Chapter Text
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—¿Vas a quedarte ahí pensando para siempre?
—Pero… ¿y si él ya tiene planes para mañana?
—Solo díselo y ya. ¿No es mejor eso que quedarte con la duda?
Tiene razón.
admitió Okonogi.
—¿Cuántas oportunidades como esta crees que tendrás? Piénsalo. ¡Es perfecto!
Su compañera de operaciones llevaba días observándola así.
Okonogi llevaba semanas reuniendo valor para decirlo… y también sabía que, cuando finalmente llegara el momento, intentaría esconderse bajo tierra como un chanchito.
Okonogi respiró hondo mientras se acomodaba los lentes.
Sus manos temblaban ligeramente.
Bien… vamos. ¡Aquí voy!
Con un destello de valentía, dio un paso al frente.
La sala de control estaba teñida por un suave resplandor azul. Su turno ya había terminado. Lo único que quedaba era ordenar antes de que llegara el siguiente equipo.
Cuando Okonogi salió al pasillo en penumbra, su compañera no supo si la proyección de las sombras convertía la atmósfera en algo más inquietante… pero la forma en que Okonogi miraba a todos lados, con las piernas temblorosas, parecía indicar que el camino hacia Mordor se extendía frente a ella.
—¿Qué te pasa? —susurró su compañera.
El vicecapitán Hoshina apareció al fondo del corredor, caminando con su habitual paso relajado.
—¡Okonogi! —susurró ella con urgencia—. ¡Ahora es tu—
En cuanto ella lo vio, se desinfló como un globo pinchado.
—¡Este NO es momento de echarte para atrás!

Hoshina se detuvo al escuchar los murmullos que salían de la sala de control.
—¿Oh? ¿Qué hacen aquí tan tarde? —preguntó, asomándose ligeramente.
—¡E-estábamos terminando unos reportes! Pero ya estamos, ¿verdad, Okonogi? —Su compañera la sacudía como si fuera un muñeco de trapo.
Okonogi respondió con sonidos que parecían pertenecer a una nueva especie de kaiju.
—Okonogi-chan, no te ves muy bien. ¿Estás…? —preguntó Hoshina.
—¡ESTOY PERFECTAMENTE, NO HAY NINGÚN PROBLEMA!
Se enderezó tan de golpe que ni ella misma estaba segura de si había levantado la voz.
Hoshina sonrió.
Tranquilo. Enigmático, como siempre.
—Me alegra oír eso. ¿Por qué no dejan el resto para mañana? Descansar también es importante.
—¡Sí, señor!
Hoshina continuó caminando por el pasillo.
Su compañera observó incrédula cómo, después de unos segundos, Okonogi tomaba impulso y lo seguía unos pasos detrás.
Cuando la distancia fue suficiente, se detuvo y tomó aire profundamente.
Bien… respira. Solo pregúntale.
—¡V-Vicecapitán! ¿Podría… podría hablar con usted un momento?

Estaba segura de que su voz salió como si le hubieran dado una descarga eléctrica.
—Claro —respondió, deteniéndose—. ¿Ocurrió algo?
Vamos, Okonogi. Sé valiente.
—Quería preguntarle sobre...
La expresión del vicecapitán cambió cuando se activó su auricular.
Con un gesto suave le indicó que esperara.
—Aquí, Hoshina. Sí… sí. Entendido.
Okonogi bajó la mirada.
Ese momento ya no le pertenecía.
Cuando terminó la llamada, Hoshina suspiró.
—Lo siento, Okonogi-chan —dijo, con un leve matiz de pesar en la voz—. Tengo que ocuparme de algo.
—…No se preocupe. No es urgente.
Él observó la frágil sonrisa que ella le ofrecía.
—Te avisaré cuando termine. ¿Te parece bien?
Ella asintió.
Cuando Hoshina se alejó lo suficiente, su compañera se acercó.
—Ahh… ¡qué mala suerte! Si no está entrenando, lo llaman para alguna cosa…
—Les dice a todos que descansen, pero es él quien no descansa nunca —dijo Okonogi, estirándose ligeramente como si intentara liberar la tensión—. Bueno, tal vez no era el momento adecuado. Así que supongo que todo seguirá igual. Jejeje…
Parecía un Moai con lentes.
—Deberías decirle eso a tu cara —dijo su compañera—. Y a tu risa también.
***
Esos pensamientos la siguieron hasta la cama.
Allí quedó mirando el techo, con la vista perdida.
Revisó su teléfono.
Nada.
Lo dejó a un lado… y unos segundos después volvió a tomarlo.
La pantalla seguía igual de silenciosa.
Solo entonces se dio cuenta de lo tarde que era.
Exhaló despacio, como si estuviera soltando algo que había estado sosteniendo sin saberlo.
—Definitivamente no fue el mejor momento…
Se giró de lado, abrazando la almohada.
Tal vez el vicecapitán…
Él te mira como si ya supiera lo que vas a decir.
Como si…
No.
Hundió la cara en la almohada.
—¿¡Por qué no puedo comportarme como una persona normal cuando no estoy en el trabajo?!
Su teléfono vibró.
Se incorporó de golpe y tomó el teléfono.
Okonogi-chan. ¿Estás despierta?
Empezó a escribir con manos temblorosas.
…
Siguió escribiendo.
…
…
Sí.
No podía creer que hubiera tardado tanto en responder con una sola palabra.
¿Es muy tarde para escribirte?
No, para nada, vicecapitán…
Esto es mejor. Al menos no puede escuchar cómo me tiembla la voz.
Okonogi ocultó su rostro con la mano.
Ahhh... ¿Por qué soy tan torpe en situaciones así? Si solo es una invitación…
Su teléfono sonó como una sirena.
Se apresuró a contestar mientras Hoshina, al otro lado, escuchaba lo que parecía el sonido de alguien luchando contra un salmón.
CLAC—
THUD—
BIP BIP BIP—
Algo golpeó la mesa.
Algo cayó al suelo.
Y la sirena seguía sonando.
Hoshina soltó una carcajada.
—¿Qué clase de alarma es esa?
—¡Casi me da un infarto! Tengo que cambiar este ringtone…
—Perdón, perdón —dijo, claramente intentando no seguir riéndose—. Ahora bien, Okonogi-chan… dime, querías hablar sobre mañana, ¿verdad? A ver, déjame adivinar…
Okonogi casi podía imaginarlo acariciándose el mentón, pensativo.
Primero soy el alivio cómico, y ahora está jugando a ser detective.
—¿Necesitas ideas para tu día libre? He notado que en el escuadrón es bastante común no saber qué hacer cuando tienen tiempo libre. Tengo algunas sugerencias que quizá—
—Me gustaría salir con usted.
El silencio se tragó las palabras.
—…¿Con…migo? —repitió él.
En su mente, un Daikaiju se la tragaba entera —solo para mantener el dramatismo.
Se imaginó dentro de su estómago, agarrándose la cabeza en completa desesperación.
¿Y si dice “gracias… pero no gracias”?
¡¿Cómo voy a mirarlo a la cara en la oficina?!
Ahí se acabó todo.
Adiós, Okonogi.
—Quiero decir— ¡seguro que ya tiene planes! Podemos hacerlo otro día—
—Sí. Vamos.
—…¿Eh?
—Salgamos —repitió Hoshina, con la misma calma despreocupada de siempre.
—…¿Juntos? —susurró ella.
Él guardó silencio un momento… y luego volvió a reír.
—¡Jajajaaj! Es la conversación más chistosa que hemos tenido. ¡Parecemos unos niños!
Okonogi sintió cómo su rostro ardía.
—¡¿Se está burlando de mí?!
—¡No, no! ¡No es eso!
Ella no respondió.
—Okonogi-chan… por favor, no te enojes conmigo. Para ser honesto, por un momento me preocupé. Sonabas muy seria.
—¿Pensó que iba a decir algo malo?
—Bueno… supongo que siempre estoy pensando en cosas del trabajo...
—Lo que nos dice a nosotros, también aplica para usted, vicecapitán —respondió ella suavemente, aunque su tono tenía una cierta firmeza.
Hoshina soltó un suspiro aceptando la pequeña llamada de atención.
Okonogi dejó escapar una leve sonrisa.
—Y… ¿tenía algún plan para mañana?
—No realmente. A veces, suelo improvisar —ella pudo imaginarlo rascándose la nuca—. De alguna manera, siempre resulta.
—A ver si adivino… —Okonogi imitó el tono del vicecapitán sin percatarse—. Café, leer un ratito. Por supuesto, no puede ser sin un Mont Blanc.
—Eso suena bien —respondió él, casi como si ya pudiera saborearlo—. ¿Y tú, Okonogi-chan? ¿Una película de suspenso quizá?
—Hay una que quería ver. Pero… me pongo un poco nerviosa yendo sola.
—Oh… ya veo.
Ambos guardaron silencio por un momento, sin saber muy bien por qué.
—¿Te gustaría que fuera contigo? —preguntó él.
—¡SÍ! Quiero decir… —tosió suavemente—.Pero, ¿qué hay de las cosas que quería hacer?
—Tranqui, no tengo nada importante —respondió él—. Y si te parece justo, después yo puedo elegir un lugar. Hay algo que ya tengo en mente… quizás te guste.
Okonogi se quedó quieta un momento y dejó escapar un suspiro suave que no sabía que estaba conteniendo.
—Está bien… pero por favor no me lleve a ningún lugar raro.
Casi podía imaginarlo parpadeando confundido.
—¿Pero qué estás imaginando?
***
Ninguno de los dos se dio cuenta de que habían estado hablando durante casi media hora.
Okonogi se quitó los lentes y los dejó sobre la mesa de noche.
La luz cálida iluminaba su pequeño montón de libros, notas adhesivas, lápices con forma de animales y el pequeño reloj con forma de osito.
—Nos vemos mañana —dijo él.
—Buenas noches, vicecapitán.
Cuando estaba a punto de dejar el teléfono, la pantalla volvió a iluminarse.
Okonogi-chan… en realidad—
El indicador de escritura parpadeó.
Su corazón quedó suspendido de un hilo.
Quiero decirte dos cosas:
1. Gracias por la invitación… y por haber sido tú quien la hizo.
2. Dejaste las luces de la sala de control encendidas. Yo las apagué.
Buenas noches.
Okonogi se quedó inmóvil.
Una calidez le inundó el pecho con una intensidad que casi dolía.
—Oh, no… —murmuró, enterrando la cara en la almohada.
Había algo en su forma torpe y cuidadosa de expresarse que le daban ganas de apretar algo suave.
Preferentemente a él, claro.
Mañana podría ser el día más aterrador de mi vida.
O tal vez…
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🐻 Lamentos del autor: Me demoré tres vidas y un cuarto en hacer la portada, pero lo disfruté mucho escuchando canciones de Yoasobi y City Pop, no sé por qué, quizás porque me imaginaba un ending kawaii del capítulo jsjajsj. A veces termino encariñándome más con el boceto que con el resultado final.
