Actions

Work Header

Ohger Shooting!

Chapter 3: 🟣➕🔵

Summary:

Un segundo entrenamiento dirigido por Gira se realiza en Shugodom. ¿Qué significara eso para Yanma y Rita después de lo que vivieron?

 

Este capitulo esta inspirado en el Prompt del Día 5 — "Teamwork" (y un poquito de "It's Complicated")

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La siguiente semana había llegado y, con ella, otra reunión de monarcas coordinada para entrenar. Una vez más, todos estaban en el centro del patio de Shugodom. El anfitrión ocupaba el medio, mientras los otros reyes formaban un semicírculo a su alrededor, con el portón del castillo a sus espaldas. Gira, con su acostumbrado buen ánimo, hablaba con cada uno para preguntar cómo estaban, cómo se sentían, si estaban preparados.

— Pues yo me encuentro más que listo para una nueva sesión de entrenamiento — responde Jeramie con su tono teatral característico, ubicado justo en el centro del semicírculo, frente al anfitrión. — Ya habías adelantado que los planes de hoy eran hacer parejas, ¿verdad?

Gira asiente al escuchar al rey Bug Naraku.

— ¡Sí! Y espero que todos hayan venido con ánimos y bien preparados.

El ambiente no parece tener nada fuera de lo normal. Todos los regentes se miran entre sí, intercambiando gestos que expresan acuerdo o entendimiento. Sin embargo, la voz de Kaguragi se hace presente desde el extremo derecho del semicírculo, rompiendo el silencio casual.

— Creo que todos vinimos preparados, señor Gira. — Sus manos permanecen ocultas dentro de las mangas, en una pose tranquila, sin ningún ápice de ofensiva. — Aunque… la verdadera pregunta es ¿vamos a poder terminar el entrenamiento?

Kaguragi sonríe con completa inocencia, pero sus ojos buscan de inmediato el otro lado de la fila, dirigiéndose a Rita. La juez mantiene su postura erguida habitual, sin mostrar reacción real al comentario, aún si es bastante claro a qué suceso específico se hace referencia.

Yanma, quien permanecía sentado en cuclillas en la esquina opuesta de Kaguragi, al lado de Rita, frunce el ceño con cierto fastidio, antes de ponerse de pie y apoyar el peso en su pierna derecha.

— ¿Hay algún problema, tanuki idiota?

Su voz no es abiertamente desafiante. Solo… algo molesta. Sin embargo, esta reacción hace que el rey de Tōfu levante las cejas, curioso.

— ¡Tranquilo! — dice Kaguragi, soltando una pequeña sonrisa. — No tienes porqué ponerte a la defensiva. Solo era una broma. Ya sabes, todavía es curioso lo que ocurrió ese día.

La juez, que no ha dicho nada hasta entonces, gira el rostro lo justo para mirar a Yanma y baja la voz.

— Creí que ese… asunto ya estaba solucionado. — A pesar de que su tono mantiene la seriedad habitual, se puede percibir un ligero matiz de preocupación. O más bien, se puede asumir en base a lo que dice.

El rey de Nkosopa suelta un resoplido por la nariz antes de disminuir ligeramente la voz para responder.

— O sea, sí, pero… no me gusta que te cuestionen como si hubiese sido tu culpa. — Lo suelta con una naturalidad absurda — No es justo que te carguen con esa responsabilidad. Al menos no solo a ti.

Termina su comentario soltando un chasquido de lengua mientras mira a la nada, en una pose de hiperactividad relajada, dónde sus manos descansan en los bolsillo de su pantalón, mientras marca un tempo con su pie izquierdo.

Rita, sin embargo, no puede evitar parpadear un par de veces, genuinamente impresionada por lo que acaba de escuchar.

Yanma no es realmente consciente de la reacción que ha causado hasta que, perturbado por el repentino silencio, gira su rostro a la derecha y nota cómo múltiples caras se giran hacia él con expresiones diversas. Kaguragi muestra una sonrisa suave, reposada y profundamente astuta en sus labios, contemplando los resultados de su comentario. Hymeno se lleva una mano a la boca en un gesto exageradamente elegante, pero natural en ella, sus ojos mostrando genuina sorpresa. Jeramie observa con una expresión de asombro divertido, la del historiador que presencia un evento digno de crónica desarrollándose ante sus ojos. Gira lo observa con la cabeza ladeada, como si contemplara un fenómeno meteorológico extraño pero fascinante.

Y Rita…

Bueno, Rita sigue mirándolo fijamente, en silencio.

De repente, el rostro del rey sabio se enrojece por completo. Se siente muy observado.

— ¿¡S-se puede saber qué mosca les picó, malditos tanukis desgraciados!?

El insulto hace que todos vuelvan a mirar al frente, fingiendo inocencia. Con excepción de Jeramie, que entrecierra los ojos con genuina curiosidad antes de imitar al resto.

Yanma suelta un gruñido frustrado y gira hacia el frente, concentrando su atención en Gira una vez más. El anfitrión, aún ligeramente confuso, sonríe y observa al jefe de Nkosopa con una expresión que no denota susto, sino más bien algo similar a la ternura. Como si el hecho de ver al rey más hiperactivo de Chikyu actuando de esa forma con la juez más fría fuese algo extraño, pero bien recibido.

Cuando siente que todas las miradas se han desviado, el autoproclamado rey tirano da un aplauso.

— Entonces… ¿Quieren hacer esto por sorteo como la vez pasada?

— ¡Ay, por favor!

Los ojos se vuelven a dirigir hacia Yanma apenas lo oyen hablar. Él, con una mano en el bolsillo y la otra extendida, comienza a hablar, apuntando y señalando de manera rápida a los reyes.

— Tengo una idea mejor. Arañita va con Kaguragi, y… Hymeno va con cara pulpo.

El rey se cruza de brazos, ligeramente satisfecho, como si hubiese solucionado un problema mecánico con solo ese gesto.

Todos los reyes se miran entre sí, ligeramente confundidos, sin saber realmente qué decir, hasta que Hymeno decide romper el silencio, con un tono contenido de indignación.

— Yanma… solo son menos de diez minutos metiendo papeles en una bolsa.

— Y yo lo hice en menos de un minuto. Gracias, muchas gracias.

La reina, que siente que está a punto de saltarle un nervio de su perfecta cara, es interrumpida por Jeramie, que apoya una mano en su hombro y sonríe de forma conciliadora.

— Hey, tranquila. Esto será divertido. — Su tono es tranquilizador. — Además, son emparejamientos curiosos. Distintos a lo habitual.

Hymeno suspira con exasperación, pero, tras inhalar para recuperar su porte digno y bello, sonríe al mestizo con elegancia tranquila pero genuina, y asiente. De inmediato sus tacones la llevan para acercarse a Gira, que ya está dispuesto a recibir a su compañera con los brazos abiertos. Jeramie simplemente observa unos segundos con las manos en la cintura, antes de girar sobre sus zapatos y camina hacia Kaguragi. Cuando ambos pares de ojos se encuentran, sus miradas solo se pueden definir como… curiosos.

— Aún no perdemos las viejas costumbres, ¿verdad, Kaguragi?

— No sé de qué habla, señor Jeramie. — responde el aludido, manteniendo su sonrisa inocente — Aunque, yo se que usted sospecha lo mismo que yo ¿verdad?

Pero el rey Bug Naraku acomoda las manos a la altura de su cabeza, se encoge de hombros y finge inocencia con la mirada.

— Yo no sospecho de nada…

Luego sonríe.

— Leer entre líneas es mi especialidad. Yo sé que ocurren cosas.

Y, tras decir esto, sus ojos buscan la figura de su amigo Yanma, que suspira, alegre de haberse salido con la suya.

— Bien… al menos ya salimos del asunto de armar parejas. Si Gira está con Hymeno y Jeramie con Kaguragi, eso significa que yo me quedo cooooon…

El rey comienza a girar sobre su eje, analizando el perímetro, hasta que sus ojos se encuentran con Rita, quien lo mira con los brazos cruzados, sus ojos indescifrables.

… Aunque Yanma juraría que vio cierta intención de homicidio allí.

— Deja de tomar decisiones por tu cuenta, Yanma Gast.

El jefe de Nkosopa, que ya ha detenido su giro, mira a Rita con intensidad por varios segundos, antes de soltar un ruido de desaprobación.

— ¿En serio? ¿Me tocará con la amargada?

— No te quejes. Literalmente decidiste tú los emparejamientos.

Yanma está a punto de responder, pero la realización le llega como un yunque en la cabeza.

— … Mierda.

La mirada que Rita le regala a su ahora compañero antes de pellizcarse el puente de la nariz solo puede traducirse como “Me tienes que estar jodien-”. Sin embargo, aguanta las ganas de soltar cualquier grito, inhala profundamente, exhala y se yergue.

— Bien. No importa. Ya estamos juntos en esto, — A pesar de su tono monótono habitual, hay cierta vibra de resignación. — así que espero que seas un compañero competente con el que trabajar.

El rey, al escucharlo, levanta una ceja con falsa indignación.

— ¿De verdad vas a dudar de mis habilidades? ¿Después de haberte salvado de morir aplas…

Pero una mano enguantada se interpone en su boca. Cuando Yanma baja la mirada, solo ve a una juez que, él lo jura, está a punto de que le salte una vena. Le agarra la muñeca para descubrirse la boca y la mira con el ceño fruncido.

— Bien, ya entendí. — dice finalmente, antes de soltarle la mano con un suspiro exasperado.

Por supuesto, este intercambio no ha pasado desapercibido para los monarcas de Tōfu y del reino Bug Naraku, que observan con genuino interés.

— Dime, señor Jeramie… ¿ha escuchado una frase que dice “Del odio al amor hay un solo paso”? — pregunta Kaguragi con una sonrisa pícara.

— ¿Quién te hace creer que yo no fui quien escribió esa frase en los antiguos pergaminos? — responde Jeramie, desviando la vista hacia su compañero.

El señor de la abundancia abre los ojos con aparente sorpresa.

— ¿Lo hizo?

— Quién sabe. — El mestizo se encoge de hombros con falsa indiferencia.

Gira, que ha estado teniendo una charla más casual y tranquila con Hymeno, inconsciente de las trampas internas en las otras agrupaciones, estira ligeramente el cuerpo y mira a todos.

— ¡Muy bien! Creo que es hora de los enfrentamientos. Y viendo que hay algunos reyes que no toleran la espera, — dice, mirando de reojo a Yanma pero con una sonrisa conciliadora, antes de volver a dirigirse a los demás — haremos esto de forma más rápida.

Dicho esto, levanta el puño derecho con energía.

— ¡Un representante por pareja, por favor!

Yanma y Rita se miran entre sí, pero rápidamente el Rey Sabio toma la delantera y se acerca a Gira. Jeramie le da un asentimiento a Kaguragi antes de dirigirse también hacia los otros dos.

Los tres se miran unos segundos. Luego empuñan la mano derecha y la extienden al centro.

— ¡JANKEN PON!

Yanma y Jeramie sacan piedra. Gira, tijera.

El anfitrión suelta un suspiro de derrota, pero su sonrisa no se desvanece. El rey mestizo sonríe, mirando con diversión hacia su amigo peleonero, mientras que él, al darse cuenta de que él y Jeramie ganaron, no puede contener la emoción..

— Bueno… puede que me divierta con esta pelea. — murmura el jefe de Nkosopa con una sonrisa que muestra los dientes, antes de retirarse hacia dónde está Rita.

Gira, relajando su mano, mira a Jeramie con una energía positiva y tranquila.

— ¡Bien! La primera pelea será entre ustedes cuatro. — Señala sutilmente a Kaguragi y Rita a la distancia, antes de hacerle señas a Hymeno para que lo acompañe y despejar el patio. La reina obedece y le hace un gesto de ánimos a Rita mientras camina hacia el portón, donde Dūga permanece, mirando en silencio el caos que probablemente está por desencadenarse.

Jeramie y Kaguragi se dirigen a un extremo del patio y se colocan uno al lado del otro. Yanma y Rita hacen lo mismo en la dirección contraria, marcando una distancia considerable entre ambos grupos.

Se hace un silencio profundo. Solo hay miradas chocando entre sí. Algunos permanecen serenos, otros muestran un poco más de anticipación.

Es Kaguragi quien decide romper la tensión.

— ¿Están seguros de que podrán vencernos? No creo haberlos visto nunca trabajar juntos con buenos resultados.

Su tono de burla inocente busca provocar, y parece funcionar. Yanma ya está perdiendo la paciencia apenas ha terminado la frase, haciendo muecas de enfado. Sin embargo, Jeramie no puede evitar interrumpir.

— Kaguragi, lamento ser yo quien te corrija, pero… estoy bastante seguro de que…

— Lo sé, Jeramie. — le susurra Kaguragi, sin perder la sonrisa. — Lo sé. Tú solo confía.

Y dicho esto, levanta su Ohger Calibur.

El mestizo le lanza una mirada de reojo, ligeramente intrigado, pero no dice más, limitandose a levantar su Kumono Slayer.

Rita y Yanma observan la escena y se miran de reojo.

— ¿A cuál de los dos idiotas quieres? — pregunta el rey de Nkosopa con una sonrisa ladeada.

La juez frunce el ceño, pero no responde de inmediato.

— Kaguragi. — dice finalmente, apoyando la punta de su espada en el suelo. — Porque sé que tú quieres quedarte con Jeramie.

— Veo que me conoces más de lo esperado. — suelta Yanma sonriendo levemente.

— Pero, — interrumpe Rita sin más, manteniendo su vista al frente. — estoy bastante segura que ahora quieres desquitar tu energía contra Kaguragi.

Sus pupilas se desvían en dirección al rey a su lado.

— ¿Me equivoco?

Yanma, al escucharla, no puede evitar soltar una carcajada enérgica antes de acomodar su Ohger Calibur sobre el hombro.

— Mierda. Las investigaciones de Gokkan nunca decepcionan, ¿Eh?

Cuatro pares de ojos se vuelven a encontrar. Dūga se acerca rápidamente al centro, listo para ser (o intentar ser) el árbitro.

— Enfrentamiento en parejas. Pueden usar sus armas principales. El combate termina cuando uno de los dos equipos quede completamente inhabilitado.

Algunos ojos se entrecierran. Otros muestran una sonrisa expectante. El asistente del rey de Shugodom alza la voz.

— Ahora… ¡Preparen sus armas!

Pero no hay necesidad. Todos están más que listos.

Y entonces:

"¡ŌHGAI BUSŌ!"

Los cuerpos de los cuatro reyes son envueltos por la luz. Las armaduras se materializan sobre ellos, listas para la batalla.

Dūga se queda quieto cinco segundos. Luego levanta la mano.

— ¡Comiencen!

Y, repitiendo lo que hizo la semana pasada, escapa del centro para volver hacia el portón, donde Gira y Hymeno observan el encuentro con interés.

El silencio se instala en el patio como una manta espesa. Cuatro figuras transformadas permanecen inmóviles en sus posiciones, la tensión acumulándose en el aire como electricidad estática. Del grupo de Yanma y Rita, el más inquieto es evidentemente el rey de Nkosopa. A pesar de su postura de combate, sus dedos tamborilean sobre el mango de su espada, sus pies realizan micromovimientos imperceptibles, cambiando el peso de un lado a otro con la impaciencia de un motor a punto de explotar.

Y entonces, para sorpresa de todos, quien rompe la inmovilidad no es él.

Rita avanza.

Avanza con paso firme y decidido, su Ohger Calibur empuñada con la seguridad de quien sabe exactamente lo que hace. Yanma parpadea tras su casco, genuinamente desconcertado. No es propio de Rita tomar la iniciativa así, sin un plan calculado, sin una estrategia previa. Sin embargo, cuando ve a Jeramie y Kaguragi intercambiar una mirada rápida y asentir, su cuerpo entra en alerta inmediata, reaccionando antes que su mente. Sus piernas se impulsan con la velocidad característica de Tombo Ohger, cerrando la distancia en una fracción de segundo.

Y entonces, un sonido metálico hace eco por todo el patio.

La Ohger Calibur de Yanma ha interceptado el ataque de Kaguragi justo antes de que alcanzara a Rita. La hoja del señor de Tōfu, impulsada por toda su fuerza, choca contra la defensa del rey sabio con una violencia que hace temblar sus brazos, más delgados, pero definidos. Al mismo tiempo, el cuerpo de Rita está ligeramente agachado, su espada extendida en un ángulo imposible entre Yanma y Kaguragi, bloqueando la Kumono Slayer de Jeramie, que había sido lanzada hacia su compañero de equipo.

Por un instante, cuatro pares de ojos se encuentran sobre el cruce de acero.

Jeramie y Kaguragi giran la cabeza para mirarse, ligeramente desconcertados. Ninguno esperaba esa respuesta coordinada, especialmente porque desafiaba lo que ellos habían predicho como sus posibles contrincantes directos. Antes de que puedan reaccionar, Rita y Yanma se yerguen al unísono y empujan con fuerza para separar a sus oponentes.

— ¡Interesante! — exclama Jeramie, recuperando el equilibrio con una sonrisa bajo su casco — ¡Muy interesante!

Pero no hubo tiempo para más palabras. Yanma ya se estaba lanzando contra Kaguragi, mientras Rita avanza hacia Jeramie con pasos calculados.

El rey de la abundancia, al verse frente al rey sabio, decide aprovechar su fuerza bruta contra Yanma, confiando en que su superioridad física inclinará la balanza. Sobre todo porque es sabido que, en comparación con Rita, Yanma no posee la misma firmeza ni la misma resistencia al impacto. Pero el rey de Nkosopa es ágil, rápido, imposible de atrapar. Sus ataques no son menos poderosos, pero su verdadera arma es el movimiento constante, el cambio perpetuo de ángulo, las acrobacias tan vistosas como efectivas.

— Debo decir, señor Yanma, que me sorprende su interés en luchar contra mí. — Kaguragi habla entre el choque de espadas, su tono fingiendo inocencia — Normalmente buscaría a Jeramie para este tipo de enfrentamientos. ¿Ha perdido el interés en su amigo?

— Digamos que… — Yanma esquiva un golpe y responde con un tajo rápido — me gusta experimentar.

Pero hay algo más. Normalmente, Yanma evitaría quedarse quieto más de lo necesario, pues conoce bien dónde reside su verdadera fortaleza. Hoy, sin embargo, se mantiene firme. Aguanta cada golpe, desvía cada embestida y se atreve a permanecer en su sitio para golpear y devolver.

No se limita a esquivar y contraatacar.

Yanma está resistiendo.

Al otro lado del patio, Rita y Jeramie están inmersos en su propio duelo. Los movimientos teatrales del mestizo chocan contra la precisión milimétrica de la juez. Su espada corta baila en el aire, pero Rita está… diferente.

— Me tienes impresionado. — Jeramie sonríe bajo su casco, lanzando un golpe que Rita desvía con un giro limpio — Siento que reaccionas más rápido a mis ataques. ¿Has estado entrenando, juez?

— Tal vez. — La respuesta es escueta, pero su Ohger Calibur habla por ella.

Sin embargo, no está peleando como la juez estática e inamovible, la inquebrantable, la que solo se desplaza lo indispensable. Hoy hay algo distinto en su lenguaje corporal. Hoy se atreve a dar pasos adelante, a iniciar ataques, a perseguir a su oponente en lugar de esperarlo.

No es solo resistir.

Rita se está moviendo.

Ambos están experimentando fuera de su zona de confort. 

Y ambos saben el por qué.

Kaguragi, al ver que su fuerza no basta para vencer a su rival, cambia de táctica. Saca su escudo, alcanza a cubrir una patada frontal y, tras retroceder unos pasos, lo transforma en garras que acomoda en su mano izquierda. Con un rugido, arremete contra Yanma, mientras sus zarpas cortan el aire con violencia. Cada impacto entre la Kings Weapon y la Ohger Calibur que el rey sabio sostiene con ambas manos resuena con fuerza. Aun así, Yanma resiste. Sus brazos tiemblan por el esfuerzo, pero no cede más terreno del necesario. Sus pies se arrastran levemente por el impacto, intentando mantenerse firmes, desafiando la lógica de su estilo habitual.

Paralelamente, Jeramie, viendo que su oponente se le está escapando de las manos, desenfunda su Venomix Shooter. Rápidamente lanza ráfagas de telaraña hacia Rita, que se mueve entre ellas con una agilidad que solo recuerda haber visto aquella vez en Gokkan, cuando Goma Rosalia se había adueñado del reino temporalmente y Rita se enfrasco en su investigación encubierta. El mestizo podría jurar que nunca había visto a la juez esquivar (y mucho menos agacharse) de esa manera para eludir ataques. Bajo el casco se escuchan los jadeos del sobreesfuerzo de Rita, pero su espíritu permanece inquebrantable.

Yanma, viendo la necesidad de cambiar de táctica, aprovecha un contraataque para tomar distancia. Rápidamente toma su escudo, lo transforma en pistola y, sin perder tiempo, comienza a lanzar disparos de energía hacia Kaguragi, que ahora tiene que esquivar. Rita, notando la acción de su compañero de reojo, decide imitarlo. Transforma su propio escudo en su arco. Tras un espadazo que empuja a Jeramie varios metros, rápidamente comienza a cargar y disparar flechas que vuelan directo a su contrincante.

La batalla se está convirtiendo en un caos controlado de proyectiles y evasión, de avances y retrocesos. Entre tanto movimiento, los oponentes terminan cruzándose. Por un instante, Yanma se encuentra de repente frente a Jeramie, esquivando telarañas y respondiendo con disparos. Rita, a su vez, tiene que enfrentar la fuerza bruta de Kaguragi, sus garras chocando contra su espada en una lucha de poder desigual, pero donde ella la sostiene con una determinación férrea.

— ¡Cambio de planes! — grita Jeramie con una risa, lanzando una red de telaraña que Yanma esquiva por milímetros.

— ¡Avisa con tiempo, tanuki idiota! — responde Yanma, disparando una ráfaga que obliga a Jeramie a cubrirse.

Kaguragi, mientras tanto, intenta abrumar a Rita con su fuerza. Pero ella resiste, retrocediendo lo justo y desviando lo necesario. Aguanta cada embestida con una tenacidad que roza lo inquebrantable. Sus brazos tiemblan, pero no cede.

La acción continúa durante varios minutos sin pausa. Sin embargo, el esfuerzo comienza a notarse. Los jadeos de Yanma y Rita se hacen más audibles a través de los cascos, y sus movimientos se vuelven ligeramente más torpes. Es como si el haber cambiado temporalmente su estilo de lucha habitual los hubiese agotado más rápido. Kaguragi y Jeramie, aunque también cansados, mantienen la compostura y la resistencia de mejor manera.

Solo cuando los cuatro monarcas coinciden (de manera accidental) en retroceder, ambos grupos pueden descansar unos segundos. Sin embargo, los reyes de Tōfu y del reino Bug Naraku parecen estar recobrando el aire primero.

Las miradas de Yanma y Rita se cruzan a través de los cascos, acompañadas de jadeos. Casi como si, mutuamente, estuviesen esperando a que el otro diese alguna instrucción, algún plan que los ayudara a recuperar la ventaja.

Pero entonces escuchan cómo Jeramie y Kaguragi ya se están recuperando y preparando para atacar. Ambos cortan el contacto visual rápidamente para dirigir la mirada al frente.

En ese momento, Rita fija la vista en el Venomix Shooter de Jeramie, para luego viajar en dirección a Kaguragi.

Finalmente, regresa su mirada a Yanma, que vuelve a girarse hacia ella al darse cuenta.

Y entonces, de manera casi imperceptible, hace un gesto con la cabeza.

El rey sabio tarda medio segundo en entender, y cero segundos en asentir con un movimiento seco y definitivo.

Ella asiente de vuelta.

Ambos están cansados. Ambos están llegando a su límite.

Pero ambos saben que aún no han terminado.

Y entonces se mueven.

Yanma se lanza contra Jeramie, recuperando su energía burlesca en cada movimiento. Sus disparos se vuelven más insistentes y agresivos, obligando al mestizo a retroceder y esquivar, aprovechando la amplitud del patio. Jeramie responde con su Venomix Shooter, disparando telarañas que Yanma esquiva con relativa facilidad, manteniéndose siempre en movimiento, desafiando abiertamente a su oponente. Jeramie, siendo quien es, no se deja provocar realmente, y mucho menos enfurecerse o molestarse. Sin embargo, no deja de seguir a su contrincante con la mirada y con los pasos, intentando acortar la distancia para poder atraparlo entre sus redes, literalmente.

No se da cuenta de que, accidentalmente, se está acercando cada vez más a donde la segunda lucha simultánea ocurre.

La juez está viviendo nuevamente su desventaja física contra Kaguragi. Él la empuja con su fuerza bruta, usando sus garras para golpear una y otra vez contra su espada. Rita retrocede lo justo y necesario, sabiendo cuándo moverse y cuándo plantar los pies para evitar ser derribada, mientras aprovecha cualquier desliz para asestar un golpe y tomar ventaja, antes de volver a recibir el contraataque. Rita está haciéndole honor a su título de inmutable.

Tras correr y disparar para evitar las telarañas que van hacia él, Yanma se detiene unos segundos, jadeando, algo cansado por la carrera. En ese momento, Jeramie ve su oportunidad. Sin dudar, dispara una ráfaga directa, asegurándose de que quede atrapado y a su merced. El rey sabio, agotado, simplemente se queda en el lugar, inconsciente de lo que se viene…

O no.

Porque cuando la telaraña está a centímetros de él, Yanma gira el rostro para mirar hacia atrás, antes de esquivar rodando hacia su izquierda. Las telarañas pasan de largo.

En ese mismo instante, Kaguragi tiene la espada levantada en su diestra y las garras en su zurda, listo para dar un ataque potente que derribe a Rita de una vez por todas. Sin embargo, sus armas, junto a su cuerpo, son envueltos por el telar blanco y pegajoso, quedando desestabilizado y cayendo al suelo. La juez aprovecha para alejarse de la escena intacta.

Jeramie se queda paralizado un instante, procesando lo que acaba de ocurrir. Su disparo… ¿había atrapado a su propio compañero?

Solo eso bastó.

Yanma aparece a su lado a gran velocidad y le asesta una patada doble innecesariamente acrobática, impulsada con toda la fuerza de su cuerpo. Sus pies impactan contra los brazos de Jeramie, arrancándole tanto la Kumono Slayer como la Venomix Shooter de las manos, haciendo que ambas salgan volando por el aire en direcciones opuestas. El mestizo intenta recuperar aunque sea una de sus armas, pero es interrumpido por una embestida que le llega directo desde el frente. Rita usa todo su cuerpo para dar una carga con el hombro y el codo, empujándolo y derribandolo, obligándolo a caer y tropezar justo al lado de Kaguragi, quien aún se mueve como un fideo para escapar de las telarañas.

Sin dudar un segundo, Yanma y Rita se posicionan uno al lado del otro. Agotados, pero más seguros que nunca, levantan sus Kings Weapons y apuntan directamente a sus oponentes caídos con orgullo y seguridad.

— Recuerda que es un entrenamiento. — Suena la voz de Rita bajo su casco, ligeramente susurrada, pero lo suficientemente alta para ser oída por Yanma, que suelta una risa divertida pero exhausta.

— Le quitas lo divertido a la vida, juez.

Dicho esto, ambos cargan sus armas al máximo. La energía azul y morada brilla con intensidad cegadora.

 

“ŌHGER SHOOTING!”

 

El disparo combinado surca el aire como un cometa bicolor que gira en espiral constante con gran potencia, hasta llegar a su objetivo. La explosión levanta una nube de polvo y hasta algunos escombros. Dūga, Hymeno y Gira miran impactados mientras todo ocurre, seguramente pensando que acaban de presenciar una batalla más seria de lo que debía haber sido.

Sin embargo, cuando el humo se disipa, la figura de los dos reyes destransformados y derrotados se revela, con Kaguragi aún parcialmente envuelto en telarañas, mientras que Jeramie frotaba la cabeza. Ambos estaban aturdidos pero sin heridas. A su lado, un agujero de impacto en el suelo que alguien tendrá que reparar después.

Solo entonces Yanma y Rita bajan sus armas. Sus cuerpos son envueltos en una luz que disuelve sus armaduras hasta que desaparecen, revelando a ambos monarcas jadeando por el esfuerzo. Yanma luce una sonrisa orgullosa en los labios. Rita, manteniéndose seria, poseé brillo diferente en los ojos.

Inmediatamente, él levanta un puño diestro. Ella, sin mirarlo, levanta su puño izquierdo y lo choca de manera lateral.

Cuando ambos dejan caer los brazos, sus ojos buscan la figura del asistente de Shugodom. Yanma mantiene su sonrisa que muestra colmillos burlones.

— Eso me parece que significa que nosotros ganamos, ¿verdad, Dūga? — Su voz es un alarde apenas disimulado, aunque el cansancio la hace temblar ligeramente.

En el portón, Gira, Hymeno y Dūga se miran entre sí con genuina sorpresa. Gira tiene los ojos muy abiertos, una sonrisa formándose en sus labios. Hymeno se ha llevado ambas manos a la boca, intentando disimular su asombro sin mucho éxito. Dūga también está anonadado, aunque, por cómo mira el agujero en el suelo, parece que su preocupación va por otro lado.

Sin embargo, este ultimo rápidamente recupera la compostura y camina hacia el centro del patio. Jeramie ayuda a Kaguragi a quitarse los hilos de telaraña pegados, mientras ambos tampoco son capaces de salir de su asombro, aunque con cierto deje de admiración y diversión.

Cuando Dūga finalmente llega al centro, levanta la mano en alto.

— El equipo conformado por Yanma Gast y Rita Kaniska es el ganador de este enfrentamiento. Ahora, tomaremos un descanso de unos minutos antes de iniciar el segundo combate.

Y dicho esto, el asistente del anfitrión comienza a murmurar para sí mismo sobre la financiación de la reparación y el mantenimiento del castillo, y de por qué rayos había pensado que apoyar a su rey en estos entrenamientos era buena idea.

Yanma, mientras tanto, suelta un resoplido de satisfacción, pasandose una mano por el cabello sudoroso.

— Bien… eso estuvo…

Intenta terminar la frase, pero no puede. No por disgusto, sino porque genuinamente no sabe cómo nombrar lo que ha ocurrido. Rita, a su lado, también respira con dificultad, pero sus ojos… sus ojos lo miran de una manera que él no sabe interpretar. ¿Está orgullosa de lo bien que ha salido todo? ¿Está igual de desconcertada que él?

Pero la mente de la juez está pensando en cosas más profundas, cosas que ella jamás creyó que llegaría siquiera a articular en su mente. Aunque, claro, su habitual rostro serio siempre se mantiene indescifrable para todo aquel ajeno a ella.

Mientras ambos sostienen este pequeño choque de miradas que ninguno parece despreciar, Jeramie se acerca con bastante ánimo a pesar de la repentina paliza que ha sufrido, todavía sacudiéndose el polvo de la ropa. Su sonrisa es amplia y genuina.

— Eso fue… — busca la palabra adecuada — impresionante. De verdad. Esa coordinación en el momento final… — Sus ojos brillan con picardía — ¿Cómo lo hicieron?

Yanma abre la boca para responder, pero una vez más no encuentra las palabras para definir aquello. ¿Cómo lo habían hecho realmente? No lo sabe. Simplemente… lo hicieron. Y eso es lo genial de todo.

Rita, por el contrario, responde.

— Practicamos.

Su respuesta es fría y seca, como el hielo que habita en su reino. No es realmente una mentira, aunque tampoco una verdad completa. Es simplemente todo lo que ella está dispuesta a admitir.

Kaguragi se une al grupo, frotándose un hombro. Su sonrisa es más contenida, más astuta, pero también hay respeto en ella.

— Señores. — Inclina levemente la cabeza mientras guarda las manos entre sus mangas — Me declaro impresionado. No esperaba que su trabajo en equipo fuera tan… efectivo.

Yanma entrecierra los ojos al verlo llegar, pero tras escucharlo y ver su expresión, donde solo hay admiración genuina en su mirada, se ríe y le golpea el brazo con camaradería. Él sabe cómo es el señor de Tōfu, y a pesar de todo lo tramposo y cizañero que puede ser a veces, sigue siendo su compañero de equipo del Ohsama Sentai. Y uno muy divertido, además.

Los demás reyes no tardan en llegar. Gira corre con energía con Hymeno siguiéndolo con un andar elegante pero rapido.

— ¡Eso fue increíble! — El rey de Shugodom salta casi de emoción — ¡Nunca los había visto pelear así! ¡Fue como si supieran exactamente lo que el otro iba a hacer!

Hymeno asiente, sus ojos recorriendo a la pareja con una mezcla de curiosidad y algo que podría ser aprobación.

— ¡Rita! No tienes ni idea de lo impresionada que estoy. — La mano derecha de la reina cae sobre su pecho en un gesto elegante — Tienes que contarme en nuestra reunión de té cómo lo hiciste para mejorar tanto tus dotes de combate.

Luego los ojos de la gobernante de Ishabāna se posan en Yanma, observándolo como si estuviese conteniendo las ganas de halagarlo.

— Y Yanma… — Se queda en silencio unos segundos, como si estuviera ofendida por tener que decir algo positivo. Sin embargo, rápidamente sonríe con cariño y admiración genuina — Tu coordinación con Rita fue algo digno de ver. También noté cómo has mejorado comparado con la semana pasada.

El aludido, sintiendo las alabanzas, no puede evitar regocijarse en su ego, aunque finge desinterés.

— Bueno, uno tiene sus días. Ya sabes cómo es cuando uno está en la cima de todo.

— Así es, como también tienes tus días en los que decides pelear contra Kaguragi en lugar de contra mí. — murmura Jeramie con una sonrisa de falsa inocencia que de inocente no tiene nada — Días en los que defiendes a Rita públicamente por un comentario que ni iba dirigido a ti. Días en los que…

— ¡Ya, ya, ya! — Yanma levanta las manos de repente, su rostro enrojeciendo, mientras empuja al mestizo para alejarlo — ¿No había un descanso de unos minutos? ¡Pues a descansar!

Jeramie no puede evitar reírse antes de escapar del agarre ajeno, dejando que un Yanma ligeramente alterado y avergonzado siga su camino hasta el muro exterior del casillo.

Cuando llega, simplemente suelta un suspiro que mezcla agotamiento y un poquito de humillación. Su espalda se desliza por los ladrillos de piedra hasta que queda sentado, con una pierna flexionada sobre la que apoya un brazo, mientras la otra queda extendida.

Para su sorpresa, mientras mira el suelo, una sombra lo cubre de manera inesperada. Al levantar la cabeza, la ve.

Rita.

Ella no dice nada. Solo se sienta a su lado, en el suelo, sin importarle el polvo que ensucia su ropa.

Yanma, algo extrañado, la mira de reojo.

— ¿Qué?

Ella le devuelve la mirada unos segundos, antes de volver a mirar al frente. No dice nada más.

Yanma no puede evitar soltar una sonrisa ladeada. Mueve levemente el cuerpo para empujarla por el hombro, antes de erguirse.

— Te dije que era buena idea entrenar un par de veces más, ¿eh?

Ella no responde ni se mueve...

No de inmediato. Porque, tras fingir indiferencia durante exactamente diez segundos, cuando Yanma ya se ha rendido de recibir alguna respuesta y había mirado al frente de nuevo, Rita devuelve el empujón con más fuerza. Mantiene su rostro increíblemente serio para lo absurdamente cómico que resultó ver a Yanma caer hacia el lado contrario.

— ¡Oye, bruja! — Grita ofendido, aunque con una carcajada intentando salir.

Tal vez. SOLO TAL VEZ, Rita también se ha reído de eso.

Mientras, en el centro del patio, Jeramie y Kaguragi intercambian una mirada cargada de significado.

— Señor Jeramie. — susurra Kaguragi — ¿Usted era consciente de ese nivel de sincronización?

— Ellos solían coordinar ataques conjuntos en épocas más duras, Kaguragi. — responde Jeramie — Sin embargo, una cosa es simplemente coordinar unos disparos, y otra es… bueno, eso. — Señala al par de reyes que ahora se dan empujones en el hombro mientras se insultan, aunque parecen más divertidos que enojados entre sí.

— Y supongo que usted ya está pensando en registrar esto para la historia, ¿no? — La sonrisa del rey de Tōfu es curiosa, pero no maliciosa.

— Créeme, — declara el mestizo — lo único que falta por escribir es… cuándo los protagonistas de esta historia serán conscientes de que su historia es más que solo una de acción y rivalidad.

Gira, ajeno a los susurros, salta emocionado contándole a Dūga cada detalle de la pelea, como si él no hubiera visto (y calculado) todos los daños que esta ha generado. Hymeno observa a la pareja sentada y discutiendo con una pequeña sonrisa en los labios, sintiendo una alegría genuina al ver a su amiga conectar con alguien tan improbable como Yanma.

El sol de Shugodom brilla sobre el patio.

Y en algún lugar, entre insultos que no suenan como tales, el rey sabio y la rey inmutable comienzan a comprender un poco más.

Notes:

¡BIEN! Tarde, pero terminé este fic.

Solo a mi se me ocurre escribir un fanfic con una historia lineal donde cada capitulo es un prompt distinto. No se ni como lo hice.

Con este hecho, quedo debiendo el día 6, pero ese One-Shot ya lo haré otro dia más relajada. Intentar escribir este apurada tras un par de semanas de haber terminado el evento me dejo un poquito estresada xD

Pero bueh, como siempre digo por acá, los kudo, bookmark y, sobre todo, comentarios, siempre son recibidos <3

Notes:

Bien, quiero intentar algo nuevo.

Este fanfic en especifico será de tres capítulos, cada uno representando un día distinto del TokuShipping Week, aunque admito que el fic completo en si bebe mucho del prompt "Destined Bond"

Espero no atrasarme mucho con este fic en especifico.

Y, como siempre, cualquier kudo, bookmark y, sobre todo, comentarios, siempre son muy bien recibidos <3

Series this work belongs to: