Chapter Text
— Hm… No creo que este conjunto te quede bien. — Murmuró la mujer que estaba encargada de preparar la ropa que Kory debía modelar. Kory inclinó su cabeza a un lado.
— ¿Por qué? — Preguntó, dejándose llevar por su curiosidad. La mujer la miró por un momento antes de analizar la ropa nuevamente.
— El tono de tu piel no quedaría bien… — Murmuró en voz baja. Kory se congeló por un momento, pues nunca había recibido un comentario de ese estilo. — Tienes un tono de piel muy particular, ¿sabes?
Kory asintió lentamente, observando sus manos por un momento, antes de recibir el nuevo conjunto de ropa que la mujer le entregó. Tras vestirse, se dirigió a la estación de maquillaje. La maquilladora suspiró cuando la vió tomar asiento y observó su rostro atentamente.
A pesar de que la mujer no dijo nada, Kory podía notar que no alegraba tener que maquillarla. Tal vez era debido a los comentarios de la mujer de antes, pero Kory tenía la sensación de que era debido a la forma de su rostro, su piel, o tal vez incluso por el tono de sus ojos y cabello.
No podía evitar juguetear cuidadosamente con la falda que tenía puesta, pues no quería arriesgarse a romperla.
En cuanto la mujer comenzó a peinar su cabello, notó nuevamente el ligero ceño fruncido mientras cepillaba su cabello con cuidado. Kory entendía que era difícil lidiar con sus rizos, pero no pensó que podía generar molestias de ese modo.
Tragó saliva y desvió la mirada de su reflejo en el espejo. Llevaba todo este tiempo usando su apariencia para consolarse, para tener algo que la hacía parecida a los humanos, pero ahora se estaba dando cuenta que incluso su apariencia, a pesar de ser parecida a la de una persona normal, tenía rasgos que la hacían distinta. El tono ligeramente anaranjado de su piel, el verde vibrante de sus ojos, el rojo encendido de sus rizos…
¿Cómo podía sentirse parte de la humanidad ahora?
A pesar de que Dick estaba completamente agotado debido a su investigación, no era capaz de decirle que no a Kory cuando le pidió encontrarse en un parque.
En cuanto llegó, notó que la mujer tenía una mirada… triste, en el rostro. Era extremadamente obvio cuando estaba acostumbrado a una sonrisa radiante que le iluminaba el día. Dick estaría mintiendo si dijera que esa no era parte de la razón por la que aceptó salir con ella.
— ¡Hey, Kory! — Dijo con una sonrisa mientras se acercaba al banco en el que la mujer descansaba. Kory levantó la mirada y sonrió en cuanto sus ojos se encontraron con los de Richard. El hombre no pudo evitar que su corazón diera un pequeño brinco en su pecho.
Hizo su mejor esfuerzo por ignorar la sensación. Probablemente era debido al ambiente en el que estaban, nada más.
— Hola, Dick. — Respondió Kory mientras se levantaba. Metió sus manos en sus bolsillos cuando una brisa fría llegó de repente. — Me alegra poder verte.
La sonrisa de Richard se ensanchó al oír eso. Siempre le alegraba saber que su presencia era suficiente para que el día de alguien fuera mejor. Instintivamente, su mano se extendió para tomar la de Kory, pero se detuvo de inmediato.
¿Qué le estaba pasando hoy?
— Lo mismo digo. ¿Quieres ir por algo de comer? — Preguntó mientras inclinaba su cabeza ligeramente. Los ojos verdes de Kory se iluminaron inmediatamente y asintió con entusiasmo.
A Dick no le agradaba la idea de no darle el 100% de su atención a Kory, pues era su amiga más cercana y lo mínimo que merecía era que alguien escuchara y notara cada pequeño gesto que hacía mientras relataba una historia o hablaba sobre algo nuevo que había aprendido esa semana.
Esa sonrisa merecía ser admirada y apreciada en todo momento.
Pero con la situación actual de Blüdhaven, Dick no podía arriesgarse a no estar al día con las noticias. Es por eso que había traído a Kory a una cafetería cuya televisión se mantenía en el canal de noticias.
Aún así, estaba bastante tranquilo. Tal vez era el momento en el que Dick se sentía más tranquilo desde el primer asesinato. Y una de las pocas veces que había salido de su apartamento para hacer algo que no fuera pasear a Haley, comprar más comida o seguir una posible pista hacía la próxima víctima.
Inconscientemente, su mente comenzó a realizar un recuento mental de lo que había sucedido hasta ahora. La línea de eventos que había creado en su apartamento y que había revisado tanto que ya la sabía de memoria. No notó cuando su ceño se frunció ligeramente.
— ¿En qué piensas, Dick? — Preguntó Kory con suavidad. Dick la miró ligeramente sorprendido antes de soltar una risita avergonzada. No podía creer que se había distraído con el trabajo cuando tenía a una mujer como Kory en frente suyo.
— Nada, Kory. Solo cosas del trabajo.
Cuando Kory alzó una ceja dudosa, Dick no pudo evitar sonreír. Dios, su corazón debía aprender a controlarse. No podía reaccionar de esta forma por su ex.
— ¿Qué sucede? — Preguntó Kory, mientras sostenía su taza con cuidado. Dick miró su café mientras dudaba por un momento. No quería que esta salida amistosa se convirtiera en una discusión del trabajo.
Pero tal vez hablar con alguien al respecto le ayudaría a ordenar sus pensamientos. Había evitado mencionarle a su familia sobre los asesinatos, pues sabía que iban a intentar ayudarle. Y Dick odiaría ser la razón por la que dejaran sus responsabilidades de lado. No quería ser una carga para los demás.
Después de pensar por unos segundos, suspiró con pesadez.
— ¿Has escuchado sobre los asesinatos? — Preguntó lentamente y en voz baja, pues no quería que ningún otro cliente o empleado lo escuchara. Kory asintió lentamente.
— Sí. ¿Todavía sigues investigando?
Richard asintió. No le agradaba admitir que no había sido capaz de encontrar la respuesta a pesar de que ya habían pasado casi cuatro semanas desde la primera muerte, pero sabía que Kory no iba a tomar la oportunidad para burlarse de él o hacerlo sentir como idiota.
— Es… Confuso. No hay suficiente evidencia en las escenas, y no logro conectar nada útil. — Murmuró mientras se frotaba la nuca. Sentía la tensión en sus músculos por semanas de trabajo incesante y noches sin poder dormir. — Pero lograré resolverlo. No tienes porqué preocuparte.
Kory lo miró con cuidado, antes de tomar un sorbo de su bebida.
— Recuerda que tienes personas que están dispuestas a ayudarte. No te guardes tus problemas. — Le sugirió con una sonrisa delicada. — No me voy a entrometer, pero quiero que me prometas que te vas a cuidar.
Dick no pudo evitar sentir un calor en su pecho al oír la preocupación de la mujer. Con una sonrisa, asintió lentamente y tuvo que resistir el impulso de enlazar sus dedos con los de Kory.
Probablemente era el cansancio. Era por eso que su corazón estaba alborotado.
Kory estaba disfrutando pasar el tiempo con Richard. A pesar de que las dudas e inseguridades le seguían susurrando constantemente que nunca sería igual a Dick, la mirada que el hombre le dedicaba, una mirada llena de atención y alegría, era suficiente para que la voz en su cabeza tomara menos importancia.
Tal vez era por la intensidad de los ojos azules de Richard, o por la calidez dentro de la cafetería, pero Kory sentía sus mejillas calentarse ligeramente.
Trataba de no darle importancia, pues era completamente normal que se sintiera atraída a Richard. Al fin y al cabo, estuvieron juntos por mucho tiempo y Kory recordaba su relación con felicidad.
Pero eso era en el pasado. Ahora, eran únicamente amigos. No había necesidad de complicar las cosas.
Mientras conversaban sobre cualquier cosa que se les viniera a la mente, Richard desvió la mirada hacia la televisión que estaba detrás de Kory. Cuando notó que el hombre no estaba prestando atención a lo que decía, siguió su mirada hasta encontrarse con el titular de las noticias.
Nuevo cuerpo reportado: con este se cumplen cuatro asesinatos en el último mes.
No se sorprendió mucho cuando Richard se levantó. Sus ojos verdes se encontraron con el azul de los ojos de Richard, quién se veía culpable por tener que irse. Pero Kory no estaba molesta, pues entendía que era su trabajo.
— Lo siento, yo… — Con un suspiro, Dick puso unos cuantos billetes sobre la mesa y le lanzó una sonrisa triste a Kory. — Si no es suficiente, solo escríbeme y te pagaré lo que falte. Cuídate, Kory.
Kory asintió, y mientras observaba a Richard alejarse con afán, no pudo evitar desear que el hombre se cuidara un poco más.
Dick no podía evitar maldecirse mentalmente mientras se apresuraba hacía la escena del crimen. Sabía que el asesino tenía un patrón semanal, y aún así había guardado la esperanza de que no habría más muertes este mes.
Un error de novato.
Se detuvo en la azotea de un edificio cercano. La policía ya había cercado el invernadero, y múltiples oficiales esperaban cerca a las puertas de la caseta de cristal. Dick tuvo que examinar con cuidado la estructura del invernadero antes de hallar una apertura en el techo. Logró infiltrarse silenciosamente, a pesar de que resbaló ligeramente sobre la superficie del techo, pues la lluvia reciente había dejado el cristal demasiado resbaladizo.
El primer olor que golpeó su nariz fue el de tierra húmeda. El siguiente, fue el olor metálico de la sangre. El aroma predeterminado para los asesinatos. Tomó aire profundamente antes de moverse entre las plantas con cuidado. Por suerte, los vidrios estaban empañados por la humedad, lo que evitaba que la policía lo viera desde fuera.
No tardó mucho en hallar el cuerpo.
Era un hombre de mediana edad, quién estaba acostado sobre un montón de tierra húmeda. Similar a la situación de Frank, sus dedos habían sido cortados, y solamente sus palmas permanecían descansando sobre su pecho.
Su rostro, en cambio, estaba completamente sereno. Parecería dormido de no ser porque su nariz había sido amputada. Dick podía notar el hueso asomando entre la carne, y su estómago se revolvió ligeramente. El hombre había sido apuñalado con unas tijeras de jardinería, y habían cavado un agujero en dónde solía estar su esternón.
En el agujero habían cuatro flores. Un lirio blanco, con sus pétalos ligeramente manchados de sangre, un heliotropo al cual le hacían falta algunos de sus pétalos morados, los cuales estaban esparcidos sobre la tierra alrededor del cuerpo, un jacinto morado y una nomeolvides, que brillaba en contraste a los blancos y morados de las otras tres flores.
Richard se acercó lentamente al cadáver, agachándose para examinarlo de cerca. Además de la nariz faltante, su rostro no tenía señales de forcejeo o maltrato. Sus muñecas, en cambio, tenían marcas de alambre cortando la piel. Aún así, la sangre seguía emanando de las heridas, por lo que el hombre no parecía haber muerto por desangrarse.
Sus labios estaban resecos, y Dick podía notar cierta sudoración en su piel. Era probable que se hubiera intoxicado, ¿pero con qué? Se levantó mientras examinaba sus alrededores, frotando su nuca. Sus ojos se detuvieron en un bonsai que estaba colocado frente a la cabeza del hombre.
Aunque se veía normal, al acercarse, Richard se congeló al notar una pequeña figura de madera colocada a los pies del árbol. Era un lobo, que descansaba bajo la sombra que las hojas le ofrecían. Sus patas y hocico estaban manchados de sangre, y Dick podía jurar que había un trozo de carne bajo una de sus patas.
Respiró profundamente antes de examinar la escena nuevamente. No encontró nada más, para su desgracia, por lo que salió del invernadero. Su mente corría a toda velocidad para hallar alguna respuesta coherente a lo que había encontrado.
Tal vez era por el cansancio, pero no lograba encontrar la conexión. Tendría que pasar el resto de la noche tratando de conectar los puntos.
Aunque Richard ya tenía acceso a los documentos de la autopsia del cadáver de la noche anterior, no podía formular la fuerza para abrirlos. No se sentía preparado para leer sobre los horrores que el hombre había pasado porque Richard no fue lo suficientemente rápido, o lo suficientemente inteligente, para detener al asesino.
Con un suspiro, abrió los documentos y comenzó a leer.
El hombre era Hubert, de 44 años. Un contador común y corriente. Había sido intoxicado con las flores del ébano falso, también conocidas como lluvia de oro, las cuales le causaron una parálisis respiratoria. Esa fue la causa de muerte. Una vez el hombre había dejado de respirar, el asesino le había cortado los dedos y la nariz.
En su boca habían colocado una flor de ébano. Con esa, eran cinco las flores presentes en la escena del crimen. Richard todavía no lograba encontrar la razón detrás de la presencia de esas flores en la escena del crimen.
Además de eso, y de las heridas que habían sido causadas tras su muerte, incluyendo la extracción de su esternón que parecía haber sido causada por un azadón. Según las notas de la policía, los guantes que suponían eran del hombre, pues coincidían con el tamaño de su mano, parecían haber sido usados para manejar las herramientas y las flores.
El trozo de carne que habían encontrado bajo la pata de la figura de madera parecía ser un trozo del pulmón izquierdo del hombre.
Dick no pudo evitar maldecirse mentalmente al leer que habían encontrado una memoria colocada detrás de la misma figura. Estaba tan distraído por la presencia del pequeño lobo de madera que no había notado el aparato.
Con un suspiro, revisó los contenidos de la memoria USB. Como esperaba, se encontró con unas cuantas fotos y un video.
En el video, el hombre estaba cuidando las flores que después serían usadas para su asesinato dentro del invernadero en el que había sido encontrado. Mantenía un rostro estoico, y cada vez que su mirada se desviaba a la cámara su ceño se fruncía ligeramente. No parecía cómodo con la presencia de la cámara (o el camarógrafo), pero no decía nada al respecto. Mientras el hombre podaba con cuidado las ramas del bonsai, suspiró y observó de reojo a la cámara.
— No vas a mostrarle eso a nadie, ¿verdad? No quiero que la gente sepa que me gusta hacer este tipo de cosas de mujer. — Murmuró en voz baja. A pesar de la severidad en su tono, Dick podía oír una pizca de inseguridad. — Es solo que… Las plantas me han acompañado toda mi vida. Son mis únicas amigas. Y tú también, claro… pero ellas llegaron primero, ¿sí entiendes?
El video terminó con la imagen sonriente del hombre, mientras ajustaba unos alambres que sostenían las ramas del bonsai con cuidado. Dick sentía que la culpa le hundía el pecho y le bloqueaba la garganta.
Tragó saliva antes de disponerse a investigar sobre Hubert. Debía encontrar una conexión entre él y las otras víctimas, de una forma u otra.
