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Edmund sin lugar a duda era el más distante de los hermanos. Fue el último en saludarlo, solo sacudiendo la mano en el aire y escaneándolo con sus grandes ojos castaños. Caspian recuerda como el niño moqueaba un poco y tenia la punta de la nariz roja, y pensó que, probablemente esa era la razón por la que no había querido darle la mano. Sin embargo, poco a poco aprendió que esa era parte de su personalidad.
Cuando lo conoció, Edmund tenía diez años apenas, siempre vestía su uniforme escolar o ropa holgada bastante cómoda a la vista. Tenía la piel blanca, de los brazos y piernas, llena de morados, el cabello algo despeinado y la nariz pecosa sonrosada. Sus manos siempre estaban ocupadas con pesados libros que leía en cada rincón de la casa, y si no estaba leyendo, simplemente se paseaba con un vaso de leche fría con chocolate, que bebía con tranquilidad.
El niño no tuvo apuro con hablarle, sino que, pasaron varios días hasta que por fin se acercó. Una tarde, mientras hacía la tarea junto a Peter en la sala, Edmund llegó con un gran libro en su mano, y se sentó junto a Peter en el sofá principal. Reposó la cabeza en el hombro de su hermano y comenzó a leer en silencio.
“Al menos uno de mis hermanos aún me prefiere” Agregó Peter con diversión, revolviéndole el cabello. Edmund solo frunció el ceño con molestia, pero no hizo nada más.
Después de ese día, Edmund los acompañaba en la sala, siempre leyendo sus libros y sentándose junto a su hermano, y, cuando no los acompañaba, el niño simplemente se sentaba en los primeros escalones y los observaba desde ahí, mientras bebía su leche con chocolate. Cuando se quedaba a cenar era lo mismo; Susan y Lucy siempre se querían sentar a su lado, pero el niño prefería tomar asiento junto a alguien más. No obstante, su relación mejoró cuando el chico entró en la adolescencia, y si bien, seguía sin ser muy efusivo, si podía regalarle sonrisas ligeras.
“Hola, Caspian”
“Bienvenido Caspian”
Eran los saludos que recibía de su parte.
Otra faceta interesante en el chico era que, al igual que Susan, Edmund odiaba la sobreprotección de Peter. Siempre arrugando la nariz ante las insistencias de su hermano de que siempre llevara suéter en los días fríos, que no se mojara si llovía, que no bebiera cosas frías, que dejara de trabajar en la tienda de frutas, y lo más importante, que dejara de meterse en peleas. Si, el Pevensie menor, al crecer había adquirido el pasatiempo de meterse en peleas escolares.
“Son unos idiotas fastidiosos” Era el argumento que decía cuando le ayudaba a untar ungüento en los golpes hinchados.
Naturalmente, Peter siempre lo regañaba por sus acciones temerarias, y recordándole que podía enfermar o herirse fácilmente si no tenia cuidado. Ahí es cuando intervenía, tranquilizando a su amigo, y defendiendo al menor. Como respuesta solo recibía una pequeña sonrisa de agradecimiento.
Sin embargo, en una ocasión, olvidó que la personalidad de Edmund era similar a la de Susan, o incluso un poco más intensa, por lo que, el día que tuvo que salvarlo de unos abusones en la calle, se pelearon por primera vez. Caspian lo reprendía fuertemente por su imprudencia al pelear con tipos mucho mayores, mientras le untaba ungüento en la mejilla. Eso enojó de sobremanera a Edmund, quien solo le grito cruelmente y subió a su habitación. Aunque poco le duró la molestia ya que, al día siguiente se disculpó y, por primera vez, le dio un abrazo amistoso.
Edmund era serio, frio y distante. Él era invierno. Un espectáculo que muy pocos sabrían apreciar.
