Chapter Text
El último día en Las Vegas comenzó más tranquilo que los días anteriores, demasiado tranquilo considerando que ahora Dick sólo trataba de empujar toda la mercancía en una maleta que claramente no contaba con espacio, Jason seguía abrazando su cinturón ahora firmado por más luchadores que atesoraría por siempre y Tim revisaba el itinerario para un vuelo seguro de regreso a casa para calmar sus ansiedades mientras Bruce observaba el desastre sentado cerca de la ventana de la suite.
Sorprendentemente relajado mientras tomaba su desayuno.
—No entiendo cómo compraron tantas cosas en tres días —murmuró.
—Inversión emocional —respondió Dick inmediatamente.
—Valor histórico —corrigió Tim.
—Rhea Ripley y Liv Morgan tocaron este cinturón y me dieron un beso en la mejilla, nunca me la lavaré—añadió Jason como si eso explicara absolutamente todo.
Bruce decidió no seguir esa conversación.
Alfred, mientras tanto, terminaba de acomodar las últimas prendas dentro de una maleta con esa eficiencia elegante que hacía parecer sencillo incluso empacar después de un fin de semana caótico.
—Debo admitir —dijo Dick mientras cerraba su mochila a presión—, este fue probablemente el mejor viaje que hemos hecho.
—Sin discusión —añadió Jason.
—Objetivamente estuvo bastante bien, todos tuvimos diversión y Bruce probablemente consiguió una cita con alguien bueno por fin. —confirmó Tim.
Bruce sonrió apenas al escucharlos y luego miró a Alfred.
—¿Y tú?
El mayordomo levantó apenas la vista.
—¿Yo, señor?
—¿Disfrutaste el viaje?
Jason soltó una risa.
—Claro que sí, seguro apostó como anciano millonario todo el fin de semana.
—Joven Todd, le recuerdo que solo jugué cantidades razonables y sobre todo con moderación.
—Ganaste dinero.
—Eso fue mera estadística.
Dick sonrió ampliamente.
—También desaparecía misteriosamente…
Tim levantó la vista desde su tablet.
—Y regresaba oliendo a perfume caro.
Alfred mantuvo exactamente la misma expresión neutral.
Bruce entrecerró apenas los ojos.
—… Alfred.
El mayordomo acomodó con calma una de las corbatas de Bruce dentro de la maleta.
—¿Sí, señor?
Bruce lo observó unos segundos más.
Y entonces Alfred, muy elegantemente, recordó su fin de semana.
Resultó que Las Vegas era infinitamente más agradable sin cuatro hombres gritándose encima y sobre diferentes temas al mismo tiempo.
La primera noche, después de abandonar discretamente el caos familiar en el Bellagio, Alfred había terminado caminando tranquilamente por los casinos del hotel “solo para observar el ambiente”.
Tres horas después estaba ganándole dinero a un hombre borracho en blackjack mientras una camarera le decía que adoraba su acento.
Y apenas estaba comenzando con su fin de semana y dependiendo de cómo quisiera verse, era mejor o peor.
Una pareja de señoras jubiladas provenientes de Chicago lo habían escuchado hablar mientras pedía un whisky, y aparentemente, eso bastó para convertirlo en el hombre más interesante del casino. Fue así como después de varias preguntas sobre su persona, Inglaterra, modales, té y asuntos que correspondían a chismes de la familia real; comprendió que aquellas señoras eran demasiado admiradoras de la serie Downton Abbey.
—Madam, me temo que eso reduce considerablemente mis oportunidades laborales.
Eso las hizo reír durante más tiempo del que él consideraba prudente y ellas terminaron por invitarle a las maquinas tragamonedas, Alfred nunca había jugado tragamonedas antes, pero pronto descubrió rápidamente que eran absurdamente entretenidas.
Especialmente cuando una señora llamada Agnes gritaba “TODO ES GRACIAS A MI CABALLERO INGLÉS DE LA SUERTE” cada vez que ganaban dinero.
El tercer día fue más relajado debido a que por la tarde se dirigió a la alberca en búsqueda de relajación y ordenó un par de cocteles elegantes para él y una jubilada que conoció en la barra del bar que se vio entretenida por su persona.
La tercera noche terminó inexplicablemente en un pequeño bar de jazz dentro del hotel vecino, donde Alfred pasó casi dos horas hablando con una viuda elegante de Texas acerca de vinos europeos, arquitectura y por qué “los hombres americanos ya no saben usar trajes correctamente”.
Francamente… Había sido un fin de semana bastante agradable (aunque no logró ver al Cirq du solei debido a que debía comprar los boletos con mínimo un mes de anticipación).
Silencioso, elegante y sobre todo libre de gritos de aquellas personas a las que se encontraba destinado a cuidar
—Alfred.
La voz de Bruce lo devolvió al presente y el mayordomo parpadeó apenas.
—¿Señor?
Bruce seguía observándolo con sospecha leve.
—Pregunté si disfrutaste el viaje.
Alfred acomodó finalmente la última maleta y se permitió una pequeña sonrisa elegante.
—Sí, señor.
Tomó la maleta con calma absoluta.
—Fue bastante agradable.
Tim entrecerró ligeramente los ojos.
—Eso sonó sospechoso.
Jason apuntó inmediatamente hacia él.
—¡LO SABÍA! ¡SABÍA QUE ESTABA HACIENDO COSAS!
Dick parecía encantado.
—¿Conociste gente?
Alfred tomó otra maleta.
—Las Vegas es una ciudad muy sociable, joven amo Richard.
Bruce levantó apenas una ceja.
—No quiero más detalles.
—Decisión sabia, señor.
Jason todavía parecía indignado.
—¿Y mientras nosotros estábamos viviendo WrestleMania tú solo estabas descansando?
Alfred lo miró con absoluta serenidad.
—Alguien debía representar adecuadamente a esta familia en ambientes civilizados.
—¡Las máquinas tragamonedas no son ambientes civilizados!
—Depende mucho del hotel, joven Todd.
Dick se dejó caer riéndose sobre el sillón.
—Ok, ahora necesito saber TODO.
—No ocurrirá, jóvenes amos. Recordemos que lo que sucede en Las Vegas se queda justo en este mismo lugar.
—¡Alfred!
—Jamás.
Bruce negó apenas con la cabeza mientras los veía discutir.
Y honestamente, por primera vez en mucho tiempo… Todo se sentía absurdamente normal.
Alfred tomó finalmente las llaves de la suite.
—Bien, señores. El avión sale en dos horas y me gustaría evitar que alguien intente meter una réplica más en el equipaje no documentado.
Dick soltó una carcajada y Bruce simplemente sonrió mientras tomaba su teléfono.
La pantalla se iluminó casi de inmediato con un mensaje nuevo.
Clark.
“Avísame cuando lleguen a Gotham.”
Bruce miró el mensaje apenas un segundo antes de guardar el teléfono otra vez.
Y Alfred, desde el otro lado de la habitación, sonrió discretamente como alguien que ya sabía exactamente lo que estaba pasando incluso antes que el propio Bruce.
La primera cita ocurrió casi tres meses después de Las Vegas.
No porque no quisieran verse antes.
Sino porque entre giras, entrenamientos, eventos benéficos, reuniones empresariales, entrevistas, viajes y tres hijos extremadamente atentos a cualquier cambio en el humor de Bruce… encontrar tiempo resultó absurdamente complicado.
Aun así, los mensajes nunca se detuvieron.
Comenzaron formales, cortos y educados; para dar paso a unos más largos, fáciles y naturales de enviar. Algunas veces era Clark el que se encontraba mandando fotos de aeropuertos cuando tenía que viajar lejos de su estadía en Las Vegas mientras Bruce respondía desde oficinas silenciosas mientras fingía prestar atención a juntas importantes.
Clark enviando videos de fans que encontraba entretenidos y Bruce reenviándole artículos financieros absurdos solo para molestarlo.
Y, en algún momento entre todo eso, hablar con Clark se volvió parte natural de sus días.
Así que cuando finalmente coincidieron en Gotham, la cita terminó ocurriendo de manera casi ofensivamente sencilla pues no era extravagante ni pública pues fue en una pequeña cafetería elegante cerca del centro, lo suficientemente privada para evitar cámaras o eso habían intentado.
Clark llegó primero, sin máscara ni traje extravagante de Superman; solo jeans oscuros, chamarra de mezclilla sobre una camisa de cuadros y lentes puestos mientras revisaba algo en su teléfono.
Bruce lo reconoció desde la entrada y honestamente, seguía siendo extraño pensar que nadie más lo hacía.
Clark levantó la vista apenas Bruce se acercó y sonrió de inmediato al conectar miradas.
—Llegas dos minutos tarde —dijo Clark apenas tomó asiento frente a él.
Bruce dejó el saco sobre el respaldo de la silla.
—Soy Bruce Wayne. Técnicamente llego cuando quiero.
Clark soltó una risa baja.
—Ah, sí. Había olvidado el ego de hombre millonario.
—Y yo había olvidado lo insoportable que eres fuera de máscara.
—A mi me parece que te agrado muchísimo.
Bruce tomó el menú sin ocultar del todo la sonrisa.
—Quizá sólo un poco.
Clark lo observó unos segundos más de lo normal.
Todavía lo escuchaba completamente y lo miraba con una sonrisa tranquila que lo ponía aún más nervioso ahora sin una máscara cubriéndole la visión. No había duda de que a pesar de su fugaz encuentro se habían tomado cariño y se habían extrañado, pues la conversación fluía con total naturalidad.
Clark contándole historias de una gira reciente por México de la mano de estrellas de calibre mundial.
Bruce hablando de un evento corporativo donde dos inversionistas casi se golpeaban por una discusión ridícula sobre hoteles.
Y eventualmente —porque era inevitable— terminaron hablando de los videos que salieron justo después de terminar la fiesta de despedida.
Clark dejó escapar una risa apenas Bruce mencionó el tema.
—No exagero cuando digo que internet perdió completamente la cabeza esa noche.
Bruce tomó un sorbo de café.
—Dick me enseñó un video editado con música romántica y luces brillantes.
—Jason me mandó un meme tuyo diciendo “Bruce Wayne viendo cómo un hombre de dos metros se le acerca lentamente”.
Bruce cerró los ojos apenas un segundo.
—No quiero saber cómo consiguió tu número.
—Lo obtuvieron después de presionar demasiado en Instagram, soy débil bajo presión psicológica.
Eso le arrancó una risa genuina a Bruce.
Clark sonrió apenas al verlo.
—También había uno donde comparaban nuestras miradas con escenas de películas románticas.
—Tim hizo una presentación explicando por qué “la tensión era estadísticamente evidente”.
Clark casi se atragantó riéndose.
—No puede ser real.
—Usó gráficas y gran parte eran capturas sobre películas de Disney.
—Ok, ahora necesito verla.
Bruce negó con la cabeza, todavía divertido.
—No quieres fomentar eso.
—Demasiado tarde, creo que tus hijos ya decidieron que somos un caso perdido.
Bruce apoyó un brazo sobre la mesa.
—Y tú no ayudas absolutamente nada.
Clark inclinó apenas la cabeza.
—¿Yo?
—Clark, coqueteaste conmigo frente a medio after party.
—Tú me seguiste el juego, obviamente iba a ser débil ante la sonrisa tan encantadora de Bruce Wayne.
Bruce levantó una ceja.
—Tú me diste tu número escondido en un autógrafo.
Clark sonrió lentamente.
—Y funcionó.
Bruce quiso responder algo rápido y elegante, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta impidiéndole continuar discutiendo porque si había funcionado demasiado bien para ser verdad.
Clark lo observó en silencio un segundo más.
La cafetería seguía llena de ruido suave alrededor de ellos, pero Bruce apenas lo notaba ya.
—¿Sabes qué es lo más raro? —preguntó Clark.
—¿Qué?
Clark sonrió pequeño.
—Que pensé que serías imposible de conocer realmente.
Bruce sostuvo su mirada.
—Y yo pensé que eras solo un luchador exageradamente carismático.
—Eso sigue siendo cierto.
—Sí, definitivamente.
Clark soltó una pequeña risa mientras extendía la mano sobre la mesa para tomar la de su cita y Bruce sintió otra vez esa sensación cálida y peligrosamente cómoda instalándose en el pecho. Aquella chispa que había comenzado en Las Vegas y crecía cada vez más que Clark le sonreía de esa manera
Cuando finalmente salieron de la cafetería, Gotham estaba tranquila… tanto como una noche en el centro iluminado de la ciudad les permitía.
Solo ellos caminando juntos por la calle mientras la noche avanzaba lentamente alrededor.
Clark metió las manos en los bolsillos de la chamarra.
—Entonces… ¿segunda cita?
Bruce lo miró apenas.
—¿Eso significa que esta oficialmente fue una cita?
Clark fingió pensarlo.
—Bueno, hablamos durante tres horas, te hice reír varias veces y no huiste cuando mencioné que algún día podríamos ir todos juntos a visitar a mi familia.
—Argumentos sólidos.
Clark sonrió.
—Intento dar lo mejor de mí y sobre todo daré lo mejor de mi para que algo funcione... si tu quieres, claro.
Bruce negó apenas con la cabeza.
Y luego, antes de pensarlo demasiado, respondió:
—Sí, me gustaría una segunda cita.
La sonrisa que apareció en la cara de Clark fue tan inmediata y genuina que Bruce sintió algo peligrosamente parecido a felicidad.
Aquella cita había terminado hacía bastante tempo, pero Bruce seguía apoyado junto a su automóvil sin ninguna intención real de marcharse y Clark seguía allí hablando con él con una gran sonrisa marcada, estaba quedándose junto a él de manera voluntaria. Todo había sido demasiado agradable, lo suficiente para que Bruce se preguntara varias veces cuándo había sido la última ocasión en que una conversación se había sentido tan sencilla.
Sin estrategias, ni segundas intenciones ni mucho menos tener que medir cada palabra que estaría utilizando pues podría terminar en la prensa, por primera vez en mucho tiempo sintió que era real y estaba disfrutando del momento siendo esto peligrosamente adictivo para su corazón.
Clark estaba diciendo algo acerca de un reportaje que había hecho años atrás cuando Bruce se encontró observándolo más de lo que estaba escuchándolo.
Los lentes cubriendo unos penetrantes ojos azules, el cabello oscuro y rizado, incluso la forma en que movía las manos cuando hablaba de algo que le gustaba; le estaba resultando atractivo a Bruce.
Clark terminó una historia y soltó una pequeña risa.
Bruce sintió que algo cálido y que llevaba mucho tiempo sin permitirse sentir se acomodaba dentro de su pecho y por primera vez en mucho tiempo no intentó alejarlo.
Clark pareció notar algo en su expresión porque se quedó callado, observándolo.
De la misma forma en que Bruce lo estaba observando a él.
El ruido distante de la ciudad seguía ahí, lejano y poco importante.
Clark sonrió más suave que antes.
—¿Qué?
Bruce negó ligeramente con la cabeza.
—Nada.
Clark arqueó una ceja sin creer del todo sus palabras.
—Mentiroso.
Bruce soltó una risa baja.
—Tal vez.
—Definitivamente.
Hubo otra pausa cómoda y natural ahora.
Bruce comprendió en ese momento que estaba alargando su despedida porque no quería irse realmente y estaba comenzando a sospechar que Clark tampoco quería dar por terminada la cita.
Como si hubieran llegado exactamente a la misma conclusión, Clark dio un pequeño paso hacia él y Bruce sintió un extraño nerviosismo que no experimentaba desde hacía años, pero era tan absurdo que casi le hizo reír.
Era Bruce Wayne, había negociado con empresarios despiadados, enfrentado entrevistas hostiles, criado a tres niños imposibles y aun así un periodista que también era luchador profesional conseguía ponerlo nervioso.
Clark parecía estar pasando por algo parecido, porque por primera vez desde que se conocían parecía no saber exactamente qué decir y eso le gustó más de lo que debería.
—Bruce...
Su nombre sonó diferente en su voz, ahora era más suave y cercano. Bruce sostuvo su mirada durante un instante y finalmente decidió dejar de pensar porque honestamente, llevaba semanas queriendo hacerlo.
Fue él quien cerró la distancia y durante un segundo el mundo pareció quedarse completamente quieto.
El beso fue cálido, apenas un pequeño roce sin prisa que bastaba para demostrar los pequeños sentimientos que habían estado alimentando durante meses.
Cuando se separaron, Clark seguía sonriendo y Bruce descubrió que él también.
—Gracias —dijo Clark finalmente.
Bruce levantó una ceja.
—¿Gracias?
—Creo que esta cita salió bastante bien.
Bruce soltó una risa.
—¿Bastante bien?
—Estoy intentando ser objetivo al respecto.
—Eres terrible evaluando tus propias situaciones.
—Eso es injusto.
—Te lanzaste desde una cuerda y aterrizaste sobre mí.
Clark tuvo la decencia de parecer avergonzado.
—Sigo pensando que esa no debería ser nuestra historia de origen.
—Y sin embargo lo es.
Clark volvió a reír.
Y esta vez, cuando se inclinó para besarlo de nuevo, Bruce decidió que tal vez Dick había tenido razón desde el principio: aquel había sido el mejor dinero que había gastado en toda su vida.
Y honestamente…
Después de todo el caos de WrestleMania, accidentes, máscaras, videos virales y coqueteos públicos absurdamente evidentes…
Tal vez eso era exactamente lo que necesitaba… Aunque definitivamente no era parte del paquete VIP obtener un luchador como obsequio conmemorativo del evento.
