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Víctima N°2
Giuliano Simeone
Ese chico de tierna sonrisa y ojos lindos que había conocido un día normal en la facultad, su nombre: Giuliano (Giu para Julián) fue uno de las mejores que conoció durante ese semestre.
El chico había llegado de intercambio, desde Roma, por un semestre.
Recuerda la buena onda que había entre los dos luego de hacer un trabajo grupal con otros tres chicos. Fueron una gran dupla en ese trabajo que representaba el 25% de la calificación final.
Afortunadamente aprobaron con un buen promedio. Después de eso los dos quedaron como muy buenos amigos, incluso Paulo le reclamaba, diciendo que lo había cambiado por un aparecido.
Y aunque entre ellos Julián solo veía una amistad, sabía que de la otra parte había otras intenciones, y se esforzaba como nunca para no darle falsas esperanzas cada vez que Giuliano le daba regalos, le ayudaba en todo, incluso le sugirió conocer a sus papás “como amigos” según él.
Julián hizo lo mejor que pudo con tal de no hacerle ilusiones a Giuliano, pero cedió a uno de los últimos pedidos del estudiante de intercambio.
Un día llegó a la facultad diciendo que sería su última semana en Argentina y Julián no podía odiarse tanto para no olvidarlo. Había tratado de evitarlo las últimas veces que se había puesto todo muy intenso entre los dos, con propuestas y declaraciones que no iba a aceptar.
Sin embargo, cuando Giuliano le rogó pasar su último día en Argentina con el castaño, no se negó. Tuvo que decir que sí, porque a pesar de todo, había sido una de las mejores personas y mejores amigos que había conocido en el último tiempo.
Era un sábado de día soleado y Julián preparaba el almuerzo. Giuliano llegaría aproximadamente a las 16:00 para lo que sería pasar “un buen momento”, el último día en el país campeón del mundo.
Luego de una hora se escuchó un toque en la puerta. Julián se lavó las manos y caminó hasta la puerta para darle paso a Giuliano.
Cuando abrió se encontró con el chico sonriente, traía una bandeja, algo que había prometido traer para aportar algo al almuerzo. Julián tomó la bandeja en sus manos, y le dio la bienvenida a su hogar.
Se quedó estático al sentir la mano de Giuliano sobre su cintura, apretando levemente para acercarse y darle un beso en el cachete. —Te ves lindo. —expresó el italiano.
Esto a Julián lo tomó por sorpresa, lo que le hizo ponerse rojo de la vergüenza, pero no una linda, el chico no le gustaba.
Un “gracias” silencioso se escuchó, y Julián comenzó a caminar rumbo a la cocina en donde dejaría la bandeja. Tras de él llegó Giuliano, halagando el olor que cubría toda la casa.
El visitante puso atención a la casa. Prolija, limpia y muy amplia. Era más ordenado que cualquiera en la que haya estado. —Tenés una casa muy linda. —Halago.
El otro se dirigió a él. —Gracias, trató de limpiar siempre para mantenerlo así. —
Los ojos curiosos del extranjero se movieron de rincón a rincón. Hasta que inspeccionó la cocina, y vio por encima del refri.
Se asustó de momento, pero se relajó al instante al notar que no era una sombra lo que estaba encima del refri. Era un gato.
Julián, aún distraído, no había notado está interacción, pues estaba más empeñado en terminar de cocinar.
—No sabías que tenías un gato. —Dijo Giuliano. —¿Cómo se llama? —preguntó.
Julián, solo escucho las palabras “gato” y “...se llama?” Por ende el resto lo dedució. —¿Mi gato? Se llama Enzo. —Respondió.
El otro solo hizo un ruido de asentimiento, por lo que siguió en lo suyo. —¿Ya preparaste todas tus cosas para mañana, Giu? —preguntó respecto a sus maletas de viaje, de las cuales Giuliano se quejaba hace unos días.
Y así siguió la conversación hasta que la tarde cayó.
Ya habían comido y platicado sobre muchas cosas: sobre los estudios, lo que seguía en sus vidas, planes y demás. Era el último día que se podían ver presencialmente, al menos durante un tiempo.
Ahora estaban viendo una película, después de aquella amena conversación, Giuliano sugirió como último pedido, ver una película. Ambos sentados frente al televisor, con las luces apagadas, por muy extraño que fuera
Los colores vivos de las escenas de acción iluminaban de vez en cuando los rostros presentes, incluso de ese gato que no paraba de observar, no a la película.
Durante el minuto 56 de la película se oyó a uno de los dos aclararse la garganta, buscando llamar la atención del otro. Y si Julián estaba con la busca llena de pochoclos, entonces solo quedaba una respuesta.
—... Julián. —habló Giuliano, como hablándole a un confidente en un cuarto oscuro. Julián volteó de manera espontánea, como un reflejo.
Su sorpresa fue grande cuando pudo ver a Giuliano observándolo, con atención, pasando de sus ojos a otras partes del rostro, hasta llegar a aquellos labios que anhela besar.
—¿Q-que ? —Tartamudeo Julián, sintiéndose demasiado presionado por la situación. Todo había sido tan repentino.
—...Por favor… —Dijo Giuliano, acercándose con suavidad al rostro de Julián, mirando esos labios con detenimiento.
Y cuando estaba a punto de llegar a eso que tanto deseaba, se escuchó un ruido.
Como una arcada, al lado de Giuliano.
Giuliano no se alarmó. Al menos hasta que sintió el peso de algo húmedo caer sobre su pantalón.
Julián lo miró primero. Enzo había regurgitado una bola de pelo sobre el pantalón de mezclilla de Giuliano. Dañando por completo la atmósfera que Giuliano había creado.
El más alto se levantó de su asiento con una muestra de asco y el gato escapó del lugar dejando atrás el desastre.
—Vení. Te ayudo a limpiarte. —dijo Julián alarmado. Lo llevó hasta la cocina en donde tomó con un guante de plástico la bola de pelo. —Lo siento, de verdad. —dijo Julián.
—No. No te preocupes juli. No es culpa de nadie. —tranquilizo Giuliano, tratando de ver qué su ropa no se haya arruinado por los fluidos gástricos del gato.
El olor era horrible, por supuesto.
Giuliano miró hacia arriba con resignación, buscando tranquilizarse y tratar de canalizar las emociones recientes.
Volteó su mirada hacia el living y buscó con la mirada el lugar en donde había dejado su teléfono, y lo vió ahí.
A su teléfono y al gato llamado Enzo.
Lo miraba a los ojos a lo lejos, con pequeños golpes empezó a mover el teléfono, haciéndolo llegar hasta el borde, del lado en donde se encontraba su fuente de agua en el piso.
Giuliano abrió los ojos con susto por su teléfono. —No. No, no, no. —dijo Giuliano advirtiendo. Haciendo que Julián se alarme. Ambos se incorporaron y miraron hacia donde estaba el gato.
El más alto comenzó a caminar con falsa tranquilidad, para no hacer que Enzo tirara el aparato.
Y cuando se acercó lo suficiente, Enzo dió el último golpecito. Lo último que se escuchó fue el sonido del teléfono caer al agua de la fuente, seguido por los lamentos de Giuliano.
…
La carcajada de Paula se puso escuchar del otro lado del país. No podía creer lo que él gato había hecho, incluso llevó a creer que fue intensional.
—No te rías, esto es serio Paulo. —Dijo Julián, también entre leves risas, porque si le dió risa.
—Es que, boludo. ¿Cómo le va a tirar el teléfono al agua? —Largo otra risa.
Julián también rió, solo un poco. —Te juro que no sé. —
—Noo. y ¿qué pasó después? —preguntó el de ojos claros. —¿Te hablo después de eso? —
Y en parte agradeció que Giuliano no lo tomará con remordimiento (él lo habría hecho), ese chico era demasiado bueno.
—No. Después de irse me escribió por Instagram y me preguntó como iba todo. —
Paulo se apiadó un poco de Giuliano. —Pobre pibe, solo quería ponerla. —Rió, Julián también lo hizo.
—Estoy seguro que no solo quería eso, se veía que sus intenciones eran buenas. —admitió. —pero lastimosamente no me gustaba por completo. —
—De no creer lo tuyo. —Bromeó Paulo, sin creer la oportunidad que perdió Julián con Giu. —Pero no fuera un Turro marrón y ya te tiene a los pies. —
Ambos rieron, sabían que era verdad. Los gustos de Julián eran motivo de burla en cada salida que se quejaba de no tener pareja.
—Bueno, amigo. ¿Eso fue el alboroto que me decías? —preguntó, cortando con la broma. —Ni fue nada eso.
El castaño de ojos marrones negó con la cabeza, sabiendo que lo peor llegaba. —No, Pau. Lo peor sucedió con Phil. —y su amigo en la pantalla quedó inmóvil.
—¿Qué pasó con Phil? —preguntó, con sorpresa. —¿Terminaron? —
Julián dio un pesado suspiro mientras asentía, nadie sabía aún de su ruptura, había sido difícil para él hablar sobre eso. No por tristeza, sino por bronca de lo que pasó ese día.
...
¿Víctima? N°3
Phil Foden
Llevaba aproximadamente dos meses junto a Foden. El tipo lo había conocido como por arte de magia, apareció de la nada cuando un número de teléfono lo contactó diciendo que su libreta de “Gramática de Inglés” se había quedado en uno de los asientos de la cafetería.
El castaño agradeció el acto del pelinegro y se citaron en una cafetería para la entrega de la libreta.
En esa cafetería pasó de todo, pues a pesar de solo querer buscar su libreta e irse, el otro tipo le pidió por favor que si podía quedarse a conversar con él sobre un tema del mismo tema que Julián tenía apuntado en la libreta.
Que conveniente, pues se quedaron ahí por tres horas seguidas, hasta que cayó la noche. Phil llevó a Julián a su casa e intercambiaron números para seguir en contacto para seguir con la explicación de los temas.
Las cosas se fueron poniendo intensas cuando una tensión empezaba a crecer entre ellos, esa tensión se tradujo después de unos meses en un noviazgo. Demasiado rápido para cualquiera, pero Julián estaba cegado por el de ojos azules.
Un día cualquiera, Phil insistió en ir a casa de Julián, pero este se negó por completo. Phil se molestaba cada vez que Julián no lo quería recibir en su hogar, se sentía rechazado por alguna razón.
Así que un día llegó de la nada.
Julián estaba sentado en el sillón, viendo una serie, Enzo a su lado, ronroneando panza arriba de lo confiado que se sentía.
El sonido de la puerta se hizo presente. Julián no esperaba a nadie. Abrió la puerta aún confundido y más cuando se encontró con Phil, recostado sobre el marco de la puerta. El olor a alcohol fue algo que le llamó bastante la atención.
—Hola, amor. —Hablo Foden. Quien parecía fuera de sus cinco sentidos.
Se acercó hasta a Julián y dejó un torpe beso sobre sus labios, y se adentra a la casa sin siquiera pedir permiso.
Con pasos torpes camino hasta quedar sentado en el sillón, cosas que asusta al felino dormido.
—Quítate. Gato de mierda. —dijo Phil, quitando a Enzo del acolchado sillón.
Julián decidió pasar eso por alto, solo oír está vez. —¿Qué hacés aquí Phil? —preguntó Julián, intentando sonar lo más sereno posible.
—¿Qué? ¿no puedo venir a la casa de mi novio o que? —Dijo con un claro fastidio.
—Si puedes, pero estás borracho. Mira cómo hueles, como caminas. —
Y Phil chasqueó los dientes, de nuevo denotando fastidio.
—Tenes que irte, Phil. —Aviso Julián. —No puedo recibirte así. —
Foden se incorporó sobre el sillón, sin pararse. —Pará, amor. Veni. —llamo el pelinegro.
—No, Phil, estas- —Fue interrumpido.
—Vení, amor. Dale. —
Y Julián se acercó al sillón, sin ganas por todo lo que estaba pasando.
Phil lo tomó por la muñeca, suavemente, al menos por unos segundos. Luego lo hizo sentarse a su lado. —¿Qué sucede? —preguntó Julián.
Phil se quedó un momento en silencio, sin mirarlo a los ojos, y Julián ya empezaba a preocuparse. Lo llamó una vez más y este no le respondió.
Se alarmó más cuando sintió la mano derecha de Phil apretarse en su muñeca, causando dolor en el castaño. —Phil, me estás lastimando. —se quejó el castaño.
Esto lo único que hizo fue apretar aún más el agarre del otro.
Cuando Julián trató de zafarse sintió la otra mano del ojiazul apretándose contra su muñeca libre.
—¿Qué hacés? Soltame —exige el castaño, forcejeando con Phil.
De un momento a otro el pelinegro se abalanza sobre él, quedando encima de Julián, dejando sin escapatoria a este. Empezó a dejar besos agresivos y forzosos sobre el cuello del castaño.
—No, Phil, pará. Estás borracho. —Esto no hizo que el otro se detuviera, incluso hizo que lo hiciera con más fuerza.
Julián no quería, no así. Eso no era le provocaba el deseo de estar con Phil, pero el otro no tenía planeado tomar su
opinión como válida.
Siguió con fuerzas chuponeando el blanco cuello de Julián, dejando marcas rojas alrededor de este. —¡PHIL, PARA! —Gritó Julián, y este no se detuvo.
Supo qué estaba en peligro cuando Phil llevó su mano, de manera obligada, a su entrepierna, sintiendo lo duro que estaba el pelinegro y no le gustó para nada. Tenía necesidad de gritar, pero su garganta tenía un nudo.
Phil empezaba a gritar la erección dentro de sus pantalones contra Julián, que estaba horrorizado por el actuar del pelinegro. Lo hizo una, dos, tres y cuatro veces seguidas, una más fuerte que la otra.
—No sabes las ganas que tengo de cogerte. —Habló sobre su cuello. Y Julián no pudo sentir más asco.
A Julián le dolía el cuello, parecía que le estaba chupando la sangre cual sanguijuela y el pelinegro se seguía poniendo duro, como si todo eso fuera excitante.
—Soltame, por favor. —rogó Julián, mientras sentía el dolor en sus muñecas y quizás una lágrima cayendo por sus mejillas.
No sabía que agradecería tanto que su gato esté loco y “endemoniado” como le decía Paulo.
Y como si de un ángel de Dios se tratará, detrás de Phil saltó la figura negra de Enzo, se colgó de su cuello con las garras afuera y las clavó alrededor de este.
El grito de dolor se escuchó en todo el departamento. Mientras Enzo mordía el cuello del pelinegro, este intentaba sacárselo de encima. Y lo logró.
Tomó de las patas a Enzo y lo lanzó con brutal fuerza contra la pared del living.
Julián se levantó rápidamente del sillón, y corrió hacia donde su gato había caído.
—¿¡QUE MIERDA TE PASA, PELOTUDO!?. —Gritó Julián, tomando en sus brazos a Enzo, quien parecía estar lastimado. —¿Sos un idiota, por qué le hiciste eso? —las lágrimas no soportaron más, y salieron como chorros de agua, abundantes como un río.
—Entonces controla a tu gato de mierda. Él se me tiró encima. —
Julián caminó hasta el sillón, con Enzo en brazos y lo recostó sobre este. Lo dejo ahí mientras caminaba hacia Phil. —Tomatela, Phil. —Exigió.
—pero- —Fue interrumpido.
—VETE. NO TE QUIERO VOLVER A VER MÁS. —
Y Phil con los ojos abiertos quedó estático por segundos, hasta que frunció el ceño con rabia.
—TOMATELA TE DIJE. —Volvió a gritar Julián.
Y sin más, Phil se dió la vuelta y caminó hasta la puerta y de un portazo la cerró. Dejando ahí a Julián, ahí con lágrimas en los ojos y su gato con la patita fracturada.
…
—¡Es un hijo de puta! —dijo Paulo a través de la pantalla.
Julián suspiro pesado, acariciando a Enzo a su derecha, que no se había movido durante toda la llamada.
—Lo sé. —dijo con resignación.
—¿Y no lo reportaste? —preguntó incrédulo. —Eso es un intento de abuso y maltrato animal. —Acusó. —Tienen que matarlo. —
—No puedo creer, boludo. —Paulo se tapaba el rostro con las manos por frustración. — Ese hijo de puta, donde lo encuentre ¿sabes cómo lo dejo? —
—No Paulo, deja. Te vas a meter en un problema sino. —Recomendó Julián. —Pero al menos Enzo se las descubro por mi. —
El gato a su lado en forma de pancito lo miró al pronunciar su nombre. Julián estaba muy agradecido.
—Y ¿cómo está de su patita el demonio? —
Julián miró de vuelta a Enzo, su patita había ido bien, después del veterinario todo mejoró. Aunque eso se lo iba a contar a Dybala.
—Sii, también eso te iba a contra. De hecho por eso te llamé. —
Paulo levantó las cejas con curiosidad, pues si pensó que la emergencia fue lo que pasó con su gato, pero ahora entraba otra cosa a la ecuación.
—Fue algo muy loco… —comentó. —¿viste que la organización donde adopté a Enzo en una veterinaria? —Paulo asintió.
—Bueno, lo llevé allá a que lo revisaran. —
…
Un día después de los hechos en su casa con Phil, se tuvo que apurar en buscar los folletos con la información sobre la veterinaria para llevar a que le atendiera la patita trasera a Enzo.
Manejó hasta no muy lejos y llegó hasta la veterinaria “Huellitas de amor”.
Lo recibieron muy bien, la veterinaria Emilia fue quien los recibió, y se comprometió a atender a Enzo de la mejor junto a su equipo y el doctor encargado.
Se tardaron unas horas, pues la patita de Enzo se veía muy mal cuando la reviso por sí mismo, sin hacerle mucho daño al felino.
Se quedó sentado en la recepción, esperando la llamada del doctor. Las manos le sudaban, no se perdonaría si por alguna razón su gato queda sin poder caminar de por vida.
Su espera se hacía demasiado larga, no sabía aún cuánto estaría ahí.
Se levantó cuando escuchó la puerta de una de las habitaciones abrirse. De ella vio salir a Emilia, quien con una sonrisa le asintió, tranquilizando un poco a Julián.
—El dueño de Enzo. —Llamó el doctor.
—Si. Soy yo. —Alzó la mano.
—Acompañame. —dijo el doctor pelinegro y un poco más alto que él, dirigiéndose hacia donde decía “oficina: Doctor E. Fernández.
Le sostuvo la puerta para que este entrara. —Sientese. —le propuso, señalando la silla frente al pupitre.
Julián se sentó y casi al instante habló. —¿cómo está Enzo, doctor? ¿Va a volver a caminar? —
El doctor sonrió ante la preocupación, sabía que no era profesional hacerlo, pero los ojos del dueño de Enzo le daban una vibra muy tierna.
—No se preocupe, señor… —hizo una pausa, esperando a que el cliente dijera su nombre. —Soy Julián. —Dijo extendiendo la mano.
—Julian… —repitió en voz baja, tal vez el otro sí lo escuchó.
—Bueno, juli. —Flasheo confianza. —No tienes de qué preocuparte, Enzo sí volverá a caminar. En un momento lo traerán con usted. —
Y eso calmó los nervios del castaño que juraba que podría tener un ataque cardíaco ahí mismo. Sonrió, como no lo había hecho desde que adoptó a Enzo.
—pero… —comentó el doctor. —Tendrá chequeos semanales por dos meses, para ver su evolución y distribuirle inyecciones —
Julián asintió aliviado, pensó que sería algo más grave, pero todo se resumía en chequeos e inyecciones.
—Muchas gracias, doctor. —Dijo con evidente gratitud, pues la sonrisa en su rostro no se borraba.
—No se preocupe. —Flashea confianza x2 —Es mi trabajo, y me encanta mi trabajo. —y está vez fue el doctor quien le mostró su sonrisa, blanca y perfecta, alineado como su vestimenta.
—Bien, señor juli, necesito que antes de irse, que me explique más o menos lo que pasó con Enzo. Es que como sabe, tenemos casos de maltrato animal a menudo. Es solo una medida preventiva. —explicó el doctor.
Y Julián no pudo estar más de acuerdo.
Le explicó con detalles todos los sucesos del día anterior y como ya lo había reportado, pero lastimosamente las políticas contra el maltrato animal no son tomadas en serio la mayoría del tiempo. El doctor asiente a lo que Julián le decía.
Le contó lo más mínimo, incluso las actitudes agresivas cuando llevaba visitas a la casa, en especial hombres y en esa parte el doctor soltó una risita.
No podía creer que un gato sintiera celos de su dueño.
Cuando el doctor Fernández le comentó sobre lo protector que estabas siendo el gato podría ser por celos, ambos rieron.
Y el doctor Fernández no sabía si no notaba cómo sonreía. Quizás era un boludo.
El momento fue roto por el sonido de un teléfono, fue el el de Julián, era una llamada entrante y muy importante al parecer.
—Disculpe, doctor. Necesito responder, ¿puede ser que salga un momento a responder? —preguntó —Es que es importante.
—Si, claro que sí. —
Y en ese momento Julián salió por la puerta, poniéndose el teléfono al oído, dejando al doctor con esos ojitos plasmados en su mente. —Ya vuelvo. Doc. —
Casi de forma inmediata entró la veterinaria Emilia, con Enzo en brazos. —¿Y el dueño, doctor? —preguntó.
—Está atendiendo una llamada, ya vuelve. —aclaró.
—Ok, le dejo a su paciente por aquí. —Y dejó suavemente a Enzo acostado ahí, en la pequeña camilla en la oficina del doctor Fernández.
Emilia se retiró, despidiéndose del doctor con la mano levantada y el doctor le correspondió con un movimiento de cabeza.
El felino se quedó mirando al doctor momento y éste inclinó la cabeza a un lado, señal que solo él pudo entender.
El doctor se levantó de su silla y caminó hasta quedar frente al gato. Lo levantó de las “axilas”, quedando en una posición graciosa.
—Ay, enzurri. —dijo el doctor. —Hace rato no te veía por acá. —y era verdad hace más de dos años que no lo volvía a ver. —Desde que te rescaté de esa calle.
—Meow —dijo el gato.
—¿En qué quilombos te estás metiendo? Eh. —preguntó Enzo con una leve risa.
—Meow —dijo el gato.
—¿Por qué no dejas que tu dueño tenga chongos? —reclamó. —No seas celoso wachin. —rió
—Tu Julián es muy lindo, eh. —Confesó el doctor Fernández.
—Meow —dijo el gato.
—¿A mí si me dejas acercarme? —Preguntó.
—Meow —
—¿Eso es un si? —preguntó. —Mita que está re lindo, eh. —
—Meow —dijo el gato, y Enzo le sonrió.
—Lo tomaré como un si. Gracias wacho. —dijo Fernández.
—Meow. —dijo el gato antes de volver a escuchar la puerta abrirse y ahí fue cuando Julián vio la escena de él doctor cargando a su gato.
—¡Enzo! —expresó con emoción, mientras el doctor le entregaba al Enzo en sus brazos.
Julián dejó un beso sobre la frente de su gato y lo acarició un poco. —¿Cada cuánto lo traigo Doctor? —
—Cada sábado puedes traerlo, por dos meses puedes ser..—Explicó, con una sonrisa, que él sabía que a cualquiera le atraía.
—Está bien doctor. —Extendió la mano de nuevo y esta fue bien recibida. —muchas gracias por todo, gracias por curar a mi gato. No lo voy a olvidar nunca, doctor… —Julián enfocó la vista hasta la bata del doctor frente a él y tal vez quiso ponerse lentes para corroborar lo que había leído
~Enzo Fernández ~
…
—¡¿SE LLAMA IGUAL QUE TU GATO?! —grito Paulo del otro lado de la pantalla. —No, boludo. ¿Que probabilidad había? —
Y Julián solo reía, a él también le parecía gracioso todo. —Y bueno, no sé qué tan difícil sea. —Comentó. —Me dijo que él fue quien lo rescató y lo dio a la organización para darlo en adopción. —y Paulo no podía más de lo sorprendido.
—No, boludo. Ya no sé qué decirte. Solo me queda reírme. —Largo una carcajada. —La cosa más tranqui que le pasa a Juli Álvarez. —Rio otra vez.
Julián rió igualmente. Como si sus desgracias fueran motivo de risa que les faltaba en la conversación.
Julián volteó a ver el reloj de pared, en donde marcaban las 9 de la mañana. En media hora tendría que estar con él doctor Enzo.
—Che, Pau. Me tengo que ir. Enzo tiene chequeo con… Enzo. —ambos rieron a carcajadas con la frase.
—No, no. ‘cucha… —Se preparó. —El gato tiene chequeo con el gato. —y ambos se cagaron de risa
Bueno, chao Paulo, luego permito que te sigas burlando de nosotros. Nos vemos.
—Chau juli. Chao Gato. —Se despidió y Julián movió la patita de Enzo en el aire como despedida.
—Anda a por ese gato, fiera. Cuando se coman me hago el sorprendido—Dijo Paulo, y Julián rió porque el doctorcito no estaba más mal y sus mejillas rojas eran evidencia.
—Chau Paulo. —Y la pantalla se apagó.
Tomó a Enzo y lo metió en un porta gatos que compró no hace mucho.
Y tomó camino a la veterinaria.
Su vida era un completo cague de risa.
FIN
