Chapter Text
Eres tan valiente y tranquilo, que a veces olvido que sufres.
—Ernest Hemingway.
[...]
Isagi camina a paso lento junto a Karasu. Lo sigue mirando con cierto recelo.
¿De verdad crees que es una buena idea? La pregunta queda atrapada en su garganta. No está seguro si debería decirlo realmente, después de todo, es consciente de la sospecha de Karasu. No sabe por qué, no entiende qué razón existe para generar esta desconfianza de su parte. No siente que haya hecho nada malo, no entiende qué razones pueden existir.
Tal vez simplemente es que Karasu lo encontró en un momento un tanto controversial, un tanto cercano con el acusado. Pero ni siquiera hizo demasiado, simplemente estaba dando, tal como dijo, un poco de humanidad, un poco de calor humano a una persona que parece que en su vida no ha tenido más que frialdad y que solo ha podido conseguir esta clase de calidez en contadas ocasiones.
Ya ha pasado con Rin el suficiente tiempo como para haberse dado cuenta de cuáles son las situaciones que lo hacen sentir incómodo, cuáles son las reacciones que tiene ante las preguntas y ante las distintas actitudes que ha mostrado.
Y sabe, por supuesto, cuál es la actitud que Karasu tiene en este momento. Una actitud autoritaria y bastante fuerte que, cuando menos, solo logrará que Rin se cierre en sí mismo, si no es que logra hacerlo alejarse completamente y arruinar por completo el avance que Isagi ya había conseguido tener.
No quiere decirle nada, porque sabe que Karasu es capaz de sacarlo de la entrevista si así lo quisiera así que solo lo mira con cierta desconfianza hasta que este reacciona. Voltea a verlo con cierta paz que no llega del todo a sus ojos cuando le habla:
—¿Qué sucede? ¿Tienes algo que decirme?
Isagi solo suspira.
—Intenta no ser tan brusco con él.
—¿Por qué? ¿Crees que voy a asustarlo? — lo dice con cierto tono burlón.
Es burlón, pero al mismo tiempo bastante extraño, como si estuviera molesto por sus palabras. Isagi se siente frustrado porque él no tiene la culpa de que la situación sea tan compleja. De que en este momento parezcan estar entre la espada y la pared, que esta situación sea tan difícil. Encontrándose en el inicio del laberinto una vez más.
El caso parece no tener ni pies ni cabeza y no tienen ninguna clase de ayuda por parte de la comisaría en la que se encuentran. Pero eso no es su culpa.
Isagi no merece que Karasu cargue con el reproche de la situación contra él, que cargue su enojo contra su persona solo porque sintió que no estaba haciendo lo correcto, cuando estaba haciendo exactamente lo que dicta su trabajo.
—No. Solo me refiero a que, con el tiempo que pasé con él, me di cuenta de que tiene cierta actitud reticente ante las figuras de autoridad. Lo que puede deberse a algunos problemas que tuvo en su infancia, lo cual tú y yo sabemos que es bastante común entre las personas que son criados en centros de adopción. Por lo tanto, deberías tener un tono un poco más suave, porque en ese momento fue en el que conseguí hacerlo hablar. No te digo que cambies solo, por favor, no llegues con una actitud autoritaria, porque lo único que vas a lograr es que se cierre.
Karasu lo mira con cierta incredulidad, como si le dijera con los ojos: “¿Vas a decirme qué hacer?”. Isagi se siente molesto por su actitud.
Por supuesto que Yoichi sabe perfectamente que Karasu conoce el terreno y sabe lo que está haciendo. Después de todo, él también está entrenado como interrogador y como negociador de rehenes. Pero de cualquier forma, no es su trabajo habitual, no es algo que maneje cada día desde hace mucho tiempo.
Karasu sabe lo que está haciendo, por supuesto que sí, pero hasta ahora, de todos los que se encuentran en este equipo, el que más ha interactuado con Rin es Yoichi. El que ya se ha moldeado a sus reacciones es él, y no le parece que la actitud de Karasu sea la correcta ante la situación.
—Está bien.
Asiente aunque no parece que realmente quiera hacerle caso. Ambos respiran profundo, se miran una vez más y entran a la habitación.
Rin levanta la cabeza, que había permanecido apoyada entre sus brazos, recostado contra la mesa fría de metal desde hace varios minutos mientras lo observaban desde el otro lado del espejo bidireccional.
Rin lo mira. Hay cierto cansancio en su mirada, un deje de tristeza que parece no haberse eliminado desde el momento en el que le dijo que lo abandonaría él también.
—¿Volviste? Creí que ya no lo harías —dice con cierta suavidad en su tono.
Pero cuando sus ojos conectan con los de Karasu, reconociendo su existencia y su intrusión al espacio en el que se encuentran, parece tomar de nuevo esa actitud en la cual levanta sus muros y se oculta detrás de una pared de ladrillos.
—¿Quién es este? ¿Es tu niñero? ¿Necesitas supervisión ahora? —Rin se ríe con un deje burlón.
A Isagi no le sorprende, después de todo, ya se acostumbró de cierta forma a sus bromas y no le extraña que esta sea su actitud ante la situación.
—Te lo presento, Rin. Él es Karasu Tabito, el líder de mi unidad.
—¿Él es tu niñero? —Vuelve a preguntar con la misma sonrisa burlona.
Isagi niega con la cabeza como quien no puede controlar las bromas de la otra persona, si no, solo asumirlas.
—Es mi jefe.
—¿Necesita supervisión? ¿Acaso hizo mal mi entrevista? Yo puedo defenderlo, creo que lo ha hecho todo muy bien. No necesito que la haga alguien más. —Lo último lo dice mirando directamente a Karasu, sin borrar la sonrisa de su rostro.
—No. Él solo se encuentra aquí para hacerte algunas preguntas sobre lo que hemos descubierto sobre ti.
La expresión de Rin tiembla por un segundo. Su sonrisa vacila y lo mira extrañado mientras que ambos investigadores toman asiento frente a él.
—¿Qué descubrieron? ¿Que soy inocente? —comenta antes de reír.
Se ríe con esa seguridad que siempre ha tenido. Quizá ya entiende el porqué de esa seguridad, aunque no tiene pruebas para saberlo realmente, por todo lo que se ha demostrado, se da cuenta de que, incluso si llegase a ser de alguna forma culpable, Rin tiene razones para sentirse seguro. No tienen una forma de acusarlo de ser el culpable de algo. No hay ninguna prueba que lo ponga en la escena del crimen. Finalmente, Karasu toma la palabra:
—No. Vine a hablarte sobre los documentos falsos que descubrimos en tu casa.
La expresión de Rin cae. Ya no hay ninguna sonrisa en su rostro. De repente, por primera vez en las horas que lleva desde haber visto a Rin, Isagi puede ver la máscara caerse por completo. Ve su expresión pasar por múltiples emociones. Miedo, asombro y preocupación genuina. Un desfile de emociones negativas. Ya no hay ninguna clase de risa ni de broma, se encuentra genuinamente asustado.
—¿De qué estás hablando? ¿Entraron a mi casa? ¿Con qué permiso? ¿Por qué lo hicieron?
—Quiero recordarte que fuiste señalado por la víctima como su agresor. Eso nos da permiso de solicitar una orden de un juez para poder catear tu hogar. Por lo tanto, revisamos a ver si no había alguna prueba. Pero antes de hablar de los documentos que encontramos en tu establecimiento, tenemos que hablar respecto a algo un poco más interesante. Cuando nos encontramos con estas personas...
—Estas personas ¿De quién estás hablando?
La respiración de Rin se siente un poco más fuerte. Por primera vez Isagi es capaz de ver una emoción negativa en él, una emoción más allá de la rabia. Es miedo genuino, se ve un nerviosismo en su sistema. Parece que está tocando una fibra sensible.
—Hablamos de los que aparecen en sus documentos como Nijiro Itoshi y Kai Itoshi. Lo cual de por sí, demuestra el hecho de que estos son falsos, sabiendo con toda la información que hemos recolectado que usted no tiene familia más allá de su hermano Sae.
—¿Qué carajos hiciste con ellos?
Rin reacciona de una forma bastante tensa, enojada. Es una mezcla extraña entre miedo y enojo. Una furia que no termina de llegar a sus ojos debido al miedo que dejan ver.
—¿Les hiciste algo? — pregunta totalmente molesto por la situación, golpeando la mesa con los puños apretados. Un sonido fuerte debido también al golpe de las esposas contra la mesa. —¿Qué hiciste con ellos? ¿Dónde están?
—Se encuentran ahora bajo la supervisión de la policía.
—¿De qué mierda estás hablando? ¿Ellos están aquí? ¡¿Ellos están aquí ahora?!
La respiración de Rin empieza a ser más fuerte, más acelerada, más incontrolable luego de gritar. Isagi estudia su reacción demostrando más calma de la que realmente siente y después se da cuenta de lo que está sucediendo. Rin se está alterando demasiado y parece a punto de tener un ataque de pánico.
—Cálmate Rin, respira.
Karasu los mira con cierta expresión tensa, estudiando los movimientos de la situación. Isagi lo ignora, después de todo, no es como que puedan seguir con el interrogatorio si Rin llegaste a tener un ataque. Karasu lo puede juzgar, pero el procedimiento es que incluso ante la sospecha de un ataque, deben calmar al interrogado. No pueden pasar por encima de sus derechos ni de su bienestar porque, incluso siendo el culpable (que hasta el momento no se ha demostrado) sigue siendo una persona que tiene derechos ante la ley.
—Rin, cálmate. Respira conmigo.—pide Isagi. Lo sujeta de los hombros e intenta guiar su respiración, pero Rin no se está controlando. Él solo lo mira a los ojos, como si de pronto viera una pequeña esperanza, lo sujeta de la ropa para acercarlo más.
—Tienes que sacarlos de aquí —Le pide, casi como una súplica. —Tienes que sacarlos de aquí ahora. Isagi, por favor.
Su voz se quiebra después de decirlo. Isagi cree que son de las palabras más honestas que le ha escuchado decir en todo el día.
—No puedes dejar que se enteren de que están aquí. No pueden... No pueden saber que ellos están aquí. No pueden.
—Rin, cálmate, por favor. Cálmate y explícanos.
—¿De quién debemos protegernos? ¿Quién no puede enterarse de que ellos están aquí? Porque mientras no nos expliques lo que está pasando, ellos seguirán estando aquí. No podemos hacer lo posible para sacarlos si no tenemos idea de qué estamos tratando, a dónde los tenemos que llevar o qué tenemos que hacer. —La autoridad no deja de salir de la voz de Karasu, presionando más y más.
Isagi se preocupa por la forma en la que Rin pueda reaccionar, pero él parece totalmente afligido y extrañado. No sabe cómo reaccionar ante la situación, parece totalmente confundido. Se sujeta el pecho y hace lo posible por respirar, intentando calmarse. Su respiración es tan fuerte que parece no saber qué hacer consigo mismo.
—Respira, Rin. Tienes que explicarme para que pueda ayudarte, para que podamos ayudarte —dice Yoichi en un intento que el menor pueda calmarse y entender que aunque Karasu se mostraba directo y autoritario, era alguien de confianza. Alguien diferente a las personas de esta comisaría.—Rin, haz lo posible para hablar. Sé que cuesta y sé que es difícil pero no podemos pasar por encima de la jurisdicción de esta comisaría sin pruebas. Ya te lo dije. Ayúdanos para poder ayudarlos.
Rin pone las manos sobre la mesa y cierra los ojos, haciendo lo posible por controlar su respiración.
—No pueden dejarlos aquí —dice su voz aún sonando algo acelerada, sin dejar de notar la urgencia. —En este lugar están en peligro. Todos los que venimos de allá estamos en peligro en este lugar.
—¿Quién, Rin? ¿De quién estás hablando?
—De nosotros.
— Tienes que explicarte, si no, no podemos ayudarte.
—¿Y cómo voy a explicarme? —dice Rin totalmente alterado una vez más. —¿Cómo quieres que me explique si ni siquiera estoy seguro de si ustedes realmente van a hacer algo por nosotros? He pasado años de mi vida haciendo todo lo posible para protegerlos, para que ellos no tengan que pasar por toda esta mierda de nuevo. He hecho todo lo que ha estado a mi alcance para que no los encuentren nunca más... Y ustedes los trajeron a la maldita boca del lobo. ¿Cómo quieres que confíe en ti? ¿Cómo quieres que confíe en ustedes?
Karasu frunce el ceño totalmente molesto.
—¿Cómo quieres que nosotros confiemos en ti? Recuerda, el acusado por la víctima eres tú.
—¡Yo no sé quién carajos es la persona que me acusó! No sé por qué mierda lo hizo. Y sí, lo sé, soy consciente de que no soy una persona del todo buena. Sé que he estado en muchas situaciones de mierda, que he estado con muchas personas de mierda, y sé que hay una enorme lista de personas que pueden quererme bajo la maldita tierra... Pero aún así no tengo idea de quién es la maldita Leiko de la que tanto hablan. No sé qué quieres que haga. No sé qué quieres que te diga. Solo sé que las personas que más quiero y que más me importan en la vida están aquí, y están corriendo más y más peligro en cada maldito minuto que nosotros estamos aquí hablando. ¡Están en peligro aquí!
Su voz está completamente descontrolada. Está histérico por la situación. Karasu no parece tener la intención de echarse atrás. E Isagi sigue preocupado, no sabe ni qué hacer ni a dónde mirar. Sus ojos pasan desde la cámara hasta el espejo bidireccional. Es consciente que si tuvieran que llevar esta grabación a juicio sería completamente usada en contra de la policía porque Karasu está pasando por encima de los procedimientos y vulnerando el derecho de Rin de calmarse ante una situación de estrés. Presionando más allá de su bienestar psicológico.
Para Isagi esto ya no parece ninguna clase de actuación o maniobra para evitar el interrogatorio, parece un miedo real, de esa clase de sentimiento que no puede fingirse.
Pero Karasu sigue presionando para que Rin hable.
—Dime si la conoces. — exige Karasu, sacando una imagen de la carpeta que habían llevado —Dime ¿Quién es ella? Ella te acusó. ¿Por qué lo hizo? ¡Dímelo!
Rin mira la imagen e Isagi se sorprende de que siquiera sea posible que el miedo en sus ojos se multiplique. Cree que jamás había visto a una persona con el temple de Rin asustarse de esa manera. Ya no parece un adulto de más de un metro ochenta, parece un niño otra vez. Sus ojos se llenan de lágrimas antes de cerrarse, sacudiéndose con una desesperación voraz. Tiembla en su silla. Isagi sigue sujetándolo para evitar que se caiga.
—Respira, por favor. Calma.
—¡No puedo calmarme! Están en peligro. ¡Esta es la maldita razón por la que dije que están en peligro! Siquiera creía que podían tener una posibilidad, pero si ella... Si ella está aquí... Ella habló con Yukimiya. Entonces ¿Sabe que estoy aquí? Si ella sabe que estoy aquí... Si ella sabe que ellos están aquí... No va a haber lugar a donde podamos ir. ¿Qué vamos a hacer? ¡¿Qué mierda vamos a hacer?!
Rin ya no puede controlarse entra en una crisis por completo, se empuja contra la mesa y cae en la silla. Isagi intenta sujetarlo para evitar que se haga daño.
—¡Karasu, no podemos seguir así!
—Él tiene que decirlo, si no, no podremos ayudarlo.
—Karasu, no podemos pasar por encima de sus derechos. Tienes que dejar que se calme. Esto no es correcto, no puedes hacerle esto. ¿Qué más maldita prueba quieres? ¿Ya viste la forma en la que reaccionó? ¿Qué más prueba necesitas para saber que ellos realmente están en peligro? No te está pidiendo que lo liberes a él. ¡Ni siquiera te está pidiendo nada para él! ¡Te está pidiendo que los cuides! El niño no tiene la culpa de nada. No cuesta nada llevarlos a otro sitio. Por favor, Karasu.
—Por favor.
La voz de Rin es como un susurro apenas audible. Le tiembla, suena totalmente rota mientras hace lo posible por respirar, aunque suena ahogado.
—Por favor...—Su voz suena herida, ahogada por un nudo que parece impedirle hablar correctamente.—Por favor, sácalos de aquí. Ellos no están a salvo aquí. Te diré lo que quieras, todo lo que sé sobre ella, todo lo que sé sobre Nijiro y Kai. Te daré incluso la información de como conseguí los documentos si lo quieres. Y puedes hacer lo que sea conmigo pero... Deben llevárselos que solo ustedes sepan dónde estan. Por favor, te lo pido.
Karasu finalmente mira hacia el vidrio y hace un gesto con sus manos. Se entiende perfectamente como una orden para Niko, quien estaba atento a toda la situación.
—Vamos a sacarlos de aquí. —dice Karasu. —Vamos a llevarlos a otro lugar. Voy a sacarlos y los voy a poner en un sitio donde ningún oficial de este lugar sepa dónde están. Pero tú... Pero debes saber que esto tiene un precio. Lo que acabas de ofrecer más te vale que lo cumplas.
Karasu lo mira fijamente esperando que Rin le devuelva la mirada, incluso con su respiración agitada.
—Tú debes decirle la verdad a Isagi. ¿Quién mierda es ella y por qué carajos este lugar es tan peligroso? Y si mientes, lo sabré y no habrá quien pueda evitar que te hundas en prisión.
Dice esto antes de salir de la habitación. Isagi simplemente se queda con Rin entre sus brazos, indicándole cómo respirar para no ahogarse.
"¿Qué mierda está pasando?" es lo único que puede pensar Isagi.
