Chapter Text
El calor invadía su cuerpo, era tan arrasador como un incendio, tan sofocante ya la vez tan exquisito, su corazón latía fuerte en su pecho, como cuando está a punto de enfrentar una bestia temible, tan excitante y llena de adrenalina.
Manos delgadas tocaban su cuerpo, no eran suaves, eran ligeramente rasposas, con pequeños callos en los dedos, por las posibles horas de entrenamiento agotador con el Guqin.
Un gemido tembloroso escapó de esos labios tan rojos como una granada, por alguna razón lucían más tentadores ahora que estaban manchados con su saliva después de haberse besado, brillantes e hinchados, dándoles la apariencia del más exquisito manjar.
Su cuerpo no podía dejar de querer presionar ese delgado cuerpo bajo él, sus manos sujetaban esas caderas delgadas para ponerlas en aquel ángulo en el cual lo había visto gemir de placer.
¿Cómo había llegado a esto? no sabía y no le importaba, solo podía pensar en ese calor que lo envolvía y le hacía perder el juicio, en este momento sentí que no podía detenerse ya decir verdad no quería, su juicio era casi nulo, solo podía percibir lo que ese cuerpo bajo él le producía.
Las uñas se clavaron en su espalda, dándole una electrizante sensación desde la columna vertebral hasta su vientre bajo.
Sus caderas se movieron más rápidas, más desesperadas, más urgentes.
Estaba cerca del final, la persona que estaba debajo de él tomó su rostro y besó sus labios con urgencia, con hambre voraz.
—Shidi... —un suspiro anhelante y sin aliento salió de esos labios exquisitos.
¿Cómo? no era posible, ¿Por qué estaba en esta situación de nuevo con Shen Qingqiu?
—Shidi... me gustas... A este shixiong le gustas.
Llegó al clímax después de eso, lo último que vio antes de cerrar los ojos, fue la mirada en éxtasis de Shen Qingqiu.
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Liu Qingge se despertó agitado y sudoroso, se incorporo de golpe en su cama como si un demonio lo hubiera atacado, la respiración entrecortada y el corazón amenazando con salirse del pecho.
—¿Qué... qué fue eso? —murmuró hacia la oscuridad de su habitación.
La luna entraba tenuemente por la ventana de su morada en Bai Zhan, bañando todo con una luz plateada que debería ser serena, pero que en este instante solo lo atormentaba, su cuerpo estaba cubierto de sudor, las sábanas enredadas alrededor de sus piernas como cadenas.
Pero lo peor, lo realmente terrible, fue la sensación pegajosa que notó al moverse
Liu Qingge miró hacia abajo, luego miró al techo como buscando una respuesta para una pregunta no dicha, posteriormente volvió a mirar hacia abajo
Su rostro, normalmente estoico y marcial, pasó del blanco al rojo escarlata en cuestión de segundos.
—¡Esto... esto no...
Se levantó de un salto, tan violentamente que casi tropieza con sus propias ropas de cama, en treinta y tantos años de cultivación, en incontables batallas contra demonios y bestias, en situaciones de peligro extremo, jamás... jamás había perdido el control de esa manera
Y mucho menos por eso…
—Maldición —susurró mientras se cambiaba apresuradamente, casi rasgando la tela en su desesperación por quitarse la evidencia de su... sueño... su sueño primaveral.
Con su shixiong
Con Shen Qingqiu
Con el hombre más irritable, más sarcástico, más distante y frío de toda la secta.
El hombre al que en la cueva, el había...
Liu Qingge se detuvo a medio vestir, la camisa a medio abrochar, revelando su pecho tonificado cubierto de un ligero brillo de sudor por el sueño anterior, una imagen cruzó por su mente, sus manos, las mismas manos que ahora temblaban ligeramente, agarrando esas caderas delgadas, la sensación de esa piel bajo sus dedos..
—¡No! —se abofeteó tan fuerte, que resonó por toda la habitación vacía
<<¿Qué te pasa, Liu Qingge? ¡Concéntrate!>>
Terminó de vestirse con movimientos bruscos, agarró a Cheng Luan y salió de su morada como si los demonios del abismo lo persiguieran, necesitaba entrenar, necesitaba golpear algo, necesitaba que su cuerpo entendiera que eso no estaba bien.
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El campo de entrenamiento de Bai Zhan amaneció esa mañana con un espectáculo un poco inusual, en su pico principal, el dios de la guerra, el imbatible Liu Qingge, destrozando rocas de entrenamiento con una furia que ni los discípulos más veteranos habían visto antes.
—¿Qué le pasa a shizun? —preguntó un discípulo novato, observando desde una distancia prudente mientras una roca del tamaño de un hombre explotaba en mil pedazos.
—No sé, pero llevo una hora viéndolo y ya destruyó la cuarta formación de rocas —respondió otro, con los ojos muy abiertos— Vamos a tener que pedir más al pico de materiales a este paso.
—¿Será que perdió en algo?
—¿Perder? ¿Nuestro shizun ? Imposible. Tal vez... ¿Solo tuvo una pesadilla?
Tras esta declaración los discípulos solo comenzaron a reír, su shizun, el dios de la guerra de Bai Zhan no era capas a sus ojos ni siquiera de tener pesadillas.
Liu Qingge, que podía escucharlos perfectamente a pesar de la distancia, agarró a Cheng Luan con tanta fuerza que los nudillos se le blanquearon.
<<Pesadilla, sí, fue una pesadilla, definitivamente una pesadilla>>
Pero su mente traidora le recordó los labios de Shen Qingqiu diciendo "me gustas" y sintió que el calor le subía a las orejas.
—¡Concéntrate! —se gritó a sí mismo y la siguiente roca sufrió las consecuencias.
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Mientras tanto, en el apacible pico Qing Jing, la atmósfera no podía ser más diferente.
Los primeros rayos del sol acariciaban los bambúes y las hojas susurraban con la brisa matutina, los discípulos de Shen Qingqiu se movían con la eficiencia silenciosa de quienes conocían bien las rutinas de su maestro.
Ming Fan, el discípulo mayor, supervisaba el barrido del camino principal con expresión concentrada, aunque Shen Qingqiu solía ser exigente y distante, todos en Qing Jing sabían que, bajo esa fachada fría, su maestro se preocupaba por ellos, tal vez no lo demostraba con palabras, pero ¿acaso no era prueba suficiente que corrigiera personalmente sus técnicas de caligrafía hasta altas horas de la noche? ¿O que hubiera amenazado sutilmente a unos matones de un pueblo cercano que habían intentado aprovecharse de Ning Yingying durante una misión?
—¡Ming Fan-shixiong! —Ning Yingying llegó saltando por el sendero, su energía matutina intacta—¿Es cierto que shizun ya regresó?, escuché que estuvo en Qian Cao anoche.
Ming Fan asintió.
—Sí, pero Mu-shishu dijo que necesita descansar, no debemos molestarlo.
—¡Ay! —Ning Yingying juntó las manos con preocupación— shizun, ¿Está muy herido? ¿Deberíamos prepararle un desayuno especial? ¡Yo puedo hacer esos pastelitos de flor de cerezo que le gustan!
—si le gustan —intervino un discípulo más joven con tono dubitativo— pero solo los que hacía Luo Binghe, la última vez que se los hizo Ning Yingying- shijie, eran demasiado empalagosos.
Aun recordaban como su shizun se enfermó después de comerlos, no solo el sino la mayoría de quienes los probaron.
—¡Pero se los comieron todos! —Ning Yingying no se dejaba desanimar fácilmente— eso significa que le gustan, los hombres nunca dicen lo que realmente quieren, ¿verdad, Ming Fan-shixiong?
Ming Fan abrió la boca para responder, pero no estaba seguro de cómo hacerlo sin meterse en un terreno pantanoso.
—Yo... supongo que... —carraspeó— tal vez podrías dejarle el té, el de siempre.
—¡Buena idea! —Ning Yingying ya se alejaba brincando hacia la cocina— ¡y también le pondré las flores que recogí ayer! ¡así el pabellón estará más bonito!
Ming Fan suspiró, al menos eso mantendría a Ning Yingying ocupada y fuera del camino de shizun , así el descansaría un poco más.
—Tú —señaló a un discípulo—ve a la biblioteca y asegúrate de que esté ordenada, shizun odia el desorden cuando tiene trabajo atrasado.
—Sí, shixiong.
—Y tú —señaló a otro— revisa las formaciones de protección alrededor del pico, asegúrate de que todo esté en orden.
—¡Sí, shixiong!
Ming Fan asintió, satisfecho y agotado en partes iguales, no recordaba que ser discipulado principal fuera algo tan agotador, al menos no lo era cuando el era discípulo principal, pero con la intervención de Luo Binghe y el perfeccionismo que este tenía, las expectativas para discípulo principal ahora eran muy altas, nunca lo admitiría, pero una pequeña parte de él admiraba a Luo Binghe.
Estirándose un poco, palmeó su cara y volvió a sus labores, algo había aprendido de Shen Qingqiu, era que la preparación y el orden evitaban muchos problemas, su shizun podía no ser efusivo, pero era un excelente instructor en eso.
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Dentro de la casa de bambú, Shen Qingqiu yacía en su cama, mirando el techo con expresión exhausta.
Las horas en Qian Cao le habían permitido recuperar algo de energía, pero el veneno Sin Cura seguía siendo una presencia molesta en sus meridianos, un recordatorio constante de su debilidad actual, Mu Qingfang había sido claro, necesitaba reposo, y eventualmente, ayuda de alguien con cultivación pura para limpiar los bloqueos.
Ayuda de Liu Qingge.
<<Genial, simplemente genial.>>
Se giró en la cama, ignorando las punzadas de dolor, y enterró la cara en la almohada.
—¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? —murmuró contra la almohada.
Porque claro, no era suficiente haber pasado por esa humillación en la cueva, no era suficiente haber tenido que admitir delante de Yue Qingyuan y Mu Qingfang lo que ocurrió, ahora encima tenía que depender de Liu Qingge para algo tan básico como mantener sus meridianos funcionales.
La ironía no se le escapaba, el veneno que lo estaba matando lentamente era la misma razón por la que no había podido eliminar el afrodisíaco demoníaco, porque si no hubiera bloqueado sus meridianos, habría podido purgar el veneno él mismo y nunca habría... nunca habría...
<<No pienses en eso.>>
Pero su mente, traidora, le recordaba fragmentos, las manos de Liu Qingge en su cintura, el peso de su cuerpo, el sonido de su respiración agitada y también el dolor, sí, pero también ese extraño alivio, esa sensación de que el fuego interno finalmente se apagaba.
—Esto es ridículo —se dijo en voz alta—Soy Shen Qingqiu, no permitiré que un incidente menor afecte mi juicio.
Se incorporó lentamente, ignorando las protestas de su cuerpo, no podía quedarse en cama todo el día, tenía trabajo, tenía responsabilidades, tenía...
Tenía una tumba de espada que visitar.
La idea le golpeó sin aviso.
La tumba de espada de Luo Binghe, la tumba que habían erigido en honor al discípulo caído, para que el mundo creyera que había muerto en el abismo.
Shen Qingqiu apretó los dientes.
Necesitaba ir, necesitaba... no sabía qué necesitaba ¿pedir perdón? ¿explicarle a una lápida que lo que hizo fue necesario? ¿Prometerle a un fantasma que todo iría mejor cuando regresara?
Era estúpido, Luo Binghe estaba vivo, pronto saldría del abismo y cuando lo hiciera, probablemente querría matarlo.
Pero, aun así, sus pies lo llevaron fuera de la cama, sus manos buscaron una túnica limpia y su cuerpo, dolorido y débil, comenzó el lento camino hacia el pequeño claro en el bosque de bambú donde habían colocado la estela funeraria.
El claro estaba tranquilo, bañado por la luz filtrada de los bambúes, la lápida era simple, de piedra blanca, con el nombre de Luo Binghe tallado con una caligrafía que el propio Shen Qingqiu había escrito.
"Luo Binghe, amado discípulo de Qing Jing"
Shen Qingqiu se arrodilló frente a ella con una lentitud que le recordó lo débil que estaba, sus rodillas tocaron el suelo cubierto de hojas secas y por un momento, simplemente se quedó allí, mirando las letras.
—Binghe... —su voz salió más suave de lo que pretendía.
No sabía qué decir ¿cómo se le habla a alguien que creen muerto, pero sabes que está vivo?
—Sé que estás vivo —continuó, en voz baja— sé que estás pasando por cosas terribles ahí abajo y sé que cuando salgas... probablemente querrás matarme.
Hizo una pausa, sus dedos rozando la piedra fría.
—No te culparía, te lancé al abismo, te traicioné, aunque lo hice por tu bien, para lograr que te conviertas en ese gran semental que reina sobre todo, pero tú no lo sabes, para ti, soy el maestro que te arrojó a la muerte.
Una risa amarga escapó de sus labios.
—Y lo peor es que no puedo explicarte, no puedo decirte: "Oye, en realidad eres el protagonista de una novela, y yo soy un pobre desgraciado que se metió en el cuerpo del villano y si no te hubiera arrojado al abismo, el mundo se habría destruido, o algo así, la verdad es que nunca me puse a pensar que hubiera pasado si no te arrojaba".
Suspiró profundamente.
—Así que supongo que tendré que conformarme con que me odies, es lo justo, es lo que el Shen Qingqiu original merecía, y yo... yo heredé sus deudas.
El viento sopló suavemente, moviendo los bambúes a su alrededor, por un momento, casi pudo imaginar que era Luo Binghe respondiendo, con esa sonrisa cálida que solía tener.
—Pero aun así —susurró Shen Qingqiu— cuando salgas, estaré aquí, te estaré esperando y si intentas matarme... bueno, haré todo lo posible por sobrevivir.
Apoyó la frente contra la piedra fría.
—Lo siento, Binghe, lo siento tanto.
El cansancio lo envolvía como una manta pesada, Sin Cura latía en sus meridianos, recordándole que había forzado demasiado su cuerpo, pero no podía irse todavía, no podía...
El mundo comenzó a nublarse.
—¿Shizun...? — se escuchó una voz lejana y preocupada.
—¡Shizun! ¡Shizun!
Shen Qingqiu sintió que su cuerpo se inclinaba, que las manos lo sostenían antes de que cayera por completo al suelo, reconoció vagamente las voces de sus discípulos y el pánico en sus tonos, sabía que siempre que venía a visitar la lápida, sus discípulos solían espiarlo, por primera vez estaba agradecido por eso.
—¡Está ardiendo! ¡Rápido, busquen a Mu-shishu!
—¡Yo voy! ¡Tú quédate con Shizun!
—¡No, yo voy, tú eres más fuerte para cargarlo!
—¡Discúlpenme, pero yo soy el discípulo mayor, yo me quedo con el maestro mientras ustedes van!
—¡Esto no es momento para jerarquías, Ming Fan-shixiong!
Shen Qingqiu, incluso en su estado semiconsciente, sintió una punzada de irritación, sus discípulos discutiendo por quién se quedaba con él, qué terrible... tal vez un poco entrañable, también.
—lo llevare a su casa de bambú —decidió finalmente Ming Fan, con un tono que no admitía discusión—es lo más cercano, tú —señaló a un discípulo— ve a Qian Cao y trae a Mu-shishu inmediatamente y tú —señaló a otro— busca ayuda ¡Corran!
Y corrieron tomando distintos rumbos, mientras tanto Ming Fan cargaba con dificultad a Shen Qingqiu rumbo a la casa de bambú.
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En Bai Zhan, Liu Qingge había destruido la séptima roca de entrenamiento cuando un discípulo de Qing Jing llegó jadeando al campo.
—¡Liu-shishu! ¡Liu-shishu!
Liu Qingge se detuvo, Cheng Luan aun brillando con energía espiritual, su expresión, que había sido de concentración total, se transformó en algo más alerta al ver la urgencia del joven.
—¿Qué pasa?
—Es... es Shizun … —jadeó el discípulo, doblando la cintura para recuperar el aliento— se desmayó... en el bosque de bambú... está muy pálido... ya fueron a buscar a Mu-shishu pero...
No terminó la frase.
Liu Qingge ya no estaba allí.
El viento levantó polvo a su paso mientras la figura del maestro de Bai Zhan se perdía en la distancia, volando a una velocidad que dejó a los discípulos presentes con la boca abierta.
—¿Qué... qué le pasa a Shizun? —preguntó un discípulo de Bai Zhan.
El discípulo que había traído las noticias se encogió de hombros, igualmente desconcertado.
Liu Qingge no sabía qué pensaba mientras volaba o más bien, no quería saberlo.
Solo sabía que las palabras "Shen Qingqiu", "desmayado" y "pálido" se habían combinado en su mente para crear una sensación de pánico que no experimentaba desde... ¿desde cuándo? ¿desde alguna batalla donde la vida de un camarada pendía de un hilo?
Aterrizó en Qing Jing con tal violencia que levantó una nube de hojas y polvo, los discípulos que custodiaban la entrada dieron un salto hacia atrás.
—¿Dónde está? —preguntó, su voz sonó más áspera y más urgente de lo que pretendía.
—En... en la casa de bambú —tartamudeó un discípulo, señalando el camino.
Liu Qingge no esperó más, sus largas zancadas devoraron la distancia en segundos, y cuando finalmente llegó a la morada de Shen Qingqiu, lo que vio hizo que su corazón se oprimiera en su pecho.
Shen Qingqiu yacía en su cama, pálido como la nieve, sus labios apenas rosados, los discípulos se movían a su alrededor con una eficiencia nerviosa, colocando paños fríos en su frente, ajustando las mantas, pero nada de eso parecía ayudar.
—¡Fuera! —la orden salió de la boca de Liu Qingge antes de que pudiera pensar.
Los discípulos se quedaron paralizados, mirándolo con ojos muy abiertos.
—Pero... Liu-shishu…
—¡Fuera, he dicho!
Algo en su expresión debió ser lo suficientemente intimidante, porque los jóvenes obedecieron sin más preguntas, escabulléndose de la habitación como ratones asustados.
El silencio cayó sobre la estancia.
Liu Qingge se acercó a la cama con pasos que intentaba mantener firmes, pero que en realidad temblaban ligeramente, desde que tenía uso de razón, sus pasos nunca habían temblado.
Vio a Shen Qingqiu allí, tan marchito, tan...débil, sin su abanico, sin su sonrisa sarcástica, sin esa máscara de superioridad que siempre llevaba puesta, solo un hombre, un hombre herido.
—Shen Qingqiu —susurró, y su voz sonó extraña incluso para él.
Se arrodilló junto a la cama sin pensarlo, sin el orgullo marcial que normalmente lo caracterizaba, sus dedos, esos dedos que habían empuñado espadas contra bestias demoníacas, que habían destrozado rocas esa misma mañana, temblaron cuando los acercó a la muñeca de Shen Qingqiu para tomarle el pulso.
Débil, demasiado débil.
—Estúpido —murmuró, y no sabía si lo decía por Shen Qingqiu o por sí mismo—. ¿Por qué no pediste ayuda? dijiste que lo harías.
Pero Shen Qingqiu no respondía, su respiración era superficial, su rostro demasiado pálido.
Liu Qingge sintió algo extraño en su pecho, una opresión, un miedo que no sabía nombrar.
Había visto compañeros caer en batalla, había visto discípulos heridos, había visto la muerte de cerca muchas veces, pero esto... esto era diferente, era Shen Qingqiu, el hombre que siempre tenía una respuesta para todo, el hombre que lo irritaba con su sarcasmo, el hombre al que su corazón...
—No te mueras —dijo en voz alta, y la orden sonó patética incluso para él—no te atrevas a morir... no puedes...
Apretó la mandíbula, luchando contra una oleada de emociones que no sabía procesa, pero se arremolinaban en su pecho como una tormenta.
No quería nombrarlo.
Sus dedos, aún en la muñeca de Shen Qingqiu, acariciaron inconscientemente la piel fría, en un gesto suave, completamente opuesto a todo lo que Liu Qingge representaba.
—Por favor —susurró, tan bajo que apenas fue un suspiro.
No sabía a quién le pedía a los cielos, a los dioses, al mismo Shen Qingqiu, solo sabía que no podía... no podía perderlo, no ahora, no cuando apenas comenzaba a entender que tal vez ...
La puerta se abrió de golpe.
Mu Qingfang entró con su habitual calma, pero sus ojos se abrieron ligeramente al ver a Liu Qingge arrodillado junto a la cama, con la mano de Shen Qingqiu entre las suyas.
—Liu-shixiong —saludó, recuperándose rápidamente—¿puedo...?
Liu Qingge se levantó de inmediato, soltando la muñeca como si quemara, su rostro, que momentos antes había mostrado una vulnerabilidad que ningún discípulo había visto jamás, volvió a su expresión estoica habitual.
—Está débil —informó, con voz plana— su pulso...
—Lo sé —Mu Qingfang ya se acercaba con su equipo— el veneno Sin Cura, forzó demasiado su cuerpo.
Liu Qingge asintió y se apartó, pero no lo suficiente, se quedó en un rincón de la habitación, observando cada movimiento de Mu Qingfang, cada expresión en su rostro mientras examinaba a Shen Qingqiu.
Los minutos se alargaron como horas.
Finalmente, Mu Qingfang suspiró y se enderezó.
—Estabilicé sus meridianos lo mejor que pude —dijo—pero necesita una limpieza profunda, pronto y yo no soy el indicado para hacerla.
Liu Qingge lo sabía, su cultivación pura era el mejor remedio para Sin Cura.
Mu Qingfang había sugerido a Shen Qingqiu que en cuanto pudiera Liu Qingge lo ayudara y Shen Qingqiu había prometido que lo buscaría, pero no lo había hecho y ahora estaba así.
—Lo haré —dijo Liu Qingge.
—Liu-shixiong, esto requerirá... contacto un poco más cercano, debes pasar ki directamente a sus meridianos, con un contacto piel con piel, pero, después de lo que pasó...
—No me importa —interrumpió Liu Qingge—lo haré, lo que sea, solo dime que se recuperara.
Mu Qingfang asintió lentamente.
—Está bien, te explicaré el procedimiento, te prometo que con esto él se pondrá bien, pero primero... —miró hacia la puerta—creo que hay varios discípulos muy preocupados afuera, tal vez deberías... dejarme hablar con ellos.
Liu Qingge dudó, su mirada volvió a Shen Qingqiu, aún inconsciente en la cama.
—No se va a morir —dijo Mu Qingfang, con una suavidad inusual— te lo prometo, confía en mí.
Otra duda, otra mirada a Shen Qingqiu y luego, un asentimiento brusco.
—iré yo, tu cuida de Shen Qingqiu.
Liu Qingge salió de la habitación y se encontró con un grupo de discípulos de Qing Jing apiñados en la entrada, con expresiones que iban del pánico a la preocupación contenida.
—¿Cómo está shizun? —preguntó Ning Yingying, con los ojos brillantes y las manos retorciendo el borde de su túnica.
—Mu-shidi lo atiende —respondió Liu Qingge, con su voz habitual, aunque algo más suave de lo normal—vivirá.
Un suspiro colectivo de alivio recorrió al grupo.
—Gracias a los cielos —murmuró Ming Fan, pasándose una mano por el rostro— Gracias a los cielos.
—¿Liu-shishu se quedará? —preguntó Ning Yingying, con esa mezcla de inocencia y curiosidad que la caracterizaba—Shizun se pondrá contento si alguien lo cuida.
Liu Qingge no supo qué responder a eso ¿contento? ¿Shen Qingqiu contento de verlo? Después de todo lo que había pasado, lo dudaba mucho.
Pero asintió de todas formas.
—Me quedaré.
Ning Yingying sonrió, una sonrisa radiante a pesar de las circunstancias.
—¡Qué bien! Entonces le prepararé un té especial a Liu-shishu también y pastelitos ¡Los pastelitos siempre ayudan!
Y sin esperar respuesta, salió corriendo hacia la cocina.
Liu Qingge la vio irse con una expresión que bordeaba el desconcierto, los discípulos de Shen Qingqiu eran... extraños, muy diferentes a los suyos, que lo trataban con respeto y distancia.
Estos jóvenes claramente adoraban a su maestro de una manera que Liu Qingge no terminaba de comprender ¿cómo podían querer tanto a alguien tan frío y distante?
Y entonces recordó a Shen Qingqiu en la cueva, esa vulnerabilidad que había mostrado, y pensó que tal vez, solo tal vez, había más capas en su shixiong de las que él había querido ver antes.
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Pasaron las horas, Mu Qingfang dio instrucciones detalladas a Liu Qingge sobre cómo realizar la limpieza de meridianos, el contacto piel con piel era necesario, por lo que despojaron a Shen Qingqiu de sus prendas superiores, Liu Qingge hizo lo mismo, para después, recostarse junto a Shen Qingqiu y acurrucarlo en su pecho, la cara de Liu Qingge estaba tan roja que fácilmente podría ser toda la sangre en su cuerpo.
—Llamaré a tus discípulos para que preparen el pico —dijo Mu Qingfang—necesitarás estar en Bai Zhan para esto, debes hacerlo al menos una semana más para que se estabilice por completo, para evitar malos entendidos será necesario un lugar más... privado.
Liu Qingge asintió, tenía sentido, la casa de bambú de Shen Qingqiu, aunque apartada, seguía siendo parte de Qing Jing y los discípulos irían y vendrían con preocupación, en Bai Zhan, podría controlar el acceso.
—¿Cuándo?
—Esta noche, en cuanto despierte lo suficiente para ser trasladado
Liu Qingge no sabía si eso lo llenaba de anticipación o de terror, después de terminar de pasar su ki, Mu Qingfang reacomodo las prendas de Shen Qingqiu y salió con Liu Qingge de la habitación.
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El atardecer pintaba el cielo de tonos anaranjados cuando Shen Qingqiu finalmente abrió los ojos.
Lo primero que vio fue el techo de su habitación, lo segundo, una silueta familiar sentada en una silla junto a su cama.
Liu Qingge, ¿dormido?
Shen Qingqiu parpadeó, asegurándose de que no era una alucinación, pero no, allí estaba el dios de la guerra de Cang Qiong, con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, la mandíbula relajada en el sueño, las manos apoyadas sobre los brazos de la silla como si incluso durmiendo estuviera listo para empuñar una espada.
Parecía... más joven así, casi menos intimidante, casi...
—Liu Qingge —llamó, con voz ronca.
El maestro de Bai Zhan se despertó al instante, sus ojos encontrando a los de Shen Qingqiu con una intensidad que hizo que este último contuviera el aliento.
—Despertaste —dijo Liu Qingge, había algo en su voz, un matiz que Shen Qingqiu no supo identificar.
—Obviamente —respondió, buscando su abanico por instinto, no lo encontró—¿Qué haces aquí?
Liu Qingge lo miró por un momento antes de responder.
—Mu-shidi dijo que necesitas una limpieza de meridianos constante, al menos por una semana, vendrás conmigo a Bai Zhan.
—Yo... puedo esperar, no es tan urgente.
—Lo es —la respuesta fue inmediata, sin espacio para discusión—te desmayaste, tu pulso era débil, pudiste morir, no vas a esperar.
—Liu Qingge...
—No voy a discutir.
Shen Qingqiu abrió la boca para protestar, pero se encontró con la mirada de Liu Qingge, esa mirada que había visto antes, la de alguien que no iba a ceder y tal vez ¿preocupación?
No, imposible.
Liu Qingge no se preocupa por nadie más que por su espada y su pico.
—Está bien —cedió Shen Qingqiu, demasiado cansado para discutir—esta noche, en Bai Zhan entonces.
Liu Qingge ascendió, y por un momento, sus miradas se sostuvieron.
Fue Shen Qingqiu quien desvió la vista primero.
—Tus discípulos —dijo Liu Qingge, rompiendo el silencio—estuvieron muy preocupados, la niña esa, la de las coletas, hizo pastelitos.
—Ning Yingying? —Shen Qingqiu casi sonoro—dámelos, no los comas, son demasiado empalagosos.
Liu Qingge parecía dudar en un momento.
—no los comas entonces.
—No puedo, Ning Yingying podría ponerse muy triste.
—Entonces me los comeré yo, no deberías enfermarte más.
—Está bien solo no dejes que ella vea que tu los comiste todos.
—Bueno —dijo Shen Qingqiu, cambio el tema—supongo que debería prepararme para el traslado.
—Te ayudaré.
—¡No necesito ayuda!
<<demonios no soy un lisiado ni una doncella, soy un hombre por dios, estoy harto de ser tratado como una flor delicada>>
Pero cuando intentó incorporarse, el mundo dio vueltas y tuvo que agarrarse al borde de la cama para no caer.
Liu Qingge ya estaba a su lado, una mano firme en su hombro, la otra sosteniéndola por la cintura.
—Te ayudaré —murmuró Liu Qingge
Shen Qingqiu gruñó, pero se dejó sostener.
<< que humillante >>
Pensó Shen Qingqiu mientras se preparaba para la noche más incómoda de su vida.
