Actions

Work Header

El Despertar  y la furia del Dios de las Tormentas

Chapter 2

Notes:

LA atmósfera se ha vuelto tan pesada que hasta los dioses están conteniendo el aliento. Percy no solo está leyendo su historia, está reclamando su lugar como el verdadero poder en esa sala. 🌊🔥

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El Despertar del Dios de las Tormentas: La Furia del Destructor




—Era para prevenir la profecía... —comenzó a decir el Rey de los Dioses, su voz intentando recuperar una autoridad que se desmoronaba por las costuras de su traje de raya diplomática. Sus dedos tamborileaban nerviosos sobre el reposabrazos de su sofá, y su mirada esquivaba la de Poseidón con una insistencia casi infantil, pero terminó chocando de frente con la de Percy.

Fue en ese preciso instante cuando la sangre de Perseo Jackson alcanzó finalmente su punto de ebullición. No fue un proceso lento ni una transición gradual; fue una detonación termonuclear de indignación y poder acumulado durante cinco años de servidumbre involuntaria.

—¿¡PARA PREVENIR LA PROFECÍA!? —El rugido de Percy no fue solo una exclamación humana. Fue un estallido sónico, una onda de choque que hizo vibrar los cristales reforzados de las inmensas ventanas del Olimpo hasta hacerlos gemir y apagó momentáneamente las llamas sagradas de la hoguera de Hestia, dejando la sala en una penumbra azulada y gélida—. ¡SOIS UNOS MALDITOS IDIOTAS! ¡Sabéis perfectamente que las profecías NO se pueden prevenir! ¡TODO ESTE PUTO PANTEÓN SE CONSTRUYÓ SOBRE LA BASE DE QUE VOSOTROS, BASTARDOS CABEZOTAS, CREÍSTEIS QUE PODÍAIS ELUDIR EL DESTINO Y TERMINASTEIS CREÁNDOLO!

Percy se puso en pie de un salto. Sus hombros, anchos y curtidos por el peso de la armadura y el cansancio de mil batallas, proyectaban una sombra alargada y amenazante sobre el mármol reluciente. Los semidioses a su alrededor retrocedieron instintivamente; incluso Jason y Nico, que estaban más que acostumbrados a su poder, sintieron el instinto primario de "lucha o huida" activarse en la base de sus cerebros. No estaban viendo al amigo que hacía bromas sobre las camisas de Poseidón; estaban viendo al Destructor.

—¡Lleváis milenios jodiendo no solo vuestras propias existencias, sino las de vuestros hijos y las del mundo entero porque os creéis más listos que las Moiras! —continuó Percy, dando un paso pesado hacia el centro del círculo, donde la luz del libro lo iluminaba como a un juez en un tribunal inquisidor. Su voz ahora había bajado de volumen, convirtiéndose en un siseo eléctrico que erizaba el vello de la nuca—. Cronos intentó evitar la profecía devorándoos y solo consiguió que Zeus sobreviviera para derrocarlo. Vosotros intentasteis evitarla matando a niños en sus cunas o enviando monstruos tras ellos antes de que supieran su propio nombre. ¿Y qué habéis conseguido con eso? Que cada maldito movimiento paranoico que hacéis para "salvaros" sea exactamente el catalizador que pone al mundo en peligro. Vosotros creáis a vuestros propios enemigos.

Percy tomó aire profundamente, un sonido que recordó al viento succionado por una cueva marina antes de un estallido de agua. Podía sentir su corazón martilleando contra sus costillas como olas rompiendo violentamente contra un acantilado de granito en medio de un huracán de categoría cinco. La potencia divina zumbaba a través de sus músculos, una corriente eléctrica, salina y ancestral que le suplicaba ser liberada. Sus dedos sufrieron espasmos involuntarios y un dolor punzante le recorrió los brazos; su cuerpo entero ansiaba desenvainar a Contracorriente y tallar la verdad en esos rostros de estatuas de piedra que, bajo toda esa pintura dorada, esas túnicas de seda y esas expresiones falsamente humanas, ocultaban corazones de hielo y mentes estancadas en la Edad de Bronce.

Por un segundo, la imagen de Zeus siendo asfixiado por Poseidón en el recuerdo proyectado se superpuso a la realidad. Percy vio la garganta de Zeus, vio la vulnerabilidad del "Rey", y sus dedos picaron por cerrarse alrededor de ella para terminar el trabajo que su padre había empezado trece años atrás.

Sin embargo, se contuvo. El autocontrol era la única diferencia que le quedaba entre él y los monstruos que criticaba.

Cerró los ojos y obligó a sus pulmones a expandirse rítmicamente, inhalando el ozono y la salitre que emanaban de su propia aura. Visualizó el mar en calma tras la tempestad, obligando a su ritmo cardíaco a receder, tal como había aprendido a hacer años atrás en aquella playa frente a Ares. No podía deshacerse de la rabia —esa furia era ahora parte de su ADN, un sedimento oscuro que se acumulaba en el fondo de su estómago junto a los fragmentos de una bola de cristal que se había estado fracturando lentamente durante años—. Pero podía canalizarla. Quizás, pensó con una amargura que le supo a hiel, al final de toda esta lectura, esos fragmentos se recompondrían o terminarían de destruirlo por completo, llevándose al Olimpo con él.

—Percy... por favor, siéntate —susurró Annabeth. Su voz era el único ancla real, el único hilo de seda que le impedía convertirse en un huracán literal de agua y viento en medio de la sala.

Percy exhaló un suspiro que sonó como el vapor hirviente saliendo de un volcán submarino. Se dejó caer de nuevo en el sofá, pero su mirada verde mar, ahora cargada de motas doradas de poder abisal, no abandonó a Zeus ni por un segundo.

—Adelante, "Padre de los Dioses" —dijo Percy, escupiendo el título con un sarcasmo tan afilado que hizo que Hera se estremeciera en su asiento—. Cuéntanos otra mentira sobre cómo asesinar a tu propia sangre es un acto de "sabiduría política" o de "bien común". Estoy deseando ver cómo el libro explica que eres un genio por intentar matar a Thalia cuando ella era solo una niña asustada que corría por su vida en una colina.

El libro, como si estuviera alimentándose de la tensión casi sólida que llenaba el ambiente, volvió a brillar con una intensidad cegadora, emitiendo un zumbido de baja frecuencia. Las páginas pasaron a toda velocidad, un borrón de papel y magia, hasta detenerse en un capítulo que hizo que el rostro de Atenea, normalmente una máscara de porcelana perfecta, se volviera de piedra fría.

"Miré a Annabeth," leyó la voz de las Moiras, transportándolos al recuerdo vívido del parque de diversiones acuático de Denver. "Ella estaba absolutamente aterrorizada por las arañas, paralizada por un miedo que la hacía parecer mucho más pequeña de lo que era, y yo... yo solo quería que esta pesadilla terminara. Estábamos atrapados en una red, en una trampa diseñada por un dios despechado para humillar a otro dios adúltero, y nosotros éramos simplemente el daño colateral. No éramos héroes en ese momento; me di cuenta de que para los olímpicos, somos como las ratas de laboratorio que pones en un laberinto electrificado. No les importa si encuentras el queso o si mueres por una descarga; si la rata muere, simplemente bajan al mundo mortal y consiguen otra."

—¡Eso es una simplificación grosera y cínica! —intervino Atenea, su voz cargada de una lógica gélida que, por primera vez, sonaba desesperada por convencerse a sí misma—. Las pruebas son necesarias para forjar el carácter heroico. Sin adversidad extrema, un héroe no es más que un mortal con un poco de suerte genética. La lucha es la que destila la grandeza.

Percy soltó una carcajada seca, carente de humor, que cortó el aire como un látigo.

—¿Pruebas, Atenea? ¿De verdad te atreves a usar esa palabra? ¿Llamas a ser humillado por Hefesto en una transmisión en vivo para el regocijo de los dioses una "prueba de carácter"? —Percy se inclinó hacia adelante, señalándola con un dedo acusador—. Annabeth tenía siete años cuando la enviaste al mundo con un cuchillo de bronce y una bendición que apenas servía para mantenerla viva una noche más. Siete años. Un niño mortal a esa edad está aprendiendo a montar en bici, no a degollar lestrigones. Mientras tanto, vosotros os sentáis aquí arriba a beber néctar de primera clase y a discutir sobre quién tiene el templo más grande o quién es más "sabio". No nos estáis "probando". Nos estáis usando como vuestro servicio de streaming personal porque estáis demasiado aburridos de vuestra propia inmortalidad vacía.

Atenea abrió la boca para replicar, con mil argumentos filosóficos listos en la punta de la lengua, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Miró a su hija, esperando encontrar un destello de lealtad o comprensión en esos ojos grises que tanto se parecían a los suyos, pero solo encontró un reflejo de la misma decepción, el mismo cansancio y la misma rabia contenida que ardía en los de Percy. Annabeth no asintió; simplemente apartó la mirada hacia el fuego de la hoguera.

El libro continuó la lectura, esta vez profundizando en los pensamientos de Percy durante su primer descenso a las sombras del Inframundo.

"Hades no era el villano de dibujos animados que yo esperaba," narraba la voz mágica, recreando el ambiente opresivo del palacio de obsidiana. "No era un monstruo sediento de sangre; era algo peor. Era solo un hombre inmensamente rico y amargado que había sido desterrado al sótano del universo por sus propios hermanos. Pero lo que más me dolió no fue su crueldad o sus amenazas de muerte. Fue su indiferencia. Me miraba desde su trono y no veía a un sobrino. No veía a un niño que había cruzado un país entero, enfrentándose a horrores, solo para intentar salvar a su madre. Veía una molestia. Una mancha de barro en su alfombra de almas. Y en ese momento, mientras el aire viciado del Inframundo quemaba mis pulmones, supe la verdad: no importaba cuánto ganáramos ni cuántas misiones cumpliéramos. Para ellos, nunca seríamos suficientes. Nunca seríamos personas."

Dioniso, que hasta ahora había estado fingiendo leer una revista de vinos con total desinterés, levantó la vista. Sus ojos, normalmente inyectados en sangre y llenos de locura, mostraron por un segundo una chispa de lucidez trágica. Él también había sido un semidiós. Él sabía lo que era ser una "molestia" antes de ser un dios.

—Tío —dijo Percy, girando la cabeza hacia Hades, quien se mantenía en una esquina sombría, casi fusionado con la oscuridad del salón—. ¿Recuerdas lo que me dijiste cuando te devolví el Yelmo de Oscuridad? Me dijiste que fuera un "buen chico" y que no me cruzara de nuevo en tu camino. Ni una palabra de agradecimiento, ni un reconocimiento por haber evitado que tus propios hermanos te borraran de la existencia en una guerra civil fratricida.

Hades suspiró, un sonido que recordó al viento gimiendo entre lápidas antiguas. Su túnica de sombras ondeó ligeramente, mostrando rostros de almas en pena que parecían gritar en silencio.

—El agradecimiento es una moneda que rara vez circula en este salón, sobrino. Aquí solo se comercia con el poder y el estatus —respondió Hades con una voz grave que sonaba como tierra fresca cayendo sobre un ataúd de madera—. Pero tienes razón. Fuiste mucho más digno de lo que mi juicio, nublado por siglos de aislamiento, me permitió ver en aquel entonces.

—Ese es el problema de raíz —sentenció Percy, volviendo su atención al resto del consejo—. Siempre esperáis lo peor de nosotros. Nos tratáis como a traidores en potencia para justificar la forma en que nos abandonáis. Pero cuando hacemos lo imposible, cuando salvamos vuestros traseros divinos una y otra vez, simplemente lo llamáis "el cumplimiento del destino" y os lleváis todo el crédito en los brindis.

La tensión en la sala era tan alta que las nubes que servían de suelo al Olimpo empezaron a tornarse de un gris plomizo, cargadas de electricidad estática que hacía que el cabello de todos se erizara. Zeus parecía estar a punto de implosionar, sus ojos echando chispas literales. Thalia miraba la proyección de su propio pasado, viendo a la niña que fue, con una expresión de puro odio gélido hacia su padre, mientras que Jason se mantenía protectoramente a su lado, con su mano brillando con pequeñas chispas azules que siseaban al contacto con el aire.

Hermes, por su parte, miraba al suelo con una tristeza devastadora. Estaba escuchando los pensamientos de Percy sobre Luke, sobre la traición que se estaba gestando, y podía sentir el peso de cada decisión errónea que él, como padre, había tomado.

—¿Sabéis qué es lo más gracioso de todo esto? —continuó Percy, su voz volviéndose peligrosamente suave, un susurro que demandaba una atención absoluta—. Que después de todo lo que ha pasado, después de ver cómo Poseidón casi te arranca la cabeza por tu propia arrogancia, Zeus... todavía no has aprendido absolutamente nada. Seguiste enviando a tus hijos a misiones suicidas para limpiar tus propios desastres. Seguiste rompiendo tus propios juramentos sagrados cuando te convenía. Y aquí estás hoy, temblando ante un simple libro porque temes que la verdad escrita por las Moiras te quite el poco respeto que te queda.

Poseidón, que había permanecido en un silencio expectante, disfrutando con orgullo mal disimulado de la elocuencia y el poder de su hijo, dejó su lata de refresco en el suelo de mármol. El ruido metálico resonó en la estancia como el toque de una campana de guerra en una ciudad sitiada.

—Hijo —dijo Poseidón, y por primera vez en toda la reunión, no era el pescador relajado de camisa llamativa. Era el Rey de los Mares, el que hace temblar la tierra, y su voz tenía la profundidad de una fosa oceánica—. Deja que el libro siga hablando. Ya has demostrado que tus palabras cortan mucho más profundamente que cualquier hoja de bronce celestial. Deja que vean, a través de tus ojos, quién es el verdadero villano y quién es el héroe en esta farsa que llamáis historia.

Las Moiras, con un movimiento sincronizado de sus manos marchitas, hicieron un gesto final sobre el tomo. El libro se abrió con un estruendo de páginas agitadas en un capítulo titulado: Me convierto en el chivo expiatorio supremo.

La voz mágica, ahora con un tono que mezclaba la melancolía con una ironía mordaz, comenzó a leer sobre el regreso de Percy al Olimpo tras su búsqueda inicial. Detalló no solo la tensa entrega del rayo en el salón del trono, sino la conversación privada y desgarradora que tuvo con Poseidón en el balcón que daba a las estrellas, donde el dios del mar le confesó, con una honestidad brutal, que su nacimiento había sido un error político, pero un error del que él no se arrepentía en absoluto.

"Mi padre me miró a los ojos y me dijo que yo era un error," leyó la voz de las Moiras, proyectando la imagen de un Percy de doce años mirando hacia el horizonte infinito. "Y dolió. Dolió como una herida abierta en el pecho. Pero mientras observaba las luces de la ciudad de los hombres allá abajo, comprendí algo fundamental. Ser un 'error' en el mundo rígido y cruel de los dioses era la única forma de ser verdaderamente libre. Porque si el diseño de los dioses para este mundo es este caos de traiciones, jerarquías vacías y crueldad gratuita, entonces estoy inmensamente orgulloso de ser la única pieza que no encaja en vuestro tablero de ajedrez."

Percy cerró los ojos, recordando vívidamente el olor a mar y la sensación de soledad de aquel momento. Annabeth apretó su mano con fuerza, un recordatorio de que ya no estaba solo en esa lucha. El Olimpo entero guardó un silencio sepulcral, una asamblea de inmortales dándose cuenta, finalmente, de que el chico de ojos verdes que tenían delante no solo era su mayor y más fiel protector, sino también su juez más implacable y su posible verdugo. Y el juicio, para desgracia de los tronos, apenas estaba comenzando.

—Continuad leyendo —ordenó Percy, y esta vez su voz resonó con una autoridad natural, una que no necesitaba de truenos ni de coronas de laurel para ser absoluta. Los tronos de los dioses temblaron bajo su peso—. Quiero que todos escuchen la parte donde decido que, si alguna vez tengo que elegir entre la supervivencia de este Olimpo corrupto y la vida de mis amigos... no dudaré ni un solo segundo en dejar que esta montaña arda hasta los cimientos.

El libro brilló con un color rojo sangre, tan intenso que iluminó los rostros de los dioses con el tono de la guerra inminente. El siguiente evento, el momento en que el destino de todos cambiaría para siempre, estaba por comenzar.

 

Notes:

¿Qué LES parece este nivel de intensidad? ¿Quieres que sigamos con la reacción de Zeus ante esta amenaza directa o prefieres que el libro revele algún otro secreto oscuro de los dioses que Percy descubrió en sus viajes? ¡Estoy listo para seguir con toda la energía! 🍿✨

Notes:

Uff, espero que les haya gustado este comienzo! 😱 ¿Qué les pareció ese Poseidón en modo Titán? A veces olvidamos que el mar es destructivo antes que calmado. Si les gustó, no olviden dejar sus "Kudos" y un comentario, ¡me encanta leer sus teorías y reacciones! Estaré actualizando pronto con la reacción de Zeus y los demás ante las verdades de Percy. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! 💙⚡

Series this work belongs to: