Chapter Text
La primera vez que vio a Sae, pensó en Rin.
La segunda vez, también pensó en Rin.
Y la tercera...
Seguía pensando en Rin.
Era extraño.
Porque cada vez que imaginaba a ese mocoso irritante enfadado, golpeado o gritándole insultos, sentía una alegría absurda. Una emoción intensa y brillante que jamás se había detenido a analizar.
Simplemente estaba ahí. Como siempre. Como si hubiera formado parte de él desde hacía demasiado tiempo.
Shidou bajó la mirada hacia su mano. Sobre la palma descansaban varios pétalos rosados manchados de sangre.
Y sangre.
Mucha sangre.
Por más inteligente que intentara ser, no encontraba una explicación lógica para aquello.
¿Cómo era posible que una persona vomitara flores? ¿Cómo demonios funcionaba eso?
Cualquier persona normal estaría aterrorizada. Correría a un hospital. Pediría ayuda..Buscaría respuestas. Pero a Shidou no podía importarle menos. En ese momento había algo mucho más importante. Mucho peor. Mucho más insoportable.
Levantó la vista.
Sus ojos se clavaron en la escena frente a él.
Isagi y Rin seguían abrazados. Besándose. Aferrándose el uno al otro como si el mundo estuviera terminando. Como si no existiera nada más.
Y Shidou sintió que algo dentro de él se retorcía. Algo desagradable. Algo que no lograba identificar. Su respiración comenzó a acelerarse. Su mandíbula se tensó. Su visión se volvió extrañamente nítida.
Y de repente su cerebro dejó de parecer suyo.
Comenzó a mirar frenéticamente alrededor. Buscando algo. Cualquier cosa. Un objeto. Un arma. Algo.
Sí.
Iba a matarlos.
Primero al maldito enano.
Y después a Rin.
No.
A Rin no.
A Rin no.
A su Rin no.
El pensamiento apareció de forma tan natural que lo dejó paralizado.
Su Rin.
¿Desde cuándo?
¿Desde cuándo pensaba así?
Un fuerte golpe resonó dentro de la ducha.
La realidad volvió de golpe.
Rin acababa de golpear a Isagi. Lo suficientemente fuerte como para tirarlo al suelo. Respiraba agitadamente. Y se limpiaba la boca con rabia. Como si apenas unos segundos antes no hubiera estado besándolo con desesperación.
—¡Vete a la mierda, Isagi! —escupió furioso—. ¡Tú y mi hermano pueden irse a la mierda!
Shidou apenas tuvo tiempo de esconderse detrás de una pared. Si Rin hubiera mirado hacia los lados, seguramente lo habría encontrado. Pero salió de allí tan enfurecido que ni siquiera se molestó en comprobar si estaban solos.
Cuando desapareció por el pasillo, el silencio regresó.
Shidou apoyó una mano contra su pecho.
Su corazón seguía latiendo demasiado rápido.
Demasiado fuerte.
Y no entendía por qué.
No entendía por qué se había escondido.
No entendía por qué había querido matar a Isagi.
No entendía por qué la idea de matar a Rin le había parecido imposible.
Nada tenía sentido.
Nada.
Volvió a mirar hacia el interior de la ducha.
Isagi seguía en el suelo. Con expresión cansada. Resignada. Como si hubiera esperado exactamente ese resultado. Y entonces los pensamientos regresaron.
Más oscuros.
Más peligrosos.
Solo estaban ellos dos. Nadie más..Isagi estaba distraído. Vulnerable..Herido.
Sería fácil.
Ridículamente fácil.
Solo tenía que acercarse.
Ser rápido.
Y todo terminaría.
Alguien tan patético que ni siquiera conocía su lugar no merecía seguir respirando.
Era por el bien común.
Por el bien de todos.
Por el bien de Rin.
Por el bien...
Shidou dio un paso hacia adelante.
Silencioso.
Lento.
Y justo entonces Isagi se llevó una mano a la garganta. Su cuerpo se dobló violentamente. Comenzó a toser.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Hasta que cayó de rodillas.
Shidou volvió a esconderse por puro instinto. Sin entender qué demonios estaba pasando.
Entonces ocurrió.
Isagi vomitó.
Pero no era un vómito normal.
De su boca comenzaron a salir pétalos. Decenas de pétalos..Cientos.
Pétalos empapados en sangre.
Pétalos mezclados con saliva.
Pétalos que parecían arrancados directamente de sus pulmones.
Una arcada tras otra.
Más flores.
Más sangre.
Más flores.
Más sangre.
Durante un instante, Shidou llegó a pensar que Isagi iba a expulsar todos sus órganos por la boca. Cuando finalmente terminó, Isagi quedó desplomado sobre el suelo.
Pálido.
Agotado.
Temblando.
Y aun así...
No parecía sorprendido. Como si aquello fuera normal. Como si llevara tiempo viviendo con ello.
Isagi observó los pétalos esparcidos por el suelo. Luego cerró los ojos..Y sonrió..Una sonrisa triste..Derrotada.
—Rin... —susurró.
Su voz apenas era audible.
—Yo de verdad te amo.
Shidou sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda.
No era miedo. O al menos no el miedo que conocía. Era algo peor. Mucho peor.
Porque por primera vez comenzó a sospechar que aquello que le estaba ocurriendo tenía un nombre.
Y no quería descubrir cuál era.
Retrocedió.
Luego dio media vuelta.
Y huyó.
Corrió por los pasillos.
Corrió por las escaleras.
Corrió hasta que sus pulmones comenzaron a arder.
Como si estuviera escapando de algo.
Como si algo lo persiguiera.
Y quizá era verdad. Porque no importaba cuánto corriera. No importaba cuánto se alejara. La sensación seguía ahí. Pegada a su pecho. Aferrándose a sus costillas. Apretando su garganta. Asfixiándolo.
Y por primera vez en muchos años...
Ryusei Shidou sintió verdadero terror.
No por los pétalos.
No por la sangre.
No por Isagi.
Sino por la posibilidad de entender exactamente por qué había vomitado aquellas flores cuando vio a Itoshi Rin besando a otra persona.
