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Star Host ☆Jinmao

Chapter 10: Respetando las condiciones

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La alarma de su celular sonaba insistentemente una y otra vez. Sin embargo, nuestra linda protagonista estaba demasiado cómoda: si se aferraba al sueño con la suficiente terquedad, quizá su mente lograría ignorar aquel ruido insoportable y derretirse en las sábanas de esa cama absurdamente deliciosa.

El golpe seco de una puerta abriéndose apenas la hizo fruncir el ceño.

—¡Si escucho otra vez esa estúpida canción voy a volverme loco!

Un aroma cálido recién hecho llegó antes de que sus palabras terminaran, obligando a Maomao a emerger lentamente de la niebla del sueño.

Gruñó, hundiendo el rostro en la almohada, pero finalmente se obligó a incorporarse. Sus párpados seguían pesados y torpes. Al alzar la vista, su reflejo la observó desde un espejo… luego desde otro… y otro más.

Mientras más giraba la cabeza, más versiones adormiladas de sí misma aparecían.

Menuda habitación. Era como despertar dentro de la casa de los espejos de una feria.

El host tomó su teléfono y lo dejó sobre su regazo.

—Apágalo, por favor —gruñó, masajeándose el puente de la nariz.

Maomao se estiró, soltando un gemido perezoso. Con el rostro hecho un desastre matutino —uno al que el reconocimiento facial de su celular claramente ya estaba acostumbrado— logró desbloquearlo y silenciar la alarma.

Se frotó los ojos.

A unos pasos de distancia, Jinshi preparaba una taza de café cuyo aroma era peligrosamente perfecto.

Se veía completamente despierto: cabello peinado, pantalones grises de descanso y un suéter negro que se ajustaba con descaro a su cuerpo bien marcado.

Maomao parpadeo y se vio a si misma.

Llevaba puesta una camiseta negra enorme que no reconocía.

Seguramente él se la había puesto después de que se quedara dormida…

—¿Con azúcar? —preguntó él, sentándose al borde de la cama mientras removía la pequeña taza.

—No, gracias… —murmuró ella, con la voz todavía atrapada entre el sueño mientras estiraa sus brazos hacía arriba.

—¿Esa alarma para qué era? ¿Y por qué no la apagabas? —bufó él, entregándole la taza.

Maomao canturreó suavemente al aspirar el aroma del café. Lo llevó a los labios y apenas rozó la superficie con la lengua: estaba demasiado caliente. Aun así, dejó escapar un pequeño gemido de satisfacción.

Qué buena forma de despertar.

Su cuerpo se sentía suelto, ligero, hasta rejuvenecido. Como no estarlo, si un sensual íncubo le había bendecido el cuerpo.

Tení­a la absurda sensación de que podría volver a casa y hasta limpiar su departamento con energía renovada.

Con una sonrisa tranquila —la de una anciana disfrutando unas aguas termales— miró al host.

—Es mi alarma para ir a trabajar.

Revisó la hora en el celular: apenas eran las nueve. Si tomaba un taxi en lugar del metro, podría llegar a casa, cambiarse y, con suerte, llegar solo unos minutos tarde.

—Gracias por el café~ —canturreó, levantándose de la pomposa cama y caminando descalza hacia el baño.

Jinshi la siguió con la mirada. Luego observó la taza vacía entre sus manos.

¿En qué momento se lo había terminado todo?

—Oye, espera —se apresuró tras ella y sostuvo la puerta antes de que la cerrara—. ¿A dónde vas?

—¿Al baño? —respondió Maomao, extrañada.

—¿Te vas a ir? Aún te quedan cuatro horas de tu tiempo.

—Pues… con lo de anoche fue suficiente…

—¡Claro que no! ¡Te dije que no daba esa clase de servicios!

—Entonces… ¿por qué lo hiciste?

Jinshi se quedó inmóvil.

Su rostro se volvió intensamente rojo; al cubrirse la boca, parecía que el vapor le salía por las orejas de pura vergüenza.

Maomao ladeó la cabeza, paciente, esperando una respuesta que no llegaba. En su lugar la respuesta de Jinshi fue cerrarle la puerta en la cara, no fue fuerte pero lo suficiente para escuchar el click de la puerta.

Maomao se quedó mirando la madera frente a su nariz.

¿Eso que fue?

...

Jinshi se dejó caer en el sofá, con los codos apoyados sobre las rodillas y la mirada seriamente ansiosa.

En su recuerdo iba una y otra vez las sensaciones de aquella noche en la que el mismo se había desconocido. La sensación tibia aun se recorria por sus dedos y no podía evitar frotar sus yemas como si extrañaran la calidez en los que habían sido abrazados la noche anterior.

En la que pudo ver un rostro por primera vez después de tantas noches de placeres desconocidos; Le gustó tocarla.

Exhaló con lentitud, pasó una mano por su cabello aún húmedo del baño y tomó el celular del bolsillo del pantalón. Dudó un segundo antes de desbloquear la pantalla. Luego buscó el nombre y presionó llamar.

El tono sonó una vez.
Dos veces.
Tres.

Jinshi-kun… —respondió finalmente la voz al otro lado—. Es muy temprano. Habíamos acordado que debías descansar por las mañanas si tu trabajo seguía siendo nocturno.

Él cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.

Sí, sí… lo sé, señora Gyokuyou. —exhaló—. ¿Podríamos adelantar la sesión para hoy? Necesito hablar de algo.

Hubo un breve silencio.

Pero nos vimos antier apenas… —respondió ella, con cautela—. ¿Sucedió algo?

Jinshi miró sus manos otra vez.

—Algo así.

Se escuchó un leve suspiro al otro lado de la línea. —¿Otra vez una clienta te hizo algo?

Él negó por reflejo, aunque ella no pudiera verlo.

—No… no en ese sentido. Mire, lo hablaremos después. ¿Puede recibirme hoy?

Hubo un breve silencio, seguido del suave sonido de hojas moviéndose, como si revisara su agenda.

Puedo hacerte un espacio por la tarde —respondió finalmente—. Pero quiero que descanses un poco antes.

Después de un largo rato inmóvil, sentado en el sofá como un maniquí, la realidad volvió a filtrarse en la mente de Jinshi. 

Parpadeó, respiró hondo y tomó su teléfono. Un mensaje de Gaoshun lo esperaba.

Lo leyó una vez. Luego otra.

Guardó el móvil y se puso de pie.

Aunque cuando estaba de nuevo por entrar a su habitación, ella abrió la puerta y ambos se toparon. Cara a pecho ya que ella era demasiado chaparra.

Una ensayada sonrisa se dibujó en sus labios.

—Me informan que después de la una de la tarde se le reembolsará parte del dinero —dijo con voz suave y medida—. Esperamos que el servicio haya sido de su agrado.

Maomao parpadeó, como si las palabras tardaran en acomodarse dentro de su cabeza. Asintió apenas.

Su lengua humedeció sus labios en un gesto distraído.

—Yo ya tengo que irme a trabajar.

La mandíbula de Jinshi se tensó casi imperceptiblemente antes de responder.

Asintió.

—Te llevo.

...

El trayecto terminó por alargarse más de lo debido, robándoles minutos que ninguno mencionó en voz alta. Era lunes, y el tráfico parecía haberse puesto de acuerdo para volverse insoportable. Cuando por fin alcanzaron el distrito de Shibuya, ya habían perdido casi una hora.

El paísaje lujoso de los edificion en Kabukicho habían cambiado al barrio de clase media de Sasazuka; montoncitos de periódicos apilados junto a las puertas, bicicletas viejas encadenadas a barandales oxidados y uno que otro gato callejero cruzando sin prisa. Aquella normalidad doméstica la hizo sentirse extrañamente ajena a su propio hogar.

Jinshi estacionó frente al edificio tres. Maomao lo volteó a ver pero él no hizo lo mismo.

Maomao revisó su celular. Tenía mensajes, pero sus ojos se detuvieron en la hora.

—Deberías irte para no llegar tarde —dijo Jinshi.

Ella lo miró.

—Aún nos queda tiempo… ya voy tarde de todas formas.

Hubo un breve silencio.

—Puedo darte mi número personal para acompañarte a la boda de tu amiga.

No esperaba eso.

Cuando él finalmente la miró, Maomao se quedó muda. Jinshi alzó ambas cejas, aguardando una respuesta.

—Era parte de las condiciones que me pediste… si quedaba tiempo.

Ah… cierto.

Lo había estafado.

Pero si recibiría el reembolso… ¿con qué cara podría hacerlo ir a esa boda?

Aun así, no pudo decir nada.
Asintió en silencio y le extendió su celular.

—Oye…

Observó su perfil mientras él tecleaba su número.

—Puedo vender tu número en línea. Seguro así recuperaré más de mi dinero.

Intentó bromear, queriendo ignorar lo extraño que se sentía el golpeteo persistente en su pecho.

Jinshi le devolvió el teléfono con una sonrisa serena. Luego se inclinó hacia ella —demasiado cerca, peligrosamente cerca— y, sin decir nada más, acomodó con cuidado las gafas sobre el puente de su nariz.

El gesto fue breve. Íntimo. Inesperadamente tierno.

—Espero que esta clienta me deje una buena reseña. 

Notes:

Estreno especial: 14 Febrero 2026 ❀˖°