Chapter Text
El reflejo de Gentaro Yamashiro en la ventana hacía parecer que él tenía un nulo interés por lo que decía su amigo, estaba muy enfocado pensando en el pasado.
‘¿Por qué?’ era lo que se preguntaba cada día desde hace ocho años ‘¿Por qué se fueron?’.
Él suele olvidar muchas cosas cada día. Levantarse temprano para ir a la escuela, desayunar, llegar a tiempo a clases, exámenes, cumplir con los mandados de su tía Shinko, dormir. Pero esa fría noche de invierno, jamás…
“¡Yami!”
Volviendo a la realidad, Gentaro volteo a ver la voz de su amigo y compañero de clases desde secundaria y antiguo bully, Eijiro Sakamoto.
En el pasado, él junto a otros chicos solían burlarse del joven Yamashiro por ser un nerd introvertido, a tal punto de humillarlo verbal y físicamente. Le quitaban su almuerzo, le hacían zancadilla, incluso hubo una vez en la que uno de esos chicos le dijo a Gentaro que si quería llegar a ser alguien en la vida, que saltara desde el techo de un edificio.
Pero todo cambio cuando el tío Sojiro murió. El remordimiento carcomió a Sakamoto cuando vio a Gentaro llegar a la escuela después de lo que pasó. Ese día intentó acercársele para consolarlo pero él lo agarro y los estampó contra la pared. Eijiro no hizo nada, simplemente le dijo al pobre chico que si quería desquitarse y liberar toda esa frustración y odio que llevaba dentro suyo, lo entendería. Luego se disculpó con él, entendiendo que lo que hizo todo ese tiempo fue mal, y empezando a enmendar sus errores. Después de aquello, y que terminaran juntos en la misma preparatoria y en el mismo salón, los dos se volvieron amigos, dejando atrás todo ese doloroso pasado.
“Perdón ¿Qué decías, Sakamoto?”
*Suspiro* “Viejo ¿no estabas escuchando? Te pregunté sobre que creías que le echaban a este Perrito de Fideos [Yakisoba-Pan] que haga que sea tan bueno” dijo Sakamoto.
Si bien era un alimento de lo más común para varios estudiantes dentro de Ciudad Academia, existía el rumor de que el que vendían en la preparatoria Nabu era diferente y casi milagroso. Nadie dentro de la escuela sabía exactamente que le ponían, pero por alguna razón aquel que lo comía jamás pasaba hambre durante el resto del día y se sentía rejuvenecido.
Gentaro simplemente se encogió de hombros y confesó no saber.
Siguieron comiendo hasta que el rubio volvió a hablar “Oh por cierto, anoche lo vieron. Vieron a Spider-Man” dijo Sakamoto con un gran interés "Dicen que anoche detuvo un robo de auto y que fue perseguido por alguien de Judgement y que hubo una pelea o algo parecido”.
Gentaro casi se ahoga con su comida al escuchar eso.
La existencia de Spider-Man era meramente conocida a través de rumores, nadie había logrado verlo o siquiera tomar una fotografía suya, por lo que se había convertido en una de las tantas leyendas urbanas de Ciudad Academia. O al menos eso era hasta anoche.
Se suponía que sería otro patrullaje común y corriente, pateando traseros y capturando maleantes con chistes y enredándolos con su telaraña. ‘Si tan solo Shirai no se hubiera aparecido. Ahora todo el mundo sabrá que Spider-Man es real’. Tragando saliva y sudando de los nervios, Gentaro preguntó “¿D-de donde sacaste e-eso?”
Sakamoto explicó que había sido Mishima de la clase B, un friki conocido por su fanatismo hacia los temas paranormales. Esto no sorprendió para nada al castaño.
“¿Si sabes que Mishima es de esos locos que creen en extraterrestres, verdad?” cuestiono, recordando la otra vez en la que el chico friki dijo haber presenciado como un platillo volador raptaba a una chica con el objetivo de que sus tripulantes, según él, pusieran sus huevos dentro de ella para así preparar una invasión planetaria que traería la extinción de la humanidad (¿Qué clase de Jaime Mausan es ese?)
“Ósea, sí, pero algo me dice que esta vez tiene razón” dijo Sakamoto.
Gentaro por otra parte, andaba metido nuevamente en sus pensamientos ‘¿Qué debería hacer? Anti-Skill y Judgement estarán pendientes de cualquier actividad de Spider-Man, esperando para poder arrestarme. Y dudo que esa chica deba estar contenta después del truco de anoche”.
*Suspiro* ‘Típica suerte Yamashiro’
Entonces la campana sonó, había terminado la hora del almuerzo. Los dos se levantaron para ir a sus asientos, mientras Gentaro terminaba de comerse el resto de su comida y tirar el envoltorio a la basura. ‘Va a ser un largo día...’
“Viejo ¿Por qué tenemos que venir al laboratorio a aprender química? ¿No podemos hacerlo en el aula? Es tan aburrida esta clase que siempre me dan ganas de dormir en mi pupitre”.
Sakamoto no paraba de quejarse. Para él, cualquier cosa relacionada con la ciencia le resultaba mortalmente aburrido. No era el más listo de su clase, de hecho estaba en la última posición en términos de notas.
No como el joven Yamashiro. Era su materia favorita junto a la física, matemáticas, y la biología. Siempre sacaba notas estupendas en todas las materias a tal punto de ser el mejor de la clase, pero su récord de asistencias tardías a causa de su obligación como Spider-Man no le permitieron llegar sino hasta el segundo lugar.
“No sé de qué te quejas. ¡La ciencia es algo increíble!”
No era un secreto para nadie el amor y la pasión que Gentaro tenía por todo lo relacionado con la ciencia. Era la única razón por la que se enamoró de esta ciudad, poder apreciar tan de cerca el avance científico que tenía en comparación a cualquier otro lugar y aprender de ello.
“Además, vivimos en una ciudad utópica dedicada a la ciencia” destacó “¿Qué esperabas conseguir cuando decidiste mudarte a un lugar como este?” preguntó genuinamente por el nulo entusiasmo de su amigo.
El rubio sonrió de boca a boca y se rasco la parte baja de la nariz como si un personaje de anime se tratase “Un superpoder bien chingon y un montón nenas super buenísimas” confesó el desvergonzado con un rubor en sus mejillas.
“¿Por que no me sorprende?” dijo Gentaro con expresión impasible.
“¡Oh vamos! ¿Es que no tienes un tipo de chica que te guste?”
‘¿Mi tipo de chica?’
Casi como por instinto, Gentaro volteo a mirar a una muchacha de cabello rojo sentada en otra de las mesas del laboratorio. No sabía cómo se llamaba, pero la conocía porque estaba en el mismo salón que él y sus amigos. Desde que llego a esta preparatoria, no paraba de observar de vez en cuando a la pelirroja. Su peinado en cola de caballo atado con un listón del mismo color que su cabello, su figura delgada, su rostro suave y fino, esos ojos color verde como esmeraldas... Gentaro estaba tan hipnotizado por esa chica, que casi parecía un mosquito dirigiéndose a una lampara.
Notando que la estaba observando demasiado, volvió a dirigirle la mirada al rubio. Si se hubiera quedado mirando a la chica de listón rojo por unos cuantos segundos más, habría visto como ella se volteaba a mirarlo con la misma extraña fijación que él.
Todos en el salón no paraban de hablar de temas irrelevantes, hasta que pararon con la llegada de un hombre con un brazo prostético hecho de metal. El doctor Takuto Hamada, cirujano certificado y científico experto en biología y bioquímica. Perdió su brazo derecho hace años en un accidente, y desde entonces se mudó a Ciudad Academia para trabajar como genetista investigando la capacidad de ciertos reptiles para volver a crecer extremidades faltantes, con la esperanza de recuperar el brazo derecho que le faltaba.
“Muy bien clase, hoy vamos a trabajar en parejas, así que por favor dense prisa y encuentren compañero”.
Gentaro ni se sorprendió al ver que Sakamoto decidió elegirlo de compañero, cada vez que había que formar grupos en clase ellos dos se juntaban para realizar el trabajo a pesar de que al final el que hacía todo era el castaño. ‘¿Por qué siempre yo?’ Era una pregunta de la que ya se sabía la respuesta, después de todo él era el genio científico del dúo dinamico.
Una vez puesto la bata de laboratorio y el equipo de protección empezaron a trabajar, con Gentaro encargado de dictarle las fórmulas y los pasos a seguir escritos en el libro de ciencias a Sakamoto.
Era un trabajo un tanto riesgoso, pero para el chico de cabello castaño le resultaba fácil y sencillo, solo debía seguir las indicaciones con precisión y asegurándose de que su rubio compañero no la cagara.
El doctor Hamada, que pasaba por un lado de las mesas supervisando que sus alumnos no cometieran errores que los pusieran en peligro, no pudo evitar asentir con una sonrisa de orgullo y satisfacción al ver la mesa de Gentaro y como este lo hacía con una calma y dedicación que le recordaba a sus años de juventud. Sabia del potencial del joven Yamashiro, había visto sus notas de la secundaria y quedo impresionado por lo altas que eran, fue tal que casi le rogó al director que lo asignara a él como su profesor de aula. Pensó que si guiaba debidamente al muchacho, este lograría llegar a ser un científico más brillante de lo que él alguna vez pudo serlo. Creyendo que no ocurriría nada malo, regreso a su escritorio, confiando en que sabrían que hacer sus estudiantes. Caso error.
Llegaron a una parte
Sakamoto entrecerró los ojos tratando leer que decía “¿Uosdwis i jamoh? ¿Qué? No entiendo ni mierda que dice” el castaño giro los ojos poniéndolos en blanco al escuchar al rubio “Es la tinta” dijo “Es un libro viejo, por lo que la tinta ya se corrió”. Tomó el libro entre sus brazos y leyó con suma atención el párrafo “Dice que mezclar 10 mililitros del tubo amarillo con el verde” dijo. Sakamoto hizo caso pero se encontró con un problema.
Había dos tubos amarillos.
‘¡Oh mierda! ¿Cuál es cuál?’ Sin saber que hacer, el chico dejó todo a la suerte con un clásico De Tín Marín De Do Pingüe, tomando el de la izquierda y mezclándolo de la forma indicada.
Mientras hacía esto, Gentaro repasaba el libro, pero fue interrumpido por un dolor de cabeza punzante, típico de su sexto sentido.
‘¿Mi sentido arácnido? Pero si no hay-’
“O-Oye, Yami. ¿E-es normal que eso pase?” vino la voz nerviosa de Sakamoto.
Los ojos de Gentaro se abrieron de par en par al ver como el tubo de mezclas estaba burbujeante y empezaba a echar humo.
“¡¿Y ahora qué hiciste, Sakamoto?!” “¡Lo que tú me dijiste, tome el amarillo y lo mezcle!” "¡¿Cual de los dos?!"
Entonces Gentaro tomo a su amigo por el cuello de la bata “¡Tarado, se suponía que debías mezclar era el de la derecha!” “Bueno pero no te enojes. ¿Y el otro para que era?” preguntó el rubio claramente nervioso. El castaño quiso explicar pero…
*Tiiliing*
Como si taladraran una calle o una tetera hirviendo, el sentido arácnido de Gentaro no paraba de golpear su mente. ¡Debía actuar ya!
Sin pensarlo dos veces, tomo el frasco y corrió hacia donde estaban ubicadas las ventanas hacia el exterior. “¡Nijima!” grito llamando la atención de una compañera de cabello moreno que estaba sentada junta a la venta “¡Abre la ventana, rápido!”. La chica, en pánico, hizo caso y abrió la ventana que daba hacia el estacionamiento de la escuela.
“¡Yamashiro! ¿Qué se supone que estás haciendo?” Dijo el doctor Hamada al percatarse de lo que sucedía. Ignorándolo, Gentaro arrojo el tubo hacia afuera. “¡Cúbranse, va a explotar!” dijo alejándose de la ventana y agachándose. El resto hizo lo mismo.
*Boom*
El tubo de ensayo exploto como si una granada fuese, rompiendo las ventanas de vidrio del laboratorio y activando la alarma de varios autos aparcados.
Una vez pasó el peligro, todos empezaron a levantarse de debajo de las mesas y algunos se asomaron por la ventana para curiosear que había sucedido.
Gentaro soltó un suspiro de alivio, pero entonces sintió el firme agarre del profesor y su severa mirada . “Yamashiro” Dijo “¿Me puedes explicar que acaba de pasar?”
El chico tragó saliva pensando que decir. Inmediatamente, Sakamoto se acercó para explicarle “Fue mi culpa, doc. Yo-“
Pero fue interrumpido por Gentaro “Sakamoto me estaba dando instrucciones y mezcle por error el frasco equivocado. Soy responsable por lo sucedido” dijo cabizbajo. Las notas de Eijiro no eran las mejores, por lo que una llamada de atención por lo ocurrido en el laboratorio podía causar su expulsión. Gentaro lo sabía, y por eso decidió poner su mano en el fuego él.
“¿Es eso cierto?” Hamada dijo mientras entrecerraba los ojos dudando de dicha excusa.
Sakamoto no podía creer que Gentaro tomase la culpa por su error.
Entonces vino la voz de uno de los alumnos “Oye, Yamashiro ¿Ya viste lo que hiciste?”
Esto capto la atención de Gentaro y el dr Hamada
Los dos se acercaron para ver de qué hablaban.
Sus ojos se abrieron en par en par al ver el vehículo destrozado
‘¡Ay no!’ pensaron al mismo tiempo los dos
De todos los coches aparcados el único que sufrió graves daños era el del vicedirector, Osamu Morooka.
Todos en el salón empezaron a susurrar “¿Yamashiro acaba de destruir el coche del rey idiota?” “Que mala suerte la suya” “Pobre diablo, seguro lo van a expulsar”.
Entonces la puerta del laboratorio fue abierta furiosamente por un hombre dientudo y un tanto encorvado. (Me recuerda a un profesor idiota de un pueblo lleno de neblina)
“¡¿Quién de ustedes bobalicones destruyo mi auto?!”
Casi todo el salón apuntó directamente a Gentaro. Las únicas personas que no lo hicieron fueron Sakamoto, el dr Hamada, y la chica pelirroja.
El castaño trago saliva y agacho la cabeza en señal de derrota.
“Típica suerte Yamashiro...”
Kuroko Shirai se encontraba en uno de los laboratorios perteneciente a Anti-Skill junto a su jefa, Mii Konori. Estaban paradas en la puerta del laboratorio forense, esperando a que llegaran los resultados de las pruebas de la tela de araña que había obtenido la noche anterior, cuando encaró al cabeza de red y este término dejándola en ridículo. Y también en un regaño de parte de la chica mayor por el hecho de haber destruido un par de esposas y el haberse dejado engañar por el tipo araña.
Un momento después, la puerta se abrió y salió la jefa de ciencias forenses de Anti-Skill.
¿Y bien?" le preguntó Konori. "Bueno, su composición era bastante extraña. Sus propiedades y estructura son similares a las de los arácnidos reales". “¿A qué se refiere?” Kuroko fue la que pregunto esta vez.
“Es mejor que lo vean por ustedes mismas” dijo mientras abría la puerta para las dos jóvenes oficiales.
Al entrar en la habitación, Kuroko y Konori miraron a su alrededor. Era un laboratorio de aspecto bastante sencillo, con equipo esparcido por el suelo y maquinaria enchufada en las paredes, nada ostentoso. “Bueno, estaba analizando la composición y la estructura de la red. Y esto es lo que encontré” dijo la forense ampliando la imagen.
“¿Qué estamos viendo? preguntó Konori, sin entender lo que se mostraba. “Un momento, eso no puede ser...pero es imposible” oyó murmurar a Kuroko.
“Así que ya sabes lo que es. Tokiwadai no se anda con rodeos. Sí, es exactamente lo que ves aquí”. Dijo la forense confirmando las sospechas de la chica de coletas.
“Pero para crear una estructura de telaraña tan intrincada como esta, se necesitarían varios años de desarrollo. Es posible que el esper que hizo esto-“
“Sí, no, lo descartamos. No se detectó ningún campo AIM en la telaraña”.
“¡¿QUÉ?!” Kuroko estaba sorprendida, y Konori también, pero estaba demasiado confundida como para seguir la conversación y demostrarlo. “El sujeto que ese tal Spider-Man capturó anoche, confeso que el mismo tipo de rojo admitió haber inventado esta telaraña”.
Konori puso su mano en el mentón pensativa “Entonces si él la hizo, quiere decir que es una clase de genio con tiempo libre y muchos recursos”.
“No creo eso último, jefa. Su traje parecía hecho a mano y con máquina de coser, pude alcanzar a ver las costuras que tenía” admitió Kuroko “Además de que llevaba unos brazaletes plateados en las muñecas. Un ‘aparato de defensa’ según él” frunció el ceño al recordar lo sucedido anoche. ‘Fue un buen truco el que hiciste, Spider-Man. Pero la próxima vez que nos veamos, no tendrás tanta suerte’ juró a sí misma apretando el puño en señal de determinación. (Alguien añada Teleporters de Tokiwadai a la lista de depredadores)
“Ya veo. Parece que después de una hora, la telaraña se degrada y se disipa en sustancias químicas aleatorias no contaminantes." Explicó la forense.
"Suena demasiado conveniente" comentó Kuroko.
Konori no sabía por qué, pero un escalofrío le recorrió la espalda. ‘Qué raro, antes no hacía tanto frío’ pensó Konori.
"Bueno, podríamos intentarlo la próxima vez; al menos logramos analizar las propiedades de la telaraña antes de que se degradara. Pero el problema es que no sabemos cómo se crea algo así de forma sintética, y como resulta tener una estructura muy similar a la de las arañas."
Gracias a esta explicación, Konori empezó a comprender a qué se enfrentaban. “Shirai. Dijiste que cuando confrontaste a ese hombre, este poseía una fuerza y velocidad sobrehumana ¿verdad?” pregunto Konori.
La niña de coletas asintió “No solo eso, también saltaba más alto que un atleta olímpico. Hasta fue capaz de detectar la teletransportación de mis dardos.”
“¿Podría esto último ser una habilidad precognición?”
La forense quedo pensativa ante esto “Si se tratara de un esper, y con una habilidad como esa, estaríamos hablando de un esper potencial de nivel 3 a 4, según mis cálculos.”
“¿Entonces SI es un esper?” pregunto Kuroko
“Tal vez. Pero sin alguna prueba que lo confirme, solo puedo sugerir dos cosas” levantó dos dedos para señalar. "O es una especie de enorme araña mutante devoradora de hombres" Las jóvenes oficiales se estremecieron al imaginar una criatura así deambulando durante las noches. (Suena a peli de terror protagonizada por Jeff Goldblum)
“O estamos lidiando con un cientifico loco que desperdicia su tiempo e ingenio en atrapar maleantes por razones desconocidas”.
Konori y Kuroko soltaron un suspiro en señal de derrota y frustración. No esperaban adivinar tan fácilmente la identidad de Spider-Man, pero con el informe de la forense sentían que volvían a la casilla de salida. Como había dicho ella, tenían que esperar a la próxima vez que se cruzaran con el cabeza de red…
‘Me la debes, Sakamoto’ Pensó Gentaro mientras limpiaba y organizaba el laboratorio del dr Hamada como castigo. Una mirada de irritación cruzo el rostro del chico, recordando el fuerte regaño de parte del vicedirector Morooka. Más que nada por las palabras que dijo el dientón:
‘Cada vez que me doy la vuelta, ustedes los jóvenes están holgazaneando, jugando con esos malditos teléfonos celulares, revisando sus diarios personales y su maldito internet. Ustedes son la razón por la que este país está en la ruina. ¿Crees que eres inteligente por tener buenas notas, Yamashiro? Pues no lo eres. Eres solo un pobre diablo con buena memoria, tan perezoso como para llegar a tiempo a clases. No eres más que otro asqueroso vándalo sin futuro...’.
*Crac*
Gentaro estaba tan irritado por las palabras de ese tipo que fortifico el agarre que tenía sobre el palo de la escoba, rompiéndolo en el proceso.
*Suspiro*
‘Controla tu fuerza, Gentaro’ Siempre buscaba contenerse, o de lo contrario alguien saldría herido, o peor. ‘Ya cometí ese error una vez, no puedo dejar que vuelva a ocurrir’
Tiro los restos de madera a un bote de basura que había cerca, y luego noto que en su mano había astillas. Tomó unas pinzas y procedió a quitárselas. No tenía que preocuparse por las cicatrices que dejasen, sus poderes de araña también le permitían regenerar heridas, siempre y cuando no fueran muy profundas.
Una vez hecho esto, se lavó las manos para desinfectarse y miro que Hamada no hubiese vuelto de la sala de maestros.
*THWIP*
Disparo un poco de su telaraña para formar una especie de venda. Siempre andaba con sus lanza-redes puestos, por si alguna emergencia se presentaba, casi como en este caso.
Continuando con sus tareas de castigo, oyó la puerta abrirse y vio entrar al científico dando un suspiro.
Gentaro no fue el único al que regañaron ese día, Hamada también recibió unos cuantos gritos de parte de Morooka ya que como profesor, era su obligación hacerse responsable del comportamiento de sus alumnos.
“Fue culpa de Sakamoto ¿no es así?” preguntó Hamada a algo que ya tenía respuesta. “¿Si sabes que pude interceder a favor suyo, verdad? Se que sus notas son bajas, pero no significa que no hubiese dejado solo a tu amigo”.
“Bueno, yo estaba supervisándolo. Así que aunque él hubiese confesado, era mi responsabilidad asegurarme que hiciera bien las cosas”. Dijo Gentaro.
El adulto simplemente negó la cabeza contraargumentando al joven “No tienes que tomar responsabilidad por los actos de otros, Gentaro”.
Esas palabras golpearon una parte muy profunda del chico. “¿No tomar responsabilidad por los actos de otros?” murmuro. No podía, no cuando por su culpa permitió que aquel sujeto asesinara al hombre que fue como un padre para él...
Al cabo de un rato, Gentaro notó que su maestro estaba de pie mirando fijamente a una ecuación escrita en el pizarrón del aula. Ya la había visto antes, cada que venía a este laboratorio. No lograba entender por qué Hamada la escribiría a cada rato, pero sabía que era muy difícil para el cerebro del genio que tenía como maestro. Su curiosidad no lo dejaba concentrarse en sus labores, así que decidió morder el anzuelo y preguntar.
“¿Qué es esa ecuación, doc?” tenía genuino interés en saber que era y si se podía resolver.
Hamada no esperaba que el chico se interesase en el tema, así que fingió restarle importancia “¿Qué? ¿Esto? No es nada, simplemente un problema matemático que siempre me pongo como reto”. No sirvió.
“¿Tiene que ver con su investigación de regenerar de miembros humanos con ADN de reptil?”
El adulto se giró sorprendido, no sabía que su pupilo supiese de su trabajo.
“¿Leíste sobre mi trabajo de biogenética? ¿Y la entendiste” pregunto con entusiasmo.
“Fue la razón por la que me uní a Nabu en primer lugar. De hecho fue el doctor Otto Octavius el que me recomendó. Dijo que si quería ser un brillante científico, tenía que aprender de uno de los mejores.” Confeso Gentaro con un poco de vergüenza y admiración, no era de los que le gustaba presumir su intelecto.
El muchacho no paraba de sorprenderlo. No solo por el hecho de elegir esta mugrosa escuela solo para trabajar con él, sino que también había trabajado con el famoso Otto Octavius.
Entonces una idea cruzo por la mente del joven. “¿Puedo…?” dijo refiriéndose a la ecuación.
“Sin ofender, Gentaro. Pero eres un simple estudiante de preparatoria, y yo un adulto titulado y años de estudio. Dudo mucho que logres resolver algo así” remarco Hamada, incrédulo de que un simple adolescente lograse lo que él jamás pudo.
Gentaro giro los ojos poniéndolos en blanco e ignoro dicho comentario “Al menos déjeme intentarlo ¿sí?” Suplicó. “Si no logro descifrarlo, podrá decirme ‘Te lo dije’. Además ¿Qué es lo peor que podría pasar?” (Todos recordaran eso)
Viendo que no podía detener al chico, Hamada le paso la tiza para que escribiera.
Y así lo hizo. Gentaro copio la formula y empezó a descifrarla poco a poco.
Hamada pasó de curiosidad por querer ver al niño de 15 años resolverlo, después a asombro viendo como los cálculos que escribía eran correctos, y finalmente quedo en estado de shock al ver de forma incrédula todo lo escrito en el pizarrón.
después de un par de minutos, Gentaro termino de escribir y se giró esperando una respuesta de su profesor.
La boca del científico estaba tan abierta que casi podría caer hasta el piso, y sus ojos casi se salen de sus cuencas.
Lo había logrado.
“Extraordinario...”
La sonrisa del joven no tenía precio, parecía como un niño en navidad al oír eso.
“¿Cómo lo dedujiste?” Preguntó Hamada encarando a su nuevo y posible salvador
Gentaro no sabía cómo explicar con palabras, por lo que simplemente señalo su cabeza con una risa nerviosa.
Una idea cruzo la mente del adulto “Gentaro ¿Qué te parece quedarte un poco más?”
…
La computadora del doctor Hamada proyectaba el modelo computarizado de una lagartija “Estas maravillosas criaturas están tan brillantemente adaptadas que pueden regenerar extremidades a voluntad. Ya imaginaras mi envidia” dijo el genio científico mientras explicaba a su estudiante.
La razón de esto era simple, hacer las simulaciones en la computadora con base a la ecuación resuelta por Gentaro. El objetivo era reproducir estas capacidades y transferirlas a otro huésped, como un ratón de tres patas llamado Akihiko, que pertenecía al laboratorio de Hamada.
“Introduce el algoritmo” ordenó a Gentaro.
Antes de que el chico tecleara la formula en la computadora, su celular sonó. El identificador mostraba que era la tía Shinko.
“¿Necesitas contestar?” preguntó el científico. Gentaro negó con la cabeza, rechazando la llamada “Solo le enviare un mensaje”
‘Hoy
Tía Shinko: ¿Dónde estás? (5:49pm)
Llamada perdida
Tu: Ocupado. (6:01pm)’
Guardó su teléfono en el bolsillo y se concentró en el trabajo que tenía entre manos en ese momento.
>Sistema listo para inserción de genes. Indicaba la pantalla de la computadora, a lo que Gentaro procedió a teclear.
“¿Ve lo que quiero hacer?” le preguntó a su profesor a lo que este asintió “Bloquear las proteínas” “Bloquear la respuesta inmunológica”.
Presiono la tecla de Enter, y dejó que la maquina hiciera el resto.
>Comenzando simulación...
>Pendiente...
>Pendiente...
Casi como si de una pareja esperando una prueba de embarazo se tratase, el dúo maestro y aprendiz permaneció impaciente ante la respuesta de la simulación. Hasta que después de unos minutos, finalmente escucharon lo que querían oír.
>Aceptado algoritmo de péptidos
>Recrecimiento terminado
>Signos vitales: Normales
>Presión sanguínea: Normal.
>Regeneración de extremidad: Exitosa.
Al ver que la simulación fue un exitosa, los dos voltearon a ver el uno al otro con una sonrisa en sus rostros.
“Extraordinario, Gentaro. Gracias” dijo Hamada poniendo su mano en el hombro del chico, el cual no podía contener su felicidad.
Una vez hecho el suero, los dos decidieron que era hora del siguiente pasó. La prueba en animales, cuyo primer sujeto seria uno de los ratones del laboratorio. “Te presentó a Akihiko y Shinjiro, los ratones de tres patas” el científico agarro a Akihiko y lo puso en las confiables manos del chico. “Hola, amiguito. Ya te tengo” saludó Gentaro al roedor. Siempre fue muy atento y respetuoso con los animales, muy a su pesar de que no se permitieran mascotas en el edificio donde vivía.
El doc tomó el suero listo para inyectarlo en el pequeño ratón. “Cuidado. No te muevas, no quiero inyectarte por error. Aún es pronto para probarlo en humanos” dijo mientras lo hacía con Akihiko. Una vez terminado, Gentaro puso al roedor devuelta en su jaula.
“Ahora queda esperar...”
Los segundos parecieron minutos, los minutos parecieron horas.
Se quedaron ahí sentados, esperando.
Al cabo de un rato, vieron algo sumamente milagroso.
Poco a poco, la pata de Akihiko se regeneró de forma completa y exitosa.
Hamada y Gentaro se miraron fijamente, a lo que este último exploto en un arranque de euforia.
“¡Siiii! ¡Lo logramos, doc! ¡Lo hicimos carajo!” Gentaro no era muy de usar lenguaje vulgar, sus tíos le enseñaron a no serlo. Cada vez que lo hacía, debía poner un billete en el frasco de groserías. Pero en esta ocasión, mandó eso a la mierda.
Luego levantó la mano derecha en señal de chocar los cinco “¡No me deje colgado!” suplico para que su maestro hiciera lo mismo, lo cual aceptó a regañadientes.
*Clap*
Pero él en cambio estalló en un mar de lágrimas de felicidad tomando por sorpresa al joven.
“Gentaro… no tienes idea de cuanto te lo agradezco, muchacho. Le has dado esperanza a este pobre hombre…” dijo entre sollozos poniendo su mano en el hombro del chico, a lo que este respondió poniendo su mano sobra la de él con una sonrisa.
“Doctor Hamada, esto hay que celebrarlo.” dijo Gentaro mientras alistaba su bolso con suma emoción e impaciencia. Pero fue detenido por su maestro “Y lo haremos, chico. Mañana” dijo tranquilizándolo “Ya es tarde y tienes que irte” señalo la hora.
Tenía razón, ya estaba a punto de anochecer y Gentaro siendo un estudiante tenía toque de queda, por lo que no podía quedarse toda la noche afuera. Al menos no como civil.
Con eso dicho, el doc empezó a marcharse no sin antes dirigirse una última vez hacia su alumno “¡Hoy es el inicio de un nuevo mañana, señor Yamashiro!” dijo despidiéndose.
Gentaro corría como loco, ya había oscurecido por lo que debía que irse a casa cuanto antes o Shinko lo regañaría. Normalmente cualquier estudiante de Ciudad Academia iría corriendo como loco o pediría un taxi. Pero este chico no era normal.
Deteniéndose un momento para recuperar el aliento, se encontró en la entrada de un cierto callejón, mientras observaba disimuladamente que no hubiera cámaras o alguien siguiéndolo.
Viendo que no era el caso, se apresuró en entrar a dicho callejón.
‘¡Hora del espectáculo!’
Una vez adentro, empezó a desvestirse, revelando que bajo su uniforme escolar llevaba puesto su traje. Y entonces al ponerse su mascara, Gentaro Yamashiro desapareció del ojo público, y en su lugar estaba ÉL.
El Sorprendente SPIDER-MAN.
*THWIP*
Disparó su telaraña hacia lo más alto de unos de los edificios y comenzando a columpiarse con dirección a casa.
“¡YEEEHAAAAWW!” grito al sentir la adrenalina. Lo necesitaba después del largo día que tuvo en la escuela como Gentaro Yamashiro.
Si se daba prisa, con suerte llegaría a tiempo. Pero suerte era lo que no tenía.
Mientras se balanceaba, escucho un grito que llamó su atención.
“¡Piérdanse idiotas, déjenme en paz!” vino una voz masculina.
Se detuvo en una cornisa y agudizo su oído para escuchar de donde provenía el grito.
En un parque no muy lejano, había una banda de Skill-Out intimidando a un estudiante “Danos todo tu dinero y te dejaremos en paz, rubio” dijo uno de los delincuentes.
“¡Les daré ESTO, imbéciles!” exclamó el muchacho agarrándose la entrepierna.
Spider-Man reconocería esa forma vulgar de hablar en cualquier parte. Se trataba nada más ni nada menos que de Eijiro Sakamoto.
El cómo termino en esa situación no era de importancia, tenía que intervenir antes de que lastimasen a su amigo…
“¿Te crees muy pitudo, no? ¿Si sabes quiénes somos?” se acercó uno de los matones con claras intenciones homicidas, pero esto no detuvo a la labia del rubio “¿Mis putas?” respondió con una sonrisa arrogante.
Uno de los pandilleros no espero más y se abalanzó hacia Sakamoto
*THWIP*
Pero fue detenido por una telaraña que lo jaloneo hacia arriba.
La figura roja y azul del cabeza de red aterrizo entre el chico y sus atacantes
Todos quedaron impactados al ver quien había venido a arruinarles la fiesta, lo que hizo varios pandilleros empezaron a murmurar entre ellos.
“Espera ¿Ese es-?” “Su puta madre, es real” “¿Acaso no era una leyenda urbana?”.
Por otra parte, Sakamoto se puso contento al saber que Spider-Man era real y encima verlo con sus propios ojos ‘Oh amigo, Kirishima y Yami se van a morir de la envidia cuando les cuente esto mañana’
Entonces el líder se acercó a él. Era un hombre grande con grandes músculos, casi pareciendo un gorila pero obeso. “Atrás, yo me encargó de este bicho raro” ordenó a sus secuaces para que no intervinieran en lo que según él, sería una masacre.
“¿Y tú quien demonios eres? Lárgate de aquí si no quiere que te maté” amenazó con un aire de superioridad. Lo cual no intimido para nada al trepamuros, todo lo contrario, le fascinaba luchar con tipos como el que tenía enfrente.
Después de todo, cuanta más soberbia más fuerte es la caída.
“Mucho gusto, soy Spider-Man. ¿Y tú eres?” dijo ignorando las amenazas “¡No, espera! ¡Ya se, ya se! Eres el payaso del pueblo ¿verdad? No pensé que fueras así. Digo, pareces un tipo rudo aunque gordo y estúpido”.
Todos los demás no pudieron ignorar poner una cara de dolor, no por ellos sino por la frase que acababa de decirle el arácnido al panzón, el cual se le formó una vena en la frente ante tremendo insulto hacia su persona.
“¡Retráctate bastardo!” demandó el gorila “Esta bien, está bien, no eres rudo” pretendió disculparse Spidey ante su oponente. “¡Eso está mejor!”.
…
El silencio reinó por unos cuantos segundos antes de que el cabeza hueca se diera cuenta de lo ocurrido y sus ojos se pusieran rojos de furia.
“¡Hijo de perra!” Cargó con un puño de fuego hacia Spidey, quien rápidamente hizo unos cuantas volteretas para alejarse del mantecoso y esquivando el golpe saltando sobre una máquina expendedora que lo recibió
“Oye tranquilo, viejo. No creo que esa máquina expendedora sea tu desorden alimenticio”
Sacando su puño de la máquina, el matón miro hacia arriba para encararlo “¡Pedazo de mierda!” “¿Qué? ¿Eres tan gordo que ya no alcanzas a ver la tuya cuando vas al baño?”
Eso colmo la paciencia del pyrokinetico, quien le lanzo una ráfaga de fuego. Era de los poderes más comunes en Ciudad Academia, por lo que Spidey ya sabía de antemano que tácticas usar. Esquivo el ataque y le propino una fuerte patada que mandó al gordinflón devuelta con sus compañeros.
Volviendo a ponerse delante de Sakamoto, Spidey se dirigió hacia la pandilla “Muy bien señores. Yo de ustedes me iría por donde vine, así que marchando si no quieren que los mande llorando con sus mamitas” luego se giró y le dijo al rubio “Y tú también, amigo. Vete a tu casa mientras los profesionales se encargan de sacar la basura”
El líder se levantó furioso al ser humillado por el cabeza de red “¡No se queden parados y acaben con el!” ordenó a sus secuaces.
Dicho y hecho, cargaron contra el héroe quien hizo lo mismo
*Pow* *Thud* *Paf* *Zas*
Puños y patadas volaron por doquier durante el enfrentamiento.
Varios pandilleros cayeron al suelo y otros simplemente huyeron con la cola entre las patas.
Aunque Spidey era más fuerte y veloz, lo superaban en número. Dos de ellos se abalanzaron sobre él, sujetándolo mientras otro lo golpeaba con un tubo de metal.
“¡Oigan- ¡Ow! ¡No sean montoneros!” se quejó.
No queriendo recibir más golpes, decidió hacer una llave de lucha en la que tomó la cabeza del tipo armado con su piernas, usó fuerza de araña para zafarse del dúo, y giró al otro tipo que seguía sosteniéndolo con las piernas estampándolo en el suelo.
Fijo su atención en el par de hace un momento “Deberían hacer el amor, y no la guerra” dijo bromeando con ellos.
*THWIP* *THWIP*
Cruzo los brazos y lanzo un par de telarañas halándolos, haciendo que choquen entre sí.
*THWIP*
Y los cubrió como un costal, luego los levanto y los tiro al piso, dejándolos fuera de combate.
Los demás pandilleros que quedaban el lugar no quisieron tener el mismo destino, por lo que también huyeron despavoridamente de ahí, dejando únicamente a su líder.
Mientras toda la conmoción ocurría, Sakamoto permaneció escondido detrás de la máquina expendedora anteriormente destruida. Estaba sumamente anonadado, el ver que Spider-Man derroto por su propia cuenta a todos los maleantes le pareció increíble. Entonces fijo su atención en la escena que ocurría frente a sus propios ojos.
“Solo somos tú y yo, flamitas” dijo Spidey
La escena parecía casi de una película western. Los dos oponentes mirándose fijamente, esperando el movimiento del otro. El frio viento nocturno silbando, moviendo hojas y papeles tirados en el piso, como si fueran plantas rodadoras.
Spider-Man tomo una posición de defensa, parecida a la de los artistas marciales, e hizo un gesto con su mano derecha que invitaba a su contrincante de peso pesado a atacarlo.
Funcionó.
El gorila humano cargo con bolas de fuego en sus manos y claras intenciones homicidas.
‘Espéralo’
Parecía una locomotora a toda marcha, hasta echaba humó
‘Espéralo’
Como un toro enojado, se lanzó contra la araña
‘¡Ahora!’
*THWIP*
La telaraña cubrió la cara del mantecoso
“¡Olé!” Spidey saltó encima de él, toreándolo. (Ostia, un Spider-Matador)
Dio una barrida con su pierna sobre las del otro sujeto, haciéndolo perder el equilibrio, seguido de un rodillazo en la cara.
*THWIP*
Jaló devuelta a su víctima y le conecto un potente gancho derecho. Pero no había terminado.
*THWIP* *THWIP*
Con ambas telarañas lo levantó y lo estampó directo contra el pavimento, dejándolo inconsciente, pero no sin antes aprisionarlo con más telaraña.
Recupero el aliento un momento y casi se levanta toda su mascara, pero oyó el crujido de una rama cercana. Giro sobre sí mismo solo para encontrarse al chico rubio que había salido de su escondite, y quien lo miraba con ojos de admiración.
“Amigo...” Sakamoto miró a los pandilleros a su alrededor y al panzón en el suelo. “¡Eso si que es otra onda!” exclamó con fervor. “¡No solo me salvaste el culo, sino que también hiciste mierda a estos pendejos! ¡Eres lo máximo!”.
Spidey nomas se rasco la parte trasera de su cabeza fingiendo estar avergonzado, pero finalmente aceptó el cumplido. “No contaban con mi astucia” (La araña colorada 🎵)
“Oh viejo, en verdad no sé cómo agradecerte. Un poco más y me hubiera hecho en los pantalones si no te hubieras aparecido” confesó avergonzado “Muchas gracias, Spider-Man”
Entonces escuchó sirenas a lo lejos, indicando que era su señal para irse. “No hay de que” agradeció y disparo una telaraña para salir de escena.
*THWIP*
Saltó y se fue balanceando fuera del lugar.
No se había dado cuenta, pero ya era bastante tarde y la tía Shinko definitivamente lo iba a sermonear...
Takuto Hamada llegó a su casa con una alegría que jamás había tenido en mucho tiempo, y como culparlo con lo acontecido ese día. Al llegar vio a su hijo Miyuki dormido en el sofá con un libro sobre reptiles abierto. “Quería estudiar sobre tus experimentos. En verdad es un Hamada” vino la voz de su mujer, Kozue, sentada en el comedor bebiendo té.
“¿Cómo te fue hoy?” preguntó un poco desinteresada. Él la había llamado antes explicándole que llegaría un poco tarde con la excusa de revisar los próximos trabajos de los alumnos.
El doctor esbozo una sonrisa de emoción “Logré resolver el algoritmo de decaimiento”.
Su mujer quedó sorprendida ante esto, pero frunció el ceño en señal de dudo “¿Cómo? Llevas intentando resolverlo desde hace cuatro años. ¿Y me estás diciendo que justo hoy de la nada pudiste resolverlo?”
Takuto no supo que decir, así que se rasco la nuca y contó la verdad, de cómo el joven Gentaro Yamashiro era bastante inteligente como para resolver la ecuación que llevaba mortificando al genio científico, y como el experimento en el ratón Akihiko resultó ser exitoso.
Pero Kozue simplemente se dignó levantar una ceja “¿Así que me estás diciendo que un adolescente de preparatoria logró resolver una compleja ecuación de matemáticas en solo unos minutos, y que luego con ayuda de este creaste un suero que regeneró la pata perdida de uno de tus ratones de laboratorio?” dijo sin creerle ni un segundo.
¿Cómo podría? No después de que le fuera infiel.
Hace un tiempo atrás, el doctor Hamada trabajaba en Alchemax. Una compañía multinacional importante en la producción y venta de cosméticos, productos químicos, productos farmacéuticos, producción de maquinaria industrial, productos de consumo, alimentos saludables, y también en investigaciones científicas como la de Takuto. Fueron quienes financiaron inicialmente su trabajo, esperando a que con su fórmula podrían volverse la compañía número uno en farmacéutica.
Pero todo eso se fue al traste cuando en un acto de impulsividad, Takuto empezó a tener una relación secreta con una joven pasante. Al principio todo era tranquilo, pero después de un tiempo Kozue termino descubriendo dicha infidelidad. Él se excusó diciendo que ella ya no lo amaba como antes. Que lo miraba con pena y odio, como si fuera un estorbo. La otra mujer, temiendo perder la oportunidad de trabajar en la empresa, acusó injustamente al doctor Hamada de haberse propasado con ella, lo que provocó el despido del genio científico y terminase dando clases en la preparatoria Nabu.
Él y Kozue intentaron arreglar su matrimonio yendo a terapia de parejas. Funciono a medias. Aunque el matrimonio de ambos logro salvarse, ella ya no volvió a confiar en su marido y poco a poco se fueron distanciando, perdiendo la chispa que una vez los unió y manteniéndose solo por su hijo.
Tomó entre sus brazos al pequeño y lo llevó a su cama para que durmiera mejor. Le dio un beso de buenas noches mientras lo arropaba y dejaba su libro en su mesa de noche.
Volvió a la sala y encaró a su marido.
“Dúchate antes de acostarte” dijo dejándolo solo.
El espejo del baño reflejaba su mirada fija, más exactamente, sobre su brazo derecho. El animó de Takuto quedo por los suelos. ¿Cómo podía su mujer no creerle? Estaba a un pasó de cumplir su sueño y ella simplemente desconfío de él.
Su sueño…
Takuto examinó su bolso en busca de cierto objeto.
‘Bingo’
Era el suero que él y Gentaro habían creado y usado exitosamente en uno de los roedores del laboratorio, y recordó las palabras que le dijo al joven esa misma tarde…
‘Aún es pronto para probarlo en humanos’
Tenía razón, apenas si había funcionado exitosamente en animales, era imposible saber cómo resultaría en humanos.
Pero una idea impulsiva se le cruzó por la mente.
Le iba a probar a Kozue que se equivocaba.
Tomó el suero y lo apuntó al muñón.
Era la decisión más difícil que había hecho desde que le propuso matrimonio a su mujer.
¿Pero era la correcta?
Sus pensamientos empezaron a llenarse de dudas.
¿Funcionara? ¿Todo volvería a la normalidad? ¿Miyuki por fin podría presumir que su papa es una persona normal y no un invalido?
Negó con la cabeza disipando dichas dudas ‘Por supuesto que sí’ pensó
Iba a hacer que Kozue lo volviera a amar y volverían a ser la feliz familia que eran antes de que él perdiera su brazo.
Respiro hondo y se clavó el suero en el muñón, inyectándose todo el líquido que hubiese.
Por un momento, sintió mareos, casi como si algo dentro suyo hubiese cambiado.
Se miró al espejo nuevamente, pero nada.
No funcionó.
Decepcionado, tiro el aparato al bote de basura que había en el baño.
Sintiendo otra vez los mareos, Takuto decidió que lo mejor era irse a dormir esa misma noche.
Pero el destino tenía otros planes...
Mientras dormía, el doctor Hamada no podía dejar de girar en la cama y quejarse de dolor. Se levantó sudando y sintiendo una punzada en el muñón del lado derecho. Tambaleando en la habitación, empezó a tirar sin querer varias cosas en su camino hacia la puerta, desmayándose un momento en el pasillo.
El escándalo no pasó desapercibido por su mujer, quien se levantó rápidamente de la cama al ver los quejidos de dolor del hombre. “¿Takuto? ¡Takuto! ¡¿Qué tienes?!” preguntó desesperada.
Levantó con todas su fuerzas a su marido quien volvía a estar consciente después de lo ocurrido y se apoyó sobre la pared con su mano derecha.
Su mano derecha…
El científico se fijó en ello. Su pareja también. Los ojos de ambos casi se salen de sus cuencas al abrirse de par en par.
Él corrió rápidamente al baño para verse al espejo.
Ahí estaba.
De forma milagrosa, Takuto Hamada vio en su reflejo su brazo derecho.
Lagrimas empezaron llenar su cara. Finalmente era normal. Después de tantos años, tantas humillaciones.
Se giró para mostrarle a su esposa su nuevo brazo.
Ella sin pensarlo tomó su mano entre las suyas. Casi había olvidado como se sentía, como con esa manó la había acariciado varias veces. Ella no pudo contener las lágrimas.
Era un milagro.
Sin pensarlo dos veces se abalanzó sobre su hombre y lo besó con una intensidad que no ocurría desde hace años. Él se sorprendió al principio, pero finalmente decidió corresponderle, quedando así durante un buen rato.
Hasta que la voz de su hijo los interrumpió “¿Mama? ¿Papa? ¿Qué pasa?” dijo mientras se asomaba por la puerta.
Su padre no hizo más que alzarlo “¡Hola campeón!” dijo mientras lo lanzaba al aire “¡Papa, tu brazo!” dijo el niño con un asombro y felicidad comparada a cuando abría sus regalos de cumpleaños y navidad. Y entonces fue recibido por algo que anhelaba hace mucho tiempo.
El cálido abrazo de su padre, al que también se le unió Kozue.
Finalmente
Después de tantos años.
Volvían a ser una familia unida y feliz...
Gentaro finalmente llegó a casa. Antes de abrir la puerta, reviso su celular y sus ojos entraron en pánico y dolor. Cinco llamadas perdidas de su tía y tres mensajes no leídos, entre ellos uno que le encomendaba traer leche.
*Suspiro*
Abrió la puerta tratando de escabullirse, pero al ver una figura familiar, cerró la puerta con más fuerza de la que pretendía. Allí estaba la tía Shinko, junto a la estufa, en bata, ajustando la llama de la tetera.
La escena les resultaba muy familiar a ambos.
Lo único que faltaba esta vez era el tío Sojiro. Gentaro se quedó en la cocina, sin saber qué hacer. ¿Ir a su habitación? ¿Abrazar a su tía? En vez de eso, simplemente pronunció el nombre de la mujer que lo había cuidado y apoyado durante los últimos años.
"Tía Shinko". Ella no respondió. En cambio, la tía Shinko siguió preparando su té. "Sabes que no tenías por qué esperarme despierta...", dijo Gentaro. "Claro que sí", respondió ella con firmeza. "¿Dónde estabas?" “Afuera” Se quedó mirando al suelo, demasiado avergonzado para mirarla a los ojos.
Ella lo examinó de arriba abajo, con la mirada penetrante, buscando alguna respuesta. Pero se detuvo, cansada de aquel juego. En cambio, le preguntó si había completado la sencilla tarea que le había encomendado más temprano. "¿Trajiste la leche?". Gentaro cerró los ojos, reprochándose a sí mismo. ¡Cómo podía olvidar lo único que le había pedido! "No. Voy por ellos". "No. ¡Ya no vas a volver a salir! ¡No a esta hora!". Dijo con severidad.
Luego notó algo extraño en su rostro. “Gentaro, mírame” ordenó, pero el hizo oídos sordo, no quería que lo viera así. Shinko no se quedó de brazos cruzados y volvió a ordenarle a su sobrino, esta vez con una voz más firme "¡Quítate la maldita capucha y mírame!". Gentaro finalmente hizo caso y se quitó la capucha avanzando lentamente hacia la luz, iluminando su rostro maltrecho. Varios moretones. Una herida bajo el ojo. Un labio partido. Todo resultado de su pelea contra los pandilleros que iban a lastimar a Sakamoto.
Ella se llevó la mano a la boca en shock. Sus ojos envejecidos se entristecieron. "¿Adónde fuiste, Gentaro? ¿Quién te hizo esas heridas?".
“Por favor, ve a dormir, tía Shinko” pidió el chico en clara señal de no ser sermoneado por segunda vez en el día y acabar esta discusión. “Por favor dime...” “¡Tía Shinko, por favor por favor por favor vete a dormir!” “¡No puedo dormir! ¡¿Qué no lo entiendes?! ¡No puedo dormir!" gritó ella. “¡¿Acaso no entiendes que durante dieciocho años he compartido cama con un solo hombre?! ¡¿Sabes lo que es estar sola después de dieciocho años?!”
“...No” susurró el chico, aún incapaz de mirarla a los ojos.
Shinko contempló la cocina vacía y cerró los ojos. Por un instante, recordó la felicidad que había compartido con el hombre al que llamaba su alma gemela. Ella se había enamorado de Sojiro Nakata, se había casado con él, había envejecido a su lado y lo había apoyado en cada momento. Ellos encarnaban el amor. Pero ahora, solo había dolor. Soledad. Silencio.
Negó con la cabeza mirando a su sobrino, luego lo miró fijamente, como si lo atravesara con la mirada, perdida en sus pensamientos. “Tu tío hablaba entre sueños. Lo odie mil veces a lo largo de los años, desvelada esperando a que se callara. Ahora me quedo despierta rezando para oír su voz una vez más.” Gentaro no respondió. ¿Qué podía decir, en realidad? Allí estaba, a pocos metros de su tía Shinko, incapaz de comprender el silencio ensordecedor que los separaba.
Pero ese silencio ensordecedor fue interrumpido por el lúgubre gemido de la tetera, que, al hervir, resonó en la noche. Un gemido de pérdida personal. Un gemido que Gentaro conocía demasiado bien. El gemido se elevaba cada vez más, pero la tía Shinko se limitaba a mirar, sin hacer nada para apagar la tetera. Habiendo escuchado lo suficiente, Gentaro se acercó para retirar la tetera del fuego, pero la mirada de ella se clavó en él, atravesando el aire como un cuchillo. Era como si quisiera que él escuchara ese gemido. Entonces, retiró la tetera del fuego, y su gemido se fue apagando en la noche.
El silencio volvió a reinar. “Vete a la cama, Gentaro. Recuesta la cabeza. Durante unas horas no tendrás que guardar secretos”. Se dio la vuelta y comenzó a salir de la cocina. “Pero ten esto presente: el mundo siempre está escuchando. Y todos hablan en sueños...” Entonces la tía Shinko se marchó, dejando al joven solo en la silenciosa y desolada cocina.
Gentaro quería correr hacia su tía y abrazarla, decirle que todo iba a estar bien.
Pero no lo hizo.
No pudo.
Entró a su propia habitación y cerró la puerta detrás suyo. Recostándose en ella mientras se dejaba caer al piso y se acomodó en una posición fetal
*Suspiro*
Escucho una voz en su cabeza, una igual a la suya, hablándole como si se conocieran desde hace ya mucho tiempo…
‘Buen trabajo, Gentaro. No solo causaste que tu tía enviudara, sino que también la hiciste llorar. A ella, una de las pocas personas en este asqueroso mundo que realmente se preocupa por tu bienestar. Vaya puto ejemplo de sobrino que eres...’
Gentaro entrecerró los ojos y apretó los puños, haciendo que esa voz se desvaneciera.
Levantó la cabeza y vio que su habitación estaba hecha un chiquero. Como siempre. Libros y revistas de ciencia, barras energéticas, latas de sodas vacías, notas pegadas a la pared con recordatorios escritos, ropa sucia, etc.
Ignoro todo eso. No tenía ánimos para arreglar su desorden. Ni siquiera se molestó en quitar el uniforme escolar o su traje de Spider-Man.
Sentándose en su cama, miro su computadora apagada y luego reviso la hora en su reloj de muñeca “Goro probablemente esté conectado ahora mismo” murmuró.
Goro era su mejor amigo de la infancia. Él provenía de una familia millonaria, pero eso no lo detuvo de hacerse amigo del niño Yamashiro. Y menos cuando su propio padre lo envío a un internado en Alemania, años atrás. La única forma que tenían para hablar era por las noches a través de mensajería instantánea por internet.
Gentaro fijo su mirada en los retratos familiares. Uno de ellos era de él y su tío Sojiro cuando fueron de pesca hace dos años. La otra, de él con sus padres, tomada antes de que se fueran.
*THWIP*
Alcanzó esta última con su telaraña, y no paró de verla.
Las lágrimas empezaron a manchar el cristal.
“Los extraño mucho” dijo entre sollozos.
Gentaro quería parar de llorar, quería tratar de ser fuerte como aquella fría noche de invierno.
Pero no pudo.
Buscando calmarse un poco, se puso los audífonos de su reproductor mp3 y empezó a reproducir un poco música.
Se recostó sobre su cama, cerrando los ojos y esperando que maña fuese un día mejor...
Pero no fue así
Gentaro roncaba plácidamente en su habitación. Él estaba durmiendo en una extraña pose similar a la de cierto protagonista de película de viajes en el tiempo, con baba saliendo de su boca y todo.
Pero cualquier sueño que tuviese...
*Beep* *Beep* *Beep* *Beep* *Beep*
Fue interrumpido por el despertador.
Despertándose, el chico entro en pánico al ver la hora. “¡Rayos! ¡Voy a llegar tarde!”.
Se quitó los audífonos y guardo su mp3 en el blazer del uniforme que todavía llevaba puesto.
Corrió rápidamente hacia el baño para cepillarse los dientes y echarse agua para limpiarse la cara, terminando de despertarse en el proceso.
Revisó su bolso mirando que cualquier objeto de ayer estuviera en su lugar, dando un respiro de alivio al ver que todo estaba, incluyendo su mascara la cual guardo en el otro bolsillo de su blazer.
‘Por si acaso’ pensó.
Se dirigió a la cocina y vio que su tía ya se había ido, no sin antes dejarle el desayuno hecho dentro de una bolsa con una nota pegada que decía ‘Te lo empaque para que no se enfríe’.
“¿Seguirá molesta conmigo después de lo de anoche?” murmuro Gentaro al tomar la bolsa y guardarla para comer después.
Cerrando la puerta la vivienda con llave, el chico tomó el elevador con una impaciencia extrema. No quería llegar tarde y recibir otro sermón de Morooka como el de ayer.
Podría lanzarse desde el balcón del departamento donde vivía e irse balanceando hasta la escuela. Pero si lo hacía, podría ser visto por algún vecino o transeúnte que pasase por ahí y descubrirían donde vive Spider-Man y que va todos los días a la preparatoria Nabu.
Ya estando en la calle, corrió lo más que pudo, chocando con unos cuantos peatones en el camino y disculpándose de ello.
Y entonces vio que el autobús estaba por partir del paradero. ‘Ya casi llego, solo un poco más’ pensó mientras ya podía acariciar la dulce sensación de ir sentado en el transporte público...solo para terminar tropezándose con los cordones de sus zapatos y estampar su cara en el piso.
*Thud*
Al recuperarse de la caída pero sin la dignidad que lo acompaña antes de esta, vio como el autobús se iba a lo lejos sin él. “¡No, esperen! No…se vayan…” *Suspiro* “Y se fue, por supuesto. ¿Por qué algo te saldría bien, Gentaro?” Murmuro para sí mismo mientras se recostaba contra un poste, lamentándose de su suerte (Fukouda diría un cierto chico de pelo puntiagudo en esta situación).
Antes de que se dirigiera a cierto callejón aledaño, escuchó el claxon de un auto que se le acercó y bajó la ventana para revelar a la persona al volante.
Se trataba de una mujer alta un poco madura, como de 30 años aproximadamente y de un cabello negro en cola de caballo. Gentaro se alegró al verla, puesto que la conocía perfectamente desde que llegó a Ciudad Academia. Esta mujer era la teniente de Anti-Skill, amiga y excompañera de trabajo de su tía, y vecina de enfrente, Aiho Yomikawa.
“¿Necesitas que te lleve?” preguntó preocupación genuina.
Ella siempre ha sido de naturaleza amable y cariñosa, algo que se extiende a su trabajo como Anti-Skill, y que se hace especialmente evidente con los niños. Como cuando la noche que Sojiro murió, noto lo mal que la estaba pasando el joven y decidió calmarlo poniendo su característica chaqueta verde sobre sus hombros, diciéndole que no era el fin del mundo.
“¿Señora Yomikawa? ¿Qué hace? Va a llegar tarde al trabajo” cuestiono Gentaro mientras se subía al coche.
“Bueno, soy una profesora de Educación Física y oficial de Anti-Skill, y tu un simple estudiante con mucho futuro por delante. Si alguien va a llegar tarde, mejor ser yo ¿no?” dijo tranquilizando al chico con una sonrisa.
Durante buena parte del trayecto el viaje estuvo silencioso, el único ruido que lo acompañaba era el de la música en la radio, hasta que la mujer decidió romper el hielo “Así que ¿Cómo va la prepa, Gentaro? ¿Si estas sacando buenas notas? ¿Has hecho amigos? ¿o acaso te conseguiste una novia secreta?” dijo eso ultimo en tono de broma.
El chico se puso rojo como un tomate con el ultimo comentario y a su mente vino la imagen de cierta chica pelirroja de su salón. Negó con la cabeza expulsando aquel pensamiento ‘¿Por qué estoy pensando en ella?’. “Pues ahí la llevo, siendo el segundo mejor de la clase y andando con este tipo, Sakamoto” dijo “Es buena onda, cuando no me saca de quicio con sus tonterías” giró los ojos poniéndolos en blanco recordando el accidente de la clase de química ocurrido el día anterior.
Yomikawa soltó una pequeña risa, le confortaba saber que Gentaro ya no fuese aquel chico solitario que era antes y que ahora tuviese amigos. “¿Y Shinko? ¿Cómo han estado las cosas entre tú y tú tía?” pregunto con seriedad y preocupación. La discusión que tuvieron anoche no pasó desapercibida, y menos para la teniente teniendo que cuenta que vivía enfrente de ellos.
El castaño no hizo más que desviar la mirada hacia abajo ¿Qué le podía decir? ¿Qué se sentía culpable de causarle dolor? ¿Qué lo único que hacían era gritarse el uno al otro? ¿Que él prefería evadir la mirada de juicio de su tía?
Viendo el silencio del chico, Yomikawa se limitó a seguir conduciendo, hasta que al cabo de un rato llegaron a la preparatoria Nabu.
“Gracias otra vez, señora Yomikawa” dijo Gentaro mientras se quitaba el cinturón de seguridad y abría la puerta. Pero antes de salir, la mujer tomo su mano pidiéndole que esperara un momento.
“Escucha, niño. Lamento que tu y tu tía pasen por esto, y sé que no me corresponde entrometerme en su vida. Pero tenle paciencia a Shinko ¿quieres? Ha sido difícil para ella, y cada persona tiene una forma diferente de lidiar con situaciones así” dijo poniendo la manó en el hombro del joven. “Solo recuerda, cualquier cosa que necesiten tú y tu tía, estoy al otro lado del pasillo. O si algunas vez estas en problemas, tienes mi numero ¿de acuerdo?”
‘¿Por qué esto se me hace familiar?’ Pensó Gentaro recordando que tuvo una conversación parecida con su tío aquella noche.
“Gracias” respondió. Ella sonrió “Un placer niño. Ahora sal de mi auto si no quieres llegar tarde”. Dicho y hecho, el joven se bajó del vehículo y se despidió de la mujer.
Pasando el portón principal, fue recibido por quien no quería encontrarse.
El vicedirector Morooka.
“Bueno ¿Qué tenemos aquí?” dijo con su horrible voz.
Gentaro simplemente se enfocó en aparentar respeto con el dientón “Buen día, señor vicedirector”
“Un poco más y hubieras llegado tarde, Yamashiro. Parece que hoy fue tu día de suerte. Más te vale aprovecharlo para no destruir cosas ajenas ¿Te quedo claro, mocoso?” dijo con veneno.
Él solamente asintió y siguió su camino a clases.
‘Necesito una siesta...’
Gentaro Yamashiro corría por la casa a toda velocidad, casi como si su vida dependiera de ello.
El sonido de sus pies descalzos golpeando el suelo de madera resonaba en el pasillo.
Al doblar una esquina, se encontró en la habitación de sus padres y se dirigió al armario, pero se detuvo en seco cuando una ráfaga de viento que entraba por una ventana entreabierta hizo que rompiera el cristal y la fría nieve entrara en la casa. Durante todo el tiempo que pasó jugando al escondite con su padre, moviéndose sigilosamente por la casa y ocultándose en rincones insospechados, Gentaro nunca sintió miedo. Pero el aullido del viento, el golpeteo de la nieve contra la casa y el estruendo de los cristales rotos lo habían asustado. Ahora no quería encontrar a su padre solo para ganar el juego.
Quería encontrarlo para asegurarse de que todo estuviera bien.
Gentaro corrió aún más rápido y pronto apareció en el estudio de su padre, una habitación a la que el pequeño normalmente no tenía acceso. Cristales rotos cubrían el suelo bajo la ventana, y dos de los cajones del escritorio de su padre parecían haber sido volcados y vaciados.
Como por arte de magia, el padre de Gentaro apareció en la puerta. Inspeccionó rápidamente la habitación, luego agarró a al niño bruscamente del codo y lo arrastró al pasillo. “Quédate aquí”, le ordenó su padre. Y así lo hizo. Takuya Yamashiro actuó con rapidez. Metió la mano debajo del último cajón del escritorio y sacó una carpeta y la colocó bajo el brazo justo cuando llegó su esposa, Hitomi. Intercambiaron una mirada cómplice y luego dirigieron su atención a su hijo.
Lo siguiente que el pequeño supo, fue que estaba en el asiento trasero del coche familiar, que iba a toda velocidad por la carretera.
Los tres se habían marchado tan rápido que Gentaro aún iba descalzo, un detalle que pasó desapercibido para su madre, que conducía, y para su padre, que estaba ocupado rebuscando en su maletín. De la funda de cuero oscuro, Takuya sacó un cubo de Rubik multicolor y se lo lanzó a su hijo. Gentaro nunca había visto nada igual. Al instante, empezó a girar cada cara, mezclando los colores del cubo.
El juego lo mantuvo absorto durante el resto del viaje.
Sin darse cuenta, estaba con sus padres en casa de sus tíos en Saitama. Mientras los adultos hablaban en voz baja, Gentaro se asomó para escuchar de que conversaban. Su tía Shinko le dedico una pequeña y cálida sonrisa. De las que te dice, sin palabra alguna, que todo va a estar bien.
Después de un rato, Takuya se inclinó para hablar con su hijo. “Te resultará fácil”, dijo refiriéndose al cubo de Rubik.
Luego añadió: “Te quedarás con la tía Shinko y el tío Sojiro un tiempo”.
“¿Adónde van?” preguntó el niño, confundido. "Hay algo que tu madre y yo tenemos que hacer. Necesito que te portes bien". “Quiero ir con ustedes…”. Exclamó Gentaro casi entre suplicas. “No...” Ordenó Takuya, tomando su pequeña cabeza entre sus manos y besándolo en la frente.
Entonces los padres de Gentaro comenzaron a despedirse.
Hitomi no paraba de sollozar, deseaba en lo más profundo de su corazón que esto no pasara. “Solo bebe leche con chocolate. Y no le gustan las cortezas en sus sándwiches. Y le gusta dormir con la luz encendida de noche...“ Le decía a Shinko, con la voz entrecortada. Takuya puso su mano en su hombro. Era hora de irse. “Adiós, mi amor” susurro ella a su niño pequeño.
El padre de Gentaro se arrodilló ante su hijo por última vez. "Estaba en el trastero". "No me gusta esa habitación" dijo Gentaro, sin entender lo que sucedía. “Por eso me escondí allí. Ese es el secreto del juego. Recuérdalo.”
Luego le entregó su maletín de cuero a su cuñado, Sojiro. “Papá…” exclamó el niño, mientras lo abrazó con fuerza por última vez. “Se bueno, hijo.” Fueron sus últimas palabras, saliendo a la noche nevada.
"Está bien. Todo va a estar bien." Dijo la tía Shinko tranquilizando a Gentaro, quien miraba fijamente la noche tormentosa y observaba cómo el coche de sus padres se alejaba.
El reflejo de Gentaro en la ventana salpicada por la ventisca hacía que pareciera que lloraba, pero no era así. Estaba siendo fuerte, aunque no quisiera serlo. El joven Gentaro Yamashiro estaba triste y confundido, y ya extrañaba a sus padres…
“¡Yamashiro!”
Fue desperado por el fuerte grito de su profesor de matemáticas. Los ojos del adulto parecían furiosos y con intenciones homicidas, o eso parecía tras los cristales de sus gafas.
Gentaro vio como sus compañeros lo estaban observando a él. No estaba acostumbrado a esta clase de atención. El siempre prefirió permanecer invisible ante los ojos de los demás, escondido en algún rincón como la araña que es.
“¡Presta atención! ¡¿Así escuchas tú a las personas cuando te hablan?!”
Una gota de sudor frio pasó por la frente del chico al oír el regaño ‘¿Es que todo el personal de la escuela es así de gritón y gruñón?’ pensó casi poniendo los ojos en blanco recordando que Morooka lo sermoneo con la misma intensidad que estaba haciéndolo en ese momento el profesor de matemáticas, Ushimaru.
De repente su sentido arácnido se activó.
Con sus super reflejos podía haber logrado esquivar el proyectil que le lanzó el adulto y verlo pasar silbando al lado suyo casi como si los dardos de cierta Teleporter de Tokiwadai se tratasen, pero debía que pretender ser un debilucho en la escuela o de lo contraria su identidad como Spider-Man se descubriría. Tenía miedo de que si se enterase alguien de que él era un humano genéticamente alterado por la picadura de una araña radioactiva, Anti-Skill y Judgement lo pondrían bajo arresto. O en el peor de los casos, alguna compañía científica lo secuestraria y harían toda clase de experimentos extraños con él.
Gentaro sintió como un simple pedazo de tiza golpeaba su frente, causándole dolor por el impacto ‘¿Qué es esto? ¿La semana de arrojarme cosas?’ pensó mientras se masajeaba la zona donde le cayó la tiza. Esto era algo que siempre el profesor Ushimaru hacia con sus alumnos cuando estos no prestaban atención, aunque no eran lo suficientemente rápidos para esquivarlo ni tampoco tenían un sexto sentido que les avisaba del peligro.
Ignorando lo sucedido, se acomodó en su pupitre apoyando la cabeza con la mano, enfocándose en la lectura del profesor mientras oía los susurros de sus compañeros de clase, unos riéndose a escondidas, otros sintiendo lastima por él, y el resto ignorando lo sucedido “¿Viste como le dio en toda la frente?” “Ufff, eso tiene pinta de doler”.
“Eso te pasa por dormirte en clase. Los jóvenes de hoy en día no respetan a sus mayores” se mofó Ushimaru procediendo a retomar la clase “En fin, como iba diciendo…”
Gentaro alcanzo a ver como la cierta pelirroja con cola de caballo lo miró con una mezcla de pena y lastima mientras volvía a su cuaderno.
Después de ese pequeño incidente, la jornada escolar continuo sin problemas. Y entonces la campana sonó, indicando que ya era la hora del almuerzo.
“¿Estas bien, Yami? Te ves como la mierda” preguntó Sakamoto viendo las heridas que tenía su amigo, sin saber que eran por salvarle el trasero.
“No me digas” contestó Gentaro con claro sarcasmo “me caí de la bici ayer mientras hacía mandados” mintió.
Los tíos de Gentaro administraban una cafetería desde que viven en Ciudad Academia, ya que su tío Sojiro solía trabajar en una cuando era joven, por lo que creyó que sería una buena idea tener una. Hasta tomó como aprendiz a su sobrino, enseñándole todo sobre cómo preparar café y también enseñándole la vieja receta familiar. Pero desde su partida, Shinko se tuvo que hacer cargo del negocio, contratando a una chica de universidad llamada Nico Minoru para que la ayudase en el local y renunciando a su trabajo como profesora en cierta academia superior.
Entonces escucharon a unos estudiantes decir algo que sorprendió a Gentaro “No recordaba que la prótesis de Hamada pareciera un brazo humano” “¿Verdad que sí? Parecía muy real”
‘¿El brazo del doc?’ pensó el castaño. Se levantó excusándose, y fue directamente al laboratorio de su maestro. Tenían pendiente celebrar el suceso de ayer y seguir de cerca la evolución del sujeto de pruebas.
“¿Doctor Hamada?” preguntó Gentaro una vez entró a la habitación, buscando al científico.
“Ah señor Yamashiro, justo a tiempo” vino detrás la voz del adulto que traía dos cartones de leche “Cuando se trata de leche, tiene que ser leche Musashino” dijo entregándole una con su brazo derecho.
El chico aceptó de inmediato, pero entonces la dejó caer.
Se froto los ojos pensando que estaba alucinando, pero no fue así “Do-doctor, su brazo derecho” dijo sorprendido. “¿Cómo es que-“ “Increíble ¿no es así?” interrumpió mientras se quitaba su bata “uno de los tantos milagros de la ciencia”.
El cerebro de Gentaro finalmente armó el rompecabezas “¿No había dicho usted que era muy pronto para probar el suero en humanos?” cuestiono el chico ante tal revelación. Saber que su profesor se había arriesgado al usarse a si mismo como conejillo de indias le hizo revolver el estómago de preocupación.
Hamada ignoro dicha preocupación “Díselo a mi mujer y a mi hijo, están más que contentos con el resultado. Ahora somos una familia otra vez, y todo gracias a ti, Gentaro” “Pues sí, pero-“ “Nada de peros, muchacho. Siéntete orgulloso de lo que me ayudaste a lograr.” dijo mientras se remangaba la manga derecha de su camisa y soltaba el nudo de su cortaba “Ahora, hace años que no tengo una lucha de vencidas” acomodo su nuevo brazo encima de su escritorio “¿Crees que puedes ganarme?”
*Suspiro*
Gentaro se resignó e hizo caso, acomodando su brazo derecho de forma similar al del adulto presente. Tomó la mano contrincante y empezó a hacer fuerza, no tanta como para dejarlo manco nuevamente pero si la suficiente como para no dejarse ganar, quería probar que tan resistente era ese nuevo brazo.
Siguieron así durante un minuto hasta que Gentaro salió victorioso, casi quiso celebrar pero se dio cuenta de que no era apropiado “Ay no, lo siento doctor Hamada”.
El genio científico simplemente negó con la cabeza “¿estas bromeando? ¿Sabes el gusto que me da perder en unas vencidas?” dijo tranquilizando al muchacho.
“Doc, esto es grande, su formula va a curar cada miembro perdido y amputado en el mundo. ¡Estamos hablando de un premio Nobel!” Gentaro no podía ocultar su emoción “Espero y me incluya en su discurso de aceptación” comento bromeando, a lo que Hamada río “¿Incluirte? Haré más que eso, Gentaro. Voy a tomarte bajo mi alá” confesó.
El chico no podía creerlo. ¿ser el asistente del doctor Takuto Hamada? Sonaba bien, pero eso sería otra responsabilidad más a la lista de las que ya tiene, y podría no tener tiempo para algo como ser asistente de laboratorio “Yo… no lo sé, doc. ¿Está seguro? Es que tengo otras cosas que hacer, como ayudar en la cafetería de mi familia” dijo sincerándose.
“Tienes dudas, es comprensible. He visto de lo que eres capaz…” Gentaro casi se pone pálido al oír eso ‘¡ay no! ¡¿Ya me descubrieron?!’ empezó a sudar como cerdo (¡Abandonen la nave!)
“Tus notas son formidables” ‘¿eh?‘ (Falsa alarma señores)
“Tenia el mismo promedio a tu edad. Por eso pienso que tienes un futuro muy prometedor como científico, y creo que la mejor forma de lograr eso es que seas mi asistente de laboratorio” explicó y luego puso su mano en el hombro del chico “No tienes que decir si ahora. Como dijiste, tienes otras responsabilidades. ¿Por qué no hablas con tu tía y mañana me das una respuesta?”
A Gentaro le parecía justo, así tendría tiempo para pensar y organizarse “Claro que si doc” dijo con una sonrisa. ”Excelente, ahora…” se agachó para recoger la leche que había dejado caer el castaño “me parece que hay que brindar por este milagro científico”.
“¡Salud!” Dijeron ambos.
Luego sonó la campana indicándole al joven arácnido que tenia que volver a su salón.
Se despidió de su maestro y se fue, ignorante que este se rascaba su brazo derecho y caía inconsciente
...
Takuto Hamada estaba tirado en encima de su escritorio. Había sufrido otro desmayo como el de anoche.
Algo no andaba bien con el, todo le daba vueltas.
Su cabeza no paraba de dolerle, sentía como si le estuvieran golpeando con un tambor.
Tomó una de las bandejas del laboratorio vio su reflejo. Estaba pálido, con la cara un tanto verdosa, y sudaba como cerdo.
Tal vez lo que necesitaba era una ducha y reposo, así que decidió que lo mejor era irse a su casa.
Al salir de su lugar de trabajo apenas si podía caminar, por lo que tomó un taxi tambaleándose. “Al 808 de la 63 en el Distrito 2, por favor” dijo con la voz agitada mientras se subia. El conductor no hizo mucho caso a eso ultimo y se digno a hacer su trabajo.
Ya era de noche y el tráfico era pesado debido a que muchos de los profesores que habitan ciudad academia suelen vivir fuera del Distrito 7. Para llegar allí se tenia que tomar cierta autopista elevada, por lo que el atasco era monumental.
La impaciencia cubría el ambiente, conductores de diferentes vehículos haciendo sonar el claxon en señal de avance. No eran los únicos alterados de aquel lugar.
El doctor Hamada no paraba de quejarse de dolor, sentía como si su cuerpo estuviera mutando. Se le veían escamas en su brazo derecho y en el cuello, y sus ojos se volvieron amarillos, casi como los de un reptil. Exclamó un escandaloso alarido de dolor que no pasó desapercibido para el taxista que ya estaba de los nervios por el comportamiento de su pasajero. “Oiga ¿se siente bien? ¿Esta ebrio o-“
Pero fue interrumpido por la completa destrucción del coche que conducía.
Spider-Man usó sus lanza-redes para deslizarse a toda velocidad por el famoso horizonte de Ciudad Académica. Balanceándose desde un rascacielos, cortó su telaraña y realizó una espectacular pirueta aérea en el cielo nocturno. Lanzó otra telaraña al edificio contiguo y lo rodeó, aferrándose de lado al rascacielos metálico, a cincuenta y ocho pisos de altura sobre las bulliciosas calles. Como Spider-Man, Gentaro se había familiarizado con sus nuevos poderes y habilidades. Pero lo que no sabía era que Spider-Man estaba a punto de ser llevado al límite como nunca...
Mientras patrullaba, Spider-Man vio unas luces brillantes, o lo que parecían ser luces brillantes, que venían de la distancia. Bajo su máscara, los ojos de Gentaro se abrieron de par en par con preocupación. Luego, se abrieron aún más, pero de miedo.
Una escena caótica se desarrollaba en la autopista elevada. Coche tras coche salía disparado hacia el cielo nocturno como si fueran juguetes. Algunos se estrellaban contra el pavimento, explotando al impactar. Podía ver a cientos de personas aterrorizadas, corriendo por sus vidas mientras esquivaban la lluvia de vehículos y escombros que caían a su alrededor.
Pero entonces, sus sentidos agudizados le permitieron notar algo más. Aquello se movía por el puente a gran velocidad. Era demasiado grande para ser una persona normal, pero no tan grande como un coche. Era una figura que se asemejaba a algún tipo de reptil. Parecía tener cola y lengua como un lagarto... y estaba causando histeria colectiva en la autopista.
Spider-Man tenía que actuar rápido y tenía que ser ya.
Saltó alto en el aire y, disparando telarañas sin parar, se dirigió a toda velocidad hacia aquel lugar, llegando en un abrir y cerrar de ojos. Buscó con la mirada la figura con aspecto de lagarto que había causado esta devastación, pero ya se había marchado. Sin embargo, tenía el presentimiento de que volvería a encontrarse con ella.
Pero Spider-Man no tenía tiempo para pensar en el futuro. Tenía problemas más importantes ahora mismo. La destrucción reinaba por doquier: decenas de coches destrozados colgaban del puente, listos para precipitarse al vacío en cualquier momento. Algunos yacían destrozados en el suelo debajo de la autopista. Otros estaban en llamas. Civiles inocentes corrían en todas direcciones, intentando escapar del caos que los rodeaba.
A lo lejos, Spider-Man oía helicópteros, camiones de bomberos, ambulancias y camiones de Anti-Skill acercándose al lugar. Pero era imposible que la ayuda llegaran a tiempo para salvar a toda esa gente.
Spider-Man sabía que tenía que actuar rápido y rescatar a tantas personas como pudiera.
Los coches que habían sido lanzados cerca de las barandillas del puente se deslizaban lentamente. Algunos estaban a solo centímetros de caer al frío y oscuro abismo. Spidey apuntó con su muñeca a un coche que se deslizaba y disparó una telaraña hacia su parachoques.
A continuación, con cuidado, apartó el vehículo hasta ponerlo a salvo.
Pero aún no había terminado. Había al menos una docena más de vehículos en peligro.
*THWIP* *THWIP* *THWIP* *THWIP* *THWIP*
Uno tras otro, Spider-Man lanzó sus telarañas a coches, camiones y furgonetas, apartándolos, y a sus ocupantes, del peligro.
Los pasajeros salieron de los vehículos y corrieron a un lugar seguro; algunos se volvieron y saludaron a Spider-Man para agradecerle su ayuda.
Bajo su máscara, Gentaro sonrió mientras le devolvía el saludo.
Pero Spider-Man sabía que el trabajo de un superhéroe nunca terminaba hasta que todos estuvieran a salvo.
Un grito desgarrador provino de debajo de él. Una mujer se aferraba al borde del puente.
“¡Calmese, ya voy!” dijo el héroe. “¡¿Qué me calme?! ¡Estoy a segundos de caer cientos de metros!”
De repente, su agarre a la estructura de grava del puente comenzó a aflojarse.
Pronto, se soltó por completo.
En una fracción de segundo, Spider-Man se elevó por encima del puente y se lanzó hacia ella.
Disparó sus lanza-redes contra la mujer, que estaba a centímetros de estrellarse contra el suelo.
*THWIP* *THWIP* *THWIP*
Sus telarañas se enroscaron alrededor de sus muñecas y tiró de ellas, catapultándolas por encima del puente, donde aterrizaron a salvo.
Alrededor de Spider-Man, se oían gritos de pánico.
Pero se fijó en el de un hombre adulto pidiendo ayuda “¡Por favor, mi hijo está atrapado!”.
Miró hacia abajo y vio uno de los vehículos suspendidos que había detenido con sus telarañas.
Dentro, un niño de aproximadamente siete años pedía por su papa.
Spidey saltó y aterrizó bruscamente encima de la camioneta. Esta comenzó a balancearse violentamente. Sabía que debía actuar rápido o caería.
Rompió la ventana trasera y con su fuerza arácnida, arranco la puerta del maletero “Hola, amigo, voy a sacarte de aquí” dijo ofreciéndole la mano. El niño claramente estaba asustado, y su miedo aumentó al ver al tipo de rojo con la máscara de ojos enormes “¡Aléjate!” gritó para desespero del trepamuros.
“Oye tranquilo, no voy a hacerte daño” intentó calmar al pequeño que no paraba de pedir por el auxilio de su padre.
Una idea cruzó la mente de Gentaro, pero seria romper una de sus reglas.
Quitarse la mascara frente a alguien más.
Y así hizo, logrando por fin tranquilizar al niño “¿Lo ves? Soy humano. Soy una persona normal” dijo el adolescente con una sonrisa.
Notando que con su mascara en mano no podría ayudar de buena manera, le pidió al menor que se la tuviera “¿Me detienes esto?”. Se la lanzó al niño que la atrapo enseguida.
“¿Cómo te llamas?” “…Makoto” dijo el pequeño con timidez. Gentaro respondió aun sonriendo “¿Makoto? Buen nombre. Escucha, Makoto, voy a sacarte de aquí y te voy a reunir con tu papa ¿De acuerdo?” Makoto asintió entendiendo el plan.
Spidey empezó a moverse lentamente dentro de la camioneta, que hizo un notable chirrido causado tanto por el viento como por el movimiento del rescatador. “No te muevas, ya casi te alcanzó” dijo mientras se acerba con mucha lentitud y precisión al asiento del pasajero.
Gotas de gasolina empezaban a escurrir por el lado del vehículo. Si no se daba prisa, pronto terminarían quemados.
Una vez alcanzado al pequeño, procedió a darle instrucciones “Muy bien, ahora voy a desabrocharte el cinturón. Quiero que a la cuenta de tres, te sujetes del asiento de enfrente”
Puso su mano encima del botón del cinturón de seguridad, listo para presionarlo.
“¡Uno, dos, tres!”
*Clic* *Thud*
La camioneta se movió bruscamente por esto, pero Makoto ya no estaba atrapado en el asiento trasero y había logrado agarrarse firmemente al de enfrente. “¿Viste lo fácil que fue? Lo hiciste muy bien, amigo” el pequeño sonrió ante las palabras de coraje del chico mayor.
Pero la suerte parecía tener otros planes.
La gasolina derramada alcanzó uno de los faros rotos que hicieron corto circuito, causando una chispa que termino incendiando el exterior de la camioneta.
Pero no acabo ahí el asunto.
La telaraña que sostenía el vehículo se rompió, haciendo que cayeran.
*THWIP*
Rápidamente Gentaro disparo una telaraña con un brazo, mientras que con el otro sostenía fuertemente la camioneta con el niño aun dentro de ella.
El repentino movimiento casi le desgarra los músculos del hombro, pero ignoro ese dolor y se dirigió una vez mas al menor que había perdido aquel valor que lo acompañaba hace un momento “¡Makoto, trepa, ahora!” ordenó severamente. “¡No puedo!” dijo el menor con lagrimas en la cara “¡Claro que si puedes!” contesto Gentaro.
Un pedazo del parachoques termino desprendiéndose del vehículo.
Se agotaba el tiempo.
Entonces otra de sus alocadas ideas vino al adolescente de rojo “¡Ponte la máscara!” dijo “Te dará fuerza, créeme. Póntela“
Makoto, reacio, hizo caso a lo que le decía y se puso la máscara en su cabeza. Le quedaba grande pero eso no importaba. Gentaro soltó una pequeña carcajada de alivio y nerviosidad “¡Eso es amigo, bien hecho! ¡Ahora, trepa! ¡Anda, sube!”
Poco a poco, el niño trepo por dentro del vehículo para llegar con su salvador.
El calor de las llamas hacía que el parachoques trasero al que estaba aferrado empezara a despegarse “¡Por favor, haz que sea rápido! ¡¿Sí?!” Gentaro no sabía cuánto más podrían aguantar él o la camioneta.
Siguió soltando palabras de motivación al pequeño que ya casi llegaba con él.
Makoto extendió su mano, y cuando iba a treparse encima del chico mayor, el parachoques se desprendió.
El auto comenzó a caer al vacío con el menor aun dentro.
“¡Nooooooooo!”
*THWIP*
Disparo una telaraña de forma desesperada que logró alcanzar al niño mientras el vehículo caía al vacío y explotaba.
Gentaro viendo que si pudo salvarlo, cerro los ojos y soltó un gran suspiro de alivio. ¿Llevaba rato aguantando la respiración? No importaba.
Makoto estaba a salvo.
Ambos permanecieron colgados por un minuto mientras recobraban fuerzas. Poco a poco Makoto trepó la telaraña, y cuando alcanzo a su salvador, le su mascara devuelta.
“No le diré a nadie” dijo con una sonrisa tímida, guardándose el secreto de la identidad de Spider-Man. El cabeza de red agradeció y subió con él.
Llegando a la barandilla, levanto a Makoto para entregarlo a los brazos de su preocupado padre. El niño cayó en llanto. Su momento de valentía ya había pasado.
“Me tenias muy preocupado, Makoto” dijo el hombre también en lágrimas, mientras besaba la cabeza de su pequeñín.
Gentaro no paraba de mirar la escena con el corazón roto.
Recuerdos aleatorios comenzaron a desfilar por su mente. Como cuando jugaba al escondite con su padre en la antigua oficina de este. O cuando iba pescar durante las vacaciones de verano con su tío Sojiro.
En ese momento, sintió celos del niño afortunado. Rezó para que esa suerte lo acompañase por el resto de su juventud, y no le pasara lo mismo que a él...
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de un helicóptero, seguido por paramédicos, bomberos, y miembros de Judgement y Anti-Skill.
Entonces el padre de Makoto se volteo para hablar con aquella persona que salvo a su hijo.
“¿Quién eres?” preguntó.
El héroe sonrió bajo su mascara, complacido de haber hecho su trabajo, y simplemente dijo: “Su amigable vecino, SPIDER-MAN”
*THWIP*
Lanzó una telaraña huyendo del lugar.
Balanceándose, sus pensamientos se centraron en lo que fuera que hubiera provocado aquel escenario traumático.
Pensó en cómo buscaría en lo alto del horizonte de Ciudad Academia y en las profundidades de las alcantarillas para encontrar esta amenaza.
Encontraría este monstruo y lo detendría, porque era su responsabilidad como habitante de esta ciudad utópica, como superhéroe... y como el Sorprendente Spider-Man.
CONTINUARA...
