.
Nine se atrevió a asomarse un poco, apostando que la entrada por la que acababa de irse el adolescente llevaba hasta la sala de control con la consola. Lo único malo es que parecía ser el único camino hacia arriba desde ahí, y Mr. Dr. Eggman estaba de pie muy cerca de ese costado.
Por Chaos.
Volvió a regresar tras el estante, pensando cómo salir de ahí o qué hacer a continuación, dado que la única salida era por el barandal abierto y expuesto a la vista de Mr. Dr. Eggman. Todo gracias a lo amplio que era el domo y sin sitio para esconderse. Una molestia total.
Rouge lo tomó del hombro, mirándolo con tensión justo cuando comenzó a escucharse un zumbido más fuerte que venía al final del puente ubicado a la izquierda del Núcleo.
Eso no sonaba bien.
Tenía que ser una de las torres. La torre dos.
Nine erizó su pelaje, escuchando a Rouge hablar en un susurro apenas audible. —Necesito llegar a esa puerta y detener su pequeño juguete.
Nine parpadeó. —Pero Tails-
—Nine. Quiero encontrarlo tanto como tú. Pero si ellos consiguen el Prisma, el juego se acabó. Para todos nosotros.
Él quería argumentar y sin duda aferrarse a buscar a Tails. Lo haría ahora si no supiera que lo que ella decía era la mayor prioridad de su situación.
Y si robaban el Prisma… esta vez Sonic estaría completamente en riesgo.
Al menos Tails ya estaba libre y sin duda era cuidadoso como para no dejarse atrapar, pero Sonic… él era tan inconsciente y corría siempre de frente hacia el peligro que Nine sabía que caería al instante en la trampa de los Eggmen para borrarlo de la existencia.
La idea mareaba a Nine.
Todavía no se convencía del todo para dejar de lado la búsqueda de Tails, pero Rouge ya no le dio más tiempo.
—Probablemente te voy a pedir mucho, ¿pero podrías mantener ocupado a este molesto hombre mientras llego a esa habitación de arriba, cariño? Agradecería mucho que lo hagas sin dejarte atrapar, así que aprovecha todo el espacio que tienes para volar. —Ella le guiñó un ojo, aunque sin duda había tensión en su rostro.
Nine volvió a darle un vistazo a lo poco que alcanzaba a ver del mecha de Mr. Dr. Eggman antes de mirar brevemente sus manos todavía atadas.
Eh… no iban a ser un completo impedimento, pues aún tenía sus colas. Además, sentía tanto coraje acumulado contra esos tipos que podía ser feliz de asestar un buen par de golpes al maldito Doctor, incluso si estaba dentro de su traje mecánico.
Nine quería destrozarlo.
Entonces… estaba decidido qué iban a priorizar por ahora, aunque un poco renuente por parte de Nine. Detendrían cualquier secuencia que estuvieran activando.
Él finalmente asintió.
Rouge sonrió de lado. —Entonces andando. Iré detrás de ti. No puedo dejar que él me vea.
Correcto. No podían descubrirla.
Nine se dio la vuelta, ignorando el pequeño nudo de nervios en su estómago mientras respiraba hondo para prepararse y salir por fin de su escondite.
No podía salir mal.
Con un último ánimo mental, Nine salió corriendo de atrás del estante, extendiendo todas sus colas y arrojándose contra el mecha del Doctor sin darle tiempo a procesar que estaba pasando tan de repente. Saltó contra la espalda del mecha, empujándolo hacia adelante sobre el balcón. Cuando Mr. Dr. Eggman finalmente lo enfocó bien, Nine ya estaba enterrando una cola sobre el hombro de metal para destrozarlo.
El científico rugió con furia, arrojando un puño con fuerza contra él.
—¡TÚ!
Nine gruñó, brincando con la fuerza de sus colas de metal para esquivar el puño y realizar un spin dash bien aprendido contra la cabeza del mecha. El científico no había estado preparado para el ataque y volvió a tropezar hacia atrás en su traje mecánico, pisando fuerte contra el piso enrejado y haciéndolo vibrar por el peso.
—¡Maldita alimaña!
Mr. Dr. Eggman arrojó de nuevo su brazo, golpeando al aire cuando Nine se elevó con sus colas y atacó con otro spin dash a uno de los brazos del mecha, volando a un punto donde atraería la atención del Doctor y lo obligaría a darle la espalda al camino que tomaría Rouge para llegar a la puerta del nivel superior.
Sonrió complacido al ver a la murciélago pasar como una mancha rápida frente a todos los estantes y llegar a la puerta.
Perfecto.
Ahora sólo necesitaba mantener ocupado a Mr. Dr. Eggman. Y para ello Nine estaba más que dispuesto a desahogar hasta la última gota de su ira.
Nine esquivó otro golpe del Doctor en medio del aire y se lanzó con un último spin dash, golpeando el hombro que ya había maltratado antes. Se desenrolló y enterró con fuerza sus colas en la unión de la articulación, provocando que saltaran chispas desde ahí. El científico gritó furioso, usando la otra mano para intentar atraparlo, pero Nine se escabulló con sus colas hasta la parte posterior de la cabeza de la máquina, sabiendo que ahí es desde donde controlaba al enorme mecha.
Sonrió con malicia cuando volvió a elevar sus colas, deseando incrustarlas todas de una vez contra el frágil metal de la cabeza y llegar hasta el asqueroso tirano de New Yoke. Cortó el aire con la velocidad con la que lanzó las puntas afiladas de sus extremidades antes de ser obligado a detenerse de forma agresiva.
Si había algo que ahora estaba lamentando Nine era no haber encontrado el momento adecuado para quitarse las esposas, pues esas cosas volvieron a electrocutarlo con fuerza.
Todo su cuerpo se quedó rígido por el dolor antes de sentir que era arrojado con fuerza, mezclando el golpe de ser azotado contra el suelo enrejado con los espasmos de la energía corriendo por su interior.
Nine jadeó, respirando de forma pesada cuando la horrible experiencia terminó de nuevo. Se giró de lado en el suelo, tratando de enderezarse con ayuda de sus colas mecánicas y manos, aunque cuando vio las esposas él gruñó por reflejo, deseando poder destrozarlas de una maldita vez.
La risa de Mr. Dr. Eggman, filtrada por los altavoces del mecha, estremeció a Nine, haciéndolo retroceder en su lugar en el suelo hacia el interior del enorme hueco, entrando de nuevo a la sala con las GPUs.
El científico se alzó sobre él.
—Parece que olvidaste quitarte las esposas. —Su mano mecánica útil ajustó la que Nine había maltratado, girándola hasta que volvió a moverse. —Has sido una maldita molestia, rata. Y ahora voy a disfrutar electrocutarte hasta que desees morir.
El miedo lo golpeó completamente.
Nine miró las esposas, considerando seriamente quitárselas con sus colas incluso si se activaban nuevamente en el proceso.
Pero Mr. Dr. Eggman iba a ser más rápido.
No podría abrir la cerradura a tiempo.
Ni atacar de vuelta.
No. No, no…
Él pánico anticipado por el dolor que iba a venir mareó tanto a Nine que el sonido de un spin dash lo tomó con la guardia completamente baja.
Golpeó fuerte contra el mecha de Mr. Dr. Eggman, lo suficiente como para hacerlo tropezar una vez más hacia atrás y dándole poco tiempo para entender el cambio de la situación cuando el ataque ahora dio contra las piernas de metal. Tiró sin problemas al científico sobre la reja del balcón exterior, haciéndola temblar de nuevo.
La respiración de Nine se atascó cuando vio a Tails desenrollarse, tambaleando un poco en sus pasos. Ni siquiera pudo deshacer el nudo de su garganta, producto del pánico puro anterior mezclado con el alivio de ver a su amigo.
Nine estaba congelado, parpadeando rápidamente cuando Tails ya se había acercado a él en un instante y sostenía lo que parecía ser el cañón arrancado de alguno de los robots del Dr. Eggman.
Su mano no tembló ni un poco al apuntar a la cerradura de las esposas de Nine, disparando un tiro exacto que destrozó la unión. La presión desapareció cuando esas cosas se abrieron.
Por fin estaba completamente libre.
Nine exhaló todo el aire que no sabía que había estado conteniendo hasta que Tails lo tomó con cuidado de las manos para que pudieran ponerse de pie.
El impulso de querer abrazarlo fue increíblemente fuerte, y la única razón por la que Nine no cedió a la emoción por recuperar a uno de sus amigos fue porque vio a Mr. Dr. Eggman volver a levantarse, manteniendo una rodilla en el suelo mientras se reía.
Nine apretó la mano de Tails y elevó todas sus colas de metal para protegerlos a ambos. Tails también reaccionó, levantando el cañón robado y ofreciendo un vistazo pequeño a la nueva herida en su brazo derecho, profunda y sangrante.
La impresión le duró muy poco a Nine al erizar todo su pelaje con la voz burlona de Mr. Dr. Eggman.
—Qué adorables. Se mantienen firmes hasta el final. —Su mecha finalmente se irguió en toda su altura, girando la cabeza cuando el zumbido que había empezado hace poco subió de intensidad, acompañado de una luz intensa que venía del lado izquierdo.
Justo donde estaba la torre que se había activado.
Oh, no puede ser.
El Doctor volvió a mirarlos. —Lástima que aún así van a perder.
Nine se tensó, jalando más a Tails para mantenerlo cerca cuando los propulsores del traje mecánico de Mr. Dr. Eggman se activaron, comenzando a elevarse sobre la plataforma sobresaliente.
—Háganme un favor y quédense ahí. —Dicho eso, el Doctor se alejó al mismo tiempo que una pared azul traslúcida se encendía a lo largo de toda abertura de esa sala, dejándolos dentro de la sala con los estantes.
—¡Hey! —Nine corrió hasta la que había sido su principal salida, golpeando con sus puños la barrera azul.
Esa cosa no cedió ni un poco. Y claro que era evidente que no lo haría. Esa pared parecía más un campo de energía para proteger todos los estantes.
Estantes con el sistema principal del Núcleo.
Nine jadeó gracias a la revelación tardía, girándose hacia Tails. Su amigo, por su parte, había corrido a la puerta en el costado, ahora también cerrada.
—¡Tails! Hay que destruir esto. —Nine señaló la granja de servidores.
Su amigo negó, acongojado. —Lo- lo intenté. Está protegido.
Para este punto Nine ya ni siquiera quería frustrarse por lo rasposa y quebrada que era la voz de su amigo. Había un tema más urgente en manos.
Casi en seguida, Tails levantó el cañón y disparó contra los estantes, absorbiendo el impacto con un escudo que se hizo visible con el ataque. La forma en que vibró le dijo a Nine que era energía Prisma. Maldita sea.
Tails apretó los labios. —Es mejor ir arriba. H-hay que manipular su sistema sin que nos vean.
—Tu amiga Rouge ya fue a la sala de control a intentar eso.
Tails palideció. —Pero ahí están Eggman y esos otros dos.
Chaos arriba. Eso era malo.
El nudo en el estómago de Nine se retorció al pensar que la amiga de Sonic pudo haberse metido en problemas. Y si el exceso de luz proveniente de afuera le estaba diciendo algo a Nine es que Rouge no había logrado interrumpir cualquier proceso con el que estaban trabajando en el Núcleo.
Iban a traer de regreso a los demás Doctores. Y es probable que con Prisma Paradoja incluido.
Nine consideró ahora con desesperación la opción de ir a la sala sobre ellos y ofrecer ayuda directa a Rouge, aunque para ello necesitaban manipular el sistema de esa puerta para llegar arriba, y quién sabe cuánto tiempo iba a tomarles hacer eso.
Un gruñido frustrado surgió de Nine. Aunque su irritación se vio interrumpida en el momento en que toda la zona comenzó a temblar levemente.
Tanto Nine como Tails se miraron entre ellos antes de mirar a través de la pared azul que los encerraba.
Ambos se voltearon a tiempo para ver el momento exacto en que la torre disparó a una luz crepitante que se había creado de forma independiente en un punto medio de su propio puente. Cuando el rayo de la torre se unió a esa luz flotante tomó potencia de inmediato, creciendo en tamaño hasta que Nine tuvo que cerrar los ojos un instante por la potencia de iluminación que generó la torre.
La fuerza conocida de un portal abierto lo hizo trastabillar un momento, logrando abrir los ojos lo suficiente para notar el círculo brillante flotando en medio del puente de concreto, rodeado de varios robots del Dr. Eggman y de algunos Eggforcers, liderados por Mr. Dr. Eggman, que sin duda sabía qué estaba esperando.
Las manos metálicas del mecha activaron una energía brillante en sus palmas en el momento que el portal crepitó con violencia, provocando una enorme variación en las luces del lugar.
Fue incluso sorpresivo que el campo azul parpadeara al mismo tiempo que las luces, dándole una idea peligrosa a Nine.
Se giró hacia Tails, sujetando su muñeca. —Hay que cruzar.
Los ojos de su amigo se abrieron como platos, mirando entre él y la barrera inestable. Nine sólo apretó su agarre con cuidado.
—Cuando el portal se abra por completo, tendremos un par de segundos para saltar.
Tails lo miró inquieto, arrugando su frente antes de asentir.
Los dos se enfocaron en el frente, lo más cerca que pudieron de la barrera. Nine puso su atención en el terrible portal que estaban abriendo los Doctores, y justo cuando notó que el poder iba a explotar desde el centro hacia afuera, Nine apretó la muñeca de Tails, impulsándose hacia adelante al mismo tiempo que la pared azul se apagó por un instante.
Nine cerró los ojos, casi esperando que el campo de energía lo cortara por la mitad cuando terminó cayendo de frente, estrellándose sobre el frío metal del balcón enrejado.
Miró a su lado, notando a Tails igual de aturdido que él. Su amigo se rió de forma nerviosa, mirando hacia atrás justo cuando la barrera volvió a encenderse, parpadeando un par de veces más, en lapsos cortos, antes de estabilizarse por completo.
Él también se habría reído por los nervios si no fuera porque miró hacia enfrente desde el suelo. Ahí notó, con un vuelco salvaje en el estómago, que Mr. Dr. Eggman ya tenía el maldito Prisma Paradoja en sus manos, estabilizado con la energía azul de su traje.
No.
NO.
¡NO!
Él no debía tenerlo.
Ni ahora ni nunca.
Nine quería lanzarse a detenerlo, pero sus problemas estaban lejos de acabar.
El maldito portal seguía activo, vibrando de forma inestable hasta que su luz volvió a brillar cuando eso expulsó de forma violenta trozos de metal destrozados, concreto destruido, la cápsula abollada que Nine identificó como la que había estado conteniendo el Prisma, y a un montón de invitados nuevos antes de que el portal finalmente colapsara luego de arrojar otro montón de escombros, contando de forma exacta y lisa un bloque de concreto justo donde el portal se cerró.
Nine tembló un momento, trabajando muy rápido su cerebro al comenzar a figurar que el portal inestable funcionó como un punto de atracción gravitacional impresionante. Igual a un agujero negro absorviendo cosas.
Ellos… Los Doctores debieron colapsar la energía del portal que crearon desde la bóveda del Prisma con la que dispararon de la torre, forzándolo a funcionar con demasiada fuerza desde ambos lugares.
Debe ser por eso que todo lo que cayó aquí pareció ser expulsado desde el otro lado. Y si algo vivo hubiera cruzado justo cuando se cerró el portal…
Vaya.
Nine ni siquiera quería pensarlo.
La verdad es que la sorpresa de la técnica arriesgada que usaron aún lo mantenía aturdido. Y aunque Nine estaba teniendo trabajo para recuperarse más rápido con cada shock nuevo, el movimiento allá en el puente iba a un ritmo superior al suyo. Por eso Nine se puso rígido cuando Mr. Dr. Eggman aprovechó la confusión que dejó entre los recién llegados, por transportarlos de un lugar a otro, para comenzar a elevarse en su mecha hacia la jaula de metal que estaba destinada para el Prisma Paradoja.
Oh. No. No iba a hacerlo.
Nine desplegó todas sus colas, estando a punto de lanzarse a volar hasta el centro del Núcleo. De verdad que iba a hacerlo, pero su vista de reojo captó algo que lo hizo detenerse por un momento
En el puente donde se había creado el caos también estaban saliendo de su aturdimiento y se levantaban para recuperar el Prisma. Nine reconoció muy fácil al Dr. Deep y al Dr. Babble, muy maltratados pero todavía ofreciendo pelea contra el compañero de Rouge, eh… Omega.
Sin embargo, eso era la menor de las preocupaciones de Nine. Su estómago en realidad se retorció de miedo cuando, entre todos los escombros que absorbió el portal, Sonic se levantó de la mano de Shadow, seguido no tan atrás por los otros dos amigos del erizo veloz.
Todos ellos no perdieron un sólo segundo en arrojarse contra los Doctores que se encontraban en el área, con la misma urgencia de que Mr. Dr. Eggman no llevara el Prisma al centro del Núcleo. Especialmente Sonic.
El corazón de Nine se aceleró de forma vertiginosa cuando su amigo azul se arrojó directamente en una carrera hasta el científico, dejando atrás un estruendo sonoro por la fuerza de su velocidad y sin darle oportunidad a Shadow de alcanzarlo y acompañarlo al verse rodeado de varios robots.
Estaban conscientemente separando al erizo azul de todos.
Y Sonic no lo notaba. No lo hacía, maldición.
Sonic sorteó y saltó cada estructura irregular del Núcleo como si nada, aproximándose a la cima central.
Las piernas de Nine lo movieron antes de perder más tiempo, saltando sobre el barandal de seguridad. Sus colas se enterraron con fuerza sobre el metal y lo impulsaron hacia adelante desde ahí, dejando atrás el grito de su nombre.
Nine voló lo más rápido que pudo, siendo incapaz de alcanzar la velocidad suficiente para llegar a la cima cuando Mr. Dr. Eggman posicionó el Prisma Paradoja en la maldita jaula.
Todo el Núcleo se iluminó con fuerza.
El metal crujió con la potencia del poder corriendo a través de sus placas, pero a Sonic parecía no importarle. El erizo descuidado había llegado hasta Mr. Dr. Eggman, y Nine había logrado acercarse lo suficiente como para escuchar a Sonic gritarle al Doctor con furia, preguntando por Tails y Nine en lugar de pensar en quitar el Prisma de ahí o de alejarse del sujeto que quería borrarlo de la existencia.
Pero el erizo no sabía lo que querían hacer con él.
Por eso Sonic, e incluso Nine, fueron muy lentos para hacer nada cuando Mr. Dr. Eggman no regresó el golpe de Sonic y aprovechó su desesperación, logrando atraparlo con la enorme mano de metal de su mecha. Lo sujetó del torso junto con sus brazos, inmovilizando a Sonic completamente. El erizo se removió, tomado por sorpresa cuando la otra mano del mecha se levantó por encima de su cabeza, proyectando una luz sobre él que se intensificó al mismo tiempo que el brillo del Prisma.
El miedo de Nine se mezcló con una furia enorme, enrollando su cuerpo en pleno vuelo y usando la velocidad que adquirió en el aire para apuntar su spin dash contra la asquerosa mano que tenía sujeto a Sonic.
El impacto dobló la extremidad de metal, permitiendo que Nine se desenrollara a tiempo y ver con satisfacción que Sonic había caído libre a su lado en el suelo hexagonal que rodeaba la jaula.
—¡¿Nine?! —Sonic exclamó en estado de shock.
Él tembló, sintiendo por segunda vez el intenso deseo de abrazar a su otro amigo, solo para ser frustrado por ese mismo maldito Doctor, que parecía complacido incluso dentro del traje.
Su voz le caló como uñas arañando un pizarrón.
—No te molestes. Ya tengo lo que necesito, roedor. —Sus propulsores volvieron a activarse. —Despídete de tus amigos.
La tensión se instaló con violencia en el estómago de Nine al ver el cañón activo del mecha apuntando directo a su rostro. Sus colas se activaron para protegerlo, parando a medio camino al notar a Sonic corriendo frente a él. Su brazo se levantó para mantenerlo atrás y sus piernas azules se flexionaron en anticipación para salir corriendo de ahí.
El Doctor se detuvo, retrocediendo levemente el arma. —Bien. Acabemos con los otros primero, entonces.
Las púas de su amigo se afilaron todavía más, mirando al mismo tiempo que Nine la forma dolorosamente familiar en que el Doctor elevó su mano y extrajo poder del Prisma al lado de ellos, potenciando su mecha del mismo modo que Nine llegó a hacer cuando fue él quien una vez tuvo el Prisma en su poder.
Y estaba a su lado.
Nine desvió los ojos hacia la gema brillante, sólo un momento antes de escuchar una explosión frente a él.
Sus ojos captaron el momento en que Tails había llegado volando con dificultad hasta ellos, usando el mismo cañón de antes para disparar un tiro certero a la mano que estaba extrayendo energía prismática, interrumpiendo el proceso.
El Doctor se quejó irritado.
Nine se puso rápido de pie, dejando que Sonic saltara contra el mecha y se arrojara en una secuencia de múltiples ataques rápidos desde varias direcciones. Para este punto Nine no estaba seguro de qué quería exactamente con la sola idea de tomar la energía del Prisma que estaba a centímetros de él. Sonic y Tails iban a verlo esta vez, y aún así…
Qué más daba en este momento.
Su estómago se agitó, y Nine no se pudo sentir más eufórico que nunca cuando la energía corrió de forma familiar a través de él, volviendo a saborear la satisfacción vertiginosa de saber que cualquier cosa que se rompiera podría arreglarla con ese poder.
Lo hizo antes y lo puede hacer de nuevo.
Corrió con más confianza hacia Tails, que ya no pudo continuar volando.
Ignoró el estado herido de las colas de su amigo para gritar por encima de la pelea. —¡Apunta a los propulsores!
Tails le dio una mirada extraña. Luego ajustó el cañón con cuidado.
Mr. Dr. Eggman estaba muy ocupado tratando de atrapar a Sonic en el aire que casi cae de lado al no notar el disparo que dio de lleno en su pierna derecha, apagando el propulsor.
Nine sonrió satisfecho, comenzando a cargar sus colas y eliminar el mecha por completo cuando el otro propulsor fue carbonizado, regresando al Doctor al suelo hexagonal. Ahora estaba acabado.
Casi pudo saborear la destrucción completa del maldito tirano de New Yoke cuando Tails lo sostuvo del brazo.
—Nine. —Su voz tembló. —Llévate el Prisma. Tú puedes hacerlo, por favor.
Su cuerpo tuvo el reflejo de soltarse bruscamente del agarre de Tails para ir con todo con su propio objetivo cuando Sonic se deslizó frente a ambos, cayendo desde el aire luego de haber aprovechado, antes que Nine, el estado del Doctor para arrojarlo hacia un piso inferior de las torres de Núcleo.
¿Qué carajo? ¡Ese era su ataque!
Nine gruñó internamente justo cuando Sonic se giró sobre el hombro antes de mirarlos con una expresión más suave, frotando con cuidado la mejilla de cada uno.
Eso lo tomó con la guardia baja.
—Oh, chicos. Ustedes están… —Sus palabras murieron, presionando los labios cuando los miró a ambos de pies a cabeza. Luego negó, con una mirada extraña que duró menos de un segundo. Soltó aire con un sonido similar a un gruñido mezclado en su suspiro, enfocando sus ojos verdes con determinación en ambos. —Creo que ahora deberíamos sacar esto de aquí. Sin fragmentarlo, de preferencia. —Su cabeza señaló el Prisma con una sonrisa confiada, aunque en realidad se podía ver la tensión en sus ojos.
Nine todavía sentía un atisbo de molestia al perder su oportunidad de deshacerse de Mr. Dr. Eggman por su cuenta. Al menos hasta que vio la enorme confianza en los ojos verdes de Sonic, sin comentar nada ni mirar mal a Nine mientras él tenía todas sus colas iluminadas del mismo modo que hizo en El Grim.
Cuando Nine atacó a Sonic.
Estaba confiando plenamente en él a pesar de todo lo que había pasado.
Ambos, de hecho. Sonic y Tails.
Oh.
Nine miró brevemente el Prisma Paradoja, comenzando a sentir que le hacía caso, de forma correcta esta vez, a la advertencia en su cabeza de no dejarse embriagar con ese poder. Ya salió mal cuando los capturaron a él y a Tails y casi sale mal de nuevo si Rouge no lo hubiera alejado de la bóveda.
Pero… pero él podría–
Ellos confían en ti.
Su cabeza se sintió abrumada de pronto.
Y lo peor es que cuando decidió asentir y realmente escuchar a sus amigos para sacar de ahí el Prisma, Sonic se erizó y los empujó a ambos a un costado, cayendo a la plataforma inferior y más amplia de la cima del Núcleo.
Nine jadeó, enfocando correctamente su vista hacia arriba. Su pelaje se crispó al ver un nuevo mecha cerca de la jaula con el Prisma, con una cúpula de cristal en la cima que dejaba ver al Dr. Eggman sonriendo desde adentro luego de haber apuntado con su brazo a la zona donde habían estado hace poco, ahora humeante y despedazada.
—Lamento interrumpir su pequeña reunión, pero hay un par de roedores que quiero destruir.
Sonic se levantó de inmediato, apretando los puños mientras Tails también se ponía de pie, aferrándose al cañón que se había negado a soltar. Nine apretó los dientes, afilando todas las colas con la intención de saltar hasta arriba de nuevo y tomar el Prisma.
Pero no pudo hacerlo.
Desde atrás volvió a subir Mr. Dr., pisando con fuerza mientras presionaba un botón en la muñeca de su mecha y la jaula se iluminó de inmediato con un escudo azul similar al que protegía la granja de servidores.
Mierda.
Ahora no podían tocar para nada el Prisma Paradoja.
Mr. Dr. gruñó. —Eso fue molesto. —Escupió irritado. —Me conformaría con decirles que la cuenta regresiva ha iniciado y todo nuestro plan está en marcha. —Levantó su cañón. —Pero me encantaría destrozar a tus amigos antes de hacerte desaparecer.
Un escalofrío recorrió a Nine, sabiendo que le hablaba a Sonic, pero después de todo lo que pasó, el Doctor bien podría estarle hablando a él también. Y de todas formas eso era lo de menos.
A Nine no le supo nada bien lo de la cuenta regresiva.
No le agradó. Ni un poco.
Tails también entendió lo mismo, pues justo cuando ambos Eggmen se arrojaron contra ellos y Nine levantó todas las colas para defenderse, Tails lo jaló hacia un lado, disparando directamente hacia la cabeza del mecha de Mr. Dr. antes de que se girara hacia él con prisa.
—Ve a la sala. Nosotros nos encargamos. —Su voz forzada lo presionó, señalando con la cabeza hacia el principal vidrio panorámico. —Tú puedes volar.
Después de tanto, Tails finalmente le dejó ver bien el daño de sus colas, y era claro que el pelaje quemado con la piel ampollada dolía lo suficiente incluso con sólo verlo.
Nine se estremeció, titubeando un poco antes de que Tails volviera a gritar.
—¡Ve, Nine! —Tails lo empujó, lejos de un disparo dirigido a ambos.
Él se tambaleó, quedándose con las palabras en la lengua cuando Tails salió disparado con un spin dash hacia el Dr. Eggman, claramente conociendo el mecha que el hombre usaba para saber hacia dónde atacar. Sonic también hacía lo que podía contra la máquina potenciada de Mr. Dr., no dejando que avanzara más allá del lugar donde estaban peleando.
Nine jadeó, desviando la mirada al puente que había servido de zona de pelea para los amigos de Sonic contra el Dr. Deep y el Dr. Babble, ahora con refuerzos en forma de demasiados Eggforcers y otros robots del Dr. Eggman. Tal vez esas máquinas reforzadas con poder Prisma les dio la ventaja a los Eggmen, pues ahora sólo eran Shadow y el otro robot, Omega, los que permanecían de pie, huyendo más que peleando, de las terribles esferas de energía que ya habían encerrado a la erizo rosa y al equidna.
De verdad estaban perdiendo, ¿no?
Nine gruñó irritado, pero al dar otro vistazo a todo el Núcleo y ver de nuevo a Sonic y Tails enfrentando solos a Mr. Dr. y al Dr. Eggman, el coraje se encendió de nuevo dentro de él. Quería quedarse ahí y golpear con todo lo que tenía a los dos Eggmen, pero ya no podía robar más poder del Prisma ahora que estaba protegido, y de todas formas el tiempo estaba corriendo.
Uf. Nine, se levantó sobre sus colas, disparados dos últimos tiros a las armas de mano de ambos Doctores como último apoyo antes de salir volando hacia la sala de control. Ignoró la familiar sensación de desasosiego que sólo tuvo cuando se dio cuenta que la realidad misma iba a desaparecer.
Ahora no es momento.
Las torres ya estaban brillando más que nunca, y una de ellas se conectó directamente con el Prisma Paradoja. La luz despedida de ahí cuando hizo contacto se expandió hacia afuera como siempre hacía ese poder al entrar en uso.
Nine casi se tambalea en pleno aire cuando todo el interior del domo reaccionó a esa energía, provocando que las cosas parpadearan con los colores del Prisma. Fue hasta que las otras tres torres se encendieron que las puntas concentraron la energía, disparando contra la pared del domo. Tuvo que ignorar el crepitar de los portales nuevos abriéndose, iluminando todo de verde, azul y rojo. Nine por fin alcanzó el cristal de la habitación donde los habían torturado antes, rompiéndolo de un golpe gracias al poder del Prisma que todavía tenía.
Dentro descubrió al estúpido adolescente gritar por la sorpresiva intromisión y al viejo estar apuntando con su bastón a Rouge, que tenía un fino hilo rojo cayendo de su cabeza.
Nine apretó los dientes, disparando un sólo golpe contra el arma del anciano y elevando las otras colas hacia ambos Doctores. El Dr. Don’t acercó la mano a la consola, pero Nine le disparó una vez cerca de donde quería tocar, casi deseando haberle frito la extremidad.
Ignoró su decepción y obligó al adolescente a retroceder, acercándolo al Dr. Done-It, que lo miraba con furia.
Nine torció los labios, desviando la mirada hacia Rouge. No era el momento para explicar nada de la situación actual, así que sólo pidió su ayuda una vez más.
—No dejes que se muevan de aquí.
Ella se levantó con trabajo, pero sonrió de lado mientras pateaba con resentimiento el bastón del anciano aún más lejos de él. —Lo que necesites, cariño.
Nine no le respondió. Se giró de inmediato a la consola, notando de reojo el Miles Electric de Tails, todavía conectado a uno de los monitores.
Separó una cola para tomarlo y ocultarlo entre sus colas, comenzando a mover sus manos sobre el teclado principal para recorrer rápidamente el código que mostraba el monitor central. Notó en seguida que los portales ya estaban activos (como si no lo supiera con sólo recibir la luz de cada color), y que además tenían programada la modificación a los cuatro mundos de acuerdo a las características que los Doctores querían en cada uno.
Eso era desagradable. Que se dividieran cada sitio como si no fuera nada más que un trozo de pastel con el que decidirían qué hacer a su antojo.
Y sí, tal vez todos los habitantes de esos lugares lo odiaban a él más que a nada, pero Nine no estaba dejando que los estúpidos Eggmen lograran su objetivo. Eso, y que para detener todo el sistema debía parar el Núcleo en conjunto. Así que si alteraba su sistema sería para cerrar los portales, parar la invasión multiversal y detener al Prisma de modificar este mismo mundo, borrando a Sonic de el.
Eso era lo que más le importaba.
Nine comenzó teclear más rápido entre las líneas de código, descubriendo lo complejo y tardado que iba a ser reescribir las instrucciones para denegar todos los procesos actuales y cancelar hasta la última indicación. Además, al parecer iba contrareloj…
Su garganta vibró con un gruñido, pero si ya había llegado hasta ahí la falta de paciencia no lo iba a hacer arruinar esta efímera oportunidad. Así que enterró su molestia y comenzó a escribir lo más rápido que podía. Si los demás aguantaban otro poco, Nine lograría detener el sistema.
Al menos eso pensó hasta que la pantalla de al lado se encendió en color blanco, con un mensaje en letras rojas que le decían el tiempo restante para que el Núcleo terminara de cargarse y ejecutara todo el programa establecido.
Menos de un minuto.
Nine se crispó, habiendo esperado que hubiera tenido un poco más de tiempo. Incluso giró hacia atrás con odio cuando el adolescente se rio.
—¿Qué? —El Dr. Don’t se encogió de hombros. —Yo no hice nada. Eso ya estaba programado, idiota.
Como si Nine no lo supiera.
El Dr. Done-It también se burló. —Parece que se les acabó el tiempo, roedores.
Tuvo que soportar las ganas de perforar sus cabezas con un disparo, regresando su atención hacia la consola sin responder a la pregunta de Rouge sobre si no sería mejor romper todo.
Y tal vez lo sería, pero si las computadoras debajo de ellos seguían intactas, no tendría caso desquitarse con la consola. Así que Nine volvió a colocar las manos en el teclado, escribiendo lo más rápido que jamás ha hecho en su vida. Pasó línea por línea, modificando las indicaciones registradas con código negativo.
Anuló por completo la indicación de mantener los portales abiertos y ya iba terminando de cancelar las modificaciones a cada mundo. Sólo le faltaba cancelar el borrado de Sonic de la realidad y enviar las tres nuevas instrucciones al procesador central para que se actualicen sobre las anteriores.
Podía hacerlo. Quedaban menos de quince segundos.
Nine ignoró el temblor de sus dedos, escuchando el metal de todo el Núcleo crujir con fuerza ante el aumento de poder.
Faltaban unas tres líneas.
Sus manos se desplazaron por la segunda de esas tres últimas líneas de código cuando sus oídos obligaron a su atención a desviarse.
Entre todos los sonidos de la batalla ya perdida en el puente, el zumbido persistente de los tres portales y el sistema interno del Núcleo trabajando al máximo, Nine reconoció el grito de Tails.
Sus ojos se elevaron como imanes, viendo a través del vidrio panorámico roto al Dr. Eggman golpear por detrás, con una fuerza brutal, la cabeza de Sonic, que se había girado para ayudar a Tails luego de que Mr. Dr. lo hubiera arrojado cerca de la orilla del Núcleo, pues de algún modo la pelea terminó hasta ese lugar.
Sin embargo, lo que aceleró el corazón de Nine con miedo genuino fue ver al Dr. Eggman arrojar a Sonic, que seguía aturdido por el golpe contundente en su cabeza, hacia una caída libre de varios metros por debajo de él, lejos del alcance de cualquier orilla del Núcleo.
En ese momento dos pensamientos pasaron a velocidad sónica por la cabeza de Nine.
Primero, que necesitaba terminar de programar la línea y media que le quedaba, pues Tails ya estaba volando para alcanzar a Sonic y atraparlo como Nine ya lo había visto hacer.
Segundo. Tails tenía un maldito hombro herido y ambas colas lastimadas.
Entonces…
Sí.
Fue una daga a su corazón escuchar el lamento quebrado de Tails al sostener a Sonic sin estar en óptimas condiciones y saber que ahora los dos podían caer.
Los dos iban a caer.
Nine se quedó congelado por un microsegundo, ignorando cualquier otro sonido que venía de atrás o de afuera.
Sus ojos se desviaron en un movimiento rápido hacia el contador y luego a las líneas de código.
Cuando su vista se enfocó otra vez hacia adelante, Nine descubrió que ya estaba saltando sobre la consola y haciendo girar sus propias colas, ignorando el número nueve en el segundero del contador que seguía bajando.
Sonic gritaba algo y Tails no le hacía caso. Su hombro vendado estaba comenzando a mancharse de rojo y sus colas estaban girando cada vez más lento.
Antes de que alguno de los dos soltara el agarre del otro, Nine tomó la mano de Sonic entre las suyas y envolvió a Tails con dos colas metálicas.
Voló en línea recta hasta que el suelo volvió a aparecer bajo él, iluminando su caída desordenada y estrepitosa de un color rojo intenso.
Estaban en uno de los puentes. El puente con el portal rojo. Por eso todo se veía de ese color.
O tal vez era la sangre saliendo de los raspones.
Nine no estaba seguro. Lo único que podía hacer era tratar de regular su rápida respiración mientras no se atrevía a soltar la mano de Sonic.
Había dejado el código sin terminar.
No envió ninguna indicación nueva.
El Núcleo iba a funcionar bajo las indicaciones de los Eggmen.
Eligió salvarlos y de todas formas Sonic iba a…
Nine gimió por pura angustia, mirando de inmediato a Sonic sin escuchar realmente que le estaba diciendo. Su hermano tampoco hizo nada por soltar su mano, usando la libre para sostener la mejilla de Nine.
Y aún así no podía escucharlo bien.
Tails también apareció en su rango de visión, percibiendo que él estaba sosteniendo la mano libre de Nine mientras también le decía algo.
El zumbido de sus oídos se desvaneció cuando el sitio tembló y la luz multicolor del centro del domo envió ondas de energía potentes.
Nine bajó las orejas, retraído cuando el portal al final del puente, justo detrás de Sonic, finalmente cobró toda la potencia que necesitaba y se abrió al máximo, mostrando una imagen familiar y a la vez tan diferente de la que recordaba, pues los edificios de New Yoke City ahora descansaban bajo un cielo más gris y claro. Aunque ese cielo no tardó tanto en comenzar a oscurecerse al mismo tiempo que las ventanas de las construcciones más cercanas comenzaron a temblar tanto que Nine casi creyó que podrían romperse.
Sonic también se giró, jadeando cuando encontró la misma vista de Nine.
Y no era el único mundo que ahora se conectaba a este.
Un vistazo a su izquierda y Nine vio la luz azul sobre otro de los cuatro puentes, mostrando como el cielo claro de ahí también se estaba nublando, agitando las inmensas aguas como si toda la tierra bajo ellas las sacudiera.
A pesar de lo increíble que era ver eso, Nine volvió a enfocar cada gramo de su atención en Sonic cuando otra ola de energía se desprendió desde el centro y el erizo se atascó con su respiración, soltando finalmente a Nine para apoyarse sobre el suelo.
El pánico lo golpeó sin piedad.
—Nononono. Por favor, no… —Nine tomó el brazo de Sonic, comenzando a sentir que sus manos temblaban sin control cuando su amigo, su primer amigo, se volvió a ver transparente.
Sonic abrió completamente los ojos, forzando una sonrisa tensa. —Oh, chico. Esto no se ve bien.
Su risa nerviosa no hizo nada para mejorar el pánico dentro de Nine.
No sabía por qué…
Por qué de nuevo.
Por qué Sonic…
Por qué no pudo hacerlo mejor.
¡No era justo!
¡No podían quitárselo!
Era su amigo
¡Su hermano!
No podía… irse…
Nine gritó, abrazando a Sonic y esperando que pudiera mantenerlo con él.
Que se quedara con él.
Pero las púas azules bajo sus manos se estaban volviendo más traslúcidas cada vez, golpeando a Nine con desesperación.
Un sollozo se escapó de sus labios, comenzando a odiar lo poco capaz que fue para impedir este resultado. Lo estúpido que fue para ayudar a llegar a esto.
Por no haber podido proteger a Sonic.
Y ahora iba a perderlo de nuevo.
Por su culpa.
Nine se estremeció, forcejeando sin fuerza real contra el brazo de Sonic que intentó alejarlo de él, pues Nine quería seguir abrazándolo hasta que despertara de esta pesadilla. Aún así Sonic logró sostenerlo frente a él, acunando su rostro con una mano mientras la otra sostenía a Tails del mismo modo. Él también lloraba con fuerza, aferrándose a la muñeca translúcida del erizo.
Su hermano los miró a ambos, con lo poco que todavía tenía de existencia.
Luego sonrió. —Odio irme cuando estamos a punto de patearle el trasero a Robuttnik. Pero estoy seguro de que ustedes van a regresar el golpe. — Él se inclinó, uniendo las frentes de los tres. Nine, cerró los ojos, hipando. —Si alguien puede hacerlo son ustedes. Sé que van a lograrlo.
Nine se estremeció, sin la fuerza real para prometer una venganza contra los Eggmen. Pero sabía que iba a hacerlo.
Viajaría hasta el fin del Shatterverse si así recuperaba a Sonic.
Con ese último pensamiento, Nine se alejó para mirar a Sonic. Una última vez.
Él les sonrió con confianza, moviendo sus labios en unas palabras finales antes de que la fuerza se le agotara y terminara cayendo casi hasta el suelo. Tanto Nine como Tails lo sostuvieron de los hombros con mucho cuidado hasta que ya no hubo nada que sujetar.
Sonic se había ido.
Nine se ahogó, queriendo romper cada centímetro del lugar y luego destrozar a los Eggmen lentamente. Pero no podía. La horrenda risa satisfecha que venía desde atrás lo hizo reaccionar.
Su cabeza giró, descubriendo al Dr. Eggman sobrevolando cerca con un amplio ejército de robots comenzando a llegar de alguna compuerta inferior. Eran demasiados.
Escuchó a Tails jadear con tensión cuando ambos vieron a varias de esas máquinas acercarse a los amigos de Sonic, sujetando sin consideración los que ya estaban en las esferas de energía azul. Shadow era el único que estaba logrando esquivar cualquier captura, pero justo ahora los números se estaban volviendo uno a cincuenta.
Y por primera vez Nine deseó que Shadow pudiera salir libre de ahí.
Necesitaba que al menos algún aliado también escapara, aunque para su infortunio la vida seguía dándole la espalda.
Nine no pudo ver si Shadow fue capaz de escapar de las máquinas potenciadas con poder prismático, pues un grupo dedicado específicamente para Nine y Tails se interpuso en su vista. Eso activó todas sus alarmas y la poca adrenalina que le quedaba. Sus piernas lo levantaron del suelo al instante, buscando la mano de Tails y entrelazando sus dedos para que no se alejaran.
Acababa de perder a Sonic. No estaba dispuesto a dejar que le quitaran el único amigo que le quedaba.
Nine retrocedió un paso cuando esas cosas comenzaron a acercarse.
Si los atrapaban, la victoria sería absoluta para los Eggmen.
Eso no. Ya no.
El Doctor sonrió con locura. —Finalmente se ha ido ese maldito roedor. Y ahora, ustedes dos…
Nine retrocedió con fuerza y jalando a Tails cuando una de las máquinas disparó contra ellos, enviando el tiro al aire con esa energía azul que quería encerrarlos. Su escudo se activó cuando otra máquina intentó darles. Sabía que esto podría protegerlos, pero no para siempre y no de todos los robots.
Tails también supo lo mismo cuando las máquinas comenzaron a dispersarse para rodearlos. Su amigo actuó de inmediato, apretando el agarre de su mano y comenzando a jalarlos a ambos hacia el portal abierto tras ambos.
El portal a New Yoke City.
Nine se erizó por la simple idea de poner un solo pie de vuelta en ese lugar.
No quería ir ahí. Menos ahora que se sentía tan-
—Vamos. Es inútil correr ahora, zorros.
Otro ataque contra ellos y Nine casi deja que Tails lo arrastre hacia atrás. Logró frenar a tiempo, observando sus colas metálicas y sabiendo que las había sobrecargado.
Él podía abrir su propio portal.
A este punto su cabeza ya no estaba pensando tan racionalmente. Por eso Nine usó una cola para romper el barandal de un costado del puente y apagó su escudo en el momento que se arrojó al vacío con Tails, ignorando el bramido cercano.
Su amigo sólo exclamó alguna palabra ahogada, sosteniendo ahora con sus dos manos la de Nine.
Él ignoró cualquier sonido proveniente de las máquinas encima de ellos y apuntó hacia abajo todas sus colas de metal. El rayo salió disparado, convergiendo en un punto a varios metros bajo ellos, acercándose rápido. Él círculo del portal se abrió a tiempo, mostrando del otro lado una tierra vacía que combinaba con su cielo monótono.
Fue el primer sitio que pensó Nine.
Y cuando los dos llegaron al aro crepitante, el cambio de gravedad fue diferente, pasando de que los jalara hacia abajo a que ahora los atrajera a su derecha, cayendo de costado mientras rodaban algunos metros por la velocidad con la que venían.
Nine resopló, alzando la cabeza a tiempo para ver el círculo frente a él cerrarse justo a un centímetro de la mano de metal del robot que los siguió, desapareciendo lo último del portal como si nunca hubiera estado ahí.
Ahora sólo veía un paisaje demasiado familiar como para olvidarlo dentro de varios años.
Tal vez Nine, de hecho, nunca vaya a olvidar esta vista.
El silencio fue un extraño contraste contra el caos que había estado viviendo desde que invadieron la primer base del Dr. Eggman. La base donde los capturaron.
Casi parecía que la tranquilidad del sitio se burlaba en su cara, haciendo de menos su dolor.
Como si Sonic no se hubiera ido para siempre.
Oh.
De verdad…
Le arrebataron a su amigo.
A pesar de todo lo que intentó, se lo quitaron.
No hice lo suficiente.
Nine tembló de rodillas, apretando las manos en puños sobre el suelo, dejando que por primera vez todo el peso de lo ocurrido desde que lo capturaron cayera sobre él ahora que ya no había amenazas.
Y fue horrible.
El recuerdo de la tortura.
El recuerdo del miedo.
El recuerdo de Sonic desapareciendo.
Nine se quebró con un grito lastimero, comenzando a llorar del mismo modo desesperado que el primer día que se quedó solo en ese lugar.
En El Grim.
Incluso esperaba volver a tener que enfrentar el dolor abrumador solo.
Pero no lo estaba.
Su cuerpo se estremeció cuando dos manos familiares lo tomaron de los hombros, algo que no pasó la primera vez que lloró así en ese lugar.
Nine levantó la vista lo suficiente para encontrarse con la expresión igual de destrozada que Tails, que se mantenía firme sólo lo suficiente para reconfortar a Nine. Pero cuando él se aferró a su amigo, ninguno pudo contener los sollozos entrecortados compartidos.
Ahora estaban solos. No tenían a nadie más en quien apoyarse.
Y lo que es peor. Fue… difícil aceptar que los Eggmen habían ganado.
El Shtterverse ahora le pertenecía a los Doctores.
La calma se había ido para siempre.
