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Esto no era parte del espectáculo

Summary:

Esta es una pequeña POV de Clark de la primer historia "Esto no era parte del paquete VIP" puedes leerlo aparte y no pierde sentido, pero la continuación entonces sería la POV de Bruce

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Clark Kent jamás había planeado convertirse en luchador, siempre se había considerado una persona pacífica y sobre todo tranquila.

Ni siquiera estaba en su lista de posibilidades realistas cuando salió de Smallville con una beca deportiva, demasiada altura para su edad y profesores diciéndole constantemente que tenía futuro en el futbol americano.

Porque sí, Clark había jugado futbol y algunas veces llegó a disfrutarlo (fuera de la atención que le daba su exnovia al verlo desde las gradas). Clark jugaba demasiado bien para ser honestos.

Era enorme incluso desde la secundaria cuando su madre le decía que “simplemente era de huesos anchos”, era un muchacho robusto, ancho de hombros, construido como alguien criado cargando pacas de alimento y reparando cercas bajo el sol de Kansas desde los diez años.

“Cornfed,” le decían algunos entrenadores entre risas mientras apreciaban su fuerza de empuje cuando se encontraba en la línea de defensa. Y realmente no tenía que avergonzarse de eso… porque era verdad pues al final era un hombre alimentado con maíz, grande, fuerte y demasiado sano para existir cómodamente en una ciudad.

Jonathan Kent lo había criado trabajando desde pequeño y Martha Kent jamás permitió que alguien se levantara de la mesa sin repetir plato al menos dos veces.

Pero aunque el futbol le abrió puertas… nunca llegó a enamorarse completamente de él; le gustaba correr, jugar y la adrenalina, pero no le gustaba lo suficiente para convertirlo en su vida.

 El periodismo por otro lado si lo fue, comenzó escribiendo pequeñas notas deportivas en la universidad, luego cubriendo partidos locales, después entrevistas más grandes y eventualmente terminó haciendo reportajes para cadenas deportivas nacionales.

Todo era bastante normal… hasta que llegó ese viaje a México, porque tal vez México era el culpable de aquello, pero tenía que admitir que enamorarse de una cultura tan distinta a la suya fue el verdadero problema.

La cadena lo envió originalmente para cubrir un especial deportivo sobre lucha libre mexicana y cultura popular, querían algo “rápido y colorido” para televisión; se supone que debía quedarse cinco días pero terminó quedándose tres semanas, porque nadie le avisó que la lucha libre mexicana era completamente distinta a lo que conocía.

Más teatral, rápida, emocional, absurda y completamente viva. Clark se enamoró inmediatamente de las máscaras, de los nombres increíbles, de hombres gigantes que contaban con habilidad física increíble como para volar desde la tercera cuerda yy caer perfecto tiempo; incluso se enamoró de las arenas pequeñas llenas de familias enteras gritando como si aquello fuera religión.

Y sobre todo…

De la idea de que alguien pudiera convertirse en símbolo usando solo una máscara y sonriendo al público, conoció el concepto de “Rudo”, “técnico” y “exótico”; dándose cuenta de que los técnicos eran los que cumplían en las funciones el papel de héroe y los Rudos eran aquellos que en la historia muchas veces eran villanos por el simple placer de serlo; mientras que los exóticos eran quienes cumplían la función de agentes del caos para ambos bandos.

El primer luchador que realmente convivió con él le dijo algo que Clark jamás olvidó:

—La máscara no es para esconderte, es para convertirte en algo más grande que tú.

Eso lo arruinó para siempre pues lo que comenzó como un hobby, con pequeños entrenamientos, aprendiendo movimientos básicos y mejorar su condición física para comenzar con la lucha en el aire; en lo cual resultó ser sorprendentemente bueno.

Ridículamente bueno.

Porque medir casi dos metros y aun así moverte como si no pesaras nada era algo que la gente simplemente no olvidaba, muchos de sus maestros en la lucha comenzaron a bromear con que “es el gringuito ligero”

Clark decidió tomárselo como cumplido, porque si algo había aprendido estando en México era que le gustaba de verdad la lucha libre.

La máscara llegó después, era azul y roja con pequeños toques de otro color, inspirada demasiado obviamente en la estética clásica de héroes americanos.

“Superman.”

El nombre empezó como chiste pero terminó por abrazarlo y  de algún modo completamente fuera de control, Clark Kent terminó haciendo dos carreras al mismo tiempo una vez que regresó a Metrópolis y encontró un pequeño lugar donde practicar:

Periodista deportivo y luchador semiprofesional.

Honestamente, seguía sin entender cómo ocurrió, pero no iba a quejarse porque ahora si que amaba hacer todo aquello, le gustaba contar historias y protagonizarlas algunas veces detrás de su máscara distintiva.

Además, mantener la identidad separada era absurdamente fácil pues la gente nunca esperaba encontrar a Superman fuera del ring y jamás miraban dos veces al reportero amable de lentes grandes y sonrisa tranquila que aparecía entrevistando gente detrás de cámaras.

Funcionaba mejor de lo que debería, demasiado para decir verdad y entonces apareció Bruce Wayne.

Clark conocía perfectamente quién era Bruce Wayne, todo el mundo lo conocía: era rico, elegante, algo intimidante pero ridículamente atractivo en formas que las revistas explotaban constantemente. Clark asumía honestamente, que debía verse peor en persona pues la televisión siempre exageraba ese tipo de cosas, pero no fue así.

La primera vez que lo vio fue desde backstage, observando discretamente parte del público VIP antes de salir y ahí estaba Bruce Wayne sentado entre sus hijos que se veían demasiado emocionados por el inicio de la función. Clark se quedó mirándolo más tiempo del necesario inmediatamente.

Porque primero: en definitiva era absurdamente guapo, eso fue imposible ignorarlo pero además no parecía Bruce Wayne, no se veía como aquel hombre de las noticias que se comportaba distante y elegante en las diferentes portadas de revista para las que posaba; esta vez se veía relajado, algo cansado (asumiendo que estaba cuidando solo de tres hijos) pero se veía relajado en su postura y ademanes; sonreía mientras el que era su hijo mayor le señalaba cosas en su teléfono, el otro se encontraba gritándole a los luchadores como si los conociera personalmente y finalmente el menor de sus hijos intentaba hablarle sobre las voces de sus hermanos.

Bruce los observaba a los tres con esa paciencia cansada que solo tienen las personas que aman demasiado a sus hijos como para admitirlo en voz alta.

Y honestamente…

Clark quedó perdido desde ahí porque algo en esa escena se sintió demasiado real y cálida como para ser sólo algo que hacía para las cámaras, este no era el hombre frío que mostraban los medios.

Clark apenas alcanzó a escuchar a uno de los productores avisándole que faltaban segundos para salir cuando volvió a mirar hacia Bruce otra vez.

Bruce estaba riéndose ahora por algo que aparentemente habían hecho alguno de sus hijos, era una sonrisa pequeña, discreta pero completamente real ¿Eso era un hoyuelo?

Y Clark tuvo un pensamiento peligrosísimo justo antes de salir al ring.

“Oh, definitivamente se ve mejor en persona.”

Después todo ocurrió demasiado rápido, las luces, música alta y gritos sin control de los admiradores, el combate avanzando perfectamente con Clark moviéndose casi por instinto después de tantos años haciéndolo.

Subió a la tercera cuerda, sscuchó al público rugir y saltó… fue cuando todo salió mal.

El Titán esquivó mal el movimiento, Clark perdió el equilibrio en el aterrizaje y aunque intentó corregirse en el aire no pudo y lo siguiente que supo es que estaba cayendo directamente fuera del ring, justo en la zona VIP y directamente hacía la familia Wayne… mejor dicho, cayendo directamente donde se encontraba Bruce.

Clark alcanzó a ver los ojos azules abrirse apenas por sorpresa antes del impacto, aquel golpe no había sido nada grave pero sí lo suficientemente fuerte para terminar ambos en el suelo mientras el público explotaba en gritos.

Clark reaccionó inmediatamente.

—¡¿Estás bien?!

Bruce todavía parecía procesando qué demonios acababa de ocurrir, sus hijos estaban gritando y tratando de comprender lo que sucedió mientras los gritos, luces y cámaras los apuntaban, pero Clark apenas podía mirar a Bruce porque ahora lo tenía ridículamente cerca y Bruce Wayne seguía viéndose incluso mejor de cerca que en televisión.

Eso definitivamente no ayudaba.

—¿Estás bien? —repitió Clark, esta vez más bajo.

Bruce finalmente levantó la mirada hacia él y sonrió apenas como si aquello fuera absurdo.

—He tenido peores noches.

Y honestamente… Clark supo que estaba completamente acabado desde ese momento.

Notes:

Holaa!!
Debido a que hubo gente que me pidió una parte extra para ver que es lo que pasaba con Clark decidí hacer esta pequeña parte, probablemente añada nuevas partes a la serie pues me encariñé con esta caracterización de Bruce, Clark y los niños.
Pero esto en definitiva espero les guste.

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